Mostrando entradas con la etiqueta fotografía. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta fotografía. Mostrar todas las entradas

20 agosto 2026

No ser un chivato

Por Delia Rodríguez

Revista elDiario.es #52, junio 2026

UN PISO TURÍSTICO MÁS, UNA FAMILIA EN EL BARRIO MENOS.
Vivienda gentrificada dos años después y vecino expulsado
del centro de Sevilla. Foto_cmg, 2024

Una amiga me preguntó hace poco por algún lugar bonito de una provincia que conozco bien. Un sitio que no te importa que se gentrifique, dijo. Estaba escribiendo una guía de viaje para un medio lo suficientemente importante como para provocar un impacto notable en una región diminuta, así que en realidad ella estaba planteando, medio en serio, medio en broma, el dilema entre hacer bien su trabajo y causar daño con él. En los últimos años, muchas personas, y no solo las dedicadas al periodismo, hemos empezado a tomar conciencia de que popularizar un lugar no siempre es positivo. El giro ético es notable, porque pasamos de compartir con entusiasmo nuestras pasiones en internet a callárnoslas. Si durante la mayor parte de la historia de la red valoramos la transparencia, ahora lo más generoso consiste en no ser un chivato. Mientras la esencia de internet fue el hipertexto (es decir, enlazar una cosa y no otra de entre todo el mar de contenidos generados por la humanidad), nos ayudamos a descubrir lo valioso: una artista, un libro, un bar, un paisaje. Cuando la viralidad comenzó a concentrar millones de miradas en un solo punto, la cosa cambió.

Para bien y para mal, internet masificó y globalizó el deseo. La turistificación de hoy comenzó hace una década como una moda inofensiva: acercarse a los campos de lavanda de Brihuega para sacarse una foto para Instagram, viajar hasta París para colocar un candado de amor en alguno de sus puentes. Ahora los portugueses no pueden vivir en la bella Lisboa, las islas mediterráneas han establecido tasas y limitaciones para acceder a sus calas, y Málaga, Alicante, Valencia, Barcelona o Madrid desearían no haber aparecido nunca en las listas de mejores sitios del mundo. Si alguien habla en TikTok sobre una joya escondida, el vídeo es celebrado, pero también hay comentarios que dicen "podrías haberte callado". Yo misma, que antes compartía con alegría en público mis lugares favoritos, ahora me los callo. Cuanto más me importa un sitio, menos hablo de él. 

Somos alrededor de 500 millones los chivatos que, en todo el mundo, hemos compartido alguna vez reseñas, fotos o puntuaciones en Google Maps sobre 300 millones de lugares. Toda esa información, junto a la de Tripadvisor, Booking, las redes, los foros o las páginas web, es absorbida por la inteligencia artificial. Al igual que los algoritmos de las redes sociales, Claude, Gemini, o ChatGPT también tienden a recomendarnos a todos la misma escapada o el mismo restaurante, matando a unos de éxito y asfixiando al resto.

Afortunadamente, además de no chivarse, existen otras técnicas útiles para la resistencia digital que provienen de tiempos analógicos, como ejercer el noble arte del sabotaje. Envenenar las IAs con recomendaciones falsas. Retirar información de internet. Comunicarnos en clave o en entornos físicos. Cuando Barcelona descolgó de Google Maps la información sobre una línea de autobús urbano masificada por el turismo, se vació y pudo volver a ser usada por los vecinos. ☺ 

17 agosto 2026

Retrato de un joven gay valiente

 Foto: Arthur Tress, 1969. Central Park, NYC


Aquella tarde de marzo del histórico 1969 había empezado a remitir el frío en Manhattan. El muchacho, resuelto y vestido con sencillez, debió coger el metro hasta Columbus Circle, enfilar luego por Central Park West hasta adentrarse, entre árboles aún pelados por el largo invierno neoyorquino, en dirección a The Ramble, una conocida zona de ligoteo entre hombres gays. El fotógrafo lo abordó y logró su permiso para retratarle para la posteridad, así tal cual, mientras, con una mezcla de anticipación e incertidumbre, esperaba hacer contacto visual con otro de sus iguales, conectar, y disfrutar de un poco de calor humano, y si era posible, de algo de conversación previa o posterior.

Me pregunto qué habrá sido de este joven valiente, ahora seguramente septuagenario. ¿Cómo se llamaba? ¿Participaría en los disturbios de Stonewall, en el cercano Village, solo unos meses después? ¿Sobrevivió a la epidemia del sida, que se llevó por delante a tantos miles de gays residentes en Nueva York? ¿Seguirá viviendo en la Gran Manzana? ¿Encontró el amor en algún momento?  ¿Se casaría con su pareja? ¿Fue feliz? Sea como fuere, hoy celebramos su valentía por habernos dejado una imagen icónica, que nos permite a muchos hombres gays ponernos en su piel y mirarnos a nosotros mismos, como en un espejo.• cmg2026

01 mayo 2026

Arriesgando la vida por otra mejor ● Risking their lives for a better life ● Sie riskieren ihr Leben für ein besseres Leben

Migrantes marroquíes arribando en grupo a la Playa del Cañuelo, Tarifa, Cádiz, fotografiados en secuencia desde una embarcación, por el fotoperiodista Jan Nazca, de la agencia Reuters, y publicadas por Die Welt el 28 de julio de 2018. Seis imágenes que dicen más que mil palabras.

Group of Marrocan migrants reaching El Cañuelo beach, near Tarifa, southern Spain safe and sound, captured in sequence by photojournalist Jan Nazca, from Reuters, and published by Die Welt on July 28th, 2018. Six images that speak louder than a thousand words.

Marokkanische Migranten, die in der Gruppe am Strand von El Cañuelo (Tarifa, Cádiz) sicher und gesund ankommen, in einer Sequenz fotografiert von einem Boot aus von dem Fotojournalisten Jan Nazca (Reuters) und veröffentlicht von „Die Welt“ am 28. Juli 2018. Sechs Bilder, die mehr sagen als tausend Worte.








14 abril 2026

La mujer más bella

Por AMELIA CASTILLA, El País, 24.08.13

El recuerdo de la fotógrafa Sylvia Polakov sucedió una madrugada a la salida de una discoteca. No conocía a Amparo Muñoz pero acabaron compartiendo taxi. Fue entonces cuando reparó en la mujer que se sentaba a su lado: "¡Qué belleza! ¡Eres la mujer más guapa que he visto en mi vida!" Amparo la escuchó con una sonrisa, ya se había acostumbrado a las lisonjas. El piropo quedó en el aire cuando la fotógrafa se bajó del vehículo, en la puerta de su casa. No fue hasta años después, cuando Madrid ya estaba inmersa en los años de desenfreno y libertad que precedieron a la movida, que volvieron a encontrarse, esta vez en un estudio de fotografía. Le prestó el cinturón, que oculta el pecho, y la pulsera de marfil. Hay complementos que resultan tremendamente atractivos en las fotos. Amparo no necesitó nada más, bastó el color de sus ojos ("semi-verdes"), el pelo lustroso, la perfección de sus facciones, la piel, la mirada… Todo en ella rezuma sensualidad. Ya poseía todos los títulos: Miss Costa del Sol, Miss España y Miss Universo. Fue una sesión fácil y rápida. Sin necesidad de muchas palabras. Polakov no acostumbra jalear a sus modelos. Sencillamente los coge y los hace posar. No necesita que funcione la química entre iguales, se mueve guiada por el oficio y la intuición. Estos días repasa los miles de negativos que guarda en su casa para enmarcarlos en un libro. La farándula se mezcla con la gauche divine, la noche, la moda, Ibiza o la alta política. No debe resultar sencillo resumir tres décadas de intenso trabajo, pero aún mantiene el requiebro de aquella madrugada. La última vez que se cruzó con ella ya era otra persona.●

09 abril 2026

Memoria fotográfica del ligoteo gay en el Nueva York de 1969

El fotógrafo Arthur Tress recupera la memoria del cruising en el Nueva York de 1969: “Era una forma de socialización”

El neoyorquino publica ‘The Ramble, NYC 1969’, un libro que ha necesitado seis décadas para ver la luz y que rescata las imágenes en blanco y negro que tomó en sus visitas a una de las zonas más salvajes de Central Park. Por TONI GARCÍA, El País, 27 de febrero de 2026

Fotografía tomada por Arthur Tress en Central Park en 1969 y que está incluida en su nuevo libro.
arthur Tress (Ed. Stanley/Barker)
En 1969, Arthur Tress (Nueva York, 85 años) vivía en la calle 72 con Riverside Drive, a dos calles de Central Park. Tenía 29 años y trabajaba en un proyecto sobre la creación de pequeños parques en la ciudad de Nueva York, llamado Open Space in the Inner City, que se centraba en zonas de la periferia que habían sido descuidadas. “En la década de 1890, Frederick Law Olmsted construyó Central Park con todas sus lagunas y muros, pero dejó 32 hectáreas destinadas a una zona más salvaje: el Ramble, un lugar donde la gente podía ir y perderse. Era totalmente artificial, con rocas gigantescas y pequeños muros, pero parecía una zona selvática en medio de la ciudad”, cuenta Tress a EL PAÍS.

Nueva York atravesaba una crisis financiera en 1969, así que muchos parques fueron descuidados. Así fue como el Ramble, que ya era una zona salvaje, se deterioró aún más. “Desde la década de los veinte, los hombres gais lo utilizaban para ligar. Era como un pequeño islote gay. Yo iba allí para rodearme de un poco de naturaleza y silencio en medio de la ciudad, pero también para hacer cruising. Un día empecé a llevar mi cámara. Al principio fotografiaba a la gente desde lejos, entre los árboles. Luego comencé a acercarme a personas sentadas en rocas o bancos para hacer retratos. Por supuesto, muchos me dijeron que no. En ese momento ser gay era ilegal; podían estar casados o ser profesores. Nadie quería arriesgarse demasiado. Sin embargo, muchos otros se interesaron por el proyecto”, recuerda el fotógrafo durante la conversación.

Tress tenía muy claro que el uso del blanco y negro era clave para su trabajo, y el Ramble es uno de los mejores ejemplos de una de las señas de identidad de este artista con una carrera que abarca más de 60 años: “Me parecía más gráfico y captaba mejor la atmósfera que quería expresar. Además, en aquel momento, muchos trabajos que ejercían el rol de comentario social en el mundo de las artes gráficas eran en blanco y negro”, explica al respecto.

“Sumaba que cuando empecé con este proyecto era pleno invierno, los árboles estaban sin hojas y el lugar parecía un bosque gótico, casi como una película de Ingmar Bergman. Eso se convirtió en una metáfora de la alienación de las personas gais en ese momento y creo que no eran simples instantáneas: intentaba evocar una emoción”.
El neoyorquino sonríe cuando se le recuerda el tiempo que ha necesitado para ver publicadas esas fotografías en el libro The Ramble, NYC 1969, y la dificultad que conllevaba en su momento tratar de convencer a las grandes revistas. Tress recuerda perfectamente quién rompió el tabú: “Creo que el mérito es de Jim Gantz. Cuando fue nombrado conservador en el museo Getty, pensó que mi trabajo había sido un poco olvidado y se convirtió en una especie de defensor de mi obra. Hicimos un libro juntos titulado San Francisco 1964, sobre el verano que pasé allí fotografiando gente”. “Años más tarde”, recuerda, “mientras revisábamos las hojas de contacto del proyecto Open Space, él descubrió las fotos del Ramble. Me preguntó qué eran. Le expliqué que había fotografiado a hombres gais en 1969, pero que nunca pude publicarlas. Life y Time no iban a hacerlo. Así que habían permanecido en una caja. Él fue el primero que publicó esas fotos como parte del catálogo de Getty”.

La editorial británica Stanley/Barker ha completado la misión: “Les encantó la serie del Ramble y decidieron hacer este libro, que presentaron en Paris Photo. Resultó ser uno de los primeros documentos gráficos sobre el cruising gay que retrata, además, un momento muy particular en la evolución del movimiento, porque fue solo unos meses antes de los disturbios de Stonewall, que supusieron un cambio total. Los hombres que conocí en el Ramble, y yo mismo, vivíamos muy ocultos. Tenían miedo de ser descubiertos; podías perder tu trabajo”, dice Tress.

En casa tampoco fue fácil: “Mi hermana es activista, diez años mayor que yo. Cuando le dijo a mi madre que era gay, mi madre nunca volvió a hablarle. Venimos de una familia religiosa. Eso era muy típico, y sigue ocurriendo. Le dije a mi padre que era gay cuando tenía 17 años y pensó que debía ver a un psiquiatra. La Asociación Americana de Psiquiatría consideraba la homosexualidad una enfermedad mental. Todos los psiquiatras tenían ese manual en su mesa. Decían que era ilegal y antinatural: necesitamos 20 años de protestas para hacerles cambiar de opinión”, afirma mientras sonríe.

“Con The Ramble quería mostrar que el cruising también era una forma de socialización, casi como el instituto: había pequeños grupos. Parte de ello tenía que ver con la búsqueda de amantes de fantasía. Muchas personas atractivas participaban en ese juego; las cosas han cambiado y hoy mucha gente ha encontrado formas alternativas de relacionarse. Tengo muchos amigos gais casados o en pareja en San Francisco. Me parece maravilloso que esa situación exista, al menos por ahora”, dice el fotógrafo, que recuerda bien la época que ilustra su libro: “Si conocías a alguien en el Ramble, incluso si tenías sexo con él, no podías mirarlo a la cara ni darle tu nombre. Quizá podías intercambiar el teléfono, pero la mayoría de los encuentros eran de una sola noche, totalmente casuales. Eso tenía un coste emocional. La mayoría de las personas buscan amor y conexión, y esa dinámica creaba una atmósfera de tensión y frustración. Creo que eso se percibe en algunas partes del libro”.

La revuelta de Stonewall es otro de los referentes de Tress. El Stonewall Inn era un bar de Greenwich Village, un barrio de Nueva York, muy frecuentado por la comunidad gay de la Costa Este. Cansados del acoso de la policía y de sus frecuentes redadas por motivos puramente homófobos, la madrugada del 28 de junio de 1969, docenas de clientes atacaron a diversos agentes en una serie de incidentes que se alargaron durante seis días y que se consideran la génesis de un cambio radical en la autopercepción del colectivo. “Después de Stonewall, los hombres gais empezaron a buscar otras formas de conectarse. Antes solo podían encontrarse en bares llenos de humo, ruido y alcohol. Surgieron clubes de senderismo, teatro, cenas, equipos de béisbol, grupos de terapia. Yo asistí a algunos grupos donde se hablaba de cómo formar relaciones. No sabíamos cómo hacerlo”, confiesa.

El neoyorquino sigue usando la misma cámara, una Hasselblad, no trabaja en digital y continúa fotografiando en blanco y negro. Ha trabajado como editor educativo sobre pueblos indígenas: los mayas, los Toto en la India, los lapones en Suecia. “Escribía sobre sus ceremonias, tabúes y culturas. Siempre me han interesado los arquetipos de comportamiento que existen incluso en nuestro mundo contemporáneo. De eso va The Ramble. Al fotografiar a los homosexuales, a los maricones —como se les llamaba entonces— en Central Park, yo formaba parte de esa tribu. Tenía una comprensión profunda de lo que estaba ocurriendo precisamente por eso: los gais eran mi tribu”, concluye el fotógrafo.●


Related article: A Tour Through Central Park's Cruising Grounds (The New Yorker)

22 abril 2025

No Manscaping, Please! / Sin depilar, por favor

By MATT STOPERA
Posted on July 10, 2014 on BuzzFeed.com


Dear Men, Never Shave Your Chest

It has come to my attention after browsing the internet and (obviously) frequenting locations where men take off their shirts in public that we are in the midst of an epidemic. If I had a siren to play all over the world, I would. It's a goddamn plague out there, guys. A pandemic! The strange thing about this specific outbreak is that we know exactly the cause: fucking razors.

Here's what is happening:
1. Men are buying razors.
2. Men are putting razors to their chest.
3. Men are shaving their chests.
4. Men are transforming into smooth-shaven puffy tweens.


This is a problem. It is a problem for a multitude of reasons, many of which are sanitary, I think, but mostly it's just about the aesthetic.

In an age of organics, I am completely baffled that we, as human beings, are straying away from the natural, and by the natural, I'm talking about shaving the natural-born hair on chests. It doesn't get more organic than that!

As our forefathers said when they got off the Niña, the Pinta, and the Santa María, "WE ARE HERE TO LIVE NATURAL, PURE LIVES."
A modern-day interpretation of that quote would assume they meant, "DO NOT SHAVE YOUR GODDAMN CHEST."

Chest hair just enhances photos. It brings guys to that next level.
I mean, some guys would be beyond basic without that little bit of hair. As they say on television, "The hair makes the man!"

I just want to say one more thing: Chest hair is really awesome because it's a literal style accessory.

Dear Men, Stop Shaving Your Pubes

Let's end this once and for all. Manscaping spread rapidly, almost like a deadly contagious virus. It seemed like men everywhere were trimming, plucking, and, most unfortunately, de-pubing.

Scary thing is, it continues to this day. Earlier, I delved into the horrors of chest shaving. Now, let me take a deeper dive. And by deeper dive, I mean pubes. It's time to stand up for the little guys (pubes). Save the pubes.

My campaign for pubes begins with the most obvious reason to keep them: There is something inherently humanly hot about a man with a natural body. In layman's terms, pubes are fucking hot.

Aesthetically speaking, they're also charming. They add character. They are nice.

Another crucial role of pubes is that they accent the package. And by package, I'm talking dick. It just works.

There's also science to back this up. Ever heard of pheromones? Sweet, sweet pheromones. From my completely unscientific understanding, pheromones are like sexual napalm. Sweet, sweet, sexual napalm.

It must also be mentioned that we are in the midst of an "ORGANIC REVOLUTION." All of our beauty products are natural, our food is natural, we fucking love natural. This is why our bodies should remain intact.

Lastly, and most importantly, there is nothing creepier than a man with a completely shaved crotch. You look like a puffy tween. And I'll be damned if every man looked like a puffy tween. The injustice of it.

I also have to add that razor burn is real! Rawness DOES happen. This is not pleasant.

And I GET IT, some people trim. You can do whatever the fuck you want to do with your body. I'm just advocating for pubes. It's the right thing to do.

Value your pubes. Keep your pubes. Start a revolution and save your pubes.


Spanish top model Jon Kortajarena's raw beauty.

24 noviembre 2024

Los ángeles siguen siendo ángeles


En 2013 visité con unos amigos malagueños una espléndida exposición del escultor británico Richard Deacon en el Centro de Arte Contemporáneo de Málaga. Pero el CAC me tenía reservada una sorpresa en otra sala: una exposición de fotografías (La mirada subjetiva) realizadas por alumnos/as salientes de la Escuela de Arte San Telmo de la capital malagueña. Una obra me llamó poderosamente la atención. Titulada por su autora, Lourdes Mellado, "Los ángeles siguen siendo ángeles" (Técnica: color digital. 54x40cm, 2012), podría haber sido hecha en nuestro tiempo por el propio Caravaggio si le hubieran puesto una cámara digital en la mano. El fondo y la forma de la misma me recordaban al maestro del claroscuro italiano y me remitían a los Sonetos del Amor Oscuro que Federico García Lorca compuso para su amante Juan Ramírez de Lucas (recomiendo la lectura de la apasionante novelización de su amor publicada por Manuel Francisco Reina bajo el título Los amores oscuros [Temas de Hoy, 2012]). Nunca antes había contemplado la plasmación de un momento íntimo de amor entre dos varones con tanta elegancia. La he colgado aquí, junto a una foto de su autora, para compartirla con mis lectores y difundirla por la red. cmg2013


01 octubre 2024

Futbolización

Por CARLOS MARTÍN GAEBLER

En los últimos años venimos asistiendo, impávidos, al avance imparable de una nueva religión pagana que glorifica el deporte y el negocio del balompié y cuyos fieles seguidores (hombres casi siempre) piensan, sueñan, hablan y ven sólo fútbol. Los protagonistas de esta futbolización social y televisada son los fanáticos de un nuevo fenómeno de masas que, a modo de sarpullido alienante, le ha salido a nuestro Estado de bienestar. Joan Brossa ya fue capaz de visualizar el fenómeno en uno de sus sugerentes poemas-objeto: un balón de fútbol que, cual cabeza, aparece tocado con una peineta, y que tituló País.

Nicolás Sartorius advirtió en su día que las programaciones de las televisiones están provocando el mayor proceso de desculturización de la historia de España. Hoy, una década después, Juan Goytisolo lo ha confirmado alto y claro: en lo cultural, vamos a menos. Gran Hermano, pobre país. Si antes era pan y circo, ahora el fútbol y la televisión, o mejor dicho, la telebasura, parecen ser los nuevos narcóticos sociales.


Durante nuestra transición a la democracia se perdió la oportunidad histórica de abrir la sociedad española a la curiosidad por conocer las culturas y lenguas periféricas. El creciente ombliguismo cultural es una de las herencias más perversas y empobrecedoras del Estado de las autonomías. Hoy constatamos tristemente que muchos españoles carecen de una cultura plural que les haga sentir como suyos tanto a Mª del Mar Bonet como a Enrique Morente, tanto a Chillida como a Barceló. Sin embargo, una canción de Lluis Llach puede contribuir más al entendimiento entre los pueblos que un Madrid-Barça.


Hay una mayoría de jóvenes españoles que llega a la universidad con muy escasa curiosidad intelectual y un pobre bagaje cultural, pero, eso sí, con el Marca bajo el brazo; apenas han leído libros y se expresan en un español de mil palabras. Sin embargo, mencione el profesor la palabra “fútbol” en un aula y a muchos varones se les dibujará un sonrisa de oreja a oreja pues habrán creído oír música celestial.


El Gobierno nos anuncia ahora su intención de invertir 23.000 millones de pesetas (138 millones de euros) para fomentar la lectura (el 43% de los españoles no lee o no ha leído nunca un libro). ¿Pero es que ya nadie se acuerda de que hace unos años un vicepresidente de ese mismo gobierno, y en plena batalla mediático-digital, declaró el fútbol asunto de interés general? Siembra vientos y recoge tempestades.


La omnipresente futbolización está desempolvando viejas rencillas localistas que creíamos ya desterradas en nuestro país. Se está animando a odiar al otro, al diferente. El contrario es ahora el enemigo y no el adversario. Cualquier fin justifica los medios menos escrupulosos. En una lúcida viñeta de El Roto, un jugador le espetaba a otro en pleno partido “pásame la pelota rápido que si no pierdo dinero”. Hay un enorme déficit democrático en nuestros estadios, que se han convertido en el caldo de cultivo de comportamientos racistas, machistas y homófobos, cuando no simplemente intransigentes.


En la España futbolizada ha desaparecido la ética deportiva, pues todo es negocio y lo que prima es el puñetazo, la zancadilla, la compra de partidos, el fraude en las fichas federativas, el dopaje, el lenguaje seudobelicista de ciertos medios, la obscenidad de sueldos multimillonarios, jugadores endiosados, y la total impunidad de unos directivos de empresas futbolísticas que parecen desconocer por completo las reglas básicas de la democracia y de la transparencia contable. El espíritu de la transición nunca llegó al mundo del fútbol. Y lo peor es que este viciado modus vivendi de payasos, corruptos y violentos es admirado e imitado por muchos jóvenes y adultos, que lo adoptan como modelo de comportamiento. Y así nos luce. Los niños españoles quieren ser futbolistas.


Esta columna puede parecerle políticamente incorrecta y ciertamente molesta a más de un progre futbolero, pero esto es lo que hay. La educación que laboriosa y pacientemente aporta un maestro la puede deshacer la telebasura en poco tiempo. A los educadores se nos pide que eduquemos en valores, como se dice ahora; pues manos a la obra. Iniciemos el contraataque, pero no con los pies sino con la palabra, para avanzar en la regeneración ética de la sociedad española.
cmg2001


Tribu futbolera al calor del gol en un bar.

05 junio 2024

Monstruos del Rocío

Por LUIS MIGUEL FUENTES

 El Mundo (Edición de Andalucía), 7 de mayo de 2001

Foto: Antonio Pérez

“Y a ti, ¿qué más te da?”, me dicen. Frustración intelectual. Sufrimiento humanista. Se me parte por dentro un tronco de positivismo, que cruje como una costilla. El positivismo, ya estamos. ¿Se puede seguir siendo positivista? ¿Es que existe el progreso, aparte de en la electrónica? Qué más me da a mí lo que hace esa gente. Pero hay una humanidad zumbadora y bosquimana que sigue adorando a las piedras y me deja una extrañeza de explorador y una decepción de especie. Paisanos como afganos, gente descalza con el ganado, vino sudado y la lágrima seca de una madre postiza colgando del cuello como un diente. El Rocío, ese africanismo de las multitudes. Van a adorar a una diosa, pero su religión y su emoción son ellos mismos, su multitud y su sincronía. No puedo comprenderlos y se me ahoga todo lo humano como un buey muy cansado.

Tengo que hacer mi artículo del Rocío, pasadas todas las crecidas de la gente y sus lloros, no por costumbre, como decía el otro día Umbral, sino por un campanazo triste de desencanto. El Rocío me desencanta con esa ternura que tienen los monstruos de uno. Hablo, ahora, de mis monstruos, congregados todos en el Rocío.

Primer monstruo: la religiosidad popular, peor que todas las teodiceas de la filosofía. Ya distinguía Hume entre esa religiosidad del pueblo, que viene de milenios de cosechas, muertos y menstruos de las mujeres, y el armazón metafísico que sostiene a todas las iglesias sobre su légamo de miedo y poder. Nada tiene que ver el Rocío con el cristianismo, pese a que la Iglesia Católica intente domar tanto gentío para adoptarlo en sus números. La religiosidad popular es anterior a toda forma de filosofía y episteme. Es la infancia mítica. La teología puede ser ingenua, equivocada, simple. Pero aún tiene a Aristóteles. La religiosidad popular es una antorcha en la cueva, una piel de bisonte para echarse por los hombros, rezarle a la luna. Virgen del Rocío. Artemisa. Isis. Diosa virgen, diosa madre, fertilidad, mitos de cultivadores y paridoras. Primitivismo, más la unión inconsciente de lo femenino con lo emotivo, el pathos del pueblo (Jung).

Segundo monstruo: tradición. Sacralización de la repetición. El peso de una opinión o de una conducta no viene de su bondad, de su razón o de su belleza, sino de la insistencia del tiempo y la periodicidad. Las cosas se hacen así porque se han hecho siempre, y basta. Nada existe si no se repite (eterno retorno nietzscheano). Corolario: es suficiente que algo se repita para declararlo verdad. Insulto a la inteligencia humana, automatismo que nos convierte en una biela.

Tercer monstruo: kitsch. Horterada. Vulgaridad de bestias y personas con florones, exaltación de musiquillas horrendas. Cuarto monstruo: etnocentrismo, chauvinismo. Toda la cultura humana muere en la plaza del pueblo. El ser humano se amadeja en su ombligo y en su barrio. No hay más arte ni más pensamiento que el de la vecina y el barbero. Se extirpa el resto del mundo como un ojo ciego y feo. Quinto monstruo: el grupo. La persona sólo toma sentido en cuanto a que pertenece al grupo. Individualidad anulada, aborregamiento, uniformidad. Más la creación de una falsa moral: eres mejor persona, y hasta mejor andaluz, si perteneces a este grupo. La disidencia es inmoralidad y traición. Sexto monstruo: hipocresía. Excusas vergonzantes para el placer y la fiesta, que no necesitan excusas. Mentirosa fraternidad de señoritos a caballo, escalafones de vanidad en todos sus grupúsculos, violencias y odios entre sectas.

Todos mis monstruos están ahí, en el Rocío. Tenía que sacarlos, orearlos de cielo y razón, hacer exorcismo de esta tristeza. Han regresado ya todos mis monstruos, fatigados y sucios con la gente. Pero no pierden, nunca, su horror.

+ Vídeo completo del documental Rocío, de Fernando Ruiz Vergara, 1980

20 diciembre 2022

Gonzalo Orquín, pintor y fotógrafo







La Tavola di Düsseldorf, GONZALO ORQUÍN, 2022
https://www.gonzaloorquin.com/

10 diciembre 2022

Cachorro Lozano: El hombre y el artista

Por CARLOS MARTÍN GAEBLER


Cuando conocí la obra multidisciplinar de Cachorro Lozano en Instagram quedé deslumbrado por la frescura de sus dibujos y por la rebeldía insinuante de sus autorretratos. Cachorro Lozano (Bilbao, 1993) es un artistazo de la cabeza a los pies, literalmente, pues crea una iconografía doble: por un lado, celebra la sexualidad masculina dibujándola con sus gruesos lápices de cera MANLEY; y, por otro lado, se autorretrata o deja retratar, cual fauno hedonista, en poses sugerentes, regalando al espectador el esplendor de un cuerpo de belleza cruda, sin depilaciones. Reivindica la belleza masculina en su estado natural, y pinta las pollas más bonitas de la iconografía de nuestro tiempo (mi obra es muy falocéntrica).


Cuando acabó sus estudios de Bellas Artes en Bilbao, Lozano se trasladó a Madrid en 2015 para realizar un master en Práctica Escénica y Cultural Visual en el Reina Sofía. La vida en la estimulante metrópoli supuso la eclosión de su talento artístico. Su obra heterodoxa evoca el trazo desenfadado del desaparecido Juan Botas, el colorido de Keith Haring, o las morfologías de Oscar Mariné. Sus dibujos y sus poses parecen remitirnos al hedonismo ochentero de la Movida, como si fueran el eslabón perdido que entroncase con aquella década prodigiosa que ahora, en estos oscuros tiempos de involución, nos parece tan lejana. Carpe Diem.


Su obra fotográfica es claramente autorreferencial: “Trabajo con diferentes fotógrafos y mucho autodisparo. Hay algo en el formato de lo auto, de la construcción de uno mismo consigo mismo, que me interesa mucho como material artístico más allá de la mirada externa.” Su corpus fotográfico es una celebración del amor entre hombres que ya no necesita esconder ni su nombre ni su imagen, y es, en definitiva, un acto de rebeldía, una reivindicación del homoerotismo y de la identidad masculina (vello incluido). “Me disparan a menudo, y capturan muy bien el erotismo que siento, Analógico (Barcelona) y Caín Q (Madrid), dos fotógrafos a los que adoro.” También le han fotografiado Rey Badesan en México, Carlos Torreblanca y Alejandría Cinque en Madrid, o el holandés Paul Sixta en Barcelona.


En esta época de puritanismo epidérmico, la obra de este instagramero hipernarcisista es una celebración de la belleza viril, exaltación de una sexualidad radicalmente libre. Cachorro Lozano es su propia obra de arte, pues hace de su cuerpo un objeto estético y sensual. La figura de Joe D’Allesandro, megaicono erótico de los años 70 y 80, cuyos hermosísimos posados marcaron época y abrieron el paso a la exhibición descarada del cuerpo masculino desnudo, es precursora de la renovada iconografía marica de Lozano. Su lenguaje explícito plantea un contrapunto masculino al cuadro L'Origine du monde, pintado por Gustave Courbet, obra que ya en el siglo XIX derribó el tabú de la representación artística del sexo humano.




Gusta el artista de acompañar algunas de sus obras de textos, en castellano o en inglés, que son pura poesía minimalista y que escribe con una exquisita caligrafía que remite a los colores del arco iris. Su conocimiento de la lengua inglesa (mis padres tuvieron el acierto de inscribirme en una academia de inglés a los cinco años en vez de apuntarme a un club de fútbol) le hace un creador bilingüe. “Me encanta trabajar con textos, y, a menudo, incluyo algún minipoema o frase para contextualizar mis dibujos, pues le dan otra perspectiva a la obra, menos visual, más conceptual.”


El artista y el exhibicionista que comercia con su propia imagen se superponen en la obra de Cachorro Lozano, un artista global made in Spain, fruto de internet y de las redes sociales, cuyas creaciones y actitud vital son un antídoto necesario contra el oscurantismo, contra la glorificación religiosa de la virginidad, y contra el miedo al sexo de tantos hombres que viven escondidos en el ciberarmario. A steady fuck is good for you. • cmg2018
PD: En 2019, Cachorro Lozano protagoniza, junto a su pareja, Alejandría Cinque, el ardiente cortometraje erótico para adultos Serodiscordantes, una historia, viril y tierna a un tiempo, que presenta, de forma explícita y hedonista, la vida de dos amantes reales. El amor es sexo. El sexo es amor.


Exposición What a Gay Day to be Alive en BCN