12 julio 2026
Grindr, ¿privilegio o condena?
04 julio 2026
Lo queer explicado
Por SATO DÍAZ
elpublico.es, 4 de julio de 2026
Las letras esperan cociéndose en la sopa de letras para ser elegidas y formar palabras. Y las palabras cuentan sueños, recuerdos, objetos, personas, sentimientos, revoluciones. Pocas veces las letras adquieren significado y derrumban muros por sí mismas. Esto acontece, sin embargo, con una fuerza sobrehumana en la coalición de iniciales LGTBIQ+. Cada letra es un símbolo, un colectivo de personas, un mar de opresiones, de rebeliones, sentimientos...
"Cada vez me inquieta más lo larga que se va haciendo la lista: LGTBI no sé qué y al final, como no cabe, plus". Estas palabras no las pronunciaba Santiago Abascal, ni siquiera Isabel Díaz Ayuso, ni Viktor Orbán, ni Donald Trump. Parece que Felipe González ya no entiende el mundo en el que vive, y ansía que la realidad se acomode a su nivel de comprensión y se simplifique. Las reivindicaciones de lesbianas, gays, trans, bisexuales e intersexuales le resultan inquietantes a un expresidente del Gobierno que incomprensiblemente sigue militando en un partido socialista y progresista.
González evita citar la letra 'Q', que sería la siguiente en esa "larga lista". La 'Q' de queer. El PSOE también eliminó la letra 'Q' de sus documentos en el 41 Congreso Federal celebrado en Sevilla a finales de 2024. La corriente de las llamadas "feministas radicales" o "TERF (Trans-Exclusionary Radical Feminist) del partido, representadas por figuras como la ex vicepresidenta Carmen Calvo, impuso la orientación política oficial de esta formación. Los sectores LGTBIQ+ perdieron una contienda que se votó de noche y pilló a algunos por sorpresa. Lo relacionado con la teoría queer quedaba fuera de la nomenclatura y de la línea de acción política oficial. Así, Víctor Gutiérrez es secretario de Políticas LGTBI del PSOE, sin 'Q', ni queers, ni nada que se le parezca.
Lo queer es una corriente de pensamiento que rechaza las categorías fijas de género y sexualidad, defendiendo que tanto la identidad de género como la orientación sexual son fluidas y constructos sociales, nada predeterminado. Lo queer es, por tanto, un cuestionamiento constante de la norma, que nace de aquellos colectivos oprimidos que eran nombrados así como un insulto: raro, excéntrico, extraño, maricón... Lo queer es, sin lugar a dudas, revolución.
El periodista, escritor, guionista y referente del movimiento LGTBIQ+ Paco Tomás, colaborador de Público, definía lo queer en el programa emitido por este periódico con motivo del Orgullo y se refería así: "La 'Q' de queer es pensamiento". Hay lesbianas que son lesbianas pero no son queer, hay gays que tampoco son queer, ni bisexuales... Ser queer o identificarse con esta corriente es una posición política que trasciende, como decimos, la identidad de género y la orientación sexual propia. Ser queer implica un posicionamiento político, situarse en un lugar en el mundo para convertir los márgenes y las periferias en el centro y derribar el poder establecido.
Queer es, por tanto, criticar el orden mundial en el que vivimos y somete a pueblos enteros, condenar el genocidio en Palestina o la ocupación marroquí del Sáhara Occidental, disentir del militarismo rampante que solo tiene la guerra como horizonte, asumir la conciencia de clase, disputar siempre a los de arriba y nunca a los de abajo, llenar de agujeros las fronteras, integrar el antirracismo como práctica diaria, adoptar una posición transfeminista para afrontar la vida, visualizar un mundo en el que la diversidad de los cuerpos sea una riqueza y no un motivo de exclusión...
El oprimido colectivo LGTB lleva décadas luchando por obtener los mismos derechos que las personas que han habitado plácidamente en la heternorma. Normalizar orientaciones sexuales e identidades de género y la transexualidad ha sido el leitmotiv de estas luchas de liberación, un objetivo justo y loable. Normalizar. Y en este sentido, logros como la consecución del matrimonio de personas del mismo sexo hace ya 21 años en España deben seguir siendo motivo de reivindicación y celebración. El fantasma reaccionario que sacude el mundo coloca a la comunidad LGTBIQ+, precisamente, como uno de sus principales objetivos a batir. Pero, ¿es suficiente normalizar?
En un mundo trastornado en el que la ultraderecha cada vez gana más poder e impone su mirada violenta, unificadora, clasista, racista, machista y opresora, la lucha por la normalización pierde sentido. Y entonces surge la necesidad de construir una alternativa, a todas luces, alejada de la realidad que se está imponiendo. En otras palabras hackear el sistema, hackear la norma que, pese a ser norma, va perdiendo el sentido común.
En este contexto, la 'Q' adquiere una especial relevancia. Lo queer es pensamiento, lo queer es revolución. Lo queer es un lugar desde el cual boicotear el panorama que se va imponiendo e imaginar otros mundos posibles, otras relaciones posibles, otras familias posibles, otro sexo posible, otros trabajos posibles, otras ciudades posibles, otras personas posibles, otros hábitos posibles, otras lecturas posibles, otros amores posibles, otros Estados posibles, otras policías posibles, otra geopolítica posible, otro consumo posible...
Feliz Orgullo 'Q'. Feliz revolución queer.
03 julio 2026
Por qué los maricas necesitamos amigos maricas
La homofobia y las normas de género nos dificultan tejer amistades estrechas entre nosotros, pero cuando lo logramos mejora nuestra salud y nuestro bienestar
Por Jaime Sevilla Lorenzo
eldiario.es 2 de julio de 2026
Podemos acabar creyéndonos parte de esa imagen estereotipada que la homofobia genera sobre nuestro propio colectivo. Y eso nos aleja de él. Fotograma de la serie 'Looking' (HBO) |
Cuando empecé a salir del armario en mi adolescencia, las primeras personas con las que me abrí a manifestar quién soy se llamaban Míriam y Ángela. Las primeras amistades que hice al llegar a la universidad, Virginia y Sandra. ¿La primera persona con la que cogí confianza en el trabajo que tuve durante más de ocho años? Cristina. Si todos estos nombres son femeninos, no es casualidad.
A lo largo de mi vida, he tenido mucha más facilidad para hacer amigas que para hacer amigos. No me pasa solo a mí: diría que es un patrón bastante habitual entre los maricas. ¿Por qué ocurre? Cuando se lo pregunto a Carlos Soto, experto en psicología afirmativa LGTBIQ+, hace lo que hacen a menudo los psicólogos: llevarnos a nuestra infancia. “Imagínate a tu niño del colegio o del instituto. Los primeros insultos que recibimos, el primer insulto de ‘maricón’, no suelen venir de las niñas. Suelen venir de los chicos heterosexuales”, analiza. “Tiene todo el sentido del mundo que nos sintamos más cómodos con las chicas, que es donde nos terminamos refugiando porque suelen aceptarnos mejor desde que somos pequeñitos”, añade.
Así que desde la infancia nos rodeamos de chicas para protegernos del rechazo y de la violencia. Y cuando nos hacemos mayores, supongo, aún tenemos interiorizado que ellas en general van a ser un espacio seguro, mientras que a ellos los podemos percibir como una amenaza.
Reconozco que a mí me ha costado un poco aprender a relacionarme con hombres heterosexuales, y no sé hasta qué punto lo he conseguido. A menudo, cuando conocía a uno, inconscientemente partía de cierto miedo a que fuera homófobo y me ponía a la defensiva hasta que me demostrase que no lo era. Lo que yo llamo presunción de homofobia. E incluso ahora, cuando los conozco más y rebajo esas barreras al constatar que no hay ese rechazo, no me resulta fácil desarrollar amistades profundas. Quizá no termino de sentir que los hombres heteros y yo hablemos el mismo idioma.
¿Y con los que no son heteros? Hasta pasados los treinta, tampoco tuve apenas amigos maricas. Hay quienes sí, desde muy jóvenes, forman grupos con otros chicos del colectivo con los que comparten sus vidas y salen por sitios de ambiente, pero no fue mi caso. Pregunto a Gabriele, uno de los amigos que sí tengo ahora, y me responde que le ha pasado lo mismo: siempre se ha relacionado más con mujeres. Me cuenta que en el pueblo pequeño del norte de Italia en el que se crió “no había otros maricas, que se supiera”. Después, en la universidad, sí conoció a otras personas LGTBIQ+, pero con ninguna de ellas desarrolló una amistad estrecha. En torno a los 25 años, se acercó a un grupo de gente del colectivo, pero no terminó de encajar con ellos: “Solo se juntaban para salir de fiesta. No eran mi rollo, no me aportaban mucho, así que me alejé un poco. Nunca les consideré de verdad como amigos”.
Por la consulta de Carlos Soto pasan a menudo chicos maricas que no tienen amigos como ellos. El psicólogo lo relaciona con los prejuicios que existen sobre el colectivo, que a veces calan en nosotros mismos: “Desde pequeño no tienes referentes, no conoces a muchos chicos gays. Entonces vas desarrollando las creencias falsas y negativas que te mete la sociedad, como que son todos unos guarros, que solo buscan sexo, que no pueden formar familias…”. Nos podemos acabar creyendo parte de esa imagen estereotipada que la homofobia genera sobre nuestro propio colectivo. Y eso nos aleja de él.
También ocurre a veces que, aunque hagamos amigos maricas con los que salir y hacer planes, nos cuesta desarrollar con ellos vínculos más profundos. Pese a que no seamos heteros, los problemas que implica la masculinidad nos atraviesan. Hemos crecido en un contexto social en el que, mientras a las mujeres se les exige que sean empáticas y cuiden a los demás, a los hombres se nos dice que nos mostremos fuertes o que no lloremos. Se nos educa más en la agresividad que en el cariño. Y aunque al aceptar nuestra orientación sexual y construir nuestra identidad podemos romper poco a poco con buena parte de las normas de género que nos han impuesto, seguramente hay cosas que están grabadas en lo más profundo de nuestra mente y aún nos queda trabajo para deconstruirlas. Quizá ese es uno de los motivos por los que nos resulta más difícil construir amistades estrechas entre nosotros: se nos ha preparado para ser menos cuidadores.
Mi sensación es que a las mujeres lesbianas no les ocurre tanto esto. Tienen otros problemas: la lesbofobia combina machismo y homofobia en un cóctel explosivo que no suma estas discriminaciones, sino que las multiplica. Pero creo que, al menos, haber recibido una educación que les empuja más hacia los cuidados y hacia la inteligencia emocional les puede ayudar a desarrollar redes de sororidad más fuertes.
Otro obstáculo para establecer vínculos profundos es la propia homofobia, que a veces nos lleva a construirnos un caparazón que luego nos cuesta romper. Carlos Soto me explica que, al sentirnos diferentes a los demás y sufrir rechazo o incluso acoso, tendemos a desarrollar “una baja autoestima y un miedo muy intenso a mostrarnos vulnerables”. “Y claro, ¿cómo voy a generar una intimidad si me da miedo mostrarme vulnerable? La base de la intimidad es la vulnerabilidad. Si he aprendido desde pequeño que al mostrarme vulnerable y ser quien soy me agreden, me pongo una capa de protección para evitar todo eso”, analiza.
Esa barrera que nos hemos construido dificulta que, cuando ya somos adultos, desarrollemos vínculos sanos: “No soy capaz de mostrarme como soy y empiezo a hacer un montón de estrategias para que no me dejen, para mostrarme superseguro... Entonces no se termina de generar esa intimidad real y las relaciones son más superficiales”, valora el psicólogo. Imagino que esto sí nos puede ocurrir a toda la comunidad LGTBIQ+ y no solo a los maricas.
Eso no quiere decir que estemos condenados a no tener amigos cercanos. “Que arrastremos esas heridas desde la infancia no significa que no se pueda trabajar ni que esto sea para toda la vida”, defiende el especialista. Pone en valor que “dentro del colectivo hay mucha resiliencia y mucha introspección”. Y destaca que “haber vivido todo lo que hemos vivido nos lleva a no ir por la vida sin cuestionarnos las cosas” y a “una introspección a la que a lo mejor alguien heterosexual a quien le han dado todo en la vida no llega”.
En mi caso, mi falta de amigos maricas ha cambiado en los últimos dos años. Tras una crisis de los 30 bastante significativa, empecé a quedar mucho con un amigo de una amiga. Comenzamos a ir juntos a shows drags, a compartir viajes… pero también a escucharnos, a apoyarnos, a acompañarnos en los bajones. Ahora es una de las personas más importantes para mí. También en esa época decidí apuntarme a una escuela de bachata y salsa sin roles de género, orientada a la comunidad LGTBIQ+. Unos meses después, ya había hecho ahí un grupo de amigos maricas que compartimos el disfrute de bailar y que, a la vez, nos cuidamos.
Para Gabriele, que es parte de ese grupo, también es la primera vez que desarrolla amistades estrechas con otros chicos gays, y es algo que necesitaba: “En los últimos años, empecé a pensar que hay muchas cosas de mi vida que, al compartirlas con otras personas, no las pueden entender de verdad porque no las viven. Si las comparto con mis amigas chicas, me van a dar apoyo, pero no conocen las dinámicas”, me explica.
Y me recuerda un momento que vivimos hace poco algunos de esos amigos, en un largo viaje en coche en el que volvíamos de pasar un fin de semana bailando juntos en un festival de bachata y salsa. Ahí tuvimos una conversación profunda sobre problemas que vivimos específicamente los maricas. A todos nos reconfortó poder hablar de eso con gente a la que le pasan cosas parecidas. Gabriele lo agradece así: “Al encontrar a gente como vosotros me di cuenta de que es posible tener amistades verdaderas y compartir aficiones que no sean tóxicas con gente del colectivo. Es algo nuevo que descubrí y que no sé si veía posible, pero no lo daba por hecho o lo veía como algo difícil”.
Que estas amistades son importantes no solo lo pensamos Gabriele y yo: también lo dice la ciencia. “En la psicología, tener amigos del colectivo se define como un factor protector: algo que es beneficioso para nuestra salud, como hacer deporte o comer saludable”, me explica Carlos Soto. Señala que “hay estudios que demuestran que favorece nuestra salud de muchas formas”. Una de ellas es que “reducimos la homofobia interiorizada”, ya que conocer de cerca la realidad de otras personas ayuda a desmontar los prejuicios que nos crearon sobre las personas LGTBIQ+. Otra es que esas amistades contribuyen a proteger nuestra salud sexual: “Cuantos más amigos del colectivo, más acceso a información sexual”.
El psicólogo también destaca que esas otras personas “han vivido lo mismo que tú”, en referencia a procesos como la salida del armario, el miedo a contarle a tu familia quién eres o a perder amistades, el rechazo o el bullying. Apunta que compartir esas vivencias “genera una sensación de validación muy potente que no te puede generar alguien que no pertenece al colectivo y no lo ha vivido”. Y añade más beneficios psicológicos de tener amigos del colectivo: la existencia de referentes diversos que te abren la mente a imaginar diferentes maneras de vivir, que es “importante para la autoestima”; el sentimiento de pertenencia a una comunidad, algo que “todos los seres humanos necesitamos”; y la sensación de “poder ser tú mismo y expresarte como quieras sin ser juzgado ni seguir arrastrando esa fachada desde la adolescencia, lo cual se traduce en un mejor autoconcepto”.
Yo no conocía esos estudios científicos, pero sí he descubierto con mi propia experiencia que la llegada de estos amigos maricas a mi vida la ha mejorado sin duda. No sustituyen a mis amigas mujeres, esas mariliendres a las que intento cuidar tanto como me cuidan a mí y que siguen siendo una parte esencial de mi círculo. Más bien las complementan. Me permiten compartir risas, dramas y vivencias con quienes son como yo, hacen lo que yo y les pasa lo que a mí.
28 junio 2026
Por qué no existe el orgullo hetero
10 junio 2026
Primera sesión de cortos en la Asociación Adriano Antinoo (enlaces)
08 junio 2026
28 de junio
Por VICENTE MOLINA FOIX
El País, 25 de junio de 1994
El gran problema gay son los heterosexuales. "Problema homosexual" (que decían los psiquiatras antiguos) yo no veo. Veo un rebaño de cafres repartidos por el mundo, que en España son más y más obtusos, pues aún usan vocablos como "aberración contranatura".
Celebrar el día del orgullo gay, celebrar el ser gay, celebrar, sin más, poder ser gay en casa de tus padres o en el trabajo, podrá parecer a la gente educada ostentoso y hasta publicitario. A mí me lo parecería siempre que usted, querido lector heterosexual, fuese un ser sano. Y usted quizás lo sea, pero, ¿y usted, vecino del cuarto? Millones de personas que aman y fornican naturalmente con los de su sexo sufren silenciosos o salen a la calle a gritos porque muchísimos millones más a su lado tienen sin resolver un síndrome de intolerancia.
Un caso grave de ese síndrome es el de [la periodista de ABC] Pilar Urbano, cuyo gusto sexual no conozco (¡ni ganas!). En un debate de [la revista] Elle sobre la adopción por homosexuales, Urbano Sexto (que así la llamaré, por papista y por el mandamiento que más le turba) escribe: "Dos homosexuales podrían ser un par, por aquello de ser dos, como las alpargatas. Pero nunca serán una pareja", advirtiéndonos contra "el ambiente enrarecido, enfermizo, deformante, vicioso y tarado de un par de maricones o de lesbianas que fingen ser lo que no son, hacer lo que no hacen y dar lo que no tienen" (qué mal informada Urbano Sexto, ¿verdad?, que ignora lo mucho que dos lesbianas pueden hacer en la cama, lo mucho que los gays tienen ⎯de lo que hay que tener⎯ y lo muchísimo que dan). Esta delincuencia verbal queda impune en nuestro país, bendecida por los obispos, que mañana dirán en las iglesias que un instinto básico como el de los homosexuales es atracción fatal, que debería llevarles a todos a la cárcel como picapiedras.
01 junio 2026
Para nunca volver
Por ANTONIO MUÑOZ MOLINA
El País, 29 de junio de 1996
03 mayo 2026
Ni a mujeres, ni a gais: ¿a quién le gustan exactamente los cuerpos musculados de ‘bro de gimnasio’?
Por KARELIA VÁZQUEZ, Revista ICON, 03.05.26
Los centros de ‘fitness’ están cada vez más llenos y los cuerpos musculados sin una gota de grasa triunfan en las redes sociales, ¿pero quién ha fetichizado ese tipo de figura y a quién le atrae sexualmente?
No es una pregunta retórica. Después de hablar con varias personas, hombres y mujeres, de diferentes tendencias sexuales, ninguno supo responder para quién trabajan exactamente aquellos que se musculan hasta la hipertrofia en el gimnasio, o los que cuentan por cientos los ejercicios abdominales para sacar un six pack (o tableta de chocolate) debajo de los mínimos gramos de grasa que aún conserven en el abdomen.
“Croissants”, los llama Miriam Riol. Los ve cada mañana en el gimnasio a las siete de la mañana, y comprueba que sus cuerpos trapezoidales y morenos no le resultan nada atractivos. A Irene Gonzáles los cuerpos “tan pulidos” la echan para atrás. “Me generan inseguridad, pienso que un chico así me va a juzgar porque yo nunca voy a estar tan buena como él. Desde el punto de vista estético me resulta más interesante cómo se viste que su cuerpo”. “A mí me gustan healthy (de aspecto saludable), pero no tan trabajaditos, medidos y obsesivos. Puestos a pedir prefiero que vaya al dentista una vez al año”, afirma Malintxi Lobete.
Tampoco es que ellos se esfuercen en gustar o en interactuar con alguien que no sea otro hombre o, en la jerga digital para definir a un hombre que esculpe su cuerpo en el gimnasio para mostrarlo y compararlo con el de otros hombres, un bro. Es una verdad establecida que los bros tienen el cuerpo que les resulta atractivo a otros como ellos, en un juego de espejos donde la condición sexual no parece tener relevancia alguna y la mirada fetichizadora es la de uno mismo ante el espejo. Dante G lo comprueba en Grindr. “Al principio te hace gracia, pero luego la sucesión de fotos sacando músculo frente al espejo aburre”.
El debate y los defensores de cada flanco quedaron muy bien resumidos en un tuit del psicólogo William Costello, que juntó dos imágenes del cantante británico Olly Murs. Una era el antes de que Murs se sometiese a una dieta espartana y un duro entrenamiento de gimnasio. Murs ya lucía entonces un cuerpo envidiable, normativo y fuerte, pero con algo de grasa en el abdomen. La otra era el después, con Murs mostrando su cuerpo musculado sin un ápice de grasa corporal y una tableta bien visible en el abdomen.
Preguntó a sus seguidores qué imagen encontraban más deseable. La respuesta fue sintomática: las mujeres, el antes. Los hombres, el después. O sea, el primer cuerpo respondía al deseo. El segundo, a la aspiración. Ocurre a menudo en anuncios de entrenadores en redes sociales: muestran a un hombre de aspecto sano y cuerpo fuerte y prometen convertirlo en un cuerpo aún más fuerte. Los comentarios que más abundan son del tipo: “¡Pero si estaba mejor antes!“.
Sergio López López, fisioterapeuta y preparador físico y director técnico en Elena Valiente Salud constata que sus clientes piensan que cuando la musculatura se pone “grande” los miran ellos más que ellas. “Para una mujer promedio el hombre atractivo no tiene muchísima masa muscular”, dice. Es lo que han comprobado también varios estudios que describen el cuerpo masculino atractivo con un 15% de grasa corporal. “Es un nivel bajo de grasa, un cuerpo que puede estar trabajado en el gimnasio pero con un aspecto natural, quizás sin mucho abdomen”, precisa López.
El doctor Rafael Navas, experto en hormonal en SHA Spain explica que para los hombres un rango orientativo saludable suele estar entre un 10% y un 20% de grasa corporal, pero con una buena masa muscular y sin acumulación central marcada. “En la práctica, una cintura contenida, buena energía y analíticas estables (glucosa, triglicéridos, inflamación) nos dan mucha más información sobre la salud que un físico extremadamente definido”, afirma.
En su consulta ve cada vez más a “hombres muy definidos, con buena imagen física, pero con cierto desgaste a nivel hormonal o metabólico”, y se explica: “Abunda el síndrome de Deficiencia Energética Relativa en el Deporte (RED-S). Son perfiles con un desequilibrio entre lo que el cuerpo gasta y lo que recibe, y eso acaba pasando factura en forma de fatiga, bajada de testosterona, un peor descanso y una menor capacidad de recuperación”.
Los resultados de la encuesta The Ideal Male Body Type According To Women realizada entre cientos de mujeres por Shane Duquette, coach certificado por la York University de Toronto y fundador de la plataforma Bony to Bombshell, mostraron que ellas preferían los cuerpos atléticos por encima de los extremadamente musculosos. Duquette esperaba que su encuesta replicara los resultados de un estudio de 2017 firmado por el Dr. Aaron Sell que había encontrado una relación lineal entre la fuerza masculina y el atractivo, así que le escribió varios correos electrónicos al doctor para intentar entender la discrepancia en los resultados.
Sell contestó varias cosas, la primera que las mujeres suelen asumir que “los hombres muy musculados son vanidosos”. Luego argumentó que la población de su estudio se componía de universitarios que por edad probablemente no hubieran alcanzado aún todo su potencial muscular genético y eso explicaría que fueran menos “grandes” que, por ejemplo, los influencers del fitness. Por último, añadió otra razón: “actualmente algunos hombres pueden alcanzar grados de musculatura que en la década del 40 no tenían ni los culturistas de élite, sobre todo los que consumen esteroides o testosterona”. En resumen, que los hombres musculosos de su estudio quizás no lo fueran tanto.
En cuanto al asunto del six pack en la encuesta las mujeres prefirieron a los hombres con un porcentaje de grasa corporal cercano al 13%, que suele ser saludable y, sobre todo, sostenible. Para tener los abdominales marcados todo el año, dice Duquette, hay mantener la grasa corporal entre un 8% y un 10%, algo que indica más predisposición genética a un vientre plano que esfuerzo descomunal de entrenamiento y dieta.
“Muchos cuerpos hipermusculados masculinos no se construyen tanto para resultar más atractivos a las mujeres como para responder a mandatos de estatus, competencia entre hombres y gestión de inseguridades”, apunta la sexóloga Ana Sierra. En su opinión, ese cuerpo funciona más como “armadura, credencial o símbolo de pertenencia que como herramienta de seducción”.
La atracción parece ser un asunto de proporciones. Según Duquette, cuando las mujeres imaginan brazos musculados piensan en los brazos de 35 centímetros de Cristiano Ronaldo y el hombre, en los de 38 centímetros de Brad Pitt en El club de la lucha. “A todos les gustan los brazos definidos y con músculos. Simplemente discrepan en el tamaño”. Su conclusión es que a las mujeres suelen gustarle más los cuerpos que no son “imposibles de conseguir”.
La plataforma Illicit Encounters, diseñada para juntar a gente casada que busca relaciones secretas, preguntó a más de 2000 personas, qué tipo de cuerpo masculino les resultaba más atractivo y les dio a elegir entre Seth Rogen, el actual Leonardo DiCaprio y Cristiano Ronaldo. El 58% de las mujeres prefirieron el “dad body” (cuerpo de papá) de Rogen y DiCaprio. Un 22% escogió a Cristiano Ronaldo y solo un 10% prefirió la silueta delgada de Mick Jagger y Jarvis Cocker. El cuerpo de Jack Black solo fue escogido por el 6% de las encuestadas. La conclusión de la coach de relaciones Jessica Leoni al respecto indica que las mujeres prefieren cuerpos imperfectos porque son “menos intimidantes”. Cuerpos similares fueron también los que más éxito tuvieron en otra encuesta de 2021 del sitio de citas Dating.com. Su vicepresidenta explicó que, aunque en teoría los cuerpos pulidos y perfectos parecían ideales para la mayoría de las personas, no los elegían cuando se trataba de buscar una pareja para la vida real.
“En muchos casos esos músculos no buscan despertar el deseo de mujeres o de los hombres, sino la validación social externa en otros ámbitos. Se podría decir que estamos ante un caso de masculinidad performativa”, opina Sierra, que también matiza que cada caso habría que estudiarlo por separado. “Hay chicos que sufrieron experiencias de bullying o acoso, ya no solo en primera persona sino vista en otros chicos por su aspecto enclenque, y eso puede desarrollar una ansiedad que puede ser un detonante para tomar decisiones sobre el cuerpo”.
Y, por supuesto hay también una cuestión hedonista. “Hay autoplacer, se gustan cuando se ven así. Existe un entramado cultural de presión estética que con determinado físico les devuelve un sentimiento muy agradable de pertenencia al grupo. El músculo aún está muy asociado a la potencia, al poder, a la disciplina y el autocontrol”, expone la sexóloga.
Ahora, además, los cuerpos pulidos y perfectos se asocian al éxito económico. En consecuencia, los cuerpos con exceso de grasa y sobrepeso pertenecen a personas sin fuerza de voluntad e ignorantes en temas de nutrición. En definitiva, perdedores y vagos. “El mundo está diseñado para que seas gordo, empleado y dependas del gobierno”, según la filosofía vital de Amadeo Llados, el gurú de los burpees al que siguen decenas de miles de personas.
Así que la respuesta a la pregunta ¿a quién le gustan los bro de gimnasio? es corta. A ellos mismos, en primer lugar; y a los que son como ellos, en segundo. Y lo que pensemos el resto les importa poquísimo. Como debe ser, por otra parte.
09 abril 2026
Memoria fotográfica del ligoteo gay en el Nueva York de 1969
El fotógrafo Arthur Tress recupera la memoria del cruising en el Nueva York de 1969: “Era una forma de socialización”

27 marzo 2026
El silencio mata
En estos tiempos oscuros de amnesia colectiva que vivimos/sufrimos, convendría rescatar aquella célebre cita del pastor luterano Martin Niemöller, erróneamente atribuida al escritor Bertold Brecht, que decía: "Cuando los nazis vinieron a buscar a los comunistas, no dije nada, pues yo no era comunista. Cuando vinieron a por los socialistas y los sindicalistas, no dije nada, pues no era ni lo uno ni lo otro. Cuando vinieron a por los judíos, no dije nada, pues yo no era judío. Cuando vinieron a por mí, ya no quedaba nadie que pudiera hablar por mí."
Hoy en día, cuando los fascistas racistas salen de caza a apalear a inmigrantes indefensos, hay quienes no dicen nada, miran para otro lado, y se dicen que ellos no son inmigrantes. Cuando fascistas machistas violan o matan a una mujer cada semana en España, muchos callan porque ellos no son mujeres. Cuando una manada de fascistas homófobos asesinan a un gay al grito de maricón de mierda, algunos gays callan y no dicen nada, pues ellos no son públicamente maricones, y si lo son, prefieren callar y permanecer ocultos en el ciberarmario. Cuando fascistas tránsfobos le desfiguran la cara a una chica trans, incluso hombres homosexuales son incapaces de teclear su indignación/condena en un grupo de Whatsapp, y optan por mirar para otro lado porque ellos no son trans y no se sienten interpelados. Cuando los neonazis vengan a por ellos o a por usted, ya no quedará nadie que pueda hablar por ellos, ni por usted. El silencio mata, y la falta de empatía con nuestros semejantes (aunque sea por escrito) nos hace cómplices del odio y del miedo que nos rodean. cmg2026
08 marzo 2026
Los amantes astronautas: homoilustración y comedia
Los diálogos entre Maxi y Pedro, los "amantes astronautas", van escalando desde la broma a la ternura y finalmente hasta el amor. Surge química entre los protagonistas masculinos desde la primera escena.
Berger escribe un guion coherente, impecable, que pone en boca de sus actores para reflexionar lúdicamente sobre qué es lo gay, qué es lo hetero, la bisexualidad y los roles sexo-afectivos que fluyen. Homoilustración servida con mucha comicidad.
Marco Berger es un maestro escribiendo diálogos ingeniosos (como el picante cara a cara en el videoclub, o el inteligente oxímoron a partir de la nariz de Pinocho). En esta ocasión, el director argentino logra sorprender de nuevo trazando un planteamiento argumental originalísimo, que prefiero no desvelar. Una película divertida, dialéctica y locuaz para ver una y otra vez. Ojalá se filmaran más películas conjuntas entre ambos lados del Atlántico.
Me parece un milagro que esta cinta sea una realidad (se estrenó en BsAs en 2024, aunque aún no ha llegado a salas de cine en España) dado el oscuro panorama actual del cine argentino, amenazado por el monstruo de la motosierra.● 115 min.
Artículo relacionado: Marco Berger sobre su cine
17 febrero 2026
“No latinos, no asiáticos, no gordos, no pluma... hay gente en Grindr que hace mucho daño”: cómo una ‘app’ moldeó la vida sexual de una generación.
Diversos artículos, ensayos y usuarios se quejan de que la popular aplicación de citas para gente ‘queer’ ha cambiado, para mal, las relaciones sexuales. Pero otras voces señalan que la tecnología solo refleja la sociedad.
Por MARITA ALONSO
ICON, 17 de febrero de 2026
Mientras que la caída de suscriptores, descargas y valor de Tinder o Bumble indica que las aplicaciones de citas se encuentran en un momento delicado, Grindr, la aplicación basada en geolocalización creada en 2009 por el empresario Joel Simkhai para conectar a la comunidad LGTB, vive un gran momento, aunque sus usuarios lleven meses quejándose de que su versión gratuita es un infierno de usabilidad. Así lo indica un análisis de GfK DAM, medidor oficial del consumo digital en España, que señala que Grindr congrega a 635.600 visitantes mensuales, un 30% más que el año anterior. “Aunque no lidere en usuarios únicos, el uso de Grindr es muy intensivo, siendo el sitio donde más tiempo pasan los usuarios: 10 horas y 12 minutos mensuales por persona”, apostillan.
Toda una generación de hombres queer ha comenzado a explorar su vida emocional y sexual a través de la aplicación, y son muchos los famosos que han hablado acerca de sus experiencias con ella. (...) Precisamente en Le Monde Alice Raybaud escribió recientemente un reportaje sobre cómo Grindr moldea la sexualidad de los jóvenes homosexuales y cómo cuestionan la influencia que la plataforma y sus normas machistas tuvieron en su desarrollo emocional.
“En el mundo gay, el cuerpo es una moneda. Todo gira en torno a la carne: torsos, filtros, roles. La validación se mide en miradas, matches y metros de distancia. Nos educaron para competir por deseo, no por ternura. En el mercado del cuerpo, pedir afecto suena a fallo del sistema”, señalan desde Untoxic Mag. “Como si la necesidad emocional fuera una grieta que hay que ocultar. Pero el cuerpo también tiene memoria, y lo que pide no siempre es placer: a veces es calor, cuidado, presencia. No hay algoritmo que sustituya esto”, dicen.
Matías C, cirujano, comenta a ICON que Grindr es una aplicación en la que se ha normalizado la violencia. “Te preguntan sin decir ‘hola’ cuál es tu nacionalidad, cuánto te mide el pene y si eres activo o pasivo. Recibir vídeos de gente follando o fotos pornográficas de primeras, sin haberte siquiera saludado, es violento”. Las normas de Grindr, eso sí, piden a sus usuarios que solo envíen este tipo de material cuando hay consentimiento y la otra persona las ha pedido o ha aceptado verlas. Otra cosa, claro, es que las normas se cumplan.
“Me considero muy sexual, pero esto no tiene nada que ver con la libertad”, continúa Matías C. “Este no es un mensaje moralista: me encanta el sexo y me gusta disfrutar de él activamente. Pero para follar, necesito unos mínimos. Me interesa saber el nombre de esa persona y asegurarme de que me voy a sentir cómodo y de que voy a un espacio seguro”.
Añade que, como todas las aplicaciones, Grindr es una factoría de crear necesidades. “Todo el mundo habla de morbo y de fetiches pero en realidad, son cadenas y necesidades creadas por el patriarcado. Por descontado, los cuerpos que abundan en la aplicación son normativos y se hace apología de ellos. ¿Qué maricón no tiene un entrenador o está apuntado al gimnasio hoy por hoy?”, se pregunta.
17 años después de su lanzamiento, la aplicación se ha convertido en un fenómeno tan cotidiano como polémico. Grindr ha cambiado la manera de encontrarse y de desear en la era digital, pero junto al éxito está presente el debate: muchos le atribuyen haber impulsado una cultura de lo inmediato, donde los encuentros casuales se volvieron norma y las reglas del juego cambiaron para siempre. Publicaciones como Dazed se llegaron a preguntar, en 2024, si más que cambiar el sexo entre hombres, lo había arruinado para siempre. Al mismo tiempo, las críticas señalan que la plataforma no ha escapado a las tensiones del mundo real: dinámicas de poder, estereotipos y desigualdades —ya sean patriarcales, raciales o de clase— también encontraron allí su reflejo. En ese cruce entre libertad, tecnología y controversia, la aplicación sigue marcando el pulso de una generación.
“Hemos sido educados con la idea de que podemos escoger lo que queramos cuándo queramos y cómo queramos”, explica otro usuario llamado Javier, que se dedica al periodismo. “Y por eso al final el uso que se hace mayoritariamente de Grindr es el de una hookup application [aplicación para un polvo], pero no nació en principio para eso, sino porque vivíamos en una situación de estigma. Se ha convertido en una aplicación en la que los hombres nos olvidamos de que estamos hablando con un ser humano que tiene sentimientos, que puede buscar cosas diferentes o que tiene necesidades mucho más amplias que el sexo rápido y superficial”. Alude también a los mensajes que muchos usuarios escriben en sus biografías. “Ponen textos que pueden hacer sentir mal a la gente. Yo estoy seguro de mí mismo: sé lo que tengo y lo que no tengo, pero hay perfiles en los que ponen mensajes como ‘no latinos’, ‘no asiáticos’... Pueden estar haciendo daño a mucha gente que puede estar viviendo un drama o tener complejos”, asegura.
Manuel J. Romero, periodista, añade entonces que quien no tenga un cuerpo normativo, ha de estar “muy preparado mentalmente para entrar en Grindr”. “Estás dando el paso adelante de intentar conocer a alguien cuando ya de por sí, con tu físico, es complicado en la vida real. Abres Grindr y te encuentras un sitio hostil. Pero no solo hostil ante tu ejecución: ocurre que le escribes a alguien y te responde ‘no, gordo’; sino que incluso te atacan sin venir a cuento”, comenta a ICON. “He recibido muchos mensajes peyorativos de gente que sin decir ni hola, te envía mensajes desagradables. Desde el pasivo agresivo ‘qué lástima; si perdieras unos kilos, serías guapísimo’, hasta de forma muy directa: ‘no sé qué haces aquí, estás ocupando espacio para que me salga otro que no esté gordo’ o directamente, cosas como ‘qué asco de gordo’. Aprendes a no darle importancia con los años, pero te mina la moral. Yo hace años que no me atrevo a quedar con nadie sin decirle antes y de forma muy concreta mi tipo de cuerpo”, confiesa.
Jordi S., informático, señala que que aunque la aplicación promueve ciertos estereotipos, es algo que se ha convertido en una dinámica del colectivo más allá de las pantallas. “Los comentarios no han sido mi problema particularmente. En Grindr suele reinar la ley del silencio si no entras dentro del gusto de otra persona. Pero es cuestión de tiempo darte cuenta de que te conviertes en un kink [un fetiche]. Si alguien te habla es porque tu condición es el fetiche de esa persona, no por la persona que eres. Y la sensación acaba siendo de conformidad. Si no eres normativo, tienes que conformarte con quien te decida hablar. No hablemos ya de que al convertirte en fetiche, es raro que alguien decida mantener contacto después de que pase algo. Satisfecho el fetiche, no aportas más a esa persona”, explica.
Javier alude también a los perfiles en los que se especifica que no se buscan hombres con pluma. “Nos han inculcado tanto que tenemos que ser machos alfa, que se castiga la feminidad. También es habitual que te pregunten cuánto te mide el pene antes de quedar. Pues cariño, no lo sé, no tengo 15 años, no me lo mido…”, asegura.
El escritor Nando López indica que la plumofobia no es más que una forma lamentablemente extendida de machismo y de homofobia. “Por desgracia, está presente también dentro del colectivo. Lo único que sucede en Grindr es que, con la falsa coartada de los gustos sexuales, hay quien expresa de manera explícita esos prejuicios que, en su discurso habitual, no verbalizaría. Pero no creo que la plataforma fuerce una mentalidad, solo la transcribe. Es a nosotros a quienes nos corresponde cambiarla”, dice.
Thibault Lambert, autor de Ce que Grindr a fait de nous (JC Lattès, 2025) (Lo que Grindr nos ha hecho), asegura que al escribir el ensayo y hablar con profesionales de la salud, médicos, psicólogos y sexólogos sobre la aplicación, todos le comentaron que Grindr era un asunto omnipresente en sus consultas. “Tanto, que parecía que fuera un paciente más”, dice.
Nando López quiere remarcar que las plataformas no son más que un vehículo cuyo funcionamiento depende del uso que les damos y, en la actualidad, la cosificación y la hipersexualización son dos problemas que afectan a nuestra manera de generar vínculos dentro y fuera de Grindr. “No basta con atribuir a una app el problema de la deshumanización en nuestras relaciones, algo que no solo afecta al colectivo, sino que está presente en todas las orientaciones sexo-afectivas. Debemos hacer un análisis mucho más profundo, pues esas apps nacen de una sociedad en la que hasta el afecto y el sexo se viven desde una perspectiva ultracapitalista, en la que consumimos cuerpos como si fueran otro objeto más. Y eso responde a una dinámica y a un modelo de pensamiento mucho más complejo y profundo en el que apps como Grindr o Tinder no dejan de ser un engranaje de ese sistema”, añade.
Lambert comenta que el objetivo no es que los hombres se desinstalen en masa Grindr, sino intentar emplear la aplicación de forma razonable, sin sufrir por ello. “No debemos olvidar que Grindr puede ser una gran herramienta para conocer gente, especialmente cuando eres joven en un entorno donde la homosexualidad no es habitual o donde conocer gente no es fácil”, asegura. “Es cierto que muchas veces se nos olvida que no todo el mundo dentro del colectivo vive en espacios visibles y seguros, de modo que la existencia de este tipo de aplicaciones les permite conocer gente en entornos donde esa visibilidad no es una realidad absoluta”, matiza López.
Lambert considera que lo interesante sería intentar comprender por qué esta aplicación, esencial para muchos hombres, causa al mismo tiempo tanto sufrimiento. “Me parece un poco utópico esperar un Grindr mejor en un futuro próximo. Grindr tiene todo el interés en no moderar excesivamente el contenido, porque eso es precisamente lo que hace atractiva a la plataforma. Hay cierta libertad de tono y existe la posibilidad de mostrar búsquedas muy precisas e incluso casi intransigentes. Sigue siendo responsabilidad de los propios usuarios denunciar comentarios ofensivos o hasta ilegales”, explica. “No habrá un Grindr mejor hasta que haya un cuestionamiento comunitario e individual de nuestra concepción de la masculinidad, de lo que es un cuerpo deseable y de la fetichización que opera en nuestras dinámicas deseadas. Necesitamos cuestionar nuestros deseos y cómo afectan a nuestros encuentros”.





