26 diciembre 2016

La pintura de Aurora Romera



Prefiere su jardín

   Aurora Romera vive en plena selva, al sol y con la mar cercana. La selva la cobija, envuelve y no sólo la acaricia sino que la violó de niña, la penetró por todos los resquicios, anidó en sus entrañas y permanece en ella. La dejó para siempre anegada de adelfas, buganvillas, helechos, celindas, hibiscus, petunias, azaleas, lagartijas y pájaros. Aurora mira los caracoles que pasean por las hojas de la hiedra como miramos los pintores, con los ojos entornados a modo de persianas al sol.

    Sin embargo, igual que si estuviera ante un espejo, la selva que prefiere pintar es la que lleva dentro. Por eso cuando pinta no es que observe sino que pare, que da a luz, que inventa.

   Prestidigitadora, se saca de la manga tonos de terciopelo gastado para los filodendros o morados de «Las Siete Palabras».

  Parece que prefiere su jardín interior porque conserva mejor que los de fuera la humedad del rocío, el temblor, el olor de la yerba, o esa cosa inefable que tienen los tapices de floresta cuando se nos vienen encima. Aurora sabe mucho de esto y lo cuenta muy bien.

  Es gacela con el olfato fino y la sabiduría vieja de las gentes del sur. Por eso, en la aparente dulzura de sus cuadros hay siempre un hilo de amargura.  Santiago del Campo


La artista de describe

Me gusta pintar lo que me sale del alma. Soy autodidacta, pinto desde hace 20 años expresionismo y abstracción. Me gusta el color y la forma, vivo en el campo, me gusta pintar cuadros grandes, la medida que sea.

Me preguntan por qué pinto con un estilo expresionista y abstracto. Para mí, el arte abstracto surgió como una necesidad de prescindir de todos los elementos figurativos, para así concentrar la fuerza expresiva en formas y colores sin ninguna relación con la realidad visual.

Sorprende el dibujo, imprescindible en todas las pinturas, igualmente en la abstracción. Las formas, colocación de colores, la fuerza que quieres imponer, los sentimientos, al fin, la sensibilidad.

Siento a veces deseos de expresar las formas que tiene una hoja, un pez con sus movimientos y el color. La esencia del color, no sé si lo conseguiré, es un factor importante en mi pintura. He estudiado a muchos pintores. Hay un cuadro de Goya que me cautiva -pintura negra-, se llama Perro semihundido, es maravilloso y hermético. La pintura es para mí una forma de ver y sentir, de meterme en la entonación. Aurora Romera Ojeda (Alcalá de Guadaira, 1937-Sevilla 2016) 



Obra pictórica
Exposición antológica, Alcalá de Guadaira, 2010
Vídeo de la artista en Grecia


La pintora retratada junto a uno de sus cuadros en junio de 2016.

23 diciembre 2016

La velocidad a la que circulan los mensajes nos deja indefensos


A veces se hace necesario echar mano del estoicismo para coexistir con todo lo que sucede a nuestro alrededor. Y esto se debe a que, más que otra corriente filosófica, el estoicismo es un modo de existir. Vivimos tiempos preocupantes, muy difíciles de asumir políticamente. La victoria de Donald Trump en EEUU, por ejemplo, casi no se puede digerir porque demuestra que lo importante no es lo que la gente haga, sino no dejar de insistir en los argumentos oportunos, ya sean verdaderos o falsos. Hace no mucho parecía imposible que algo así pudiera llegar a suceder, pero me inquieta que la velocidad de la información sea la última la razón, la que lo determine todo. La velocidad se alimenta del olvido, lo que pasa hoy ya no significa nada dentro de tres días. Nada más llegar al poder, Trump ya consiguió que se dejara de hablar de algunas barbaridades que había prometido en la campaña electoral. La velocidad de las ideas es ya más importante que su profundidad. Y esto nos deja indefensos. Gonçalo Tavares, escritor portugués

22 diciembre 2016

La Movida madrileña de los años ochenta

Por CARLOS MARTÍN GAEBLER


La restauración de la democracia en España tras las elecciones generales de 1977 trajo consigo profundas transformaciones sociales. Las libertades reconquistadas se hicieron notar especialmente en el mundo artístico. Así, al comenzar la década de los 80, se iba a iniciar un auténtico renacimiento cultural que se extendería a lo largo y ancho de la geografía hispana, pero cuyo epicentro sería la ciudad de Madrid. Estaba naciendo lo que más tarde, y con el paso del tiempo, se conocería como la Movida madrileña. Artistas provenientes de diversas disciplinas coincidieron en el tiempo y en el espacio e hicieron de la capital del Reino una de las ciudades culturalmente más efervescentes de Europa.


Esta generación de creadores, que se caracterizó principalmente por un desenfadado espíritu hedonista y una actitud abiertamente contestataria, abarcó desde cineastas, rockeros y cantantes hasta pintores, fotógrafos y diseñadores. Sin quizás proponérselo  conscientemente, estos jóvenes españoles iban a cambiar profundamente la imagen típica y tópica que España, aún por esas fechas, proyectaba hacia el exterior para sustituirla por la de una sociedad emergente, enormemente creativa e innovadora, y con mucho que aportar al patrimonio cultural de la Europa de finales del siglo XX.


La Movida estuvo protagonizada, entre otros, por cineastas como Pedro Almodóvar, cuyas películas Laberinto de pasiones o La ley del deseo retratan el espíritu hedonista de esos años; por grupos de pop-rock, como Radio Futura, Gabinete Caligari, Alaska y los Pegamoides, Los Secretos, Nacha Pop, los gallegos Golpes Bajos o el barcelonés Loquillo y los Trogloditas; por artistas plásticos, como Ceesepe, Oscar Mariné, o los gaditanos Costus; por fotógrafos, como Alberto García AlixOuka Leele o Miguel Trillo, quien plasmó las mejores instantáneas de los músicos de la Movida y de su público; por revistas, como La luna de Madrid; salas de conciertos como la mítica Rock-Ola; por ferias de arte contemporáneo, como la madrileña ARCO; o era difundida por programas de televisión, como el legendario La edad de oro de Paloma Chamorro en La 2, o de radio, como el Diario pop dirigido por Jesús Ordovás en Radio 3. 


Todos estos creadores y escenarios produjeron una generación cultural equiparable en importancia a la Generación de 1927. Si ésta fue primordialmente un movimiento poético y literario, la Movida fue eminentemente audiovisual y mediática. Los medios de comunicación propagaron el espíritu de la Movida por todo el país hasta hacerlo extensivo a toda una generación de jóvenes españoles que accedieron a las libertades bailando a sus ritmos, cantando sus letras, leyendo sus textos, luciendo su moda y sus peinados, o identificándose con sus películas. Para mi generación, los ochenta fueron, lisa y llanamente, la alegría de vivir.


Hoy en día, y con la obligada perspectiva histórica, se puede afirmar que la Movida madrileña de los 80 y la Generación poética del 27 representan los momentos de mayor lucidez creativa del siglo XX español y son la gran aportación de la modernidad española a la cultura occidental.

Related sites in English: 
La Movida madrileña on Wikipedia
Brief History of La Movida madrileña 
An Inside View of the Movida madrileña


18 diciembre 2016

ABUSOS SEXUALES Y DEPORTE

ABUSOS SEXUALES Y DEPORTE

Antonio Peñalver: “Cuando abracé a Millán al ganar la medalla, pensé ¿qué mierda estoy haciendo?”

El subcampeón olímpico de Barcelona 92 relata por primera vez los abusos sexuales que sufrió a manos de su entrenador y que marcaron su vida y su carrera




Antonio Peñalver saluda al Rey en presencia de Millán tras lograr la plata en Barcelona 92. RICARDO GUTIÉRREZ

Antonio Peñalver Asensio (Alhama de Murcia, 1968) es APA para todos sus amigos del pueblo, las iniciales de su nombre y apellido que imprimió en su camiseta de fútbol sala antes de hacerse atleta. Antonio Peñalver es para todo el mundo, Superpeñalver, el decatleta español que ganó una medalla de plata en Barcelona 92, 1,93m, 90 kilos, la perfección del cuerpo. Y para todo el mundo, Peñalver es también el producto de la magia de un gran entrenador, Miguel Ángel Millán, que le sacó de la nada de un pueblo perdido. Esto era así hasta hace unos días, hasta que la policía detuvo a Millán en Tenerife después de que un joven lo denunciara por abuso sexual. Aquel día, el lunes pasado, comenzó a conocerse la historia verdadera, la que Antonio Peñalver cuenta por primera vez, la que le permite decir, por fin, “todo fue una mentira”.




—Mi historia es la misma que podría contar cualquiera de mis compañeros. Cuando eres víctima no tienes escapatoria posible. El proceso anterior está perfectamente planificado, y es muy cuidadoso. Antes de atacar, él te deja absolutamente aislado. Tus compañeros son enemigos. Como yo iba a ser bueno, como yo prometía y era especial... Eso es lo que todos los elegidos se creían. A mí me hizo sentir así, lo mío se podía aplicar a cualquiera, pero, claro, lo que pasa es que yo seguí después y, mira tú, llegué a ser subcampeón olímpico. Te desarraiga de tu familia, lo que en mi caso fue fácil porque este, Miguel Ángel Millán, sabe perfectamente lo que hace. Yo soy hijo de campesinos y, claro, las inquietudes que yo podía tener a los 13 o 14 años estaban como a una galaxia de distancia de lo que podían entender mi padre y mi madre. ‘Pobrecitos’, me decía, ‘es que ellos no entienden’. Era una forma de hacerse mi padre, mi consejero, mi amigo, todo. Todo. Y los otros compañeros eran solo gente que quería llevarme de fiesta porque, claro, yo era la envidia. Mi única solución era dedicarme solo al entrenamiento. Y el tiempo libre era estar en su casa, compartir la media vida, películas, todo eso, como si fuera yo uno más de la familia. Hasta que llega el momento en el que, de repente, una noche te está tocando.
—¿Qué edad tendría entonces? ¿14, 15 años?
—Yo tenía 13 años largos, fue del invierno a la primavera de 1982 a 1983. Se repitió varias veces, pero no puedo precisar cuántas porque esas cosas, supongo que será por un mecanismo de defensa, se borran de la memoria, hasta que, en un momento dado... Yo intentaba evitarlo, me acostaba boca abajo, pero no sé por qué, al final, siempre había un sitio reservado a su lado y te despertabas con él encima. Justo cuando ya te vencía el sueño, porque, claro, siempre intentaba no quedarme dormido.



"Intentaba evitarlo, pero siempre había un sitio reservado a su lado"

—Esto, ¿dónde ocurría?
—Esto ocurría en Sierra Espuña, aquí cerca, en la casa. Al principio los sábados subíamos a hacer algo de entrenamiento, que luego se convirtió en acampada, y luego este hombre se compró una casa casi caída y los niños íbamos ahí a entrenar y también a restaurar la casa. Hacíamos de peones de albañil, críos de 14 años. Esto muestra el poder y la imagen que tenía en el pueblo como para que un montón de chavales estuviéramos allí, conscientes los padres de que estábamos con un señor que era un puñetero Dios, de imagen intachable, esa de ayudar a los pobrecitos con necesidades económicas, ayudar a los chicos con problemas para que el deporte los reconvirtiera, los alejara de los vicios... Hasta que desaparecían. Sospecho que los que desaparecían era por lo mismo.
Por esa época yo era un chaval que saltaba altura. Mi desarrollo hormonal fue muy tardío. No me llegó la testosterona hasta que no tuve 15, casi 16 años. Era alto, desgarbado, malo. Saltaba poco pero prometía porque era muy alto. En el momento en que se produjeron los abusos no entiendes lo que está pasando. Solo la primera vez me dirigió la palabra, y yo contesté que no, pero siguió, por supuesto. Se repitió unas cuantas veces, no sé cuántas, durante unos meses. No era todas las semanas. Fueron varias excursiones a la sierra. Después de trabajar y entrenar, nos acostábamos en una habitación de unos 15-20 metros cuadrados. En el suelo dormíamos sobre esterillas o jarapas uno al lado de otro... Y te despiertas con, con... ¿Qué haces? ¿Gritas? No puedes hacer nada. Al menos, entonces, yo no pude hacer nada. Ni los compañeros. Estaba a 15 centímetros del de al lado. ¿Qué haces?



"Al final te vencía el sueño y te despertabas con él encima"

Cuando eso se repitió cinco o seis veces, dejé de ir a las excursiones, y entonces me convertí en invisible. Otra gente que conozco y que sufrió los abusos, ¿qué hacía?, desaparecía para siempre de ahí. Se iban y ya está. Yo, seguramente, porque en ese momento no tenía donde ir, no tenía amigos... ¿A quién se lo cuento? ¿A mi padre? Es que ni se me pasó por la cabeza. Yo seguía yendo a la pista de atletismo todos los días a mendigar un poquito de afecto. Esa es la cuestión. Te pasas media vida intentando hacer ver que eres el mismo, recuperar lo anterior, recuperar al segundo padre, al amigo, al consejero espiritual, al que te ha dicho que tú eres la hostia y que el mundo es maravilloso...
—No sé, y no pudo ir al cura del pueblo...
—No he estado yo en contacto con la Iglesia ni con nadie, absolutamente con nadie. Era mi vida y mi religión en esos momentos era el atletismo, y Miguel Ángel Millán. No tenía dónde ir que no fuera la pista de atletismo. No había otra cosa. Yo iba allí como un zombie y hacía las cosas por mi cuenta, libremente. Era un crío de 14 años haciendo los entrenamientos que veía hacer a los otros, pero después de unos meses, de pronto me dirigió la palabra. Oye, que a partir de ahora vamos a entrenar otra vez en serio, bien. Yo respondí entusiasmado. Mi vida volvía a tener sentido. Millán es buen técnico cuando quiere...






Miguel Angel Millan en una imagen reciente.


—¿Se había acabado ya el acoso?
—No volvió a tocarme jamás. O tenía otro o pensó que yo ya no era seguro, no sé. Con el paso del tiempo ya pude sospechar que podría haber otro, pero entonces, para nada. Yo pensé que había sido el único hasta el año 92. Y todos pensaban también que habían sido los únicos. Empecé a entrenar otra vez y esa buena relación entrenador-atleta se prolongó hasta que llegó la oportunidad de que la federación le pagara para entrenarme solo a mí y al grupo de atletismo, y a partir de entonces, también de repente, empezó a estar desaparecido. No quiero decir que el motivo económico fuera básico, seguramente coincidió con que despareció mucha gente de allí y quizás necesitaba una punta de lanza para volver a recuperar el cartel... Y este ha sido exactamente el mismo proceso que ha repetido en Canarias, construirse una imagen estupenda, maravillosa y en cuanto ha tenido el mismo poder y control ha vuelto a ejecutar los mismos planes. Cuando desapareció de la pista, sencillamente nos pasaba los planes de entrenamiento a los buenos, y estaba a otras cosas, con la escuela de atletismo de los pequeños...



"Yo seguía mendigando afecto. Otros que conocía desaparecieron"

—Y tardó usted en darse cuenta de por qué...
—Después del 92 lo pensé y lo vi claro, e incluso intenté hacer algo pero me lo desaconsejaron legalmente por las consecuencias que podía tener contra mí... Y ese es otro peso que llevo encima.
Pero para seguir con el relato, los entrenamientos que nos ponía eran vejatorios. Creo que lo hacía para mostrar su poder y, esto lo supimos por conversaciones con los que entonces eran críos, incluso se jactaba de ello. ‘Estos son unos fiesteros gandules que no pueden hacer lo que les pido’, les decía. ‘Yo estoy con vosotros, que vosotros sí que merecéis la pena, y no estos furufallas...’ Fue una sensación extraña y surrealista que aceptábamos como si fuese normal. Pero fue eso, despareció. Estaba por allí, pero yo me entrené solo media vida. Es todo una mentira todo eso de que él me llevó a la medalla del 92. Una puñetera mentira.
—Y nunca dijo nada.
—Es algo que llevo encima. Llegué a ser subcampeón olímpico porque entre nosotros nos ayudábamos y nos convertimos en pequeños autoentrenadores. Los hermanos Benet, por ejemplo, me enseñaron a pasar las vallas. Él me cargaba tanto que destrozó mi zancada. Pero la cuestión deportiva solo tiene relevancia por el efecto de manipulación que tuvo durante muchos años. Me acuerdo incluso que en el invierno 91-92 la única vez que me dirigió la palabra fue la víspera de que nos fuéramos a Estados Unidos. Y luego, en las concentraciones, ¿cómo ibas a llevarle la contraria? Se mostraba tan cercano, tan amigo, ante otros atletas y los demás entrenadores, como si fuéramos amigos, cuando a lo mejor hacía meses que no me hablaba. No tuve fuerza contra esa imagen tan perfecta de superentrenador, superamigo y súper de todo. Yo no fui capaz de decirle a nadie en su momento que todo era mentira, tanto en lo personal como en lo deportivo. En todo. Todo era mentira. Jugaba con mi hambre permanente de querer recuperar esa situación idílica de antes dándome como píldoras de afecto. En el año 92, y ya tenía 23 años, aún antes de tomar decisiones que iban a afectar al resto de mi vida, me preguntaba si hacer esto o lo otro le iba a gustar al señor Millán o no. Empecé entonces a ser consciente de que algo me estaba pasando. El momento más amargo fue, de hecho, aquel puñetero abrazo que le di cuando gané la medalla. En aquel mismo momento, lo juro, estaba yo diciéndome ‘pero qué mierda estoy haciendo, qué mierda estoy haciendo’...



"Siempre me afectará esto. Sin saberlo, estuve 20 años con depresión"

Volvimos a Alhama y me prohibió ir a la pista hasta el 1 de noviembre. Era una locura. Dos meses y medio sin hacer nada, después de los Juegos... Cuando volvimos a entrenar el 1 de noviembre, tras 10 semanas parados, él pudo hacer ver a ojos de los demás que yo no era el subcampeón olímpico, yo era el gandul de mierda que no había podido ser campeón olímpico por mi culpa. En diciembre del 92, y no sé cuál fue el detonante, no sé quién empezó a hablar, no lo recuerdo. Alguien que no recuerdo quién fue, me pregunta, ¿oye? ¿a ti te ha pasado algo con Miguel Ángel cuando eras crío? ¿hubo abusos? Entonces se descubrió y descubrí que yo no era el único, que había mucha gente, 20-30, por ahí... En ese momento entré en estado de shock absoluto, estuve dos meses o tres encerrado en mi casa, perdí 13 kilos, y solo me preguntaba, ¿qué hago? Millán se fue del pueblo, pero yo no sabía cómo enfrentarme a su imagen. Esa imagen todavía pesa. Aún hay mucha gente por ahí que defendería a este individuo.
—¿Cómo salió de la depresión? ¿Fue al psicólogo? ¿Le ayudó la federación?
—No es ninguna pose, pero no recuerdo con quien hablé. Ni siquiera recuerdo si llegué a contar lo que estoy contando ahora, lo que me pasó exactamente. Con la federación hablé para reconducir mi carrera deportiva. Empecé a ir a Madrid a entrenar, estuve con José Luis Martínez. Estuve mucho tiempo con un psicólogo que no recuerdo el nombre, pero me valió para ordenar las cosas en mi cabeza un tiempo. Y cuando volvía a estar atléticamente bien, fue cuando me rompí el dedo en el 93. Ya creía que me estaba recuperando personalmente y recibí otro puntapié. Fue entonces cuando hubo reuniones para intentar poner una denuncia que no se puso porque dijeron que había prescrito, pero es todo borroso... De vez en cuando podía tener un flash de luz, pero enseguida se me venía todo encima, toda la mentira de todo, desde el principio hasta el final. En el 92, yo era un puñetero héroe que no podía gestionar mi vida. Yo sentía que estaba engañando a la gente... Sin saberlo quizás estuve en depresión 20 años, no sé. Encima, aquí en el pueblo crearon la impresión de que yo me había vuelto un señorito y había destrozado a Millán, le había deprimido y se había tenido que marchar, pobrecito... Encima. Y hasta se decía que es que éramos pareja y nos habíamos peleado. ¿Y qué más? De todo. Me han puesto aquí en Murcia de homosexual, de cocainómano, de todo... La gente busca respuestas y cuando no las encuentra se las inventa.



"Años después me pidió perdón. Le dije que se perdonase él si podía hacerlo"

—Siempre me afectará esto. He tenido muchas depresiones y terapias. Me he sentido alejado del mundo. Las relaciones personales quedan marcadas para siempre. Mis relaciones de confianza nunca han sido normales con nadie. Nunca tienes la plena confianza con nadie. Siempre hay dudas, no se estrechan lazos. Es inconsciente pero eso existe. Lo tendrían que explicar los psicólogos o psiquiatras. ¿Cómo puede ocurrir que durante 25 años esté alguien callado? Aunque nunca estuve seguro de todo, yo supuse que todo había acabado con la salida de Alhama de Millán. Se suponía que donde fuera iba a haber prevención y vigilancia.
—¿Volvió a ver a Millán después del 92?
—Hacia 2002 o 2003 yo lanzaba solo peso y bastante, y un día en la pista de Elche estaba él con su hijo Germán y se me acercó a pedirme perdón. Es la única vez que hemos hablado. Le dije que se perdonara él si podía. Y él me contestó, con su soberbia habitual, veo que sigues siendo el mismo niño que has sido siempre. Por supuesto, pensé, el niño que había sido jamás lo podría ser, por su culpa. Es la única vez que he tenido la entereza de no salir huyendo. Porque perfectamente podría haber salido huyendo con todos mis 35 años y mi fuerza. Estuve tranquilo y luego pensé que simplemente me estaba tanteando a ver si yo iba a poner alguna objeción porque estaba volviendo al cuadro técnico de la federación española. Y podía haber pensado que si volvía a la federación era porque estaba todo controlado. La sensación de culpa y la sensación de intentar denunciarlo y no hacerlo porque un abogado me dijo que si lo hacía hasta mis nietos podían estar pagando demandas fue otro golpe fuerte. Y todo deja rastro.
—¿Siente que no hizo nunca lo que tenía que haber hecho?
—Pues sí. Entonces no pude, pero ahora humanamente no puedo quedarme quieto para que esto no vuelva a pasar bajo ningún concepto a nadie más. Yo ya entiendo después de mucho tiempo, y puedo vivir con ello, que pasara lo que pasó en mis tiempos. Pero el quedarme quieto ahora no podía ir conmigo. No podemos permitir ya más. Nunca más. Ni una sola persona más.

05 diciembre 2016

Síndrome de inmunodeficiencia social

La posverdad ha sido facilitada por las nuevas técnicas de comunicación. Me parece sintomático el uso que se hace de la palabra 'virilidad' en las redes. Por JOSÉ ANTONIO MARINA

Las sociedades tienen sus propias patologías. El fanatismo y la violencia, por ejemplo. Hace años, describí una enfermedad social apenas atendida. La denominé síndrome de inmunodeficiencia social. La inmunodeficiencia está bien estudiada en individuos: un organismo pierde su capacidad para defenderse contra un agente patógeno. Su sistema inmunitario deja de funcionar. Una sociedad puede también perder esa capacidad y volverse incapaz de aislar, combatir, neutralizar o expulsar los elementos dañinos. Sospecho que España padece esta enfermedad. Es la razón por la que no somos capaces de combatir la corrupción. 

Hoy quiero tratar otra manifestación de esa enfermedad que ha adquirido una virulencia especial en muchos países: la tolerancia a la mentira. Oxford Dictionaries ha elegido el término 'post-truth', posverdad, como palabra del año. Aunque existe desde hace dos décadas, ha saltado a la fama en los últimos meses. En lo que a mí respecta, por sendos artículos en 'Harvard Gazette' (julio de 2016), 'The New York Times' (agosto) y 'The Economist' (septiembre). Luego vinieron muchos más. La posverdad se define como "situación en que las emociones y creencias personales influyen más en la formación de la opinión pública que los hechos objetivos”. Mala definición si pretende definir un fenómeno nuevo, porque ese ha sido un sempiterno mecanismo de manipulación política o publicitaria. Lo nuevo es que una falsedad continúa siendo aceptada a sabiendas de que es una falsedad, y se toman decisiones basándose en ella, porque no se considera importante que lo sea. Sucedió en el Brexit y ha vuelto a suceder con Trump. Según 'PolitiFact', alrededor del 70% de las afirmaciones sobre hechos de Donald Trump eran falsas. Da igual. Christopher Robichaud, de la Harvard Kennedy School, sostiene que es cierto que Trump miente, pero que en la era de la política posverdad tal cosa no parece criticable. "Sería como criticar a un actor por decir cosas falsas”.

Se trata, pues, de una devaluación de la verdad y, paralelamente, de una devaluación de la falsedad y de la mentira. Como todos los fenómenos sociales, este tiene un larga historia, que contaré telegráficamente. El siglo XX mostró que todos los regímenes dictatoriales y todos los fanatismos defienden verdades absolutas. Se pensó que el antídoto era el pensamiento débil y un educado relativismo, menos belicoso que la pretensión de verdad. Todas las opiniones se volvieron igualmente respetables. Frente al monoteísmo de la verdad, el politeísmo de las opiniones. En los medios de comunicación se hizo cada vez más difícil distinguir entre 'hechos' y 'opinión sobre los hechos'. Incluso se piensa que los hechos no existen, solo existen las interpretaciones de los mismos. La palabra 'post-factual' es sinónima de 'post-truth'. Los expertos dicen, con un cinismo realista, que, si uno tiene el suficiente dinero, puede contratar a una agencia que le busque hechos que apoyen su idea, sea cual sea. Y, por supuesto, también puede contratar un filtro que solo le proporcione las noticias que corroboren sus prejuicios.

La posverdad ha sido facilitada por las nuevas técnicas de comunicación. Las patologías sociales se expanden como un virus. Me parece sintomático el uso que se hace de la palabra 'viralidad' en las redes. Por eso ha surgido la polémica, incluso dentro de Facebook. Según 'The New York Times', altos responsables de la compañía han discutido sobre la posible responsabilidad de Facebook en el triunfo de Trump, y la necesidad de trabajar para combatir la desinformación. Pero Zuckerberg ha recordado que esta red social no es una agencia de noticias ni un medio de información social, y que no pueden convertirse en guardianes de la verdad. Es una mera red social. Sin embargo, según el informe Pew, el 62% de los americanos recibe noticias a través de estas plataformas. Neerzan Zimmerman, que trabajó en 'Gawker' como especialista en “tráfico rápido de historias virales” (el nombre de su profesión ya es significativo), afirma: “Hoy día no es importante que la historia sea real. Lo único importante es que la gente haga clic sobre ella. Los hechos están superados. Es una reliquia de la edad de la prensa escrita, cuando los lectores no podían elegir. Ahora, si una persona no comparte una noticia, no hay noticia”. 

La tolerancia al engaño es una de las manifestaciones del síndrome de inmunodeficiencia social del que les estoy hablando. Se están intentando vacunas, como el 'fact checking', que comprueba los datos ofrecidos por los políticos. Han aparecido el FactCheck.org, PoliticFacts, The Fact Checker, en EEUU, Channel4Fact Check, Fact Check Central y FullFact en el reino Unido, 'El objetivo' de Ana Pastor en España, 'Les Decodeurs' en Francia, e iniciativas más limitadas, como el blog 'BILDblog' en Alemania, que verificaba los artículos del diario 'Bild'. Los grandes periódicos ya realizaban esta función con otro nombre. Por ejemplo, 'Der Spiegel' mantenía un equipo de 70 personas dedicado a verificar hechos, lo que supone un elevado coste económico. El 'Reporter’s Lab' de la Universidad de Duke recoge información sobre estas iniciativas. A pesar de su auge, por el momento, la vacuna no funciona porque el influjo de la posverdad es demasiado fuerte. Donald Trump ha calificado al 'fact-check' de “out-of-touch” y “elitist media-type thing” , es decir, algo desconectado de la realidad y elitista, y Michael Gove, uno de los políticos que más apoyaron el Brexit, afirmó que los expertos son un peligro, lo que suponía desacreditar el conocimiento.

La única solución que se me ocurre es defender una filosofía que crea en la verdad, lo que en este momento no es tan fácil de encontrar. Sin embargo, es posible. El síndrome de inmunodeficiencia social es un prueba más de que necesitamos reivindicar la filosofía —que trata del método para separar la verdad de la falsedad— como servicio público. 

Postdata. Cuando el artículo ya está escrito, leo un reciente discurso de Michael Higgins, presidente de Irlanda, diciendo que el mejor antídoto contra la posverdad es introducir la filosofía en las escuelas. ¡Bienvenido al club! (El Confidencial, 22.11.2016)