04 septiembre 2017

La belleza cruda

El canon de belleza masculina ha cambiado sustancialmente desde finales del siglo XX hasta nuestros días. En la actualidad, imperan los cuerpos masculinos depilados, tatuados o perforados (cuando no hipermusculados), las cejas perfiladas, la piel sobrebronceada. Hay, además, un trasfondo exhibicionista/narcisista innegable (algunos se miran y remiran en espejos). En playas, gimnasios, saunas o en perfiles de contactos ya apenas se observa la belleza cruda de antaño: hombres naturales de la cabeza a los pies, sin cosmetizar, en armonía con sus atributos. En los años 80 y 90 los varones lucían sus axilas sin afeitar, su pubis poblado, sus piernas y brazos peludos, su vello corporal tal cual. Hoy en día, el modelo de belleza se ha visto transformado/manipulado por la presión grupal y por la homogeneizante insistencia publicitaria, que ha creado cuerpos feminizados, desprovistos de rasgos varoniles. Los depilados parecen zombis de la moda. La única excepción a este desierto piloso son las sensuales barbas recortadas que algunos se dejan crecer. Alguien ha llamado a este fenómeno, con acierto y con retranca, la venganza del travesti¡Ojalá pase pronto esta moda tan globalizada como absurda y los hombres vuelvan a parecer hombres! Donde hay pelo hay alegría, y mariconadas, las justas.

01 septiembre 2017

Cutrespaña


Por CARLOS MARTÍN GAEBLER
Diario de Sevilla, 28 de agosto de 2017

No escribo esta columna para glosar la calidad de vida en España, nuestra alegría vital, nuestro altruismo donante para salvar vidas, nuestra bendita propensión a besarnos y tocarnos; tampoco para reivindicar la riqueza multinacional y plurilingüe del Reino, o para constatar la satisfacción que sentimos cuando, tras una larga estancia en un destino lejano, aterrizamos en Barajas y volvemos a nuestra zona de confort. Hoy, quiero reflexionar, desde el civismo ilustrado, sobre la podredumbre social y ética de nuestro país, y desentrañar los modos y pensamientos del español rancio, del español/español.

Somos un país que no ha sido capaz de mirarse en el espejo de su pasado. Los españoles padecemos una amnesia histórica colectiva. Hay una España a la que las películas sobre la guerra civil le parecen todas tendenciosas, una España que nunca ha condenado el golpe de estado de 1936 (y otra España inmadura que no condena la dictadura venezolana), una España nacionalista que hace alarde de su idea patrimonialista de nuestra patria. Ante este escenario se hace necesaria una nueva transición, pero una que transite hacia una regeneración de nuestra democracia. Necesitamos reiniciar España.

Señala Manuel Rivas que los españoles tenemos la sensación de vivir empantanados en esa posdictadura que es la corrupción sistémica. Vivimos en un país de corruptos y chorizas impunes que siempre se salen con la suya. Un país que hace Marca España de la actividad futbolístico-comercial. Luís García Montero suele afirmar que vivimos en un país de chiste, pero sin ninguna gracia.

Nuestra ancestral chulería/picardía va desde el aparco y fumo donde me da la gana hasta preguntar a un cliente si quiere pagar la factura “con IVA o sin IVA” para seguir engordando la economía sumergida. El españolazo gusta de decir coño y cojones (cuando no maricón) cada dos por tres. Durante demasiado tiempo, en lugar de educar en el respeto entre iguales, hemos insistido en educar solo en la tolerancia (se tolera desde una posición de superioridad moral). Y así nos ha ido. Por otro lado, siempre me ha llamado la atención que el castellano no tenga un término propio para el adjetivo inglés “law-abiding” (que cumple las leyes), aunque sí hay innumerables sinónimos de pícaro.

La telebasura que consumen a diario muchos conciudadanos es también responsable de la conformación de esta sociedad maleducada. Ante el tsunami audiovisual, leer hoy en día en España se ha convertido en una heroicidad de minorías. Parece que vivamos en un país compuesto por una clase televidente y otra leyente, a modo de una nueva versión de las dos Españas. A partir de ahora, nuestros adolescentes podrán obtener el título de la ESO con dos asignaturas suspendidas. El listón cultural cada vez más bajo. ¿Les suena de algo?

Este año se cumplen 40 años desde la restauración de la democracia y seguimos sin entendernos. España es un país ingobernable porque es autodestructivo. Un ejemplo de nuestra proverbial aversión al consenso es la incapacidad para reformar la tauromaquia de modo que no sea necesario matar a un toro ante una multitud que ha pasado antes por caja. Se requiere imaginación para dar con la fórmula de torear sin torturar. No creo que ser español sea aplaudir por ver asesinar a un animal después de haber pagado por ello.

Por otra parte, el español/español es poco autocrítico. Un ejemplo: hace unos años, en Irlanda un país mayoritariamente católico como España se constituyó una comisión nacional para sancionar/condenar los 30.000 casos documentados de abusos a menores. Si en una población de 12 millones se habían llegado a contabilizar tantos casos, ¿cuántos abusos sexuales habrá habido en España, un país que casi cuadruplica la población de Irlanda? ¿Ha creado el Estado español una comisión para desenmascarar y condenar a los culpables (aunque muchos de esos crímenes hayan prescrito) y reparar el daño a las víctimas? No. Somos cutres de verdad porque no sabemos limpiar la podredumbre de nuestro pasado.

Recientemente el Instituto Elcano ha atribuido la ausencia actual de un partido fascista en España (eufemísticamente lo llaman populismo de derecha) al estilo de los surgidos en varios países occidentales a la debilidad de nuestra identidad nacional, factor este que, a mi entender, nos lastra para vertebrar nuestro país. Mariano Barroso, vicepresidente de la Academia de Cine, sostiene que la ausencia clamorosa de un concepto de “lo colectivo” y del “bien común” nos limita y nos impide crecer como colectividad. Además, el proceso secesionista catalán está impidiendo el ineludible proceso reformista español. Los árboles de un territorio no nos están dejando ver el bosque del resto del Estado. A propósito, ¿no se le ha ocurrido a nadie preguntarse si este dolorosísimo desgarramiento territorial que estamos sufriendo se habría producido de ser España un país cívico, sensato y vertebrado? ¿Es acaso la negativa a contribuir económicamente a la solidaridad interterritorial la única razón que mueve a los secesionistas? Nos convendría formularnos estas preguntas y responderlas.

Si alguien acusa a este heterodoxo de antipatriota por escribir esta amarga columna, entonces no se ha enterado de nada. Escribir es una forma de hacer país. Otra España es posible.

31 julio 2017

Los abedules de mi abuelo

En la década de los años veinte del pasado siglo XX, mi abuelo Martin Walter Gäbler (Eisleben, 19.08.1889 - Sevilla 31.12.1956), por entonces un joven ambicioso en busca de sustento, abandonó su Alemania natal (que se hallaba sumida en una profunda crisis económica provocada por la asfixiante hiperinflación durante la república de Weimar) y se embarcó en la marina mercante, lo que le llevó a recalar en innumerables puertos de mar, como Río de Janeiro, su ciudad predilecta, a decir de mi madre. Con el tiempo, el trotamundos de mi abuelo acabaría ejerciendo el oficio de peluquero de señoras, primero en Madrid y finalmente en Sevilla, donde instaló su afamado salón en un edificio de Aníbal González, situado en la esquina de las calles Rioja y Tetuán. Emigró hasta el Sur atraído por la personalidad vitalista de la que con el tiempo sería mi abuela, María Ojeda Díaz, natural de Alcalá de Guadaira, donde nació en 1903, y con la que pasé los mejores momentos de mi infancia.
Y entre los recuerdos que debió traerse de su tierra natal figura esta cautivadora fotografía de unos abedules de tronco plateado en un campo germano, que adquirió, junto a otra de los mismos autores, los hermanos Hofmeister, en una galería de Munich (y por la que pagó 50 Pfennig de la época, según figura escrito a lápiz en el anverso). Casi un siglo después, ha llegado hasta mí y la emoción del hallazgo me ha llevado a publicarla en la red y compartirla con el público internauta y con los aficionados a la fotografía histórica. Tras escanearla, la versión digital resultante ha ganado luminosidad y aumentado su magia icónica. Mi abuelo la observaría con añoranza de sus lejanos bosques alemanes de cedros y abedules, tan diferentes de los naranjos y cipreses mediterráneos que le acompañaron en España hasta el final de su vida, unos años antes de yo nacer.
Esta foto, de gran valor emocional para quien esto escribe, me ha brindado la oportunidad de recuperar una parte de la memoria histórica familiar y de rendirle homenaje a ese abuelo que no conocí pero cuyo apellido le da nombre a este blog y del que me llegó parte de su ADN políglota y viajero. Danke, Opa.

Birken im Moor (Abedules en la marisma), fotograbado de Theodor y Oskar Hofmeister, n.1868-1943, 1871-1957, publicada por la editorial Hermann A. Wiechmann en Munich alrededor de 1910. Los hermanos Hofmeister, que pertenecieron al grupo de fotógrafos del Pictorialismo alemán, se distinguieron por crear unos potentes cuadros bicromáticos, con logrados efectos de distanciamiento y desenfoque.

The Male Nude

22 julio 2017

Los ángeles siguen siendo ángeles


En 2013 visité con unos amigos malagueños una espléndida exposición del escultor británico Richard Deacon en el Centro de Arte Contemporáneo de Málaga. Pero el CAC me tenía reservada una sorpresa en otra sala: una exposición de fotografías (La mirada subjetiva) realizadas por alumnos/as salientes de la Escuela de Arte San Telmo de la capital malagueña. Una obra me llamó poderosamente la atención. Titulada por su autora, Lourdes Mellado, "Los ángeles siguen siendo ángeles" (Técnica: color digital. 54x40cm, 2012), podría haber sido hecha en nuestro tiempo por el propio Caravaggio si le hubieran puesto una cámara digital en la mano. El fondo y la forma de la misma me recordaban al maestro del claroscuro italiano y me remitían a los Sonetos del Amor Oscuro que Federico García Lorca compuso para su amante Juan Ramírez de Lucas (recomiendo fervientemente la lectura de la apasionante novelización de su amor publicada por Manuel Francisco Reina bajo el título Los amores oscuros [Temas de Hoy, 2012]). Nunca antes había contemplado la plasmación de un momento íntimo de amor entre dos varones con tanta elegancia. La he colgado aquí, junto a una foto de su autora, para compartirla con mis lectores y difundirla por la red.


12 julio 2017

Contemplación/Contemplation (Una exposición en línea)

En estos tiempos apresurados, me atrae especialmente la pausa en el mirar. Con esta serie de fotografías, que he titulado Contemplación, me interesa mostrar la interacción entre personas y obras pictóricas (esa conversación tan silenciosa como activa), captar el momento del goce humano ante la belleza creada por otros y visualizar la emoción sosegada que nos produce la contemplación de la belleza. 


In this hurried age, I find pausing for gathering quite appealing. The main reason for publishing this photo series - which I have entitled Contemplation- is to show the interaction between individuals and paintings (a dialogue which is both silent and active), to capture the moment of human joy in the face of beauty created by others, and to visualize the peaceful emotion that aesthetic contemplation brings out in us. 




Pinche en la palabra-enlace Contemplación para ver la serie./Click on the link-word Contemplation to see the series.

28 junio 2017

Los gays y los homosexuales

Por CARLOS MARTÍN GAEBLER

Todos los gays son homosexuales, pero no todos los homosexuales son gays. ¿Son los términos “gay” y “homosexual” realmente sinónimos? La homosexual es simplemente una orientación sexual, lo gay es un hecho cultural, es decir, la opción de vivir en libertad y sin miedo una sexualidad no mayoritaria. El homosexual nace, mientras que el gay se hace. O, dicho en términos más coloquiales, la tendencia homosexual viene de serie, pero ser gay hay que currárselo.

El hombre homosexual se conforma con vivir su sexualidad con mucha discreción (palabra predominante en su vocabulario), sin que “se le note”, y conservando el status quo de su invisibilidad (suele confundir la visibilidad con “ir predicándolo a los cuatro vientos”); por contra, el hombre gay reivindica su derecho a mostrarse tal como es, a visibilizarse, y a no reprimir, por ejemplo, sus muestras de afecto hacia su pareja o sus amigos en público. Si al homosexual le preocupa que le puedan percibir como tal, al gay no le importa. El hombre gay, por tanto, ha debido recorrer un duro camino para aprender a convivir con la homofobia circundante de miradas, insultos y agresiones, y es feliz actuando con naturalidad y sintiéndose libre. (Conviene señalar que precisamente el vocablo “gay” significaba originariamente en inglés y en el antiguo provenzal “feliz”.)

Aquí reside la motivación del denominado orgullo gay: lo que los gays celebramos cada 28 de junio en todo el mundo no es el ser gays, sino el haber conquistado la libertad para poder serlo, y este importante matiz parecen ignorarlo quienes se preguntan por qué no celebrar también un día del orgullo heterosexual o del macho ibérico. El orgullo gay es totalmente ajeno a muchos hombres, que son simplemente homosexuales y prefieren permanecer semiarmarizados (o armarizados del todo y con doble vida) pues no se sienten identificados con esta celebración, ya que sencillamente no han hecho nada de lo que sentirse orgullosos, y uno sólo puede sentirse orgulloso de aquello de lo que es responsable. Pero los festejos callejeros del orgullo gay no surgen, en ningún caso, por afán exhibicionista, sino que pretenden ser una celebración de la diversidad social. Hacemos de la reivindicación una fiesta, y de la fiesta una reivindicación. De alguna manera, se trata de una versión del eterno dilema humano entre realidad o apariencia, entre ser o parecer, o, en este caso, no parecer.

Aunque para algunos hablantes parezcan sinónimos, estos adjetivos son semánticamente diferentes, además de que uno incluya al otro, como señalé al inicio de esta reflexión filológica. Varios prototipos de la ficción contemporánea ilustran la diferencia. Brokeback Mountain es, en puridad, una oscura historia de amor homosexual. Ennis del Mar y Jack Twist, los vaqueros de la América profunda de los años 60, personifican a unos hombres homosexuales atormentados por su diferencia biológica. Sin embargo, en la ficción televisiva Física o química, el personaje de Fer vive con naturalidad, y a la vista de todos, una historia de amor y desamor gay con su novio David en los pasillos de su instituto de bachillerato.

Cuarenta años “distancian” a unos personajes de otros, cuarenta años desde que una noche de junio de 1969, en el bar Stonewall de Nueva York, un grupo de “locazas” con muchos reaños dejaran de poner la otra mejilla y comenzara así la liberación gay para generaciones posteriores de hombres y mujeres homosexuales. ¿Puede alguien a estas alturas poner en duda que esto no sea motivo de orgullo y celebración? cmg 2009


13 junio 2017

Feliz Orgullo 2017

Cartelazo currao de Daniel DALOPO