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17 diciembre 2025

Merina Gris y Gorka Urbizu incendian el presente con su canción 'Tesla Bat Sutan'


Por Paula Etxeberria Cayuela, Diario de Navarra, 19/09/25

Después del éxito de su segundo LP, Zuloa, y de posicionarse como la banda más influyente de Euskal Herria el pasado año, los donostiarras Merina Gris regresan con un nuevo singleTesla Bat Sutan (Un Tesla en llamas), grabado además, en colaboración con Gorka Urbizu (Berri Txarrak).

"El encuentro entre ambas partes, símbolo de unión entre el pasado y el presente de la música vasca (inherentemente revolucionaria), cristaliza en una canción que retrata un mundo capitalista, voraz y decadente, y al mismo tiempo refleja la vulnerabilidad de quienes lo habitan", informan desde Airaka Music.

Un espejo en el que la banda se mira con rabia, desamparo y un extraño deseo de ver arder todo lo que se da por seguro.

La letra de Tesla Bat Sutan entrelaza imágenes de vacío emocional, insensibilidad y soledad con guiños directos a Berri Txarrak.

Más de veinte años después de haber escrito Libre (incluida en su álbum homónimo de 2003), la letra de Urbizu en la que cantaba "Zuen kaiola erraldoietan dena eros daiteke" (“en vuestras jaulas gigantes todo se puede comprar”) cobra más sentido que nunca, y el nuevo single de la banda es un pequeño homenaje a los álbumes más radicales del trío vasco.

"Para Merina Gris, trabajar junto a él no es solo un gesto musical: es la materialización de un sueño adolescente, el cruce con una voz que ha atravesado generaciones y que ahora encuentra en el pop violento del trío un territorio común", destacan desde Airaka Music.

Por ello, el Tesla del título no es casual. Es el emblema de un progreso tecnológico que promete un futuro brillante, pero que en realidad dibuja un mañana oscuro, incierto, y quizás terminal.

Durante el proceso de composición, el apagón general que mantuvo España a oscuras durante 24 horas selló la metáfora: incluso la electricidad, motor de esa modernidad, puede desaparecer de golpe. Así nació el verso que articula la canción: “y tú, cuando se apaguen las luces… ¿dónde te esconderás?”

Fieles a su estética de claroscuros, Merina Gris no rehúyen el vértigo de esas imágenes. La canción crece como un cóctel de emociones negativas que, sin embargo, contiene un atisbo de esperanza. Una esperanza que ellos mismos califican de ilusa, pero que sigue latiendo como único refugio en medio de la tormenta. Así, en “Tesla Bat Sutan” conviven la crudeza política, la distorsión emocional y la belleza visceral.

Es el testimonio de un presente que se desmorona, pero también la constatación de que, incluso en medio de la ruina, la esperanza es lo único que nos mantiene vivos.

22 julio 2025

El Festival de Eurovisión como espacio de homosocialización

Por CARLOS MARTÍN GAEBLER

Muchos se preguntan/nos preguntamos dónde reside la fascinación que el Festival de Eurovisión ejerce sobre una gran mayoría del colectivo LGTB, un fenómeno cultural a debate, especialmente en la sociedad gay, sobre el que merece la pena reflexionar y aportar algunas claves.

Se trata de un evento simpático, banal, emocionante, hiperbólico a ratos, como lo puede ser un partido de fútbol para los heteros, que es la excusa perfecta para echar unas risas y pasarlo bomba con un grupo de amigos en casa de alguno de ellos; en definitiva, un espacio doméstico de homosocialización cara a cara. En este sentido, ambas experiencias comparten un formato similar de visualización: una quedada en torno a una pantalla de televisión, con libertad para interactuar con los demás en tiempo real y hacer comentarios apasionados en voz alta, tumbados en un sofá saboreando unas birras fresquitas y picando delicias varias. Es más, ambos eventos televisados destacan por el elemento nacionalista/identitario que evidencian las banderitas de los países favoritos que adornan la sala o las bufandas al cuello del equipo o selección a la que animar.

Este ambiente de euforia está lejos del contexto propio de cualquier evento de lo que se conoce como la alta cultura (una obra de teatro, un concierto en una sala sinfónica, una película en una sala de cine, un ballet, etc.), cuando el espectador permanece sentado en una butaca de pago, en silencio contemplativo, con el móvil silenciado, en una sala a oscuras e insonorizada, sin interactuar con los demás asistentes hasta el intermedio o hasta después de la función. 

En cada festival eurovisivo se suceden canciones o actuaciones memorables, estrambóticas o simplemente monótonas acompañadas de un alarde de espectaculares escenografías semi operísticas y coreografías electrónicas casi circenses. Una estética a menudo afectada, reminiscente de la estética drag o transformista de, por ejemplo, el Carnaval de Tenerife. 

Que a lo largo de los años hayan triunfado o participado en Eurovisión artistas trans (como la israelí Dana), travestidos (como la austriaca Conchita Wurst), no binarios (como el suizo Nemo), o abiertamente gays (como el italiano Marco Mengoni, éste blandiendo la bandera arcoíris en el escenario) constituye obviamente un atractivo por su carácter reivindicativo, pues ayuda a extender (a veces vía televoto) la lucha por los derechos humanos de las personas LGTB, perseguidas aún, no lo olvidemos, en muchas partes del mundo (incluso en países de la UE que participan en el certamen, léase Hungría), a muchos rincones del planeta donde la homofobia está institucionalizada desde el aparato del Estado.

El gran cortometrajista canario Roberto Pérez Toledo logró alumbrar un corto hilarante, “Eurofán,” sobre la adicción a la que puede llegar un fanático de Eurovisión cualquiera, una ficción que recomiendo ver y que puede encontrarse en su sitio póstumo @mividarueda, que ofrece, en abierto, toda su obra humanista en torno a la ternura y a las relaciones personales.

Por otro lado, puede que los gays fanáticos del festival de la Unión Europea de Radiodifusión sientan que el hecho de que un evento tan marica suscite también el interés de una audiencia millonaria y un público mayoritariamente hetero es un elemento de orgullo y/o satisfacción. 

De broma suelo decir que los gays disidentes que no formamos parte de esta hinchada eurovisiva debemos tener el gen marica atrofiado, jaja, pero es indudable que este fenómeno televisivo, asentado en melodías comerciales, es parte consustancial de la cultura popular de nuestro tiempo. Sea como fuere, reunirse para disfrutar de un espectáculo global, polémico donde los haya (ya se organizan boicots por la participación del Israel mientras este Estado sigue masacrando al pueblo palestino en Gaza) y para todos los gustos, es una oportunidad única de hacer vida social sin pantallas de móviles de por medio. cmg2025 

Publicado en elDiario.es el 22 de julio de 2025

04 julio 2025

“La puta cámara grabando el concierto todo el puto rato”

Bunbury para un concierto por el uso del móvil de un fan: “La puta cámara grabando todo el puto rato.”

21 abril 2025

La Movida madrileña de los años ochenta

Por CARLOS MARTÍN GAEBLER

La restauración de la democracia en España tras las elecciones generales de 1977 trajo consigo profundas transformaciones sociales. Las libertades reconquistadas se hicieron notar especialmente en el mundo artístico. Así, al comenzar la década de los 80, se iba a iniciar un auténtico renacimiento cultural que se extendería a lo largo y ancho de la geografía española, pero cuyo epicentro sería la ciudad de Madrid. Estaba naciendo lo que más tarde, y con el paso del tiempo, se conocería como la Movida madrileña (con M mayúscula). Artistas provenientes de diversas disciplinas coincidieron en el tiempo y en el espacio e hicieron de la capital del Reino una de las ciudades culturalmente más efervescentes de Europa.

Esta generación de creadores, que se caracterizó principalmente por un desenfadado espíritu hedonista y una actitud abiertamente contestataria, abarcó desde cineastas, rockeros y cantantes hasta pintores, fotógrafos y diseñadores. Sin quizás proponérselo conscientemente, estos jóvenes iban a cambiar profundamente la imagen típica y tópica que España, aún por esas fechas, proyectaba hacia el exterior para sustituirla por la de una sociedad emergente, enormemente creativa e innovadora, y con mucho que aportar al patrimonio cultural de la Europa de finales del siglo XX.


La Movida estuvo protagonizada, entre otros, por cineastas como Pedro Almodóvar, cuyas películas Laberinto de pasiones o La ley del deseo retratan el espíritu hedonista y libre de esos años; por grupos de pop-rock, como Radio Futura, Gabinete Caligari, Alaska y los Pegamoides, Los Secretos, Nacha Pop, los gallegos Golpes Bajos o los barceloneses Loquillo y los Trogloditas; por artistas plásticos, como Ceesepe, Oscar Mariné, o los gaditanos Costus; por fotógrafos, como Alberto García AlixOuka Leele o Miguel Trillo, quien plasmó las mejores instantáneas de los músicos de la Movida y de su público; por revistas, como La luna de Madrid; salas de conciertos como la mítica Rock-Ola; por ferias internacionales de arte contemporáneo, como la madrileña ARCO; o era difundida por programas de televisión, como el legendario La edad de oro de Paloma Chamorro en La 2, o de radio, como el Diario pop dirigido por Jesús Ordovás en Radio 3. 


Todos estos creadores y escenarios produjeron una generación cultural equiparable en importancia a la Generación de 1927. Si ésta fue primordialmente un movimiento poético y literario, la Movida fue eminentemente audiovisual y mediática. Los medios de comunicación propagaron el espíritu de la Movida por todo el país hasta hacerlo extensivo a toda una generación de jóvenes españoles que accedieron a las libertades bailando a sus ritmos, cantando sus letras, leyendo sus textos, luciendo su moda y sus peinados, o identificándose con sus películas. Para mi generación, los ochenta representaron, lisa y llanamente, la alegría de vivir.

Hoy en día, y con la obligada perspectiva histórica, se puede afirmar que la Movida madrileña de los 80 y la Generación poética del 27 representan los momentos de mayor lucidez creativa del siglo XX español, y son la gran aportación de la modernidad española a la cultura occidental. cmg1998

15 febrero 2025

L'estaca (subtitulada en castellano)

La canción L'estaca, del cantautor catalán Lluís Llach, es un himno de resistencia y esperanza que ha trascendido su contexto original. Escrita en 1968, durante la dictadura de Franco en España, la letra utiliza la metáfora de una estaca a la que todos están atados para representar la opresión y la lucha por la libertad. El abuelo Siset, personaje central de la canción, dialoga con el narrador, instándole a unirse al esfuerzo colectivo para derribar la estaca, símbolo de la represión. La repetición del estribillo 'Si estirem tots, ella caurà' ('Si tiramos todos, ella caerá') refuerza la idea de que la unión hace la fuerza y que la persistencia es clave para superar la adversidad.

A pesar del paso del tiempo y del desgaste físico que representa el esfuerzo constante, la canción transmite un mensaje de resistencia inquebrantable. La estaca, aunque podrida y a punto de caer, sigue en pie debido al peso de la opresión, simbolizada en la dificultad de Siset para mantener la lucha. La canción termina con una nota de continuidad generacional, donde el narrador, a pesar de la ausencia del abuelo Siset, sigue cantando y transmitiendo el mensaje de resistencia a las nuevas generaciones que pasan por el portal.

L'estaca se ha convertido en un símbolo de lucha y esperanza en diversos contextos, no solo en Cataluña o en España, sino en todo el mundo, y forma ya parte de nuestra memoria democrática. La canción ha sido adaptada y cantada en múltiples idiomas y situaciones, convirtiéndose en un himno universal de la lucha contra la opresión y la búsqueda de la libertad. La obra de Llach, con su estilo musical que combina elementos del folk, la canción de autor y la música mediterránea, sigue inspirando a quienes buscan un mundo más justo y libre.

Palau dels Esports de Barcelona, 1976

04 febrero 2025

arte.tv

El prestigioso canal franco-alemán ARTE, dedicado desde 1991 a promover y difundir cine de calidad, ha lanzado recientemente el sitio
arte.tv, una plataforma de streaming europea en abierto y sin necesidad de registrarse o suscribirse, que ofrece documentales excepcionales narrados en francés o en alemán, con subtítulos en diversos idiomas [cliquear en pestaña Versión] y cortometrajes, que hacen llegar la cultura, de forma gratuita, a todos los rincones del mundo. También es un recurso didáctico formidable para quienes quieren mejorar su francés o su alemán.
Entre el vasto catálogo de arte.tv, recomiendo el documental Breaking Social, un ambicioso proyecto del cineasta sueco Frederik Gretten, filmado en 2023 entre Chile, París, Malta, West Virginia, Países Bajos, Surrey, y Nueva York. Está producido entre Noruega, Suecia, Finlandia y los Países Bajos, y ha contado con el apoyo del programa Creative Media de la UE.  
Todas las sociedades se basan en la idea de un contrato social. Se nos dice que si trabajamos afanosamente, si tratamos a los demás con respeto, si jugamos conforme a las normas, seremos recompensados. Pero después están los rompedores de reglas. Aquellos que utilizan paraísos fiscales y obtienen beneficios sin devolver nada a la sociedad. ¿Podemos permitirnos a los ricos? Breaking Social analiza los patrones globales de cleptocracia y extractivismo. Un periodista de investigación asesinado en Malta. Un río sin agua en Chile. Cuando la gente llega a un punto de inflexión, empiezan a organizarse y a protestar. Vemos a aquellos que ya luchan en los frentes de las revueltas sociales en todo el mundo (como el estallido social chileno). La película explora las posibilidades de superar la injusticia y la corrupción que acechan en cualquier lugar del mundo. 92 min.


28 marzo 2023

La lluvia en Sevilla es una maravilla, pero los paraguas...

La lluvia en Sevilla es una maravilla, pero los paraguas...

Si al Teatro de la Maestranza con paraguas has de llegar, unos sabios consejos le daría sin faltar.

Llegue tranquilo al vestíbulo,

salude educadamente.

Besos, abrazos, bla, bla, bla...

Pero cuando suene la música que el espectáculo suele anunciar,

apresúrese enseguida y encuentre raudo su localidad.

Ahora viene lo más fácil,

se lo digo de verdad.

Por todos los santos del cielo que rodeados de música están,

ponga el paraguas en el suelo tendidito y ya está.

Dispóngase relajado todo enterito a gozar, 

pues está visto y comprobado

que su querido paraguas de ahí no habrá de pasar.

Gracias le doy de antemano,

pues duda no ha de quedar que cumplirá con agrado

todo esto y mucho más.

Mire que estoy respaldada y represento a muchos, muchísimos más,

tantos que algunos ilustres, como Beethoven y Brahms,

me inspiraron este desesperado compás.

Deje el paraguas en el suelo

que nada le ha de pasar.

Me despido con cariño, confiada, una vez más,

en que el sentido común y la buena voluntad

deben siempre triunfar.

Melómana y sufridora

a sus pies rendida está.

Y en el próximo concierto,

¡todo el mundo a disfrutar!


REYES LÓPEZ HERNÁNDEZ (2000)

25 diciembre 2021

21 abril 2020

Carpe Diem

29 noviembre 2018

Nürnberg Rock Festival 1977

El 3 de septiembre de 1977 asistí a mi primer concierto múltiple y multitudinario 
de rock en Nuremberg, Alemania. Mi bautizo de rock'n rol bajo la lluvia.
Rory Gallagher en concierto en 1978


05 julio 2018

Mujer contra mujer_Las Chillers

21 abril 2017

Suena Guernica_Vetusta Morla


     

        Suena Guernica - Vetusta Morla


26 diciembre 2013

Malos tiempos para la lírica

Por DIEGO A. MANRIQUE

Resulta cruel enterarse de la muerte fulminante de Germán Coppini en la mañana de Navidad, cuando la ciudad luce extrañamente silenciosa. Pero, de alguna perversa manera, también tiene sentido. La carrera de Germán sirve como paradigma de algunas peculiaridades del mundillo musical español: vivió breves años de vino y rosas antes de invisibilizarse, víctima del desinterés de una industria y unos medios que no cuidan el talento.

Los datos son escuetos: Germán Coppini López-Tornos (Santander, 1961) murió en Nochebuena en Madrid, derribado por un cáncer de hígado detectado días antes. Su nombre ha quedado unido a dos de los más potentes grupos surgidos en los años ochenta: la primera versión de Siniestro Total, apoteosis del punk gamberro, y los hondos Golpes Bajos.

Sí, estamos hablando de la denostada Movida. En los últimos tiempos, imperan las opiniones críticas con ese movimiento, reducido por rencorosos revisionistas a una aberración madrileña, supuestamente subvencionada por el PSOE en el poder. Se ha olvidado que la eclosión de los grupos capitalinos provocó inmediatamente la aparición de epígonos en toda la periferia, incluyendo Vigo. Un bendito efecto llamada. Fue un fenómeno nacional y generacional, no una boutade de Alaska y los Pegamoides o un maquiavelismo de Tierno Galván. Y pasó dos o tres años a la intemperie, demostrando voluntad de permanencia y un creciente poder de convocatoria. Como miembro fundador del nocturno Diario Pop de Radio 3, conservo el recuerdo de un precavido Jesús Ordovás que iba racionando las primeras barbaridades de Siniestro Total, que le llegaron en estado de maqueta: sí emitía Ayatola y no pasaba nada, seguía con otro tema aún más crudo. Y hacía bien: como demostraría el caso de las Vulpes, el gobierno de turno podía alardear de “tolerante” pero era muy capaz de dar zarpazos mortales.

Ya en disco de vinilo, Siniestro Total fue un éxito inmediato. Inevitablemente, se topó con el salvajismo nacional: algunos punkis cubrían a los músicos de escupitajos; en Barcelona, un botellazo certero dejó a Coppini con una pierna rota. Eso aceleró la marcha del cantante, que se quejaba de no poder desarrollarse artísticamente en el cuarteto, limitado por su imagen colectiva.

Con Golpes Bajos, Germán demostró la profundidad de su cultura musical y literaria. Le acompañaban unos instrumentistas polivalentes -Teo Cardalda, Luis García, Pablo Novoa- que tejían unos fondos techno-funky entonces inéditos en España. La riqueza emocional y sonora de Golpes Bajos demostró que la llamada movida había permitido la infiltración de talentos inclasificables; también, que había un público que aceptaba música sobria y madura.

En lo que iba a ser una constante, Golpes Bajos apenas duró tres años (1983-1985) y tres discos. Cierto que en 1998 hubo un retorno infeliz: Coppini y Cardalda estuvieron acompañados por músicos ultraprofesionales pero no volvió a surgir la chispa. Grabado a todo lujo, en audio y vídeo, con realización de Juanma Bajo Ulloa, Vivo iba a ser lanzado por una multinacional. No fue así y estuvo a punto de hundir a la discográfica original del grupo, Nuevos Medios.

Se reconocía en Germán a una de las mejores voces de su quinta, aparte de un investigador inteligente, que integraba desde la canción melódica italiana a los ritmos caribeños; también exploró el hip-hop y el dancehall. Pero esa no era una combinación necesariamente vencedora en los años de las vacas gordas, cuando se simplificó la oferta. Coppini fue saltando de proyecto en proyecto, con diferentes socios y compañías. Al lado de Nacho Cano sacó Edición limitada, un EP de tres canciones en Ariola (1986). Ya como solista, editó dos elepés en Hispavox, El ladrón de Bagdad (1987) y Flechas negras (1989). No pasó nada. Aunque tampoco Germán era artista fácil de vender: agonizaba en el proceso creativo.

Ya en los noventa, se vio empujado al underground de las grabaciones poco promocionadas, a veces hechas con escasez de medios. Aparecieron discos bajo su nombre, un proyecto con veteranos (Anónimos) y, ya en el presente siglo, colaboraciones con músicos jóvenes, que habían crecido con su voz cálida y su atormentado universo poético, como Álex Brujas, su cómplice en el dúo Lemuripop, o el grupo sevillano Maga. Un recopilatorio de rarezas como Las canciones del limbo da una idea de la amplitud de sus intereses y su audacia musical.

Tuvo la fortuna de conectar con un fan entusiasta, Pablo Lacárcel, que puso el sello Lemuria Music a su servicio. Allí salió recientemente un álbum del que Coppini se sentía particularmente satisfecho, América herida, con recreaciones rockeras del cancionero hispanoamericano, de Victor Jara a Carlos Puebla. También tenía en marcha un disco con los malagueños de Néctar y ya estaba en fábrica ¿Se enterarán en casa?, con docenas de maquetas pertenecientes a sus grupos vigueses: Coco y los del 1.500, Mari Cruz Soriano y los que Afinan su Piano y, naturalmente, Siniestro Total.

Comprometido políticamente, era frecuente que actuara en actos derivados de causas como los despidos de Telemadrid o las sucesivas mareas en defensa de la educación y la sanidad públicas. Orgullosamente republicano, celebraba cada 14 de abril e incluso se presentó en una lista al Congreso en 2011, como candidato de una coalición de agrupaciones republicanas.

No se mostraba particularmente nostálgico respecto a la movida. Podía defender las canciones de aquella época pero, por ejemplo, se negó a fotografiarse con Julián Hernández o Teo Cardalda para un especial de la revista Rolling Stone. Reconocía que su éxito en los ochenta le permitió terminar con una existencia trashumante, dictada por los traslados profesionales de su padre. Retrataba el Vigo que conoció como una ciudad desoladora, al menos hasta que sucedió aquella eclosión de grupos provocadores que le catapultó a Madrid. Comentaba, eso sí, lo que definía como “liquidaciones grotescas” que le llegaban de la SGAE, a pesar de firmar piezas tan inoxidables como Malos tiempos para la lírica, No mires a los ojos de la gente, Cena recalentada o Fiesta de los maniquíes.

Con todo, nunca se rindió. Cuando no estaba cuidando de su padre enfermo, dedicaba sus nerviosas energías a sus labores artísticas o políticas. Unas molestias le obligaron a internarse en el madrileño hospital Gómez Ulla, donde trabajaba su esposa, Elvira Reig. Allí seguía preocupándose por una próxima actuación en Málaga o los detalles gráficos del siguiente lanzamiento. No llegó a enterarse de que sufría una dolencia mortal. Germán Coppini deja tres hijos y un modelo de compromiso ético y estético. El País

06 enero 2012

Calle 13