10 octubre 2018

La hora musa_Música en directo en TVE


LA HORA MUSA 
Todos los martes a las 23.00 horas en La 2. 
Presentado por Maika Makovski.

23 septiembre 2018

El baile eterno de María Pagés


Sobrecogedora fotografía de Juan Carlos Muñoz captando el baile prodigioso de María Pagés en su coreografía Una oda al tiempo, en el teatro de la Maestranza, durante la Bienal de Flamenco de Sevilla de 2018. Color profundo para un arte enjundioso. Los colores supersaturados, el contraste del rojo Burdeos sobre un negro absoluto y el movimiento de la bata de cola suspendido son en sí arte puro. La belleza eterna del arte flamenco reflejada en una instantánea. cmg

05 septiembre 2018

My Map of the Moon when I was a Boy (recuperated)

A work of unearthly beauty, this 1969 map of the Moon, published by The National Geographic Magazine, was the first ever to show both faces of the lunar surface on a single sheet —not just the familiar surface we see at night, but the hidden far side as well. Cartographic artist Tibor Toth, who delicately shaded the surface crater by crater, spent several weeks at the Lowell Observatory in Flagstaff, Arizona, to scope out his subject. This map sparked my fascination with space exploration. It was the most treasured poster in my collection. For many years, I had it hanging on the wall in my room, until one dreadful day it got destroyed...

01 septiembre 2018

¡Qué suerte tienen los delincuentes católicos!

Por BERNA GONZÁLEZ HARBOUR


Los católicos suelen sentir la tranquilidad de pertenecer a la única religión verdadera —creen, luego para ellos así es— e históricamente han tenido la ventaja de poder pecar siempre que luego visiten el confesionario para pasar la bayeta. Allí, el confesor les aguarda como un decidido Míster Proper dispuesto a trasladar el perdón divino que borra los pecadillos del historial personal. No quedan antecedentes penales tras rezar varias avemarías.

Con el tiempo los católicos empiezan a percibir también, sin embargo, algunas desventajas. Muy serias. La Iglesia católica mantiene un machismo institucional prefeudal, al excluir a la mujer de cualquier ámbito de la jerarquía y relegar su entrega a la carrera monjil. Ellas barren y limpian estupendamente durante los cónclaves de cardenales-hombres en Roma reunidos para elegir a sus Pontífices-hombres. Hasta en los peores momentos del absolutismo, donde las mujeres no tenían ni por asomo capacidad de elegir ni decidir gran cosa, hubo reinas en las coronas de Europa. Algunas, brillantes.

También para los hombres hay desventajas. El celibato es un voto obligatorio, tanto como la pobreza y la obediencia. Pero reconozcan que la ecuación es, si no perfecta, muy ventajosa: prometen sus votos a Dios y en lo posible cumplen, pero cualquier desvío del camino encuentra su perdón en el confesionario. La misericordia es un hallazgo.

La Conferencia Episcopal de Australia nos lo ha recordado esta semana: los confesores no pueden ser forzados a revelar delitos —delitos, sí— conocidos durante la confesión al considerar que eso “va contra la fe y la libertad religiosa”. La negativa desoye las instrucciones de la comisión gubernamental que investiga casos de pederastia y que ha averiguado que el 7% de los sacerdotes que trabajaban en Australia entre 1950 y 2010 están implicados en abusos sexuales. En algunos lugares la cifra ha llegado al 15%.

El derecho canónico, ciertamente, considera el secreto de confesión una cuestión inviolable so pena de excomunión. Teóricamente se trata de respetar el secreto del pecador, no del cura. Y las legislaciones civiles de países tradicionalmente católicos suelen conceder una dispensa a los religiosos para que puedan cumplir con su obligación canónica. Pero hay algo que deberían tener en cuenta: el derecho penal, y no el canónico, es el que rige las normas de las que nos hemos dotado para proteger a las víctimas de crímenes y perseguir a los delincuentes. Trabajar por esa protección debería concernirles.

La jerarquía católica no solo está desoyendo el clamor de una sociedad que ya no está dispuesta a callar y que exige justicia penal, y no divina, sino que además y sobre todo está perdiendo la batalla moral. Hoy defiende el secreto de confesión con la misma convicción con la que ha practicado el encubrimiento y traslado de sacerdotes involucrados en abusos. Los informes sobre pederastia en Irlanda, Boston, Pensilvania o Australia desbordan al Vaticano, que aún no ha sabido reaccionar.

Tienen suerte los delincuentes católicos que pueden confesar y quedar indemnes. No tanta sus víctimas.
El País, 2.09.18

19 agosto 2018

Por la supresión del celibato

Carta abierta al papa Francisco de la escritora Nancy Huston:

Querido Francisco:
Le escribo el 15 de agosto, día de la Asunción de la Virgen María, después de haberme enterado por la radio esta mañana, al levantarme, de otro nuevo escándalo de pedofilia que ha “salpicado” a la Iglesia Católica —esta vez en Pensilvania—, con un millar de niños violados o agredidos sexualmente por sacerdotes durante los últimos 70 años. Y, teniendo en cuenta la rapidez con la que los responsables se deshacen de las pruebas y la vergüenza y la resistencia de las víctimas a alzar la voz, podemos estar seguros de que las cifras reales son más elevadas y de que los casos conocidos, ya de por sí numerosos, no son más que la punta del iceberg.

Probablemente le habrá llamado la atención, como a mí y como a otros, el parecido entre esta oleada de “escandalosas” revelaciones y la que ocupa los titulares desde hace casi un año, relativa al acoso sexual de las mujeres en la calle y en el lugar de trabajo. Lo que está en juego en ambos casos es la propensión de los hombres a aprovecharse de su poder político y físico para satisfacer sus necesidades sexuales. Si pusiéramos a disposición de los niños de todo el mundo una plataforma de Internet en la que pudieran decir la verdad de forma secreta y anónima, la avalancha de quejas superaría en violencia y en volumen a la campaña de #MeToo. Es cierto que muchas víctimas de sacerdotes no podrían dar testimonio, por su edad (18 meses, en un ejemplo oído esta mañana) o por su pobreza (niños del Tercer Mundo que son analfabetos o no están “conectados” a Internet).

Por supuesto, no basta con las denuncias. Podemos gritar hasta quedarnos roncos, pero, si no hacemos algo para eliminar los factores que favorecen estos actos inapropiados, seguirán produciéndose. En el caso de los depredadores sexuales normales y corrientes, es fundamental que busquemos las causas de su comportamiento sexista. En el de los sacerdotes católicos, no hace falta buscar nada. La causa es evidente.

¿Por qué son los niños sus víctimas preferidas? No porque los sacerdotes sean pedófilos —la proporción de pedófilos entre ellos seguramente no es mayor que entre la población en general—, sino porque esos hombres tienen miedo, y los jóvenes, que son más débiles, más vulnerables y más fáciles de intimidar, tienen muchas menos probabilidades de denunciarlos que los mayores. Si los curas sacaran sus penes entumecidos —esos pobres órganos frustrados, eternamente reprimidos— en presencia de sus feligreses adultos, o visitaran habitualmente a trabajadores del sexo, los “atraparían” de inmediato. Con los jóvenes, pueden hacer lo que quieren durante años e incluso decenios. Tienen a su alcance a todos esos niños recién llegados al coro, las niñas que acaban de recibir su confirmación, una joven virgen en la intimidad del confesionario, un guapo adolescente en un campamento de verano... El poder y la influencia de los sacerdotes sobre esas personas son sobrehumanos, casi divinos. Y pueden volver a hacer lo mismo al año siguiente, con los mismos grupos o con otros nuevos. Esto no tiene nada de sagrado, Francisco: es una profanación.

Salvo que creamos que los interesados en incorporarse al clero son todos pedófilos y pervertidos, debemos reconocer que el problema no tiene que ver con la pedofilia ni la perversión, y olvidarnos de los clichés de una vez por todas. El problema es que a unas personas normales se les pidan cosas anormales. La “perversión” está en la Iglesia, en su negativa a reconocer la importancia de la sexualidad y las desastrosas consecuencias de reprimirla.

En las últimas décadas, varios países cristianos —o Estados no confesionales pero históricamente cristianos— se han aficionado a denunciar las costumbres extranjeras que consideran bárbaras o injustas; me refiero, en particular, a la circuncisión femenina y la obligación de llevar burqa. Nos gusta señalar a los que practican esas costumbres que en ningún lugar del Corán (por ejemplo) se estipula que haya que mutilarles el clítoris a las niñas o cubrirles el rostro a las mujeres, que esas costumbres se inventaron en un momento histórico concreto para contribuir a organizar los matrimonios y distribuir la riqueza. Como nos parece que esas tradiciones son intrínsecamente incompatibles con los valores humanos universales (libertad, igualdad y fraternidad) y los derechos individuales, en especial el derecho a la integridad física, nos sentimos autorizados para prohibirlas dentro de nuestras fronteras.

Pero quienes se entregan a estas prácticas las consideran indiscutibles e inseparables de sus identidades, exactamente lo mismo que opina la Iglesia sobre el dogma del celibato sacerdotal. No es este el sitio en el que discutir las múltiples y complejas razones por las que, tras la separación entre la Iglesia de Oriente y la de Occidente, esta última decidió diferenciarse de la primera imponiendo el celibato a sus sacerdotes. Es sabido que Jesús no dijo nada al respecto. Aunque él no se casó, entre sus apóstoles sí había hombres casados, y, en otras formas y otras épocas, el cristianismo ha permitido y sigue permitiendo que sus oficiantes se casaran. El dogma católico del celibato se remonta a la Edad Media, mil años largos después de la muerte de Cristo.

Lo que hay que subrayar es que ese dogma, tan dañino, al menos, como la circuncisión femenina y el burqa, es consecuencia de una decisión histórica concreta. Y eso significa que se puede revocar con otra decisión histórica, que solo usted, Francisco, está en situación de tomar. Sí, solo usted tiene el poder de eliminar la obligatoriedad del celibato para los sacerdotes católicos y, de esa forma, proteger a un número incalculable de niños, adolescentes, hombres y mujeres en todo el mundo.

El celibato forzoso no sirve de nada. Está suficiente y repetidamente demostrado. La mayoría de los sacerdotes no logran conservar la castidad. Lo intentan, pero fracasan. Hay que reconocer la verdad y enterrar este inicuo dogma de una vez por todas. Es un crimen seguir tergiversando la realidad y perdiendo tiempo con la cantidad de vidas destruidas por su culpa. Sabe que eso es así, Francisco; todos lo sabemos. El papel de la Iglesia no es proteger a los poderosos, sino a los indefensos, no a los culpables, sino a los inocentes. Jesús dijo: “Dejad que los niños se acerquen a mí, no se lo impidáis, porque el reino de los cielos es de quienes son como ellos” (Mateo 19:14). En el último milenio, ¿cuántos millones de niños se han apartado de la Iglesia, asqueados de ella, sin poder acudir a Jesús después de haber vivido este trauma?

Por eso le pido, Francisco, que tenga el valor para decir BASTA. Como autoridad suprema de la Iglesia católica, sería, con gran diferencia, el acto más importante, más valeroso y más cristiano de todo su mandato. Sé que no lo haría en busca de gloria personal, pero es indudable que se la daría. Los sacerdotes y sus congregaciones le rendirían homenaje eterno por su clarividencia, su humanidad y su sabiduría.

Sea valiente, se lo ruego. Ha llegado el momento. La Iglesia debe dejar cuanto antes de permitir (es decir, perpetuar, es decir, cometer) unos crímenes que han arruinado tantas vidas en todo el mundo durante 10 siglos. ¡Di BASTA, Francisco!

Y si no lo dice, al menos, tenga la amabilidad de explicarnos las verdaderas razones de su decisión.

Nancy Huston es escritora. Uno de sus libros recientes es La especie fabuladora (Galaxia Gutemberg).Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia. El País, 19 de agosto de 2018

16 agosto 2018

Campaña contra la basura en la naturaleza

Una playa paradisiaca, un pequeño parque urbano, el pico de una montaña aparentemente inaccesible, un bosque en medio de la nada. Cualquier espacio natural imaginable comparte una misma amenaza: la basuraleza, aquellos residuos vertidos sin control que dañan el entorno y las criaturas que lo habitan. 

Proponemos a paseantes, bañistas, buceadores o pescadores retirar la contaminación por plásticos, cristales o latas en las zonas vírgenes de la playa de Bolonia, áreas a donde no llegan los servicios de limpieza municipales porque el Estado de bienestar ya no da más de sí, y nuestros impuestos tampoco. Es hora de que quienes disfrutamos del paraíso del Parque Natural del Estrecho hagamos algo por preservarlo. Pásalo.



Llena un día una bolsa con residuos a la vuelta del paseo por la playa.

Una voluntaria recoge plásticos llegados a través del mar. 


24 julio 2018

No sueñen

Por DAVID TRUEBA

Cuando tus sueños son mentira, entonces sí que hay que empezar a preocuparse. Porque la rectificación, la salida del autoengaño, la aceptación de tus errores es en el fondo una apuesta firme por vivir en la realidad. Pero en los sueños uno confía en la falsa percepción, en la fantasía. Supongo que cuando tantos norteamericanos compran la idea de que su presidente, Trump, les va a devolver el esplendor de antaño apartan la vista del televisor que le muestra estrechando la mano del presidente Putin con un gesto de callada aceptación. Acaba de terminar un Mundial de fútbol disputado bajo medidas de seguridad militares, sin la menor mención a los asesinos que rocían una casa en Londres con gas nervioso para castigar la disidencia ni al misil de fabricación rusa que se ha probado como el causante del derribo en cielos de Ucrania del avión holandés lleno de doctores especializados en la cura del sida. Si la grandeza era esto, no es raro que la cola del león se enorgullezca de separar familias en la frontera sur. La intransigencia con los pobres y la debilidad con los poderosos es todo un rasgo de carácter.

No hace falta rascar mucho para saber que la potencia norteamericana le debe todo a apellidos como Einstein, Lubitsch, Rothko, Caruso o Nabokov. Todos residentes venidos de fuera cuando la fuerza residía en acoger. No es el único país en el que la bandera de la patria se utiliza para vendar los ojos. En la convención del partido más votado de España se usaron a mansalva los símbolos patrios, quizá para ocultar la falta de lucha contra tanto concurso amañado, tanta corrupción, tanto atajo académico. Si todos los que sostienen que van a volver a hacer a España grande se limitaran al menos a no empequeñecerla, ya tendríamos ganado la mitad del porvenir.

Ah, el porvenir. Tenemos el derecho de ser futuristas. Por eso cada día nos meten por los ojos que Amazon va a repartir sus envíos por drones teledirigidos, pero la realidad es que usan coches de usuarios en precario para entregar paquetería y la huelga de sus empleados delata que nos viene por delante otra ración de lo de siempre. Mientras Daniel Ortega tritura la memoria del sandinismo y Netanyahu dilapida la esforzada creación del Estado de Israel por la mera salvajada de no respetar los principios democráticos, se afianza la mentira como tradición histórica. En estos momentos, en muchos lugares del mundo hay gente soñando mentiras a las que va a conceder al despertar la categoría de ideales, de retos, de valores. Ojalá fueran insomnes. (El País, 24.07.18)

09 julio 2018

Adoctrinamiento

Ahora entendemos por fin la obcecación de la derecha española con la supresión de la asignatura Educación para la Ciudadanía, a la que acusaban de “adoctrinamiento socialista.” Se trataba de impedir que nuestros escolares aprendieran rudimentos legales básicos de nuestro ordenamiento constitucional, como la figura de la moción de censura para sustituir a un gobierno previa configuración de una mayoría alternativa. En nuestro sistema parlamentarista, al presidente de Gobierno lo eligen los 350 diputados y diputadas elegidos por los ciudadanos, no éstos directamente. Mantenerles ignorantes de esto les ha permitido estos días acusar a la izquierda de fraude o traición por el simple hecho de activar un mecanismo legítimo y democrático que debería enseñarse en dicha asignatura. Pero mantener a nuestros niños y niñas en la ignorancia de este aspecto de nuestra democracia permite manipularles fácilmente con esta reacción más propia de franquistas sin reciclar que creen que España es todavía de su propiedad. ¿Quién está adoctrinando aquí? Hace falta mucha pedagogía democrática todavía y una profilaxis en profundidad del franquismo residual. cmg2018

08 julio 2018