05 julio 2020

Iconos que un joven (gay) cosmopolita debe conocer


Por CARLOS MARTÍN GAEBLER

El gay contemporáneo, el homosexual salido del armario, vive, le guste o no, en una sociedad globalizada, no sólo en lo económico sino también en lo cultural. Si en nuestra era digital la cultura es un fenómeno internacionalizado, para el hombre gay moderno lo es aún más pues éste se construye a sí mismo sobre la obra o el legado de figuras mundiales cuya contribución a la libertad de las personas gays les ha convertido en iconos que aquél debe conocer. En este hipertexto me propongo presentar al lector personas eminentes y logros artísticos que han moldeado la vida y la cultura occidentales a partir de 1969, el año en el que algunos armarios empezaron a abrirse de par en par.



Empezar por Harvey Milk no es sino hacer justicia al primer cargo público electo en EEUU abiertamente gay. Su valentía para defender la causa de la igualdad de derechos le costó la vida, pues murió asesinado tras ganar el escaño de concejal por San Francisco. El y otros, como el también activista norteamericano Bayard Rustin, inauguraron la lucha política contra las legislaciones homófobas. Su vida fue llevada al cine en la excelente Milk, protagonizada por Sean Penn.

Si Marilyn Monroe se erigió en el símbolo sexual femenino para el hombre hetero de la segunda mitad del siglo XX, el actor Joe D’Allesandro fue sin duda el primer mito erótico occidental para generaciones de gays a partir de los años 70. Su participación en la trilogía fílmica del alternativo Paul Morrissey (Flesh, Trash y Heat) catapultó a este joven italo-americano como el primer chulazo de la historia del cine. Su rubia naturalidad y su generosidad epidérmica ante la cámara (desnudos integrales incluidos) siguen hoy cautivando a todo aquel ávido de contemplar la hermosura viril. Joe era el canon de belleza masculina sin necesidad de musculación, depilaciones ni demás marikonadas, con perdón.



El artista neoyorquino Keith Haring revolucionó el diseño gráfico en la década de los 80. Su obra, pletórica de alegría y colorido, parecía ilustrar aquel mantra del “Gay Is Good,” y su estilo particular creó escuela por doquier. Fue un creador comprometido con la denuncia de las injusticias sociales desde el apartheid hasta la homofobia, y sus grafismos, copiados hasta el infinito, forman hoy parte del imaginario de la sociedad globalizada.




En Europa la obra de los franceses Pierre et Gilles representa la apoteosis del kitsch como objeto estético y jovial.  Como resulta patente en su célebre retrato pacifista “Un monde parfait,” contribuyeron a crear un mundo idealizado pero posible, al menos en la imaginación del espectador. Sus barrocas fotografías retocadas son una de las más importantes aportaciones a la cultura popular de nuestro tiempo. Por otro lado, la obra fotográfica del norteamericano Robert Mapplethorpe ha sido fuente de inspiración para generaciones de artistas plásticos. Sus retratos, desnudos y bodegones son una celebración de la vida en blanco y negro y forman parte del acervo cultural del siglo XX. Mapplethorpe fue el pionero en retratar al hombre negro en todo su esplendor, más allá de rancias controversias moralizantes. Su legado hedonista pertenece por derecho propio al imaginario contemporáneo.


En la que podríamos denominar prehistoria gay hay que situar al brillante científico británico Alan Turing, el matemático e informático homosexual que durante la Segunda Guerra Mundial fue capaz de descifrar los códigos secretos de la aviación nazi, salvando así miles de vidas humanas. Imaginó la inteligencia artificial y creó una máquina precursora de los ordenadores actuales. Más tarde fue condenado a la exclusión social y denostado públicamente por su condición sexual. Las autoridades de su tiempo le aplicaron un “tratamiento” profundamente agresivo para “curar” su homosexualidad que acabó provocándole la muerte.




Beautiful Thing es la película que todos hubiéramos deseado y necesitado ver cuando éramos unos adolescentes invadidos por dudas y temores. Esta cinta británica de 1996 es hoy de obligado visionado para jóvenes en formación, pues ilustra el logro de la visibilidad pública y la belleza de la valentía gay. Otra historia de amor imprescindible es la magistralmente narrada por Ang Lee en Brokeback Mountain (2006): los vaqueros Jack Twist y Ennis del Mar son ya iconos del cine universal. Probablemente la mejor historia de amor entre hombres jamás filmada, Brokeback Mountain ayudó a cambiar la vida de muchos hombres armarizados en todo el mundo. La excelente película británica God's Own Country (2017), deudora de la anterior, ofrece un novedosa reflexión sobre la masculinidad masculina basada en la empatía, la ternura y la inteligencia emocional, en un historia situada medio siglo después de la ambientada en la America profunda de 1963.

La cultura pop arranca con la música electrónica de club que los británicos Pet Shop Boys empezaron a tocar allá por los años 80, cuando su primer éxito, West End Girls, les catapultó al estrellato. Con el tiempo, y con su casi himno gay Go West, el dúo formado por Chris Lowe y Neil Tennant, se han convertido en uno de los iconos musicales de la sociedad global, igual que le ocurrió al cantante George Michael, el blanco que bailaba como los negros, convertido hoy en luchador institucional contra la homofobia en el Tercer Mundo. Sus vídeos hedonistas y rompedores contribuyeron a engrosar la imaginería visual de la cultura pop internacional.


Finalmente, debo mencionar dos novelas imprescindibles en el imaginario homosexual: The Swimming Pool Library, del escritor británico Allan Hollinghurst, y The Lost Language of Cranes, del novelista norteamericano David Leavitt, quizás dos de los textos mejor narrados y más cautivadores que ha producido la literatura occidental de temática gay. Incluso traducidos, son dos títulos para disfrutar de la lectura en estos aciagos tiempos de prisas y gratificación inmediata. Los amantes de la belleza más intimista deben leer los sublimes Sonetos del amor oscuro, de Federico García Lorca, cumbre de la poesía homoerótica en lengua española.



Y como guindas deportivas sobre el pastel, deseo mencionar a dos deportistas que hoy en día son un referente de tesón y lucha para los jóvenes de todo el mundo: el saltador Greg Louganis, el deportista gay más laureado de la historia olímpica, y la tenista Martina Navratilova, la más grande de todos los tiempos, ganadora de 18 títulos (individuales y mixtos) en Wimbledon. Ambos tuvieron que luchar denodadamente contra la homofobia y el machismo enquistados en el deporte de alta competición y en al actualidad son un modelo a seguir por muchos y muchas atletas gays en su esfuerzo por visibilizarse y salir del armario. Ellos abrieron la puerta para que grandes deportistas contemporáneos dieran la cara, como hizo el británico Tom Daley saliendo del armario mediante un vídeo en YouTube.


La contemporaneidad nos ofrece compañías de danza tan innovadoras como la neoyorquina Madboots Dance, una compañía de hombres que celebran la identidad masculina en todos sus bailes. Fragmentos de sus hermosísimas piezas de danza contemporánea se pueden visionar en su sitio web. Puro gozo.

02 julio 2020

Una calle para el doctor Fernando Simón



En la semana en la que España entró en la nueva normalidad, el artista urbano Nean (Barcelona, 1990), acudió a la calle San Simón, en el madrileño barrio de Lavapiés. Allí, junto a la placa con el nombre de la calle, instaló un mosaico de más de 800 piezas que forma la cara del doctor Fernando Simón.

Nean es solo el nombre artístico de este catalán afincado en Alcorcón, que prefiere no revelar su verdadera identidad. "Quiero mantener mi anonimato como Banksy, porque me da libertad a la hora de poder crear. Me gusta que la gente no me tenga identificado, ni mis padres saben lo que hago", afirma. Tampoco quiere revelar el momento exacto en el que colocó su obra dedicada al doctor Fernando Simón, quien se ha convertido en un icono pop de la pandemia. Solo habla de fechas aproximadas –la semana del 22 al 28 de junio, cuando arrancó la nueva normalidad– y el método para hacerlo: primero, en casa, montó las 800 teselas que componen el mosaico que forman la figura del doctor. Tardó cerca de tres horas en pegarlas todas. Después, durante la noche, las colocó con ayuda de una escalera. “Quería hacerle un homenaje al personaje del momento”, cuenta.

14 junio 2020

Tumbar el Gobierno de coalición a cualquier precio

Tumbar el Gobierno de coalición a cualquier precio

  • Este artículo forma parte de 'La nueva teoría de la conspiración', el primero de una serie de especiales de infoLibre en colaboración con eldiario.es   13/06/2020

Jesús Maraña | Ignacio Escolar


El castillo de naipes con el que se quería culpar al Gobierno de las muertes por el coronavirus por no haber prohibido la manifestación del 8M se ha desplomado con la misma rapidez con la que se levantó. Tres meses y tres mil folios de instrucción después, la jueza ha descubierto una obviedad: que el Gobierno no mantuvo la manifestación del 8M a sabiendas de que miles de personas podrían enfermar. Solo desde el sectarismo más extremo se podía creer en una teoría de la conspiración así: que este Gobierno o cualquier otro fuese capaz de ocultar información a sus ciudadanos para que murieran. Todo para no perderse una manifestación donde varios de los miembros más destacados de ese mismo Gobierno y sus familiares también decidieron acudir. Feministas, homicidas y también suicidas, al parecer.
No había caso. Nunca lo hubo. Bastaba con repasar los datos de nuevos contagios y comprobar que fue el 9 de marzo, y no antes, cuando los médicos fueron conscientes de que la epidemia en Madrid se había disparado. O con revisar la hemeroteca, y leer lo que decían en esas fechas esos mismos medios que hoy culpan al Gobierno de no ver venir lo que pasó. O leer los diarios de sesiones del Congreso, y no olvidar que la oposición estaba más pendiente de Venezuela que del coronavirus. O recordar que el mismo Partido Popular que ahora culpa al Gobierno por permitir el 8M mandó una representación oficial a esa manifestación. O que ese mismo 8 de marzo, que es sinónimo de "muerte y enfermedad" según Santiago Abascal, Vox también celebró un mitin. Fue un acto, el de la extrema derecha en Vistalegre, donde sí hubo quien claramente incumplió las recomendaciones sanitarias: Javier Ortega Smith, que asistió a un evento multitudinario a pesar de que había estado en una zona de riesgo, como era entonces Milán.
Lo que ha ocurrido con este proceso judicial ahora frustrado no es simple casualidad. Como tampoco son inocentes esos informes llenos de errores, bulos y flagrantes manipulaciones que mandó al juzgado la Guardia Civil. O el escrito de ese médico forense tan cuestionable que eligió la jueza: un experto en psicoterapia y el tratamiento de personas con problemas afectivos, sin conocimiento alguno sobre epidemiología.
Si la jueza confiaba en los criterios de estos expertos, no se entiende que haya archivado la investigación tras recibir los informes donde directamente se acusa al Gobierno de gravísimos delitos. Y si la jueza no se los cree –cosa probable, basta con leerlos con una mínima atención– tampoco se entiende que no esté investigando ya unos hechos aún más graves que aquellos de los que se acusaba al delegado del Gobierno en Madrid, José Manuel Franco. Manipular la declaración de un testigo en una investigación judicial no debería ser impune, aunque lo hagan dos instructores de la Guardia Civil.
No es casual tampoco que sea el feminismo la palanca con la que la derecha une filas para atacar al Gobierno de coalición. Ni la virulencia de una legislatura que va a ser la más crispada de la reciente historia democrática. Todavía más aún que el precedente más cercano: el de la primera legislatura de Zapatero y la teoría de la conspiración del 11M.
"La crispación en la política española es como el Guadiana, vuelve cada poco", dice Zapatero en la entrevista con Daniel Basteiro que hoy publicamos. "Intentan la deslegitimación de un Gobierno de izquierdas" sobre la base de una "tragedia" y de "negar la evidencia". Todo por "no asumir las derrotas con deportividad y ejemplo democrático", resume el expresidente.
Entonces, igual que hoy, los líderes de la derecha no dudaron en utilizar a los muertos para sus batallas políticas. Poco importaba la verdad, el respeto por las víctimas, la convivencia pacífica o el interés general. En 2004 el PP acusaba a Zapatero de haber dado un golpe de Estado como el de Tejero o el de Pavía con un tren de cercanías. Hoy la escisión del PP por su extrema derecha tacha al gobierno de "ilegítimo", "homicida", "dictatorial" y "criminal", mientras el principal partido de la oposición ríe estas gracias cuando no las fomenta. No son solo excesos verbales. Es una reacción profundamente antidemocrática, propia de quienes solo respetan la soberanía popular cuando ganan ellos las elecciones.
Todo vale contra un gobierno ilegítimo, y en eso están también. Con el problema añadido de que la izquierda parece que gobierna de prestado, mientras la derecha es mayoritaria en casi todos los resortes del poder incluso cuando está en la oposición: las grandes empresas, la justicia, las fuerzas policiales, los grandes medios… Para eso les sirve esta extrema crispación: para extender entre sus partidarios en todos estos ámbitos la idea de que el fin justifica los medios. No es tampoco la primera vez, ni la segunda.
"La cultura de la crispación existió porque no había otra manera de vencer a González con otras armas", confesó el exdirector de Abc Luis María Anson en una entrevista publicada en 1998. "Había que terminar con Felipe González, ésa era la cuestión. Al subir el listón de la crítica se llegó a tal extremo que en muchos momentos se rozó la estabilidad del propio Estado. Eso es verdad. Tenía razón González cuando denunció ese peligro..., pero era la única forma de sacarlo de ahí".
Cambian los tiempos, las personas, los protagonistas… Da tantas vueltas la historia que hoy Felipe González está en el mismo bando de quienes entonces conspiraron contra él.
También cambian las coartadas morales de quienes tensan la convivencia hasta un extremo que pone en peligro la propia democracia. En aquella famosa entrevista, Anson se justificaba argumentando que "González bloqueaba algo vital en la democracia: la alternancia". "No salimos de 40 años de Franco para entrar en 30 años de González", decía el exdirector de Abc. Hoy la excusa es el Gobierno de coalición.
Para los principales líderes de la derecha española, la presencia de Unidas Podemos en el Consejo de Ministros es una provocación intolerable, agravada por el hecho de que esta mayoría parlamentaria también dependa de los catalanes y los vascos. Viven en una burbuja, la de los mejores barrios de Madrid, y no acaban de entender que esa España a la que tanto dicen querer no termina en la M-30. Y que el resto de los españoles tienen el mismo derecho a la representación política que quienes presumen de patriotas pero desprecian lo que su propia patria vota. Los pactos mayoritarios en el Parlamento no pueden ser una "traición a España". Es España, toda ella, quien está representada en esos escaños. Y todos valen igual.
El primer intento para tumbar al Gobierno de coalición por la vía rápida de los juzgados ha fracasado estrepitosamente. No va a ser el último ni tampoco la excepción. Ha pasado poco más de medio año desde las elecciones generales y nos espera una legislatura donde el 'todo vale contra el Gobierno' irá a más. Siempre va a más.
La crispación de la última legislatura de Felipe González fue un juego de niños comparada con la teoría de la conspiración del 11M que después se desató contra José Luis Rodríguez Zapatero. Contra Pedro Sánchez, contra Pablo Iglesias, cualquier precio les parecerá pequeño.
La crítica y el control de los Gobiernos son imprescindibles en una democracia. Más aún en momentos tan duros como los que estamos pasando. Pero conviene distinguir entre esa labor de fiscalización que tiene la oposición con operaciones para descabalgar a un Gobierno que algunos poderes han catalogado como ilegítimo desde el mismo día en el que nació.
Hay otro riesgo añadido: que la ausencia de una oposición responsable haga también irresponsable al Gobierno, porque pueda camuflar sus verdaderos errores con las mentiras de la oposición.
Por eso es tan importante la alianza entre infoLibre y eldiario.es que acabamos de anunciar. Hoy, más que nunca, necesitamos un periodismo fiable frente al ruido y la desinformación; medios de comunicación independientes, comprometidos y honestos. Y que los periódicos que dependemos de nuestros lectores y compartimos unos valores nos reforcemos mutuamente.
No es siquiera una disputa de la izquierda contra la derecha. No va de eso, no es tan pequeño. Se trata de defender la democracia frente a quienes desprecian la soberanía popular y conciben la patria como una finca particular en la que ellos siempre ostentan el mando único.

19 mayo 2020

RICOS

17 mayo 2020

A mi librería que cierra, a mis libreros que se jubilan

Por RAÚL SOLÍS

Mari Ángeles y Vicente se jubilan. Se jubilan mis libreros, los libreros de mi pueblo, quienes me recomendaron los primeros libros cuando tenía 13 o 14 años y era un adolescente perdido en busca de referentes, un homosexual autonegado que pensaba que nunca sería digno de ser amado y que miraba los libros de autores y temática LGTB de reojo por miedo a que sólo tocarlos o mirarlos me sacara del armario.
Se jubila la librería, mi librería, el proyecto romántico de dos madrileños víctimas de la destrucción industrial de los 90, no reconversión, que se tuvieron que reinventar con 40 años, arrastrando a sus dos hijos adolescentes, el dinero escaso de la indemnización, a 400 kilómetros y en Mérida, una ciudad mucho más pequeña y menos valiente que Madrid donde, por entonces, una presentación de un libro era una excentricidad.
Se jubila Mari Ángeles, la primera persona que supo decirme que era homosexual sin decírmelo, sólo recomendándome libros. Se jubila Vicente, quien me hizo saber que se podía ser de izquierdas, cristiano y tener una librería progresista y vender la Biblia.
Se jubila mi infancia y mi adolescencia, después de años de esfuerzo por sacar adelante un negocio poco lucrativo que se convirtió en un espacio cultural, que es lo que son todas las librerías, con el que Mérida, la pequeña ciudad donde nací y crecí, se hizo más grande, más culta y menos provinciana.
Todavía recuerdo los escaparates de película francesa que montaba Mari Ángeles con todo su cariño y delicadeza, el olor de las estanterías de madera, ‘El guardián entre el centeno’‘Réquiem por un campesino español’‘La voz dormida’ de nuestra querida y paisana Dulce Chacón, a la que tanto lloramos cuando murió y con la que gritamos ‘No a la guerra’, o las tertulias sobre política, lo divino y lo humano que montábamos alrededor del mostrador, callándonos educadamente cuando sospechábamos que el lector que entraba no era de nuestra cuerda ideológica. Y aquella biografía de La Pasionaria.
Me acuerdo como si fuera ayer cuando volví la primera vez a Mérida, después de irme fuera a vivir, y lo primero que hice fue acercarme a visitarlos. Era, junto a mi madre, lo que más había echado de menos. Luego me tiré años sin verlos y, cuando fui nuevamente, me temblaban las piernas mientras cruzaba el umbral hacia el reencuentro. Allí estaban, a pesar de los años, seguían siendo los mismos, con más arrugas, más cansados de luchar, hartos de la precariedad y aburridos de que se lea tan poco. Nos dimos un abrazo de esos largos por los que te pasa toda la vida que el coronavirus nos ha prohibido. Pareció que nos habíamos visto el día anterior, que yo volvía a tener 15 años y era otra vez aquel adolescente temeroso que entraba en la librería a buscar seguridades y esconderme del mundo de afuera que tanto me dolía.
También recuerdo el día que presenté mi libro en la librería, el año pasado, delante de mi padre y de mi madre, mis tíos, mis hermanos y mis amigos de toda la vida, y nos marcamos un discurso sobre la libertad sexual que me sirvió para salir del armario delante de todo mi pueblo y de mi madre, que nunca pudo leer un libro porque la sacaron de la escuela para ponerla a trabajar cuando tenía edad de jugar.
Mari Ángeles y Vicente se jubilan, cierran la librería después de casi 30 años años de esfuerzo por sacar adelante un negocio con poco margen de beneficio para los libreros, los autores y los editores y en el que las grandes distribuidoras se apropian del 50% del libro sólo por ponerlo encima de una estantería. Se jubilan sin que haya una Ley del Libro que proteja el trabajo de los libreros ante la amenaza de una ciudad sin librerías, llena de repartidores esclavos de una gran multinacional.
La próxima vez que vuelva a Mérida me sentiré más forastero, más extraño, más lejano y ajeno. Pasaré por la librería, me pararé en el escaparate vacío, veré un cartel de ‘Se alquila’ y el local vacío, sin libros ni estanterías, sin Mari Ángeles, sin Vicente  y notaré de golpe la orfandad.
Necesito despedirme del espacio pero, sobre todo, lo que me hace mucha falta es que Mari Ángeles y Vicente sepan que han sido importantísimos en mi vida, que me hicieron libre antes de que yo gritase al mundo que quería serlo, que sus recomendaciones me dieron calor durante una adolescencia en la que sentí mucho frío, que me salvaron de muchos demonios, que le agradeceré de por vida que me permitieran sacar libros fiados que pagaba en cuanto podía, que siempre serán mis libreros y mi librería, que aún guardo como oro en paño ‘El guardián entre el centeno’, que los echaré de menos, que parte de lo que he vivido, de lo que soy y de lo que he amado se lo debo, que los quiero como se quiere a quienes nos han hecho libres. 
(LA ÚLTIMA HORA NOTICIAS, 17 de mayo de 2020)

Éxito de lo banal

Por VICENTE VERDÚ
El País, 2 de mayo de 2002

Pierre Bourdieu hablaba de nuestra época como el tiempo de 'sublimación de lo banal'. Sublimación, éxito de lo banal, lo mismo da. Cuando ahora se produce la victoria de Le Pen en las presidenciales francesas el resultado se tiene por un impronosticable horror. Más que eso: significativamente se le denomina seísmo u otra figura de las catástrofes que tienda a presentarlo como un hecho sin fundamento, proveniente de la locura o la lógica sin razón. Una catástrofe o un desenlace sin enlace con la realidad.

Sin embargo, el éxito lepenista es bien real. El voto otorgado a sus propuestas (desde la tolerancia cero a la pena de muerte, desde la negación de la nacionalidad a los extranjeros a la exultación de nuestra condición) traduce el deseo inmediato de su electorado. No un electorado supuestamente volcado a la derecha sino compuesto también por trabajadores y parados subversivos. Muchos de ellos mayores de 50 años pero otros no, ciertos ex comunistas, representativos en grupo de lo normal.

Una semana antes L'Express publicó un reportaje sobre la nueva sociedad francesa que tituló 'El triunfo de la mediocracia'. Pero esta mediocracia no era de derechas ni de izquierdas, no era medio rica ni medio pobre, no era muy crítica ni poco. Era la comunidad. Una comunidad que hoy se define por la mayor audiencia ante el televisor y que en España ha exaltado Operación Triunfo o Gran Hermano y que ha propiciado las secuelas de El bus, Supervivientes y la tan insufrible Confianza ciega.

Instruida la mediocracia entre María Teresa Campos y Crónicas marcianas, entre Sabor a ti y Grandiosas, ¿cómo pensar en la política, en la complejidad multicultural, en los trastornos étnicos, en cualquier elemento que perturbe la distracción? La mediocracia no sólo se alimenta de la mediocridad sino de un caldo tibio, ni caliente ni frío, que aspira a no ser alterada por la menor agitación y se complace en las olas de la banalidad.

Las mujeres españolas suelen quejarse de la desbordante oferta futbolística en nuestra televisión pero definitivamente la televisión se ha feminizado casi totalmente y lo ha hecho dentro de su nivel más mórbido. De la mañana a la noche, la televisión feminizada danza entre el cultivo de lo banal y el aderezo de las sobremesas que empiezan con Betty, la fea. Todas esas historias de amor y cotilleo instruyen día a día sobre lo que merece ser televisado y sobre lo que, en definitiva, la población asume sin parar. Su defecto no es la trivialidad sino, por el contrario, la trivialidad es su máxima golosina. En las tramas y subtramas de los personajes, desde Belén Esteban a Carmina Ordóñez, nada ocurre que no sea superficial y gracias a ello la satisfacción resbala y se reparte por los hogares. El pase de un argumento a otro opera, ante el espectador, como los hipnóticos pases de moda, donde el tránsito sin consecuencias se prolonga sin concluir jamás. Pasan las cosas una tras otra sin que pase nada profundo mientras la sensación deja a los cuerpos pulidos de inquietud, banalizados a imagen y semejanza de la imagen.

El voto a Le Pen o a cualquier opción que se le parezca podría parecer, a primera vista, una apuesta fuerte. Pero podría ser pronto la consecuencia de un dejar estar y de obrar siguiendo las pulsaciones más cómodas del corazón, del Corazón de invierno, del Corazón de primavera. Cada estación, día tras día, el corazón queda atendido por una feliz sucesión de bobadas que como médulas van reproduciéndose y poblando la memoria de historias y cuentos sin dimensiones. Nunca el hombre o la mujer sin atributos que se temía para los tiempos de bajo entusiasmo ha tenido una colaboración más eficiente que la mediocracia del televisor. La convicción se debilita confortablemente, la inteligencia se alabea y el sentido de la crítica pierde prestigio ante el impagable regalo del sinsentido, la mitología de lo más banal, la degustación de lo que no importa nada de nada como signo superior del bien y el mal.

06 mayo 2020

Duane Michals, el fotógrafo novelista

Un hombre yendo al cielo / A Man Going to Heaven 

(Duane Michals, 1967)

Duane Michals - A man going to heaven - 1
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Duane Michals (McKeespot, Pensilvania, 1932) es un fotógrafo novelista, pionero en la redacción de singulares fotonovelas, que cuenta historias, cargadas de argumentos literarios, que narran visualmente lo que más directamente le atañe al ser humano: la reflexión en soledad, el erotismo, la falta de comunicación, la muerte... Sus secuencias fotográficas, autorretratos, retratos y textos posiblemente sean el más fiel resumen de la globalidad de su producción convertidas en el paradigma de un hacedor de imágenes ligadas a la literatura. Sus registros son palabras hechas fotografías. Sus secuencias, pletóricas de mitos y obsesiones, incorporan la palabra -caligrafiada en sus márgenes- sincrónicamente, reforzando las escenificaciones que fabrica y añadiéndoles "placeres e inquietudes", a la vez que "nuevas maneras de ver", como escribió acertadamente sobre ellas Michel Foucault. Michals no inventó la secuencia fotográfica, pero la ha impuesto en nuestro tiempo. (M.F.)


El Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía expuso una muestra antológica de la obra fotográfica de Duane Michels en 1998.

02 mayo 2020

Cachorro Lozano: El hombre y el artista

Por CARLOS MARTÍN GAEBLER


Cuando conocí la obra multidisciplinar de Cachorro Lozano en Instagram quedé deslumbrado por la frescura de sus dibujos y por la rebeldía insinuante de sus autorretratos. Cachorro Lozano (Bilbao, 1993) es un artistazo de la cabeza a los pies, literalmente, pues crea una iconografía doble: por un lado, celebra la sexualidad masculina dibujándola con sus gruesos lápices de cera MANLEY; y, por otro lado, se autorretrata o deja retratar, cual fauno hedonista, en poses sugerentes, regalando al espectador el esplendor de un cuerpo de belleza cruda, sin depilaciones. Reivindica la belleza masculina en su estado natural, y pinta las pollas más bonitas de la iconografía de nuestro tiempo (mi obra es muy falocéntrica).


Cuando acabó sus estudios de Bellas Artes en Bilbao, Lozano se trasladó a Madrid en 2015 para realizar un master en Práctica Escénica y Cultural Visual en el Reina Sofía. La vida en la estimulante metrópoli supuso la eclosión de su talento artístico. Su obra heterodoxa evoca el trazo desenfadado del desaparecido Juan Botas, el colorido de Keith Haring, o las morfologías de Oscar Mariné. Sus dibujos y sus poses parecen remitirnos al hedonismo ochentero de la Movida, como si fueran el eslabón perdido que entroncase con aquella década prodigiosa que ahora, en estos oscuros tiempos de involución, nos parece tan lejana. Carpe Diem.


Su obra fotográfica es claramente autorreferencial: Trabajo con diferentes fotógrafos y mucho autodisparo. Hay algo en el formato de lo auto, de la construcción de uno mismo consigo mismo, que me interesa mucho como material artístico más allá de la mirada externa.” Su corpus fotográfico es una celebración del amor entre hombres que ya no necesita esconder ni su nombre ni su imagen, y es, en definitiva, un acto de rebeldía, una reivindicación del homoerotismo y de la identidad masculina (vello incluido). “Me disparan a menudo, y capturan muy bien el erotismo que siento, Analógico (Barcelona) y Caín Q (Madrid), dos fotógrafos a los que adoro.” También le han fotografiado Rey Badesan en México, Carlos Torreblanca y Alejandría Cinque en Madrid, o el holandés Paul Sixta en Barcelona.


En esta época de puritanismo epidérmico, la obra de este instagramero hipernarcisista es una celebración de la belleza viril, exaltación de una sexualidad radicalmente libre. Cachorro Lozano es su propia obra de arte, pues hace de su cuerpo un objeto estético y sensual. La figura de Joe D’allesandro, megaicono erótico de los años 70 y 80, cuyos hermosísimos posados marcaron época y abrieron el paso a la exhibición descarada del cuerpo masculino desnudo, es precursora de la renovada iconografía marica de Lozano. Su lenguaje explícito plantea un contrapunto masculino al cuadro L'Origine du monde pintado por Gustave Courbet, obra que ya en el siglo XIX derribó el tabú de la representación artística del sexo humano.




Gusta el artista de acompañar algunas de sus obras de textos, en castellano o en inglés, que son pura poesía minimalista y que escribe con una exquisita caligrafía que remite a los colores del arco iris. Su gran conocimiento de la lengua inglesa (mis padres tuvieron el acierto de inscribirme en una academia de inglés a los cinco años en vez de apuntarme a un club de fútbol) le hace un creador bilingüe. Me encanta trabajar con textos, y, a menudo, incluyo algún minipoema o frase para contextualizar mis dibujos, pues le dan otra perspectiva a la obra, menos visual, más conceptual.”


El artista y el exhibicionista que comercia con su propia imagen se superponen en la obra de Cachorro Lozano, un artista global made in Spain, cuyas creaciones y actitud vital son un antídoto necesario contra el oscurantismo, contra la glorificación religiosa de la virginidad, y contra el miedo al sexo de tantos hombres que viven escondidos en el ciberarmario. A steady fuck is good for you• cmg2018
PD: En 2019, Cachorro Lozano protagoniza, junto a su pareja, Alejandría Cinque, el ardiente cortometraje erótico para adultos Serodiscordantes, una historia, viril y tierna a un tiempo, que presenta, de forma explícita y hedonista, la vida de dos amantes reales. El amor es sexo. El sexo es amor.