24 junio 2026
T11, un cineclub ciudadano
13 junio 2026
Ágora
Por LAURA HOJMAN
elDiario.es, 12 de junio de 2026
| El Riviera, uno de los muchos cines de verano que hay en Atenas. Foto: Miguel Jiménez |
Escribo desde Atenas, donde participo en el Festival LEA (Literatura en Atenas) y donde presento estos días mi documental Un hombre libre, además de participar en diversas charlas sobre creación y cultura.
Entre las muchas cosas que me han emocionado estos días, sin duda, una de ellas es hablar sobre narración, palabra y pensamiento en la ciudad que inventó el marco para hacerlo. Me impresiona tanto estar aquí, que les confieso que las lágrimas me han caído en más de una ocasión mientras paseo por este maravilloso lugar del mundo.
No les aburriré contándoles cómo se estremeció mi corazón hasta quedarme casi sin habla al subir a la Acrópolis y tener ante mis ojos uno de los mayores hitos de nuestra civilización. El Partenón es un símbolo del pensamiento, de la belleza, las matemáticas, el arte, la arquitectura, la razón… y eso me emociona. Eso, y que una estudió Historia del Arte en la época pre internet y lo había examinado hasta la saciedad a través de fotocopias.
Pero como les decía, no les contaré batallitas de historiadora romántica. Bajaré de la Acrópolis para hablarles de algo que ha llamado poderosamente mi atención. Empezaré con tres ejemplos.
En 1997, el Ministerio de Cultura declaró los cines de verano históricos como monumentos culturales protegidos, prohibiendo cambiar el uso comercial de sus edificios y espacios
Uno. Los cines de verano. La ciudad está plagada de ellos. Se encuentran en pequeñas azoteas, solares, plazas, parques, jardines… Algunos, como el Cine París, donde, por cierto, se proyecta hoy Amarga Navidad, de Pedro Almodóvar, tienen sus orígenes en los años veinte y han sobrevivido a lo largo de las décadas, de las crisis económicas, del auge de las plataformas y de todo tipo de inclemencias. Dentro huele a jazmín y a cerveza fría. Sus muros se recubren con buganvillas y los precios son populares. Están llenos de gente. Un dato. En 1997, el Ministerio de Cultura declaró los cines de verano históricos como monumentos culturales protegidos, prohibiendo cambiar el uso comercial de sus edificios y espacios, impidiendo que estos solares puedan ser vendidos para construir hoteles, centros comerciales o bloques de pisos.
Dos. Los teatros. Atenas es la ciudad con más teatros por metro cuadrado de toda Europa. Son casi 300 los espacios dedicados a la escena teatral, contando las salas independientes. Es inevitable pensar que esta ciudad inventó el teatro tal y como lo conocemos hoy, y me vuelvo a emocionar recordando que hace dos días pisé el primer teatro del mundo, situado en la ladera de la Acrópolis. En el teatro de Dionisos se estrenaron Lisístrata, Medea,
En el año 2009, los mismos vecinos ocuparon un aparcamiento abandonado, rompieron el asfalto con picos y plantaron árboles frutales, adelfas, olivos y huertos comunitarios
Tres. Los árboles. Uno de mis barrios favoritos de la ciudad es Exarchia, un lugar con una fuerte tradición anarquista y de lucha vecinal. Una de las cosas que más me llaman la atención al pasear por sus calles son los árboles. Hay muchísimos y sin ningún criterio ni planificación. Un naranjo al lado de un granado y al lado un eucalipto y así hasta formar un hermoso paisaje desordenado que aporta sombra y un oasis de frescor en los casi cuarenta grados que alcanza la ciudad. Esto permite que la gente pueda estar en la calle, tomando algo en las numerosas terrazas de los cafés, paseando, charlando. Un amigo del barrio me cuenta que son los propios vecinos los que plantan los árboles cada vez que se queda un hueco. En el año 2009, los mismos vecinos ocuparon un aparcamiento abandonado, rompieron el asfalto con picos y plantaron árboles frutales, adelfas, olivos y huertos comunitarios. Crearon el parque Navarinou, un pulmón verde autogestionado con juegos para niños y espacio para reuniones comunitarias.
Habrán notado un hilo común en estos ejemplos, el espacio comunitario, las plazas donde estar y encontrarse, la ocupación de los lugares para la reunión.
La democracia nació del ágora, la palabra viene del verbo griego ageirein, que significa “reunirse”. Cada vez que cierren un cine, la plaza de su barrio se convierta en un parking, talen los árboles de su calle y los viejos comercios o cafés se conviertan en hoteles y pisos turísticos, recuerden esta palabra: ágora. El espacio donde reside la democracia.
10 junio 2026
Primera sesión de cortos en la Asociación Adriano Antinoo (enlaces)
28 mayo 2026
VO: La voz humana
Postdata para españoles nacionalistas: Escuchar películas españolas que han sido rodadas en catalán, vasco o gallego dobladas al castellano denota incultura, genera desafección y alimenta, lógicamente, el sentimiento secesionista. Es un hábito torpe que no respeta la riqueza idiomática de un país con cuatro lenguas vivas que son patrimonio de todos. Negarse a oír estas películas españolas en su lengua vernácula, con subtítulos en castellano, revela pobreza cultural y estrechez mental. Como pegarse un tiro en el pie. cmg2005
15 abril 2026
Europa en 25 líneas
Diario de Sevilla, 4 de febrero de 2005
¿Qué es Europa?
Europa es ese lugar donde no existe la pena de muerte.
Europa es seguridad social universal y laicismo.
Europa no son razas ni culturas, sino valores.
Europa no es un club cristiano, y algún día los turcos cabrán en él.
Europa son doce estrellas doradas sobre un azul de Beethoven.
Europa está en el aire que respiramos.
Y en el "Liberté, Égalité, Fraternité" de nuestras monedas.
Y en los puentes de euros que nos acercan y nos igualan.
Europa es concienciación medioambiental.
Europa es una forma de hacer cine.
Es amar los subtítulos y las bicicletas.
Y saber ver amores desnudos en pantallas sin censurar.
Europa son las veinte lenguas (y+) del Parlamento de Estrasburgo.
Europe is all that we have in common.
Europe is what unites us when we live in North America.
It is a state of mind that binds us.
Europa ist auch das Erasmus Programm, natürlich.
Europa es viajar sin pasaportes ni visados.
Europa es solidarizarse con palestinos y cubanos, con saharauis e iraquíes.
Europa es ¡NO A LA GUERRA!, STOP THE WAR!
Europa es donde Pablo y Juan se pueden casar si lo desean.
En Europa no se invoca a los dioses para ganar unas elecciones.
Y aquí ningún homófobo ni ningún machista puede ser comisario europeo.
Europa somos todos porque no sobra nadie.
Estamos en construcción, mais l'Europe, j'adore!
08 marzo 2026
Los amantes astronautas: homoilustración y comedia
Los diálogos entre Maxi y Pedro, los "amantes astronautas", van escalando desde la broma a la ternura y finalmente hasta el amor. Surge química entre los protagonistas masculinos desde la primera escena.
Berger escribe un guion coherente, impecable, que pone en boca de sus actores para reflexionar lúdicamente sobre qué es lo gay, qué es lo hetero, la bisexualidad y los roles sexo-afectivos que fluyen. Homoilustración servida con mucha comicidad.
Marco Berger es un maestro escribiendo diálogos ingeniosos (como el picante cara a cara en el videoclub, o el inteligente oxímoron a partir de la nariz de Pinocho). En esta ocasión, el director argentino logra sorprender de nuevo trazando un planteamiento argumental originalísimo, que prefiero no desvelar. Una película divertida, dialéctica y locuaz para ver una y otra vez. Ojalá se filmaran más películas conjuntas entre ambos lados del Atlántico.
Me parece un milagro que esta cinta sea una realidad (se estrenó en BsAs en 2024, aunque aún no ha llegado a salas de cine en España) dado el oscuro panorama actual del cine argentino, amenazado por el monstruo de la motosierra.● 115 min.
Artículo relacionado: Marco Berger sobre su cine
02 noviembre 2025
Cómo la actual etapa asexual de Hollywood puede afectar a nuestras fantasías eróticas
La caída de las escenas subidas de tono en el cine y las series puede dejar a las audiencias sin modelos eróticos de comportamiento. Entre las causas, el fácil acceso a la pornografía y el encarecimiento de los rodajes con la figura del coordinador de intimidad.
Por Rita Abundancia
El País, 28 de ocubre de 2025
La historia de Hollywood ha tenido todo tipo de relaciones y comportamientos en torno al sexo. La industria ha sido pudorosa, aventurera, picante, seductora, pacata, obsesiva, romántica, juguetona. Generaciones y generaciones de espectadores crecieron viendo esas escenas, más o menos explícitas, y es casi seguro que en algún momento de sus vidas adoptaron algunas de las actitudes erótico-sexuales que la gran pantalla proponía. Durante mucho tiempo, y antes de que la pornografía se popularizara, el cine era la única ventana de fácil acceso que se abría al mundo de la intimidad entre dos o más personas.
Es muy probable que el ya mítico beso en el coche, cuando una pareja que empieza a conocerse se separa tras pasar una velada juntos, y que da el pistoletazo de salida a una posible relación, se lo debamos a los guionistas y no a nuestra iniciativa en materia de seducción. Porque durante mucho tiempo, el cine sirvió para copiar modelos de comportamiento (también en el terreno erótico y sentimental), o para fantasear con las actrices y actores de Hollywood, que parecían haber sido fabricados con un control de calidad mucho más exigente que el del resto de la población.
Últimamente, sin embargo, el cine parece abrazar la asexualidad. Las escenas subidas de tono, herederas de los prometedores dos rombos de antaño, han desaparecido de los guiones bajo la nueva filosofía de que el sexo ya no vende; y los que ahora van al cine están más interesados en la acción, los efectos especiales, el gore o los superhéroes.
Un estudio realizado en 2024 para The Economist por Stephen Follows, productor audiovisual, analista y consultor de la industria cinematográfica, revela que el sexo y las escenas con desnudos han descendido notoriamente en la industria audiovisual. En concreto, hasta un 40% desde el inicio de siglo. El trabajo añade, además, que las películas que no contienen ningún tipo de desnudo o escena sexual han pasado a ser el 50%, en comparación con el 20% que había en el año 2000. Y recalca que en las cintas de acción o thrillers este porcentaje sube hasta el 70%.
Atrás ha quedado esa fe ciega que Hollywood tenía en ese erotismo para todos los públicos, en esas películas escándalo, tan propias de los ochenta y noventa, en las que la gente iba a contemplar el prometedor striptease de Kim Basinger en Nueve semanas y media (1986) o comprobar si, efectivamente, se le veía algo a Sharon Stone cuando cruzaba las piernas en Instinto básico (1992). Escenas que, generalmente, quedaban en un coitus interruptus, pero que servían para publicitar el filme a bombo y platillo y atraer a la audiencia.
“En Hollywood hay un antes y un después del movimiento Me Too”, cuenta Juan Luis Sánchez, periodista, escritor y crítico de cine en DeCine21.com, “porque concienció a la gente de cómo la industria se aprovechaba de las mujeres, de la profusión de desnudos femeninos (que no de masculinos) y del papel de muchos productores, que abusaban de las actrices, y no solo Weinstein. Y como consecuencia de este escándalo surgió la figura del coordinador de intimidad, un profesional que debe estar presente durante el rodaje de escenas tórridas para que todo se haga de manera correcta y con consentimiento. Todo esto encareció mucho las escenas de sexo, porque se tardan más en rodar". A lo que Sánchez añade: “Sin contar también con que los actores piden más garantías y cláusulas a la hora de filmarlas. Si a esto le sumamos el hecho de que el ansia por ver sexo puede ser saciada de inmediato con la pornografía, entenderemos por qué el cine comercial se ha vuelto tan casto”.
Sin sexo en el cine, en las series y en la literatura
En un primer momento, la sexualidad, al no verse ya bienvenida en la gran pantalla, emigró a las series, que se llenaron de momentos libidinosos y explícitos. Como apunta Sánchez, “la productora HBO se caracterizó por cargar las tintas en este asunto. Estaba Juego de tronos, que en sus primeras temporadas abusaba de las escenas de cama, aunque estas se fueron suprimiendo con el paso del tiempo. En Los Soprano había siempre que meter el local de striptease, aunque fuera con calzador, para que saliera una mujer desnuda. Sin embargo, ese destape también llegó a su fin en la mayoría de las series. Actualmente, Euphoria, de temática adolescente, y The Boys y Gen V, en torno a los superhéroes, son las series que contienen más escenas sexuales, pero es un tipo de sexo más marginal, con orgías y brutalidades”, aclara el crítico de cine.
Y, si en el universo audiovisual se echa de menos algo de lujuria y romanticismo, en el de las letras ocurre algo parecido, aunque 50 sombras de Grey haya logrado excitar las libidos más pedestres y sin muchas exigencias literarias.
Pedro Antonio Curto es periodista y escritor. También de novela erótica. Con Los amantes del hotel Tirana (Ediciones Irreverentes) ganó el IV Premio Ciudad Ducal de Loeches, y Los viajes de Eros y El tango de la ciudad herida son dos de sus obras eróticas que figuran en las mejores antologías de este género. “La pornografía se ha comido al erotismo en el cine y también en la literatura”, apunta. “El porno está asociado a la imagen, mientras el erotismo está más ligado a profundizar, a provocar sensaciones. Es algo más sutil que se está perdiendo. La sensualidad en el cine ha contribuido a crear el imaginario erótico, nos ha ayudado a fabricar nuestras fantasías, porque la imagen es siempre muy potente. Pero no debe ser demasiado explícita porque debe dejar su lugar para que la imaginación trabaje”, sentencia el también ganador de diversos premios literarios, entre ellos el Premio Internacional de Periodismo Miguel Hernández.
Curto reconoce que el cine le ha influenciado mucho en su labor de escritor erótico. “Recuerdo películas que me han marcado, como El imperio de los sentidos (1976) o El amante (1992); pero la literatura erótica es, a día de hoy, algo muy marginal. Ya no hay grandes colecciones de este género. Quizás ahora tiene más tirón el cómic erótico, pero porque es más visual y se acerca al porno”.
¿Ha cambiado la idea de lo que es erótico?
Los sexólogos suelen recomendar libros y películas eróticas a sus pacientes, por eso deben recurrir a ediciones como La Sonrisa Vertical o a cintas de veinte años atrás. “Lo que resulta más complicado aprender en sexualidad no son las prácticas sexuales, sino la parte erótico-sentimental, porque el erotismo es algo que tiene que ver con la intencionalidad de provocar excitación en el otro. Es algo sutil y creativo, donde el tiempo es determinante, porque no es cuestión de ir directamente al acto sexual sino recrearse en todo lo que hay alrededor, por eso se habla también de juego”, explica Francisca Molero, ginecóloga, sexóloga clínica y terapeuta del Centro Máxima, en Barcelona. “Este aprendizaje lo hacemos sobre todo a través de modelos, de conductas que vemos en otras personas, o en artes, como el cine o la literatura”, sostiene quien además es directora del Instituto Iberoamericano de Sexología y miembro de la Academia Internacional de Sexología Médica.
“Sin embargo, últimamente, el erotismo está cada vez menos presente en la sociedad, y parte del trabajo del cine es reflejar lo que está ocurriendo en el momento actual”, continúa Molero, también presidenta de honor de la Federación Española de Sociedades de Sexología (FESS). “Los jóvenes tienen menos relaciones sexuales que sus padres o abuelos, y no solo con otras personas sino consigo mismos. Les cuesta conectar, comunicarse, fantasear. Claro que también cabe preguntarse si el concepto de lo que es erótico ha cambiado. Tal vez lo que a nosotros nos parecía erótico cincuenta años atrás ya no lo sea para las nuevas generaciones, que lo encuentran en los bailes latinos (bachata o kizomba) o en el sexting. Lo que es seguro es que sin la dimensión erótica nos estamos perdiendo algo muy importante, yo diría que la esencia del placer”.
Mientras el deseo, empachado de fast food e imágenes explícitas, anhela bocados más gourmets, Juan Luís Sánchez responde sobre si la erótica volverá a la gran pantalla: “Seguramente. El wokismo está en franca recesión y cuando desaparezca volverá una nueva época de sexo, de imágenes libidinosas, no solo para un pequeño porcentaje de la población, sino para la gran mayoría”.
24 octubre 2025
Ander
Se llama Festival DE CINE EUROPEO de Sevilla
Por CARLOS MARTÍN GAEBLER
De la noche a la mañana, el Festival de Cine Europeo de Sevilla ha cambiado su nombre y ha pasado a llamarse simplemente Festival de Sevilla, para sorpresa de cinéfilos, ilustrados y europeístas de pro. Y no solo eso. El acrónimo SEFF, una marca ya incorporada a la nomenclatura cultural de la ciudad y al circuito internacional de festivales, ha desaparecido en esta vigésimo primera edición de toda la cartelería relativa al festival.
El mismo día de la inauguración tuve ocasión de toparme con Manuel Cristobal, director de la presente edición del certamen, en el vestíbulo del hotel Plaza de Armas y de preguntarle sobre esta cuestión, argumentándole que, el festival de cine europeo aporta cada año nueve días de cosmopolitismo y multilingüismo a una ciudad rancia y provinciana como es Sevilla. Le recordé que, mientras que el festival de Málaga está especializado en programar cine español, el de Sevilla tiene vocación de exhibir cine producido en Europa o por europeos, y que ambos festivales se complementan perfectamente.
Aunque mi interlocutor, que insistía una y otra vez en que le tuteara, decía entender lo legítimo de mi razonamiento, me explicó, poniendo el dedo sobre la portada del programa de mano en la palabra Sevilla, que al nuevo equipo organizador del festival le interesaba, sobre todo, "promocionar la ciudad." Literal. ¿Pretende este Ayuntamiento utilizar el festival de cine para incrementar la turistificación que ya padece la ciudad? ¿Realmente necesita Sevilla más promoción aún? Saque el lector sus conclusiones.
En este punto debo reivindicar a tantos profesores y profesoras que en estos últimos veinte años hemos aprovechado la existencia del Seville European Film Festival (SEFF) y su carácter plurilingüe para promover la afición al cine en versión original entre nuestras alumnas y alumnos de lenguas extranjeras. Esta exposición al multilingüismo no debe caer en saco roto precisamente en una sociedad poco dada a hablar idiomas distintos del castellano. Demos la batalla por que nuestro festival siga mostrando sin complejos ficciones creadas por cineastas europeos o producidas por entidades europeas en cualquier lugar del mundo (el festival, además, está cofinanciado por la UE) para que las podamos visionar y escuchar en el próximo Festival de Cine Europeo de Sevilla 2025. cmg2024
Cine español y plurilingüismo
18 julio 2025
El cine como arma para no olvidar: las películas sobre la Guerra Civil que la derecha no quiere ver
Para no olvidar lo que ocurrió el 18 de julio de 1936 y evitar que se repita la barbarie que desencadenó, el cine recuerda aquellos tiempos negros con magníficas películas.
Por BEGOÑA PIÑA
Público, 15 de julio de 2025
La derecha se desgañita indignada cada vez que en este país se anuncia el estreno de una película sobre la Guerra Civil. "Otra de la Guerra Civil" es la aburrida coletilla que se escucha sin descanso. Y, sin embargo, siempre que el cine dedica una historia a esta guerra, que fue salvaje y sangrienta y que abrió la puerta a décadas de una feroz dictadura, el público responde y la recibe con los brazos abiertos. Estos días no hay un nuevo título sobre el tema que llegue a las salas, pero los que aterrizan en ellas lo hacen el 18 de julio. Así que aprovechamos el aniversario de esta fecha nefasta, para disgusto y rabieta de los ultras que quedan en España, para recordar las mejores películas que se han hecho sobre la Guerra Civil.
Probablemente, estos reaccionarios sigan pensando que los hombres y mujeres que combatieron contra las tropas franquistas y lucharon [por la democracia] contra la dictadura fueron unos monstruos. Engendros como el Frankenstein que servía de extraordinaria metáfora a Víctor Erice en su inmensa El espíritu de la colmena (1973), que reflejaba el miedo de una sociedad empobrecida y desgarrada por la guerra. Fascinante y hermosa, es una de las más grandes películas del cine español, que se mereció la Concha de Oro en el Festival de San Sebastián y que encumbró a su creador para siempre.
Fernando, el padre apicultor que pasaba las noches escribiendo un pasaje de La vida de las abejas, de Maurice Maeterlinck -que describía "ese espíritu todopoderoso, enigmático y paradójico al que las abejas parecen obedecer, y que la razón de los hombres jamás ha llegado a comprender"-, estaba en manos del portentoso Fernando Fernán-Gómez, que volvería a enriquecer con su trabajo otras películas sobre la guerra y la dictadura.
Fernando Fernán-Gómez
"Si conseguimos que una generación crezca libre en España, nadie les podrá arrancar nunca la libertad, nadie les podrá robar ese tesoro", decía el maestro Don Gregorio (Fernán-Gómez) en La lengua de las mariposas, una película hermosa, ambientada en un pueblo de Galicia en el invierno del 36, y en la que se reunieron unos cuantos nombres ilustres. Adaptación de un cuento del libro ¿Qué me quieres amor? de Manuel Rivas, el guionista fue Rafael Azcona (ganador del Goya por este trabajo), José Luis Cuerda dirigía, Javier Salmones hizo la fotografía y Alejandro Amenábar firmó la banda sonora.
"He hecho una película sobre la libertad, la dignidad y la supervivencia", dijo Cuerda en una presentación de la película, una historia que rendía homenaje a las maestras y maestros de la II República, represaliados brutalmente por el franquismo, y con la que denunciaba el rencor, el miedo y el enfrentamiento que la guerra había instalado en España.
Era también Fernando Fernán-Gómez el protagonista de Vida en sombras (1948), película de Llorenç Llobet-Gràcia, que fue censurada y que se recuperó y restauró en 2012, y en la que el actor daba vida a un fotógrafo y operador de cámara que, al estallar el conflicto, se convertía en reportero de guerra. Una película extraordinaria, olvidada durante demasiados años. Y, por supuesto, Fernán-Gómez era en Mambrú se fue a la guerra (1986), dirigida por él mismo, Emiliano, el ‘topo’ que, tras 40 años escondido en el sótano de su casa, a la muerte de Franco seguía oculto para que su mujer siguiera cobrando la pensión.
Escrita por él también, aunque para el teatro, Las bicicletas son para el verano es otro título a recordar. Dirigida por Jaime Chávarri, esta adaptación estaba protagonizada por Amparo Soler Leal, Agustín González, Victoria Abril y Gabino Diego, y en ella se contaba una historia que arrancaba al mismo tiempo que la guerra y que mostraba las miserias de ésta a través de lo cotidiano en la vida de una familia, de la criada y de los vecinos del edificio.
Fantástico y comedia
El mexicano Guillermo del Toro conquistó nada menos que tres Oscar con El laberinto del fauno (2006), una película de género fantástico, ambientada en 1944, en plena posguerra, que exhibía la aberración del franquismo y que, además del reconocimiento en Hollywood, ganó siete Goyas, tres premios de la Academia de Cine Británica, nueve premios Ariel y unos cuantos reconocimientos más. Para muchos, es la mejor película del director.
Geniales Carmela y Paulino (Carmen Maura y Andrés Pajares), los cómicos de ¡Ay, Carmela! (1990), de Carlos Saura, con guion escrito junto a Azcona sobre una obra de Sanchís Sinisterra. Cargada también de galardones (13 premios Goya), es una conmovedora, aunque amarga, comedia. Y unas risas menos ásperas eran las que despertaba Luis García Berlanga con La vaquilla (1985), también con guion de Azcona, y protagonizada por Alfredo Landa, y en la que unos soldados republicanos decidían robar la vaquilla a un pueblo vecino y fastidiarles la corrida de la fiesta. Agustí Villaronga exploró, esta vez muy lejos de la comedia, la conciencia moral de la España de la posguerra en la estupenda Pa negre (2010), adaptación de la novela de Emili Teixidor.
Brigadas internacionales
No han sido solo los creadores españoles los que han acudido al cine para contar la Guerra Civil. Algunos importantes títulos sobre estos años oscuros de la historia de España los han firmado cineastas extranjeros. El maestro Ken Loach es uno de ellos, que en 1995 estrenó Tierra y libertad, una historia protagonizada por un voluntario en las Brigadas Internacionales y una anarquista española, que compitió en Cannes, donde ganó el premio de la prensa internacional y el del Jurado Ecuménico. Preciosa y emotiva, es una celebración de la resistencia.
"Ocupando cada callejuela llena de escombros como si ella misma hubiera hecho la guerra, el humo invadía metro por metro las posiciones republicanas. Los sitiadores estaban ahora alejados unos de otros: la mina había hecho saltar las posiciones más avanzadas de los fascistas, pero no los subterráneos", escribió André Malraux en la novela La esperanza. El escritor, que combatió en la Guerra Civil como aviador del ejército republicano, quiso también llevar al cine esta historia y lo hizo en Sierra de Teruel (1949).
Codirigida junto a Boris Peskine, con guion de Antonio del Amo, Denis Marion, Peskine y Max Aub (que fue ayudante de dirección y traductor del guion al español), la película contaba un episodio de los inicios del conflicto, cuando uno de los aviones de una escuadrilla aérea de las Brigadas Internacionales fue derribado y cayó sobre Valdelinares (Teruel). El rodaje se terminó en Francia, por la llegada de las tropas franquistas, y se estrenó en París. Franco la prohibió en España, donde no se pudo ver hasta 1978.
Tal vez estas películas estén hoy en la lista negra de algunos herederos del franquismo, probablemente porque saben, como sabía David Carr (Ian Hart), el protagonista de la película de Loach, que "las revoluciones son contagiosas".
Begoña Piña es redactora-crítica de cine en Público. Escribe en Librújula, Archiletras, Best Movie y La Gran Ilusión. Periodista, ha publicado en Diario 16, La Vanguardia, Fotogramas, Caimán. Cuadernos de cine... Premio Comunicación Alfonso Sánchez 2018 de la Academia de Cine y Mención a la Labor Periodística en el Zinemaldia/Festival de Cine de San Sebastián de 2024.
21 abril 2025
La Movida madrileña de los años ochenta
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06 abril 2025
El cine de Roberto Pérez Toledo según Borja Terán
02 abril 2025
Trois_cortometraje
El ‘ménage à trois’ lo inventaron los franceses. Un cortometraje de Roberto Pérez Toledo (2015) sobre la secular pereza idiomática de los españoles y algo más..., interpretado por Marine Discazeaux, Álex García y Adrián Expósito. 5 min.
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04 marzo 2025
Elogio de lo pequeño
Por ÁNGEL FERNÁNDEZ-SANTOS El País, 1 de marzo de 1999
¿Por qué Woody Allen termina su Celebrity pidiendo socorro en un espolique que nada tiene aparentemente que ver con la película? Digo aparentemente, porque en la trastienda del filme sí tiene sentido, y mucho, la llamada de auxilio. Celebrity encontró serias dificultades para terminarse. Los tentáculos de Hollywood comienzan a imponer su juego a las pequeñas producciones, con objeto de ahogarlas, cuando creen ver en ellas un rival peligroso en su dominio colonial de los mercados audiovisuales exteriores, y exigen a la producción casera que se atenga a los pactos gremiales y alarguen hasta el delirio los títulos de crédito, con el consiguiente encarecimiento del rodaje. No quieren películas pequeñas, a no ser que se disfracen de grandes. Si se observa cualquier película de Allen, salta de la pantalla que su imagen desmiente el sistema estándar hollywoodense. Parece una película europea, en la que la cámara se desentiende de la primacía del envoltorio y de las superficies inútiles, tramposas y encarecedoras. En el recién acabado festival de Berlín vimos media docena de películas con gran inteligencia fotográfica. Una es la norteamericana, fuera de norma, A Thin Red Line (Una delgada línea roja); el resto fueron la bellísima luminosidad de Ça commence aujourd'hui (Hoy comienza todo), del francés Tavernier; la penetrante oscuridad de la alemana Nachtgestalten (Encuentros nocturnos); la fastuosa indagación en la risa negra de Mifune, filme danés hecho a la manera de Lars von Trier, cuya premeditada tosquedad en Los idiotas es, en realidad, un prodigio de finura fotográfica; la mínima película vietnamita Tres estaciones, que más que fotografiada parece bordada; y la precisión casi documental de la española Solas, cuya pegada tiene una inmediatez que entusiasmó al público berlinés, tal vez el que mejor y con más sutileza sabe ver cine de toda Europa.
Todas ellas son películas pobres, incluso muy pobres. Por ejemplo, Solas ha costado algo más de 600.000 euros, aproximadamente lo que cuestan dos días de rodaje en celuloide de papel cuché de cualquier hollymemez de Bruce Willis y compañía. Pero esta pequeñez española dio un baño de verdad fotográfica a algunas opulentas intrusas del escaparate berlinés, que el público de esta ciudad ignoró, cuando no abucheó. Porque lo que está haciendo esa reluciente fotografía encarecedora es desterrar del cine la vieja mirada amiga, veraz, borrosa unas veces, imprecisa otras, pero humana siempre, por una mirada infalible de robot de laboratorio, nacida muerta.
04 febrero 2025
arte.tv
13 enero 2025
Dena Asmatuta Dago_cortometraje
Dena Asmatuta Dago (Todo está inventado, 2023) es un cortometraje de Jone Arriola, musicado por Miren Narbaiza. Un cuarto de baño con estética antigua y de color rosa. En medio del baño hay una bañera donde dos jóvenes, Lur (Xanti Agirrezabala) y Martín (Jon Ander Urresti), se relajan mientras comparten un porro. A medida que el porro va haciendo su efecto, comienzan a filosofar sobre el origen y la creación de los elementos, hasta que la conversación, en un alarde de honestidad, deriva a asuntos más personales. (En vasco con subtítulos en castellano.) 14 min. Disponible en MUBI.
El corto de Jone Arriola se presta a un análisis semiótico interesante por su utilización de una iconografía aparentemente contrapuesta: un decorado dominado por el color rosa (un color asociado estereotípicamente a lo femenino, a cosas “de niñas”) y dos hombres de pelo en pecho y actitud masculina que para nada son dos “nenazas” sino jóvenes seguros de su sexualidad y orgullosos de su diferencia (uñas de negro incluidas). Arriola consigue así romper el manido tabú heteronormativo y apostar por una nueva masculinidad. La sociedad marica se ha apropiado del color rosa resignificándolo sin complejos para despojarlo de cualquier sentido peyorativo cuando se asocia a lo masculino.
Recomiendo leer esta entrevista con la directora Jone Arriola, solo después de ver su cortometraje.
12 enero 2025
Los secretos del guionista (de ‘Querer’)
Eduard Solà reflexiona sobre la relación bidireccional entre la ficción y la realidad en el mundo audiovisual, y cómo se construye la sociedad en este sentido.
Me preguntan cómo hago lo que hago y no tengo respuesta alguna que ofrecer. Hace años que me dedico a esto de escribir guiones para cine y televisión y todavía no sé cómo se hace. Quizás nunca lo sepa. Al parecer, cuando era crío no me contaban historias para irme a dormir, sino para despertarme. La diferencia es interesante. Las historias no me acompañaban en el sueño sino en la vida. Dice mi padre que de hacerlo como todos —para dormirme— conseguía lo contrario, tenerme en vela. Dice que, al empezar él el cuento a las siete y pico de la mañana notaba cómo mis oídos se despertaban primero y yo tras ellos, casi como una víctima de mi propio interés por lo narrado. Cree mi padre que yo tenía “algo especial”, pero la verdad es que ese “algo” lo tienen las historias. Todavía no éramos humanos que ya nos las contábamos y aquí seguimos, miles de años después, fascinados ante ellas. Ante tal evidencia incuestionable me pregunto cuándo descubrimos que la mentira también valía como historia, que la fantasía también nos cuenta, que la ficción es también una forma de contarnos la verdad.
Hace años que me obsesiona el concepto de ficcialidad. La ficcialidad es la relación entre la ficción y la realidad y lo maravilloso de esta relación es que es bidireccional: la ficción vive de la realidad para construirse, pero la realidad también se construye mediante la ficción. ¿Serían las monarquías europeas tan aceptadas entre el pueblo si no existieran las princesas Disney? La ficción nos enseña a mirar el mundo, a comprenderlo, a interpretarlo. Funciona como guía. Por eso, a mi entender, esto de contar historias tiene cierta trascendencia. Es cierto que quienes las contamos no salvamos vidas, pero sí tenemos que ir con cuidado con lo que decimos y dejamos de decir. En uno de los últimos informes ODA del Observatorio de la Diversidad en los Medios Audiovisuales se indica que el 92,4% de los personajes de la ficción española son blancos. Parece que desde el cine y la tele estamos obstinados en decirle al mundo que lo normal y habitual es ser blanco. Cuando salgo a la calle, sin embargo, veo muchísima más diversidad. Que en nuestra ficción casi solo haya blancos tiene una incidencia directa en la vida de las personas racializadas, que son automáticamente interpretadas como una anomalía, a pesar de no ser así —tampoco— a nivel cuantitativo. Creo necesario que los creadores generen sus historias libres de cualquier responsabilidad para con el mundo, pero me parece una insensatez crear de espaldas a él, pensando que lo que hacemos no tiene incidencia alguna sobre nada. Hagamos lo que nos dé la gana en nuestras mentiras, pero admitamos que con ellas estamos articulando las verdades que nos rodean. Un servidor este año ha estrenado la serie Querer (dirigida por Alauda Ruiz de Azúa, coescrita junto a ella y Júlia de Paz) y me consta que con ella hemos motivado cientos de conversaciones sobre el consentimiento. No sé exactamente qué pasará con estas conversaciones, pero no es una locura pensar que habrán cambiado la forma de relacionarse sexualmente de —al menos— algunas parejas que conozco. En un ámbito muy distinto, después del estreno de Casa en flames (dirigida por Dani de la Orden) me ha escrito mucha gente diciendo que, al salir del cine, han llamado a sus madres para preguntarles cómo están. Montse, interpretada por Emma Vilarasau, es un personaje de ficción, no existe, no es de verdad… pero esas llamadas a esas madres sí lo son.
Estos últimos meses me he hartado de decir por activa y por pasiva que tan solo soy un artesano. Lo creo de verdad. Estoy lejos de ser un artista. No tengo la más mínima intención de serlo. A mí me llaman, me cuentan una idea, quizás me prestan algún libro, y me preguntan si querría desarrollarla o adaptarlo. Y qué maravilla de trabajo. Cuál carpintero, con sus maderas y sus sierras, yo trabajo con acciones y diálogos, con tramas, con personajes, con emociones, al fin y al cabo. El símil con el carpintero me gusta especialmente por aquello de hacer mesas: todo el mundo come en una mesa y todo el mundo se siente capaz de hacerse la suya. Al fin y al cabo no es tan difícil; una tabla y cuatro patas. La gente se va al Leroy Merlin, compra cuatro maderas y se hace su mesa para la terraza sin demasiada dificultad. Los problemas vienen después, cuando al cabo de tres días la mesa baila, cuando el sol escarcha la tabla, cuando la lluvia pudre cada una de las patas. Y esto, a un carpintero, no le pasa. Todo el mundo se cree que sabe hacer mesas, igual que todo el mundo se cree que sabe escribir guiones. Estamos rodeados de tantas ficciones que no debe ser tan difícil escribir una, ¿no? No sé si un servidor sabe escribir un buen guion, pero me esfuerzo en conocer mi oficio y mis herramientas para hacer la mejor mesa posible.
Algunos piensan que esta condición de artesano, de guionista de encargo, me distancia de lo que escribo. Pudiera parecer que el carpintero toma sus decisiones en función única y exclusivamente de las necesidades de su cliente, pero ese carpintero es indisociable de su propio gusto, de sus valores, de su experiencia… y eso es algo innegablemente subjetivo. Todos y cada uno de los guiones que he escrito están atravesados por mi propia existencia. Es absurdo pensar lo contrario. No sabría cómo hacerlo para construir una madre como la de Casa en flames sin que fuera mi madre. Tampoco una madre como la que interpreta Najwa Nimri en La virgen roja, aunque sean muy distantes entre sí.
Esta ineludible relación entre las historias que escribimos y las personas que las escriben se traslada, también, a la forma de los escritos. Es sabido que los guiones tienen una forma muy concreta (os invito a buscar alguno por internet si no la conocéis). La escritura de los guiones está regida por unas fórmulas que intentan hacer más sencilla la producción. Con este objetivo existen los encabezados que indican noche o día o, por ejemplo, ponemos el nombre de los personajes en mayúsculas (así es más fácil saber qué personajes están en cada escena con un simple vistazo). Aun así, y recuperando la idea que antes defendía, es interesante comprobar cómo —a pesar de las rígidas convenciones— cada guion emana el espíritu de su autor. Los hay más poéticos, más racionales, más progres, más clásicos… Cuando estudiaba guion creía que esconder nuestra personalidad formaba parte de nuestro trabajo. A día de hoy, sé que es imposible.
Decía al comienzo de estas líneas que no sé cómo hago lo que hago. Lo que sí sé es que sigo queriendo dormirme en silencio y despertarme a golpe de historias.















