14 junio 2020

Tumbar el Gobierno de coalición a cualquier precio

Tumbar el Gobierno de coalición a cualquier precio

  • Este artículo forma parte de 'La nueva teoría de la conspiración', el primero de una serie de especiales de infoLibre en colaboración con eldiario.es   13/06/2020

Jesús Maraña | Ignacio Escolar


El castillo de naipes con el que se quería culpar al Gobierno de las muertes por el coronavirus por no haber prohibido la manifestación del 8M se ha desplomado con la misma rapidez con la que se levantó. Tres meses y tres mil folios de instrucción después, la jueza ha descubierto una obviedad: que el Gobierno no mantuvo la manifestación del 8M a sabiendas de que miles de personas podrían enfermar. Solo desde el sectarismo más extremo se podía creer en una teoría de la conspiración así: que este Gobierno o cualquier otro fuese capaz de ocultar información a sus ciudadanos para que murieran. Todo para no perderse una manifestación donde varios de los miembros más destacados de ese mismo Gobierno y sus familiares también decidieron acudir. Feministas, homicidas y también suicidas, al parecer.
No había caso. Nunca lo hubo. Bastaba con repasar los datos de nuevos contagios y comprobar que fue el 9 de marzo, y no antes, cuando los médicos fueron conscientes de que la epidemia en Madrid se había disparado. O con revisar la hemeroteca, y leer lo que decían en esas fechas esos mismos medios que hoy culpan al Gobierno de no ver venir lo que pasó. O leer los diarios de sesiones del Congreso, y no olvidar que la oposición estaba más pendiente de Venezuela que del coronavirus. O recordar que el mismo Partido Popular que ahora culpa al Gobierno por permitir el 8M mandó una representación oficial a esa manifestación. O que ese mismo 8 de marzo, que es sinónimo de "muerte y enfermedad" según Santiago Abascal, Vox también celebró un mitin. Fue un acto, el de la extrema derecha en Vistalegre, donde sí hubo quien claramente incumplió las recomendaciones sanitarias: Javier Ortega Smith, que asistió a un evento multitudinario a pesar de que había estado en una zona de riesgo, como era entonces Milán.
Lo que ha ocurrido con este proceso judicial ahora frustrado no es simple casualidad. Como tampoco son inocentes esos informes llenos de errores, bulos y flagrantes manipulaciones que mandó al juzgado la Guardia Civil. O el escrito de ese médico forense tan cuestionable que eligió la jueza: un experto en psicoterapia y el tratamiento de personas con problemas afectivos, sin conocimiento alguno sobre epidemiología.
Si la jueza confiaba en los criterios de estos expertos, no se entiende que haya archivado la investigación tras recibir los informes donde directamente se acusa al Gobierno de gravísimos delitos. Y si la jueza no se los cree –cosa probable, basta con leerlos con una mínima atención– tampoco se entiende que no esté investigando ya unos hechos aún más graves que aquellos de los que se acusaba al delegado del Gobierno en Madrid, José Manuel Franco. Manipular la declaración de un testigo en una investigación judicial no debería ser impune, aunque lo hagan dos instructores de la Guardia Civil.
No es casual tampoco que sea el feminismo la palanca con la que la derecha une filas para atacar al Gobierno de coalición. Ni la virulencia de una legislatura que va a ser la más crispada de la reciente historia democrática. Todavía más aún que el precedente más cercano: el de la primera legislatura de Zapatero y la teoría de la conspiración del 11M.
"La crispación en la política española es como el Guadiana, vuelve cada poco", dice Zapatero en la entrevista con Daniel Basteiro que hoy publicamos. "Intentan la deslegitimación de un Gobierno de izquierdas" sobre la base de una "tragedia" y de "negar la evidencia". Todo por "no asumir las derrotas con deportividad y ejemplo democrático", resume el expresidente.
Entonces, igual que hoy, los líderes de la derecha no dudaron en utilizar a los muertos para sus batallas políticas. Poco importaba la verdad, el respeto por las víctimas, la convivencia pacífica o el interés general. En 2004 el PP acusaba a Zapatero de haber dado un golpe de Estado como el de Tejero o el de Pavía con un tren de cercanías. Hoy la escisión del PP por su extrema derecha tacha al gobierno de "ilegítimo", "homicida", "dictatorial" y "criminal", mientras el principal partido de la oposición ríe estas gracias cuando no las fomenta. No son solo excesos verbales. Es una reacción profundamente antidemocrática, propia de quienes solo respetan la soberanía popular cuando ganan ellos las elecciones.
Todo vale contra un gobierno ilegítimo, y en eso están también. Con el problema añadido de que la izquierda parece que gobierna de prestado, mientras la derecha es mayoritaria en casi todos los resortes del poder incluso cuando está en la oposición: las grandes empresas, la justicia, las fuerzas policiales, los grandes medios… Para eso les sirve esta extrema crispación: para extender entre sus partidarios en todos estos ámbitos la idea de que el fin justifica los medios. No es tampoco la primera vez, ni la segunda.
"La cultura de la crispación existió porque no había otra manera de vencer a González con otras armas", confesó el exdirector de Abc Luis María Anson en una entrevista publicada en 1998. "Había que terminar con Felipe González, ésa era la cuestión. Al subir el listón de la crítica se llegó a tal extremo que en muchos momentos se rozó la estabilidad del propio Estado. Eso es verdad. Tenía razón González cuando denunció ese peligro..., pero era la única forma de sacarlo de ahí".
Cambian los tiempos, las personas, los protagonistas… Da tantas vueltas la historia que hoy Felipe González está en el mismo bando de quienes entonces conspiraron contra él.
También cambian las coartadas morales de quienes tensan la convivencia hasta un extremo que pone en peligro la propia democracia. En aquella famosa entrevista, Anson se justificaba argumentando que "González bloqueaba algo vital en la democracia: la alternancia". "No salimos de 40 años de Franco para entrar en 30 años de González", decía el exdirector de Abc. Hoy la excusa es el Gobierno de coalición.
Para los principales líderes de la derecha española, la presencia de Unidas Podemos en el Consejo de Ministros es una provocación intolerable, agravada por el hecho de que esta mayoría parlamentaria también dependa de los catalanes y los vascos. Viven en una burbuja, la de los mejores barrios de Madrid, y no acaban de entender que esa España a la que tanto dicen querer no termina en la M-30. Y que el resto de los españoles tienen el mismo derecho a la representación política que quienes presumen de patriotas pero desprecian lo que su propia patria vota. Los pactos mayoritarios en el Parlamento no pueden ser una "traición a España". Es España, toda ella, quien está representada en esos escaños. Y todos valen igual.
El primer intento para tumbar al Gobierno de coalición por la vía rápida de los juzgados ha fracasado estrepitosamente. No va a ser el último ni tampoco la excepción. Ha pasado poco más de medio año desde las elecciones generales y nos espera una legislatura donde el 'todo vale contra el Gobierno' irá a más. Siempre va a más.
La crispación de la última legislatura de Felipe González fue un juego de niños comparada con la teoría de la conspiración del 11M que después se desató contra José Luis Rodríguez Zapatero. Contra Pedro Sánchez, contra Pablo Iglesias, cualquier precio les parecerá pequeño.
La crítica y el control de los Gobiernos son imprescindibles en una democracia. Más aún en momentos tan duros como los que estamos pasando. Pero conviene distinguir entre esa labor de fiscalización que tiene la oposición con operaciones para descabalgar a un Gobierno que algunos poderes han catalogado como ilegítimo desde el mismo día en el que nació.
Hay otro riesgo añadido: que la ausencia de una oposición responsable haga también irresponsable al Gobierno, porque pueda camuflar sus verdaderos errores con las mentiras de la oposición.
Por eso es tan importante la alianza entre infoLibre y eldiario.es que acabamos de anunciar. Hoy, más que nunca, necesitamos un periodismo fiable frente al ruido y la desinformación; medios de comunicación independientes, comprometidos y honestos. Y que los periódicos que dependemos de nuestros lectores y compartimos unos valores nos reforcemos mutuamente.
No es siquiera una disputa de la izquierda contra la derecha. No va de eso, no es tan pequeño. Se trata de defender la democracia frente a quienes desprecian la soberanía popular y conciben la patria como una finca particular en la que ellos siempre ostentan el mando único.

19 mayo 2020

RICOS

17 mayo 2020

A mi librería que cierra, a mis libreros que se jubilan

Por RAÚL SOLÍS

Mari Ángeles y Vicente se jubilan. Se jubilan mis libreros, los libreros de mi pueblo, quienes me recomendaron los primeros libros cuando tenía 13 o 14 años y era un adolescente perdido en busca de referentes, un homosexual autonegado que pensaba que nunca sería digno de ser amado y que miraba los libros de autores y temática LGTB de reojo por miedo a que sólo tocarlos o mirarlos me sacara del armario.
Se jubila la librería, mi librería, el proyecto romántico de dos madrileños víctimas de la destrucción industrial de los 90, no reconversión, que se tuvieron que reinventar con 40 años, arrastrando a sus dos hijos adolescentes, el dinero escaso de la indemnización, a 400 kilómetros y en Mérida, una ciudad mucho más pequeña y menos valiente que Madrid donde, por entonces, una presentación de un libro era una excentricidad.
Se jubila Mari Ángeles, la primera persona que supo decirme que era homosexual sin decírmelo, sólo recomendándome libros. Se jubila Vicente, quien me hizo saber que se podía ser de izquierdas, cristiano y tener una librería progresista y vender la Biblia.
Se jubila mi infancia y mi adolescencia, después de años de esfuerzo por sacar adelante un negocio poco lucrativo que se convirtió en un espacio cultural, que es lo que son todas las librerías, con el que Mérida, la pequeña ciudad donde nací y crecí, se hizo más grande, más culta y menos provinciana.
Todavía recuerdo los escaparates de película francesa que montaba Mari Ángeles con todo su cariño y delicadeza, el olor de las estanterías de madera, ‘El guardián entre el centeno’, ‘Réquiem por un campesino español’, ‘La voz dormida’ de nuestra querida y paisana Dulce Chacón, a la que tanto lloramos cuando murió y con la que gritamos ‘No a la guerra’, o las tertulias sobre política, lo divino y lo humano que montábamos alrededor del mostrador, callándonos educadamente cuando sospechábamos que el lector que entraba no era de nuestra cuerda ideológica. Y aquella biografía de La Pasionaria.
Me acuerdo como si fuera ayer cuando volví la primera vez a Mérida, después de irme fuera a vivir, y lo primero que hice fue acercarme a visitarlos. Era, junto a mi madre, lo que más había echado de menos. Luego me tiré años sin verlos y, cuando fui nuevamente, me temblaban las piernas mientras cruzaba el umbral hacia el reencuentro. Allí estaban, a pesar de los años, seguían siendo los mismos, con más arrugas, más cansados de luchar, hartos de la precariedad y aburridos de que se lea tan poco. Nos dimos un abrazo de esos largos por los que te pasa toda la vida que el coronavirus nos ha prohibido. Pareció que nos habíamos visto el día anterior, que yo volvía a tener 15 años y era otra vez aquel adolescente temeroso que entraba en la librería a buscar seguridades y esconderme del mundo de afuera que tanto me dolía.
También recuerdo el día que presenté mi libro en la librería, el año pasado, delante de mi padre y de mi madre, mis tíos, mis hermanos y mis amigos de toda la vida, y nos marcamos un discurso sobre la libertad sexual que me sirvió para salir del armario delante de todo mi pueblo y de mi madre, que nunca pudo leer un libro porque la sacaron de la escuela para ponerla a trabajar cuando tenía edad de jugar.
Mari Ángeles y Vicente se jubilan, cierran la librería después de casi 30 años años de esfuerzo por sacar adelante un negocio con poco margen de beneficio para los libreros, los autores y los editores y en el que las grandes distribuidoras se apropian del 50% del libro sólo por ponerlo encima de una estantería. Se jubilan sin que haya una Ley del Libro que proteja el trabajo de los libreros ante la amenaza de una ciudad sin librerías, llena de repartidores esclavos de una gran multinacional.
La próxima vez que vuelva a Mérida me sentiré más forastero, más extraño, más lejano y ajeno. Pasaré por la librería, me pararé en el escaparate vacío, veré un cartel de ‘Se alquila’ y el local vacío, sin libros ni estanterías, sin Mari Ángeles, sin Vicente  y notaré de golpe la orfandad.
Necesito despedirme del espacio pero, sobre todo, lo que me hace mucha falta es que Mari Ángeles y Vicente sepan que han sido importantísimos en mi vida, que me hicieron libre antes de que yo gritase al mundo que quería serlo, que sus recomendaciones me dieron calor durante una adolescencia en la que sentí mucho frío, que me salvaron de muchos demonios, que le agradeceré de por vida que me permitieran sacar libros fiados que pagaba en cuanto podía, que siempre serán mis libreros y mi librería, que aún guardo como oro en paño ‘El guardián entre el centeno’, que los echaré de menos, que parte de lo que he vivido, de lo que soy y de lo que he amado se lo debo, que los quiero como se quiere a quienes nos han hecho libres. 
(LA ÚLTIMA HORA NOTICIAS, 17 de mayo de 2020)

Éxito de lo banal

Por VICENTE VERDÚ
El País, 2 de mayo de 2002

Pierre Bourdieu hablaba de nuestra época como el tiempo de 'sublimación de lo banal'. Sublimación, éxito de lo banal, lo mismo da. Cuando ahora se produce la victoria de Le Pen en las presidenciales francesas el resultado se tiene por un impronosticable horror. Más que eso: significativamente se le denomina seísmo u otra figura de las catástrofes que tienda a presentarlo como un hecho sin fundamento, proveniente de la locura o la lógica sin razón. Una catástrofe o un desenlace sin enlace con la realidad.

Sin embargo, el éxito lepenista es bien real. El voto otorgado a sus propuestas (desde la tolerancia cero a la pena de muerte, desde la negación de la nacionalidad a los extranjeros a la exultación de nuestra condición) traduce el deseo inmediato de su electorado. No un electorado supuestamente volcado a la derecha sino compuesto también por trabajadores y parados subversivos. Muchos de ellos mayores de 50 años pero otros no, ciertos ex comunistas, representativos en grupo de lo normal.

Una semana antes L'Express publicó un reportaje sobre la nueva sociedad francesa que tituló 'El triunfo de la mediocracia'. Pero esta mediocracia no era de derechas ni de izquierdas, no era medio rica ni medio pobre, no era muy crítica ni poco. Era la comunidad. Una comunidad que hoy se define por la mayor audiencia ante el televisor y que en España ha exaltado Operación Triunfo o Gran Hermano y que ha propiciado las secuelas de El bus, Supervivientes y la tan insufrible Confianza ciega.

Instruida la mediocracia entre María Teresa Campos y Crónicas marcianas, entre Sabor a ti y Grandiosas, ¿cómo pensar en la política, en la complejidad multicultural, en los trastornos étnicos, en cualquier elemento que perturbe la distracción? La mediocracia no sólo se alimenta de la mediocridad sino de un caldo tibio, ni caliente ni frío, que aspira a no ser alterada por la menor agitación y se complace en las olas de la banalidad.

Las mujeres españolas suelen quejarse de la desbordante oferta futbolística en nuestra televisión pero definitivamente la televisión se ha feminizado casi totalmente y lo ha hecho dentro de su nivel más mórbido. De la mañana a la noche, la televisión feminizada danza entre el cultivo de lo banal y el aderezo de las sobremesas que empiezan con Betty, la fea. Todas esas historias de amor y cotilleo instruyen día a día sobre lo que merece ser televisado y sobre lo que, en definitiva, la población asume sin parar. Su defecto no es la trivialidad sino, por el contrario, la trivialidad es su máxima golosina. En las tramas y subtramas de los personajes, desde Belén Esteban a Carmina Ordóñez, nada ocurre que no sea superficial y gracias a ello la satisfacción resbala y se reparte por los hogares. El pase de un argumento a otro opera, ante el espectador, como los hipnóticos pases de moda, donde el tránsito sin consecuencias se prolonga sin concluir jamás. Pasan las cosas una tras otra sin que pase nada profundo mientras la sensación deja a los cuerpos pulidos de inquietud, banalizados a imagen y semejanza de la imagen.

El voto a Le Pen o a cualquier opción que se le parezca podría parecer, a primera vista, una apuesta fuerte. Pero podría ser pronto la consecuencia de un dejar estar y de obrar siguiendo las pulsaciones más cómodas del corazón, del Corazón de invierno, del Corazón de primavera. Cada estación, día tras día, el corazón queda atendido por una feliz sucesión de bobadas que como médulas van reproduciéndose y poblando la memoria de historias y cuentos sin dimensiones. Nunca el hombre o la mujer sin atributos que se temía para los tiempos de bajo entusiasmo ha tenido una colaboración más eficiente que la mediocracia del televisor. La convicción se debilita confortablemente, la inteligencia se alabea y el sentido de la crítica pierde prestigio ante el impagable regalo del sinsentido, la mitología de lo más banal, la degustación de lo que no importa nada de nada como signo superior del bien y el mal.

06 mayo 2020

Duane Michals, el fotógrafo novelista

Un hombre yendo al cielo / A Man Going to Heaven 

(Duane Michals, 1967)

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Duane Michals (McKeespot, Pensilvania, 1932) es un fotógrafo novelista, pionero en la redacción de singulares fotonovelas, que cuenta historias, cargadas de argumentos literarios, que narran visualmente lo que más directamente le atañe al ser humano: la reflexión en soledad, el erotismo, la falta de comunicación, la muerte... Sus secuencias fotográficas, autorretratos, retratos y textos posiblemente sean el más fiel resumen de la globalidad de su producción convertidas en el paradigma de un hacedor de imágenes ligadas a la literatura. Sus registros son palabras hechas fotografías. Sus secuencias, pletóricas de mitos y obsesiones, incorporan la palabra -caligrafiada en sus márgenes- sincrónicamente, reforzando las escenificaciones que fabrica y añadiéndoles "placeres e inquietudes", a la vez que "nuevas maneras de ver", como escribió acertadamente sobre ellas Michel Foucault. Michals no inventó la secuencia fotográfica, pero la ha impuesto en nuestro tiempo. (M.F.)


El Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía expuso una muestra antológica de la obra fotográfica de Duane Michels en 1998.

23 abril 2020

Lea El Quijote

Un grupo de 100 escritores de 54 países han elegido El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha como la mejor obra de ficción de la historia de la humanidad, según una encuesta realizada en su día por el Instituto Nobel y el Club del Libro Noruego.

La novela que Miguel de Cervantes escribió en el siglo XVII se colocó cómodamente por delante, con un 50% más de votos, de En busca del tiempo perdido, de Marcel Proust, que fue la segunda más votada, y eclipsó a obras maestras que van desde las grandes clásicas de Homero a las novelas de Tólstoi, Dostoievski, Kafka, William Faulkner o García Márquez.

Cada uno de los cien escritores encuestados, entre los que están el español Félix de Azúa, el mexicano Carlos Fuentes, Salman Rushdie, Milan Kundera, John Le Carré, Norman Mailer y varios premios Nobel, como VS Naipul, Wole Soyinka y Nadine Gordimer, debía mencionar diez títulos como respuesta a la pregunta: ¿Cuáles cree que son las obras mejores y más importantes de la literatura mundial?, para contribuir a la creación de una Biblioteca de la Literatura Universal con 100 títulos, dentro de un proyecto contra las crecientes amenazas a la lectura desde la televisión, los videojuegos y la red.

En la lista de los cien mejores también aparece el Romancero gitano, de Federico García Lorca, mientras que Hispanoamérica está representada con Ficciones, del argentino Jorge Luis Borges; Pedro Páramo, del mexicano Juan Rulfo, y Cien años de soledad y El amor en los tiempos del cólera, del colombiano Gabriel García Márquez. El autor que tiene más obras seleccionadas en la lista es el ruso Fedor Dostoievski con Crimen y castigo, El idiota, Los hermanos Karamazov y Los demonios. Franz Kafka, William Shakespeare y León Tólstoi tienen tres títulos en la lista, y Flaubert, Homero, William Faulkner, García Márquez y Virginia Wolf, dos cada uno. Marcel Proust está presente con las siete noveles que componen En busca del tiempo perdido.

Doris Lessing, que figura en la lista con El cuaderno dorado, se mostró 'algo perpleja' cuando se le habló del proyecto, pero quiso participar para difundir el interés por la literatura entre las generaciones jóvenes, que, según ella, a pesar de los altos niveles de educación, 'podrían llamarse bárbaros educados'.

El escritor nigeriano Ben Okri, autor de la introducción a una nueva traducción al noruego de la novela de Cervantes, afirmó en la rueda de prensa en el Instituto Nobel en la que se presentó la colección: 'Si hay una novela que hay que leer antes de morir, es El Quijote; es una historia maravillosa y muy elaborada y, sin embargo, es sencilla'.

21 abril 2020

Carpe Diem

04 abril 2020

España, el triunfo de los mediocres

Por DAVID JIMÉNEZ

Quizá ha llegado la hora de aceptar que nuestra crisis es más que económica, va más allá de estos o aquellos políticos, de la codicia de los banqueros o la prima de riesgo. Asumir que nuestros problemas no se terminarán cambiando a un partido por otro, con una batería de medidas urgentes, con una huelga general, o echándonos a la calle para protestar. Reconocer que el principal problema de España no es Grecia, el euro o la señora Merkel. 

Ningún país alcanza semejante condición de la noche a la mañana. Tampoco en tres o cuatro años. Es el resultado de una cadena que comienza en la escuela y termina en la clase dirigente. Hemos creado una cultura en la que los mediocres son los alumnos más populares en el colegio, los primeros en ser ascendidos en la oficina, los que más se hacen escuchar en los medios de comunicación y a los únicos que votamos en las elecciones, alguien cuya carrera política o profesional desconocemos por completo, si es que la hay. Estamos tan acostumbrados a nuestra mediocridad que hemos terminado por aceptarla como el estado natural de las cosas. Sus excepciones, casi siempre, reducidas al deporte, nos sirven para negar la evidencia.

Mediocre es un país donde sus habitantes pasan una media de 134 minutos al día frente a un televisor que muestra principalmente basura. Mediocre es un país que en toda la democracia no ha dado un solo presidente que hablara inglés o tuviera unos mínimos conocimientos sobre política internacional. Mediocre es el único país del mundo que, en su sectarismo rancio, ha conseguido dividir, incluso, a las asociaciones de víctimas del terrorismo. Mediocre es un país que ha reformado su sistema educativo tres veces en tres décadas hasta situar a sus estudiantes a la cola del mundo desarrollado. Mediocre es un país que tiene dos universidades entre las 10 más antiguas de Europa, pero, sin embargo, no tiene una sola universidad entre las 150 mejores del mundo y fuerza a sus mejores investigadores a exiliarse para sobrevivir.

Mediocre es un país con una cuarta parte de su población en paro, que sin embargo, encuentra más motivos para indignarse cuando los guiñoles de un país vecino bromea sobre sus deportistas. Mediocre es un país donde la brillantez del otro provoca recelo, la creatividad es marginada – cuando no robada impunemente- y la independencia sancionada. Mediocre es un país en cuyas instituciones públicas se encuentran dirigentes políticos que, en un 48 % de los casos, jamás ejercieron sus respectivas profesiones, pero que encontraron en la Política el más relevante modo de vida. Es mediocre un país que ha hecho de la mediocridad la gran aspiración nacional, perseguida sin complejos por esos miles de jóvenes que buscan ocupar la próxima plaza en el concurso Gran Hermano, por políticos que insultan sin aportar una idea, por jefes que se rodean de mediocres para disimular su propia mediocridad y por estudiantes que ridiculizan al compañero que se esfuerza. Es mediocre un país, a qué negarlo, que, para lucir sin complejos su enseña nacional, necesita la motivación de algún éxito deportivo. 

Mediocre es un país que ha permitido, fomentado y celebrado el triunfo de los mediocres, arrinconando la excelencia hasta dejarle dos opciones: marcharse o dejarse engullir por la imparable marea de la mediocridad. 
© David Jiménez, 2012

01 abril 2020

Había una vez un rey_cuento

Por ISAAC ROSA
eldiario.es



-Va, cuéntanos otro cuento, pero ahora uno que tenga final feliz.
-Vale, pero el último, que es tarde. Uno de Gianni Rodari, a ver qué os parece: Había una vez un rey que era muy querido en su país, donde reinaba desde hacía muchos años sin sobresaltos. Aquel rey era muy aficionado a la caza…
-¿Qué cazaba? ¿Osos?
-Sí, osos. Y elefantes. Sucedió que un día, estando de caza lejos del palacio, sufrió un accidente…
-¿Se cayó del caballo?
-Sí… No, no iba a caballo, creo. ¿Me dejáis que siga contando?
-Vale, pero ¿terminará bien?
-Si me dejáis acabarlo, prometo que tendréis vuestro final feliz. Tras su accidente, el rey descubrió que ya no era tan querido por las gentes de su país, así que decidió retirarse y dejar el trono a su hijo, el príncipe…
-¿Y eso vale? ¿Los reyes no son reyes hasta que se mueren?
-El rey de nuestro cuento pudo retirarse, y desde ese día se dedicó a recibir homenajes, viajar y pasar más tiempo con…
-La reina.
-No, la reina no lo acompañaba, solía ir con una amiga. Una amiga especial. Un día esta amiga contó que el viejo rey le había regalado una millonada, y entonces se descubrió que el rey había recibido cien millones de otro rey amigo, y se los había llevado a un paraíso fiscal.
-¿Suiza?
-Casi. En un banco suizo, pero en Bahamas, mediante una fundación panameña y usando testaferros. Pero fue la justicia suiza quien siguió el rastro del dinero, por si procedía del cobro de comisiones en grandes obras internacionales. Y empezaron a salir informaciones sobre el patrimonio del rey, oculto en el extranjero, y que no parecía guardar proporción con el dinero que sus súbditos le habían pagado durante su reinado.
-Lo investigarían, ¿no?
-Hubo algún intento, pero la justicia de su país lo archivó, porque el rey era inviolable cuando se produjeron los…
-¿Cómo que inviolable?
-"La persona del rey es inviolable y no está sujeta a responsabilidad…" Lo decía la constitución de aquel país.
-Pero se entiende que la inviolabilidad se refiere a actos relacionados con su labor institucional, no a cualquier delito que pudiese cometer como ciudadano, ¿no? ¿Si mataba a alguien también era inviolable?
-Eso era objeto de discusión entre juristas, con cada vez más partidarios de una interpretación restringida de la inviolabilidad. Pero a la hora de la verdad, los tribunales no se andaban con matices. Era inviolable y punto. Ni siquiera investigaban.
-Este cuento no va a terminar bien…
-Paciencia, ya veréis que sí. En el parlamento de aquel país había grupos que pedían una comisión de investigación sobre sus negocios y patrimonio, sin conseguirla, porque los partidos monárquicos la bloqueaban una y otra vez. Pero la fiscalía suiza siguió su trabajo, y fueron apareciendo nuevos datos que afectaban al viejo rey, a sus empresarios amigos, testaferros amigos, reyes amigos y, por supuesto, amigas especiales. El escándalo crecía y crecía, tanto que finalmente uno de los partidos monárquicos, presionado por sus decepcionados votantes, se vio obligado a permitir una comisión de investigación, aunque con muchas limitaciones, a puerta cerrada, controlada por los monárquicos, y por supuesto sin que compareciese el viejo rey. Solo consiguió aumentar el enfado en las calles, que ya no solo se dirigía al anterior rey, ahora también contra su hijo rey: cada vez que este salía del palacio y acudía a un lugar público, se encontraba el rechazo ruidoso de la gente, que le pedía cuentas por lo que había hecho su predecesor. Tanto, que el rey hijo acabó por pedir perdón por lo de su padre.
-¿En serio pidió perdón?
-Bueno, a su manera. Aprovechó un discurso de inauguración de cualquier cosa para pronunciar unas palabras poco claras, más bien indirectas y con la boca pequeña, sobre la ejemplaridad y los errores, sin siquiera nombrar a su padre, pero que sus cortesanos rápidamente convirtieron en indudable expresión de disculpa, mensaje histórico, gesto ejemplar, ruptura con su padre, compromiso con la democracia, transparencia y demás loas, que a esas alturas eran insuficientes para la mayoría de ciudadanos, porque seguían llegando informaciones desde el extranjero, y aparecían grabaciones, documentos, testigos y amigas especiales con ganas de hablar. El cerco se estrechaba.
-Pero seguía siendo inviolable, ¿no?
-Sí, pero también ese blindaje empezó a resquebrajarse, porque se conocieron hechos posteriores a su abdicación, cuando ya no era inviolable. El primero en intentarlo fue un ciudadano, un particular, que presentó una querella en el Tribunal Supremo contra el viejo rey, al considerarse perjudicado por su comportamiento. Cohecho, fraude fiscal, malversación, tráfico de influencias… Los jueces lo archivaron deprisa, basándose en cuestiones formales, al haber sobreseído ya antes otro tribunal una primera investigación por falta de indicios. Pero ahora había nuevos indicios, muchos y evidentes indicios, y tras ese primer intento, se multiplicaron las querellas de particulares y de colectivos, que también buscaron amparo en la justicia de otros países.
-Esto se pone interesante…
-Mientras los jueces no daban abasto archivando querellas, el fiscal suizo decidió acusar al viejo rey y pedir su procesamiento. El tribunal suizo envió una comisión rogatoria, que fue denegada por el gobierno de aquel país que, si bien ya no quería tanto a su viejo rey, seguía protegiéndolo a la desesperada, poniendo como excusa ahora su avanzada edad y su delicado estado de salud.
-Ya. Al final el rey del cuento se fue de rositas, ¿es eso?
-Esperad, que ahora viene lo mejor. Cuando parecía que la vía judicial estaba agotada, el sindicato de técnicos de Hacienda pidió a la Agencia Tributaria que investigase al viejo rey en tanto que contribuyente, por si había cometido algún delito fiscal. De las informaciones aparecidas resultó que tenía bienes en el extranjero que no había declarado en los años posteriores a su abdicación: cuentas bancarias y propiedades en otros países por las que no habría tributado en el suyo. Un posible fraude fiscal que no habría prescrito y sobre el que no actuaba la inviolabilidad por ser posterior. No se podía investigar el origen de su patrimonio, pero sí sus declaraciones de impuestos. La presión ciudadana en enormes manifestaciones, secundada por algunos partidos y medios, obligó a Hacienda a abrir una investigación. En ella quedó demostrada la existencia de una estructura opaca para ocultar bienes y evadir impuestos, mediante testaferros, fundaciones y paraísos fiscales. Es decir, fraude fiscal, más un posible delito de blanqueo de capitales.
-¿Y lo acabaron condenando?
-Ya llega, ya llega... Aquello era tan escandaloso que la Agencia Tributaria se vio obligada a presentar una denuncia, y los jueces esta vez tuvieron que admitirla.
-¿Pero lo condenaron o no?
-La justicia, que no es tan impaciente como vosotros, se tomó su tiempo. Mucho tiempo. La instrucción fue lenta. Muuuuy lenta. Cambió varias veces el juez instructor. Los abogados usaron todos los recursos posibles para dilatarla. El juicio se aplazó una y otra vez. Algunos decían que era una maniobra para ver si el viejo rey se moría antes y así ya no hacía falta juzgarlo. Otros, que era un intento por desactivar el escándalo, que se fuese extinguiendo; pero los ciudadanos seguían movilizados, y el rey hijo llevaba tiempo sin poder acudir a un acto público sin abucheos. Finalmente se celebró el juicio, al que no tuvo que asistir el viejo rey por su delicada salud, y donde fiscalía y abogacía del Estado parecían ser parte de su equipo de defensa.
-¡Venga ya, dinos de una vez si lo condenaron!
-Lo absolvieron de los delitos más graves, cuyas condenas cayeron sobre el resto de implicados: testaferros, comisionistas, empresarios, amigas especiales. Pero sí, lo condenaron por fraude fiscal, pues era incuestionable que no había declarado sus bienes en el extranjero. Su abogado intentó presentarlo como una víctima, un buen hombre que de tan bueno que era se habían aprovechado de él sus socios y amigas. Pero no se libró de esa condena. Como gesto de colaboración, el viejo rey regularizó su situación con Hacienda, pagó la deuda completa y reconoció los hechos. Así consiguió que le condenasen con la pena más baja: unos meses de cárcel que por supuesto no cumpliría, y una multa millonaria.
-¿Y eso fue todo?
-¿Os parece poco un rey condenado? Os recuerdo que al principio del cuento era un rey in-vio-la-ble. Y acabó condenado. Repito: el rey inviolable acabó condenado. Lo que además supuso que muchos ayuntamientos, por la presión ciudadana, le retirasen su nombre a hospitales, universidades, colegios, bibliotecas, parques, avenidas, puentes, premios, becas…
-¿Y qué pasó con su hijo? ¿Siguió reinando como si nada?
-Ese ya es otro cuento, y es cuento largo. Lo dejamos para otro día, que es tarde.
-Pues vaya final feliz tan esmirriado. Y además, esto es un cuento, no es real, te lo has inventado todo. Es justicia poética, que al final ni es justicia ni es poética. ¡Es solo un cuento!
-Y así acaba el cuento del rey inviolable.

02 marzo 2020

Nomofobia

Investigadores de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR) lideran, junto con la Universidad de Deusto, el primer trabajo instrumental en español sobre nomofobia.

Existe en la sociedad un miedo creciente, impulsado por contenidos culturales como la serie Black Mirror, de que el mal uso de la tecnología pueda provocar que ésta controle cada aspecto de nuestra vida. Esta representación ficticia de una sociedad futura pone el foco en uno de los problemas relacionados con el uso de las tecnologías que más preocupan. En un contexto de navegación permanente y mensajería instantánea, una nueva psicopatología ha cobrado mucha fuerza: la nomofobia (de la expresión en inglés no mobile phone phobia) es el temor a ser incapaz de comunicarse a través del teléfono móvil o de otros aparatos tecnológicos.

Los comportamientos más frecuentes que presentan los afectados son la obsesión por tener el teléfono siempre cargado y la ansiedad ante el pensamiento de no poder utilizarlo por cualquier motivo (datos, cobertura…), evitando a toda costa situaciones en las que vaya a vivir esta circunstancia y dificultando, por tanto, el desarrollo de una vida normal.

Las estadísticas muestran que los adolescentes y los jóvenes son el sector más vulnerable, como indica Joaquín Manuel González-Cabrera, director del grupo de investigación Cyberbullying-OUT de la UNIR y primer autor del trabajo. El estudio, publicado en Actas Españolas de Psiquiatría, supone la primera herramienta en nuestro país que cumple ciertos indicadores de fiabilidad y validez para la evaluación del problema.

Aunque existe una amplia literatura sobre aspectos relativos a un uso problemático de Internet, la nomofobia pone el foco en el miedo que desencadena perder el acceso a la información y a la red de contactos sociales. Es necesaria, por tanto, la elaboración de estudios específicos que recojan el amplio abanico de situaciones relacionadas con la necesidad de control del individuo sobre su autonomía y conectividad.

Para analizar el patrón de uso problemático nomofóbico, los investigadores han adaptado y validado un cuestionario para evaluar 4 dimensiones y 20 ítems. A través de ellos se han establecido los perfiles de usuario ocasional, usuario en riesgo y usuarios con problemas. “Un dato de gran interés es que casi el 25% podría considerarse usuario de riesgo, y ello creemos puede tener consecuencias a medio-largo plazo. Serán necesarios más estudios, especialmente de seguimiento temporal, para evaluar su impacto en nuestros adolescentes”, afirma González-Cabrera. El investigador también destaca que la franja de edad con mayor prevalencia está comprendida entre los 14 y 16 años, y que las chicas, al igual que en el resto de la literatura al respecto, presentan puntuaciones más altas que los chicos.

Los investigadores han contado con la dificultad añadida de la complejidad del término, aun no incorporado en los manuales de diagnóstico, como el DSM-V. Para ellos, la nomofobia podría situarse dentro de las fobias específicas, que, según el DSM-V, son el miedo excesivo e irracional a una determinada situación u objeto, como es no poder utilizar un teléfono móvil. Esta opción sería posible asumirla siempre que no pueda explicarse con síntomas de otro trastorno como la ansiedad social.

El equipo de investigación de la UNIR está llevando a cabo también el desarrollo y validación instrumental de otros problemas como el MAPA (miedo a perderse algo), también intrínseco a un estilo de vida hiperconectado, o el estudio del posible uso patológico de los videojuegos (Internet Gaming Disorder), sobre todo de juegos tipo MOBA (Multiplayer Online Battle Arena, o campo de batalla multijugador), como el League of Legends.

El uso del teléfono inteligente no es de por sí negativo, pero los expertos de la UNIR están convencidos de que no es inocuo, por lo que es necesario abordar una educación integral de las personas que las prepare para ser ciudadanos digitales. Beneficiarnos de las infinitas posibilidades que nos ofrece la tecnología y ser capaces de afrontar los riesgos debe ser un objetivo social y educativo primordial para que Black Mirror no llegue a nuestra vida.

22 febrero 2020

La mejor frase de "Martín (Hache)"



En la excelente película Martín (Hache), de Adolfo Aristarain (1997), Dante, el epicúreo personaje interpretado por Eusebio Poncela, le responde a un joven Martín hijo (interpretado por Juan Diego Botto), lleno de curiosidad por la vida:

Martín hijo: ¿Te gustan más los hombres que las mujeres?
Dante: ¿En general, dices? No. De qué sexo sean, en realidad me da igual, es lo que menos me importa. Me puede gustar un hombre tanto como una mujer. El placer no está en follar. Es igual que con las drogas. A mí no me atrae un buen culo, un par de tetas o una polla así de gorda. Bueno, no es que no me atraigan, claro que me atraen, me encantan, pero no me seducen. Me seducen las mentes, me seduce la inteligencia. Me seduce una cara y un cuerpo cuando hay una mente que los mueve que vale la pena conocer, poseer, dominar, admirar. La mente, Hache, yo hago el amor con las mentes. Hay que follarse a las mentes.