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11 febrero 2025

Tecnopaletismo y cocaína

La proliferación de estímulos y pantallas provoca en el cerebro efectos similares a los de ciertas drogas estimulantes. El ajetreo puede ser placentero y queda bien cuando la prisa, y no el ocio, es lo que da estatus.

Una pantalla de la estación de metro de Sol, en Madrid, desde la que David
Beckham nos invita a comprar unos calzoncillos como los suyos. 

Por SERGIO FANJUL

El País, 11 de febrero de 2025

David Beckham, medio en bolas, repantigado con todos los tatus, tratando de venderme unos calzoncillos. Me apela insistentemente desde las tropecientas pantallas que hay en la estación de Sol. Al parecer, el futuro era esto.

(Todavía no me he comprado los calzoncillos, aunque no lo descarto, porque soy de voluntad débil).

Hace casi un año se anunció a bombo y platillo la creciente “digitalización” del Metro de Madrid. Llegaban unos dispositivos “muy atractivos para los usuarios”, dijo el consejero de la Comunidad, Jorge Rodrigo. “Una imagen vanguardista”, añadió. “Lugares totalmente inmersivos con columnas LED y mupis digitales”, volvió a añadir. “El metropolitano más digitalizado de Europa”, concluyó, triunfal. Qué gran época para estar vivo.

¿Para qué servía ese prodigio? Para poner anuncios. Deslumbrante, pero en el mal sentido.

El prometido provenir era esto: la publicidad masiva. El ciberpunk como profecía autocumplida. El gran progreso eran 500 pantallas más, como si hubiera pocas, como si nos rodearan pocas, para vendernos todo tipo de artículos y experiencias. Como si tuviéramos necesidad de tenerlas, dinero para comprarlas o tiempo para disfrutarlas. La gente quiere irse a currar tranquila, que ya tiene bastante, y que no le coman la cabeza con mierdas en cualquier milímetro de realidad donde pose la vista.

Podríamos definir el tecnopaletismo radical como la furia porque el metro, la plaza de Callao, el salón de tu casa o tu cerebro sean el nuevo Times Square neoyorquino. La percepción de cualquier innovación tecnológica como progreso. Pantallas que nos atacan por doquier, que nos agarran por el cuello y nos atraen con sus cantos de sirena. Mira esto, flipa mucho, esto es épico. Donde podría haber un simple papel, un cartoncillo, una pizarra garabateada con el menú del día, ya hay una pantalla. Un teléfono que es más inteligente que tú y que se ha convertido en un órgano más de tu cuerpo, pero que lo domina entero. Los cíborgs no vienen, somos nosotros. Aquel chip controlador de los conspiranoicos, lo llevamos con gusto. Detrás de cada trémula notificación se esconde la promesa de una vida mejor que nunca llega.

“Vive usted su vida en un estado de excitación que sus antepasados solo conocieron en la batalla”, escribe el autor Mark Helprin, según recoge Stefan Klein en El tiempo. Los secretos de nuestro bien más preciado (Península). Es una sobrecarga de estímulos que, dice Klein, actúa sobre nuestras vías nerviosas de la misma manera que algunas drogas, como la cocaína. Y no es solo que la cocaína sea tan ampliamente denostada como consumida (los restos de droga en los billetes o en los baños de los parlamentos), sino que la sensación general de la población, se ponga o no se ponga, es de estar puesta. “Seguimos los acontecimientos del mundo exterior como un perrito adiestrado que obedece al silbato”, añade Klein.

Quien viene de sitios más plácidos lo dice: es que vais todos como un tiro. Aquí, sin contraste, tampoco nos damos cuenta. Lo paradójico es que esa sensación drogadicta, como saben los consumidores, resulta placentera. Y como todas las drogas, no sale gratis: nuestra atención es puré, nuestro estrés aumenta, pero ni tan mal. El ajetreo y la falta de tiempo se consideran males distinguidos, propios de quien parte el bacalao. La tradicional ociosidad de las clases altas, la indolencia aristócrata, el dolce far niente, ya no están bien vistos en tiempos acelerados.

Probablemente, alguna vez, haya usted sentido cierto regusto aristocrático al decir eso de: “Joder, es que no me da la vida”.

30 noviembre 2024

Roberto Pérez Toledo: Filmar la ternura

Roberto Pérez Toledo dirigiendo a sus actores en su último corto.

Por CARLOS MARTÍN GAEBLER

Roberto Pérez Toledo (robertopereztoledo.com) es un creador de ficciones sobre la diversidad afectiva, que indaga en las emociones que nos humanizan, en los miedos que nos atrapan. En sus cortometrajes logra filmar, con abundantes primeros planos, la ternura, la búsqueda dialogada del amor en sus diversas formas, o, como él diría, la poliafectividad de nuestro tiempo. Concibe sus piezas como un cara a cara conversacional, mayormente entre hombres, pero también entre un hombre y una mujer o entre dos mujeres. 

Apuesta por los formatos breves para tiempos apresurados. Sus cortometrajes emocionan porque no son chorradas tiktokeras para ver andando en la palma de la mano, sino piezas profundamente argumentativas, de una honestidad contundente, que se deben ver sentados y escuchar concentrados para saborearlos y pensarlos, porque Pérez Toledo rueda desde el humanismo, del que brota todo su imaginario. Crea retratos serenamente hedonistas de una España moderna.

Cineasta prolífico y laureado con multitud de premios, RPT domina la narración fílmica y la técnica del suspense. Todos sus cortos finalizan cuando tienen que finalizar, ni un segundo antes, ni un segundo después. Que los actores y actrices (magníficamente dirigidos) que interpretan sus diálogos sean desconocidos para el gran público aporta mayor verosimilitud a sus microhistorias. Tras los créditos, la mayor parte de sus cortos aparecen fechados y geolocalizados en Madrid, la ciudad inclusiva, donde todos y todas pueden abrazarse, cogerse de la mano, besarse en las calles, hacer visible la ternura, rasgo de la nueva masculinidad. cmg2021

Todos los cortometrajes escritos y dirigidos por Roberto Pérez Toledo pueden verse en alta definición (algunos subtitulados en distintos idiomas) en su canal de YouTube. Cualquiera de ellos es una deliciosa joyita audiovisual; subrayo los más recomendados:

Brújula / Admirador secreto / Chicos que lloran / El amor mola / Sí a todo / La cuarta cita / Siempre que lo digo / Taras / Lo que ocurre en Cap Vermell / 40 años contigo / Motes de amor / Tu efecto en mí / Flechazos / Cada día / Los que odian la Navidad / Amor de autor / Pancarta / El poliamor explicado para madres y abuelas / Hola mamá, hola papá / Equis o corazón / Chica pidiendo matrimonio a su novio / Doce o trece tequieros al mes / Trois /El club de la L / Only us / Bajo la sábana / Todo lo que viene / Estriptis / Hidroalcohólico / La peli que vamos a ver / Fugaces / Eurofán / La teoría de la pluma / Cucharita triple / The Future AwaitsEngagement / Antes de la erupción.

Fotograma de "Siempre que lo digo", con Albert Suárez y Manuel Moya.

23 diciembre 2023

Madrid, quién te ha visto y quién te ve

Por Carlos Martín Gaebler

Vecinos funcionarios que retiran placas en el cementerio de la Almudena con los nombres de los represaliados por el franquismo; vecinos universitarios de un colegio mayor que insultan a sus compañeras de la residencia de enfrente al grito de “Sois unas putas”; vecinos homófobos que gritan por las calles “Maricas, fuera de nuestros barrios”; vecinos ultras que le gritan a un ministro “Marlaska, maricón”; vecinos LGTB que ven recortados sus derechos; vecinos pijos que reclaman la libertad de tomarse una cerveza en un bar a la hora que les plazca durante un pandemia mortal; vecinos incultos y rencorosos que no se suman al duelo por la pérdida de la mejor escritora local y española en todo un siglo; vecinos conductores que reclaman su derecho a contaminar circulando por zonas de acceso restringido; vecinos al volante poco o nada amables con los ciclistas; vecinos futboleros que blanden en estadios la bandera nacional contra los aficionados de otro equipo español; racistas madrileños que insultan desde la grada a futbolistas negros por el color de su piel; vecinos integristas que cortan el tráfico de una calle rosario en mano; vecinos nazis que muestran la esvástica en concentraciones de extrema derecha; vecinos militares que acuden a concentraciones políticas con un arma al cinto; vecinos machistas que no condenan la violencia contra las mujeres o se desmarcan de los minutos de silencio por las víctimas; vecinos ultras que, para hacerse oír, increpan a mujeres que van a abortar; y ayer, un vecino concejal agredió a otro concejal con intención intimidatoria durante el pleno del Ayuntamiento, y a esta hora aún no ha dimitido. Madrid, caverna de fascistas impunes, quién te ha visto y quién te ve. cmg2023

Esta columna fue publicada el 9 de enero de 2024 en elDiario.es. Puedes leerla aquí.

28 febrero 2023

BOA MISTURA, poesía callejera para mejorar el mundo

Por Carlos Martín Gaebler

Boa Mistura (boamistura.com) es un equipo multidisciplinar de artistas urbanos que empezaron expresándose como grafiteros a finales de 2001 en Madrid. Su trabajo consiste principalmente en intervenciones artísticas en espacios públicos y zonas deprimidas de distintas zonas del mundo para humanizarlas aportando optimismo y felicidad al entorno mediante pintadas textuales en muros, fachadas, suelos o azoteas. Entienden su trabajo como una herramienta para transformar la ciudad y crear vínculos entre las personas porque sienten una responsabilidad para con la ciudad y el tiempo en el que viven. Han llevado a cabo proyectos en más de 30 países alrededor del mundo, colaborando con organizaciones como la ONU, Amnistía Internacional, PNUD, Greenpeace, Acción contra el Hambre o Cruz Roja. 

Los miembros de Boa Mistura son:

  • Javier Serrano Guerra: Arquitecto por la ETSAG, especializado en paisaje por la IUAV de Venecia.
  • Juan Jaume Fernández: Licenciado en Bellas Artes por la rama de Artes de la Imagen, en la Universität Der Künste de Berlín.
  • Pablo Ferreiro Mederos: Licenciado en Bellas Artes por la especialidad de Diseño Gráfico en la Aalto School of Design de Helsinki.
  • Pablo Purón Carrillo: Ilustrador y Licenciado en Publicidad y Relaciones Públicas por la URJC de Madrid.
  • Rubén Martín de Lucas: Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos por la UPM de Madrid. Actualmente desarrolla su trabajo en solitario como Artista Plástico.
Me topé con la obra de Boa Mistura por primera vez en la galería madrileña Ponce+Robles (Alameda 5) en julio de 2016 (había acudido ese año al Orgullo con un amigo norteamericano). Tenían expuesto una versión del mural Mis raíces son profundas, que por entonces estaban pintando en La Habana. Quedé asombrado por la fuerza expresiva de aquellos latones oxidados de barriles de petróleo sobre los que aparecía pintado en rojo el enunciado inconcluso y minimalista Mi raíz es,  que ocupaban toda una pared de la galería. 


Desde un principio me pregunté por la razón de su nombre, una expresión tanto gallega como portuguesa que significa buena mezcla. Habían decidido no llamarse con un nombre anglosajón, sino echar mano de una lengua española y otra ibérica, ambas lenguas hermanas. Mestizaje global con todas las letras. Como filólogo y políglota, me sentí fascinado por el uso poético del lenguaje que hacen en sus palabras/enunciados minimalistas y multilingües. Acuerdan sus mensajes con el vecindario donde actúan con la intención de empoderarlo y reivindicar la felicidad humana. Digamos que usan la palabra donde Bansky usa la imagen gráfica para un mismo fin. Sus palabras o fragmentos, a veces en mayúsculas, otras veces en minúsculas, alcanzan la categoría de poesía impresa en muros o sobre el asfalto: JUNTOS SOMOS BARRIO; TE COMERÍA A VERSOS; IMAGINATION MAKES US INFINITE; SOMOS LUZ; THE FUTURE NEVER HAPPENS; MADRID, TE QUIERO EN COLORES; FELICIDAD; CALMA; BELEZA; DOÇURA; ORGULHO; HOPE; ALEGRÍA. También usan el formato de letras sobrepuestas todas a la vez formando una sola, como con las letras que componen el vocablo DESTINO, u optan por dos palabras superpuestas una sobre la otra, como REALIDAD y MAGIA. Las variantes son inmensas.


Pablo Purón, quien ejerce de portavoz entusiasta del grupo, en una entrevista en 2017, narra cómo se gestó el grupo y cuáles fueron sus primeras intervenciones urbanas: Los cinco chicos que pintábamos en principio lo hacíamos porque nos llevábamos muy bien y esa amistad, tan fortalecida con el intercambio de opiniones y formas de mirar, se convirtió en el germen de lo que hoy es Boa Mistura. Cuando llegaba el viernes nos reuníamos para pintar y disfrutar. Cada uno estudió una carrera distinta, nunca pensada para ser volcada luego en la creación de un colectivo de artistas urbanos, aunque sí que de alguna manera nuestros estudios estaban relacionados con el trabajo en la calle. Indudablemente, todos teníamos mucho que aportar. Digamos que nuestras especialidades profesionales se fueron volcando en nuestro trabajo en la calle y eso hizo que tomara una dimensión distinta. En 2010 terminamos nuestras respectivas carreras y fue entonces cuando nos encontramos con que teníamos que tomar una decisión: especializarnos por separado o intentar aunar nuestras fuerzas en eso en lo que éramos tan felices y que, además a esas alturas, ya tenía cierta “solidez”. Decidimos escuchar a nuestro corazón y profesionalizarnos.


Nuestra filosofía es “hacer ciudad”; humanizar la ciudad. A partir de ahí nos movemos a un lado o al otro de la frontera en función de los que nos pida el proyecto. Salir fuera es difícil y ahí está esa valentía que genera el grafiti y que ayuda muchísimo. No esperamos sentados en nuestro estudio a que nos llamaran. La primera ocasión fue en Berlín. En esa ciudad tan alucinante teníamos claro que queríamos hacer algo, así que encontramos un muro (la fachada del hotel East Side) y le pedimos permiso al dueño, que al principio no podía creer que lo quisiéramos hacer gratis, pero le encantó nuestro atrevimiento y nos ofreció alojamiento y comida a cambio del mural. Alquilamos las grúas y empezamos a pintar 20 horas al día haciendo turnos para poder terminar en el menor tiempo posible porque las grúas costaban “un huevo”.  Así fue nuestro bautismo en el extranjero: 30 metros en 5 días. Cuando terminamos el mural, la última mañana desayunando en el hotel, fue cuando decidimos convertirnos en Boa Mistura.


En 2012 hicimos un proyecto en las favelas de Río que tuvo posteriormente mucha repercusión y donde la palabra por fin se convertía en la protagonista absoluta del trabajo. Igual que en Ciudad del Cabo, en las favelas de Brasil tomamos conciencia del poder transformador que nuestra obra podía llegar a tener porque de pronto estos sitios se nos ofrecían en muchos sentidos como lugares vírgenes en los que los proyectos tenían un calado con una increíble capacidad de amplificación. También allí aprendimos que la manera de trabajar en la calle tenía que ser en comunidad;  dirigiéndonos a los líderes locales que son la primera frontera y los que nos validan ante la comunidad y después, con unas pautas más o menos claras y siempre respetando las reglas de convivencia, hablando con la gente, pero sobre todo escuchándolos; observando su medio de vida, viviendo un tiempo entre ellos para finalmente ser capaces de crear algo que de alguna manera transforme su paisaje aportando valor.

En una entrevista en 2016, Pablo Purón remacha: ¿La experiencia más satisfactoria de nuestro trabajo? Poder vivir de lo que más nos gusta hacer es un privilegio. Al final es un hobby. Le ponemos la etiqueta de trabajo porque es lo que nos da de comer, pero es lo mismo que haríamos en nuestro tiempo libre. De cara al público, lo que más nos apasiona es poder transformar comunidades y barrios. Cuando trabajas en la calle, el proyecto se va nutriendo a cada instante de las energías del entorno. Una obra al aire libre la puede contemplar todo el mundo. Se produce una gran agitación que puede servir de inspiración y ser susceptible de tener un poder transformador. Provocar un cambio positivo en el lugar es una experiencia verdaderamente gratificante.

Todos sus proyectos pueden verse y disfrutarse en este enlace al espectacular sitio web del colectivo. cmg2023

02 septiembre 2022

Semiótica de una imagen: ¿LIBERTAD?

 

Libertad para ver matar a seis toros (algunos con nombres como Feminista o Nigeriano) como espectáculo. Libertad para tomarse unas cañas en la barra de un bar sin guardar las distancias. Libertad para dejar el aire acondicionado encendido al dejar la habitación del hotel o el apartamento alquilado. Libertad para contaminar conduciendo por la Gran Vía. Libertad para aparcar un vehículo de gran cilindrada donde les plazca. Libertad para poder llevar corbata en verano. Libertad para adoctrinar en la superstición a niños y niñas. Libertad para matar a 26 millones de rojos por hijos de puta. Libertad para seguir denominando ejército nacional al ejército sublevado (contra la democracia). Libertad para decirle al adversario que se largue. Libertad para negarse a compartir la memoria colectiva. Libertad para hacer chistes de mariquitas. Libertad para agredir o asesinar al grito de maricón de mierda. Libertad para no participar del Orgullo. Libertad para quedarse sin argumentos. Libertad para destrozar la convivencia. cmg2021

24 junio 2022

HOMOFOBIA = FASCISMO

Que dice Ayuso que para qué queremos la bandera LGTB si ya tenemos la bandera española, que nos representa a todos.

29 noviembre 2021

Almudena y la alegría

Por PEDRO SÁNCHEZ CASTEJÓN

Hemos perdido muy temprano a una de nuestras mejores escritoras. Almudena Grandes ha sido una autora fundamental para nuestras letras, pero también para comprendernos como país y para atender a su cicatriz más compleja. Una narradora tenaz y muy valiente, una lectora insaciable y una ciudadana comprometida.


Comprometida con la historia. Su empeño por no olvidar a los caídos, a los que resistieron, a todas aquellas y aquellos a los que el relato dejó atrás. Almudena, con el rigor de la historiadora y la libertad de la creadora, escribió sobre quiénes fuimos para contarnos quiénes somos ahora. Un esfuerzo literario titánico, titulado Episodios de una guerra interminable, por recordarnos que la memoria no tiene que ver únicamente con el pasado, sino con nuestro presente y, más aún, con nuestro futuro. La literatura de Almudena Grandes ha hecho la memoria de España más digna.


Comprometida con la izquierda. Desde unos ideales con los que se enfrentó al mundo y desde los que siempre tuvo una mirada crítica, valiosa y combativa. Una mirada, muchas veces, incómoda, que atravesaba nuestra vida cotidiana buscando siempre la justicia y desvelando lo falso, lo inservible. Comprometida, sobre todo, con la vida. Y con la alegría.


Porque Almudena hizo de la literatura algo más que un oficio, algo más que una pasión, algo más que un compromiso. Escribió sus libros junto a los pucheros de la cocina, escribió junto a los atardeceres de Rota, escribió desde el corazón de su ciudad, Madrid. Escribió a través de las hemerotecas, de los libros de historia, escribió nuestro país a través de los corazones de los desaparecidos, de sus vidas invisibles y únicas. Escribió a través de los ojos de varias generaciones de mujeres. Descifró las derrotas de nuestros vivos y las de nuestros muertos. Escribió con alegría y con belleza, puso en pie una guerra, una posguerra, un país herido y levantado.


Una voz que nunca podremos olvidar, leyéndonos de mañana sus columnas en la Cadena Ser, retratando a la gente de la calle, a la gente de verdad, a las mujeres y a los hombres que habitan nuestro país, retratándonos a todos, en su empeño por hacer de lo cotidiano la gran batalla de la vida. Almudena Grandes le va a faltar a España. Nos va a faltar a todos y a todas en las páginas de este periódico, en su Escalera interior y en sus columnas de los lunes. Y nos va a faltar a los lectores de sus novelas.


Pero en todas las librerías y en nuestras casas sus libros seguirán vivos. Nuestras hijas e hijos y las siguientes generaciones sabrán cómo fue la historia de los vencidos y de las vencidas, las pequeñas historias que sucedieron en los márgenes, las grandes preguntas que sostienen todavía esos nombres anónimos derrotados por una historia implacable.


Decía Almudena en una de sus últimas columnas que los lectores y lectoras éramos su libertad. Y que la escritura era su vida. Tenemos la suerte de que sus palabras nos seguirán hablando. Igual que sigue narrando España su admirado Galdós. Igual que volvemos una y otra vez, como ella volvía, a la Odisea para encontrar el camino. Y todos tendremos que aprender a recordarla, como escribía Luis García Montero en aquel libro que el poeta tituló con su nombre: Almudena. (El País, 29 de noviembre de 2021)


Lectores de Almudena Grandes despidiéndola en el Cementerio Civil de Madrid con un libro suyo en la mano.


20 julio 2021

Picasso llega al Prado


El formidable cuadro Buste de Femme 43, de Pablo Picasso, ha sido donado por la fundación American Friends of the Prado, y colgado junto a cuatro retratos de El Greco. Todos parecen conversar en armonía pictórica. Los clásicos se nutren entre sí.

03 junio 2021

29 agosto 2020

Qué ganas de verte, Madrid

Por NURIA LABARI
El País, 29 de agosto de 2020

Foto: Carlos Spottorno
Madrid no es un lugar cualquiera, porque es la ciudad más grande y más de todos de España. “Soy de Madrid porque nací en Cádiz”, decía Elvira Lindo en el pregón del último San Isidro sin covid. También es motor económico y, más importante aún, motor de los sueños de miles, de millones de madrileños, visitantes y futuros ciudadanos. Pero ahora dicen que la covid-19 la va a matar. Que no quedará nada de mi ciudad, que se ha cebado con ella, como con tantas otras víctimas.

Supongo que es normal. Madrid siempre ha sido un lugar interrogativo, plagado de incertidumbres y de miedos, de desorden y de azar. Y desde que estalló la pandemia todo eso que ya era Madrid ha crecido tanto que quizás la haga estallar. Es posible que cuando haya regresado el último madrileño, con la puntualidad del uno de septiembre, la ciudad haya desaparecido. A mí me faltan horas para volver pero no paro de recibir mensajes: “está tristísima”, “solo queda el asfalto”, “no hay nadie en la puerta de nuestros bares”, “esta vez nos vamos a encerrar nosotros solos”…

Quienes me escriben estos mensajes son madrileños de pura cepa, gente de cualquier parte, quiero decir, hasta nacidos en Madrid. Somos nosotros, los madrileños por elección, los que estamos más tristes cuando escuchamos que nuestra ciudad se muere. Se supone que todos podríamos vivir mejor en otra parte. Porque todos aceptamos un piso más pequeño del que podríamos pagar si viviéramos en otro lugar, todos respiramos un aire más sucio, todos pasamos más horas en el atasco que los que se fueron. Y, sin embargo, elegimos Madrid.

Creo que la elegimos porque además de incertidumbres y de miedos, Madrid ha estado siempre plagada de deseo. Esa siempre ha sido su pandemia, la de las ganas y el anhelo. Por eso le han escrito tantas canciones. Porque por encima de los números y de las cúpulas, por encima de sus Cuatro Torres, sobrevolando incluso sus hospitales, Madrid siempre se ha escrito con poesía. Y con ambivalencia, con casualidad, con improvisación, también con pánico.

Yo me crie en una ciudad de provincias y fui a la universidad en otra así que sé bien lo que es mirarla de lejos. Cuando tenía nueve años, un niño me contó en un campamento que los domingos en Madrid se vendían todos los libros y discos del mundo. Que se hacía un mercado en la calle y en los bajos de algunas casas plagado de videojuegos usados y de muebles y de espejos con marcos dorados que antes habían estado en palacios y se vendían ahora por casi nada. Luego no pisé El Rastro hasta los 18, pero antes me había hartado de imaginarlo. Supongo que aquel lugar nunca existió salvo en mi imaginación. Creo que Madrid es, como cualquier otro lugar, lo que imaginamos de ella tanto como lo que hacemos con ella.

Después llegué. Y me crucé por primera vez con la Puerta del Sol, que era mucho más fea que en las canciones de Sabina. La encontré llena de toda esa gente que iba a alguna parte. Recuerdo que llovía, que ya es raro, pero todo el mundo caminaba por encima de la lluvia, pegado a su determinación y a su prisa. De donde yo venía, la gente se vestía para caminar de un lado a otro del mismo paseo marítimo cada tarde, muchas tardes. Y allí estaba por fin en medio de ese asfalto plagado de esfuerzos y de valentía, también de mentiras. Plagado de todo.

Creo que por eso Madrid no es solo de los madrileños. Es también de todos los que la imaginan desde lejos. Soñarla es tan bueno, a veces más, que vivirla. Pero ahora todos los de fuera —y los de dentro— nos dan el pésame a quienes nos quedamos, como si tuviéramos que volver al peor lugar de la tierra. Desde luego al peor de España. Como si Madrid no fuera más que la estadística de la covid, con lo poco que le gustan las cifras a mi ciudad, que siempre ha sido más de letras.

Confieso que no hay quien se escape de esta nueva tristeza que se ha pegado a mi ciudad y creo que a muchas más. La cosa está tan fea que he llegado a pensar en abandonar el barco, en huir. Ese momento en que entras en Idealista y piensas que quizás equivocaste el ideal. Creo que muchos hemos abierto esa ventana desde lugares muy distintos. Así de mal se han puesto las cosas. Tan mal que hasta hemos dejado de imaginar los lugares que un día deseamos habitar. Pero ha llegado el momento de rebelarnos. En Madrid y en todas partes donde la covid pretenda infectar hasta los sueños. No debemos entregar nuestra ciudad ni nuestros pueblos ni una sola esquina, en realidad. Que nadie deje de habitar sus deseos ni sus sueños, los parques y las calles, los cielos rasos y abiertos de las alcobas donde la imaginación cumple incluso lo que promete. Por eso es hora de poner freno a las pesadillas tramposas y traidoras. Después de todo, como todo el mundo sabe, los verdaderos sueños son los que resisten en el alma de cada uno, los que permanecen en medio de la tempestad y de la pena.

Así que escribo para todos los que regresan. Nuestra es la ciudad y nuestra la decisión sobre adónde volvemos. Al final terminaremos caminando sobre nuestros sueños, que diría el poeta Yeats. Soñemos pues la ciudad que es nuestra. Y nunca digamos adiós a lo que nos pertenece.

Digan lo que digan, ya tengo ganas de verte, Madrid.

Nuria Labari es periodista y escritora. Autora de La mejor madre del mundo (Literatura Random House).