12 marzo 2024

Diamantes en la salchichería

Por ÁNGEL FERNÁNDEZ-SANTOS 
El País, 13.11.2000

Hace un par de viernes conté otra vez (hago ese ritual de dedo idiota de vez en cuando, porque su idiotez es esclarecedora) las películas que se estrenaron aquí ese día. Fueron nada menos que 11, y en ese chaparrón, o en otro diluvio similar, parece que quiere instalarse la ración de celuloide adocenado de los viernes del otoño. Y de la primavera, el invierno y, más cada vez, el verano. La pantalla de los fines de semana sufre así, a plazo fijo, entre brumas o sudores, un baño de charcutería cinematográfica a granel, casi todo procedente de fábricas californianas. 

¿Tan mal va el cine, tan zafios y desquiciados son los desajustes entre lo que puede darnos y lo que nos da que hace de la creación fabricación, del taller cadena y del estudio salchichería de filmes embutidos en serie o (con un endurecedor giro hacia lo hediondo) en ristra? Es así, aunque no lo sea, y no hay irrealidad en esta paradoja. La estomagante oferta de celuloide informe (ese que los mercaderes mercadean en y por horas, como quienes compran libros en y por metros de estantería), de un arte que como el cine sólo se entiende como fruto del encaje y la alquimia de la armonía y de las puras formas, es hoy en volúmenes abrumadores lo que a rajatabla dicta el graznido, la lógica de la ristra, del buitre que, sin tener ni idea de cómo se hace cine y cuál es el secreto tinglado de su naturaleza, se lo merienda a doble carrillo y así lo convierte en carroña. 
Pero la aplastante oferta de cine de salchichería no sólo no está acabando con el destello del diamante cinematográfico, sino que, por la maña de un efecto de rechazo, ha generado en él lo que nunca tuvo, espíritu de resistencia. Y el arte del cine, que de pronto se siente una vieja tarea secular, empuja con terca energía hacia la recuperación de su antigua invulnerable identidad. Lo vemos quienes seguimos el año a año del cine del mundo, con la nuca contra el día a día del consumo cinematográfico casero y cotidiano. Y nos llevamos alegremente las manos a la cabeza de esa paradoja tan viva y veraz a que antes me referí. 

En lo que va de año, mientras la indiferencia se traga crudas centenares y centenares de salchichas cinematográficas, unos pocos no hemos perdido el nudo que enlaza la modernidad con el celuloide de diamante recién tallado. Ningún mérito hay en ello, es un simple privilegio del oficio de cronistas errantes por las rutas de las pantallas del mundo. Ahora, la gente de la Academia Europea del Cine estamos recibiendo el papeleo y los vídeos de la última votación destinada a abrir camino al Premio Europa. Y de títulos y nombres que han saltado las primeras cribas salen chispas del viejo fuego sagrado

Nos vemos en la odiosa necesidad de elegir sólo una entre varias maravillas finalistas: la sueca Infiel, la danesa Bailar en la oscuridad, la francesa Para todos los gustos, las británicas Billy Elliot (prodigio desvelado en el Festival de Valladolid) y Chicken Run. Y, tras ellas, el sobresalto de nombres de intérpretes como la sueca Lena Endre, la británica Julie Walters, la alemana Bibiana Beglau, la islandesa Björk, el alemán Bruno Ganz, el español Sergi López, el británico Jamie Bell; y el guionista español Rafael Azcona y el dúo francés Agnes Jaoui y Jean-Pierre Bacri. Y filmes lejanos como los asombrosos In the Mood for Love, del hongkonés Won Kar-Wai, y Yi Yi , del taiwanés Edward Yang. Hace poco se hizo recuento de los votos con que críticos y especialistas de toda Europa designaron la mejor película del año: ganó el enorme diamante americano Magnolia, que Paul Thomas Anderson ha hecho contra vientos y mareas. Y quedaron tras ella El viento nos llevará , del iraní Abbas Kiarostami, y Bailar en la oscuridad, del danés Lars von Trier. Palabras mayores. 

Y esto sólo para entendernos. Se hace, y cada vez más, cine de puro diamante. Ahora están por ahí dos películas españolas, Leo y La espalda del mundo, que son puro universo. Hay que mimarlas, porque en el cine el genio está indefenso, es una orfebrería íntima cercada por fábricas de bisutería blindadas por el vendaval de la mercadotecnia y del copo de los mercados

09 marzo 2024

All Of Us Orphans

Desconocidos, el sexto sentido ‘queer’ y la orfandad homosexual

Por ÁLEX VICENTE

El País, 9 de marzo de 2024

Es difícil abrir una novela decimonónica sin encontrarse con un huérfano. Charles Dickens, George Eliot o las hermanas Brontë llenaron sus páginas de decenas de niños desdichados que malvivían en un Londres manchado de hollín, o bien de sus versiones adultas, sometidas a la misma infelicidad crónica, damnificadas por la sociología de la época y gravemente impedidas cuando llegaba la hora de amar. De Oliver Twist a Jane Eyre, la literatura victoriana y luego la eduardiana escogieron al joven desamparado como emblema y alegoría, hasta el punto de que algunos teóricos de la literatura han definido el XIX como "el siglo del huérfano". De todos los ejemplos, que son muchos, David Copperfield se lleva la palma: además del protagonista, hemos contado con hasta ocho huérfanos más entre su elenco. 

Morir joven era más habitual hace un par de siglos que en la actualidad, pero esta sobrerrepresentación literaria parece demográficamente exagerada. Se podría buscar otra explicación: la industrialización galopante, la nueva cultura urbana, los avances científicos y los conflictos religiosos habían dejado a los súbditos del Imperio desdibujados en la vida moderna, sin los puntos de referencia que en otro tiempo los guiaron, desorientados en un siglo para el que ya no tenían ningún mapa. Decía Charles Péguy, en forma de chiste no del todo desprovisto de razón, que el mundo cambió más entre 1880 y 1914 que desde los tiempos de la Antigua Roma.

Un nuevo huérfano ha llegado en la cartelera: Adam, el protagonista de Desconocidos, tan británico y desconsolado como sus predecesores. Aunque su indigencia no sea material como afectiva: sus padres murieron en un accidente cuando tenía 11 años, sus amigos se han casado, hipotecado y exiliado en las afueras, y él se ha quedado solo, viviendo con la única compañía de sus recuerdos en un Londres contemporáneo, pero tan desangelado como el de Dickens. Igual que sus homólogos del siglo XIX, Adam parece encontrarse en una encrucijada, paralizado por el miedo al VIH que le legó la generación anterior --cuando follar equivalía a morir, como reza un diálogo de la película--, pero también por la cultura del consumo sexual desaforado que han alentado las aplicaciones. Es niño y adulto a la vez, víctima de un desarrollo detenido, preadolescente eterno como lo fue otro huérfano como Peter Pan, en un triple salto mortal interpretativo que borda Andrew Scott, conocido como el hot priest de Fleabag y escandalosamente ausente de las nominaciones a los Oscar que se entregan mañana. 

También es huérfano su vecino, Harry, aunque sus padres no hayan muerto. Tiene 15 años menos que Adam y la suerte de no haber crecido con la misma homofobia en el ambiente: sus padres no le echaron de casa cuando les dijo que era gay, aunque siempre se haya sentido "como un extraño" en su propia familia. Salir del armario no hizo más que evidenciar esa anomalía: terminó con toda ambigüedad respecto a la aberración que él representaba en un espacio donde lo queer brillaba por su ausencia y lo condenó para siempre a una incómoda alteridad. A Adam le aterra la intimidad, mientras que Harry la regala gratis a los desconocidos. Pero los dos experimentan una soledad para la que tal vez no exista remedio; algo parecido a una orfandad radical. Son los Heathcliff y Catherine Earnshaw de este relato, dos huérfanos en una misma novela, obligados a aliarse y a quererse para sobrevivir.

Desconocidos no juzga el libertinaje gay como algo nocivo y lo recoge en varias secuencias, pero también se preocupa de representar la cultura homosexual como otra cosa: como una comunidad de huérfanos que se buscan unos a otros y se cuidan para salir adelante, igual que aquellos niños abandonados que protagonizaban variaciones de la survival literature en el XIX, cuando muchos autores se pusieron a firmar facsímiles de Robinson Crusoe en clave infantil. La película está emparentada con la soledad del esteta gay que desprenden las obras de Christopher Isherwood o Allan Hollinghurst (o, en España, Álvaro Pombo o Rafael Chirbes), pero tambien con la nueva literatura queer, llena de huérfanos literales (Ocean Vuong) o figurados (Édouard Louis) que deben valerse por sí mismos en un mundo cruel. El escritor Abdelá Taia recuerda cómo los jóvenes de su pueblo acudieron al exterior de su casa cuando tenía 11 años, la edad de Adam cuando murieron sus padres, y lo amenazaron a gritos con violarlo. Su familia no hizo nada. "Ahí me di cuenta de que nadie podía protegerme, ni siquiera mis padres", escribió el autor marroquí. Al enfrentarse a la figura espectral de su progenitor, Adam dice algo parecido: "¿Por qué no entraste en mi habitación cuando me escuchabas llorar?".

No ha gustado, sobre todo a voces del colectivo, que la película reduzca la homosexualidad a la identidad trágica, al camino de cruces sin fin, a una cadena perpetua a base de vergüenza y soledad. Es una crítica legítima --y comprensible en un mundo que prefiere las narrativas ascendentes-- , aunque la película insinúe, en realidad, una idea bastante más compleja: que uno hereda, lo quiera o no, los traumas de quienes le han precedido. Esta es, después de todo, una historia de fantasmas. Se echa de menos, en ciertas críticas, una pequeña dosis de empatía hacia los que sí crecieron, para su desgracia con ese sentimiento de monstruosidad. O hacia quienes no tuvieron la suerte de protagonizar una reconciliación tan bella como la que Adam vive con su madre, cuando esta le canta Always On My Mind, en la versión de Pet Shop Boys: "If I Made You Feel Second Best,/ I Am Sorry, I Was Blind".

05 marzo 2024

PD (Marica)_mediometraje


Formidable mediometraje francés dirigido por Olivier Lallart en 2019. Interpretado por Paul Gomerieux y Jacques Lepesqueur. Realizado antes de la pandemia, ha sido premiado en 53 festivales de cine y visionado 5 millones de veces en la red. En francés con subtítulos en inglés. 31 min.

Thomas, un estudiante de 16 años, descubre su atracción por Esteban, otro chico de su instituto. El rumor acerca de su homosexualidad se extiendo rápido y Thomas empieza a sufrir el peso de la mirada ajena.

A self-effacing teenager is outed after he admits to kissing another guy at a party and liking it. You know who else liked it, though? The guy he kissed! However, he's not going to admit that in a hurry. 

07 febrero 2024

All Of Us Strangers_film


All of Us Strangers (Desconocidos), es sencillamente una brillante e intrincada reflexión sobre el poder del amor, interpretada magistralmente por un Andrew Scott (Black Mirror, Fleabag) y un Paul Mescal (Normal People, Aftersun) en estado de gracia. El británico Andrew Haigh (quien también dirigió las muy notables 45 Years y Lean on Pete, y que ha adaptado esta historia que se mueve en el tiempo y en el espacio a partir de una novela del japonés Taichi Yamada) es uno de los mejores creadores, si no el mejor en mi opinión, de ficciones entre hombres, desde que sorprendió con su primer largo Weekend y su serie LookingEscribe sobre la complejidad de ser gay en nuestro mundo contemporáneo desde una lucidez inusual. Surge química entre Scott y Mescal, quien demuestra ser capaz de interpretar con la misma credibilidad a hombres hetero o a hombres homo enamorados, pero siempre desde la ternura, que es seña de identidad de la nueva masculinidad. Este irlandés es un portento actoral con tan solo 28 años recién cumplidos. Cine de muchos quilates, de mucha autenticidad. Prepárate a gozar de una banda sonora de lujo y de la música atmosférica que envuelve a esta historia londinense de ensoñaciones sobre la condición humana. Un filme, casi, casi tan bueno como Brokeback Mountain, que ya es decir. 

06 febrero 2024

¿Y qué hace ahí esa cruz?

Nada más arribar a Cáceres, el viajero recibe una bofetada en forma de cruz a los caídos erigida en una plaza céntrica, supuestamente a los muertos católicos en la Cruzada contra el estado democrático de 1936. Una cruz de ominoso granito se alza en medio de una glorieta muy transitada, desafiando la vigente Ley de Memoria Democrática, que prohibe cualquier monumento que enaltezca el golpismo y el régimen nacional-católico surgido del golpe de estado franquista. Esa ley fue aprobada por la mayoría del parlamento de la nación y es de obligado cumplimiento en cualquier ciudad o pueblo de España, incluido Cáceres. Si con dicha cruz pretenden homenajear también a los no creyentes, que dieron su vida por la democracia y por las libertades (incluida la de culto), entonces la falta de respeto a su memoria es indecente. En otras ciudades sí existe un monumento a TODAS las personas que dieron su vida por España, pero no es una cruz sino un monolito neutro y aconfesional, como el situado junto a una llama eterna en el Paseo del Prado. Al preguntar a los lugareños por este monumento, obtuve reacciones contrastadas: los varones respondían de forma visceral y furibunda: “cruces así las hay en todos los pueblos, es un símbolo de Cáceres”; sin embargo, cuando les comenté mi desconcierto y estupor a varias mujeres, éstas se mostraron más conciliadoras y comprensivas. Esa cruz rancia y vetusta me parece una puñalada a cualquier español de bien porque atenta contra la reconciliación (contaminó mi visita a la ciudad extremeña), y espero que pronto la retiren o trasladen a otro lugar, como un cementerio católico, por ejemplo, aunque, según me contaron, ningún alcalde se haya atrevido a ello aún. Deberían hacérselo mirar. cmg2024

29 enero 2024

Los placeres de viajar llegada la jubilación: tres trotamundos nos lo cuentan

Las personas entre 65 y 85 años aumentan en interés para la industria turística por su capacidad de romper con la estacionalidad y por su creciente número. Los destinos se adaptan para atraer a esta población que tiene tiempo y dinero.

Por SANDRA NAVARRO y GALO MARTÍN APARICIO

El País Viajero, 28 de enero de 2024

El tren que las iba a llevar del palentino pueblo de Espinosa de Villagonzalo a Santander tuvo que parar en Reinosa por una avería. Era de noche y hacía frío. A pesar de tener móvil, ninguna avisó a sus respectivas familias. Estaban bien, de camino a donde querían ir, y se tenían la una a la otra. Domitila Calvo tiene casi 90 años, y María del Carmen Polo, 71. Que no llamaran abrió los ojos al resto de los familiares cuando nos enteramos del percance. Nos ayudó a entenderlas y a no envejecerlas con nuestras miradas. Para nosotros no había razón para hacer aquel viaje, para ellas era tan necesario como emocionante subirse a aquel tren. Era su manera de decir que se sienten bien y un acto romántico, como lo es El caminante sobre el mar de nubes (1817), un cuadro de Caspar David Friedrich en el que se ve a un hombre de pie en una cumbre rocosa y dando la espalda a quien lo mira. Frente a ese hombre, un precipicio se extiende hacia un horizonte de cimas escarpadas que parecen resistirse a que la niebla las vuelva invisibles. Condición que experimentan socialmente las personas, más las mujeres, a partir de cierta edad.

El envejecimiento de la población es una combinación del incremento de la esperanza media de vida y el descenso de la natalidad. Un problema social y fiscal que requiere de soluciones creativas. Japón, junto a Corea del Sur y Hong Kong, es el país más longevo, su esperanza media de vida supera los 84 años. La de España es de 82. En ese contexto, el segmento de personas entre los 65 y 85 años cada vez genera más interés a la industria del turismo por su capacidad de romper con la estacionalidad a la hora de viajar y por su número. Según las perspectivas de la población mundial de 2019 de la ONU, en 2050, de los 9.700 millones de personas que se estima que haya, 1.552 millones, algo más que la población de China, tendrán más de 65 años. Ahora hay unos 720 millones. Y la Organización Mundial del Turismo calcula que la población mayor de 60 años supondrá más de 2.000 millones de viajes para 2060. Un dato suculento.

La croata Sania Jelic tiene 67 años y desde que se jubiló, después de una trayectoria profesional en el sector turístico, ha realizado un viaje en solitario de cinco meses por Sudamérica y ahora está recorriendo parte de África. Todavía no ha regresado y ya tiene en mente viajar a Asia y a la Polinesia Francesa. A los que no les queda lejos la jubilación, Sania les adelanta: “Con un poco de suerte la mayoría de las personas llegarán a los 65 años en buena forma física y mental. Con la capacidad de disfrutar plenamente de por lo menos 10 años más de vida activa”. Ella es parte de los jubilados muy activos, segmento generacional entre otros dos; el de los mayores de 50 años y hasta los 65, y el de los adultos mayores, a partir de los 80 años, más o menos. Juan Carlos Alcaide, profesor de ESIC Business & Marketing School, explica que las personas como Sania, que gozan de buena salud, disponen de tiempo y tienen poder adquisitivo (pensión, ahorros o a una herencia), buscan vivir nuevas experiencias en destinos naturales, históricos y culturales: “Les gusta la integración con el paisaje y el paisanaje. El aprendizaje y la vivencia en el eje de la actividad hace que el turismo que practican sea mucho más activo que el que hacían antes las personas de su edad”.

A Isabel Martínez Higueras (68 años) la pandemia le coincidió con su jubilación como psicóloga clínica, lo que la obligó a posponer su viaje a Japón. Fue en otoño de 2023, y pasó dos meses en calidad de visitante, que es como ella denomina su perfil en ese país. Isabel asegura que la jubilación es una ventana de oportunidades para redirigirla hacia cosas que le interesan y no requieren una necesidad económica. En una cafetería de Pozuelo (Madrid), vestida con una chaqueta roja de tejido de quimono, cuenta: “Fui a Japón a sentirme yo allí”. Según ella, lo suyo no es un viaje turístico, sino experiencial. Lo hizo sola, aunque conocía y conoció a japoneses durante su estancia. “No voy a sitios en los que no conozco a nadie. Me atrae ir a ver a gente y ver qué surge”. Para conocer gente hace uso de Couchsurfing, una aplicación que sirve para contactar con lugareños que ofrecen su tiempo, compañía y hasta su casa. Para buscar alojamiento recurre a contactos previos y a la plataforma Homestay, una red mundial de hospitalidad y alojamiento en familia.

Las personas a las que llamamos mayores, veteranas o viejas tienen conocimientos y habilidades que no se les presupone no por su edad, sino por ideas preconcebidas por los de 40, 30 y 20 años. Sania cuenta sus viajes en Instagram con fotos, vídeos, reels y directos. Conoció a Isabel a través de esta red, que ella también usó para contar su día a día en Japón. El contenido que crea Sania durante su periplo africano se lo envía a Isabel y ella lo cuelga. Isabel, a diferencia de Sania, dice que no quiere ser modelo de nadie, pero si hay alguien a quien le interesa lo que hace, que mire @japonconcanas: “Comparto vivencias que otras personas no pueden tener, aunque mi objetivo primordial es experimentar, aprender y conectar”. Lo que sí hacen las dos, además de publicar en español e inglés, es viajar ligeras; maleta de cabina con ruedas y mochila.

En solitario o en grupo

Katrin Dams (71 años, @katrindams2) es una belga afincada en Hondarribia para quien hacer una maleta pequeña es su gran trauma. “Siempre llevo demasiadas cosas”, cuenta por teléfono. Los primeros viajes los hacía en vacaciones, cuando aparcaba su trabajo como traductora, monitora de aeróbic y como propietaria del pequeño hotel en el que convirtió su casa al divorciarse. Cumplió los 70, se jubiló y siguió viajando. No le sorprende que sus nietas de 19 años le digan que no es como las abuelas de sus amigas, ni tampoco que sus hijos no sepan ni adónde va ni de dónde viene. En 2023 ha estado en Angola, Congo, Sudán, en el norte de Nigeria, Chad, Mauritania y Senegal. En 2024, de momento, tiene previsto ir a Pakistán y Afganistán. Es consciente de que para viajar como lo hace ella hace falta dinero, también voluntad. Viaja más que Tintín y lo hace sola y a lugares conflictivos, con el apoyo que le brinda la agencia Last Places.

Cuando viaja en grupo, la edad del resto no le importa, lo que no le gusta es hacerlo con parejas. Parejas que cada vez se animan más a viajar en grupo por una cuestión práctica y económica, como Eva Sanz Arévalo (50 años, economista), quien fue a Islandia con su marido. Lo hizo al abrigo de Huna, turoperador del grupo Huakai orientado a personas entre los 40 y 60 años, a las que acompaña una líder de grupo, encargada de coordinarlo, gestionar la logística y ayudar en caso de necesidad. Las personas que han viajado con Katrin, aunque sean más jóvenes, le piden que vuelvan a viajar juntos, su familia le pide que haga lo que hacen las personas normales. A sus nietas, que siempre le dicen el miedo que les da que se vaya, les responde que ya ha vivido su vida, que quiere morirse haciendo lo que quiera en ese momento y mientras pueda, aunque quiere vivir todo lo posible para disfrutar de ellas: “Nuestra vida nos pertenece a nosotras, no a los demás”, concluye Katrin, quien añade que Benidorm no es para ella, todavía. Ella no es parte de esos 30 millones de turistas extranjeros de más de 50 años que visitan España y se gastan de media 1.100 euros por persona.

Mayor oferta

Benidorm, Levante, Canarias y Baleares son la geografía por excelencia de los destinos de los jubilados (en 2019 los séniores aportaron a la industria turística española, según estimaciones del Libro Blanco de la Silver Economy, casi 9.000 millones de euros, el 28% del total), aunque José de Juan Saboya, director general de Silver Economy Group, cuenta: “Cada vez hay más destinos que se esfuerzan por ofrecer una propuesta atractiva para este segmento; adaptando la oferta en destino y trabajando la comunicación y la comercialización. En los últimos años ha ido surgiendo una oferta mayor, comercializada por agencias de viaje especializadas en los turistas séniores, que dan respuesta a las nuevas necesidades y expectativas de este público, que ya no espera lo mismo que hace 10 o 20 años”. Que se lo pregunten a Domitila y a María del Carmen, dos veteranas con ánimo para seguir haciendo escapadas.

28 enero 2024

Hoy 28 de enero celebramos el Día del Bibliobús

Desde hace varios años, el 28 de enero se viene celebrando en nuestro país el Día del Bibliobús. Esta conmemoración es una iniciativa de la Asociación profesional española independiente para la defensa y la difusión de los servicios bibliotecarios móviles (ACLEBIM), junto con la Federación Española de Sociedades de Archivística, Biblioteconomía, Documentación y Museística (FESABID).

El bibliobús, tal y como su nombre indica, es un autobús o furgoneta, en general de grandes dimensiones, reacondicionado como biblioteca pública. Su objetivo es acercar la lectura de libros y revistas, materiales audiovisuales (las baldas de las furgonetas están divididas en público infantil, novelas, biografías, fondo local, cómic, poesía y teatro, además de películas y series), incluso puntos de acceso a internet a zonas rurales o de difícil acceso que no cuentan entre sus instalaciones locales con un edificio permanente de biblioteca pública.

El lema elegido para el Día del Bibliobús es: “Los bibliobuses facilitan la vida de nuestros pueblos”. Este lema destaca la relevancia de las bibliotecas móviles como agentes dinamizadores de la cultura, el conocimiento, la cooperación y la animación a la lectura en las zonas rurales más pequeñas y alejadas de los núcleos urbanos.

Además, este servicio de biblioteca pública, al proveer a los niños y adultos de estas zonas de productos culturales de forma continuada, es un gran aliado en la actual lucha contra la despoblación rural y permite contrarrestar la creciente adicción a las pantallas.


La Dirección General del Libro y Fomento de la Lectura, a través de la Subdirección General de Coordinación Bibliotecaria, se suma a esta iniciativa un año más para visibilizar, apoyar y destacar la imprescindible labor llevada a cabo por todos los profesionales de los bibliobuses españoles, una actividad que sin duda entronca con la que desarrollaron los maestros y maestras de las Misiones Pedagógicas llevadas a cabo por la República Española para llevar la cultura a las zonas más aisladas del país.

Según los últimos datos extraídos del informe Bibliotecas públicas españolas en cifras, en España circulan un total de 75 bibliobuses que recorren diferentes puntos de la geografía española. (En las fotografías, el bibliobús que recorre los pueblos apartados de Cantabria.)

Los 75 bibliobuses activos en 2019 recorrieron 2.008 municipios, con 3.167 paradas, y dieron servicio a una población de 11.327.019 habitantes, que representan el 24% del total de la población, cifra que pone de manifiesto lo imprescindible de este servicio público.

En el portal de Bibliotecas públicas españolas en cifras se pueden consultar todos los datos detallados por Comunidades Autónomas o Bibliobuses.


Artículo relacionado: 
De ruta con el Bibliobús: “Hay gente que viene y te dice que la lectura le ha salvado la vida”

27 enero 2024

Plan B para aficionados a sustancias tóxicas

Por Carlos Martín Gaebler

Tras ver el documental británico sobre la epidemia de sexo químico Chemsex (Filmin), que advierte de una bomba de relojería en ciernes, se me ocurren algunas ideas para gestionar la soledad sin tóxicos, y de modo saludable.

Suelta el móvil de las manos por un rato y coge un libro (de Almudena Grandes o de García Márquez, por ejemplo); siempre se ha dicho que leer enseña a vivir. Métete una buena serie por los ojos (tipo Breaking Bad), o una película en versión original por los oídos (tipo Perfect Days). Hazte unos largos en la piscina, o suda levantando pesas en el gimnasio, y verás qué subidón de endorfinas. Inyéctate a los Rolling Stones o a Prince por vena (son eternos). 

Siéntete libre bañándote en bolas en el mar. Únete a una sesión de senderismo por el monte con la peña. Organiza una quedada en bicicleta con tus colegas (sin dopaje previo). O, si eres una persona de posibles, móntate en unos esquíes y date un chute de adrenalina lanzándote montaña abajo. Inféctate de emociones fuertes. ¿Has probado a cerrar los ojos al despegar o aterrizar en un avión? 

Si eres aficionado al poliamor, cómete a tu chica, o a tu chico, o ambos, de arriba abajo. El sexo lento y sin drogas proporciona placeres indescriptibles. Métete sustancias recreativas por boca que producen un gran placer, no tienen efectos nocivos sobre la salud y no destruyen neuronas irremplazables: chocolate negro, jamón de pata negra, unas gambitas, unos berberechos, un sorbete de limón al cava, una copa de rioja o de champán, y, a vivir, que son dos días. 

Protégete a ti mismo y a tus parejas sexuales; conseguirás no reinfectarte una y otra vez y contribuirás a no saturar el servicio público de salud. PD: Las Autoridades Sanitarias advierten de que EL TABACO MATA. Y el chemsex también. cmg2024

Esta columna fue publicada originalmente en elDiario.es. Puedes leerla aquí.

23 diciembre 2023

Madrid, quién te ha visto y quién te ve

Por Carlos Martín Gaebler

Vecinos funcionarios que retiran placas en el cementerio de la Almudena con los nombres de los represaliados por el franquismo; vecinos universitarios de un colegio mayor que insultan a sus compañeras de la residencia de enfrente al grito de “Sois unas putas”; vecinos homófobos que gritan por las calles “Maricas, fuera de nuestros barrios”; vecinos ultras que le gritan a un ministro “Marlaska, maricón”; vecinos LGTB que ven recortados sus derechos; vecinos pijos que reclaman la libertad de tomarse una cerveza en un bar a la hora que les plazca durante un pandemia mortal; vecinos incultos y rencorosos que no se suman al duelo por la pérdida de la mejor escritora local y española en todo un siglo; vecinos conductores que reclaman su derecho a contaminar circulando por zonas de acceso restringido; vecinos al volante poco o nada amables con los ciclistas; vecinos futboleros que blanden en estadios la bandera nacional contra los aficionados de otro equipo español; racistas madrileños que insultan desde la grada a futbolistas negros por el color de su piel; vecinos integristas que cortan el tráfico de una calle rosario en mano; vecinos nazis que muestran la esvástica en concentraciones de extrema derecha; vecinos militares que acuden a concentraciones políticas con un arma al cinto; vecinos machistas que no condenan la violencia contra las mujeres o se desmarcan de los minutos de silencio por las víctimas; vecinos ultras que, para hacerse oír, increpan a mujeres que van a abortar; y ayer, un vecino concejal agredió a otro concejal con intención intimidatoria durante el pleno del Ayuntamiento, y a esta hora aún no ha dimitido. Madrid, caverna de fascistas impunes, quién te ha visto y quién te ve. cmg2023

Esta columna fue publicada el 9 de enero de 2024 en elDiario.es. Puedes leerla aquí.

20 diciembre 2023

Sexo químico (chemsex): radiografía de un problema de salud pública

A las consecuencias clínicas de las fiestas que mezclan sexo y drogas (mayor riesgo de transmisión de VIH y otras ITS o graves efectos en la salud psíquica) se unen otras más invisibles enraizadas en un entramado de problemas emocionales, de aceptación y de autodestrucción.

MARÍA CORISCO
11 enero de 2021


Son muchas las capas que envuelven y conforman el fenómeno creciente de las fiestas con sexo químico (chemsex). La capa exterior, esa que nos habla de interminables sesiones de sexo y drogas, es tan estridente que eclipsa el fondo del problema y corremos el riesgo de quedarnos en la superficie. Pero, a no mucho que profundicemos, encontraremos un entramado de factores –desde el estigma del VIH a la homofobia interiorizada– que explican por qué esta práctica se ha convertido en un problema de salud pública.

El término, de origen anglosajón, es un acrónimo de las palabras chemical y sex, es decir, drogas químicas y sexo. Nada nuevo si se tiene en cuenta que, ya desde la Grecia clásica, se encuentran referencias a la utilización de sustancias psicoactivas en un contexto sexual. Pero el chemsex o sexo químico tiene un patrón de consumo característico, tanto en el tipo de sustancias como en el perfil de usuarios y en el desarrollo de los encuentros sexuales, que lo vincula a prácticas de riesgo que favorecen una mayor probabilidad de transmisión del VIH y otras infecciones de transmisión sexual (ITS), así como a diferentes problemas psicoemocionales y a complicaciones para la salud. Metanfetamina, mefedrona, pópers o GHB/GBL son de las más consumidas en el chemsex, pero también éxtasis, ketamina o cocaína, todas potenciadoras de la desinhibición y que disminuyen la percepción del riesgo.


El perfil de usuarios, principalmente el de hombres gays, bisexuales y otros hombres que tienen sexo con hombres (agrupados bajo las siglas GBO), es especialmente vulnerable a los riesgos y daños asociados a su práctica. Otro factor que se añade a la problemática es el de la proliferación de aplicaciones móviles que se utilizan tanto para buscar parejas sexuales como para la compraventa de las sustancias, lo que favorece que se viralice como conducta de ocio. Todo ello eclosiona en un tipo de fiestas sexuales –en grupo habitualmente, pero también en tríos, o en parejas– que se pueden prolongar durante días y en las que se desvanece fácilmente todo lo que tenga que ver con la prevención y el cuidado de la salud.

Profundizar más allá del cliché
Los expertos hablan de un desafío de proporciones aún desconocidas. “Se sabe que el sexo químico es predominantemente urbano, más frecuente en Madrid y Barcelona, así como en destinos turísticos populares entre los gays como Torremolinos, Sitges, Ibiza o Valencia”, explica Jorge Garrido, director de Apoyo Positivo, asociación dedicada a la asistencia y promoción de la salud y muy centrada en VIH y otras ITS. Pero es muy difícil conocer su verdadera magnitud porque se mueve en los circuitos clandestinos de las sustancias ilegales y en la opacidad de las aplicaciones con geolocalización. Para obtener una aproximación no queda otra que tirar de encuestas. La más reciente, la EMIS-2017 (encuesta europea online entre hombres que tienen sexo con hombres, y en la que participaron 10.652 residentes en España) revela que, de los que habían tenido relaciones sexuales en los doce meses anteriores, el 14,1% había practicado chemsex en ese periodo, y el 7,6% en las últimas cuatro semanas. La tasa se elevaba en algunos subgrupos, como el de hombres con VIH o el de quienes cobraron o pagaron a cambio de sexo.


Es la fotografía de un cliché. Pero la radiografía nos habla tanto de causas visibles como invisibles detrás del fenómeno. “Las aplicaciones proporcionan inmediatez, disponibilidad y accesibilidad a parejas y drogas, pero no son la causa”, puntualiza Garrido. Fueron las asociaciones, recuerda, las primeras en darse cuenta del viraje que estaban experimentando las juergas de sexo y drogas. “A medida que íbamos viendo cómo el consumo sexualizado de estas sustancias, que antes era puntual, terminaba convirtiéndose en una cultura del ocio, y cómo se iba permeabilizando dentro del colectivo gay, bisexual y de hombres que tienen sexo con hombres, quisimos entender por qué se estaba expandiendo”.

“Detectamos un número significativamente alto de pacientes con historial de abusos, de acoso por su orientación del deseo o por su identidad sexual”, explica Jorge Garrido desde Apoyo Positivo. Es entonces cuando ven que detrás hay un entramado de problemas emocionales y de salud mental. “Nos llamó la atención que no se trataba, en principio, de perfiles conflictivos: eran jóvenes de mediana edad, de entre 30 y 40 años, con un cierto nivel de estudios. No eran grupos en riesgo de exclusión social”, detalla Garrido. Se trataba de ver qué los llevaba a adentrarse en esa espiral de consumo autodestructivo: “Al hacer una intervención más en profundidad, detectamos una mala gestión emocional. Y aparecen también las fobias: “Vivimos una masculinidad tóxica, consecuencia de la cual encontramos en los propios GBO una homofobia interiorizada y, en los infectados por VIH, una serofobia latente. Hay traumas no gestionados, una no aceptación de la sexualidad. Se instaura la cultura del rechazo hacia lo que pueda parecer femenino, se condena la pluma”.

Ni prevención ni protección
Habla Garrido de autodestrucción. Como especialista en enfermedades infecciosas, el doctor Pablo Ryan, del Hospital Universitario Infanta Leonor (Madrid), ve a diario las consecuencias clínicas del chemsex. “Cada vez nos encontramos más ITS o ETS, sobre todo debido a la percepción disminuida del riesgo. Las drogas dan una sensación de euforia y de invulnerabilidad”. Al mismo tiempo, señala, se da la paradoja de que el control de la infección por VIH que proporcionan los tratamientos antirretrovirales ha propiciado una relajación de las precauciones: “Los tratamientos funcionan muy bien y los pacientes saben que no transmiten el virus; además, los practicantes de sexo químico que no tienen VIH tienen a su disposición la PrEP (profilaxis preexposición), por lo que saben que no van a infectarse. Así, disminuye la prevención y la protección, y el preservativo prácticamente no se utiliza”, expone Ryan. La consecuencia es un enorme incremento de otras enfermedades de transmisión sexual, como la gonorrea o la sífilis. “Tampoco ayuda que algunas de estas drogas se consuman por vía parenteral [es decir, no digestiva, como puede ser la intravenosa]. Es el llamado slamsex o slam, que favorece aún más la transmisión de infecciones”, añade.


Siguiendo en el contexto específico del VIH, existe en la comunidad médica una preocupación especial en torno al modo en el que algunos tratamientos antirretrovirales pueden interactuar con ciertas drogas utilizadas en el sexo químico. La información es limitada –lógicamente, no existen ensayos clínicos de pacientes que tomen  antirretrovirales y drogas–, pero se sabe que algunos antirretrovirales modifican la forma en la que se metabolizan las drogas, pudiendo provocar tanto un incremento de su toxicidad como una sobredosis. Asimismo, desde el GTT (ONG dedicada a elaborar información sobre tratamientos del VIH y el sida desde la perspectiva comunitaria) advierten: “Si una droga o sustancia disminuye las concentraciones de un medicamento antirretroviral, el tratamiento podría dejar de funcionar correctamente y, en consecuencia, perderse el control de la infección por VIH. Y, si una droga o sustancia aumenta las concentraciones de un medicamento del VIH, podría aumentar el riesgo de desarrollar efectos secundarios asociados al fármaco”.

Además, las drogas, en particular en el ámbito del sexo químico, pueden tener una influencia negativa en la adherencia al tratamiento antirretroviral. Esta pérdida de adherencia, según el estudio Impacto clínico del ‘chemsex’ en las personas con VIH, se puede producir por distintos motivos: por una percepción anormal de la importancia de la medicación; por una alteración del patrón del sueño; por la imposibilidad de ingerir al tener problemas con la masticación y la deglución, o porque algunos antirretrovirales se deben tomar con comida y estas drogas pueden reducir el apetito. El impacto más fuerte se prevé en quienes realizan consumos muy intensivos, que podrían llevar a la pérdida frecuente de tomas y, por tanto, comprometer la eficacia del tratamiento.


Pero las consecuencias clínicas, coinciden los expertos, van más allá y envuelven especialmente la esfera de la salud mental. “Muchas de estas personas parten de una vulnerabilidad previa que les hace estar más predispuestos a tener un consumo problemático con estas drogas”, explica el doctor Ryan, y Jorge Garrido lo corrobora: “El chemsex se ha asociado con sobredosis, suicidios, adicciones, problemas de salud mental, agresiones sexuales, etc. A lo que hay que sumar el impacto negativo en el rendimiento profesional y en la vida social y afectiva”. Volviendo a la EMIS-2017, el 5,9% de los participantes presentaba un grado severo de ansiedad y/o depresión y el 21,4% tuvo ideas suicidas en algún momento durante las dos últimas semanas previas a la encuesta.

Una estrategia de reducción de daños
El camino pasa por entender que se trata de un problema de salud pública. Así lo han entendido ciudades como Madrid y Barcelona, que han incluido el sexo químico dentro de sus planes municipales de adicciones. “Todos debemos involucrarnos”, advierte el doctor Ryan. “Los médicos debemos ser proactivos y preguntar a nuestros pacientes por su consumo de drogas. Y no podemos decirles que la droga es tóxica, que no la tomen, sino que hay que intentar una estrategia de reducción de daños; dentro de esta estrategia, en la que damos consejos para prevenir ITS o evitar la pérdida del control, procuramos que no utilicen la vía inyectada, porque hemos visto que se asocia a mayores síntomas psicopatológicos graves, como paranoias, conductas suicidas o psicosis”.

Jorge Garrido, desde Apoyo Positivo, concluye: “Hay que ir a ver qué está pasando con el consumo sexualizado de sustancias más allá del colectivo GBO. Ver cómo gestionamos nuestra sexualidad y nuestra vida erótica, cómo nos relacionamos emocionalmente. Es la asignatura pendiente”. (Fuente: VIHda positiva) 

Información y apoyo
chemsex.info es un sitio web de información de la ONG stop. sobre reducción de riesgos cuando se consumen drogas y otras sustancias durante el sexo.

El Servicio ChemSex Support es anónimo, gratuito, confidencial y, sobre todo, respetuoso con la vivencia de la sexualidad de cada cual y su consumo de drogas y otras sustancias. Está gestionado por profesionales de la comunidad gay. No es necesario dejar de consumir ni es necesariamente el objetivo. El objetivo lo marca cada cual. Ofrecen atención psico-sanitaria y asesoramiento en reducción de riesgos, tanto de forma presencial como por videoconferencia. 

¡PÁSALO!

Artículos relacionados:

La vida es muy corta para fingir que eres hetero

Diseño Cachorro Lozano






























...

21 noviembre 2023

Gonzalo Orquín: pintando las migraciones humanas


El Migratie Museum Migration de Bruselas presenta desde el 22 de noviembre de 2023 hasta el 15 de febrero de 2024 la exposición "Being Human - The sea at night is too big", del artista español residente en Roma Gonzalo Orquín, un evento colateral de la presidencia española de la Unión Europea. Comisionada por la Embajada de España en el Reino de Bélgica, la exposición nace de una idea de Francesca Paci, periodista de La Stampa, y tiene como objetivo contar historias y experiencias de migrantes y refugiados que llegan a Europa, centrándose en particular en dos de los principales puntos de llegada: por mar, en Lampedusa, Italia, a través del Mare Nostrum, y Bihac, en Bosnia, en la llamada "ruta balcánica”.

Filippo Grandi, Comisionado de Alto Comisionado de las Naciones Unidas para losRefugiados (ACNUR) : “Cada obra de arte en esta exposición actúa como un puente entre las personas, compartiendo historias de valentía. Cada una hablará al espectador a su manera. Al conocer las historias y reconocer algunos de los rostros, desempeñamos nuestro papel en poner a las personas en el centro de cómo abordamos la migración y el asilo.”

Amy Pope, Directora General de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) : “Las imágenes nos hablan directamente y cuentan una historia que trasciende las palabras. Esperamos que esta maravillosa exposición inspire a todos los que se encuentren con estas ventanas a la experiencia de los migrantes. Este arte es una herramienta poderosa para enriquecer las percepciones sobre uno de los temas más importantes de nuestro tiempo.”

"Being Human", explica Orquín, "es una exposición que, honrando la tradición española del retrato y el realismo, busca dar voz a aquellos que con demasiada frecuencia son invisibles. Un proyecto que, a través del arte, busca crear un puente de comprensión y empatía, recordándonos que detrás de cada migrante o refugiado, hay una historia única y valiosa que merece ser contada y celebrada. El nombre y la historia junto a cada cuadro aseguran que las historias de los migrantes, refugiados, jóvenes, adultos, madres, niños, perduren y se compartan”.

Las 16 obras expuestas describen a los migrantes como individuos únicos y no como una masa anónima. Son retratos a los que Gonzalo Orquín les da un nombre, un rostro y una historia, fruto de encuentros en los que el artista supo de sus historias de supervivencia. Los cuadros Incluyen tanto escenas duras y sombrías de intensidad dramática, como el desembarco nocturno de una patera en el Mar Egeo, o el momento en que llegan jóvenes de Afganistán después de seis meses de caminar con los pies destrozados por llagas que algunos voluntarios curan, como momentos de esperanza, particularmente en las pinturas que representan escenas de maternidad: historias contemporáneas que provienen de diferentes partes del mundo, como Nepal, Nigeria o Ghana.

La exposición también incluye una pintura que representa a un joven de espaldas, sin mostrar su rostro, que compartió su experiencia como refugiado LGTB. Una obra que busca destacar las dificultades enfrentadas por las personas homosexuales en su búsqueda de un futuro mejor en un mundo en el que 67 países aún consideran la homosexualidad un delito.

Para llevar a cabo el proyecto, el artista de Aracena colaboró con ARCI, ICS (Consorcio Italiano de Solidaridad - Oficina de Refugiados), OIM (Organización Internacional para las Migraciones) y ACNUR (Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados), con la colaboración especial del fotoperiodista Francesco Malavolta.

Parte de los ingresos de la venta de las obras se donará a las asociaciones que hicieron posible el encuentro con los protagonistas de esta exposición. Cada pintura tiene un nombre ficticio, para respetar la privacidad de la persona retratada y una cartela que narra su historia. Utilizando diversas técnicas con gran maestría, óleo sobre lienzo o collage, Gonzalo Orquín busca representar la esencia de cada individuo a través de retratos detallados de sabor universal, en la secular tradición del realismo pictórico español.