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20 enero 2026

Más que rivales, más que una serie


Por CARLOS MARTÍN GAEBLER

Desde Canadá nos llega Más que rivales (Heated Rivalry, 2025), la primera serie de ficción en torno a jugadores de un deporte de equipo profesional tradicionalmente vinculado a una heterosexualidad hipermasculinizada como es el hockey sobre hielo, pero, con la diferencia, en este caso, de que varios de los protagonistas son bisexuales o directamente gays. 

En la miniserie confluyen varias tramas que se complementan. Por un lado, a los protagonistas se les presenta el dilema de no poder salir del armario siendo jugadores de élite de un deporte de equipo, un contexto en el que fácilmente la vida privada puede convertirse en un asunto público, objeto de la conversación social (en redes o en la vida real). Por otro lado, la tensión constante por no bajar la guardia para evitar ser descubiertos en público atenaza 24/7 a las dos parejas de amantes, algunos de los cuales sienten la necesidad de hacer pública su relación amorosa (sin tener que verse impelidos a disimular lo que no son) y vivir un amor normal, a la luz del día.

La ficción creada por el canadiense Jacob Tierney, que logra mostrar al gran público el enorme sufrimiento de vivir una vida en el armario, ha propiciado un debate social entre aficionados al hockey en Canadá, y está llamada a derrumbar muchas barreras, echar abajo el mito ignorante de que un hombre es menos hombre si se deja follar y abrir muchas mentes en el machista mundo del deporte.

La trama de esta ficción audiovisual es extrapolable a cualquier otro deporte de equipo, y aquí radica su relevancia. Pocas ficciones han versado sobre este asunto hasta ahora con tal verosimilitud. Aparte de algún cortometraje, sólo conozco el espléndido mediometraje Wonderkid (2016), comisionado por la Premier League para luchar contra la homofobia en los estadios, la película germana Mario (2018), cuyo protagonista es un futbolista gay, y una estupenda serie noruega, Home Ground (2018), en la que el joven guardameta de un equipo de categoría regional sale del armario con total naturalidad mientras es entrevistado a pie de cancha por un periodista de televisión.

Más que rivales muestra sin reparos un homoerotismo voluptuoso que seduce desde el primer fotograma. Con diferencia, los mejores episodios son el tercero y el quinto, que contiene una escena para ver en bucle una y otra vez. Confío en que cuando muchos deportistas, independientemente de su orientación sexual o del deporte que practiquen, vean esta miniserie (por lo demás, espectacular, trepidante y glamurosa), van a aprender mucho sobre el amor, el sexo y la ternura entre hombres. cmg2026

PD: Olé por Manu García, guardameta del Marbella FC, primer futbolista español abiertamente gay.

Más que rivales está disponible en M+ y en HBO Max. Recomiendo escucharla en versión original subtitulada.

24 junio 2025

La vigorexia, un trastorno disfrazado de salud y éxito

El auge de los influencers de 'fitness' que idealizan el cuerpo musculoso ha hecho aumentar los trastornos de dismorfia muscular, una conducta obsesiva por lograr un aspecto perfecto mediante el deporte y que afecta sobre todo a hombres jóvenes.

Por MARIONA JEREZ

elDiario.es, 23 de junio de 2025

“Empecé a hacer 25 kilómetros diarios en bicicleta, menos un día a la semana que hacía 50”, explica Mars, estudiante de auxiliar de veterinaria. “Era completamente una obsesión, pensaba que, si no terminaba la rutina, me iba a convertir en una bola”. Mars, que se define como persona no binaria, explica que por el acoso que recibió en el instituto, empezó a hacer ejercicio de manera compulsiva.

Desde maratones en bicicleta estática hasta retos de redes sociales como “30 días de sentadillas” que acababan con más de un centenar de repeticiones diarias. No le puso nombre a lo que le pasaba hasta que en un hospital de día, en el que ingresó por sintomatología depresiva e ideación suicida, una enfermera sugirió que podría padecer vigorexia.

Este trastorno, también conocido como complejo de Adonis, es una dolencia que en España podría afectar a 700.000 personas y que provoca una alteración de la autopercepción física, como la anorexia o la bulimia. Pero, al contrario que estas, la vigorexia -que principalmente afecta a hombres jóvenes- deriva en la obsesión por desarrollar mucha musculatura. 

Mars, con tiempo, y gracias a ponerle un nombre, consiguió salir de la obsesión con el ejercicio. “Antes me veía asquerosamente mal, miraba al espejo y lloraba”, recuerda. “Ahora peso lo mismo, o incluso más, pero me veo divino”. Actualmente, sigue haciendo deporte y quiere probar disciplinas nuevas que tengan un componente más lúdico y vayan más allá del gimnasio. Todo para enfocar el ejercicio desde una perspectiva diferente porque es consciente de que una recaída en la vigorexia es fácil para quienes ya la han padecido.

Este trastorno es difícil de detectar porque a primera vista puede parecer una práctica sana, pero el deporte en exceso y de forma obsesiva puede conllevar efectos perjudiciales. “Dedicar muchísimo tiempo al deporte, hacer dietas muy restrictivas o incluso ingerir esteroides es algo que va aislando socialmente de la familia, amigos y de otras actividades gratificantes, haciendo que, a la larga, se puedan tener problemas relacionados con sintomatologías depresivas”, explica el psicólogo sanitario Álex Melic.

La diferencia entre la práctica deportiva común y la que obsesiona al que padece un trastorno de dismorfia muscular es la autoexigencia, normalmente derivada de una baja autoestima. Por ello, este experto explica que se ponen objetivos poco realistas y que se encuentran con que su autoestima no mejora con la adquisición de masa muscular.

Los nuevos modelos: los influencers de fitness

“La vigorexia suele empezar a partir de la comparación con personas del entorno de las redes sociales o de los medios de comunicación”, explica Melic, que apunta al riesgo de querer parecerse a los modelos estéticos y de conducta en los que se han convertido los influencers que relacionan el hecho de tener una apariencia considerada como “ideal” con conseguir más aceptación social.

Un ejemplo de esto se encuentra en las cuentas de influencers como Llados, quien se autodefine como “profesional del fitness” y se hizo viral por un vídeo en el que criticaba a “mileuristas” con sus “fucking panzas”, frase que le hizo famoso y con la cual se han llegado a comercializar camisetas.

Llados vende la imagen de hombre millonario y exitoso a través de sus redes sociales, donde aparece rodeado de mujeres, casas y coches de lujo y llega a relacionar el éxito con su apariencia física. De hecho, es conocido por promover los burpees, una rutina de ejercicio para desarrollar un cuerpo musculado, lo que según él es clave para alejarse de una estética de “perdedor” y “mileurista”.

El peso de los influencers, sobre todo entre las personas más jóvenes, va en aumento. En 2024 se llegó a la cifra total de 207.000 en España. Entre ellos destacan los que se dedican al fitness, que es la cuarta categoría con más visualizaciones en Tiktok, cuyo contenido se centra en la práctica deportiva con videos de ejercicios, retos y tutoriales.

Su alcance se cuenta en millones de personas y su contenido se puede encontrar en plataformas de vídeo como YouTube, pero también en redes sociales como Instagram o Tiktok. Dentro de esta categoría hay dos tipos de creadores de contenidos: por un lado, gente como Patry Jordán o Sergio Peinado, influencers que despegaron durante la pandemia y que se basan en su experiencia como entrenadores o atletas para promover la práctica deportiva.

Pero, por otro lado, hay usuarios como Amadeo Llados o Rafa Martín, que alaban una imagen musculosa como muestra del éxito social. El contenido de estos creadores, que abogan por la imagen del hombre proveedor, dominante y conquistador, es compartido entre la manosfera (sitios de Internet en los que se promueve la masculinidad enfatizada y en los que proliferan tesis misóginas, homófobas y xenófobas).

En los foros de la manosfera se idolatra cada vez más el cuerpo hipermusculado y se llegan a promover tendencias como el lookmaxxing, que consiste en prácticas para conseguir una imagen más masculina. Sus contenidos van desde ejercicios para desarrollar la mandíbula (mewing), a consejos de cuidado e higiene personal o rutinas de gimnasio, pasando por la cirugía estética, el uso de anabolizantes o prácticas desaconsejables como el starvemaxxing, que consiste en no comer para conseguir una imagen más definida.  

“Yo me he obsesionado con los entrenos. Me paso el día mirando el reloj para ver cuánto he dormido y las calorías que he quemado, si soy capaz de aumentar la frecuencia cardíaca en los entrenos... Es como competir con uno mismo”, dice un usuario de redes sociales en la sección de comentarios de un vídeo sobre ejercicios. “Tanto ver [publicaciones sobre] abdomen plano, glúteos perfectos... Tanto mensaje te hace quererlo y se mete en tu subconsciente”, añade.

“Entre los hombres se dan luchas de poder conscientes o inconscientes”, explica Melic, “cuanto más fuerte eres, cuanto mejor cuerpo tienes, más subes dentro del ámbito grupal y más te acercas al liderazgo”. Este experto añade que todos estos estímulos son los que pueden llevar a que las personas con baja autoestima se pongan unas metas muy exigentes para poder destacar en el grupo y acaben cayendo en las garras de la vigorexia. 

Charlie, entrenador personal y técnico de sala del Club Natació Rubí, alerta de los peligros que pueden tener los vídeos y contenidos de los influencers de fitness. “Nosotros, los entrenadores oficiales, estamos preparados, hemos estudiado”, afirma. “Muchos clientes vienen queriendo replicar vídeos de Instagram y puede que al influencer esa rutina le vaya bien porque tiene una buena condición física, pero para alguien que acaba de empezar no es la mejor opción”.

Débora Doña, jefa del departamento físico del mismo club y encargada de la sala de fitness, explica que este perfil se ve sobre todo en adolescentes. Destaca que hay una tendencia en estas edades a ir al gimnasio durante más horas de las necesarias. “Quieren una inmediatez, pero eso no se puede conseguir en el deporte. Se tiene que ir progresivamente”, afirma.

“Es positivo que la gente joven comience a hacer ejercicio, pero hay un envenenamiento. Un niño de 15 años no debería estar en un gimnasio”, cuenta Doña, que asegura que deberían hacer otro tipo de prácticas de equipo o al aire libre, más centradas en el bienestar y la activación física que no en el cultivo de la musculatura. “Hay una línea muy fina que, si no se controla, es fácil cruzar y acabar padeciendo un trastorno”, asegura.

Dificultades para la detección y el tratamiento

La vigorexia es un trastorno que puede pasar desapercibido y es más desconocido que los trastornos de conducta alimentaria (TCA), tal como apuntan los expertos. De hecho, la vigorexia suele acabar derivando en alteraciones en las pautas a la hora de comer y es entonces cuando se hace visible a las personas del entorno. Pero si se ha llegado a este punto, es que el trastorno ha llegado ya muy lejos.

“Los pacientes o sus familias suelen pedir ayuda por el trastorno de conducta alimentaria y no por la vigorexia en sí. Es ahí cuando el profesional, si está formado, puede percatarse de que existe un trastorno dismórfico corporal”, asegura Melic.

“Si iba a comer a un restaurante, antes de ojear la carta, me dirigía al cuarto de baño, me quitaba la camiseta y, en función de mi aspecto físico (distorsionado, por supuesto), me disponía a pedir un tipo u otro de comida”, sostiene un usuario de redes sociales en un post que alerta sobre los riesgos de la vigorexia.

“Compensaba los excesos para lucir un cuerpo de playa los 365 días del año. Mi valía era mi aspecto físico porque reflejaba una serie de hábitos supuestamente valiosos. Y cómo no normalizarlo si las personas que conforman tu círculo social más cercano refuerzan este tipo de comportamientos con un: qué bien te veo, estás más fuerte”, añade.

Ante este tipo de mensajes, el psicólogo Álex Melic destaca que la vigorexia está vinculada al perfeccionismo y debe abordarse desde esa perspectiva. El problema es que, aunque el tratamiento es posible y efectivo, es difícil encontrar profesionales que conozcan este trastorno.

“Tengo una psicóloga y podría pedirle ayuda, pero no sé si sabe exactamente como tratar ese tema”, explica Mars. Muchos pacientes se encuentran en situaciones similares, pues la vigorexia raramente se estudia durante la formación de los profesionales. “Los pacientes tienen que buscar especialistas muy concretos, no es un trastorno estudiado generalmente en las universidades, lo cual es una pena porque afecta cada vez a más personas”, añade Melic.

“Es como una secta, te pilla vulnerable”: los fans arrepentidos de Llados que desmontan el discurso del pseudogurú financiero

La falta de profesionales supone un riesgo añadido a la hora de dejar este trastorno sin resolver. Melic explica que su sintomatología puede acabar coincidiendo con la de un trastorno depresivo y que, aunque se trate ese trastorno, sin abordar la causa e incidir en el perfeccionismo del ámbito deportivo y físico de las personas que sufren vigorexia, a la larga, se repite la sintomatología. “Es un trastorno que se puede confundir con una salud física un tanto restrictiva y que el profesional no vea el diagnóstico”, declara el psicólogo.

26 abril 2025

Capitanes_cortometraje

Por DAVID IGLESIAS

La Nueva Crónica, 27.06.2024

Parece una satírica casualidad que los partidos de la Eurocopa y de la Copa América coincidan con la celebración del Orgullo. Es irónico también que por estas fechas sean varios los clubes de fútbol que colocan los colores LGTB en sus perfiles –como tantas empresas que lavan su fachada con detergente rosa– abriendo la veda, claro está, a miles de lamentos e insultos homófobos por parte de los hinchas del deporte rey. La falsedad de los clubes no puede ser más evidente, pues no escucharemos en ningún momento el apoyo directo de ningún futbolista al colectivo –que es lo que es– y una salida pública del armario resulta todavía inconcebible en un ámbito que palmea culos, sí, pero desde lo más macho. Realmente es fácil comprender que el 14% de los futbolistas que no son heterosexuales –tirando de estadísticas– prefieran mantenerlo en secreto, pues sólo hace falta recordar lo que ocurrió con Justin Fashanu en los 90 –que además era negro– o cómo han atacado hace unas semanas a Mbappé, simplemente por defender que la ultraderecha resulta un auténtico peligro para un migrante y para cualquiera. 

Con este caldo de cultivo que me trago todos estos días, entre información y fútbol –que a mí también me gusta como todo gran evento deportivo y de entretenimiento– me sorprendió ver que en el Festival de Cine de Valencia han presentado un cortometraje perfecto para remover la conciencia del hetero que pega al balón, que a veces deja de serlo en según qué vestuarios. El cortometraje Capitanes refleja con valor esa opresión del arcoíris vigente aún en el mundo del fútbol, en el que hay más insultos de ‘maricón’ que gritos de ‘guapa’ a la Virgen en Sevilla. El corto hace bailar a los protagonistas entre el estrés por el partido y su tensión sexual no resuelta y lo hace además a ritmo de pasodoble, porque sabido es que el gusto cañí abunda en el colectivo y en ese cine que impulsó el maestro manchego.  
Una vez más, la pantalla va más allá de lo que la sociedad es capaz de afrontar y sirvan estas líneas para agradecer a tantas empresas de comunicación que, aunque se lucren con ello, apuestan por dar voz a los guionistas y directores que quieren hacer ficciones y documentales que de verdad son motivo de orgullo. A las que nos enseñan cómo empezó la lucha en los 70, manteniendo la memoria de las movilizaciones pioneras, y a los que retratan las realidades, miedos y confusiones que disfrutan y padecen hoy las personas LGTB. No creo que sea difícil de entender que es necesario un espejo en el que mirarse para aprender, madurar y mirar hacia delante con seguridad, como tampoco lo es que un lugar valiente que hace visible la bandera del Orgullo aporta esa confianza que hace falta donde no la hay. Sea un estadio, una casa, un bar o una ciudad.




17 septiembre 2024

Coreografía en torno a una pelota

 


Por CARLOS MARTÍN GAEBLER

En los últimos años, quien esto firma se ha convertido en una pelotazale, un apasionado aficionado a la pelota vasca, un activo fundamental de la cultura de Euskadi, que es tanto una disciplina deportiva como, si se quiere, una coreografía atlética. 

El golpeo de la pelota genera espectaculares posturas aerodinámicas que semejan a las adoptadas por bailarines de danza contemporánea o del llamado teatro físico. El contacto violento de la mano con la bola tras armar el brazo les hace a veces gravitar unos segundos sobre la cancha, cual danzarín dando una pirueta sobre el escenario. Parte de esta coreografía sobrevenida es también el movimiento reflejo de desplazarse ligeramente sobre la cancha para evitar obstaculizar la pegada del rival. En general, los jugadores se conducen con elegancia y ligereza, haciendo parecer fáciles golpes que demandan fuerza y concentración, como cuando un gran tenista golpea un derechazo ganador, o como hacen los bailarines de una compañía para crear belleza aerodinámica.

Desde pequeños, muchos niños vascos se crían observando este deporte en sus pueblos, practicándolo con pasión, socializando con sus compañeros de generación en euskera, adquiriendo valores, y haciendo país desde la adolescencia. A presenciar una partida de pelota vasca acude un público respetuoso y entendido que me recuerda al de otro templo, verde también, del deporte mundial, la pista central de Wimbledon. Este jamás menciona a la madre de alguno de los contendientes, ni se oye nunca un insulto desde la grada.

Este deporte, unique in the World, como reza el eslogan internacional del Athletic Club, se nutre de pelotaris profesionales venidos principalmente de Vizcaya, Guipúzcoa, Alava, Navarra y La Rioja, que juegan en distintos frontones norteños. [Eskerrik asko, youtuberos, por subir vídeos de partidos completos a la red, lo que nos permite disfrutar de la pelota vasca desde cualquier lugar del Estado.]

Ajenos por completo al postureo y a la coquetería que caracteriza a tantos futbolistas, los pelotaris son sobrios y elegantes en su equipamiento, que recuerda (pantalones largos blancos) al de los primeros tenistas, ocasionalmente un aro en la oreja como único adorno. Igualmente se conducen con nobleza ante el adversario, al que saludan y abrazan tras alcanzar los soñados 22 puntos. ¿Podría ser la pelota vasca un deporte de la nueva masculinidad? cmg2024

Publicado en elDiario.es el 11 de septiembre de 2024

21 julio 2024

La vida sin cuerpo

Las nuevas tecnologías sirven para facilitar la comunicación entre las personas, pero pueden terminar quitándole toda su complejidad y misterio hasta convertirla en un liso intercambio de palabras.

Por JORDI SOLER
El País, 27 de septiembre de 2014

En su viaje poético entre la carne y el espíritu, Jaime Gil de Biedma llegó a una interesante ecuación a la hora de jerarquizar los elementos del amor: “Que sus misterios, como dijo el poeta, son del alma, pero un cuerpo es el libro en que se leen”. La idea no es original pero es bellísima, y tiene que ver con esa otra idea de raigambre presocrática que dice que el cuerpo también piensa, que el pensamiento tiene una dimensión física y que dividirnos en cuerpo y alma es una arbitrariedad pues somos, en realidad, una unidad que siente y piensa y que, abusando de los versos del poeta, el cuerpo es el libro en que se leen, no solo los misterios del amor, sino cualquier capítulo de la historia personal de cada uno.

La idea no es original, como digo, hasta el gran Bob Dylan la dice, a su manera, en una de sus canciones: “Si no crees que este dulce paraíso tiene un precio, recuérdame que te enseñe mis cicatrices”. Pensando en esto, y en aquel momento de la leyenda de Edipo Rey, que está en la misma frecuencia de la canción de Dylan, en que los personajes confirman su identidad observando las cicatrices de su cuerpo (Edipo quiere decir, en griego, “que tiene los tobillos perforados”), asistí antes de la pausa del verano a la Copa Barcelona, un torneo infantil de baloncesto en el que jugaba un equipo mexicano, de Oaxaca, contra uno francés, de Toulouse. Era un partido internacional, que jugaban niños de doce y trece años, en un polideportivo junto al mar, que tenía la particularidad de que la mayoría de los mexicanos jugaban sin zapatos, descalzos, frente a los niños franceses que iban equipados con unas Nike, diseñadas por especialistas en la dinámica del pie humano, específicamente para jugar al baloncesto. Contra todo pronóstico los niños del equipo mexicano ganaron el partido. ¿Cuál es el valor de ese calzado ultra sofisticado, diseñado específicamente para jugar al baloncesto, si te gana el partido un equipo de niños descalzos? Entre el pie descalzo de un equipo y el Nike del otro, hay un recorrido en el que deberíamos reflexionar: de tanto perfeccionar el zapato nos hemos olvidado del pie.

Los niños mexicanos pertenecen a una comunidad paupérrima de Oaxaca, son un equipo que gana todos los torneos internacionales, incluso en Estados Unidos que es la cuna del baloncesto, y van descalzos porque así aprendieron a jugar, los zapatos son un estorbo para ellos, son una prótesis que les resta velocidad, elasticidad y agarre en el momento de disputarse la pelota.

Esto no es, desde luego, una invitación a que nos quitemos los zapatos y nos echemos a andar descalzos por el mundo, más bien se trata de ver, en esos pies descalzos, lo que hemos perdido de vista al entregarnos al aditamento que nos facilita la vida, porque además resulta que, según han comprobado los especialistas en la materia, el confort que provee el calzado deportivo, no necesariamente colabora con los músculos y las articulaciones que están, naturalmente, hechos a la medida, a los movimientos y a los apoyos del pie descalzo.
El Roto
Para poder llevar esta reflexión hasta el punto que desde esta línea veo todavía a lo lejos, estoy pasando por alto la gran enseñanza, muy estimulante para estos tiempos de crisis, que nos han regalado estos niños de Oaxaca, y es tan grande que no me queda más remedio que anotarla, antes de regresar a la reflexión oblicua, que es el verdadero objetivo de estos párrafos: estos niños paupérrimos, que estaban condenados a vivir en una de las zonas más pobres de Latinoamérica (con unos índices de pobreza que un europeo no puede, siquiera, imaginar) sin más armas que su esfuerzo y su deseo de salir adelante, han conseguido revertir el destino de generaciones y generaciones de niños, convirtiéndose en campeones internacionales de baloncesto. La decisión y la fortaleza de carácter de estos niños están representadas en sus pies descalzos; a pesar de que juegan todo el tiempo en canchas profesionales, no renuncian a su forma de ser, a su identidad, a su esencia y esto es, seguramente, uno de los fundamentos de su éxito.

Ahora regreso a la reflexión oblicua, a la cicatrices de Dylan y el rey Edipo, ¿cuál es el valor de ese calzado ultra sofisticado, diseñado específicamente para jugar al baloncesto, si te gana el partido un equipo de niños descalzos?, preguntaba más arriba, pensando en la serie de aditamentos que nos impone el mundo contemporáneo y que usamos quizá solo porque están ahí, no porque los necesitemos.

Cuando se escribe a mano se dejan en la hoja de papel un montón de elementos muy valiosos como, por ejemplo, la calidad del trazo, las dudas que ha tenido quién escribe, los pasos atrás, las correcciones, la forma en que va avanzando por la página el flujo de palabras y el dibujo final de la hoja completamente escrita; todos estos elementos nos hablan de la persona que escribe, son un relato paralelo de lo que el escritor nos va contando, y todo esto se pierde cuando se escribe directamente en el ordenador, que de inmediato establece un orden aparente en la pantalla, un texto cuya limpieza visual no siempre se corresponde con la calidad de lo que está escrito, y en cambio, cuando se escribe a mano, se tiene el efecto contrario: el desorden visual de la escritura en la hoja de papel, nos obliga a redoblar la atención sobre lo que se está diciendo.

Pero en el siglo XXI se escribe así, a través de un vehículo que nos uniforma, nos quita los rasgos distintivos, e inconfundibles, de la escritura de cada quién; nuestro teclado equivale a las Adidas que los niños de Oaxaca no se han querido poner, y si pensamos que la enorme mayoría de las comunicaciones interpersonales se hacen hoy desde un teclado (mail, SMS, whatsapp, hangouts, twitter y un largo etcétera), podremos hacernos una idea de todo lo que del otro nos perdemos, todo un flanco de la expresión escrita, ha sido amputado de la sociedad en favor de la expansión de las nuevas tecnologías.

Esta nueva vía de comunicación no ofrece matices, es demasiado transparente: transmite ideas desnudas sin los velos que ofrece el cuerpo que las dice y, por esto, empobrece las conversaciones; quien se comunica por chat, o por SMS, prescinde de eso que, cuando uno habla con otra persona dice también el cuerpo o, en su caso, dice la carta escrita a mano, que lleva en su caligrafía el rastro, el fantasma, la impronta de quien la ha escrito.

Los ordenadores y los teléfonos, que sirven para facilitar la comunicación entre las personas, también nos simplifican esa comunicación, le restan complejidad y misterio, liman las rugosidades y lo que queda es un intercambio liso de palabras; se trata, desde luego, de un intercambio preciso y eficaz, pero sin temperatura, demasiado expuesto, sin rastro, sin cicatriz, sin cuerpo. “Lo bello no es ni la envoltura ni el objeto encubierto, sino el objeto en su velo”, escribió Walter Benjamin.

¿Prescindimos de ordenadores y teléfonos y nos quitamos los zapatos? Por supuesto que no, el teléfono inteligente y las tabletas son un milagro del cual sería insensato prescindir, pero deberíamos evitar que estos aparatos borren la evolución objetual que los precede, que el teclado no sepulte al lápiz ni el zapato al pie descalzo, hay que dejar un rastro que no se borre con un apagón tecnológico, hay que despojarse de los aditamentos y coleccionar cicatrices, hay que matizar el nuevo platonismo, la vida sin cuerpo que nos impone la tecnología, y convertirnos en ese libro que proponen, al principio de estas líneas, los versos del poeta: el cuerpo en donde el otro pueda leer nuestros misterios. 

Jordi Soler es escritor. @jsolerescritor

17 julio 2024

Deportistas de élite siguen visibilizando la diversidad [Datos actualizados]

Por ENRIC TRIAS

La Vanguardia, 17.07.24

Ralf Schumacher, ex piloto de Fórmula 1 y hermano de Michael Schumacher, se ha sumado esta semana a la lista cada vez más numerosa de deportistas y ex deportistas de élite que salen del armario pese al estigma que todavía supone, especialmente en las categorías masculinas.

Señal de que la sociedad y el deporte avanzan de manera muy dispar y que declararse homosexual en el sistema de deporte masculino sigue siendo un tabú es que cuando un deportista, conocido o no, revela que es gay la noticia causa un impacto mundial.

Ralf Schumacher presentó a su novio en redes sociales y recibió el apoyo público de su hijo. En su mensaje al mundo, Schumacher aseguró que “lo más hermoso de la vida es cuando tienes a tu lado a la pareja adecuada” y los mensajes de apoyo de allegados y fans no tardaron en llegar. Incluso su hijo David, también piloto, fruto de su matrimonio con Cora Brinkmann, felicitó a su padre por sincerarse: “Me alegro mucho de que por fin hayas encontrado a alguien con quien realmente sientas que estás muy cómodo y seguro… Te apoyo al 100% papá, y te deseo todo lo mejor y felicidades”.

Otro síntoma de que la percepción hacia los deportistas masculinos tiene que evolucionar con el tiempo fueron los comentarios homófobos que sufrió el mes pasado Dennis González al proclamarse campeón de Europa en natación artística. El nadador no quiso dejarlos pasar pues “sé que un niño que está empezando en natación artística, si recibe comentarios así, le va a afectar”.

Quizá en el mundo del fútbol sea donde el tabú todavía es más evidente, y más en España, donde hay algunos rostros conocidos que sus motivos tendrán para no promocionarse como futbolistas gays. De momento, ningún jugador de LaLiga ha reconocido ser homosexual. El primer futbolista propiedad de un club español en salir del armario fue el checo Jakub Jankto en febrero del 2023, cuando estaba cedido al Sparta de Praga por el Getafe. Solo participó en quince encuentros en Madrid y al acabar la cesión se fue a Italia tras fichar por el Cagliari Calcio.

El estadounidense Collin Martin, el inglés Jake Daniels, el sueco Anton Hysén o el australiano Josh Cavallo, son también de los pocos jugadores del deporte estrella en activo que han reconocido ser homosexuales. Cavallo fue un paso más allá al pedirle matrimonio a su ahora prometido el pasado mes de marzo en el estadio de su club. “Gracias Adelaide United Football Club por ayudar a preparar esta sorpresa”, agradeció en Instagram el futbolista al anunciar su compromiso..

La semana pasada el atleta estadounidense Trey Cunningham, subcampeón del Mundial de Atletismo de 2022 en la prueba de 110 metros vallas, reconoció que “me gusta besar a chicos” en una entrevista en The New York Times . Aunque a sus 25 años estuvo a punto de dar visibilidad al colectivo en los Juegos Olímpicos de París, finalmente no formará parte del equipo estadounidense tras los resultados de las pruebas olímpicas.

Quien sí estará en la capital francesa a partir del 24 de julio es el veterano clavadista Tom Daley, quien será el primer saltador británico en participar en cinco Juegos Olímpicos. El campeón fue toda una celebridad en los juegos de Londres del 2012 y pasó a ser un referente LGTBI al hablar de su sexualidad un año después.

También olímpico declarado gay fue el waterpolista Víctor Gutiérrez, quien fue el primer deportista español de un deporte en equipo en hablar abiertamente de su homosexualidad. Posicionarse como defensor de los derechos del colectivo le valió un escaño en el Congreso de los Diputados y el puesto de Secretario de Políticas LGTBI del Partido Socialista.

El primer deportista de élite español en declararse homosexual fue Kike Sarasola en 2003 en la portada de la revista Zero. Como contó años después, lo hizo “porque al hijo de una amiga le estaban haciendo un bullying horroroso en el colegio”.

03 junio 2023

Adicción a redes y actividad deportiva

Por qué para rendir más en el gimnasio o el deporte debes mantener a raya las redes sociales. Deja de usar TikTok, Instagram o Twitter antes de sudar: es el mensaje de psicólogos y expertos en salud deportiva, que advierten de que deslizarse por ellas quema nuestra autoestima.

Por ASER GARCÍA RADA

El País, 03 JUN 2023

Si Superman existiese fuera de los cómics, el cine y la televisión, su auténtica kryptonita serían las redes sociales. Al igual que los cristales verdes de ese material ficticio debilitan al superhéroe de capa y calzones rojos, consultar esas aplicaciones en nuestros móviles parece quemar nuestra energía mental y lastrar nuestro trabajo entrenando en el gimnasio o haciendo deporte profesional. Es lo que pudo ocurrirle durante los Juegos Olímpicos de Londres 2012 a la nadadora australiana Emily Seebohm. Pese a acabar de hacerse con la plata en los 100 metros espalda (competición para la que partía como favorita), manifestó devastada haber perdido el oro por trasnochar consultando Facebook y Twitter. “Me sentí como si no hubiera salido de las redes sociales y no me hubiera centrado en mí misma”, declaró entonces la atleta. Se retractó horas más tarde, pero, ¿podría un uso abusivo de esas aplicaciones haberle afectado?

Aunque existen pocos estudios al respecto, según expertos en educación física de la Universidad Federal de Paraíba, en Brasil, navegar por las redes en el móvil durante media hora disminuyó un tercio el rendimiento de un pequeño grupo de personas que entrenaban la fuerza de forma recreativa en un gimnasio. Ese efecto fue el resultado de la “fatiga mental” resultante de deslizarse por vídeos, fotos y dar me gustas, lo que merma nuestra autoestima y consume nuestra energía cognitiva. Los investigadores llegaron a esta conclusión comparando en dos grupos de ocho adultos de ambos sexos los efectos de dos tareas diferentes: consultar Facebook, Instagram o Twitter, frente a ver un documental sobre la NASA antes y después de realizar sentadillas.

Tras evaluar las variables fisiológicas y el índice de esfuerzo percibido (que estima la intensidad del entrenamiento), quienes se expusieron a 30 minutos de redes sociales percibieron una mayor fatiga mental y realizaron menos repeticiones del ejercicio. Todo ello sin que se encontrasen diferencias relevantes en las condiciones, la motivación de los participantes o sus concentraciones de lactato en sangre (un marcador biológico del esfuerzo). “Nuestros hallazgos apoyan las bases psicológicas, más que fisiológicas, de los efectos de la fatiga mental”, concluyeron. Otra investigación del mismo grupo estudió a 20 futbolistas masculinos y constató que media hora de exposición a aplicaciones de teléfonos inteligentes causaron fatiga mental (reducción del rendimiento cognitivo) y ralentizaron su toma de decisiones para pasar el balón.

“Utilizar las redes sociales de forma indiscriminada en momentos próximos a una competición afecta al rendimiento”, considera Miguel del Valle, presidente de la Sociedad Española de Medicina del Deporte (SEMED). “Por una parte, puedes relajarte de tu estrés competitivo, pero también puede crearte ansiedad deportiva. Además, implica una pérdida de atención y eso también disminuye el rendimiento”, explica por teléfono el también catedrático de anatomía de la Universidad de Oviedo. Del Valle empezó a interesarse por esta problemática cuando constató hace unos años que los atletas entrenaban sin perder de vista el móvil. “Y esto no puede ser”, resuelve.

En ello coincide con el psicólogo del deporte y pedagogo José Carrascosa: “consultar las redes sociales, manejar el uso del teléfono antes de la competición o del entrenamiento es una perdición de cara al rendimiento”. Carrascosa lo percibe tanto en el deporte de competición, como entre los alumnos del instituto de secundaria en el que es orientador. “Tenemos un problema gravísimo con el móvil, genera dispersión a nivel atencional”, advierte. “Ahora los chavales son más desatentos que antes. Las tecnologías invitan a hacer multitareas y a que la atención picotee de una a otra. Supone una activación nerviosa mayor y genera adicción. Cuanto más utilizas el móvil, más dependiente eres de él, más te activa, pero al tiempo cada vez te resulta más difícil estar concentrado y pierdes calidad”, zanja el experto.

Carrascosa enmarca estos efectos en un contexto actual en que los límites de la esfera privada se difuminan y todo se expone. “Las personas tenemos una necesidad de aceptación o de pertenencia respecto a un grupo. El rechazo social supone uno de los mayores castigos a nivel afectivo y es inherente al uso de las redes”. A su vez, la autoestima tiene que ver mucho con la autorrealización personal, explica a EL PAÍS, aunque “para mucha gente depende de los likes”. “Puedes ser una persona aceptada socialmente, pero necesitamos sentirnos satisfechos de nosotros mismos, nos tenemos que gustar. Si gustarnos depende de la aprobación de los demás, somos carne de cañón a nivel afectivo”, subraya.

Como fundador de Saber Competir, empresa enfocada en la psicología aplicada al fútbol referente en su sector, Carrascosa ha trabajado con muchos deportistas profesionales y conoce de cerca esta problemática. “Quien se expone mucho tiene el riesgo de que le den mucha cera. Imagínate un deportista de nivel, buscas la aceptación, estás pendiente de tus seguidores… y te escribe uno diciendo que ojalá te rompas las dos piernas”, relata con un ejemplo real. No son pocos los casos de deportistas de élite que han tenido que alejarse de las redes por sentir que estas ponían en riesgo su salud mental. Por ejemplo, el de la nadadora argentina Delfina Pignatiello, que recibió numerosos ataques tras sus malos resultados en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020. “La gente es muy cruel y por más que ignore quiero cuidar mi salud mental”, escribió la atleta antes de borrar sus cuentas de Twitter, Youtube y Twitch.

Pero las agresiones digitales no son el único problema. “Los deportes de alto rendimiento están evolucionando a una exigencia emocional cada vez mayor. Imagínate a Carlos Alcaraz, tiene que jugar rápido, decidir antes de recibir la bola… todo eso es emocional. Jugar hacia delante, ser atrevido, pero sobre todo lograr un nivel de concentración máximo”, detalla Carrascosa. Para ello, continúa, “el deportista necesita prepararse antes del entrenamiento y la competición a nivel mental y emocional. Necesita unos minutos previos para ir entrando en la tarea, es un requisito previo del rendimiento óptimo”. En cambio, “la dispersión te hace llegar no preparado”, recalca. “Se produce un consumo de energía cognitiva, que tiene que ver con los pensamientos; te resta energía mental y luego te hace estar más desenfocado en la tarea, menos preciso. En fútbol, lo llaman ‘tener menos chispa’”.

Carrascosa alude así al concepto de foco atencional, que equipara al haz de luz que proyecta en la oscuridad el casco de un minero. “La atención sería como una linterna. Es limitada y, por tanto, tiene que ser selectiva”, explica. “Un jugador de fútbol se pone en el terreno de juego y los ojos proyectan un foco que se mueve acompañando a la situación de juego”. Pero, prosigue el psicólogo, “cuando tienes mucha estimulación, como dice la gente joven, ‘se empana uno’. Es la información nítida, bien enfocada, la que procesa el cerebro. Cuando uno se desenfoca porque piensa en otra cosa, el cerebro deja de procesar la información de la tarea”. Por ello, Carrascosa considera que en el deporte es fundamental el entrenamiento atencional. “¿Sabes lo que más rompe el foco en un deportista?”, pregunta. “El diálogo interno, pensar. Eso te saca de la tarea. Cuando uno está muy estimulado por las tecnologías y el foco está acostumbrado a picar de flor en flor, no sabes someter el foco. En una situación de mucha exigencia atencional, no estás preparado”, remata el experto.

Además, esa desatención nos impide alcanzar el estado de flow (flujo, en inglés), observa Carrascosa. Desarrollado por el psicólogo húngaroestadounidense Mihály Csíkszentmihályi (1934 - 2021), ese concepto científico hace referencia al logro de una concentración absoluta en la actividad o situación en la que una persona se encuentra, lo que nos hace más felices. “El estado de flow te permite estar con los cinco sentidos en lo que estás haciendo, hasta el extremo de que, como la atención es limitada y selectiva, te olvidas hasta de ti mismo y la tarea te lleva. Ahí nos acercamos a la excelencia, que es la mejor realización dentro de la preparación que uno tiene.”

¿Y qué ocurre con los simples mortales, fuera del monte Olimpo? Quien acuda con regularidad a un gimnasio conoce lo habitual que resulta ver cabezas agachadas buceando en WhatsApp, TikTok o Instagram entre serie y serie de máquinas o a corredores jadeando en la cinta mientras ven el último episodio de su serie favorita. Incluso hay quien es capaz de hacer abdominales, planchas o flexiones y mantener una conversación por el móvil, lo que no deja de tener su mérito.

“Desde la psicología científica, vinculamos rendimiento y salud”, apunta Carrascosa. “Si haces deporte amateur, como salir a correr, al ser capaz de focalizar la atención en lo que estás haciendo y vivirlo con los cinco sentidos, obtienes un mayor disfrute. A la vez, todas tus preocupaciones se paran, la cabeza se limpia. La actividad física se convierte en una válvula de escape que te ayuda a gestionar el estrés del día a día”. Pero ese vapor a presión no se libera si vives conectado 24 horas con tus responsabilidades, agrega. “Sales a correr, pero estás en tus preocupaciones; haces un esfuerzo físico, pero tu mente no se relaja”.

Cabe recordar que, aunque no lo consultemos, un móvil cerca distrae “incluso si está apagado o dado la vuelta”, como explicaba hace poco el psiquiatra de Harvard Robert Waldinger. “A veces el uso del móvil se convierte en un tic”, señala Carrascosa. “Uno vive pendiente con el rabillo del ojo de si entra algo en el teléfono. Si luego tienes que abordar una tarea muy exigente a nivel atencional, no estás preparado”. Además, “estar con la atención puesta en otra cosa mientras estás haciendo trabajo físico, aumenta la probabilidad de lesión”, añade. Y para quienes realizan ejercicio por obligación, este psicólogo tiene un consejo. “Les invitaría a que descubriesen que poner los cinco sentidos en lo que estás haciendo en el gym, sentir el esfuerzo y disfrutar de él es muy gratificante. Pero ese paso lo tienes que dar desde una actitud de ‘voy y desconecto con mi vida y hago algo que me va a ayudar a sentirme bien’. No simplemente a una exigencia física, sino también emocional”.

11 agosto 2022

SEMIÓTICA DE UNA IMAGEN: Los adoradores



SE LEE EN 1 MINUTO
Los adoradores salen a las calles de nuestras ciudades para arropar a sus ídolos o celebrar un título tras otro. Los adoradores piensan que sus clubes deportivos son la auténtica marca España, que el negocio de empresas futbolísticas privadas debería ser subvencionado con fondos públicos, como el cine patrio, dicen, cuando olvidan que la mano de obra, o, en este caso, el pie de obra, es mayormente de origen extranjero. Idolatran a unos deportistas multimillonarios (y, a menudo, endiosados) con sueldos obscenos. Los fanáticos del balompié, protagonistas de la Futbolización que nos rodea, oficiantes de esta liturgia pagana, viven su pasión como una experiencia religiosa.

Para satisfacer a los adoradores, la televisión pública abre los Telediarios de máxima audiencia emitiendo un minuto de titulares deportivos (como anticipo a una extensa cobertura al final de cada noticiario), concediéndoles el mismo rango que cualquier otra noticia de relevancia nacional o internacional, porque el fútbol, como dijo aquél, se ha convertido en España en un asunto de Estado. Incluso las cadenas de radio privadas interrumpen la programación habitual para retransmitir encuentros. El fútbol genera la mayor audiencia y el Marca sigue siendo el periódico de mayor tirada.

Definitivamente, visto lo visto, los éxitos deportivos de una excepcional generación de futbolistas se les han subido a la cabeza a muchos compatriotas, los adoradores y las adoratrices del becerro de oro de nuestro tiempo.• cmg2016

05 junio 2021

Andalucía, pasión por las vías verdes


El ciclista Eddy Merckx dijo una vez que en la vida hay que pedalear siempre. “Mucho o poco, largo o corto, pero pedalea”, cuentan que afirmó el belga, mito del ciclismo. No dijo dónde, pero hay un lugar que aúna desiertos y valles, altas montañas y suaves costas, pueblos de perfiles imposibles y paisajes infinitos. Es Andalucía. La comunidad cuenta con 600 kilómetros de vías verdes —el 20% de toda España— repartidos en 26 rutas por sus provincias. Recorridos cicloturistas que aprovechan antiguas líneas de ferrocarril para adentrarse, suavemente y sin apenas desnivel, en rincones a priori impenetrables. Ya no hay traviesas ni balasto, pero sí un sugerente patrimonio ferroviario, mucha historia y una desbordante naturaleza. Aptas para todas las edades, no forman parte de ninguna competición, ni hay metas volantes o un esprín final. Son, en cambio, una llamada a la acción para conocer el territorio con la satisfacción que otorga el esfuerzo de cada pedalada.

Vagones en la antigua estación de Luque, una de las paradas del tramo cordobés de la Vía Verde del Aceite.ampliar foto
Vagones en la antigua estación de Luque, una de las paradas del tramo cordobés de la Vía Verde del Aceite. P. PUENTES

“Tienen la magia de los viajes en tren, de pasar por túneles y viaductos y atravesar lugares a los que no se llega por carretera”, dice Carmen Aycart, quien, además de usuaria, ha trabajado en el diseño de la red de vías verdes andaluzas durante dos décadas. El cicloturismo es una actividad al alza en los últimos años que ha explotado en tiempos de pandemia porque reúne los ingredientes que pide el contexto: aire libre, actividad física, naturaleza y distancia social. “Una vez las conoces, son adictivas”, advierte Aycart. Recorrer cualquier vía verde siempre es un buen plan, pero nos adentramos en tres de ellas en uno de sus mejores momentos, la primavera, para llevar a cabo la máxima de Merckx. Si estos caminos hubiesen existido en su etapa profesional, quizá el cinco veces campeón del Tour cambiase alguno de sus triunfos por saborear con calma Andalucía. Seguro que daría un último consejo preventivo: mejor echar un kit de repuestos. Un día brillante y soleado se puede convertir en gris en un instante si un pinchazo se cruza en el camino y no hay forma de arreglarlo.


 

Vía Verde del Aceite

La ruta más larga de Andalucía discurre de Este a Oeste (o viceversa) uniendo las localidades de Jaén y Puente Genil (Córdoba) por donde los trenes circularon hasta los años ochenta. Son 120 kilómetros de un recorrido que viaja por la campiña cordobesa y el océano de olivos jiennense, escenarios separados por un imponente viaducto metálico de 200 metros de largo que salva el río Guadajoz.

LECTURAS ANTES DE PONERSE EN MARCHA

Las vías verdes nacieron en 1993 con el impulso de la Fundación de Ferrocarriles Españoles. En la última década, según su responsable, Arantxa Hernández, han crecido a una media de 110 kilómetros anuales. La manera más fácil de preparar un viaje por cualquiera de ellas es a través de los dos volúmenes de La guía de las vías verdes, publicados a principios de este año por la fundación y editados por Anaya Touring. Dos manuales —uno para la zona sur, centro y levante, y otro para toda la zona norte— con consejos y una detallada descripción de cada recorrido, los servicios que ofrecen —fuentes, alojamientos o teléfonos de talleres— y las visitas que no hay que perderse. La aplicación Vías Verdes y Red Natura 2000 completa la información.

A quien le falte motivación para pedalear puede echar un vistazo a otra novedad de la misma editorial: Bike Life. Sus protagonistas son Belén Castelló y Tristan Bogaard, quienes firman el texto y las fotos de sus viajes por medio mundo. Desde Asia Central o EE UU hasta Grazalema, Portugal o Noruega, sus palabras e imágenes son un canto al ciclismo aficionado y a lo que significa viajar en bicicleta. “Sobre la bici adoptarás un enfoque distinto a la hora de priorizar lo más importante en tu vida y aprenderás lo que no se puede encontrar en ningún libro”, afirma el prólogo.

Si la distancia es excesiva para principiantes, uno de sus tramos más interesantes es el que acaricia el parque natural de las Sierras Subbéticas: 23 kilómetros entre la antigua estación de trenes de Cabra y la de Luque, pasando por Zuheros y Doña Mencía. “Es una de las zonas más pintorescas, más bonitas y que más paradas de calidad ofrece durante el camino a ciclistas y senderistas”, afirma María Camacho. Ella es la gerente del Centro Cicloturista Subbética, espacio que nació en 2013 para ofrecer información del patrimonio cultural y el entorno natural, pero también para alquilar bicicletas o vehículos a pedales para familias. Su equipo ofrece ayuda y herramientas para solucionar cualquier problema mecánico e incluso ejercen de guías por la vía verde.

En la provincia de Córdoba no se bromea con los desayunos y media tostada es un pan de considerables dimensiones. En la cafetería Juanito, en Cabra, le añaden aceite local, jamón de los Pedroches y delicioso tomate. Un rico menú mañanero a dos euros que incluye un buen café a un paso de la estación de trenes, ahora en obras, pero con una reluciente locomotora que parece sacada de un wéstern. De allí parte el camino que asciende ligeramente entre colinas y un manto de flores mientras los lagartos ocelados miran con curiosidad desde las rocas. El trazado se adentra lentamente en una gran dehesa donde pastan con distracción rebaños de ovejas que saludan con balidos. Puentes que salvan arroyos se alternan con túneles como el del Plantío, sin iluminación y que conviene atravesar con linterna para evitar sustos. Poco a poco, el desnivel se vuelve favorable al entrar, unos 15 kilómetros después, en el término municipal de Doña Mencía, en cuyos andenes en desuso se ubica el restaurante La Cantina, con aroma a barbacoa.

Una de las pasarelas que ascienden al castillo de Zuheros, en Córdoba.ampliar foto
Una de las pasarelas que ascienden al castillo de Zuheros, en Córdoba. P. PUENTES

Tras un tranquilo descenso de unos tres kilómetros aparece en el horizonte, agarrado a las paredes esculpidas por el río Bailón, el castillo de Zuheros. Para alcanzarlo toca realizar un pequeño desvío por pendientes solo aptas para pulmones entrenados. Con humildad, merece la pena aparcar la bici, pasear a pie el coqueto parque que rodea el municipio y cruzar el puente colgante sobre la falda de la fortaleza. Levantada en el siglo IX y remozada en el XV, se puede visitar. Unas estrechas escaleras conquistan su torre, donde hay un regalo esperando: una panorámica del pueblo y la campiña cordobesa no muy recomendable para quienes sufren vértigo. La entrada (3,5 euros) da acceso al museo de costumbres populares. También al arqueológico, en cuyas vitrinas se reparten un buen puñado de objetos y restos humanos procedentes de la cueva de los Murciélagos, habitada desde hace 6.000 años por las numerosas culturas que han dominado estas tierras fronterizas. Ventanas de forja y macetas con geranios adornan el considerado como uno de los pueblos más bonitos de España, tan tranquilo entre semana como bullicioso sábados y domingos.

Desde Zuheros, la Vía Verde del Aceite se dirige hacia la estación de Luque, donde el restaurante Nicol’s ofrece habitaciones y un menú dominado por carnes, salmorejo y migas, que se sirven también en vagones de madera. A su lado se levanta el Centro de Interpretación del Aceite y un área recreativa con buena sombra y espacio para caravanas. Ahí nace el ramal ciclista que se dirige hacia Baena y, un poco más adelante, una tranquila carretera invita a subir hasta Luque. Son apenas dos kilómetros, pero sus cuestas de hasta el 13% de inclinación piden tirar de piñones y riñones. La entrada al pueblo también pica hacia arriba, con llegada en la plaza de España, donde hay una fuente para refrescarse. La enorme parroquia de La Asunción impresiona, como un poco más allá la cueva de la Encantada y la ermita del Rosario. El colofón lo pone el castillo, construido en el siglo IX por el Emirato Omeya hasta que, décadas después, lo tomó el rebelde Omar ben Hafsún. A sus pies, un minúsculo barecillo ofrece el merecido descanso. El albergue municipal de Luque ofrece camas para descansar si hay planes de navegar entre olivos más allá del río Guadajoz.

Vía Verde de la Sierra

El buitre leonado tiene una envergadura que puede superar los dos metros y medio. Sus alas abiertas superan el tamaño de cualquiera de las bicis que transitan la Vía Verde de la Sierra, donde este animal es la estrella. Son 36 kilómetros que unen las poblaciones gaditanas de Puerto Serrano y Olvera, aunque se estudia su ampliación hasta Jerez de la Frontera. Entre medias, se adentra en territorio sevillano por los municipios de CoripeEl Coronil y Montellano. La campiña, la dehesa y las últimas estribaciones de Grazalema se unen en este rincón del territorio andaluz para ofrecer uno de los trayectos más atractivos de la región. Lo demuestran sus cifras prepandemia: más de 300.000 visitas anuales entre ciclistas y senderistas. También peregrinos, ya que parte del trayecto coincide con la Vía Serrana, camino de Santiago de Compostela, que queda a un millar de kilómetros de distancia.

El castillo de Olvera, una de las visitas durante la ruta de la Vía Verde de la Sierra.ampliar foto
El castillo de Olvera, una de las visitas durante la ruta de la Vía Verde de la Sierra. P. PUENTES

Esta vía verde fue una de las primeras en inaugurarse en España, hace 20 años. Incluye cuatro estaciones —cada una con su fuente— que nunca fueron utilizadas porque el tren jamás llegó a circular por esta línea. Hoy están rehabilitadas como restaurantes, que abren los fines de semana y disponen de habitaciones y apartamentos turísticos. Los más singulares son los de Olvera, con cuatro casas en forma de vagón. También hay aparcamientos para caravanas y un servicio de alquiler de bicicletas.

Es buena idea arrancar el camino desde la estación de Puerto Serrano, en cuya antigua casa del guarda se sitúan las instalaciones de la Fundación Vía Verde de la Sierra. Como en todas estas rutas, el recorrido es poco exigente y cuenta con buen mantenimiento. En sus primeros kilómetros se acompaña del río Guadalporcún, que refresca el ambiente. Con su rumor de fondo, las perdices alzan el vuelo, los conejos se esconden entre la maleza y las culebras bastardas se asoman al sol en busca de calor. El trayecto es prácticamente llano, pero la compleja orografía exigió en su día la construcción de 30 túneles, el más largo de casi un kilómetro. La mayoría están iluminados, pero es buena idea hacer hueco para un juego de luces porque hay tramos prácticamente a oscuras. En ellos a uno le reciben las golondrinas que, pacientes, construyen allí sus nidos. Cuatro viaductos ofrecen estupendas panorámicas durante el camino. “No hay rincón sin su encanto en todo el trayecto”, dice María Jiménez, directora gerente de la fundación.

Ciclistas en el llamado túnel de Castellar, de 68 metros de largo, ubicado en la Vía Verde de la Sierra (Cádiz).ampliar foto
Ciclistas en el llamado túnel de Castellar, de 68 metros de largo, ubicado en la Vía Verde de la Sierra (Cádiz). P. PUENTES

Unos prismáticos ayudan a cotillear la vida de los buitres leonados allá en lo alto del peñón de Zaframagón, que acoge una de las colonias más grandes de Europa de esta especie. Despunta junto al cañón moldeado por el Guadalporcún casi a mitad de camino de la vía verde. A su alrededor, las aves vuelan en círculos con exquisita elegancia. En la tierra, la vieja estación de Zaframagón es ahora un centro de interpretación donde se pueden observar más de cerca sus nidos gracias a unas cámaras estratégicamente situadas. Una fuente permite rellenar el bidón, aunque a pocos metros una cantina ofrece cerveza fría para brindar. Antes, cerca de la estación de Coripe, hay un desvío de 800 metros hacia el Chaparro de la Vega, portentoso árbol con al menos dos siglos de vida —hay quien dice que son más de 700 años viendo pasar el tiempo— y una copa que cubre casi 500 metros cuadrados, lo que ha valido su declaración como monumento natural. Es la estrella de un área recreativa que ejerce de epicentro de las fiestas del pueblo y es el gran objetivo de los domingueros en festivo. De lunes a viernes, es un remanso de paz para quienes toman el sol junto a sus caravanas.

De nuevo en ruta, el camino se suaviza entre dehesas desde las que miran con soberbia ejemplares de toro bravo. “Atención, peligrosos”, avisan los carteles. Mientras se atraviesan granjas y vaquerías, las amapolas tiñen de rojo los verdes trigales. El azul eléctrico de las borrajas y el amarillo de las gayombas completan el espectáculo multicolor dirección a Olvera, cuyo perfil aparece en la recta final flotando en el horizonte. Este último tramo es el más desnivelado, pero apenas son pequeñas pendientes que cuentan con la ayuda de un suelo de asfalto con tintes bermejos. Toca entonces merodear por el barrio de la villa, tomar el castillo que parece construido para tocar el cielo y dejarse caer por las cuestas aledañas hasta cualquier bar donde reponer fuerzas. La cervecería Los Arbolitos o El Corral de la Pacheca son aciertos seguros.

Vía Verde de la Sierra Norte

Geoparque mundial de la Unesco, reserva de la biosfera y parque natural. La Sierra Norte de Sevilla acumula argumentos para visitarla en cualquier época del año. Una vía verde de poco más de 18 kilómetros —la mayoría de asfalto— invita a adentrarse en el entorno sobre dos ruedas aprovechando el trazado del antiguo tren minero, construido por empresas británicas a finales del siglo XIX y abandonado desde los años setenta. La estación de Cazalla-Constantina, con conexión de Cercanías con Sevilla, es el punto de partida de un camino que tiene como destino el monumento natural Cerro del Hierro y que circula en buena parte junto al río Huéznar. Su humedad favorece que el entorno parezca sacado de otras latitudes, con castañares que comparten paisaje con grandes extensiones de tierras de labor y encinares. Junto a viejas norias que aprovechaban la fuerza del agua, una galería vegetal envuelve los puentes que salvan el río, más densa junto a sus cascadas. Declaradas monumento natural, son parada obligatoria cerca ya de San Nicolás del Puerto, cuya playa artificial es toda una experiencia. Allí mismo, el camping Batán de las Monjas ofrece desde hace tres décadas rincones privilegiados para acampar a orillas del Huéznar. Dispone también de alojamientos rurales y un restaurante con carnes ibéricas. “La vía verde nos ha ayudado mucho: cada vez viene más gente”, subraya Ana Cabeza, una de sus responsables.

Vista del monumento natural Cerro del Hierro (Sevilla).ampliar foto
Vista del monumento natural Cerro del Hierro (Sevilla). P. PUENTES

La huella de la minería se va haciendo más evidente a medida que el camino —casi siempre de asfalto y sin apenas cobertura para el móvil— se aleja del río. Ruinas de antiguas instalaciones, maquinaria, galerías y viviendas de tipo colonial van apareciendo en el paisaje. Más allá surgen formaciones kársticas de contornos imposibles que hace un tiempo, unos 500 millones de años, se encontraban bajo el mar. El Cerro del Hierro, donde existe un edificio de información junto al punto final de la ruta, ofrece una caminata final de 2,7 kilómetros —de la que existe un aperitivo virtual— para descubrir el entorno: ya sea la aldea y su vieja iglesia anglicana o el yacimiento, explotado desde época romana hasta el pasado siglo XX. De él procede, por ejemplo, el metal que sirvió para construir el puente de Triana, en Sevilla.

Finalmente, toca subir de nuevo a la bici y pedalear de vuelta. Quizá para convencerse de que viajar en bicicleta es una experiencia única. No hay más que ponerse un casco, llenar el bidón de agua y pedalear por cualquiera de las vías verdes de Andalucía. ¿Cuál será la próxima?

DEL DESIERTO DE ALMERÍA A LAS PLAYAS DE HUELVA

Los desiertos de Almería ponen el paisaje de la vía verde que une Lucainena de las Torres con la localidad de Venta del Pobre, en Níjar, camino ya del parque natural Cabo de Gata. Allí, en Aguamarga, tendrá pronto su final esta ruta, pero mientras tanto hay que conformarse con estos 15,5 kilómetros sobre el trazado del viejo ferrocarril minero. La huella de la minería está presente a lo largo del recorrido, en el que también hay antiguos molinos, hornos y baños termales.

Cerca, la Vía Verde Valle del Almanzora (38,5 kilómetros) se adentra en la provincia de Granada hacia Baza e incluso supera los límites regionales hasta las cercanías de la localidad murciana de Lorca.

El horizonte se vuelve azul en la Vía Verde Entre Ríos, en Cádiz. Son 16 kilómetros entre Rota y Chipiona cerca del mar, como ocurre en los 8,3 kilómetros de recorrido desde Puerto Real a San Fernando, con sabor a marisma.

También cerca del Atlántico pasea la Vía Verde Molinos del Agua, que aprovecha el trayecto del antiguo tren minero desde la campiña a la serranía de Huelva. No muy lejos se puede viajar desde Gibraleón hasta Ayamonte, junto a la frontera portuguesa.

Hay 26 opciones en una Andalucía donde todas las provincias cuentan con vías verdes a excepción de Málaga, aunque ahí se trabaja ya para la creación de un tramo entre Vélez-Málaga y Ventas de Zafarraya.