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20 enero 2026

Más que rivales, más que una serie


Por CARLOS MARTÍN GAEBLER

Desde Canadá nos llega Más que rivales (Heated Rivalry, 2025), la primera serie de ficción en torno a jugadores de un deporte de equipo profesional tradicionalmente vinculado a una heterosexualidad hipermasculinizada como es el hockey sobre hielo, pero, con la diferencia, en este caso, de que varios de los protagonistas son bisexuales o directamente gays. 

En la miniserie confluyen varias tramas que se complementan. Por un lado, a los protagonistas se les presenta el dilema de no poder salir del armario siendo jugadores de élite de un deporte de equipo, un contexto en el que fácilmente la vida privada puede convertirse en un asunto público, objeto de la conversación social (en redes o en la vida real). Por otro lado, la tensión constante por no bajar la guardia para evitar ser descubiertos en público atenaza 24/7 a las dos parejas de amantes, algunos de los cuales sienten la necesidad de hacer pública su relación amorosa (sin tener que verse impelidos a disimular lo que no son) y vivir un amor normal, a la luz del día.

La ficción creada por el canadiense Jacob Tierney, que logra mostrar al gran público el enorme sufrimiento de vivir una vida en el armario, ha propiciado un debate social entre aficionados al hockey en Canadá, y está llamada a derrumbar muchas barreras, echar abajo el mito ignorante de que un hombre es menos hombre si se deja follar y abrir muchas mentes en el machista mundo del deporte.

La trama de esta ficción audiovisual es extrapolable a cualquier otro deporte de equipo, y aquí radica su relevancia. Pocas ficciones han versado sobre este asunto hasta ahora con tal verosimilitud. Aparte de algún cortometraje, sólo conozco el espléndido mediometraje Wonderkid (2016), comisionado por la Premier League para luchar contra la homofobia en los estadios, la película germana Mario (2018), cuyo protagonista es un futbolista gay, y una estupenda serie noruega, Home Ground (2018), en la que el joven guardameta de un equipo de categoría regional sale del armario con total naturalidad mientras es entrevistado a pie de cancha por un periodista de televisión.

Más que rivales muestra sin reparos un homoerotismo voluptuoso que seduce desde el primer fotograma. Con diferencia, los mejores episodios son el tercero y el quinto, que contiene una escena para ver en bucle una y otra vez. Confío en que cuando muchos deportistas, independientemente de su orientación sexual o del deporte que practiquen, vean esta miniserie (por lo demás, espectacular, trepidante y glamurosa), van a aprender mucho sobre el amor, el sexo y la ternura entre hombres. cmg2026

PD: Olé por Manu García, guardameta del Marbella FC, primer futbolista español abiertamente gay.

Más que rivales está disponible en M+ y en HBO Max. Recomiendo escucharla en versión original subtitulada.

26 marzo 2025

"Adolescencia", un prodigio técnico, interpretativo y narrativo de la ficción televisiva


Por Laura Pérez, 

eldiario.es 21 de marzo de 2025

En los últimos días no ha habido conversación seriéfila que no haya girado en torno a Adolescencia (Adolescence), la nueva miniserie fenómeno de Netflix. Otro éxito del 'boca a oreja' en la era de las plataformas que ha provocado una fascinación generalizada y que, apenas transcurridos tres meses de 2025, ya se ha convertido en una de las grandes ficciones del año con total merecimiento.

Frente a otros proyectos ultracomerciales repletos de elementos 'taquilleros' para triunfar, lo de esta producción británica es del todo excepcional: está compuesta por únicamente cuatro capítulos de entre 50 y 65 minutos, todos ellos rodados en plano secuencia. Es decir, en una única toma, sin cortes ni edición. Un reto audiovisual e interpretativo que, más allá de la habilidad técnica, ayuda a elevar a esta serie a la categoría de inolvidable. O, al menos, a la de esas que dejan una huella especial por un tiempo.

Para comprender a qué viene tanto elogio basta con echar un vistazo a su primer capítulo. O en su defecto, con leer alguna de las muchas críticas que desde su estreno el pasado 13 de marzo han analizado por qué parece que en los últimos días todo el mundo habla de esta nueva serie de Netflix. Una conversación social que se ha traducido en un top-1 en la plataforma que, con total probabilidad, seguirá viendo disparados sus números en próximas semanas.

Creada por Jack Thorne y Stephen Graham, y dirigida por Philip Barantini, Adolescencia cuenta la historia de Jamie Miller, un adolescente de 13 años que es detenido y acusado de asesinar a una compañera de clase. Una sinopsis tan breve como impactante, casi tanto como la impresión que genera en el espectador ver por primera vez al joven Owen Cooper en la piel del protagonista mientras un grupo de agentes de policía entran en su habitación infantil para arrestarle.

En ese momento comienzan dos viajes. El de la ficción, con el presunto asesino y especialmente su familia ajenos a lo que la investigación va a depararles. Y el real que experimenta todo aquel que decide darle al play y 'subirse' a una de esas series que remueven e incomodan, haciéndote transitar por todo tipo de sentimientos en apenas cuatro horas.

Como comentábamos, gran parte de la excepcionalidad de esta ficción es consecuencia de la técnica cinematográfica elegida para la totalidad de su metraje: cuatro planos secuencia, uno por capítulo. Una técnica que habitualmente se introduce de manera puntual o limitada en obras audiovisuales (buenos ejemplos de ello son el episodio 5 de Monstruos: La historia de Lyle y Erik Menendez o el 10 de Los años nuevos, ambas series de 2024), pero que en este caso marca la totalidad del relato.

Así las cosas, la serie en su conjunto es un reto audiovisual e interpretativo de los que no abundan, pues toda la acción sucede ante la cámara de manera milimetrada, como si de una representación teatral se tratase. En lo que al equipo técnico se refiere, el desafío al que se han enfrentado lo ha desglosado recientemente Netflix al revelar secretos y curiosidades de rodaje, como recogimos aquí. Y en lo que respecta al elenco, asistimos a una masterclass de interpretación de unos actores que pasan del pánico a la ira o al dolor en apenas segundos, sin cortes y sin que un montaje pueda 'salvar' a nadie.

En ese sentido, conviene subrayar tres nombres propios. El primero es el de Owen Cooper, un joven de 15 años sin experiencia previa como actor que firma un debut sobresaliente en el papel protagonista. Los matices de su Jamie Miller en el primer y tercer capítulo bien merecen todos los premios que probablemente le lloverán el próximo año. El segundo es el de Stephen Graham, que si bien no es un descubrimiento para nadie, se marca una de sus interpretaciones más brillantes como el padre del acusado. Y el tercero es el de Erin Doherty, conocida por su paso por The Crown, que sobrecoge en la piel de la psicóloga Briony Ariston.

A estos retos se suma el narrativo, ya que resulta de lo más complicado retener la atención del espectador en un plano que dura casi una hora, y que tampoco puede servirse de la labor de montaje para acelerar su ritmo. Algo que Adolescencia sortea sin problemas, pues logra transmitir la tensión de cada momento y hacer partícipe de toda situación a aquel que está viendo la serie desde su sofá.

Especial mención merece el primer capítulo, la mejor puerta de entrada posible a esta historia, y principalmente un tercer episodio que se desmarca como una pieza televisiva memorable. En su escenario, una sala común de un centro de menores, se genera de pronto un torbellino incontrolable de emociones y reflexiones sobre la educación y la masculinidad, provocado por lo que parecen “simples” preguntas de una profesional a un adolescente con graves problemas de conducta.

Sin entrar en spoilers, y más allá de lo arriba analizado, si por algo Adolescencia debería ser una serie de visionado obligatorio para padres e hijos no es por su estilo, sino por su temática. Y no precisamente porque esta situación de extrema gravedad sea común en toda familia, sino por las enseñanzas de calado que deja en sus cuatro entregas.

A lo largo de sus capítulos, esta serie se adentra en 'la mente' de las generaciones Z y alfa para desenmarañar y traducir los que son ya códigos propios que los adultos difícilmente son capaces de interpretar. Términos y comportamientos intrínsecos a los adolescentes de hoy en día, nacidos y criados en Internet y las redes sociales, que pueden tener consecuencias impredecibles.

Así las cosas, y bajo la visión de los adultos que educan dentro y fuera del hogar, Adolescencia retrata el clima en el que se 'cultivan' las nuevas generaciones. En sus propias casas, con los roles que sus padres muchas veces reproducen de manera inocente o inconsciente. Y en los colegios e institutos, donde los perfiles que adquiere cada uno en esa época de formación acaba marcando. Además, la serie pone de relevancia el caldo de cultivo de las redes sociales y cómo pueden ser una herramienta feroz de bullying entre los menores que acceden a ellas sin control ni supervisión.

Llegados a este punto, y siendo indiscutibles los muchos aciertos de esta serie en su retrato de la adolescencia inspirándose en un caso real, cabe señalar una 'falta' que sus propios guiones verbalizan. En su capítulo 2, uno de los personajes reflexiona sobre cómo en todo crimen la víctima acaba siendo olvidada mientras la figura de su verdugo está en el centro de todo: en la investigación, la acusación, el juicio, la sentencia y su futura reinserción, si se da el caso.

Y esa es precisamente la piedra en la que tropieza -voluntariamente o no- Adolescencia, en que ni la víctima ni su entorno tienen un mínimo protagonismo en el relato. Porque aunque el foco de esta narración se sitúe en otro lado, las víctimas no pueden ni deben ser la parte olvidada de la historia.

09 julio 2024

D'argent et de sang (Dinero y sangre)_serie

 

Acabo de terminar de ver, casi boquiabierto, la segunda y última temporada de la serie francesa D'argent et de sang (Dinero y sangre), una ficción para amantes de emociones fuertes sobre monumentales estafas medioambientales, corrupción a gran escala, optimización fiscal, lujo obsceno, y, primordialmente, sobre la defensa de los valores de la democracia social y el estado de derecho, personificados en el magistrado interpretado por un inmenso Vincent Lyndon, en el que es posiblemente la mejor interpretación de su larga carrera actoral. La trama transcurre trepidante entre el exquisito arrondissement 16 parisino, el banlieue de Belleville (menudo efuemismo) y Tel Aviv. Por su incesante despliegue de emociones, me ha recordado a la excepcional serie danesa Cuando el polvo se asienta, una formidable historia coral y ciudadana en torno a una adversidad diferente, que ya te recomendé en su día. Tiene el sello de calidad de la factoría de ficciones de CANAL PLUS, y puede verse en Filmin. Quien no esté abonado a esta plataforma, la mejor opción para ver los doce episodios es simplemente suscribirse un mes por 9,99€ (el precio de una entrada al cine en Madrid). Crois-moi, ça vaut la peine.


02 septiembre 2023

... y comieron perdices.


Por Carlos Martín Gaebler

En un reciente artículo, la profesora de Psicología de la Universidad de Sevilla, Mar González, explicaba el concepto moderno, acuñado por Ilan H. Meyer, de lo que se conoce como estrés de la minoría LGTB, una forma de estrés social que nos permite entender la experiencia vital de quienes no pertenecen a un grupo sexual mayoritario, y “sufren una presión singular, relacionada con la estigmatización y los prejuicios de los que históricamente han sido objeto, y que tiene importantes consecuencias para su salud psicológica y física. De acuerdo con este modelo, crecer en una sociedad que no reconoce ni ampara la diversidad sexual o de género somete a las personas LGTB a un estrés constante, que se agrava si el entorno más inmediato muestra hostilidad y rechazo.”

Quienes vemos ficciones de temática LGTB con asiduidad y somos miembros de este colectivo sabemos reconocer este estrés de minoría sexual también en la ficción. Todo buen cinéfilo disfruta de un drama bien construido, de un personaje interpretado con maestría, de eso que se llama una película o una serie redondas. Y, por supuesto, también sabemos reconocer cuando una historia es ñoña, empalagosa o está plagada de clichés. 

Con todo, advertimos igualmente que a veces nuestro nivel de sufrimiento y congoja como espectadores gays es duro de sobrellevar cuando, por ejemplo, presenciamos las inhumanas terapias de “conversión” denunciadas en la cinta norteamericana Boy Erased (soberbia interpretación de Lucas Hedges); la representación dolorosa de la muerte de amigos y compañeros nuestros por el virus de inmunodeficiencia humana, admirablemente homenajeados en la cinta francesa 120 BPM, o en la emocionante serie británica It’s A Sin; el omnipresente acoso escolar, sujeto narrativo de infinidad de películas, como la irlandesa Handsome Devil; la vida sórdida del hombre hermoso obligado a prostituirse, interpretada por jóvenes actores en estado de gracia, como el francés Félix Maritaud en Sauvage, o el australiano Josh Lavery en Lonesome; la discriminación laboral por ser homosexual, asunto de muchas películas, como la excelente Blue Jean; los amores no correspondidos, como detallan la romántica cinta australiana Of An Age, la madurez dialéctica que plantea la británica Weekend, o la obra maestra sobre el amor homoerótico que es y será siempre Brokeback Mountain; los miedos, las dudas y el ocultamiento en historias que aportan gran cine, como la reciente cinta marroquí El caftán azul, la británica My Policeman, el original Boys in the Band, y un sinfín de títulos. La culpa, la homofobia interiorizada, en fin, por ser diferentes y sentirse estigmatizados.

Por ello, no es de extrañar que muchos recibamos con alivio casi existencial y sin sonrojarnos películas como Beautiful Thing, Love, Simon o Red, White and Royal Blue, o series como Looking o Heartstopper, que nos hacen sentirnos bien porque, por un rato, nos permiten ser felices vicariamente, en la piel de otros. Un amigo mío suele decir que incluso al cliché más manido se le puede sacar punta con un poco de inteligencia. Efectivamente, estas ficciones son también necesarias porque aportan, como hacen los cortometrajes del añorado Roberto Pérez Toledo, referentes positivos y modelos de visibilidad y comportamiento funcional a jóvenes, y no tan jóvenes, armarizados, sedientos de espejos en los que mirarse con naturalidad y sin estrés añadido. 

Y repito, esto lo escribe alguien que se emociona con un buen dramón, pero que también estalla en carcajadas cuando presencia una comedia ingeniosa y divertida, por sensiblera que sea. PD: Quiérete mucho, maricón. cmg2023

23 marzo 2023

Patrick Gale reflexiona sobre discreción y vergüenza homosexual

Soy de la opinión de que la autohomofobia surge una y otra vez porque está grabada a fuego en el disco duro de las personas LGTB desde su infancia por el sentimiento de vergüenza, por la percepción de que son merecedores de menos respeto o de ser tratados de peor forma y por la sensación de que ellos necesitan trabajar más duro que los heteros para alcanzar la perfección. Sólo hace falta echar un vistazo a las aplicaciones de contactos para comprobar que la vergüenza por ser gay sigue viva y coleando –incluso en ciudades cosmopolitas hay innumerables hombres que ocultan su rostro y exigen “discreción.” Como hombre gay tuve un desarrollo precoz, con amigos gays en mi adolescencia y con una familia que no me rechazaba abiertamente. Sin embargo, mi sexualidad nunca fue reconocida ni discutida, y un pertinaz sentido de incomodidad, de vergüenza incluso, me causó un terrible eczema que me duró hasta que finalmente salí de la casa familiar para ir a la universidad. Fue esa carga de disgusto amoroso lo que quise explorar en la serie Looking, mi ficción situada en el siglo XXI, que es la historia de un hombre gay que parece funcionar en la sociedad gay, y, sin embargo, apenas funciona a nivel emocional porque hay tantos asuntos en su vida a los que no se ha enfrentado y por ello tiene tanto pavor a la intimidad y al compromiso.

Al escribir la serie no me interesaba hacerlo como celebración de lo gay. Deseaba retar tanto a gays como a heteros, y construí un segundo episodio que fuera profundamente incómodo de ver para cualquiera que piense que haber logrado la igualdad ante la ley es el final del camino. Efectivamente, hay miles de hombres gays normales y bien adaptados ahí fuera, que gozan del amor y del apoyo de sus familias, y que pueden hacer partícipes a sus compañeros de trabajo de su vida emocional. Pero también hay muchos que no se sienten capaces de ser ellos mismos en su centro de trabajo o ante sus padres, y que, con un gran coste para su estabilidad mental, se autoengañan a sí mismos creyendo que eso es perfectamente asumible.

Patrick Gale on Discretion and Homo Shame

I feel strongly that homophobia is enabled, time and again, by a sense of shame hardwired in childhood into most LGBT people, a sense that they are somehow deserving of less respect or of worse treatment and a sense that they need to work harder than straight people at being perfect. You need only glance at a gay dating app to see that gay shame is alive and well – even in a sophisticated metropolis there are countless men hiding their faces and asking for “discretion”. As gay men go, I was an early developer, with gay friends in my teens and a lucky one, with a family who didn’t overtly reject me. Yet my sexuality was never acknowledged or discussed and the abiding sense of discomfort, embarrassment even, caused me to develop terrible eczema which lasted until I finally left home for university. It was that burden of loving disgust that I wanted to explore in Looking, my 21st-century series, which is the story of a gay man who appears to be functioning in the gay world, and yet is barely functioning on an emotional level because there are so many things in his life that are going unacknowledged and he has such a terror of intimacy and commitment.

When writing Looking I wasn’t interested in writing anything straightforwardly celebratory. I wanted to challenge gay viewers as much as straight ones and I designed episode two to be profoundly uncomfortable watching for anyone tempted to believe that equality under the law is the end of the story. Yes, there are hundreds of well-adjusted gay people out there, truly loved and supported by their families and with emotional lives that are integrated into their work lives and so on. But there are also still a great many people who don’t feel able to be out at work, or to their parents and who – at great cost to their mental health – tell themselves that this is perfectly okay.


15 febrero 2023

El círculo vicioso del atracón de series, malestar emocional y falta de sueño

Por ADRIÁN CORDELLAT

El País, 14 de febrero de 2023


Hoy en día, en las principales aplicaciones de vídeo bajo demanda, mientras uno intenta encontrar una película o una serie en mitad de catálogos infinitos e inabarcables, no es extraño toparse con selecciones realizadas por editores o algoritmos que se anuncian bajo el reclamo de “series perfectas para un maratón” o “las series más maratoneadas por los fans”. El binge-watching o atracón de series ha generado no poca literatura científica en los últimos años, sobre todo desde la expansión por todo el mundo de plataformas como Netflix, HBO Max, Amazon Prime Video o Disney+, que ofrecen al espectador la posibilidad de ver series enteras de un tirón, sin necesidad de esperar al estreno semanal de un nuevo capítulo, una espera que constituía la norma hasta hace no tanto.


Más allá de la ventaja que esta disponibilidad supone para los espectadores, esta práctica de visión compulsiva de capítulos se ha relacionado con algunos problemas vinculados a la salud, desde dolores de espalda hasta fatiga visual y problemas de visión, pasando por el incremento del riesgo de accidente cardiovascular debido al aumento del sedentarismo y, consecuentemente, del riesgo de padecer sobrepeso u obesidad. Un estudio publicado en 2017 en el Journal of Clinical Sleep Medicine relacionaba también, por primera vez hace ya seis años, el consumo compulsivo de contenidos televisivos con un 33% más de probabilidades de tener una mala calidad del sueño, así como con mayores niveles de fatiga e insomnio.


Thanks for watching!

“Creemos que la visualización compulsiva conduce a un mayor sentido de implicación en la narración y de identificación con los personajes que la visualización regular. Esto explicaría en parte por qué ver un programa de televisión tradicional regularmente a la hora de acostarse no tiene el mismo impacto sobre el sueño ni produce la misma activación“, analizaban los autores de este estudio. La estructura y la complejidad narrativa de estos programas que incitan a visualizarlos de una sentada dejan a los espectadores pensando en los episodios y su posible continuación después de verlos, “lo que podría retrasar el inicio del sueño, ya que requiere un período más largo de enfriamiento antes de irse a dormir”, explicaban.


Más recientemente, a finales del año pasado, un estudio liderado por investigadoras del Departamento de Psicología de la Universidad de Roma La Sapienza y de la Universidad de Parma y publicado en Journal of Sleep Research ha ido un paso más allá al definir los atracones de series no tanto por su frecuencia o duración como por las motivaciones subyacentes que se esconden tras ellos. “Como era de esperar, algunas personas mostraban una frecuencia alta de atracones, pero saludable, ya que tenían motivaciones como el enriquecimiento cultural o personal. Sin embargo, observamos que lidiar con la soledad era una motivación predominante entre los espectadores compulsivos, lo que sugiere que el binge-watching podría utilizarse como una estrategia de afrontamiento para los estados de ánimo disfuncionales, de la misma forma que sucede con otros comportamientos adictivos”, explica a EL PAÍS Giorgia Varallo, psicóloga clínica, investigadora de la Universidad de Parma y una de las autoras del estudio.


Según argumenta Varallo, existe una relación bidireccional entre sueño y gestión emocional. Por un lado, la mala calidad del sueño se asociaría con una menor capacidad para regular las emociones y los sentimientos de soledad. Por otro, en el sentido inverso, la soledad autoinformada o reconocida por el sujeto como tal también se relacionaría con una peor calidad del sueño. “Estos factores sugieren que los que duermen mal son más propensos a ver atracones, lo que crea un círculo vicioso con consecuencias negativas para ambos aspectos, ya que los atracones de televisión pueden afectar aún más a la calidad del sueño e inducir somnolencia diurna, con un efecto adicional sobre el estado emocional”, señala. De hecho, en su estudio descubrió que los que duermen mal se dedican a ver atracones de forma excesiva y tienen más motivaciones disfuncionales que los que duermen bien. Concretamente, los participantes del estudio con mala calidad del sueño puntuaron significativamente más alto en una escala que mide el deseo de ver series de televisión para evitar pensar en problemas del mundo real o para hacer frente a estados emocionales desagradables, dice la experta.


Para Nuria Roure, psicóloga acreditada en medicina del sueño por la European Sleep Research Society (ESRS) y autora de Por fin duermo (Vergara), la relación evidenciada por la investigación concuerda con lo que ya se sabe sobre la relación entre sueño y regulación de emociones. Explica Roure que, si dormimos bien, las dos esferas del cerebro, la racional y la emocional, mantienen una unión muy fuerte y actúan a modo del acelerador y el freno de un coche. Cuando dormimos mal, sin embargo, esa unión se rompe. Nos quedamos sin freno. “Se ha demostrado que cuando no dormimos bien tenemos una mayor inestabilidad emocional: más altibajos, estamos más sensibles, toleramos peor lo que nos toca vivir, tenemos las emociones en una especie de montaña rusa. Además, también tenemos una mayor pérdida de autocontrol. Estamos más descontrolados, somos más impulsivos. Por eso justo cuando hemos dormido menos nos cuesta más parar y dejar de ver una serie”, afirma.


Ver series de forma saludable

Sostiene Giorgia Varallo que los resultados de su investigación son importantes para no considerar los atracones televisivos como un fenómeno único, ya que pueden representar tanto una forma normal de consumir contenidos como un comportamiento problemático. En el mismo sentido se manifiesta la psiquiatra Xesca Cañellas, miembro del grupo de trabajo de insomnio de la Sociedad Española de Sueño (SES), que además de señalar las limitaciones del estudio (se llevó a cabo durante el confinamiento por la pandemia y la muestra no está elegida aleatoriamente, sino que eran voluntarios los que respondían a los cuestionarios, en su mayoría jóvenes universitarios), aboga por “no culpabilizar” a las personas, sino por sugerir “un uso razonable, evitando atracones y privación de sueño y, en la medida de lo posible, no alterando el ritmo circadiano del sueño-vigilia”.

Para Cañellas, el estilo de vida actual, sobre todo en las ciudades, es muy poco compatible con lo que los expertos en sueño consideran hábitos adecuados para dormir bien: levantarse con el amanecer, pasar el día en el exterior a la luz del sol siendo activos físicamente, y acostarse cuando oscurece o poco después. “Para empezar, durante el día la mayoría de nosotros estamos muy poco expuestos a la luz del sol. Y para terminar, por la noche estamos muy expuestos a la luz artificial y perpetuamente conectados a pantallas, que emiten luz azul y que inhiben la producción de la melatonina que debería comenzar al atardecer”, argumenta.


Esta inhibición en la secreción de melatonina provocada por la luz azul de las pantallas, añade Nuria Roure, daría lugar a otro círculo vicioso: “No tengo sueño, así que como no tengo sueño me quedo a ver series, pero esas mismas series [al tener el cerebro activo y expuesto a la luz azul] me impiden fabricar la melatonina que necesito para dormir y, por tanto, tampoco tengo esa necesidad de sueño. Es un pez que se muerde la cola: miramos series porque no tenemos sueño y no tenemos sueño porque estamos viendo series”.


Aunque, como afirma Roure, la luz azul de las pantallas de televisión tiene una menor incidencia que la de móviles y tabletas porque la vemos a una mayor distancia, lo aconsejable por la noche, sobre todo a últimas horas del día, es disminuir la intensidad de la luz para reducir su impacto en nuestro cerebro. A ese consejo, Giorgia Varallo añade el de la importancia de ver la televisión en una habitación que no sea el dormitorio (”la activación en la cama conduce al desarrollo de una asociación entre la cama y un estado de vigilia, lo que hace que sea más difícil quedarse dormido”) y el de renunciar en la medida de lo posible a thrillers y series de terror o acción: “El contenido que es excesivamente atractivo y genera un alto nivel de adrenalina provoca el llamado despertar previo al sueño, lo que hace que sea más difícil luego conciliar el sueño”. Los fanáticos de estos géneros que no puedan renunciar a su dosis diaria de acción, concluye Nuria Roure, no deberían irse directamente a la cama, sino hacer un paso previo para ayudar a la relajación de cerebro y favorecer la desconexión mental. “Si nos vamos a la cama muy activados, lo que nos pasará es que nos costará más conciliar el sueño y entonces empezará esa ansiedad y esa preocupación que muchas veces sentimos por no poder dormir”, concluye.

18 diciembre 2022

Cuando el polvo se asienta_serie

Las vidas de ocho personajes se entrelazan después de que un brutal atentado terrorista sacuda Copenhague en uno de los últimos grandes éxitos de la televisión escandinava. 21 días antes de la masacre, Nikolaj está a punto de hacerse cargo del restaurante donde trabaja como chef. Jamal quiere aprobar el examen de conducir para cumplir con las expectativas de la familia. Lisa, una famosa cantante sueca, está a punto de comenzar una nueva vida con su amante danés. Y Holger, un viejo solitario, está tratando de acabar con la suya. Elisabeth, la ministra de Justicia danesa, se debate entre retirarse para pasar más tiempo con su esposa o permanecer en el juego político, donde se siente más viva. Mientras tanto, Marie, una niña de 8 años, encuentra una bala brillante y dorada en el bosque, y Ginger, una joven sin hogar, aún no sabe que se convertirá en una importante testigo ocular. En el transcurso de tres semanas, la vida de estos ocho personajes principales cambiará dramáticamente...

Una excepcional, emocionante y cruda ficción danesa de ritmo trepidante y estructura coral. Lo mejor que he visto desde Breaking Bad, que ya es decir. Me encandiló la riqueza dramática y la complejidad humana de los y las personajes creados, con sensibilidad exquisita, por las dos guionistas principales, Dorthe W. Høgh e Ida Maria Rydén. El actor que interpreta a Jamal, y la actriz que da vida a la cantante Lisa, transmiten una belleza hipnótica. Diría que es una ficción muy honesta sobre nuestra Europa de cada día. Oh, Dinamarca, ese pequeño gran país. 

Disponible en Filmin. Diez episodios de 55 minutos.

05 septiembre 2022

DARK: por qué esta serie de ciencia ficción se ha convertido en un fenómeno cultural


Por JORGE LOSER, xataca.com

La serie alemana ‘Dark’ (26 episodios en tres temporadas) ha ido creciendo en popularidad lentamente hasta llegar a ser considerada la mejor serie original de Netflix, superando a ‘Stranger Things’ en una encuesta de Rotten Tomatoes; hasta el 80% eligieron el título como mejor producción del catálogo internacional. 

No deja de sorprender que la primera serie original en alemán de Netflix, un producto extranjero y en su idioma local, que lidia con la física cuántica, los viajes en el tiempo y las paradojas, haya superado su condición de apuesta de riesgo para llegar a ser la número uno en el top 10 de la plataforma en numerosos países. Además, 'Dark' es compleja, con muchas implicaciones en sus giros. No es el clásico caso de éxito seguro y se ha convertido en una suerte de fenómeno cultural, quizá por algunos de los siguientes factores.

Dark’ no es una serie norteamericana y se nota en su ritmo diferente, más lento, lleno de pausas y con una construcción narrativa que exige atención para entender su juego temporal. Su trama del espacio-tiempo desafía al espectador que va descubriendo todo a la vez que los personajes, con espesas disertaciones del cómo, cuándo y por qué.

Hay algunos puntos en común con Stranger Things, como ciertas subtramas románticas entre adolescentes, pero no es una serie en la que sus personajes jueguen con sus poderes o maten monstruos. El estilo narrativo también es muy diferente. El director Baran bo Odar crea planos sostenidos, montajes con mucha información visual sin palabras,  cambiando los puntos de vista entre muchos personajes, épocas y bandos. 

Dark’ expone temas relacionados con el período de posguerra, la energía nuclear, las secuelas de Chernobyl, la literatura clásica alemana, el cristianismo, y, sobre todo, la mitología griega. La presencia del hilo de Ariadne, dentro del episodio mitológico del laberinto de Creta, establece una similitud entre Martha y Ariadne, que ayuda a Teseo, Jonas, a vencer al Minotauro y luego a salir del laberinto, usando un ovillo para marcar el camino de regreso. Algo que no solo no oculta sino a lo que se hacen guiños con obras de teatro y libros.

Muchos ingredientes han hecho atractiva la serie para millones de personas, pero puede que no haya más gancho que la trama misma. Escrita por Jantje Friese, la serie pasa del misterio de desapariciones, más presente en su primera temporada, hasta dibujar una trama que se mueve entre tres líneas de tiempo explotadas en una historia compleja que implica a Jonas y Martha como personajes principales y un conflicto infinito conducido con viajes en el tiempo.

Los personajes viajan entre distintos periodos del pueblo de Winden y sus acciones en cada visita, deliberadas o no, tienen efectos colaterales que dejan eco a lo largo de las décadas, con algunas complicaciones de impacto. Sin embargo, fue la segunda temporada la que realmente picó a sus espectadores, al complicar aún más la trama, introduciendo parentescos inesperados e impactantes e introdujo una mitología aún más establecida con la rivalidad entre un anciano llamado Adam y otra llamada Claudia, doblando los personajes e hilos de trama hasta tal punto que es realmente difícil seguir a cada uno de ellos sin perder de vista a otros.

Máquinas del tiempo, partículas de Dios y algunos conceptos cuánticos se implementaron con el final de la segunda temporada, cuando se introdujeron realidades paralelas, construyendo una mitología que añadía alternativas a sus ya complicadas paradojas. En un tiempo en el que toda ficción viene mascada y simplificada, puede que el éxito de ‘Dark’ sea una llamada de atención sobre un público eternamente subestimado por muchas multinacionales del entretenimiento.

Uno de los distintivos de ‘Dark’ sobre otras series de es su soberbia fotografía. El trabajo de Nikolaus Summerer no solo ofrece un uso impresionante de la nitidez digital sin perder profundidad y textura, sino que crea una una paleta oscura que añade peso a su atmósfera agobiante, a menudo puntualizada por siniestros golpes de sonido que, especialmente en su primera temporada, acercaban la ficción al lenguaje cinematográfico del horrorDark’ se guía por el determinismo y la falta de albedrío, lo que conecta con su aspecto árido y crudo.

Todo ello contrasta con las motivaciones de los personajes, normalmente guiados por el amor romántico, paterno o fraternal. Amores no correspondidos, prohibidos y con turbias relaciones familiares entre los Kahnwalds, Dopplers, Nielsens y Tiedemanns. Clanes que proporcionan un culebrón de matices bíblicos que explora la mortalidad, la naturaleza humana, el dolor y la pérdida.

Detalles de cultura popular como la música, el idioma exótico y las actitudes con la que lo expresan los personajes resultan un componente atractivo más eficiente para enganchar a públicos de otros países que los mejores efectos especiales. Hoy las series son un elemento clave de lo global, que une a personas de diferentes edades e intereses con acceso a producciones audiovisuales de muchos países, tradicionalmente más restringidas a un público más conectado con la cinefilia de pequeños circuitos, festivales y exposiciones internacionales. Pero no es solo ese factor, hay temas profundos de la serie que hablan del libre albedrío, que aluden a la mentalidad filosófica teutónica.

Las pistas para el desenlace de ‘Dark’ están integradas en el propio lema de la secta. El fin es el principio, el principio es el fin. Si en las dos primeras temporadas, la serie se dedica a explicar las conexiones de las cuatro familias y su relación en el espacio y el tiempo, la tercera abre las posibilidades con versiones alternativas. Durante los primeros 16 episodios, se insiste en frases como "todo está conectado" pero su conclusión trata de explicar esas conexiones surgidas en las tres temporadas de la serie.

La trama tiene en común, desde el principio, el hilo de Ariadne. Al comienzo vemos a Martha Nielsen interpretando una obra en la que ella es Ariadne, por lo que la temporada final aumenta su importancia en la resolución del problema del laberinto temporal creado por el viaje en el tiempo, y se resuelve si la secta creada por el misterioso Adam, Sic Mundus, tiene sentido. La tercera y última temporada de ‘Dark’ juega en paralelo a la primera, incluso con los mismos diálogos y eventos repetidos en el mundo especular adquiriendo un nuevo significado mientras se encamina a una conclusión que deja gran cantidad de cabos sueltos.

Los episodios, tratan de llenar los vacíos del pasado, pero es difícil satisfacer tantas cuestiones abiertas. Sin embargo, su final es suficientemente definitivo y completo para ofrecer la gran culminación a la historia general que promete. Los ocho últimos episodios son grandes y diferentes y conducen a una solución que opta por simplificar toda la complejidad que ha ido alimentando con cierta coherencia. Pese a que puede decepcionar, hay una visión de un gran plan cuyos creadores han tenido la inteligencia de no alargar, por lo que cada pieza encaja con precisión. Pero el elemento diferencial de ‘Dark’ es que tiene una factura por encima de la media de muchas otras series fantásticas que, si bien están cargadas de efectos especiales, cuando implican elementos de drama juvenil tienden a ser planas e intercambiables, por lo que, salvo casos como ‘Stranger Things’, el nivel a batir es flojo.

Entre toda la cantidad de producción hay de todo, pero muchas series recientes de Netflix son ejercicios rutinarios que hacen que ‘Dark’ destaque sin demasiada dificultad y, esto, hoy por hoy, con más de 180 millones de suscripciones, hace que contenidos de calidad amplifiquen su importancia y resonancia crítica, porque la ubicuidad también crea una nueva necesidad de posicionarse, comentar y participar en el fenómeno. El tiempo dirá si se confirma su condición de clásico de la televisión.