27 enero 2017

El fútbol y la fratría

Por OLATZ GONZÁLEZ ABRISKETA

De vez en cuando ciertos elementos revelan cuáles son los impulsos o fuerzas latentes que hay detrás de lo que Enrique Tierno Galván denominaba “acontecimientos sociales” y que no serían otra cosa que “la realización en espectáculo de una concepción del mundo”. Para Tierno Galván los toros eran el acontecimiento nacional español, del mismo modo que lo era la ópera en Italia. En este momento en que la exaltación nacional-nacionalista estaría quizás (esperemos) mostrando el inicio de su propia decadencia, parece pertinente preguntarse qué concepción del mundo impera detrás del fútbol, de qué colectividad es el fútbol, deporte globalizado por excelencia, acontecimiento. 

Lo sucedido en la liga este fin de semana nos da algunas pistas. Al parecer, unos hinchas del Sevilla han aprovechado su viaje a Pamplona para saludar desde la grada de El Sadar a su amigo, encarcelado en la capital navarra por haber participado en una violación en grupo en los últimos sanfermines. Una bandera con los colores del Sevilla tenía inscrita la palabra "Gordo", apodo de José Ángel Prenda, miembro de la peña Biris Norte y uno de los integrantes del grupo de whatsapp autodenominado "La Manada", porque “el poder del lobo reside en la manada”. 

Varias lecturas podrían derivarse de la pancarta, algunas incluso políticas. En el artículo ¿Tiene sexo la nación” la antropóloga Begoña Aretxaga enfatizaba que la retórica política está plagada de metáforas sexuales, siendo habitual que los imperios traten a las naciones colonizadas como mujeres violadas. Por ellos, claro. Aretxaga analiza cómo Irlanda tuvo que masculinizarse, construir héroes nacionales, para poder creerse su propio proceso de independencia, para empoderarse dirían hoy algunas. El exhibir el nombre del "Gordo" en el estadio de la ciudad donde perpetró la violación puede constituir un gesto imperialista, del que por otro lado tanto gusta el fútbol y que está más relacionado de lo que pensamos con la cuestión que quiero poner sobre la mesa, la de la relación entre sexos. 

Con una simple ojeada al Twitter desde el que se dedicó la victoria del Sevilla al tal “Gordo” podemos saber de qué estoy hablando. Como escribiera Simone De Beauvoir en su diario, precisamente describiendo Pamplona: “Hombres, nada más que hombres, cantando y bailando pesadamente, encantados de estar entre hombres”. Ella, que pasó la mayor parte de su vida social y profesional entre hombres, sintió en Pamplona una fuerza centrífuga que le expulsaba, la fuerza de la fratría. 

Precisamente uno de los seguidores de los amigos del Gordo, curiosamente del Betis, adorna su perfil con una foto en la que alrededor de cien varones de entre 20 y 40 años posan detrás de una enorme pancarta que dice: “Brotherhood” (hermandad o fraternidad). De eso habla el fútbol, de la celebración de pertenecer a la fraternidad de los varones y de demostrar su superioridad. En todas las épocas y en distintas sociedades se han encontrado instituciones parecidas: las sociedades secretas de las denominadas sociedades “primitivas”, las fraternidades universitarias estadounidenses, lasmännerbund alemanas e infinitas más. Todas tienen en común tres características, aunque refiera de momento dos: una estricta segregación sexual y que el grupo se convierte en el referente normativo por excelencia. El grupo auxiliará y protegerá a todos sus miembros independientemente de lo que hagan y mientras sean fieles al mismo. Sólo la traición al grupo se castiga. Sólo ante él se rinden cuentas. 

Es comprensible entonces que los “hermanos” del “Gordo” le apoyen, y con más lógica aún si de lo que se le acusa es de una violación en grupo. Las violaciones en grupo son la tercera característica de estas asociaciones, ya sea como castigo por haber osado espiar o poner en cuestión la autoridad masculina ya sea como modo de sellar la fraternidad. El macho alfa, patriarcal, mostraba su dominio y potencia sexual follando con cuantas mujeres pudiera, a poder ser con todas las del grupo. El macho fratriarcal folla con sus “hermanos” por mediación del cuerpo de una mujer, víctima o no. Eso es lo que en los últimos años nos ofrece el fútbol en materia sexual. 

No se me malinterprete. Con esto no quiero decir que todo aficionado al fútbol sea proclive a tener relaciones en grupo. Y mucho menos a ser un violador. Lo que de verdad preocupa es la indulgencia, el que entrenadores, padres, jueces, políticos y varones en general se comporten como “hermanos”. Porque hay muy pocos violadores, pero demasiada tolerancia. Y es que nuestras sociedades invierten miles de millones en que los varones “se hermanen”. El fútbol es hoy el acontecimiento mundial de la fratría. El País, 27.01.17
Olatz González Abrisketa es antropóloga y profesora de la UPV/EHU

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