11 noviembre 2020

Esto es Estados Unidos

Por ROXANE GAY

The New York Times, 7 de noviembre de 2020

Joe Biden parece estar a punto de ganar la presidencia de Estados Unidos, pero su victoria no será aplastante. Y eso está bien. Un triunfo es un triunfo y el margen de ese triunfo tan solo hace más dulce la victoria. Los demócratas pueden y deberían celebrar este triunfo si, en efecto, llega a ocurrir.

Y, a pesar de todo, muchos de nosotros estamos decepcionados, con justa razón. Es probable que los republicanos mantengan el control del Senado, lo cual provocará que la promulgación de una legislación progresista sea casi imposible. Algunos políticos odiosos como Mitch McConnell y Lindsey Graham fueron reelegidos. Aunque Biden probablemente ganará más votos que cualquier otro candidato presidencial, el solo hecho de que el presidente Donald Trump haya sido un contendiente es una desgracia. El hecho de que Trump haya recibido más de 70 millones de votos es una desgracia. Y es un hecho que habla mucho de este país y que demasiada gente se niega a enfrentar.

Esto es Estados Unidos. No es una aberración. En efecto, es nuestro país y quienes somos, el proverbial “nosotros”. No debería ser ninguna sorpresa la manera en que se desarrollaron estas elecciones, si has prestado atención o si entiendes de racismo y qué tan sistémico es en realidad. Las encuestas pueden representar muchos factores importantes pero, si no preguntan hasta qué grado el racismo motiva a los votantes —y encuentran la manera de obtener respuestas honestas sobre este tema—, nunca podrán representar este problema.

Algunos partidarios de Trump están orgullosos de su afiliación política. Asisten a sus mítines. Andan en autos cubiertos de afiches, banderas y otra parafernalia de Trump. Alardean con arrogancia sobre Estados Unidos, el orgullo y el nacionalismo. Son los sujetos de perfiles serviles que buscan explicar sus tendencias electorales como el resultado de una “ansiedad económica”, como si fueran trágicamente incomprendidos. No lo son. No tenemos ninguna duda de quiénes son.

Y luego están los otros simpatizantes de Trump, los que sienten vergüenza. Los que quieren lucir sofisticados. Los que quieren ser invitados a todas las buenas fiestas. Mienten en las encuestas. Les mienten a sus familiares y amigos. Y cuando llenan las boletas, por fin dicen la verdad. Ese es su derecho. Vivimos en una democracia, o al menos decimos que es así.

Los próximos meses, sé que escucharé una gran cantidad de discursos políticos delirantes. Me imagino que los comentaristas intentarán comprender cómo concluyeron las elecciones de 2020 y por qué ocurrió así. Habrá demasiados liberales blancos obsesionados con las primeras encuestas de salida que indiquen que el 20 por ciento de los hombres negros y una cantidad significativa de las amplísimas categorías de latinos y asiáticos votaron por Trump. Harán esto en lugar de reflexionar sobre el aumento en la cantidad de mujeres blancas que votaron esta vez por el presidente y cómo los hombres blancos siguen siendo el sector demográfico más importante de su base. Dirán que, una vez más, las mujeres negras salvaron a Estados Unidos de sí mismo, lo cual hicimos, claro está, aunque algunas cosas no merecen la salvación.

Muchos dirán que la política identitaria —la cual, en sus mentes, significa que los demócratas se enfocan en las experiencias de la gente marginada, y a algunos les parece de mal gusto— evitó que Biden ganara por un margen más amplio. Tal vez estén en lo correcto, pero no por las razones que ofrecen. No hay política identitaria más importante que la de la gente blanca que intenta construir cortafuegos alrededor de lo que queda de su imperio mientras la demografía de este país sigue cambiando.

Estados Unidos no está unido para nada. Vivimos en dos países. En uno, la gente está dispuesta a enfrentar el racismo y la intolerancia. Reconocemos que las mujeres tienen derecho a tener autonomía sobre su propio cuerpo, que todos los estadounidenses tienen derecho a votar, derecho a recibir atención médica y derecho a percibir un salario mínimo justo. Comprendemos que este es un país de abundancia y que la única razón que explica la existencia de una desigualdad económica es un rechazo continuo de parte del gobierno a cobrarles impuestos proporcionales a los ricos.

El otro Estados Unidos está comprometido a defender la supremacía blanca y el patriarcado cueste lo que cueste. Sus ciudadanos son personas que creen en las teorías conspirativas de QAnon y consideran que la desinformación de Trump es el evangelio. Perciben a Estados Unidos como un país de escasez, donde nunca habrá suficiente de nada, así que cada hombre y mujer debe valerse por sí mismo.

No les interesa lo colectivo, porque creen que cualquier éxito logrado en virtud de su privilegio blanco ocurrió en virtud del mérito. Consideran la igualdad como opresión. De hecho, están tan aterrorizados que cuando se contaron los últimos votos en Detroit, un grupo de ellos llegó en manada al lugar gritando: “Detengan el conteo”. En Arizona, otros llegaron en manada al lugar gritando: “Cuenten los votos”. Los ciudadanos de esta versión de Estados Unidos tan solo creen en la democracia que les beneficia a ellos.

No sé cómo superaremos este momento. Por supuesto que soy optimista. Me emociona que Kamala Harris sea la primera vicepresidenta negra. Me emociona que Biden no gobernará ni legislará por medio de las redes sociales, que es competente y que tal vez no lidere la revolución, pero, sin duda, liderará al país.

También estoy preocupada. Me preocupa cómo afectará el incremento de jueces nombrados por Trump a los derechos al voto, la libertad reproductiva y los derechos civiles de la comunidad LGBTQ. Me preocupa que mi matrimonio esté en peligro. Me preocupa que la policía siga actuando como si las vidas de las personas negras no importaran y cometa asesinatos extrajudiciales con impunidad. Me preocupa que los abismos profundos entre los pobres, la clase media y los ricos se ensanchen todavía más. Me preocupa que haya tanta gente tan cómoda con sus vidas que no le importan estos problemas.

Seré sincera. Los últimos cuatro años han destrozado mi fe en casi todo. Me siento ridícula de tan solo decirlo. Me siento ridícula de haber tenido tanta confianza en la victoria de Hillary Clinton, de haber creído que, si una persona terrible era elegida a la presidencia, el sistema de controles y equilibrios iba a minimizar el daño que podría hacer. Desde la elección de Trump, lo hemos visto a él y al Partido Republicano ejecutar sus planes de forma sistemática e implacable. Han desmantelado las normas democráticas con vigor. Hemos visto un desfile interminable de horrores, desde las familias separadas en la frontera mexicana y una economía destrozada hasta un gobierno completamente insensible frente a una pandemia que sigue haciendo estragos en el país. Y la lista sigue y sigue. La atrocidad tan solo engendra más atrocidad.

Al mismo tiempo, los últimos cuatro años me han llenado de energía. Me han movido más hacia la izquierda desde la comodidad de la centroizquierda. Me he vuelto más activa y comprometida en mi comunidad. Veo que mis posturas sociopolíticas han cambiado para convertirse en valores progresistas verdaderos. No soy la misma mujer que era y estoy agradecida por ello, aunque odie lo que me trajo hasta aquí.

Durante gran parte del ciclo electoral de 2020, muchos de nosotros queríamos que cualquiera excepto Donald Trump fuera el presidente, porque literalmente cualquier otra persona sería una mejora. Dejó la vara muy baja, hasta el subsuelo. A medida que el campo democrático se reducía, hubo tiempo de considerar quién iba a servir mejor al país pero, aunque encontramos a nuestros candidatos preferidos, era claro que sacar a Trump del cargo iba a ser solo el inicio del trabajo. Ahí se encuentra el país. El estado de este país mejorará cuando Joe Biden sea nombrado el cuadragésimo sexto presidente de Estados Unidos —si lo llega a ser—, pero muchísimas cosas seguirán exactamente igual si no nos mantenemos tan comprometidos a progresar durante su gobierno como lo estuvimos durante el de Trump.

Esto es Estados Unidos, un país con una división profunda y una inmensa cantidad de defectos. El futuro de este país es incierto, pero no es un caso perdido. Estoy lista para pelear por ese futuro, sin importar qué nos depare. ¿Y tú?

ROXANE GAY (@rgay) es columnista de Opinión de The New York Times. 

08 noviembre 2020

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02 noviembre 2020

El coeficiente intelectual de los nativos digitales

 "Los nativos digitales son los primeros niños y niñas con un coeficiente intelectual más bajo que sus padres"

Niños y jóvenes viendo realidad virtual a través de pantallas individuales
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Varios estudios han demostrado que cuando aumenta el uso de la televisión o los videojuegos, el coeficiente intelectual disminuye, sostiene el neurocientífico Michel Desmurget.

"La fábrica de cretinos digitales".

Así se titula el último libro del neurocientífico Michel Desmurget (Lyon, 1965), director de investigación en el Instituto Nacional de la Salud de Francia, en el que cuenta ,con datos duros y de forma contundente, cómo los dispositivos digitales están afectando gravemente, y para mal, al desarrollo neuronal de niños y jóvenes.

"Simplemente no hay excusa para lo que les estamos haciendo a nuestros hijos y cómo estamos poniendo en peligro su futuro y desarrollo", advierte en entrevista con BBC Mundo el experto, que tiene a sus espaldas una vasta obra científica y de divulgación y ha pasado por reconocidos centros de investigación como el Massachusetts Institute of Technology (MIT) o la Universidad de California. Su libro se ha convertido en un gigantesco superventas en Francia.

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¿Los jóvenes de hoy son la primera generación de la historia con un coeficiente intelectual (IQ) más bajo que la anterior?Saltar Quizás también te interese y continuar leyendo

Final de Quizás también te iSí. El coeficiente intelectual se mide con una prueba estándar. Sin embargo no es una prueba "congelada", a menudo se revisa.

Mis padres no pasaron la misma prueba que yo, por ejemplo, pero se puede someter a un grupo de personas a una versión antigua de la prueba.

El neurocientífico Michel Desmurget
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El neurocientífico Michel Desmurget considera que la niñez actual está expuesta a una "orgía digital".

Y haciendo eso, los investigadores han observado en muchas partes del mundo que el coeficiente intelectual aumentaba de generación en generación. A esto se le llamó el 'efecto Flynn', en referencia al psicólogo estadounidense que describió este fenómeno.

Pero, recientemente, esta tendencia comenzó a invertirse en varios países.

Es verdad que el coeficiente intelectual se ve fuertemente afectado por factores como el sistema de salud, el sistema escolar, la nutrición....

Pero si tomamos países donde los factores socioeconómicos se han mantenido bastante estables durante décadas, el 'efecto Flynn' ha comenzado a reducirse.

En esos países los "nativos digitales" son los primeros niños que tienen un coeficiente intelectual más bajo que sus padres. Es una tendencia que se ha documentado en Noruega, Dinamarca, Finlandia, Países Bajos, Francia, etc.

¿Y qué está provocando esta disminución del coeficiente intelectual?

Por desgracia, aún no es posible determinar el papel específico de cada factor, incluida por ejemplo la contaminación (especialmente la exposición temprana a pesticidas) o la exposición a las pantallas.

Lo que sabemos con seguridad es que incluso si el tiempo que un niño pasa frente a una pantalla no es el único culpable, tiene un efecto importante en el coeficiente intelectual.

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El tiempo que se pasa ante una pantalla por motivos recreativos retrasa la maduración anatómica y funcional del cerebro"

Varios estudios han demostrado que cuando aumenta el uso de la televisión o los videojuegos, el coeficiente intelectual y el desarrollo cognitivo disminuyen.

Los principales fundamentos de nuestra inteligencia se ven afectados: el lenguaje, la concentración, la memoria, la cultura (definida como un corpus de conocimiento que nos ayuda a organizar y comprender el mundo).

En última instancia, estos impactos conducen a una caída significativa en el rendimiento académico.

¿Y por qué el uso los dispositivos digitales provoca todo eso?

Las causas también están claramente identificadas: disminución en la calidad y cantidad de interacciones intrafamiliares, que son fundamentales para el desarrollo del lenguaje y el desarrollo emocional; disminución del tiempo dedicado a otras actividades más enriquecedoras (tareas, música, arte, lectura, etc.); interrupción del sueño, que se acorta cuantitativamente y se degrada cualitativamente; sobreestimulación de la atención, lo que provoca trastornos de concentración, aprendizaje e impulsividad; subestimulación intelectual, que impide que el cerebro despliegue todo su potencial; y un estilo de vida sedentario excesivo que, además del desarrollo corporal, influye en la maduración cerebral.

¿Qué daños provocan exactamente las pantallas al sistema neurológico?

El cerebro no es un órgano 'estable'. Sus características 'finales' dependen de la experiencia.

El mundo en el que vivimos, los desafíos a los que nos enfrentamos, modifican tanto la estructura como su funcionamiento, y algunas regiones del cerebro se especializan, algunas redes se crean y se fortalecen, otras se pierden, unas se vuelven más gruesas y otras más delgadas.

Una prueba de QI en 1947
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Nuestros padres no pasaron la misma prueba de coeficiente de inteligencia que nosotros, señala el neurocientífico.

Se ha observado que el tiempo que se pasa ante una pantalla por motivos recreativos retrasa la maduración anatómica y funcional del cerebro dentro de diversas redes cognitivas relacionadas con el lenguaje y la atención.

Hay que enfatizar que no todas las actividades alimentan la construcción del cerebro con la misma eficiencia.

¿Qué quiere decir?

Las actividades relacionadas con la escuela, el trabajo intelectual, la lectura, la música, el arte, los deportes, etc. tienen un poder estructurador y nutritivo del cerebro mucho mayor que las pantallas recreativas.

Pero nada dura para siempre. El potencial de la plasticidad cerebral es extremo durante la infancia y la adolescencia. Después, comienza a desvanecerse. No desaparece, pero se vuelve mucho menos eficiente.

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Cuando se pone una pantalla en manos de un niño o de un adolescente, casi siempre prevalecen los usos recreativos más empobrecedores"

El cerebro se puede comparar con una plastilina. Al principio, es húmedo y fácil de esculpir. Pero con el tiempo se vuelve más seco y mucho más difícil de moldear.

El problema con las pantallas recreativas es que alteran el desarrollo del cerebro de nuestros hijos y lo empobrecen.

¿Todas las pantallas son igual de dañinas?

Nadie dice que la "revolución digital" sea mala y deba ser detenida. Yo mismo paso buena parte de mi jornada laboral con herramientas digitales. Y cuando mi hija ingresó en la escuela primaria, comencé a enseñarle cómo usar algún software de oficina y a buscar información en internet.

¿Debería enseñarse a los estudiantes las herramientas y habilidades informáticas fundamentales? Claro. Asimismo, ¿puede la tecnología digital ser una herramienta relevante en el arsenal pedagógico de los docentes? Por supuesto, si es parte de un proyecto educativo estructurado y si el uso de un software determinado promueve eficazmente la transmisión.

Sin embargo, cuando se pone una pantalla en manos de un niño o de un adolescente, casi siempre prevalecen los usos recreativos más empobrecedores.

Esto incluye, por orden de importancia: la televisión, que sigue siendo la pantalla número uno en todas las edades (películas, series, clips, etc.); luego los videojuegos (principalmente de acción y violentos), y finalmente, en torno a la adolescencia, un frenesí de autoexposición inútil en las redes sociales.

¿Cuánto tiempo suelen pasar niños y jóvenes ante las pantallas?

En promedio, casi tres horas al día para los niños de 2 años, cerca de cinco horas para los de 8 años y más de siete horas para los adolescentes.

bebé usando pantalla
Pie de foto,

Un niño de 2 años pasa casi tres horas al día ante las pantallas. en promedio.

Esto significa que antes de llegar a los 18 años, nuestros hijos habrán pasado el equivalente a 30 años escolares frente a pantallas recreativas o, si lo prefiere ¡16 años de trabajo a tiempo completo!

Es simplemente una locura y una irresponsabilidad.

¿Cuánto tiempo deberían dedicar los niños a las pantallas recreativas?

Involucrar a los niños es importante.

Necesitan que se les diga que las pantallas recreativas dañan el cerebro, perjudican el sueño, interfieren con la adquisición del lenguaje, debilitan el rendimiento académico, perjudican la concentración, aumentan el riesgo de obesidad, etc.

Algunos estudios han demostrado que es más fácil para niños y adolescentes seguir las reglas sobre las pantallas cuando se les explican y se discute con ellos su razón de ser.

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Involucrar a los niños es importante. Necesitan que se les diga que las pantallas recreativas dañan el cerebro, perjudican el sueño, interfieren con la adquisición del lenguaje"

A partir de ahí, la idea general es simple: a cualquier edad, lo mínimo es lo mejor.

Más allá de esta regla general, se pueden proporcionar pautas más específicas según la edad del niño. Antes de los 6 años, lo ideal es no tener pantallas (lo que no significa que de vez en cuando no puedas ver unos dibujos animados con tus hijos).

Cuanto antes estén expuestos, mayores serán los impactos negativos y el riesgo de un consumo excesivo posterior.

A partir de los 6 años, si se adaptan los contenidos y se conserva el sueño, se puede llegar hasta media hora al día, incluso una hora, sin una influencia negativa apreciable.

Otras reglas relevantes: nada de pantallas por la mañana antes de ir a la escuela, nada por la noche antes de irse a la cama o cuando estén con otras personas. Y, ¡sobre todo!, nada de pantallas en el dormitorio.

Pero es difícil decir a nuestros hijos que las pantallas son un problema cuando nosotros, como padres, estamos constantemente conectados a nuestros teléfonos inteligentes o a consolas de juegos.

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Reglas relevantes: nada de pantallas por la mañana antes de ir a la escuela, nada por la noche antes de irse a la cama... ¡sobre todo! nada de pantallas en el dormitorio"

¿Por qué muchos padres no son conscientes de los peligros de las pantallas?

Porque la información que se da a los padres es parcial y sesgada. Los principales medios de comunicación están repletos de afirmaciones infundadas, propaganda engañosa e información inexacta. La discrepancia entre los contenidos de los medios y la realidad científica a menudo es inquietante, por no decir exasperante.

No quiero decir que los medios sean deshonestos: separar el trigo de la paja no es fácil, incluso para periodistas honestos y concienzudos.

Pero no es de extrañar. La industria digital genera miles de millones de dólares en beneficios cada año. Y, obviamente, los niños y adolescentes son un recurso muy lucrativo.

Y para las empresas que valen miles de millones de dólares, es fácil encontrar científicos complacientes, lobistas dedicados y comerciantes entusiastas de las dudas.

Permítame darle un ejemplo.

chico jugando videojuegos
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Las empresas digitales contratan a expertos para explicar lo inteligentes que son los jugadores y lo bueno que es jugar videojuegos.

Recientemente un psicólogo, supuestamente experto en videojuegos, explicó en varios medios que estos juegos tenían efectos positivos, que no debían ser demonizados, que no jugar podría incluso ser un hándicap para el futuro de un niño, que los juegos más violentos podrían tener acciones terapéuticas y ser capaces de apagar la ira en los jugadores, etc.

El problema es que ninguno de los periodistas que entrevistaron a este "experto" mencionó que trabajaba para la industria de los videojuegos. Y este es solo un ejemplo entre los muchos que se describen en mi libro.

Esto no es algo nuevo: sucedió en el pasado con el tabaco, el calentamiento global, los pesticidas, el azúcar, etc.

Pero creo que hay espacio para la esperanza. Con el tiempo, la realidad se vuelve cada vez más difícil de negar.

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En una investigación se entregaron consolas de juegos a niños que iban bien en la escuela. Después de 4 meses, se descubrió que pasaban más tiempo jugando y menos haciendo tareas"

Hay estudios que afirman por ejemplo que los videojuegos ayudan a obtener mejores resultados académicos…

Permítame decirlo con franqueza: eso es pura tontería.

Esa idea es una verdadera obra maestra de la propaganda. Se basa principalmente en unos pocos estudios aislados con datos podridos, que se publican en revistas secundarias y a que menudo se contradicen.

En una interesante investigación experimental, se entregaron consolas de juegos a niños que iban bien en la escuela. Después de cuatro meses, se descubrió que pasaban más tiempo jugando y menos tiempo haciendo las tareas escolares. Sus calificaciones cayeron alrededor de un 5% (¡lo cual es muchísimo en solo cuatro meses!).

En otro estudio, los niños tuvieron que aprender una lista de palabras. Una hora después, a algunos se les permitió jugar un videojuego de carreras de autos. Dos horas después se fueron a la cama.

niño usando una pantalla

A la mañana siguiente, los niños que no jugaron recordaron alrededor del 80% de la lección frente al 50% de los jugadores.

Los autores observaron que jugar interfería con el sueño y la memorización.

¿Cómo cree que serán los miembros de esta generación digital cuando se conviertan en adultos?

A menudo escucho que los nativos digitales saben "de manera diferente". La idea es que aunque muestran déficits lingüísticos, atencionales y de conocimiento, son muy buenos en "otras cosas".

La cuestión radica en la definición de esas "otras cosas".

Varios estudios indican que, en contraste con las creencias comunes, no son muy buenos con las computadoras.

Un informe de la Unión Europea incluso explica que su baja competencia digital dificulta la adopción de tecnologías educativas en las escuelas.

Otros estudios también indican que tampoco son muy eficientes para procesar y comprender la gran cantidad de información disponible en internet.

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En Asia, por ejemplo, considera que el uso excesivo de pantallas es una forma de abuso infantil"

Entonces, ¿qué queda? Obviamente, son buenos para usar aplicaciones digitales básicas, comprar productos en línea, descargar música y películas, etc.

Para mí, estos niños se parecen a los descritos por Aldous Huxley en su famosa novela distópica Brave New World ("Un mundo feliz", en español): pasmados por el entretenimiento tonto, privados de lenguaje, incapaces de reflexionar sobre el mundo, pero felices con su suerte.

¿Algunos países están comenzando a legislar contra el uso de pantallas?

Sí, especialmente en Asia.

Taiwán, por ejemplo, considera que el uso excesivo de pantallas es una forma de abuso infantil y ha aprobado una ley que establece fuertes multas para los padres que exponen a niños menores de 24 meses a cualquier aplicación digital y que no limitan el tiempo de pantalla de los chicos entre 2 y 18 años.

En China, las autoridades han tomado medidas drásticas para regular el consumo de videojuegos por parte de menores: los niños y adolescentes ya no pueden jugar de noche (entre las 22 horas y las 8 horas) ni exceder los 90 minutos de exposición diaria durante la semana (180 minutos los fines de semana y las vacaciones escolares).

¿Cree que es bueno que haya leyes que protejan a los niños de las pantallas?

No me gustan las prohibiciones y no quiero que nadie me diga cómo tengo que criar a mi hija.

niña mirando una pantalla
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Varios países están comenzando a legislar contra el uso de las pantallas.

Sin embargo, está claro que las opciones educativas sólo pueden ejercerse libremente cuando la información que se brinda a los padres es sincera y exhaustiva.

Creo que una campaña justa de información sobre el impacto de las pantallas en el desarrollo con pautas claras sería un buen comienzo: sin pantallas para niños de hasta 6 años y luego, no más de 30-60 minutos al día.

Si esta orgía digital, como usted la define, no se detiene, ¿qué podemos esperar?

Un aumento de las desigualdades sociales y una progresiva división de nuestra sociedad entre una minoría de niños preservada de esta "orgía digital" -los llamados Alphas de la novela de Huxley-, que poseerán a través de la cultura y el lenguaje todas los herramientas necesarias para pensar y reflexionar sobre el mundo, y una mayoría de niños con herramientas cognitivas y culturales limitadas -los llamados Gammas de la novela de Huxley-, incapaces de comprender el mundo y de actuar como ciudadanos ilustrados.

Alpha asistirá a costosas escuelas privadas con maestros humanos "verdaderos".

Los Gamma irán a escuelas públicas virtuales con apoyo humano limitado, donde se les alimentará con un pseudolenguaje parecido al "Newspeak" de Orwell y se les enseñarán las habilidades básicas de los técnicos de nivel medio o bajo (las proyecciones económicas dicen que este tipo de trabajos estarán sobrerrepresentados en la fuerza laboral del mañana).

Un mundo triste en el que, como decía el sociólogo Neil Postman, se divertirán hasta la muerte. Un mundo en el que, a través del acceso constante y debilitante al entretenimiento, aprenderán a amar su servidumbre. Perdón por no ser más positivo.

Tal vez (y eso espero) estoy equivocado. Simplemente no hay excusa para lo que les estamos haciendo a nuestros hijos y cómo estamos poniendo en peligro su futuro y su desarrollo.