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03 mayo 2026

Ni a mujeres, ni a gais: ¿a quién le gustan exactamente los cuerpos musculados de ‘bro de gimnasio’?

Por KARELIA VÁZQUEZ, Revista ICON, 03.05.26

Los centros de ‘fitness’ están cada vez más llenos y los cuerpos musculados sin una gota de grasa triunfan en las redes sociales, ¿pero quién ha fetichizado ese tipo de figura y a quién le atrae sexualmente?

No es una pregunta retórica. Después de hablar con varias personas, hombres y mujeres, de diferentes tendencias sexuales, ninguno supo responder para quién trabajan exactamente aquellos que se musculan hasta la hipertrofia en el gimnasio, o los que cuentan por cientos los ejercicios abdominales para sacar un six pack (o tableta de chocolate) debajo de los mínimos gramos de grasa que aún conserven en el abdomen.

“Croissants”, los llama Miriam Riol. Los ve cada mañana en el gimnasio a las siete de la mañana, y comprueba que sus cuerpos trapezoidales y morenos no le resultan nada atractivos. A Irene Gonzáles los cuerpos “tan pulidos” la echan para atrás. “Me generan inseguridad, pienso que un chico así me va a juzgar porque yo nunca voy a estar tan buena como él. Desde el punto de vista estético me resulta más interesante cómo se viste que su cuerpo”. “A mí me gustan healthy  (de aspecto saludable), pero no tan trabajaditos, medidos y obsesivos. Puestos a pedir prefiero que vaya al dentista una vez al año”, afirma Malintxi Lobete.

Tampoco es que ellos se esfuercen en gustar o en interactuar con alguien que no sea otro hombre o, en la jerga digital para definir a un hombre que esculpe su cuerpo en el gimnasio para mostrarlo y compararlo con el de otros hombres, un bro. Es una verdad establecida que los bros tienen el cuerpo que les resulta atractivo a otros como ellos, en un juego de espejos donde la condición sexual no parece tener relevancia alguna y la mirada fetichizadora es la de uno mismo ante el espejo. Dante G lo comprueba en Grindr. “Al principio te hace gracia, pero luego la sucesión de fotos sacando músculo frente al espejo aburre”.

El debate y los defensores de cada flanco quedaron muy bien resumidos en un tuit del psicólogo William Costello, que juntó dos imágenes del cantante británico Olly Murs. Una era el antes de que Murs se sometiese a una dieta espartana y un duro entrenamiento de gimnasio. Murs ya lucía entonces un cuerpo envidiable, normativo y fuerte, pero con algo de grasa en el abdomen. La otra era el después, con Murs mostrando su cuerpo musculado sin un ápice de grasa corporal y una tableta bien visible en el abdomen.

Preguntó a sus seguidores qué imagen encontraban más deseable. La respuesta fue sintomática: las mujeres, el antes. Los hombres, el después. O sea, el primer cuerpo respondía al deseo. El segundo, a la aspiración. Ocurre a menudo en anuncios de entrenadores en redes sociales: muestran a un hombre de aspecto sano y cuerpo fuerte y prometen convertirlo en un cuerpo aún más fuerte. Los comentarios que más abundan son del tipo: “¡Pero si estaba mejor antes!“.

Sergio López López, fisioterapeuta y preparador físico y director técnico en Elena Valiente Salud constata que sus clientes piensan que cuando la musculatura se pone “grande” los miran ellos más que ellas. “Para una mujer promedio el hombre atractivo no tiene muchísima masa muscular”, dice. Es lo que han comprobado también varios estudios que describen el cuerpo masculino atractivo con un 15% de grasa corporal. “Es un nivel bajo de grasa, un cuerpo que puede estar trabajado en el gimnasio pero con un aspecto natural, quizás sin mucho abdomen”, precisa López.

El doctor Rafael Navas, experto en hormonal en SHA Spain explica que para los hombres un rango orientativo saludable suele estar entre un 10% y un 20% de grasa corporal, pero con una buena masa muscular y sin acumulación central marcada. “En la práctica, una cintura contenida, buena energía y analíticas estables (glucosa, triglicéridos, inflamación) nos dan mucha más información sobre la salud que un físico extremadamente definido”, afirma.

En su consulta ve cada vez más a “hombres muy definidos, con buena imagen física, pero con cierto desgaste a nivel hormonal o metabólico”, y se explica: “Abunda el síndrome de Deficiencia Energética Relativa en el Deporte (RED-S). Son perfiles con un desequilibrio entre lo que el cuerpo gasta y lo que recibe, y eso acaba pasando factura en forma de fatiga, bajada de testosterona, un peor descanso y una menor capacidad de recuperación”.

Los resultados de la encuesta The Ideal Male Body Type According To Women realizada entre cientos de mujeres por Shane Duquette, coach certificado por la York University de Toronto y fundador de la plataforma Bony to Bombshell, mostraron que ellas preferían los cuerpos atléticos por encima de los extremadamente musculosos. Duquette esperaba que su encuesta replicara los resultados de un estudio de 2017 firmado por el Dr. Aaron Sell que había encontrado una relación lineal entre la fuerza masculina y el atractivo, así que le escribió varios correos electrónicos al doctor para intentar entender la discrepancia en los resultados.

Sell contestó varias cosas, la primera que las mujeres suelen asumir que “los hombres muy musculados son vanidosos”. Luego argumentó que la población de su estudio se componía de universitarios que por edad probablemente no hubieran alcanzado aún todo su potencial muscular genético y eso explicaría que fueran menos “grandes” que, por ejemplo, los influencers del fitness. Por último, añadió otra razón: “actualmente algunos hombres pueden alcanzar grados de musculatura que en la década del 40 no tenían ni los culturistas de élite, sobre todo los que consumen esteroides o testosterona”. En resumen, que los hombres musculosos de su estudio quizás no lo fueran tanto.

En cuanto al asunto del six pack en la encuesta las mujeres prefirieron a los hombres con un porcentaje de grasa corporal cercano al 13%, que suele ser saludable y, sobre todo, sostenible. Para tener los abdominales marcados todo el año, dice Duquette, hay mantener la grasa corporal entre un 8% y un 10%, algo que indica más predisposición genética a un vientre plano que esfuerzo descomunal de entrenamiento y dieta.

“Muchos cuerpos hipermusculados masculinos no se construyen tanto para resultar más atractivos a las mujeres como para responder a mandatos de estatus, competencia entre hombres y gestión de inseguridades”, apunta la sexóloga Ana Sierra. En su opinión, ese cuerpo funciona más como “armadura, credencial o símbolo de pertenencia que como herramienta de seducción”.

La atracción parece ser un asunto de proporciones. Según Duquette, cuando las mujeres imaginan brazos musculados piensan en los brazos de 35 centímetros de Cristiano Ronaldo y el hombre, en los de 38 centímetros de Brad Pitt en El club de la lucha. “A todos les gustan los brazos definidos y con músculos. Simplemente discrepan en el tamaño”. Su conclusión es que a las mujeres suelen gustarle más los cuerpos que no son “imposibles de conseguir”.

La plataforma Illicit Encounters, diseñada para juntar a gente casada que busca relaciones secretas, preguntó a más de 2000 personas, qué tipo de cuerpo masculino les resultaba más atractivo y les dio a elegir entre Seth Rogen, el actual Leonardo DiCaprio y Cristiano Ronaldo. El 58% de las mujeres prefirieron el “dad body” (cuerpo de papá) de Rogen y DiCaprio. Un 22% escogió a Cristiano Ronaldo y solo un 10% prefirió la silueta delgada de Mick Jagger y Jarvis Cocker. El cuerpo de Jack Black solo fue escogido por el 6% de las encuestadas. La conclusión de la coach de relaciones Jessica Leoni al respecto indica que las mujeres prefieren cuerpos imperfectos porque son “menos intimidantes”. Cuerpos similares fueron también los que más éxito tuvieron en otra encuesta de 2021 del sitio de citas Dating.com. Su vicepresidenta explicó que, aunque en teoría los cuerpos pulidos y perfectos parecían ideales para la mayoría de las personas, no los elegían cuando se trataba de buscar una pareja para la vida real.

“En muchos casos esos músculos no buscan despertar el deseo de mujeres o de los hombres, sino la validación social externa en otros ámbitos. Se podría decir que estamos ante un caso de masculinidad performativa”, opina Sierra, que también matiza que cada caso habría que estudiarlo por separado. “Hay chicos que sufrieron experiencias de bullying o acoso, ya no solo en primera persona sino vista en otros chicos por su aspecto enclenque, y eso puede desarrollar una ansiedad que puede ser un detonante para tomar decisiones sobre el cuerpo”.

Y, por supuesto hay también una cuestión hedonista. “Hay autoplacer, se gustan cuando se ven así. Existe un entramado cultural de presión estética que con determinado físico les devuelve un sentimiento muy agradable de pertenencia al grupo. El músculo aún está muy asociado a la potencia, al poder, a la disciplina y el autocontrol”, expone la sexóloga.

Ahora, además, los cuerpos pulidos y perfectos se asocian al éxito económico. En consecuencia, los cuerpos con exceso de grasa y sobrepeso pertenecen a personas sin fuerza de voluntad e ignorantes en temas de nutrición. En definitiva, perdedores y vagos. “El mundo está diseñado para que seas gordo, empleado y dependas del gobierno”, según la filosofía vital de Amadeo Llados, el gurú de los burpees al que siguen decenas de miles de personas.

Así que la respuesta a la pregunta ¿a quién le gustan los bro de gimnasio? es corta. A ellos mismos, en primer lugar; y a los que son como ellos, en segundo. Y lo que pensemos el resto les importa poquísimo. Como debe ser, por otra parte.

01 mayo 2026

Machitos resentidos

Por NAJAT EL HACHIMI, El País, 01.05.26

Compadecerse de los adolescentes por la pérdida de sus privilegios patriarcales les perjudica; hay que animarles a que se pongan las pilas.

Pobrecitos míos, esos chavales reaccionarios. Hay que entenderlos. Claro, ¿cómo no se van a sentir mal si están todas las chicas adelantándoles a derecha e izquierda, formándose más, sacando mejores notas, organizando mejor sus vidas? ¿Cómo no nos van a dar pena si resulta que ellas saben bien lo que quieren y ya no están para aguantar a niñatos posesivos, ni dispuestas a sufrir ni por amor ni por sexo ni por príncipes de ningún color? Ni un segundo hemos tardado en justificar su pataleta contra el cambio cultural de la igualdad y lo que les pide: que renuncien a los privilegios de género que vienen heredando desde hace siglos por simple razón biológica mediante esa sólida estructura llamada patriarcado. No, hay que entenderlos a ellos, tan frágiles, tan heridos por esa charla sobre violencia que les dieron un día en el instituto. No es el machismo lo que los hace machistas sino el feminismo, mira tú por dónde. ¿Cómo se explica que un niño que ha crecido en las mismas aulas que sus homólogas femeninas de repente llegue a la adolescencia y se declare partidario de un orden antiguo hegeliano en el que el esclavo siempre se flexiona en femenino? ¿Cómo unas criaturas con madres trabajadoras, fruto de parejas que se escogen y se vinculan libremente (para eso está el divorcio) puedan transformarse en aspirantes a machos dominantes? ¿Cómo, pero cómo puede ser que habiendo crecido en una sociedad en la que hay maestras, médicas, funcionarias, mujeres policía o soldado, cómo se puede tener por normal esa rebelión contra lo que no es más que una cuestión de equidad y justicia? Pobrecitos, repiten, no mojan porque ellas se han vuelto exigentes, desean y aman siendo fieles a sí mismas, sin someterse, y claro, los que no las quieren así, emancipadas e independientes, no tienen opciones. Y por ellos debemos llorar, nos dicen. Como las madres de antes, que sentían pena por el niño al que todo le costaba mientras que a la niña le mandaba hacerle la cama, fregar los platos, recoger la ropa sucia del hombrecito de la casa. Y esa compasión por los machitos destronados los perjudica a ellos aunque no lo vean. En vez de acompañarlos en el lloriqueo alguien (a ser posible un hombre adulto) debería decirles que se pongan de una vez las pilas, que si quieren llegar a sus compañeras no les queda otra que cambiar de cultura y sumarse a la del feminismo. Y que esos que les susurran a través de las pantallas que volverán tiempos pasados de dominación masculina no son más que timadores embusteros que los están llevando a engaño. Y en masa.

20 abril 2026

Elogio del amante joven

Por ROSA MONTERO, El País SEMANAL, 14.09.14

La supuesta invisibilidad de las mujeres al alcanzar la madurez

Hay una novela del húngaro Stephen Vizinczey, Elogio de la mujer madura, que, publicada originalmente en 1965, tuvo un éxito extraordinario en todo el mundo. A mí me pareció un libro narrativamente bastante mediocre (aunque me encanta el Vizinczey ensayista) y creo que buena parte de su éxito se debió a que supo poner palabras a una realidad absolutamente normal, es decir, absolutamente habitual, pero que por entonces permanecía sepultada por una tonelada de prejuicios. Me refiero al hecho de que muchos, muchísimos jóvenes se sienten atraídos por mujeres mayores al menos durante una época de sus vidas, de la misma manera que muchas chicas se sienten alguna vez atraídas por los hombres de edad. En general, creo que el hecho suele darse durante ciertos periodos de la vida, periodos quizá formativos, psicológica y sexualmente. A lo mejor el viejo Freud atinó en esto y casi todos pasamos por una etapa de búsqueda del padre y de la madre.

Hasta aquí, todo perfecto. Lo malo, claro está, son los prejuicios, esos parásitos insidiosos del pensamiento que distorsionan nuestra mirada y nos impiden ver la realidad. Y así, siempre nos ha parecido tan normal que una chica joven quede prendada de un señor mayor, pero siempre hemos visto como anormal la fórmula contraria. Algo defectuoso tendrá esa mujer, algo defectuoso tendrá ese hombre, dice la voz de la convención, y la sociedad señala a la pareja con el dedo como si fuesen bichos únicos, como si ese tipo de comportamiento fuera algo rarísimo, tan inusual como ser capaz de aprenderse de memoria El Quijote, por ejemplo. Y es que padecemos un terrible malentendido con la palabra normal. Pensamos que normal equivale a abundante, a habitual, a mayoritario. Pero no; en realidad, nos remite a la norma, a la ley, al mandato social. Las relaciones de las jóvenes con los maduros están dentro de lo normal sólo porque han sido tradicionalmente permitidas; las de los jóvenes con las maduras se han visto como anormales porque no estaban socialmente aceptadas, pero como dije han existido siempre, absolutamente siempre, sólo que han sido manejadas con discreción, con clandestinidad y con cautela. Recordemos, por ejemplo, que tras la muerte de Pierre Curie, la gran Marie Curie se enamoró de un hombre siete años más joven que ella; o que la reina Victoria de Inglaterra, símbolo precisamente del puritanismo más represor, también se enamoró, tras quedar viuda, de su sirviente John Brown, ocho años menor, y después, dicen, tras la muerte de Brown, de un sirviente musulmán, Karim, cuarenta años más joven.

Por fortuna, en la última década han aparecido bastantes ejemplos de mujeres famosas con amantes jóvenes (Susan Sarandon, Demi Moore, Madonna) y la percepción social de este tipo de parejas está empezando a cambiar. Pero aún perduran poderosos prejuicios al respecto. Véase el insólito escandalazo que ha supuesto este verano la relación entre María Teresa Campos y Bigote Arrocet. ¿No les parece desmedido que llame tanto la atención una diferencia de apenas nueve o diez años de edad? Ni siquiera hubiera sido mencionada si el más viejo hubiera sido el varón. Claro que, en este caso, la aguerrida María Teresa ha transgredido no sólo el tabú del amante joven, sino también el del amor en las mujeres de más de setenta años. Todos mis aplausos para ella.

Total, que así estamos ahora, normalizando de verdad, es decir, haciendo visible y aceptable una realidad bastante habitual. Por ejemplo: me encanta que Emmanuel Macron, el nuevo superministro francés de Economía, ese chico prodigio de 36 años que antes fue socio de la banca Rothschild y que ha recibido un importante premio de piano, un personaje brillante, polivalente, seductor y curioso, en fin, esté casado con su profesora de francés, veinte años mayor que él, y que los fines de semana se vayan a ver a los nietos (de ella, naturalmente). Ah, sí, menos mal que ese pedacito de la vida subterránea empieza a emerger, para bien de todos. Para bien de tantos hombres jóvenes que ya no se sentirán raros o incómodos ante la incomprensión social cuando se enamoren de una mujer mayor y gocen de sus conocimientos, de su madurez vital y sexual, de su manera distinta, más comprensiva y más redonda de quererle; y para bien de tantas mujeres mayores, que podrán disfrutar de las ganas de vivir, de la pasión y la alegría, de la curiosidad y la audacia de los amantes jóvenes. Cuando escucho a una mujer madura quejarse de que ha alcanzado la edad de la invisibilidad, de que ya no la miran, siempre me siento tentada de decirle: te equivocas, cariño, quizá seas tú la que no ves. Siéntete segura de ti misma y mira a los más jóvenes.