26 abril 2017
El marido del policía asesinado en París emociona a Francia con su homenaje
Etienne Cardiles, pareja del policía asesinado por un yihadista el pasado jueves en los Campos Elíseos, ha pronunciado un discurso para homenajearle en presencia de François Hollande, Emmanuel Macron y Marine Le Pen.
El policía, Xavier Jugelé, tenía 37 años y era un defensor de los derechos de la comunidad homosexual. Como informó el presidente de Flag (una asociación de policías LGBT de la que Jugelé era miembro), el agente había participado en protestas contra Rusia por su prohibición de "propaganda homosexual" durante los Juegos de Sochi y había viajado a Grecia para asesorar a la policía helena en la gestión de la llegada de refugiados. Cardiles y él eran pareja de hecho.
Estas son las palabras que le ha dedicado su viudo y que han conmovido a los franceses, provocando una ola de emoción y apoyo en las redes sociales.
"Xavier, el jueves por la mañana, como de costumbre, me fui a trabajar mientras tu estabas todavía dormido. Durante el día nos estuvimos mandando mensajes sobre nuestro plan de vacaciones, un viaje a un país tan lejano que me habías dicho que estabas impaciente porque nunca habías ido tan lejos. Los detalles de los visados y nuestras preocupaciones por encontrar alojamiento llenaban nuestros mensajes de un frenesí feliz, porque teníamos los billetes de avión reservados desde el martes.
Empezaste tu servicio a las dos de la tarde, con ese uniforme que cuidabas tanto porque tu aspecto para mantener el orden debía ser irreprochable. Tus compañeros y tú habíais recibido la misión de uniros a la comisaría del Distrito Octavo, donde debíais, como tantas veces, velar por la seguridad pública en la bella avenida de los Campos Elíseos. Te habían asignado el número 102 de la avenida, frente al Instituto Cultural de Turquía. Yo sé que este tipo de misiones te gustaban, porque eran los Campos, era la imagen de Francia, era la cultura lo que protegías.
En ese instante, en ese lugar, sucedió lo peor, para ti y para tus compañeros. Uno de esos sucesos que todos temen y que todos esperan que no llegue jamás.
He vuelto a casa por la tarde, sin ti, con un dolor extremo y profundo que puede que se calme algún día, no lo sé. Ese dolor me ha hecho sentir más cerca que nunca de tus compañeros, que sufren como tú, en silencio, como yo, en silencio. Y en lo que a mí respecta, yo sufro sin odio. Le tomo prestada esa fórmula a Antoine Leiris [cuya esposa fue asesinada en la sala Bataclan], ya que su inmensa sabiduría frente al dolor me admiró tanto que leí y releí sus frases hace unos meses. Es una lección de vida que me hizo crecer y que me protege hoy.
A medida que aparecieron los primeros mensajes que informaban a los parisinos de que un suceso grave estaba ocurriendo en los Campos Elíseos y que un policía había muerto, una vocecilla me dijo que eras tú, y me recordó esa fórmula generosa y sanadora: "No tendréis mi odio".Ese odio, Xavier, no lo tengo porque no se parece a ti, porque no se corresponde en absoluto con lo que hacía latir tu corazón, ni con lo que hacía de ti un policía, un guardián de la paz.
Porque el interés general, el servicio al prójimo y la protección de todos eran parte de tu educación y de tus convicciones, y sabías que la tolerancia y el diálogo eran tus mejores armas. Porque detrás del policía estaba el hombre, ya que solo nos convertimos en policías por elección. La elección de ayudar a los demás, de proteger a la sociedad y de luchar contra las injusticias. Esa misión noble, que asume la Policía y que a menudo se entiende mal.
Yo, como ciudadano, antes incluso de conocerte, ya la admiraba. Esa profesión de policía es la única a la que alude la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano. En su artículo 12, señala esta evidencia: "La garantía de los Derechos del Hombre y del Ciudadano necesita una fuerza pública", con una precisión que es útil en este momento políticamente importante: "Esta fuerza se constituye para el beneficio de todos, y no para la utilización particular de aquellos a los que les ha sido confiada". Es la visión que ambos compartíamos de esta profesión, pero es solamente un lado del hombre que eras.
El otro lado del hombre era un mundo de cultura y de alegría, donde el cine y la música ocupaban un lugar inmenso. Cinco sesiones de cine en un día magnífico de sol en agosto no te daban miedo. Y siempre en versión original para el purista que tú eras con esa lengua, el inglés, que querías hablar a la perfección. Tú encadenabas los conciertos, siguiendo a veces a los artistas en una gira completa. Céline Dion era tu estrella, Zazie, Madonna, Britney Spears y tantos otros hacían vibrar nuestras ventanas. El teatro te transportaba y lo vivías plenamente. Ninguna experiencia cultural te echaba atrás. Hasta la peor de la películas la veías el día del estreno, hasta el final, independientemente de su calidad. Una vida de alegría y de inmensas sonrisas, en la que el amor y la tolerancia reinaban como dueñas incontestables. Esa vida de estrella tú la abandonas como una estrella.
Quiero decir a tus compañeros que me siento muy cerca de ellos. Quiero decir a tus jefes policiales que he visto la sinceridad en sus ojos y la humanidad en sus gestos. Quiero decir a todos los que luchan por evitar que esto ocurra que conozco su culpabilidad y su sensación de fracaso, y que deben continuar luchando por la paz. Quiero decir a todos los que nos han trasladado su afecto, a tus padres y a mí, que lo agradecemos profundamente. Quiero decir a tu familia que estamos unidos. Y a nuestros más cercanos, a los que se han preocupado tanto por mí, que se han preocupado tanto por nosotros, que son magníficamente dignos de ti.
A ti te quiero decir que estarás en mi corazón para siempre. Te quiero. Sigamos siendo dignos y prestemos atención a la paz. Y guardemos la paz".
24 abril 2017
L'Europe a gagné
Por Xavier Vidal-Folch
Europa ha ganado. El
próximo presidente de la República Francesa será Emmanuel Macron, el único
candidato verdaderamente europeísta entre los cuatro en liza. El único que
sintonizaba con la amplia mayoría —superior a dos tercios— de los ciudadanos
franceses partidaria de permanecer en la Unión.
Hay que subrayarlo.
Macron era en este equilibrado catch a cuatro el europeísta,
frente a la eurohostil Marine Le Pen, que pretende desmantelar la UE; frente al
eurorreticente François Fillon, más soberanista a la antigua usanza que otra
cosa; frente al euroincoherente Jean-Luc Mélenchon, que pretendía poner patas
arriba toda la construccción comunitaria.
Macron será presidente (salvo catástrofe inimaginable) porque esta primera vuelta constituye de facto (no de iure) la segunda y definitiva vuelta. Antes, las primeras rondas servían para descartar a los candidatos menos queridos. Con la ultraderechista xenófoba en el podio a dos, quienquiera que se clasifique en la primera gana la final, porque funcionará el frente republicano.
Sucedió ya en 2002
con su padre Jean Marie —atención, más hosco y torpe que Marine—, en favor de
Jacques Chirac. El conservador Chirac
logró entonces récord de votos, la izquierda se volcó en su favor. Y ahora el
centroizquierdista Macron es el que menos molesta a los electores rivales: con
todos tiene zonas afines. Por eso las encuestas le atribuyen el mejor resultado
frente a Le Pen entre los candidatos demócratas.
Con la victoria
europea, ganan también otras causas: la de una sociedad abierta contra una
comunidad cerrada; la de la causa euroatlántica frente a los manejos
autoritarios de Vladímir Putin, santo de la devoción de los demás candidatos; la
del mundo cosmopolita frente al submundo nacionalista; la de las democracias
avanzadas frente a los autoritarismos; la de una combinación de liberalismo y
socialdemocracia frente al neoliberalismo desigualadaor y al proteccionismo
liberticida.
Los quejicas, las
plañideras, los masoquistas, los casandras, los terruñeros, los falsos
profetas, los enterradores del progreso, los sepultureros del Estado del
bienestar podrán seguir denigrando de Europa. Porque sale viva y
fortificada. On a gané! (El País, 24.04.17)
21 abril 2017
20 abril 2017
Efemérides española
A propósito de la doble efemérides, ahí va esta reflexión: 25 años después, qué lejos quedan aquella Sevilla modernizada del 92 y aquella Barcelona olímpica del amics per sempre. ¡Cuánta regresión oscurantista! ¡Cuánta discordia civil! Pero, ¿qué nos ha pasado?
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18 abril 2017
La primera tentación de los cristianos
Por Víctor Lapuente Giné
¿Por qué los cristianos fundamentalistas americanos votaron masivamente a un profeta del materialismo, el hedonismo y el narcisismo como Trump? ¿Por qué los católicos italianos apoyaron a Berlusconi? ¿Por qué tantas voces religiosas en la Europa oriental corean a déspotas oportunistas?
Parece una contradicción. Los votantes moralmente más intransigentes se alían con los líderes más inmorales. Pero, si analizamos la particular moral que defienden los fundamentalistas, la contradicción desaparece.
El historiador y pastor baptista Wayne Flynt señalaba en Financial Times que ha habido un giro en la moral de cabecera de los cristianos evangélicos. En la actualidad, se movilizan contra aquellos “pecados” que no quieren o no pueden cometer, como la homosexualidad o el aborto. Para un varón heterosexual y de mediana edad es más cómodo aceptar la primacía moral de las prescripciones contra la homosexualidad y el aborto que los preceptos contra, por ejemplo, la avaricia, omnipresente en la vida cotidiana de cualquiera.
Es la primera tentación de los religiosos, como ya denunció Jesús. En lugar de cuestionar nuestro comportamiento, tratando de controlar impulsos que pueden ser dañinos para nosotros mismos o para la comunidad, juzguemos la conducta de los demás.
La tentación ha existido siempre, pero ahora se le han sumado unos estímulos económicos y políticos. El mercado de las ideas religiosas se ha globalizado. Los predicadores que antes sermoneaban en sus parroquias tienen altavoces —de las radios a las redes sociales— con los que llegan a una audiencia sin fronteras. Pueden tentar a un mayor número de seguidores con su reconfortante mensaje: la salvación no está tanto en cambiar vuestras vidas como en modificar las de otros mediante leyes represoras.
Y han surgido políticos que se postulan como los guardianes idóneos de esa moral de conveniencia. A escala individual, Trump, Berlusconi y algunos autócratas del este de Europa son una parodia de los valores cristianos, pero ofrecen castigos colectivos a los grupos supuestamente pecadores.
Odia al prójimo tanto como te amas a ti mismo. @VictorLapuente
El País, 18.04.17
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24 marzo 2017
21 febrero 2017
Reflexiones en torno a una fuente
El
tiempo parece parado en esta fuente octogonal de cerámica antigua con
tenue lámina de agua inmóvil situada en los jardines del sevillano Palacio
de las Dueñas. La magia
minimalista del diseño de esos azulejos repetidos casi hasta el infinito y
de esa sinfonía de verdes fue lo que más me emocionó de la visita, pues
las salas del propio palacio me parecieron sobrecargadas y rancias a más no
poder. Había tal saturación de objetos que no podías fijar la mirada en ninguno
en particular. Puro horror vacui. Todo tan rancio y maloliente como la propia
aristocracia. Además, parecía que la mayoría de visitantes acudían como
fervorosos peregrinos a un altar kitsch de la España más casposa y anacrónica.
Sus conversaciones y comentarios remitían a revistas de papel cuché. La fascinación sumisa por lo aristocrático y por el boato de la realeza y la devoción por la lectura del Hola son síntomas inequívocos del escaso espíritu republicano de la actual sociedad española. cmg2017
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15 febrero 2017
30 enero 2017
Paloma Chamorro, in memóriam
Con su pelo ingobernable y su rompedor estilo, fue el rostro más representativo de la Movida madrileña. Era Paloma Chamorro, la periodista que presentó La edad de oro, un programa que no estuvo en antena más de dos años pero que resumió de forma gloriosa el espíritu festivo y desenfadado del movimiento cultural más importante de la España democrática. Paloma Chamorro falleció este domingo a los 68 años, según han confirmado fuentes de su familia.
La presentadora comenzó a trabajar en Televisión Española a principios de los años setenta, en espacios de divulgación cultural, artística y literaria como Galería, Cultura 2 o Imágenes, que le permitieron entrevistar a Salvador Dalí o Joan Miró. Pero su carrera cambió cuando se puso al frente de La edad de oro, que entre 1983 y 1985 sirvió en TVE de escaparate de la movida madrileña y difundió las corrientes musicales y culturales emergentes.

Hoy cuesta imaginarlo, con una televisión pública que niega esta clase de programas musicales y entregada de forma vergonzante al espectáculo de Operación Triunfo y variedades similares: hubo un tiempo en el que Lou Reed, Tom Verlaine, Marc Almond o The Smiths tocaban en directo en TVE. Fue en La edad de oro, el programa más influyente y transgresor de los ochenta. En él lo imprevisible era la norma característica. Sin embargo, como contaba la propia Paloma Chamorro, su idea era reflejar lo que estaba ocurriendo musical y artísticamente en España y, sobre todo, hacer un programa de música con sonido directo. El anterior programa televisivo, Aplauso, no lo hacía. La presentadora recordaba cómo le indignó ver a Ramones, una de sus bandas de cabecera, hacer playback en un plató de televisión.
Con gran amor al arte, La edad de oro nació con la reunión de Kaka de Luxe y suspiró por última vez con la transmisión en directo del histórico concierto de The Smiths en el paseo de Camoens de Madrid. Si en la madrileña sala Rock-Ola se concentraba el ambiente cultural por las noches, La edad de oro fue concebido como la cita semanal con las cámaras de esa bohemia. En horario prime time, el programa se hizo rápidamente un referente de vanguardia generacional, aunque a la presentadora le cayeron algunas críticas por su falta de experiencia. Sin embargo, nadie podía haber dado tanto magnetismo en antena como ella, que, aparte de hacer buenas entrevistas y presentaciones muy certeras, simbolizaba ese éxtasis caótico y fresco de la escena musical de aquellos inocentes y libres ochenta.
Durante este tiempo, Paloma Chamorro fue procesada por ofensas a la religión católica después de que en un programa de 1984 apareció un crucifijo rematado por la cabeza de un cerdo. Con el cierre del programa, volvería a TVE con programas dedicado a las artes plásticas: La estación de Perpiñán (1987) y La realidad inventada (1988). Y, a partir de ahí, poco a poco, fue desapareciendo de la vida pública.
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27 enero 2017
Una profesora harta de aguantar estalla
Este es el texto íntegro de la intervención de la profesora Eva María Romero Valderas en el claustro de profesores del IES Isidro de Arcenegui de Marchena, Sevilla, y que recoge La Voz de Marchena:
"Vayan por delante dos premisas:
1ª: No tengo nada en contra del Equipo directivo. Esto que voy a decir a continuación no es producto de una situación puntual que deba resolverse con una modificación del Plan de Centro ni nada parecido. Sí quiero que conste en acta.
2ª: Esto que voy a hacer ahora se llama arenga: discurso militar para enardecer a las tropas antes de entrar a la batalla.
¡Ya estoy harta!
Ya está bien, señores, de seguir aguantando.
Yo no estoy aquí para aguantar, y utilizo las palabras textuales que un padre me dijo por teléfono cuando lo llamé para que corrigiera la actitud de su hija, que no me dejaba hacer mi trabajo.
A mí, que yo sepa, me pagan para enseñar, no por aguantar.
Harta de la sociedad, que encumbra a seres que presumen de su ignorancia, que valora a un futbolista o a un ‘nini’ más que a una persona con estudios, respetuosa y educada. De los programas de televisión, que presentan como modélicos a aquellos que, sin estudios y sin sacrificio alguno, se han colocado ganando un sueldazo por criticar, acostarse con, comprar en…
Estoy harta de aguantar la mala educación con la que llegan, cada vez en mayor porcentaje, los niños al Instituto. La falta de consideración, no digo ya de respeto, hacia mi persona cuando entro en las clases, que parece como si entrara el viento por la ventana.
Harta del proteccionismo de los padres, que quieren que sus hijos aprueben sin esfuerzo y sin sufrir, sin traumas… De la falta de valoración del esfuerzo que sí hacemos nosotros.
Harta de la Administración, que cambia las leyes y la normativa que rige en mi trabajo sin preguntarme qué opino y sin darme formación para hacer bien mi nuevo trabajo. Que me coloca dos horas más en el horario lectivo y me explota laboralmente, porque yo, en los últimos años, lo único que hago es trabajar, trabajar como una posesa. Ya, hasta mis hijos me lo dicen.
Ahora dicen que nos van a devolver esas horas, ¿sabéis donde nos la van a devolver? En el horario irregular que dedicamos en casa, el que nadie ve. Yo tardo cinco horas en corregir 30 exámenes de 1º de Bachillerato, entonces ¿ya esa semana no doy ni una hora más en casa, no? Ya no programo, no preparo mis exámenes, no me actualizo para utilizar la tableta (que me he comprado de mi bolsillo para trabajar mejor), ni para saber utilizar la plataforma digital del Centro, no relleno informes de faltas, no redacto actas… y un largo etcétera de tareas invisibles.
El colmo es que algunos de nosotros nos hemos planteado pedir reducción de jornada, cobrando menos, para hacer bien nuestro trabajo. Pero, ¿adónde vamos a llegar? ¿En qué trabajo se hace eso? ¿Dónde se ha visto renunciar a tu salario para dormir con la conciencia tranquila? Esto no pasa en ningún lado.
Y encima de todo hay que aguantar “¡Qué bien viven los maestros!” Porque para la sociedad somos unos privilegiados que “no damos un palo al agua”.
Las 67 propuestas de mejora de la Educación famosas no vienen sino a machacarnos todavía más. ¿Qué vamos a hacer cuando a un alumno no lo podamos expulsar unos días por mal comportamiento? Además, tampoco está bien visto que lo pongamos a barrer o hacer tareas para la comunidad… el padre no quiere que humillemos a su hijo. Pues yo creo que debemos imbuirnos de la gracia del juez Calatayud. Autoridad somos igual que él. Ejerzamos nuestra autoridad, es lo único que la ley nos reconoce, hagámosla efectiva.
Tenemos que hacernos oír, actuar como colectivo, no irnos quejando por los rincones, a escondidas, que parece que nos da vergüenza. Así no se nos oye fuera. Gritemos nuestro inconformismo, no podemos seguir así, exijamos nuestros derechos como trabajadores, que parece que todo el mundo tiene derechos menos nosotros.
Enseñamos a nuestros alumnos a ser críticos, mentes libre pensadoras que puedan elegir y discriminar lo que les conviene de lo que no, y nosotros somos los primeros aborregados, no hacemos nada, seguimos agachando la testuz para que el yugo nos caiga con más fuerza.
Yo así no aguanto más, vosotros haced lo que queráis. Llevo 19 años en la docencia, tengo 45, a lo mejor es mi crisis de la mediana edad… pero, si algo me han dado los años es valor, no tengo miedo, y, como me aprieten más el tornillo, saltaré como un resorte. Solo quiero avisar: de aquí en adelante no pienso quedarme callada ‘por educación’. Contestaré en el mismo tono y con la misma contundencia que se me trate.
A mí me gusta enseñar y transmitir. Me gusta el trato con los alumnos, los quiero y animo. Me considero un motor social de cambio, una fuerza generatriz. No soy un burro de carga dispuesto a aguantar hasta que reviente."
"Vayan por delante dos premisas:
1ª: No tengo nada en contra del Equipo directivo. Esto que voy a decir a continuación no es producto de una situación puntual que deba resolverse con una modificación del Plan de Centro ni nada parecido. Sí quiero que conste en acta.
2ª: Esto que voy a hacer ahora se llama arenga: discurso militar para enardecer a las tropas antes de entrar a la batalla.
¡Ya estoy harta!
Ya está bien, señores, de seguir aguantando.
Yo no estoy aquí para aguantar, y utilizo las palabras textuales que un padre me dijo por teléfono cuando lo llamé para que corrigiera la actitud de su hija, que no me dejaba hacer mi trabajo.
A mí, que yo sepa, me pagan para enseñar, no por aguantar.
Harta de la sociedad, que encumbra a seres que presumen de su ignorancia, que valora a un futbolista o a un ‘nini’ más que a una persona con estudios, respetuosa y educada. De los programas de televisión, que presentan como modélicos a aquellos que, sin estudios y sin sacrificio alguno, se han colocado ganando un sueldazo por criticar, acostarse con, comprar en…
Estoy harta de aguantar la mala educación con la que llegan, cada vez en mayor porcentaje, los niños al Instituto. La falta de consideración, no digo ya de respeto, hacia mi persona cuando entro en las clases, que parece como si entrara el viento por la ventana.
Harta del proteccionismo de los padres, que quieren que sus hijos aprueben sin esfuerzo y sin sufrir, sin traumas… De la falta de valoración del esfuerzo que sí hacemos nosotros.
Harta de la Administración, que cambia las leyes y la normativa que rige en mi trabajo sin preguntarme qué opino y sin darme formación para hacer bien mi nuevo trabajo. Que me coloca dos horas más en el horario lectivo y me explota laboralmente, porque yo, en los últimos años, lo único que hago es trabajar, trabajar como una posesa. Ya, hasta mis hijos me lo dicen.
Ahora dicen que nos van a devolver esas horas, ¿sabéis donde nos la van a devolver? En el horario irregular que dedicamos en casa, el que nadie ve. Yo tardo cinco horas en corregir 30 exámenes de 1º de Bachillerato, entonces ¿ya esa semana no doy ni una hora más en casa, no? Ya no programo, no preparo mis exámenes, no me actualizo para utilizar la tableta (que me he comprado de mi bolsillo para trabajar mejor), ni para saber utilizar la plataforma digital del Centro, no relleno informes de faltas, no redacto actas… y un largo etcétera de tareas invisibles.
El colmo es que algunos de nosotros nos hemos planteado pedir reducción de jornada, cobrando menos, para hacer bien nuestro trabajo. Pero, ¿adónde vamos a llegar? ¿En qué trabajo se hace eso? ¿Dónde se ha visto renunciar a tu salario para dormir con la conciencia tranquila? Esto no pasa en ningún lado.
Y encima de todo hay que aguantar “¡Qué bien viven los maestros!” Porque para la sociedad somos unos privilegiados que “no damos un palo al agua”.
Las 67 propuestas de mejora de la Educación famosas no vienen sino a machacarnos todavía más. ¿Qué vamos a hacer cuando a un alumno no lo podamos expulsar unos días por mal comportamiento? Además, tampoco está bien visto que lo pongamos a barrer o hacer tareas para la comunidad… el padre no quiere que humillemos a su hijo. Pues yo creo que debemos imbuirnos de la gracia del juez Calatayud. Autoridad somos igual que él. Ejerzamos nuestra autoridad, es lo único que la ley nos reconoce, hagámosla efectiva.
Tenemos que hacernos oír, actuar como colectivo, no irnos quejando por los rincones, a escondidas, que parece que nos da vergüenza. Así no se nos oye fuera. Gritemos nuestro inconformismo, no podemos seguir así, exijamos nuestros derechos como trabajadores, que parece que todo el mundo tiene derechos menos nosotros.
Enseñamos a nuestros alumnos a ser críticos, mentes libre pensadoras que puedan elegir y discriminar lo que les conviene de lo que no, y nosotros somos los primeros aborregados, no hacemos nada, seguimos agachando la testuz para que el yugo nos caiga con más fuerza.
Yo así no aguanto más, vosotros haced lo que queráis. Llevo 19 años en la docencia, tengo 45, a lo mejor es mi crisis de la mediana edad… pero, si algo me han dado los años es valor, no tengo miedo, y, como me aprieten más el tornillo, saltaré como un resorte. Solo quiero avisar: de aquí en adelante no pienso quedarme callada ‘por educación’. Contestaré en el mismo tono y con la misma contundencia que se me trate.
A mí me gusta enseñar y transmitir. Me gusta el trato con los alumnos, los quiero y animo. Me considero un motor social de cambio, una fuerza generatriz. No soy un burro de carga dispuesto a aguantar hasta que reviente."
01 enero 2017
Europa y la novela, por Javier Cercas
En primer lugar quiero dar las gracias de
todo corazón al jurado que me ha concedido este premio. Y en segundo lugar
quiero decir que es un premio muy importante para mí, porque lo concede la
Unión Europea.
Durante siglos, Europa ha constituido la
gran ilusión de muchos españoles; conscientes de vivir desde principios del
siglo XVII en un país cada vez más aislado, cada vez más sumido en la pobreza,
la incultura, la falta de libertades, el oscurantismo y la ficción del Imperio,
desde mediados del siglo XVIII los mejores de mis antepasados sintieron que
Europa era una promesa realista de modernidad, de prosperidad y de libertad.
Hoy la inmensa mayoría de nosotros seguimos sintiéndolo, y por eso España no ha
dejado de ser uno de los países más europeístas de la Unión. Mucho me temo que
ahora mismo no sobran motivos para sentirse orgulloso de ser español, pero ese
es uno de ellos. Alguna vez he escrito que la idea de una Europa unida es la
única utopía razonable que hemos acuñado los europeos; utopías atroces
—paraísos teóricos convertidos en infiernos prácticos— hemos acuñado unas
cuantas; pero utopías razonables, que yo sepa, sólo esa: una utopía que, como
acaba de recordar Michel Serres, ha permitido que tras la II Guerra Mundial los
europeos hayamos vivido “la época de paz y prosperidad más larga desde la
guerra de Troya”. Dicho esto, añadiré que la novela moderna es no sólo uno de
los frutos más valiosos de esa utopía, sino también el que más se parece a
ella, su emblema perfecto; la prueba es que sus dos rasgos quizá más
sobresalientes son los dos rasgos definitorios de la Europa unida: su carácter
híbrido, mestizo, y su naturaleza antidogmática.
La novela moderna fue el invento
absolutamente genial de un español, Miguel de Cervantes, pero no fueron los
españoles sino determinados ingleses, como Laurence Sterne y Henry Fielding,
quienes primero aprendieron a fondo las enseñanzas de Cervantes y aseguraron la
continuidad de su invención; y no fueron los españoles ni los ingleses sino un
francés, Gustave Flaubert, quien asumió la tarea descomunal de elevar a la
categoría de un arte noble lo que hasta entonces había sido para casi todos
poco más que un entretenimiento; y es un hecho que nadie asimiló mejor a
Flaubert que James Joyce, un irlandés que escribía en inglés y vivió casi siempre
en el exilio continental, y que un checo que escribía en alemán y se llamaba
Franz Kafka, igual que es un hecho que pocos escritores actuales han sido tan
fieles al legado de Kafka y de Joyce como Milan Kundera, un checo que empezó
escribiendo en checo y ha terminado escribiendo en francés. La novela moderna
es un género mestizo no sólo porque Cervantes la engendrara así —como un género
donde caben todos los géneros, y que se alimenta de todos—, sino porque su
historia es la historia de un fecundo mestizaje de lenguas y culturas. Pero la
novela moderna también es un género antidogmático. Lo es porque sus verdades no
son claras, unívocas y taxativas, sino ambiguas y equívocas, esencialmente
irónicas. Don Quijote, no hay duda, está loco, loco de atar, loco como una
cabra, pero al mismo tiempo es el hombre más lúcido y más sensato del mundo;
Don Quijote, no hay duda, es un personaje risible, cómico, grotesco, pero al
mismo tiempo es un personaje noble y heroico, el “rey de los hidalgos, señor de
los tristes” que cantó un gran poeta nicaragüense: Rubén Darío. Esas son las
verdades de la novela: verdades contradictorias, plurales, poliédricas y
paradójicas, esencialmente irónicas. Y, al crear un género de enorme éxito
basado en esa clase de verdades, Cervantes creó una auténtica arma de
destrucción masiva contra la visión dogmática, monista, cerrada y totalitaria
de la realidad.
Contra esa visión nació la Europa moderna,
la Europa de la razón, la libertad, el bienestar y el progreso; contra esa
visión —y contra los totalitarismos y los nacionalismos puristas o antimestizos
que anegaron de sangre el siglo XX— nació la Europa unida. Esa visión, más vale
que no nos engañemos, es la que amenaza con volver ahora, o la que está
volviendo, como si quisiéramos darle la razón a Bernard Shaw, quien escribió:
“Lo único que se aprende de la experiencia es que no se aprende nada de la
experiencia”. Porque, contra lo que solemos pensar, la historia se repite
siempre, sólo que se repite de formas tan distintas que a veces es difícil
reconocerla. Ahora ni siquiera es difícil: ahora, sobre todo después de que los
británicos hayan cometido el disparate de aislarse de Europa, como si fueran
españoles del siglo XVII, y después de que los norteamericanos le hayan
entregado el poder a un demagogo siniestro, casi se ha convertido en un cliché
comparar nuestra época con la de los años treinta, hasta el punto de que
algunos historiadores se han sentido obligados a recordar las diferencias entre
ambas. Me parece bien. Pero me parece mal —mejor dicho: me parece temerario—
olvidar las similitudes entre aquella época terrible y la nuestra: una tremenda
crisis económica, el profundo desprestigio de las élites y las instituciones
democráticas y la generalizada rebelión antisistema, el retorno de los
nacionalismos y los totalitarismos bajo la forma más o menos suavizada de los
populismos de derecha e izquierda, el cambio de una política racional y prosaica
por una política épica y sentimental, el uso político de la mentira en dosis
masivas. Cabría incluso ir más allá. Cabría temer que, tras 60 años de paz y
prosperidad, se esté incubando en Occidente —no sólo en Europa— una especie de
gran ennui semejante al que, según recuerda George Steiner, se incubó tras los
100 años de paz y prosperidad relativas que se dieron a partir del fin de las
guerras napoleónicas, un estado de ánimo que produjo un anhelo de intensidad
colectiva y un secreto deseo de destrucción y muerte, tan visible en el arte de
la época (“¡Plutôt la barbarie que l’ennui!”, exclamó Théophile Gautier), que
acabó siendo el carburante ideal para las dos guerras mundiales que destruyeron
Europa cuando tanta gente pensaba que otra guerra en Europa ya era casi
imposible… Pero quizá exagero; quizá me estoy dejando llevar por el pesimismo:
al fin y al cabo todavía estamos a tiempo de desmentir a Bernard Shaw y de
hacer caso a Cervantes, quien escribió que la historia debe ser “ejemplo y
aviso de lo presente” y “advertencia de lo porvenir”. En todo caso, hay una
cosa que me parece segura, y es que, en estos tiempos sombríos, la Unión
Europea no sólo sigue siendo el proyecto político más ambicioso del siglo XXI,
nuestra única utopía razonable, sino, lisa y llanamente, la gran esperanza de
la democracia en el mundo. Es verdad que, tal y como funciona en la actualidad,
la Unión Europea no puede satisfacer a nadie, que sus defectos e insuficiencias
son enormes y sus problemas descomunales, pero eso sólo significa que nos queda
mucho trabajo por delante. Nosotros, los novelistas europeos, debemos hacer el
nuestro, que consiste en seguir el ejemplo de Cervantes; pero ustedes, los
políticos europeos, también deben hacer el suyo, que bien pensado consiste
básicamente en lo mismo: en construir una Europa más cervantina, es decir, más
antidogmática y más mestiza; es decir, más libre, más próspera, más fuerte y
más unida. Por la cuenta que nos trae a todos, les deseo suerte. Muchas
gracias.
Discurso pronunciado en el Parlamento
Europeo el 7 de diciembre con motivo de la entrega del Premio al Libro Europeo
a Javier Cercas por ‘El impostor’.
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