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19 julio 2026

Fire Island: Cien años de memoria gay

Por Martín Bianchi, El País, 19 de julio de 2026



Fire Island, la playa más “caliente” del mundo: 100 años de arte, fiestas y sexo sin freno. La isla, a una hora y media de Nueva York, lleva un siglo siendo refugio creativo y patio de juegos para el colectivo LGTB. Un nuevo libro explora su historia y su influencia en artistas como Andy Warhol, David Hockney y Robert Mapplethorpe.

Hace unos 12.000 años, la naturaleza concibió Fire Island como una barrera para proteger la costa de Long Island de los huracanes y los ciclones que azotan la zona después del verano. Hace un siglo, un grupo de artistas convirtió esta pequeña isla de Estados Unidos en un refugio para el colectivo LGTB. Fire Island, una fina lengua de arena a hora y media de Nueva York —“tan fina como un paréntesis”, la describió Andrew Holleran en su novela The Dancer and the Dance (El danzarín y la danza)—, es una tierra salvaje desde tiempos inmemoriales. Fue hogar de los pueblos Unquachog y Secatogue, escondite de piratas y contrabandistas y, desde los años veinte del siglo pasado, el Monte Olimpo de la cultura y la identidad queer.


Para celebrar su centenario, la editorial The Monacelli Press acaba de publicar Fire Island Art: 100 Years, el primer libro que explora la rica historia artística y estética de la isla y su influencia en artistas como Andy Warhol, David Hockney, Richard Avedon, Robert Mapplethorpe, Tom Bianchi y Wolfgang Tillmans. Su autor, John Dempsey, ejecutivo de una tecnológica, historiador y presidente de la Sociedad Histórica de Fire Island Pines, recorre un siglo de arte, drogas y sexo sin freno en la playa más “caliente” del mundo: desde sus orígenes como colonia de nudistas en la era del jazz hasta la actualidad, pasando por su apogeo en los años 50, 60 y 70 y su ocaso en los 80, con el estallido de la pandemia de VIH/sida.
A mediados de la década de 1920, al filo de la caída de Wall Street, Nueva York ya se perfilaba como la capital de los rascacielos. El Empire State y el Edificio Chrysler empezaban a asomar en la silueta de la ciudad. Pero Fire Island, a menos de 100 kilómetros de la ciudad, todavía no tenía electricidad, ni agua corriente, ni carreteras o coches. La falta de comodidades ahuyentaba al turismo familiar, pero atrajo a los gais. Como explica Dempsey en su libro, al colectivo LGTB siempre le han gustado los espacios aislados y de difícil acceso porque “permiten practicar públicamente comportamientos íntimos que la sociedad heteronormativa rechaza”. Las inmensas dunas y los oscuros pinares de Fire Island eran perfectos para practicar esos comportamientos prohibidos.
En 1938, la naturaleza quiso que la isla se volviera todavía más inhóspita y, por lo tanto, más atractiva para la comunidad gay. El gran huracán de Nueva Inglaterra de ese año arrasó con las pocas infraestructuras que había. El desastre natural sirvió como catalizador del estallido marica. Muchos propietarios malvendieron sus casas derruidas a artistas homosexuales de Nueva York: actores, diseñadores de moda, músicos, bailarines, arquitectos, interioristas y escritores.
El único hotel de la isla, Duffy’s, en el pueblo de Cherry Grove, se convirtió en uno de los primeros espacios públicos gais de Estados Unidos. En Duffy’s, las parejas del mismo sexo podían beber, bailar y besarse sin miedo. Las lesbianas también estaban invitadas a la fiesta. La escritora Patricia Highsmith solía llevar a sus amantes a Cherry Grove, donde coincidía con otras mujeres poderosas del colectivo, como la mundana Kay Guinness o Ruth Peter Worth. Una vez, le preguntaron a Worth qué tenía Fire Island de maravilloso y respondió: “La homosexualidad. Ahí yo era mayoría. Ese era mi mundo y el otro mundo no era real.”
En los años cincuenta, “el otro mundo”, el real, sucumbió a la homofobia institucionalizada del macartismo. Azuzadas por el senador Joseph McCarthy, las autoridades estadounidenses iniciaron una caza de gais. La clase ilustrada neoyorquina se refugió en Fire Island. W. H. Auden, Stephen Spender, Christopher Isherwood y James Baldwin recalaron en sus playas y ayudaron a construir una comunidad creativa alejada de los prejuicios y las convenciones de la época.
Truman Capote escribió Desayuno con diamantes (1958) en la casa de veraneo que tenía el director de teatro y mecenas Frank Carrington entre los pueblos de Fire Island Pines y Cherry Grove. Capote se inspiró en su amiga la actriz Joan McCracken, otra veraneante habitual de la isla, para crear el personaje de Holly Golightly. El escritor también empezó a salir con el marido de McCracken, el exbailarín y novelista Jack Dunphy, que sería su compañero de vida y amigo hasta su muerte en 1984.
La isla también sirvió de inspiración para Edward Albee, que escribió ¿Quién le teme a Virginia Woolf? en la casa de veraneo del empresario y filántropo Morris Golde. La obra, que explora la tormentosa relación de un matrimonio de mediana edad, se estrenó en 1962 y fue un éxito en Broadway. Cuatro años después, Mike Nichols la llevó al cine con la pareja más famosa de Hollywood: Elizabeth Taylor y Richard Burton. Taylor ganó un Oscar por su impresionante interpretación de Martha, la esposa desesperada, aunque era sabido que su matrimonio con Burton era más tempestuoso detrás que delante de la cámara.
Paul Cadmus, Jared French y Margaret French vivieron su propia historia de amor cinematográfica en la isla. Jared y Margaret eran marido y mujer y Paul y Jared eran amantes. Juntos y revueltos formaron el trío artístico PaJaMa. Cadmus y los French aprovechaban los veranos en Fire para explorar su tensión sexual y retratar a amigos ilustres como el fotógrafo George Platt Lynes, el bailarín José “Pete” Martínez o Lincoln Kirstein, cofundador del Ballet de Nueva York.
En esa misma época, Richard Avedon y su mujer, Doe, desembarcaron de la mano de Lillian Bassman, fotógrafa de moda y directora de arte en Harper’s Bazaar, y su marido, Paul Himmel. Los primeros trabajos de Avedon para Harper’s estuvieron fuertemente influenciados por la estética de Fire Island. El fotógrafo solía coincidir allí con Leonard Gershe, famoso por haber compuesto la letra de Born in a Trunk, canción que interpretaron Judy Garland y James Mason en el musical Ha nacido una estrella (1954). Gershe se inspiró en Avedon para escribir el guion de Funny Face (Una cara con ángel).
Peter Hujar y Paul Thek también se aficionaron a los veranos en la isla de fuego. La pareja de artistas se instaló en una casa de pescadores en Oakleyville, el pueblito donde también veraneaba Greta Garbo. Mientras Hujar se dedicaba a retratar a sus amigos (casi siempre vestidos) y a sus amantes (casi siempre desnudos), Thek se enfrascaba en pintar sus acuarelas, paisajes que evocaban la fragilidad y resistencia del entorno.
La comunidad de Fire Island sobrevivió a las redadas y persecuciones del macartismo y pudo ver y vivir el nacimiento de una nueva era. En los años 60, arquitectos como Richard Meier, Charles Gwathmey y Horace Gifford sustituyeron las viejas casas de playa por modernos templos del hedonismo, escenarios minimalistas concebidos para el placer.
La detención de Gifford en 1965 por “comportamiento ilegal” arruinó su carrera en Nueva York, pero catapultó su ascenso en Fire. El arquitecto diseñó más de 60 casas en la isla, dándole a la zona su estilo distintivo: casas de madera de líneas sencillas y grandes ventanales, perfectamente integradas en la naturaleza. Gifford se convirtió en un icono en sí mismo. Era muy popular por recibir a sus clientes en la playa vestido solo un speedo y por dibujar los planos de sus proyectos con un palo sobre la arena. Según Christopher Rawlins, autor del libro Fire Island Modernist: Horace Gifford and the Architecture of Seduction, el arquitecto le dijo una vez a un cliente gay adinerado, para quien había diseñado una casa: “Ahora tendrás 20 armarios de los que podrás salir”.
Pero la mayoría de los residentes de Fire Island ya habían salido del armario, tanto como era posible en los años 70, tras los disturbios de Stonewall. El diseñador Calvin Klein compró una casa de Horace Gifford en 1977 y lo contrató para ampliarla. El arquitecto forró la piscina de negro y colocó un espejo en un extremo para que la piscina pareciera más grande. El espejo también servía para que los huéspedes del diseñador —Andy Warhol, Bianca Jagger, Perry Ellis, David Geffen, Barry Diller, el príncipe Egon von Fürstenberg y un sinfín de hombres en bañadores turbo— pudieran verse reflejados mientras nadaban.
Como señala John Dempsey en su libro, las líneas simples de la arquitectura de Fire Island y los colores pastel de la playa, la arena y el cielo inspiraron a Calvin Klein a diseñar sus colecciones de ropa minimalista. En 1982, Klein lanzó su línea de ropa interior con una enorme valla publicitaria en Times Square en la que el modelo Tom Hintnaus enseñaba sus atributos con un slip blanco. El mundo nunca había visto tan públicamente a un hombre tan desnudo. Los visitantes de Fire Island, en cambio, llevaban décadas viendo a “adonises” como Hintnaus paseando por las calles de Cherry Grove.

En plena era de la música disco, discotecas como The Ice Palace o Pines Pavilion se transformaron en grandes templos de la diversión. El exmodelo John Whyte abrió el bar Blue Whale en Fire Island Pines, donde cada noche se celebraba el Tea Dance, el baile del té, una de las primeras fiestas abiertamente gais. No había teteras ni se ofrecían scones, pero la cocaína, el popper y el LSD se servían en bandeja de plata.
Ahí también nacieron los primeros afters. Los más osados luego se perdían entre las dunas y los pinares de Meat Rack, una zona entre Pines y Cherry Gove donde se practicaba el ligoteo. “Era un lugar realmente increíble... Era una diversión loca, un lugar muy, muy vívidamente sexy”, recordaría David Hockney.
Artistas como Robert Mapplethorpe, Larry Stanton o el ilustrador Antonio Lopez fueron rostros habituales en estas fiestas sin fin. Las fotos vitalistas que realizó Mapplethorpe en la isla y en Nueva York ayudaron a introducir el desnudo masculino erotizado en el canon fotográfico, pero nadie supo ver que esas instantáneas vaticinaban la llegada de un huracán.
En junio de 1981 aparecieron las primeras noticias sobre el VIH/sida en los medios. “Raro cáncer visto en 41 homosexuales“, tituló The New York Times el 3 de julio de ese año. John Dempsey rescata el testimonio de la aclamada fotógrafa Nan Goldin, que oyó hablar por primera vez sobre el mal llamado “cáncer gay” ese mismo verano mientras estaba de vacaciones en Fire Island: “Todos nos reímos. No sabíamos la magnitud del asunto”.
La enfermedad arrasó con la población homosexual de la isla. Dempsey recuerda en su libro cómo muchos lugareños heterosexuales y lesbianas se hicieron cargo y cuidaron hasta el final a los enfermos abandonados por sus familias.
El VIH/sida acabó con la vida de muchos miembros destacados de la comunidad artística neoyorquina que veraneaba en Fire: Robert Mapplethorpe, Peter Hujar, Horace Gifford… Pero la tempestad no consiguió apagar el fuego de la isla. Hoy, todo sigue igual que cuando empezó: los coches están prohibidos y llevar ropa es opcional. Muchos artistas siguen llegando cada verano a bordo de los ferris para descansar, crear, divertirse y amar sin límites.
“Nada se pierde mientras sea recordado”, decía el banquero Arthur Lambert, un asiduo de Fire Island. Las redes sociales recuerdan todo el tiempo la mística y la estética de la isla. Su imaginario está más vivo que nunca en Instagram, donde cientos de miles de hombres publican cada verano millones de fotos suyas posando en speedo, presumiendo de músculos bien definidos, amigos guapos y fiestas interminables. Antes, los “semidioses” solo habitaban en esa fina lengua de arena que se extiende frente a la costa de Long Island. Ahora están en todas partes, en cualquier piscina de un azul imposible, en cualquier playa de belleza inalcanzable.
l pintor Bernard Perlin y el fotógrafo Wilbur Pippin, retratados por Fred Melton en Fire Island, en 1948.Fred Melton (Cortesía de Phaidon y Estate of Fred Melton)

24 junio 2026

T11, un cineclub ciudadano

Araya, primera obra maestra del cine venezolano, es una especie de documental ficcionalizado sobre la vida de los salineros en tres lugares áridos y desérticos de la península de Araya, en el norte de Venezuela. Rodado en blanco y negro en 1959 por la cineasta Margot Benacerraf, es un poema cinematográfico de una belleza extraordinaria.
 

01 junio 2026

Para nunca volver

Por ANTONIO MUÑOZ MOLINA

El País, 29 de junio de 1996

Hace unos años participé lateralmente en una tentativa de traer de vuelta a España al gran Miguel de Molina, que llevaba medio siglo viviendo en Buenos Aires, en una casa del barrio de San Telmo de la que cuentan quienes la visitaron que era un museo y un mausoleo barroco a la memoria de su dueño, un delirio kitsch de recuerdos de la canción española. Había un proyecto de traer de vuelta a aquel exiliado que no quiso volver cuando volvieron casi todos, de rendirle un gran homenaje y de publicar sus memorias, pero al final todo aquello quedó en nada, y no sólo por el motivo irreparable de que Miguel de Molina se murió, sino porque se notaba mucho que no estaba nada seguro de volver, que seguía sin fiarse del país del que había tenido que irse después de que unos violentos señoritos fascistas lo apalearan hasta casi matarlo por el doble delito de ser republicano y homosexual.

España, según su historia, es una madrastra cruel que de vez en cuando expulsa a sus hijos, pero que también sabe maltratarlos y renegar de ellos cuando sus hijos sobreviven y vuelven. A principios de los años sesenta, la actriz Margarita Xirgu, que había sido el alma de la renovación del teatro español durante la República y había estrenado a García Lorca, a los Machado y a Manuel Azaña, quiso volver del Uruguay, donde había recibido durante mucho tiempo la hospitalidad incondicional y generosa de los montevideanos, y cuando estaba a punto de conseguir el pasaporte español, César González-Ruano, con toda su bilis vengativa de gángster fascista, escribió un artículo infame en el que la llamaba "La Roja", y en el que pedía que no se le permitiera volver a España. Tuvo éxito, y Margarita Xirgu no volvió, y murió y fue enterrada en Montevideo, que es una de las ciudades más hospitalarias y habitables que uno puede visitar, y al morir allí cumplió exactamente lo que dice un verso de guerra de Antonio Machado: "Sólo la tierra en que se muere es nuestra".

Parece que hay una mala leche netamente española, una voluntad de hacer daño que se ceba en los que han perdido o en los que no pueden defenderse o en los que simplemente tienen demasiada educación como para enredarse en las diatribas tabernarias que aquí pasan por polémicas intelectuales. Miguel de Molina, que es uno de los grandes maestros de la cultura popular española, que cantaba con una modernidad a la que jamás se aproximaron ni Concha Piquer ni Antonio Molina (por no hablar de ciertas momias franquistas que todavía aparecen dando tumbos, embalsamadas y operadas, en los programas más impresentables de la televisión), había sufrido demasiado en España como para fiarse de las buenas palabras, así que prefirió quedarse a morir majestuosamente en Buenos Aires, solitario en su mausoleo magnífico del barrio de San Telmo, con sus sortijas de oro, sus camisas bordadas y sus programas ajados de glorias antiguas, inaccesible a la mala leche de sus peores paisanos. Uno puede pensar que exageraba en su desconfianza, que España ha cambiado mucho en los últimos años, pero a veces se leen o se escuchan cosas que me hacen darle amargamente la razón: un conocido premio Nobel gustaba de hacer bromas en público sobre la enfermedad que llevó a la muerte a Jaime Gil de Biedma, y el otro día, un columnista señorito y sevillano de la escuela de la gracia venenosa de González-Ruano, escribía en un periódico, con su conocido gracejo, que en estos tiempos, para ser poeta ya no hacía falta ganar el premio Adonáis, que ahora lo que se necesita es "coger un sidazo" (sic).

Esta claro que a un país así no se puede volver, y desde luego es muy dudoso que en él se pueda vivir. Si alguien puede reírse groseramente en público de los enfermos, o de los homosexuales, o de quienes padecen una minusvalía física --hay columnistas cuya máxima gracia es llamar jorobado a Ludolfo Paramio, por ejemplo--, entonces hay que darles la razón a los que se fueron y nunca quisieron volver. Hace unos años, cuando unas cuantas personas bienintencionadas se empeñaron en traerlo de vuelta a España, Miguel de Molina les dijo tenaz y educadamente que no, y poco tiempo después confirmó su negativa con el gesto soberano de morirse. Ahora, en su barrio natal, se está intentando erigirle un monumento a Miguel de Molina, y según se cuenta en estas páginas la suscripción popular para costearlo asciende por ahora nada menos que a 2.000 pesetas. Llevaba razón Machado: sólo la tierra en que se muere es nuestra. La otra tierra, aquella que nos ha expulsado, sólo acaba de admitir el regreso cuando se vuelve callado y a ser posible muerto. Si para su gloria póstuma sólo se han recaudado 2.000 pesetas, Miguel de Molina hizo muy bien en querer morirse en Buenos Aires. 

Vídeo relacionado: 
Exposición Vestuario de Miguel de Molina, Bienal de Flamenco de Sevilla, 2012

02 diciembre 2025

L'origine du monde

L'origine du monde (Gustave Courbet, 1866)
AVISO: El Daesh y Facebook no quieren que usted mire este cuadro.

17 mayo 2025

Iconos que un joven (gay) cosmopolita debe conocer

Por CARLOS MARTÍN GAEBLER

El gay contemporáneo, el homosexual salido del armario, vive, le guste o no, en una sociedad globalizada, no sólo en lo económico sino también en lo cultural. Si en nuestra era digital la cultura es un fenómeno internacionalizado, para el hombre gay moderno lo es aún más pues éste se construye a sí mismo sobre la obra o el legado de figuras mundiales cuya contribución a la libertad de las personas gays les ha convertido en iconos que aquél debe conocer. En este hipertexto me propongo presentar al lector personas eminentes y logros artísticos que han moldeado la vida y la cultura occidentales a partir de 1969, el año en el que algunos armarios empezaron a abrirse de par en par.

Empezar por Harvey Milk no es sino hacer justicia al primer cargo público electo en EEUU abiertamente gay. Su valentía para defender la causa de la igualdad de derechos le costó la vida, pues murió asesinado por un homófobo ultra tras ganar el escaño de concejal por San Francisco. Activistas como él inauguraron la lucha política contra las legislaciones homófobas. Fue él precisamente quien en 1978 le encargó al artista Gilbert Baker el diseño de la bandera arcoíris. Su vida fue llevada al cine en la excelente cinta Milk, protagonizada por Sean Penn.
Si Marilyn Monroe se erigió en el símbolo sexual femenino para el hombre hetero de la segunda mitad del siglo XX, el actor Joe D’Allesandro fue sin duda el primer mito erótico occidental para generaciones de gays a partir de los años 70. Su participación en la trilogía fílmica del alternativo Paul Morrissey (Flesh, Trash y Heat) catapultó a este joven italo-americano como el primer chulazo de la historia del cine. Su rubia naturalidad y su generosidad epidérmica ante la cámara (desnudos integrales incluidos) siguen hoy cautivando a todo aquel ávido de contemplar la hermosura viril. Joe era el canon de belleza masculina sin necesidad de musculación, depilaciones ni demás marikonadas, con perdón.

El artista neoyorquino Keith Haring revolucionó el diseño gráfico en la década de los 80. Su obra, pletórica de alegría y colorido, parecía ilustrar aquel mantra del “Gay Is Good,” y su estilo particular creó escuela por doquier. Fue un creador comprometido con la denuncia de las injusticias sociales desde el apartheid hasta la homofobia, y sus grafismos, copiados hasta el infinito, forman hoy parte del imaginario de la sociedad globalizada.

En Europa la obra de los franceses Pierre et Gilles representa la apoteosis del kitsch como objeto estético y jovial.  Como resulta patente en su célebre retrato pacifista “Un monde parfait,” contribuyeron a crear un mundo idealizado pero posible, al menos en la imaginación del espectador. Sus barrocas fotografías retocadas son una de las más importantes aportaciones a la cultura popular de nuestro tiempo. Por otro lado, la obra fotográfica del norteamericano Robert Mapplethorpe ha sido fuente de inspiración para generaciones de artistas plásticos. Sus retratos, desnudos y bodegones son una celebración de la vida en blanco y negro y forman parte del acervo cultural del siglo XX. Mapplethorpe fue el pionero en retratar al hombre negro en todo su esplendor, más allá de rancias controversias moralizantes. Su legado hedonista pertenece por derecho propio al imaginario contemporáneo.

En la que podríamos denominar prehistoria gay hay que situar al brillante científico británico Alan Turing, el matemático e informático homosexual que durante la Segunda Guerra Mundial fue capaz de descifrar los códigos secretos de la aviación nazi, salvando así miles de vidas humanas. Imaginó la inteligencia artificial y creó una máquina precursora de los ordenadores actuales. Más tarde fue condenado a la exclusión social y denostado públicamente por su condición sexual. Las autoridades de su tiempo le aplicaron un “tratamiento” profundamente agresivo para “curar” su homosexualidad que acabó provocándole la muerte.

Beautiful Thing es la película que todos hubiéramos deseado y necesitado ver cuando éramos unos adolescentes invadidos por dudas y temores. Esta cinta británica de 1996 es hoy de obligado visionado para jóvenes en formación, pues ilustra el logro de la visibilidad pública y la belleza de la valentía gay. Otra historia de amor imprescindible es la magistralmente narrada por Ang Lee en Brokeback Mountain (2006): los vaqueros Jack Twist y Ennis del Mar son ya iconos del cine universal. Probablemente la mejor historia de amor entre hombres jamás filmada, Brokeback Mountain ayudó a cambiar la vida de muchos hombres armarizados en todo el mundo. La excelente película británica God's Own Country (2017), deudora de la anterior, ofrece un novedosa reflexión sobre la nueva masculinidad basada en la empatía, la ternura y la inteligencia emocional, en un historia situada en Europa medio siglo después de la ambientada en la America profunda de 1963.

La cultura pop arranca con la música electrónica de club que los británicos Pet Shop Boys empezaron a tocar allá por los años 80, cuando su primer éxito, West End Girls, les catapultó al estrellato. Con el tiempo, y con su casi himno gay Go West, el dúo formado por Chris Lowe y Neil Tennant, se han convertido en uno de los iconos musicales de la sociedad global, igual que le ocurrió al cantante George Michael, el blanco que bailaba como los negros, convertido en luchador institucional contra la homofobia en el Tercer Mundo. Sus vídeos hedonistas y rompedores contribuyeron a engrosar la imaginería visual de la cultura pop internacional.

Debo hacer mención de dos novelas imprescindibles en el imaginario homosexual: The Swimming Pool Library, del escritor británico Allan Hollinghurst, y The Lost Language of Cranes, del novelista norteamericano David Leavitt, quizás dos de los textos mejor narrados y más cautivadores que ha producido la literatura occidental de temática gay. Incluso traducidos, son dos títulos para disfrutar de la lectura en estos aciagos tiempos de prisas y gratificación inmediata. Los amantes de la belleza más intimista deben leer los sublimes Sonetos del amor oscuro, de Federico García Lorca, cumbre de la poesía homoerótica en lengua española.

En el terreno del deporte, es de justicia mencionar a varios deportistas que hoy en día son un referente de tesón y lucha para los jóvenes de todo el mundo: el saltador Greg Louganis, el deportista gay más laureado de la historia olímpica, y la tenista Martina Navratilova, la más grande de todos los tiempos, ganadora de 18 títulos (individuales y mixtos) en Wimbledon. Ambos tuvieron que luchar denodadamente contra la homofobia y el machismo enquistados en el deporte de alta competición y en al actualidad son un modelo a seguir por muchos y muchas atletas gays y lesbianas en su esfuerzo por visibilizarse y salir del armario. Ellos abrieron la puerta para que grandes deportistas contemporáneos dieran la cara transmitiendo valores como el respeto por la diversidad y facilitar así la visibilidad de deportistas gays, como hicieron el waterpolista español Víctor Gutiérrez o el saltador británico Tom Daley (saliendo del armario mediante un vídeo en YouTube).

La contemporaneidad nos ofrece compañías de danza tan innovadoras como la neoyorquina Madboots Dance, una compañía de hombres que celebran la identidad masculina en todos sus bailes. Fragmentos de sus hermosísimas piezas de danza contemporánea se pueden visionar en su sitio web. Puro gozo.

The Boys in the Band (Los chicos de la banda), la obra teatral de Mart Crowley y la posterior película de William Friedkin, es una obra seminal dentro de la ficción sobre la homosexualidad, pues plantea una catarsis colectiva, al estilo de la tragedia griega, que pone al espectador frente a distintos prototipos humanos que pululan por la sociedad homosexual: el católico atormentado por la culpa, el judío cínico, el afeminado ingenioso, el gay normal, el negro gay, el chulazo ignorante, la pareja de amantes en crisis, y el homosexual reprimido que se cree heterosexual. Esta pieza teatral se estrenó en 1968, tan solo meses antes del estallido de Stonewall, que inauguró el movimiento de liberación de gays y lesbianas en junio de 1969, y medio siglo después mantiene toda su vigencia. The Boys in the Band es una ficción para ser apreciada especialmente por personas leídas y cultas, capaces de mantener la atención durante dos horas sin sucumbir a distracciones tecnológicas. Verla es redescubrir un clásico del cine y del teatro norteamericanos del pasado siglo.

Man in an Orange Shirt (El hombre de la camisa naranja) es una de las ficciones más elegantes y hermosas que he visto jamás en una pantalla. Escrita por el novelista británico Patrick Gale, narra (en sendos episodios de una hora producidos por la BBC) dos historias de amor entre hombres en dos tiempos, que permanecerán en la memoria imaginaria del espectador de por vida. Disponible en Filmin. De obligado visionado es también la cinta 
de 2015 Stonewall, que narra, a través de un joven forzado al sexilio, los acontecimientos que desembocaron en la histórica revuelta en el Greenwich Village neoyorquino el 28 de junio de 1969, cuando un grupo de homosexuales se cansaron de sufrir las constantes humillaciones y redadas de la policía y devolvieron el golpe, dando origen al movimiento de liberación gay.

La miniserie norteamericana FELLOW TRAVELERS (Compañeros de viaje), narra de forma minuciosa y sobrecogedora la persecución de homosexuales y comunistas instigada por el funesto senador McCarthy, quien promovió una caza de brujas institucionalizada durante los años 50 en EEUU. Contemplamos un friso de la política norteamericana, y en concreto de este periodo negro de su historia, precursor, sin duda, del neofascismo actual de medio país, y por la historia de gays y lesbianas desde 1952 hasta 1986. A lo largo de más de tres décadas, la serie navega entre amoríos clandestinos, Vietnam, los Kennedy, el catolicismo, la hipocresía sexual, el periodismo de investigación, los derechos civiles recién conquistados, el asesinato de Harvey Milk, el hedonismo de la cultura disco setentera, Fire Island, y la crisis del sida. Enormemente instructiva para las jóvenes generaciones. CMG

21 abril 2025

La Movida madrileña de los años ochenta

Por CARLOS MARTÍN GAEBLER

La restauración de la democracia en España tras las elecciones generales de 1977 trajo consigo profundas transformaciones sociales. Las libertades reconquistadas se hicieron notar especialmente en el mundo artístico. Así, al comenzar la década de los 80, se iba a iniciar un auténtico renacimiento cultural que se extendería a lo largo y ancho de la geografía española, pero cuyo epicentro sería la ciudad de Madrid. Estaba naciendo lo que más tarde, y con el paso del tiempo, se conocería como la Movida madrileña (con M mayúscula). Artistas provenientes de diversas disciplinas coincidieron en el tiempo y en el espacio e hicieron de la capital del Reino una de las ciudades culturalmente más efervescentes de Europa.

Esta generación de creadores, que se caracterizó principalmente por un desenfadado espíritu hedonista y una actitud abiertamente contestataria, abarcó desde cineastas, rockeros y cantantes hasta pintores, fotógrafos y diseñadores. Sin quizás proponérselo conscientemente, estos jóvenes iban a cambiar profundamente la imagen típica y tópica que España, aún por esas fechas, proyectaba hacia el exterior para sustituirla por la de una sociedad emergente, enormemente creativa e innovadora, y con mucho que aportar al patrimonio cultural de la Europa de finales del siglo XX.


La Movida estuvo protagonizada, entre otros, por cineastas como Pedro Almodóvar, cuyas películas Laberinto de pasiones o La ley del deseo retratan el espíritu hedonista y libre de esos años; por grupos de pop-rock, como Radio Futura, Gabinete Caligari, Alaska y los Pegamoides, Los Secretos, Nacha Pop, los gallegos Golpes Bajos o los barceloneses Loquillo y los Trogloditas; por artistas plásticos, como Ceesepe, Oscar Mariné, o los gaditanos Costus; por fotógrafos, como Alberto García AlixOuka Leele o Miguel Trillo, quien plasmó las mejores instantáneas de los músicos de la Movida y de su público; por revistas, como La luna de Madrid; salas de conciertos como la mítica Rock-Ola; por ferias internacionales de arte contemporáneo, como la madrileña ARCO; o era difundida por programas de televisión, como el legendario La edad de oro de Paloma Chamorro en La 2, o de radio, como el Diario pop dirigido por Jesús Ordovás en Radio 3. 


Todos estos creadores y escenarios produjeron una generación cultural equiparable en importancia a la Generación de 1927. Si ésta fue primordialmente un movimiento poético y literario, la Movida fue eminentemente audiovisual y mediática. Los medios de comunicación propagaron el espíritu de la Movida por todo el país hasta hacerlo extensivo a toda una generación de jóvenes españoles que accedieron a las libertades bailando a sus ritmos, cantando sus letras, leyendo sus textos, luciendo su moda y sus peinados, o identificándose con sus películas. Para mi generación, los ochenta representaron, lisa y llanamente, la alegría de vivir.

Hoy en día, y con la obligada perspectiva histórica, se puede afirmar que la Movida madrileña de los 80 y la Generación poética del 27 representan los momentos de mayor lucidez creativa del siglo XX español, y son la gran aportación de la modernidad española a la cultura occidental. cmg1998

04 febrero 2025

arte.tv

El prestigioso canal franco-alemán ARTE, dedicado desde 1991 a promover y difundir cine de calidad, ha lanzado recientemente el sitio
arte.tv, una plataforma de streaming europea en abierto y sin necesidad de registrarse o suscribirse, que ofrece documentales excepcionales narrados en francés o en alemán, con subtítulos en diversos idiomas [cliquear en pestaña Versión] y cortometrajes, que hacen llegar la cultura, de forma gratuita, a todos los rincones del mundo. También es un recurso didáctico formidable para quienes quieren mejorar su francés o su alemán.
Entre el vasto catálogo de arte.tv, recomiendo el documental Breaking Social, un ambicioso proyecto del cineasta sueco Frederik Gretten, filmado en 2023 entre Chile, París, Malta, West Virginia, Países Bajos, Surrey, y Nueva York. Está producido entre Noruega, Suecia, Finlandia y los Países Bajos, y ha contado con el apoyo del programa Creative Media de la UE.  
Todas las sociedades se basan en la idea de un contrato social. Se nos dice que si trabajamos afanosamente, si tratamos a los demás con respeto, si jugamos conforme a las normas, seremos recompensados. Pero después están los rompedores de reglas. Aquellos que utilizan paraísos fiscales y obtienen beneficios sin devolver nada a la sociedad. ¿Podemos permitirnos a los ricos? Breaking Social analiza los patrones globales de cleptocracia y extractivismo. Un periodista de investigación asesinado en Malta. Un río sin agua en Chile. Cuando la gente llega a un punto de inflexión, empiezan a organizarse y a protestar. Vemos a aquellos que ya luchan en los frentes de las revueltas sociales en todo el mundo (como el estallido social chileno). La película explora las posibilidades de superar la injusticia y la corrupción que acechan en cualquier lugar del mundo. 92 min.


10 enero 2025

'Casablanca' at the Cameo


Casablanca en el cine Cameo, es un magnífico lienzo al óleo (102 x 122 cm) pintado por el artista británico Henry Kondracki (1953) en 2023. El centenario Cameo Cinema (38, Home Street) es una de las instituciones culturales más importantes de Edimburgo, y templo de los cinéfilos locales.

21 noviembre 2023

Gonzalo Orquín: pintando las migraciones humanas


El Migratie Museum Migration de Bruselas presenta desde el 22 de noviembre de 2023 hasta el 15 de febrero de 2024 la exposición "Being Human - The sea at night is too big", del artista español residente en Roma Gonzalo Orquín, un evento colateral de la presidencia española de la Unión Europea. Comisionada por la Embajada de España en el Reino de Bélgica, la exposición nace de una idea de Francesca Paci, periodista de La Stampa, y tiene como objetivo contar historias y experiencias de migrantes y refugiados que llegan a Europa, centrándose en particular en dos de los principales puntos de llegada: por mar, en Lampedusa, Italia, a través del Mare Nostrum, y Bihac, en Bosnia, en la llamada "ruta balcánica”.

Filippo Grandi, Comisionado de Alto Comisionado de las Naciones Unidas para losRefugiados (ACNUR) : “Cada obra de arte en esta exposición actúa como un puente entre las personas, compartiendo historias de valentía. Cada una hablará al espectador a su manera. Al conocer las historias y reconocer algunos de los rostros, desempeñamos nuestro papel en poner a las personas en el centro de cómo abordamos la migración y el asilo.”

Amy Pope, Directora General de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) : “Las imágenes nos hablan directamente y cuentan una historia que trasciende las palabras. Esperamos que esta maravillosa exposición inspire a todos los que se encuentren con estas ventanas a la experiencia de los migrantes. Este arte es una herramienta poderosa para enriquecer las percepciones sobre uno de los temas más importantes de nuestro tiempo.”

"Being Human", explica Orquín, "es una exposición que, honrando la tradición española del retrato y el realismo, busca dar voz a aquellos que con demasiada frecuencia son invisibles. Un proyecto que, a través del arte, busca crear un puente de comprensión y empatía, recordándonos que detrás de cada migrante o refugiado, hay una historia única y valiosa que merece ser contada y celebrada. El nombre y la historia junto a cada cuadro aseguran que las historias de los migrantes, refugiados, jóvenes, adultos, madres, niños, perduren y se compartan”.

Las 16 obras expuestas describen a los migrantes como individuos únicos y no como una masa anónima. Son retratos a los que Gonzalo Orquín les da un nombre, un rostro y una historia, fruto de encuentros en los que el artista supo de sus historias de supervivencia. Los cuadros Incluyen tanto escenas duras y sombrías de intensidad dramática, como el desembarco nocturno de una patera en el Mar Egeo, o el momento en que llegan jóvenes de Afganistán después de seis meses de caminar con los pies destrozados por llagas que algunos voluntarios curan, como momentos de esperanza, particularmente en las pinturas que representan escenas de maternidad: historias contemporáneas que provienen de diferentes partes del mundo, como Nepal, Nigeria o Ghana.

La exposición también incluye una pintura que representa a un joven de espaldas, sin mostrar su rostro, que compartió su experiencia como refugiado LGTB. Una obra que busca destacar las dificultades enfrentadas por las personas homosexuales en su búsqueda de un futuro mejor en un mundo en el que 67 países aún consideran la homosexualidad un delito.

Para llevar a cabo el proyecto, el artista de Aracena colaboró con ARCI, ICS (Consorcio Italiano de Solidaridad - Oficina de Refugiados), OIM (Organización Internacional para las Migraciones) y ACNUR (Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados), con la colaboración especial del fotoperiodista Francesco Malavolta.

Parte de los ingresos de la venta de las obras se donará a las asociaciones que hicieron posible el encuentro con los protagonistas de esta exposición. Cada pintura tiene un nombre ficticio, para respetar la privacidad de la persona retratada y una cartela que narra su historia. Utilizando diversas técnicas con gran maestría, óleo sobre lienzo o collage, Gonzalo Orquín busca representar la esencia de cada individuo a través de retratos detallados de sabor universal, en la secular tradición del realismo pictórico español.


14 junio 2023

Gracias, Rodrigo

Gracias, Rodrigo Cuevas, por reivindicar la modernidad desde la periferia creando arte nuevo desde Asturias. Gracias por no dejarte engullir por el poder centrífugo que Madrid ejerce sobre tantos creadores homosexuales, que se ven obligados a mudarse a la capital, como es el caso de coetáneos tuyos como Cachorro Lozano o el tristemente fallecido Roberto Pérez Toledo.

Gracias por mostrarnos a los urbanitas la universalidad del arte popular, como igualmente hiciera tu gran predecesor en el empeño, el poeta Federico García Lorca, quien también desde lo local logró (y de qué manera) trascender a lo universal.

Gracias por llevar lo marica a todos los públicos. Gracias por ser como eres y por existir en nuestro tiempo.

Durante la Gala de Clausura del 18 Festival de Cine LGTBI organizado por la Fundación Triángulo, @RodrigoCuevasG recibió en Sevilla, el Premio Andalesgai Queer de las Artes 2022 por llevar el folklore tradicional al primer plano, apropiándose de él de forma transgresora y necesaria para crear arte multidisciplinar totalmente nuevo y original.

Carlos Martín Gaebler

PD: Recomiendo el documental de ARTE, en abierto, "Rodrigo Cuevas, la voz queer de la Asturias rural".