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25 mayo 2022

La ternura del reencuentro, 42 años después

Acto de conmemoración del 42 aniversario de la promoción 1975 -1980 de la Facultad de Filología de la Universidad de Sevilla, celebrado el viernes 20 de mayo de 2022

De izquierda a derecha, Elena Santiago Muñoz, coordinadora del encuentro, Amparo Feria Toribio, en representación de CLÁSICAS;  Javier Martos Ramos, decano de la Facultad de Filología; Manuel Ángel Vázquez Medel, por HISPÁNICAS; Virgina Cobos Yuste, en representación de ANGLOGERMÁNICAS; y Alicia Llabona Pérez, autora del vídeo conmemorativo, por ROMÁNICAS.

Con el permiso de nuestro compañero Manuel Ángel Vázquez Medel, publico aquí sus entrañables palabras a todos los asistentes, una alocución bien trabada, repleta de referencias históricas y emocionante de principio a fin. Gracias, compañero, por compartirla en la red con quienes queremos volver a leerla, pues nos servirá a muchos y a muchas para rememorar siete intensas horas que fueron un chute de felicidad, una celebración de la vida. Carpe Diem.


Querido Decano, queridos profesores (Pedro Carbonero, Rafael Portillo, Paco Garrudo, y también los que no han podido acompañarnos hoy, Emilia Alonso, Jean Paul Goujon, Rogelio Reyes, Miguel Rodríguez Pantoja), queridas compañeras, queridos compañeros:

Ante todo, he de agradecer este honor de poder tomar la palabra en nombre de mi promoción de Filología Hispánica (con el recuerdo entrañable de las otras especialidades -clásicas, románicas, anglogermánicas- con las que compartimos asignaturas en los años comunes). Algunos de nuestros compañeros ya no están con nosotros; tampoco memorables profesores. A todos ellos queremos dedicar nuestro primer recuerdo. En mi caso, especialmente a Alfonso López Castilleja, que se nos fue en 2007, y generosamente me ayudó para que pudiera incorporarme al curso 1975/76.

Quiero también tener aquí el más cariñoso recuerdo con quienes, por una u otra razón, no nos han podido acompañar el día de hoy, especialmente por causas de salud, sean familiares, como en el caso de Manuel Ramírez Cepeda o personales, como Marian Pantoja, intervenida el pasado martes y, afortunadamente con una muy buena evolución. Os traslado, en nombre de ellos, un cordial abrazo. Ambos son todo un ejemplo de dedicación y esfuerzo, de vocación universitaria. Manuel, de amor a su ciudad, La Palma del Condado. Marian, desde su formación en Filología Hispánica ha sido todo un referente en el mundo de la educación en francés, siendo reconocida como “Chevalier de l’Ordre des Arts et des Lettres” por el Ministerio de Cultura de Francia. Junto a ellos quiero ofrecer mi reconocimiento a vuestras importantes trayectorias como profesores de instituto o universidad, magníficos docentes e investigadores, escritores, creadores y gestores culturales, humanistas comprometidos con la construcción de un mundo mejor gracias a la educación y la cultura. 

Es para mí un orgullo haber sido y ser compañero vuestro.

* * *

Por estos días de mayo, en 1976, hace 46 años, unos jóvenes llenos de entusiasmo nos preparábamos para la realización de nuestros primeros exámenes finales de filología en el viejo caserón de Gonzalo Bilbao. Fue aquel momento en el que me pude unir a vosotros, en los exámenes como alumno libre: con Fernando Rodríguez Izquierdo en Lengua Española I, José Mª Capote en Literatura Contemporánea (teníamos aquel curioso orden invertido de la literatura que luego volvería a la secuencia cronológica), Vicente García de Diego en latín, Enrique Ramos Jurado en griego (en mi caso; creo que Clara Thomas dio clases a los de árabe) y Jean Paul Goujon en francés.

Habíamos iniciado, en el otoño de 1975 [por cierto, primer Año Internacional de la Mujer e inicio del Decenio de las Naciones Unidas para la Mujer (1975-1985), signo de los nuevos tiempos que estábamos viviendo (Carmen Conde fue la primera mujer en entrar en la Academia en 1979)], un recorrido que nos llevaría, en 1980, a ser una de las primeras promociones de Filología, ya separada (para bien y para mal) del viejo tronco de Filosofía y Letras.

Habían ocurrido muchas e importantes cosas desde el comienzo del curso. Muy especialmente, el inicio de un proceso de transición democrática y de derechos y libertades, que marcaría a nuestra promoción: la primera de estudiantes universitarios que podía ejercer el derecho al voto, sea en las primeras elecciones constituyentes del 77 (al menos, los de mayor edad, porque entonces se votaba a partir de los 21 años), sea en el referéndum de la Constitución en 1978 o en las primeras elecciones municipales y luego constitucionales de 1979.

Nosotros no sabíamos hasta qué punto éramos no solo testigos, sino sujetos activos de años decisivos para la Humanidad, en los que -por ejemplo- conocimos tres papas el mismo año 1978, tras la muerte de Pablo VI y Juan Pablo I. O, sin que entonces tuviéramos conciencia de ello y de lo que luego significaría, se creara Microsoft en 1975 y Apple en 1976, mientras nosotros escribíamos a mano o máquina con copias de papel carbón (especialmente nuestra compañera Chari Pérez Campanario, en su ejemplar generosidad y servicialidad), o hacíamos costosas fotocopias en papel fotográfico que acababa borrándose. Entonces lo normal era sacar los libros o consultarlos en la biblioteca con los folios al lado para anotar todo lo que necesitábamos.

Estábamos pasando de un mundo en blanco y negro a un mundo en color, como también ocurriría con la TVE, que culmina ese proceso en 1978.

Durante nuestros años de estudios de Filología, en los que Vidal Lamíquiz fue el Decano y Justina estuvo al frente de la Secretaría (recordamos con afecto al PAS), tuvimos de Director de la Real Academia Española a Dámaso Alonso, a quien pudimos ver en alguna conferencia, aunque se prodigaba más por nuestra Facultad quien habría de ser Director años después, Fernando Lázaro Carreter.

Un año central en nuestros estudios, pero también en nuestra historia literaria fue 1977, cincuentenario de la Generación del 27, en cuyos actos del Ateneo participamos varios compañeros de curso, en el Homenaje de la Juventud Creadora al 27, impulsados por nuestro profesor de Literatura Hispanoamericana Juan Collantes de Terán, del que aún recuerdo su pasión por César Vallejo. Pudimos también asistir a conferencias que se me han quedado grabadas, como las de Ernesto Sábato o Juan Goytisolo.

1977 fue también el año del Premio Nobel de Literatura para Vicente Aleixandre, al que llegué a conocer en una visita a su casa en Velintonia y con el que hablé en varias ocasiones por teléfono cuando preparaba en 1978, ya como Coordinador de la Enciclopedia de Andalucía, el artículo que se le dedicó. También en 1977 muchos de nosotros nos echamos a la calle un 4 de diciembre para exigir un estatuto de autonomía para Andalucía por la misma vía del 151 de Cataluña, País Vasco y Galicia, con la consigna “Libertad, amnistía y estatuto de autonomía".

Fuimos una promoción con un especial compañerismo, cordialidad y respeto a las diferencias que nos enriquecen que seguimos, afortunadamente, constatando en los casi tres años de amistad recuperada desde los preparativos de 2019. Fuimos, también, de las primeras promociones con una muy diversa extracción no solo geográfica (de Huelva, Córdoba y Cádiz, de Sevilla y Extremadura), sino económica y social, gracias a ese principio irrenunciable de la igualdad de oportunidades. Para algunos resultó más duro seguir los estudios, teniendo que trabajar al mismo tiempo, o incluso teniendo ya una familia bajo nuestra responsabilidad. Pero lo conseguimos. Quiero ofrecer mi personal homenaje a las varias compañeras y compañeros que fueron madres o padres antes de finalizar los estudios, como también fue mi caso (mi hija Leticia nació en el verano de 1979). Por ello yo nos os pude acompañar a esas hermosas experiencias de viajes de paso del Ecuador a Canarias, o fin de Curso a Madeira (“a Funchal, pero también a conocer la isla”), de los que me habéis trasladado recuerdos tan hermosos (y tan atrevidos, Tete Mari), de los que con seguridad hablaremos en la cena. Nuestros compañeros de románicas y anglogermánicas fueron más cosmopolitas y viajaron a Italia y luego, ya solos los de románicas, a Sofía, Estambul y Viena, como me ha recordado Ángeles Manzano.

De algunas entrañables experiencias de pareja nos llega el testimonio hasta ahora, nueve lustros después. Permítanme que lo singularice en nuestros compañeros María Dolores Ojeda y Juan Montero, ya felices abuelos de dos preciosas criaturas (yo también me siento muy feliz, como muchos de vosotros, con mis nietas y nietos). Otras compañeras y otros compañeros han llevado con integridad y dignidad procesos de pérdida o de separación de sus parejas, que también forman parte de la vida.

La memoria es esencial, porque es el fundamento de nuestras identidades personales y colectivas. Aquí y ahora desde nuestra pequeña intrahistoria recordamos: revivimos en nuestro corazón experiencias que cambiaron nuestras vidas. 

Los de Hispánicas recordamos, además de los ya mencionados, las clases de los profesores del Departamento de Lengua, Lingüística y Teoría de la Literatura (Pedro Carbonero y Miguel Ropero; José Antonio Pascual; Manolo Álvarez y Pepa Mendoza; Fernando Millán Chivite, Teresa Palet, Ángel Yanguas, Esteban Torre o Antonio Aranda…) las de Literatura (Begoña López Bueno, Rafael de Cózar, Pedro Piñero, Mercedes de los Reyes, Rogelio Reyes Cano o Jorge Urrutia); las de francés con Emilia Alonso, las de latín con Miguel Rodríguez Pantoja y Bartolomé Segura o las de griego de Antonio Sancho Royo, con Alberto Díaz Tejera como referente. Y no olvido la riqueza que nos regaló el estudio de la Historia Contemporánea con Manuel Vilaplana Montes o la filosofía del lenguaje con Mariano Peñalver y Diego Romero de Solís. Algunos de ellos, pasado el tiempo, han sido también compañeros en mi vida universitaria. 

Fuimos la promoción que más profesores dejó en la Universidad (especialmente, en esta Facultad de Filología): Rocío Carande y Leonor Molero en Clásicas; María Muñoz y Manuel Bruña en Francés; Juan Antonio Prieto Pablos y Manuel Gómez Lara en Inglés; Carlos Martín Gaebler en el Instituto de Idiomas; Juan Montero y yo en Literatura Española… O Mª Dolores Pérez Rolán, que pasaría como Titular de Filología Inglesa de nuestra Universidad a la de Huelva.

En aquellos años de encrucijada se forjó lo mejor de nuestras vidas. Pero no somos nostálgicos y pensamos que lo mejor está aún por llegar. Por ello nos sentimos profundamente agradecidos, y proclamamos con Juan Ramón Jiménez, sabiendo que la belleza es culminación del camino que conduce a la verdad y a la bondad: 

“Gracias, te las doy siempre. ¿A quién las doy?

A la belleza inmensa se las doy”

(Juan Ramón Jiménez: “Como tú, mi amor, miras”, de Animal de fondo)

Muchas gracias.

Manuel Ángel Vázquez Medel

02 marzo 2020

Nomofobia

Investigadores de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR) lideran, junto con la Universidad de Deusto, el primer trabajo instrumental en español sobre nomofobia.

Existe en la sociedad un miedo creciente, impulsado por contenidos culturales como la serie Black Mirror, de que el mal uso de la tecnología pueda provocar que ésta controle cada aspecto de nuestra vida. Esta representación ficticia de una sociedad futura pone el foco en uno de los problemas relacionados con el uso de las tecnologías que más preocupan. En un contexto de navegación permanente y mensajería instantánea, una nueva psicopatología ha cobrado mucha fuerza: la nomofobia (de la expresión en inglés no mobile phone phobia) es el temor a ser incapaz de comunicarse a través del teléfono móvil o de otros aparatos tecnológicos.

Los comportamientos más frecuentes que presentan los afectados son la obsesión por tener el teléfono siempre cargado y la ansiedad ante el pensamiento de no poder utilizarlo por cualquier motivo (datos, cobertura…), evitando a toda costa situaciones en las que vaya a vivir esta circunstancia y dificultando, por tanto, el desarrollo de una vida normal.

Las estadísticas muestran que los adolescentes y los jóvenes son el sector más vulnerable, como indica Joaquín Manuel González-Cabrera, director del grupo de investigación Cyberbullying-OUT de la UNIR y primer autor del trabajo. El estudio, publicado en Actas Españolas de Psiquiatría, supone la primera herramienta en nuestro país que cumple ciertos indicadores de fiabilidad y validez para la evaluación del problema.

Aunque existe una amplia literatura sobre aspectos relativos a un uso problemático de Internet, la nomofobia pone el foco en el miedo que desencadena perder el acceso a la información y a la red de contactos sociales. Es necesaria, por tanto, la elaboración de estudios específicos que recojan el amplio abanico de situaciones relacionadas con la necesidad de control del individuo sobre su autonomía y conectividad.

Para analizar el patrón de uso problemático nomofóbico, los investigadores han adaptado y validado un cuestionario para evaluar 4 dimensiones y 20 ítems. A través de ellos se han establecido los perfiles de usuario ocasional, usuario en riesgo y usuarios con problemas. “Un dato de gran interés es que casi el 25% podría considerarse usuario de riesgo, y ello creemos puede tener consecuencias a medio-largo plazo. Serán necesarios más estudios, especialmente de seguimiento temporal, para evaluar su impacto en nuestros adolescentes”, afirma González-Cabrera. El investigador también destaca que la franja de edad con mayor prevalencia está comprendida entre los 14 y 16 años, y que las chicas, al igual que en el resto de la literatura al respecto, presentan puntuaciones más altas que los chicos.

Los investigadores han contado con la dificultad añadida de la complejidad del término, aun no incorporado en los manuales de diagnóstico, como el DSM-V. Para ellos, la nomofobia podría situarse dentro de las fobias específicas, que, según el DSM-V, son el miedo excesivo e irracional a una determinada situación u objeto, como es no poder utilizar un teléfono móvil. Esta opción sería posible asumirla siempre que no pueda explicarse con síntomas de otro trastorno como la ansiedad social.

El equipo de investigación de la UNIR está llevando a cabo también el desarrollo y validación instrumental de otros problemas como el MAPA (miedo a perderse algo), también intrínseco a un estilo de vida hiperconectado, o el estudio del posible uso patológico de los videojuegos (Internet Gaming Disorder), sobre todo de juegos tipo MOBA (Multiplayer Online Battle Arena, o campo de batalla multijugador), como el League of Legends.

El uso del teléfono inteligente no es de por sí negativo, pero los expertos de la UNIR están convencidos de que no es inocuo, por lo que es necesario abordar una educación integral de las personas que las prepare para ser ciudadanos digitales. Beneficiarnos de las infinitas posibilidades que nos ofrece la tecnología y ser capaces de afrontar los riesgos debe ser un objetivo social y educativo primordial para que Black Mirror no llegue a nuestra vida.

07 junio 2017

Los cineclubes de Sevilla

Por ALFREDO VALENZUELA
El País, 16 de enero de 1987


Cineclub de Arquitectura El Cinematógrafo. Foto: Pérez Cabo1987

Al cineclub se va como se va a misa. Desde luego, el que acude al cineclub es porque comulga con la séptima de las artes, de eso no hay duda. ¿Quién si no organizaría una esperada tarde de fin de semana en función del horario de un cineclub concreto? (la mayoría de ellos sólo tienen una sesión diaria, en sábados y domingos). ¿Quién si no prefiere la butaca de un vetusto salón de actos universitario a otra butaca cualquiera? ¿Quién está dispuesto a encontrarse de antemano con las mismas caras de siempre?, porque, no lo olvidemos, al cineclub, como a misa, siempre van los mismos.

Claro está que se trata de algo más que un rito. Hoy por hoy es el mejor modo de encontrar la añorada reposición. O mejor dicho, el único, al menos en una ciudad como Sevilla, donde las salas cinematográficas de reestreno desaparecen como víctimas de una conjura secreta. Es también una manera de recordar que cualquier tiempo pasado fue mejor. De ver cine barato. De no echar de menos las poco rentables salas de arte y ensayo. O de pasar la tarde del sábado si a nadie se le ha pasado por la cabeza marcar tu número de teléfono. 

El cineclub, además de ser una de las manifestaciones socioculturales que aún perviven con un aire progre, es eminentemente estudiantil. Su actividad arranca con el curso escolar y muere con la convocatoria de junio. Sus días útiles coinciden con los no lectivos. Y, fundamentalmente, con el precio de la entrada de un cine de estreno cualquier aficionado puede acudir a dos sesiones de cineclub o, si se prefiere, como es la mayoría de los casos, ver una sola película y luego tomar unas cañas en un local cercano y acogedor, donde comparar opiniones y lamentarse por el pobre estado de la cinta.

Estas protestas también forman parte del protocolo, puesto que nadie recuerda de nadie que alguna vez viera una buena copia en un cineclub. Otros, haciendo gala de tener una memoria de universitario por licenciar, enumeran con todo lujo de detalles las siete veces que han visto la película y con quién fueron a verla cada una de ellas.

Otra prueba de la vocación estudiantil de este espectáculo, al menos en Sevilla, son los famosos maratones o sesiones de cine más o menos monográfico, de 24 horas de duración. Estas proyecciones gigantes se realizan en marzo, una vez concluido el amargo sorbo de la convocatoria de febrero y cuando la primavera ya despunta en la ciudad. Requisitos imprescindibles, ya que el maratón se plantea como una fiesta más a celebrar durante el curso. Es más, la razón de vida de algunos cineclubes no es otra que el viaje de fin de curso o del paso del ecuador de alguna promoción. Prueba ésta de que el cine podría seguir siendo un espectáculo rentable, principio que tanto público como empresarios se empeñan en desmentir en los tiempos que corren. 

Del regusto progre sí queda mucho todavía. La mayoría de de los cineclubes conservan el encanto de ofrecer varios intermedios, el número de éstos es variable y depende de los rollos que tiene cada película. Los pocos minutos de estos intermedios, que hoy por hoy sólo conservan los cines de verano y algunos de pueblo, se aprovechan para estirar las piernas recordemos las butacas de un vetusto salón de actos universitario—, echar un cigarro y comenzar una apasionada conversación en torno a la película.

Estas breves tertulias, que luego se pueden continuar a la salida, mientras se toman unas cañas para completar el presupuesto hasta lo que podría haber sido el pase de una sala de estreno, son parte de los últimos vestigios de otras décadas más prodigiosas. Hubo un tiempo en que la tertulia fue al cineclub lo que la charla de salón al teatro burgués, es decir, incluso más importante aún que el propio espectáculo, el elemento central que le dotaba de razón de existir.

Sevilla es una ciudad de honda tradición para el cineclub. El Vida, próximo a los jesuitas, y el Universitario, que hoy no funciona pero que aún está inscrito en los registros del Ministerio de Cultura, pueden alcanzar una edad de no menos de 20 años. 

Muchos son los que recuerdan que entonces, creyéndose hacer la revolución, elegían el ámbito del cineclub para sus conspiraciones políticas y, por qué no, para irse a la cama en caliente, eso sí, sin dejar de discutir ni un momento sobre la moral reaccionaria que no les permitía ver algunos de los largometrajes que hacían furor en el extranjero.

Por aquel entonces, las salas se mantenían con los socios y los pases de cada sesión. Hoy, la media de 300 personas que cada fin de semana acude al cineclub no deja una cantidad suficiente para los gastos que comporta, la gran mayoría de ellos motivados por los alquileres de las películas. Así, la Federación Andaluza de Cineclubes, alma de la media docena de ellos que aun perviven en la ciudad, recibe ayuda económica de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía. 

No se puede olvidar que la actividad cultural de la Universidad de Sevilla encuentra su máximo exponente en estos cineclubes. Al margen de lo puramente académico, las aulas de cultura son prácticamente inexistentes y las actividades culturales dejan mucho que desear, al menos en lo que se refiere a organización y participación estudiantil, y a cantidad y variedad de los programes ofertados por la propia institución.

Alfredo Valenzuela (Jaén, 1962) es redactor cultural de la agencia Efe en Sevilla, crítico literario, autor de una biografía sobre el rockero Silvio y coautor de una historia sobre la Cartuja sevillana.


Artículos relacionados: 
Manuel Gómez, el caballero del cineclub
Apasionados por el séptimo arte

21 mayo 1980

Filología Inglesa. Promoción 1975-1980, Universidad de Sevilla

     Lista de clase:🅰🆉 
  1. Acosta Sanjuán, Antonio
  2. Amador López de la Calle, Isabel
  3. Arauz Moreno, María del Pilar
  4. Arévalo Barcuero, Laura
  5. Ballesteros Cuevas, Remedios
  6. Barbadillo Rank, Susana
  7. Caballero Aguilar, Mercedes
  8. Calzado Higueras, María José
  9. Casado Rodrigo, Concepción
  10. Castro Sueiro, Ana María
  11. Cívico Rodríguez, Inmaculada
  12. Cobos Yuste, Virginia
  13. Crespo Cerván, Francisco Javier
  14. Del Pino Pino Jiménez, Leonor 
  15. Díaz del Barrio, Regla
  16. Díaz Salcedo, Ana María
  17. Diéguez Isbert, Luz
  18. García Almozara, Antonio
  19. Gómez Gómez, Esther
  20. Gómez Lara, Manuel
  21. González Luna, José Francisco
  22. González Repiso, María Luisa
  23. Geuer Draeger, Claudia
  24. Hermida Álvarez, Fernando
  25. Hernández de Troya, Carmen
  26. Jiménez López, Rosario
  27. López García, Inés Teresa
  28. Malia Carpo, Leonor
  29. Martín Gaebler, Carlos☺
  30. Martínez Sánchez, Isidoro
  31. Montemayor Cortés, Ernesto
  32. Moreno Gómez, José Pablo
  33. Muñiz Aguilar, Evangelina
  34. Noya Gallardo, Carmen
  35. Pérez Roldán María Dolores
  36. Portela Pérez, María Nelly
  37. Prieto Pablos, Juan Antonio
  38. Puro Morales, Ángeles
  39. Redondo Cerezo, Rufino
  40. Rodríguez Diana, Antonio
  41. Rodríguez Galadí, Teresa
  42. Rodríguez Gutiérrez, Magdalena
  43. Rodríguez Pantoja-Márquez, Reyes
  44. Roldán Riejos, Ana María
  45. Rubio Cuenca, Francisco
  46. Sánchez Gaviño, Juan Antonio
  47. Sánchez Jiménez, Gloria
  48. Tapia Cubiles, Eugenio
  49. Utrera Mena, Rafael
  50. Vargas Cabrera, Ana María
  51. Zambrano Pérez, Juan Antonio
      Profesores:★★★
  • Francisco García Tortosa
  • Jesús Díaz
  • Francisco Garrudo
  • José Luis Guijarro
  • Pilar Marín
  • Rafael Portillo
  • Fernando Toda
  • Klaus Wagner
  • William Heath
  • John King
  • Louis Biggie



💛👭♥📎✋👋💜💥🔻➜❌➕❎➕🍄➖➗❌✅🆐📌📎📘📁💙✊👬💟💢💕🍏🍦🌳☕🌷✅✔🌵🐞💪❌✌👬💚

Queridos compañeros y compañeras, con motivo de la celebración del 40 aniversario de nuestra promoción filológica 1975-1980, os mando un nostálgico saludo desde mi blog personal,  adjuntando estas fotos tomadas el 21 de mayo de 1980, nuestro último día de clase en la Universidad de Sevilla. Teclear digitalmente la lista de clase ha sido como viajar por el túnel del tiempo. Gracias a la comisión organizadora por el esmero y la entrega que han dedicado a la celebración de este aniversario. CARPE DIEM
Abrazos a todas y a todos, 
Carlos Martín Gaebler 😊