03 julio 2009

Definición de laicidad

"Una laicidad bien entendida es, ante todo, una doctrina de concordia civil en el interior de los Estados, así como en las relaciones interestatales; es también una doctrina que protege al individuo de la dictadura del conformismo y de las presiones psicológicas que pueden ejercer sobre él los notables y dirigentes de su comunidad religiosa o étnica; es, además, una doctrina destinada a preservar la integridad de la religión y de los valores espirituales, resguardándolos de las manipulaciones de los políticos en la competición por el poder, al tiempo que preserva la integridad del Estado de las manipulaciones de los religiosos".

Definición del maestro politólogo libanés Georges Corm, aportada en su conferencia "Globalización y comunitarización del mundo: ¿Cuál es el futuro de la laicidad", 2006

10 junio 2009

Origen del celibato

Celibato
ROSA MONTERO

El País, 09/06/2009

El Papa ha aumentado el poder de la Congregación para el Clero con el fin de que castiguen más duramente a los curas que rompen el celibato. Mira que es maniática la Iglesia con esto del sexo, vive Dios. Aunque, en realidad, la obsesión no es estrictamente con el sexo, sino con la coyunda tradicional entre hombre y mujer. Porque están surgiendo por doquier bochornosos incidentes de pederastia y la Iglesia no parece reaccionar con la misma inquina. Vamos, que el Papa no ha dicho nada de aumentar los castigos para los pedófilos. Los curas son seres humanos y, como tales, contradictorios y falibles. No me sorprende que haya pederastas entre los sacerdotes: por desgracia los hay por todas partes. Lo que me indigna es la tibieza con que eso se persigue dentro de la Iglesia oficial. Y mientras tanto, en cambio, atizan de lo lindo al cura que se acuesta con una mujer consentidora y adulta.

El celibato es un invento tardío de la Iglesia. Durante más de un milenio nada impidió que los curas tuvieran esposa. Muchos sacerdotes, bastantes obispos y unos cuantos papas estuvieron casados. Fue Gregorio VI quien se inventó lo del celibato en 1073. Y a la gente le pareció algo tan absurdo que los curas siguieron casándose como si nada. De manera que en el Concilio de Letrán, 50 años más tarde, tuvieron que declarar ilegales esos matrimonios. Algunos historiadores sostienen que esa súbita fobia anticonyugal fue por la herencia. Las propiedades del cura célibe pasaban a la Iglesia, y no a la viuda y los hijos (esto explicaría la tirria vaticana a las relaciones adultas heterosexuales). Los expertos también aseguran algo bastante obvio: que la prohibición del trato con mujeres aumentó la misoginia y el machismo en los países católicos. El celibato sólo puede ser una opción personal; que sea obligatorio es insensato y perverso.

05 junio 2009

Unas palabras que la Iglesia católica no quiere recordar

JUAN ARIAS
El País, 03/06/2009 

Una buena parte de la Iglesia católica, concretamente del clero, deja espantados y verdaderamente escandalizados a los fieles que aún creen en dicha confesión religiosa, debido al número cada día mayor de abusos a niños y adolescentes por parte del clero.
Nunca la palabra escándalo ha sido mejor usada. Y lo curioso es que esa palabra fue la usada hace más de 2.000 años por quien, según la Iglesia, fue su fundador y maestro, Jesús, el profeta de Nazareth. Y lo hizo para referirse a los abusos con los niños.
Los exégetas saben muy bien que es muy difícil decidir cuáles de las sentencias importantes que se ponen en boca de Jesús son de su autoría o fueron creadas o manipuladas por los evangelistas.
Suelen existir dos criterios para reconocer cuándo unas palabras pueden ser o no literales, pronunciadas tal cual por Jesús. El primero es que aparezca en más de uno de los Evangelios considerados inspirados por la Iglesia. Si aparece en más de dos, la credibilidad aumenta. Un segundo criterio es que se trate de una frase tan plástica y original, a veces tan compleja o grave, que difícilmente haya podido ser obra de la invención de un evangelista.
Pues bien, existe un texto enormemente fuerte y eficaz de los Evangelios que habla precisamente del escándalo de abusar de los niños. Jesús es tajante. Pide la pena de muerte para quien escandalice a un niño. ¿Y qué mayor escándalo para un niño que abusar de él sexualmente?
El texto aparece nada menos que en los tres Evangelios llamados sinópticos: Mateo 18,5; Marcos, 9,42 y Lucas, 9,46. La Biblia de Jerusalén, traducida directamente del original, le pone como título al episodio en los tres Evangelios la palabra "escándalo".
En el Evangelio de Mateo, tras una discusión de los apóstoles sobre problemas de jerarquía, en la que le preguntan al maestro quién será el "mayor" en el Reino de los Cielos, Jesús desarma sus ambiciones, llama a un niño y les dice que si no cambian de mentalidad y no se hacen como los niños, "no entrarán en el nuevo Reino". Enseguida, Jesús se identifica él mismo con los niños: "Quién recibe a un niño como ése en mi nombre, a mí me recibe". Y enseguida pronuncia la gran sentencia: "Pero al que escandalice a uno de estos pequeños, más le vale que le cuelguen al cuello una de esas piedras de molino que mueven los asnos y le hundan en lo profundo del mar" (Mt, 18,6 ss). Jesús continúa diciendo que en el mundo siempre habrá escándalos, pero ¡ay de aquel hombre por quien el escándalo viene!
La imagen gráfica de la rueda de molino alrededor del cuello de quien escandalice a un
niño, aparece exactamente igual en el Evangelio de Marcos y en el de Lucas, además de en el de Mateo. Lo que revela que debía de haber creado gran impacto entre los primeros cristianos y que no fue posible silenciarla.
La imagen que sugiere Jesús haría pensar que a quien escandaliza a un niño más le valdría suicidarse. Pero, los tres evangelistas hablan de pena de muerte. Son los otros quienes deben colgarle esa piedra de molino al cuello y arrojarle al mar. ¿Cabe pena más severa?
Ahora bien, ante todo lo que está ocurriendo en la Iglesia, donde se multiplican las noticias sobre escándalos y abusos cometidos contra niños por una parte del clero, tanto bajo como alto, me pregunto por qué el papa Benedicto XVI, los obispos, cardenales y prefectos de las congregaciones romanas, en vez de levantar discusiones bizantinas sobre si es peor la pederastia o el aborto, o intentar silenciar los escándalos, no han obligado a todos los párrocos del mundo a leer en las iglesias y en los seminarios y en las curias episcopales la terrible condena del manso profeta de Nazareth contra quien abusa de un niño y lo escandaliza.
Deberían repartir pancartas con esa frase lapidaria de los Evangelios. Que se trate de suicidio o de pena de muerte no importa. Lo que Jesús quiere decir es que ese individuo no merece seguir viviendo. ¿Les parece esto muy fuerte? ¿Pero no dicen que los Evangelios han sido inspirados por Dios?
Todo el resto es querer recoger agua en un tamiz, es tergiversar, engañar a los fieles sin tener el coraje de enfrentar a los culpables con las palabras de acero de Jesús. Para él el símbolo del niño y de la infancia es una metáfora de transformación, de nueva vida.
Al intelectual fariseo Nicodemo, Jesús le dice que tiene que volver a entrar en el vientre de su madre y renacer como niño para entrar en otra dimensión vital superior.
Todo atropello a un niño es un atropello a la vida misma, de ahí que quien lo comete no merezca, según Jesús, seguir viviendo.
Y, añade, si tu mano o tus pies o tus ojos se convierten en objeto de escándalo, y más si se escandaliza a un niño, es mejor automutilarse. Jesús pronuncia esas palabras inmediatamente después de la imagen de la rueda de molino.
Más de una vez me han preguntado si cuando yo estudiaba en un colegio de religiosos existían abusos con los adolescentes. No lo sé. Lo que recuerdo es que después de haber tomado una ducha con agua helada en pleno invierno en la gélida ciudad de Logroño, uno de los padres profesores obligaba a pasar uno por uno por su cuarto a los alumnos recién duchados para darles, desnudos, friegas de alcohol que según él "revigorizaban el cuerpo". Por la noche, antes de dormir, en la capilla, nos decían que la Virgen lloraba por nuestros "pecados solitarios". Los de ellos no eran pecados, eran simples masajes terapéuticos de alcohol.
La Iglesia sigue queriendo minimizar los abusos de menores que ha consumado su clero. De nada va a servir.
Lo quieran o no, la rueda de molino de la que hablan los evangelistas, colocada sobre el cuello de cada cura pederasta, seguirá siendo la condena inapelable de los ciudadanos y de la sociedad al gran escándalo de abusar de un menor del que ellos deberían ser los mejores guardianes y defensores.

04 junio 2009

Barcelona-Madrid: desencuentro conyugal

Por RAFAEL GUMUCIO
El País, 04/06/2009
Recuerdo como si fuera hoy la primera vez que vi a un barcelonés perderse en Madrid. No era un visitante ocasional; había estado, por motivos laborales y sentimentales, cientos de veces en la capital. En su desorientación creí sentir no sólo ignorancia o distracción, sino algo de orgullo y coquetería. Una forma extraña de lealtad. Para mi sorpresa, él no era una excepción. No pocos madrileños a los que les conté el caso, me confesaron que nunca habían viajado a Barcelona. En su defensa alegaban que en París, en Tánger o en Filadelfia, se sentían menos extranjeros que en la Ciudad Condal.
No sé si el AVE ha terminado con esos dos especímenes tan particulares de ciudadanos. Viví en España en la época del Puente Aéreo y sus perpetuos cambios de horarios y tarifas. Por entonces era más fácil y más corto viajar a París desde Madrid o Barcelona, que viajar de Madrid a Barcelona. Dificultad de conexión, que presentía quizás no era sólo logística, sino que tenía que ver con ese complejo tejido de desconfianzas y malentendidos que jalonan la historia de estas dos ciudades. Desconfianzas y malentendidos que explotan en el fútbol y el encuentro de sus dos equipos símbolo, pero que sigue flotando en el día a día como una delgada niebla que no les permite mirarse y admirarse mutuamente.
¿Cuál de las dos ciudades es más europea, cosmopolita, vivible, bonita, divertida? ¿Dónde vas a instalarte si vienes a vivir a España, cuál de las dos vas a abandonar cuando te vayas a vivir a la otra? Te preguntan insistentemente los fanáticos de ambos bandos. Por supuesto, hay barceloneses que aman Madrid y madrileños que admiran Barcelona, pero incluso los más tolerantes, los más cosmopolitas, sienten la tentación de comparar siempre las dos ciudades a propósito de cualquier cosa. O es Madrid o es Barcelona, nunca las dos, menos, las dos al mismo tiempo. Una maldición secular nos hace pensar a los hispanoparlantes que debemos amar y creer en una sola idea, una sola religión, una sola familia, patria o literatura porque la pluralidad en nuestras sociedades, en nuestras geografías, en nuestras historias plurales, es sinónimo de heterodoxia. Heterodoxia es decir herejía, san Benito, hoguera e Inquisición.
Eso, de partida, tienen en común ambas ciudades, el culto a sí misma en contra de la otra. El miedo a esa otra que piensan que puede desdibujar su identidad en vez de afirmarla. De alguna forma resulta inconcebible para la mayor parte de los madrileños y de los barceloneses que te puedan gustar igualmente dos ciudades tan diametralmente diferentes. Distintas incluso hasta en el clima, el color de sus muros, el ritmo de sus días, el tipo físico de sus habitantes. Más allá de la obvia distancia entre una ciudad que habla catalán y otra que lo desconoce completamente, son distintas también en el uso mismo del castellano. Completamente diferentes en su humor, su trazado urbano, sus horarios, sus travestis, sus fines de semana, sus panaderías, sus héroes y sus bandidos.
Curiosamente, es justamente esa diferencia total la que hace que Madrid y Barcelona sean profundamente compatibles. Porque mientras sus habitantes compiten, las ciudades no lo hacen. El barrio gótico o el Born no tiene equivalentes en un Madrid casi sin Edad Media. Las olas de tejas pardas entre las cúpulas barrocas de La Latina no compiten con una Barcelona a la que los Habsburgos parecen apenas haber tocado. El mar que, completamente apaciguado, baña Barcelona es justo el que le falta a un Madrid que gobierna una meseta muy lejos de cualquier playa posible. La sierra que refresca el aire de la capital templaría de manera eficaz la siempre húmeda Barcelona expulsando todo virus y contagio.
A no pocos intelectuales barceloneses no les vendría mal una temporada en la rugosa Madrid donde todo el mundo viene de lejos, y cambia de nombre y de identidad sin que nadie les culpe por ello. A no pocos madrileños algo del rigor, algo de la plasticidad, de la luminosidad de Barcelona les daría otra dimensión a sus trabajos. Lo supo hasta Cervantes que mandó a sus dos manchegos a dar sus últimos combates en Barcelona. Para el artista de cualquiera de las dos ciudades, la otra debería ser una asignatura obligatoria sin la cual la comprensión de lo que es su país, no sólo es incompleta sino falsa y deforme. Una comprensión falsa y parcial que es muchas veces la de los políticos de ambas comarcas, cuando resaltan las diferencias obvias y olvidan las menos obvias semejanzas.
Conocer las dos ciudades es tan importante como comprender la relación que las anima y distancia. Esa relación, más que una u otra ciudad, está en el centro de lo que España es y ha sido. Sólo a medianoche, sólo a media voz, los madrileños y los barceloneses admiten que los liga algo más que la costumbre, las leyes o el comercio. Más que rivales, enemigos o socios, estas dos ciudades son marido y mujer, de esas parejas que se amenazan todos los meses con el divorcio pero que no se separan nunca. Una pareja que se complementa en la diferencia y se necesita porque no se parecen. El gamberro madrileño que trabaja a escondidas, que bromea, que se ríe, necesita a la gran dama del Mediterráneo, que vende y compra libros, muebles, afiches, cuadros, colores. La señora Barcelona, en la que la seducción, el color, la apariencia lo es casi todo, pero como tantas damas quiere ser recordada como seria, callada, alemana. Gran señora que se complementa, no sin conflicto, con la apurada Madrid en que la estética nunca importa demasiado, en que todo se resuelve en cantidad y casi nunca en calidad, en la que todo es ruido y chismes y comidas con infinidad de platos y una cierta sabiduría de tierra adentro que comprende el tiempo de una manera a veces más eficaz que su contraparte.
Los conflictos entre las dos ciudades tienen así la virulencia, la urgencia, la insubstancialidad de las peleas conyugales. "Tú me dijiste esto, tú esto otro, tu mamá es insoportable. No me gusta cómo hablas, cómo te vistes, la cara que pones o no pones cuando vienen visitas a la casa". Una pareja en que ambos cónyuges recuerdan de distintas formas el noviazgo y la boda. "Tú me obligaste, la familia me apuró, y yo quería mucho más a este otro, ese de más allá era el hombre o la mujer para mí". Una pareja que siempre juega con el posible quiebre de su relación, que coquetea cada cierto tiempo con el divorcio, pero que cuando se le ofrece el divorcio retrocede, se disculpa, se reconcilia, para volver a pelear apenas consumada la reconciliación. Una pareja que sueña con un amante, otro que disuelva la tensión, pero que sabe que con nadie más que con el otro puede pelear, distanciarse, volver a encontrarse con tanta paz, con tanta intimidad, con tan secreta complicidad.
Un antiguo matrimonio que confiesa seguir juntos sólo por los hijos, pero que de tarde en tarde, cuando nadie los ve, confiesa que hay amor en esa costumbre, que donde las cenizas arden tibiamente, hubo antes fuego. Matrimonio en eterno tironeo, que se da el lujo de dudar y no creer pero que a la hora de los verdaderos conflictos, en el momento de los más temidos dolores, están milagrosamente juntas. Así en el frente de Madrid y en el de Barcelona en la Guerra Civil, viviendo ambos una resistencia paralela, y paralelos bombardeos, hambrunas, fusilamientos, como recuerda el ciclo Defensar Madrid es defensar Catalunya, cuya tercera cita tiene lugar hoy en el Círculo de Bellas Artes. Por más que lo intenten, ni una ni otra ciudad puede echarle en cara la guerra a la otra. La Edad Media, el Renacimiento, la Edad Barroca fueron para Madrid y Barcelona experiencias diferentes, el siglo XIX los obligó a mirarse la cara, pero fue el siglo XX, su guerra, su tiranía, los que los sorprendió entrelazados, sufriendo el mismo dolor, celebrando el mismo olvido. 

"No nos une el amor sino el espanto", le dijo alguna vez Borges a Buenos Aires. Puede ser que este sea el núcleo central de cualquier pareja que se respete, unida tanto por el amor como por el espanto ante la soledad y la muerte. A esta pareja, la que forman Barcelona y Madrid, el verso de Borges les sienta a la maravilla. A estas dos formidables ciudades no las une el amor sino el espanto, es por eso -parafraseando nuevamente al poeta argentino- que se quieren tanto.
Rafael Gumucio es escritor chileno.

10 mayo 2009

Eso es así_corto

22 marzo 2009

Michael Clark Dance Company

Michael Clark's production of Send In The Clowns.

23 febrero 2009

Footbal vs Pride?_¿Fútbol contra Orgullo?




Tolerance United’s objective is dialogue between gays and straights, individuals and groups. Diversity only works when people learn to listen, to sympathise and to accept their differences. Diversity should be a source of inspiration. It’s all about respect.

07 febrero 2009

Andrómeda

M31, la galaxia de Andrómeda, es la de mayores dimensiones del Grupo Local, al que pertenece la Vía Láctea. Desde lugares oscuros y en noches de buena transparencia es posible verla a simple vista. La galaxia de Andrómeda es espiral y posee una masa casi una vez y media superior a la nuestra. Esta fotografía fue obtenida utilizando medios amateur desde el Observatorio del Roque de los Muchachos en la isla canaria de La Palma. Javier Méndez Álvarez. Foto: NIK SZYMANEK

09 enero 2009

La no vida de Roberto Saviano

MIGUEL MORA El País Semanal, 08/02/2009

Ya no es un hombre, es "un equipo". Desde que la Camorra le amenazó de muerte por su libro Gomorra, vive escoltado las 24 horas. No puede pasear, comprar o usar la tarjeta de crédito. Pasamos un día con el escritor y le acompañamos de viaje a Nápoles.

No sé si estoy medio muerto o medio vivo. Lo que sé es que la amenaza de los Casaleses me ha convertido en peor persona. Más desconfiado, más egoísta. Siento odio por los amigos que me abandonaron cuando salió el libro, entre una partida de Playstation y una de la Liga Fantástica. Apenas salgo de casa. No puedo usar tarjeta de crédito. Vivo escoltado 24 horas al día. Ya no soy un hombre, soy un equipo. Los muchachos son fantásticos, son napolitanos como yo, hacemos deporte juntos, boxeamos en el gimnasio... Pero echo de menos Nápoles, aquellos retrasos eternos del tren en la estación... El tiempo se ha deformado, los minutos son extraños, cada movimiento banal requiere un día entero. Y no puedo hacer las cosas mínimas: pasear, tomar algo en un bar, comprar una nevera. Ayer fuimos al supermercado y fue patético. Los carabineros alrededor del carrito, todos opinando sobre la pasta que debía coger. La gente se asustó, nos abrieron paso en la caja para que nos fuéramos rápido. Cuando salimos les dije a los chicos: 'No volvemos"...

(Para leer el resto del reportaje y ver un breve vídeo subtitulado de la entrevista, pinchar en este enlace.)

20 diciembre 2008

Estadolatría

Por JAVIER PÉREZ ROYO

Hace unos años, a fin de ordenar de la manera más racional posible el calendario de días festivos en todo el territorio del Estado, y dado que resultaba irrenunciable que uno de tales días festivos fuera el 6 de diciembre, aniversario de la ratificación de la Constitución en referéndum por el pueblo español, se pretendió que dejara de serlo el día 8, festividad de la Inmaculada y que, en el caso de que alguna comunidad autónoma deseara conservarlo como festividad, que tal día figurara entre los días festivos que cada comunidad tiene competencia para establecer en su ámbito territorial. La presión de la Iglesia Católica fue de tal intensidad que, como es sabido, resultó imposible acabar con la festividad de la Inmaculada como fiesta nacional. Para un país que avanza hacia la estadolatría no está nada mal.
Hace unas semanas ha sido noticia una sentencia por la que se ordenaba a un centro escolar de Castilla y León que retirara el crucifijo de las aulas, sentencia que ha sido recurrida por la Consejería de Educación de aquella comunidad autónoma. Que después de 30 años de la entrada en vigor de la Constitución las aulas de un colegio público estén todavía presididas por crucifijos, también es una buena señal de avance hacia la estadolatría.
Como no deja de serlo la enorme cantidad de centros religiosos concertados y sostenidos, por tanto, con fondos públicos, o las clases de religión impartidas por profesores designados por los obispos pero pagados por el Estado, o la financiación de la Iglesia a través no de un recargo sino de una detracción de los ingresos del Estado en el IRPF, o la previsión de la asistencia religiosa en las Fuerzas Armadas con dotaciones de capellanías castrenses y tantas cosas más que no es posible enumerar en el espacio del que dispongo. Vuelvo a repetir que para un país que lleva 30 años deslizándose hacia la estadolatría no está nada mal.
Me cuesta trabajo pensar que el arzobispo Angelo Amato, prefecto de la Congregación Pontificia para las Causas de los Santos del Vaticano, desconozca la realidad de la presencia de la Iglesia católica en España y los privilegios de los que goza. Me cuesta trabajo pensar que desconozca que la situación privilegiada de la Iglesia católica en España no tiene parangón en Europa. Y de ahí que me resulte difícil entender con qué evidencia empírica puede llegar a la conclusión de que “España está avanzando hacia la estadolatría, hacia la intromisión del Estado cada vez más en la vida de las personas”.
Tengo la impresión de que en España ocurre lo contrario. No es que hayamos avanzado hacia la estadolatría, sino que no hemos avanzado prácticamente nada en 30 años en lo que a la aconfesionalidad práctica del Estado se refiere. Los avances que se han producido han sido consecuencia de la conducta de los ciudadanos, que cada vez son más laicos, pero no de la acción de los poderes públicos en los distintos niveles de gobierno, que son de constitucionalidad más que dudosa, por no decir que abiertamente anticonstitucionales.
Pues, como escribía ayer en las páginas de Opinión Jorge Urdánoz Ganuza, en su artículo titulado Neutralidad pendiente, la verdadera noticia no es que se retirara el crucifijo, sino que siguiera estando en una escuela pública, de la misma manera que la verdadera noticia es que se siga impartiendo la clase de religión de la forma en que se hace o que se financie a la Iglesia católica mediante la renuncia por el Estado de parte de la recaudación del IRPF. Todo esto sí que es noticia, o debería ser noticia, porque nada de ello cabe en la Constitución. No hay un terreno comparable a éste en el que la acción de los poderes públicos haya sido tan poco respetuosa de la Constitución.
Y además, para nada, ya que los propios privilegiados se rebrincan contra los poderes públicos que le están reconociendo unos privilegios sin cobertura constitucional. En la pasada legislatura tuvimos ocasión de comprobarlo en varias ocasiones y en ésta, en la que parecía que la belicosidad de la jerarquía católica iba a ser menor, se vuelven a calentar motores con declaraciones como las del arzobispo Amato a las que acabo de hacer referencia o con manifestaciones como la prevista para el día 28 en Madrid, nuevamente en defensa de la familia.
Más vale una vez rojo que ciento amarillo, dice un conocido refrán. Creo que sería de aplicación oportuna en este terreno. ¿Por qué no se denuncian de una vez por el Estado los Acuerdos con la Santa Sede y se aplica la Constitución en lo que a la separación de la Iglesia y el Estado se refiere? Ya está bien de soportar lo que ningún Estado democrático debe soportar.
El País, sábado 20 de diciembre de 2008.

04 diciembre 2008

Doñana desde el aire

03 diciembre 2008

¡Cuestión de orgullo!

JOSE IGNACIO DIAZ CARVAJAL
O cómo construir una identidad gay saludable
Todavía hay gente homosexual a la que el hecho de que se les hable del Orgullo Gay les rechina, o les molesta. Como si no fuera necesario conmemorar un día de lucha por la causa homosexual. Igual lo asocian con una marchas en las que abundan gente con pluma, o disfrazada festivamente (“que escandalizan, y no ayudan a la normalización”, dirían estos), o consideran que ser gay es un asunto que solo tiene que ver con lo que haces en la cama, y, “eso, ¿a quién le importa?”
Creo que es muy importante hablar de Orgullo Gay, porque tenemos que tener en cuenta nuestra historia, y saber cómo hemos llegado al momento presente. Y que para llegar aquí han hecho falta décadas de lucha. Que hemos sufrido siglos de oprobio y violencia. Que nos han tratado como monstruos o seres de segunda.
Los logros actuales de tipo social o político, no han llegado llovidos del cielo, o por la gracia benefactora de nuestros últimos gobiernos. Los hemos conseguido luchando, siendo visibles y el terreno ganado hay que seguir manteniéndolo, firmemente, si no queremos que nos lo coman los reaccionarios o los desinformados.
Hay que insistir en estar orgullosos de ser gays, para potenciar una visión positiva de nosotros mismos, ante los demás y frente a la autonegatividad y la homofobia interiorizada. En general, y son muy pocos a los que no les ocurre esto, la gente acepta su homosexualidad a través de un proceso duro, de aclaramiento personal, de lucha contra la idea de ser de esta manera. Acompañados de sentimientos de vergüenza o de culpa, por ser así. Y cuesta aceptarse del todo.
Esta culpa y esta vergüenza, nos llevan a intentar mantener en secreto nuestras dudas o inquietudes sobre nuestra verdadera identidad. Y nos marcan una forma de comportamiento y estilos de ser, en los que predomina, usualmente, cierta desconfianza, cierta sensación de falta de derechos, la tendencia a complacer, tener miedos…
Nuestros adolescentes LGTB siguen sufriendo esta vergüenza y esta culpa, en un grado que parecería extraño, teniendo en cuenta los avances políticos o sociales. Pero no hay tanto avance, cuando vemos el grado de homofobia en nuestros centros escolares, o las tasas de suicidio entre adolescentes, por motivos de orientación sexual. Cada adolescente se plantea su vida como un ser único, y en principio, siente poca ayuda a sentirse seguro de su orientación sexual, y no está seguro de que va a seguir siendo querido y apoyado por la familia, los amigos, los profesores… La mayoría de los adolescentes se encuentran con la duda de si sus padres los aceptarán, o de si sus compañeros no les harán ostracismo. Ellos mismos saben que la familia puede estar políticamente de acuerdo con la homosexualidad, pero no van a estar de acuerdo si es la de un hijo o hija. Lo mismo los amigos.
Por eso, tras toda esa lucha por conseguir una identidad sana y segura, integrada en nuestro ambiente social, lo menos que podemos sentirnos es orgullosos de todo el proceso realizado, de haber conseguido logros que nos parecían imposibles (asumirnos como gays o lesbianas), y que no renunciamos a ser nosotros mismos, en todo lugar y situación. Sentir vergüenza o culpa sería darles la razón a aquellos que, a sabiendas (los reaccionarios), o sin mala voluntad (algunos familiares), nos han maltratado, han abusado de nosotros emocionalmente (al pretender que fuéramos de otra forma y al denigrarnos y desvalorizarnos por ser gays o lesbianas).
Lo que tenemos que sentir es orgullo de ser como somos, y no avergonzarnos ni un ápice, y menos culparnos de nada. Los que se tienen que sentir culpables o avergonzarse, son aquellos que nos han rechazado e insultado, fueran familiares, o los que pretendían ser nuestros amigos.
Cuando uno está orgulloso, se valora, se reivindica en cada gesto espontáneo de su comportamiento. Y si a alguien le molesta ese orgullo, es por su homofobia y no concibe que uno esté orgulloso de ser, naturalmente, como es: de una manera estupenda de ser, que uno no escoge nunca, que no es una “opción sexual”, sino una orientación, tan buena o tan sana como cualquier otra. Y que conforma un ejemplo de la diversidad del ser humano. Y dentro de los propios gays y lesbianas hay una inmensa diversidad que también hay que respetar, aunque a algunos les moleste, porque crean que no nos acerca a ser “normales”. Es preferible ser un “anormal” a ser un intolerante o un homófobo.
Revista Zero 109junio 2008