Por CARLOS MARTÍN GAEBLER
Dedicado a esos hombres que ansían parecer lo que no son.
En estos tiempos de noticias falsas abundan igualmente los hombres falsos que pululan por aplicaciones de contactos homosexuales o en chats de videollamadas aleatorias de un nuevo armario global, el ciberarmario. El ciberespacio se ha convertido en el nuevo armario, un espacio donde se esconden, enmascarados, muchos hombres que tienen sexo con otros hombres (HSH), que se denominan a sí mismos discretos, un eufemismo que les permite simular ser heterosexuales.
Los valores éticos escasean tras una máscara de anonimidad, que para algunos homosexuales secretos es permanente. Algunos se creen con derecho a no mostrar el rostro al tiempo que esperan que otros se sientan en la obligación de dar la cara. Se creen superiores en su invisibilidad, cual troles en el fango de las redes.
El ciberarmario desenmascara a individuos tóxicos de parca educación sexual, dejando al descubierto sus falsedades, su embrollo mental. En paralelo, el miedo escénico a la violencia verbal de los homófobos fuerza a muchos a permanecer ocultos en el ciberarmario, albergando la ilusión de seguir perteneciendo a la fratría, a la tribu hetero. La lengua inglesa denomina este fenómeno de forma más precisa, incluso me atrevería a señalar que más honesta: straight-acting, es decir, actuar como si uno fuese hetero, representar un papel ficticio para mantener la presunción de heterosexualidad. Algunos ejemplos:
VidaHeteroMax busca “chavales como yo, discretos masculinos, al máximo vida hetero. Me mola morbazo a tope entre colegas.”
Sexmaxdiscr demanda “discreción máxima 100x1000 y en la calle no te conozco. Yo con novia.”
Discreto Máx declara "Vida Hetero 100% = Discreción Máxima. Gente de buen rollo. Heteros = plus"
Roberdosmil se define como "chico de 43 años. 109 y 92kg. Aspecto masculino. Muy discreto buscando igual. Vida de hetero con novia. No se si te va."
Se comportan como si la liberación homosexual nunca hubiera comenzado hace medio siglo, allá por 1969, fecha que marca un antes y un después en la percepción del hombre homosexual como individuo libre y sano. Aunque la heterogeneidad de las fantasías sexuales es insondable, para cualquier investigador, estos hombres armarizados y atenazados por el miedo aportan tal caudal de datos para la observación sociológica y psicológica que servirían para escribir un novedoso TFG o una original tesis doctoral.
Los pensamientos tóxicos sobre la homosexualidad han existido siempre, pero ahora algunos los escriben en un teclado, haciendo a veces un pobre uso del lenguaje. Aquí va una sucesión de perlas recopiladas en Grindr:
“Pasivo45belludo: Haber busco hechar un polvo. Cuerpo de gymnasio. Qué te gusta aser? Hechas mucha lefa? Hablamé. Perfiles vacio no hablo. Sino tienes sitio bente o boy a tu casa. Quieres que valla? No chulos. No drogas. Buen royo. A una cosa me gusta la discreccion...” (sic.)
Suelen buscar sexo solo con tíos 100% activos porque de este modo se crean la fantasía de que están con un “hetero”, evitan a tíos versátiles, pues los perciben como “maricones,” y rechazan la idea de tener sexo con estos homosexuales para no creerse homosexuales ellos mismos. Alguna vez me he tenido que reprimir las ganas de decirle a alguno: “pues, para creerte hetero, comes muy bien la polla,” pero hay que ser un caballero hasta en la cama.
Dicho de otro modo, fantasean con que lo hacen con “otro heterosexual”, haciéndose la ilusión de no percibirse como maricones ("busco solo heteros, no me atraen gays"). Se autodenominan heteros ("heteroxhetero"), lo que no es sino una cortina de humo para ocultar la vergüenza que les causa ser tan maricones como cualquier otro. Se autoengañan pensando que el otro es “hetero”:
“Vienes, te la como y te vas ¿te importa? Es lo que me da morbo. No, no me comas la polla. Busco dominante. Tú te dejas hacer, como si fueras hetero. Sin hablar.”
Prefieren la endogamia (“colegueo” lo llaman) de quienes actúan como ellos (se llaman "colegas" entre sí). Y, habitualmente, no se dejan besar ("yo ni besos ni nada de eso"), pues ese rasgo de ternura es impropio de un varón machista. Esta ausencia de ternura es otro de los rasgos definitorios del macho armarizado, tanto en la comunicación en línea como durante el sexo. Un proceso mental perverso de principio a fin (“y si nos vemos en la calle, yo no te conozco”), que perpetúa rancios roles machistas. Una masculinidad tóxica que alguno se debería hacer mirar.
En la obsesión por hacerse de una identidad falsa que les sirva de tapadera, alguno no tiene escrúpulos en usurpar la imagen de otro, que luego adopta como foto de perfil, dispuesto a lo que sea con tal de asociar su imagen, por ejemplo, a la del heterosexualizado universo futbolero. La mayoría, sin embargo, opta bien por no publicar imagen alguna y dejar la silueta de una cabeza gris sobre fondo negro y oscuro, como el fondo de un armario, o bien elige mostrar una fotografía de su torso fibrado pero descabezado.
La etiqueta más utilizada en este gremio es "discreto, vida hetero," un eufemismo con el que dar a entender que se trata de un homosexual secreto, armarizado, que se hace pasar por heterosexual por miedo a ser percibido como homosexual (algunos hasta lo manifiestan por escrito: "nadie sabe que me van los tíos," "y si nos vemos por la playa, pido mucha discreción, ya que a mis amigos no se les pasa por la cabeza nada.")
Sorprende que en el siglo 21 la presión social heteronormativa sea tan potente que lleve a algunos hombres bisexuales a percibirse como heterosexuales cuando les gusta comerle la polla a otro hombre o que otros hombres se la coman a ellos. La atávica pulsión por aparentar. Un comportamiento visceral e instintivo, provocado por el uso compulsivo de las redes, les lleva a no tener que pensar ni plantearse su situación. Estas personas se escudan en el anonimato y en la falta de consecuencias de sus propias acciones.
En el tóxico ciberarmario se comprueban las nefastas consecuencias de la ausencia en España de asignaturas como Educación para la Ciudadanía o Educación Sexual en los currículos escolares, lo que habría ayudado a inculcar valores cívicos y prácticas saludables. El autoengaño es un fastidioso signo de estos tiempos. Para contrarrestarlo, terminaré recordando algunas verdades semánticas, que en absoluto obedecen a criterios ideológicos, pero que, por obvias que parezcan, pueden contribuir a la educación sexual colectiva:
- Heterosexualidad no es sinónimo de masculinidad, ni homosexualidad lo es de afeminamiento.
- La heterosexualidad NO aumenta la masculinidad.
- Creerse más hombre que otro por tener sexo con mujeres es propio de machistas. El supremacismo sexual es consustancial al macho.
- La nueva masculinidad no reside en la testosterona ni en la entrepierna sino en la inteligencia emocional y en la afectividad.
Cuando un homosexual muestra homofobia o autohomofobia, este comportamiento no es sino señal de una mente enferma (It's homophobia that's queer), como lo es la violencia machista contra las mujeres, la discriminación contra los inmigrantes o el fanatismo religioso. Denota un no estar en paz consigo mismo, una lucha contra el propio yo.
Conviene recordar que un hombre homosexual es simplemente quien tiene sexo con otros hombres (el adjetivo se refiere a un hecho meramente biológico); sin embargo, un hombre gay es quien es capaz de establecer relaciones emocionales, culturales, intelectuales, y también sexuales, con otro hombre, en un plano de igualdad y respeto mutuo. La diferencia es notoria y conviene tenerla presente. (Véase mi artículo
Los gays y los homosexuales.)
La buena noticia es que hay una salida ética a esta espiral de toxicidad masculina: transitar de homosexual a gay; es decir, recorrer el camino para aceptarse como uno es y ser feliz en sociedad. Esta es la tarea que todos los gays hemos tenido que realizar con esfuerzo y determinación en algún momento de nuestra vida. Nos lo hemos currado, pero ahora somos personas libres y realizadas.
Esta transición hacia la autoaceptación requiere paciencia, resiliencia y coraje. Hoy día millones de gays somos felices viviendo una nueva masculinidad, pero miles de hombres que viven su homosexualidad en la ocultación, en la presunción de heterosexualidad, son infelices atrapados en una doble vida basada en falsedades (y en engaños a novias y esposas). Por tanto, la homosexualidad o la bisexualidad se pueden (y se deben) vivir con normalidad fuera de la toxicidad del ciberarmario. El magnífico cortometraje "masculino_32" (Filmin) ilustra muy bien este
modus operandi.
Para salir del ciberarmario y sentirse bien con la propia identidad recomiendo leer a especialistas como Gabriel J. Martín (
www.gabrieljmartin.com), autor de
Quiérete mucho, maricón y
Gaynteligencia emocional, cuyo
blog sobre psicología afirmativa gay es uno de los mejores en español, o a otros autores que han escrito mucho y bien sobre visibilidad y normalidad gay, como Luisgé Martín, Luis Alegre o Leopoldo Alas; informarse en las webs de asociaciones de ayuda a personas LGTB, como
Cogam o
Triángulo; ver películas que versen sobre cómo afrontar la transición de homosexual a gay, tales como
Beautiful Thing, o
God’s Own Country; o, en un tono más desenfadado, igualmente sanador es desternillarse de risa con los
vídeos del youtubero Mr, Avelain sobre asuntos gays. Es imprescindible leer el espléndido artículo de Jesús Encinar
Cómo salir del armario (cuando no sabes cómo hacerlo).
Y, recuerde, si a usted le gusta follar con mujeres y también con hombres, usted no es “hetero” (revise el diccionario), ni curioso ni discreto, sino bisexual, con B de LGTB, y eso no es ningún problema, por mucho que la bisexualidad masculina siga en el armario, como demuestra este informe. En la era de la información, la ignorancia es una elección. cmg2020