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24 octubre 2025

Se llama Festival DE CINE EUROPEO de Sevilla

Por CARLOS MARTÍN GAEBLER 

De la noche a la mañana, el Festival de Cine Europeo de Sevilla ha cambiado su nombre y ha pasado a llamarse simplemente Festival de Sevilla, para sorpresa de cinéfilos, ilustrados y europeístas de pro. Y no solo eso. El acrónimo SEFF, una marca ya incorporada a la nomenclatura cultural de la ciudad y al circuito internacional de festivales, ha desaparecido en esta vigésimo primera edición de toda la cartelería relativa al festival.

El mismo día de la inauguración tuve ocasión de toparme con Manuel Cristobal, director de la presente edición del certamen, en el vestíbulo del hotel Plaza de Armas y de preguntarle sobre esta cuestión, argumentándole que, el festival de cine europeo aporta cada año nueve días de cosmopolitismo y multilingüismo a una ciudad rancia y provinciana como es Sevilla. Le recordé que, mientras que el festival de Málaga está especializado en programar cine español, el de Sevilla tiene vocación de exhibir cine producido en Europa o por europeos, y que ambos festivales se complementan perfectamente. 

Aunque mi interlocutor, que insistía una y otra vez en que le tuteara, decía entender lo legítimo de mi razonamiento, me explicó, poniendo el dedo sobre la portada del programa de mano en la palabra Sevilla, que al nuevo equipo organizador del festival le interesaba, sobre todo, "promocionar la ciudad." Literal. ¿Pretende este Ayuntamiento utilizar el festival de cine para incrementar la turistificación que ya padece la ciudad? ¿Realmente necesita Sevilla más promoción aún? Saque el lector sus conclusiones.

En este punto debo reivindicar a tantos profesores y profesoras que en estos últimos veinte años hemos aprovechado la existencia del Seville European Film Festival (SEFF) y su carácter plurilingüe para promover la afición al cine en versión original entre nuestras alumnas y alumnos de lenguas extranjeras. Esta exposición al multilingüismo no debe caer en saco roto precisamente en una sociedad poco dada a hablar idiomas distintos del castellano. Demos la batalla por que nuestro festival siga mostrando sin complejos ficciones creadas por cineastas europeos o producidas por entidades europeas en cualquier lugar del mundo (el festival, además, está cofinanciado por la UE) para que las podamos visionar y escuchar en el próximo Festival de Cine Europeo de Sevilla 2025. cmg2024



18 agosto 2025

‘Nuestras costumbres’ son aprender a convivir con el otro

Una de las lecciones que se pueden sacar de la historia de Europa es que clasificar a las poblaciones por su etnia, su lengua o su religión siempre lleva a la tragedia.

Por GUILLERMO ALTARES

El País, 17 de agosto de 2025

Uno de los muchos misterios que esconde la prehistoria son las venus, pequeñas esculturas que han aparecido en yacimientos desde los Pirineos hasta Siberia. Se trata de tallas de mujeres desnudas, de apenas unos centímetros, la mayoría de ellas sin rostro. La intriga no está tanto en su significado —nunca podremos saber lo que querían decir con sus dibujos o signos aquellos seres humanos--, sino en la comunicación. ¿Cómo es posible que pueblos separados por miles de kilómetros, en plena Edad de Hielo, compartieran los mismos símbolos hace decenas de miles de años? ¿Qué tipo de transmisión cultural existía? ¿Cómo viajaba la información?

La más famosa de ellas es la de Willendorf, una estatuilla de unos 28.000 años (muy anterior, por ejemplo, a los bisontes de Altamira, que tienen unos 14.000 años), que se expone en el museo de Historia Natural de Viena. A solo una hora y media en tren, en la ciudad checa de Brno se puede contemplar otra figura, la Venus de Dolní Věstonice, una de las esculturas de terracota más antiguas del mundo (unos 29.000 años). el parecido entre las dos es muy sorprendente.

Brno, una plácida ciudad que cada mañana alberga un mercado en su plaza principal desde la Edad Media, es uno de esos lugares por los que pasan muchos ejes de la historia de Europa. A 10 kilómetros se produjo en 1805 la batalla de Austerlitz, una de las grandes victorias de Napoleón; y allí Gregor Mendel se dedicó a investigar las leyes de la herencia con guisantes. Capital de Moravia, Brno es también la ciudad natal de Milan Kundera, y alberga el legado del autor de La insoportable levedad del ser. Y allí construyó en los años veinte Mies van der Rohe la Villa Tugendhat, declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

La ciudad, como tantos otros lugares del continente, tiene también un pasado terrible: las deportaciones y el terror durante la ocupación nazi; y la invasión soviética de 1968 para reprimir un movimiento democrático en Checoslovaquia. Y fue también el escenario de la Marcha de la Muerte, a la que fueron sometidos los 60.000 alemanes, expulsados en masa después de la Segunda Guerra Mundial. La protección de los alemanes de Checoslovaquia fue el pretexto que utilizó Hitler para anexionarse estos territorios, con permiso de la comunidad internacional tras el vergonzoso Acuerdo de Munich. Cientos o miles de civiles de Brno murieron en su camino a pie hacia Austria: siglos de historia, incluso el dialecto local que mezclaba el alemán y el checo, fueron borrados en unos días.

Una de las lecciones que se pueden sacar de la historia de Brno --y de toda Europa-- es que calificar a las poblaciones por su etnia, su lengua o su religión siempre conduce a la tragedia, siempre es un error. Estigmatizar a los musulmanes, como trata de hacer la ultraderecha con indisimulada xenofobia --y la colaboración de partidos conservadores, como ha hecho el Partido Popular con los ultras de Vox en Murcia-- solo puede llevar al conflicto y a la división. 

Desde mucho antes de que existiese algo parecido a una conciencia europea, desde las venus de la Edad de Hielo, Europa ha sido una tierra de intercambios y viajes, un territorio de diversidad en el que se mezclan las culturas, las religiones y las lenguas. Nuestras tan cacareadas costumbres son precisamente esas: aprender a convivir con el otro, respetando las mismas leyes. Lo demás es un error, un peligro y el anuncio de que pueden venir tiempos oscuros.

22 julio 2025

El Festival de Eurovisión como espacio de homosocialización

Por CARLOS MARTÍN GAEBLER

Muchos se preguntan/nos preguntamos dónde reside la fascinación que el Festival de Eurovisión ejerce sobre una gran mayoría del colectivo LGTB, un fenómeno cultural a debate, especialmente en la sociedad gay, sobre el que merece la pena reflexionar y aportar algunas claves.

Se trata de un evento simpático, banal, emocionante, hiperbólico a ratos, como lo puede ser un partido de fútbol para los heteros, que es la excusa perfecta para echar unas risas y pasarlo bomba con un grupo de amigos en casa de alguno de ellos; en definitiva, un espacio doméstico de homosocialización cara a cara. En este sentido, ambas experiencias comparten un formato similar de visualización: una quedada en torno a una pantalla de televisión, con libertad para interactuar con los demás en tiempo real y hacer comentarios apasionados en voz alta, tumbados en un sofá saboreando unas birras fresquitas y picando delicias varias. Es más, ambos eventos televisados destacan por el elemento nacionalista/identitario que evidencian las banderitas de los países favoritos que adornan la sala o las bufandas al cuello del equipo o selección a la que animar.

Este ambiente de euforia está lejos del contexto propio de cualquier evento de lo que se conoce como la alta cultura (una obra de teatro, un concierto en una sala sinfónica, una película en una sala de cine, un ballet, etc.), cuando el espectador permanece sentado en una butaca de pago, en silencio contemplativo, con el móvil silenciado, en una sala a oscuras e insonorizada, sin interactuar con los demás asistentes hasta el intermedio o hasta después de la función. 

En cada festival eurovisivo se suceden canciones o actuaciones memorables, estrambóticas o simplemente monótonas acompañadas de un alarde de espectaculares escenografías semi operísticas y coreografías electrónicas casi circenses. Una estética a menudo afectada, reminiscente de la estética drag o transformista de, por ejemplo, el Carnaval de Tenerife. 

Que a lo largo de los años hayan triunfado o participado en Eurovisión artistas trans (como la israelí Dana), travestidos (como la austriaca Conchita Wurst), no binarios (como el suizo Nemo), o abiertamente gays (como el italiano Marco Mengoni, éste blandiendo la bandera arcoíris en el escenario) constituye obviamente un atractivo por su carácter reivindicativo, pues ayuda a extender (a veces vía televoto) la lucha por los derechos humanos de las personas LGTB, perseguidas aún, no lo olvidemos, en muchas partes del mundo (incluso en países de la UE que participan en el certamen, léase Hungría), a muchos rincones del planeta donde la homofobia está institucionalizada desde el aparato del Estado.

El gran cortometrajista canario Roberto Pérez Toledo logró alumbrar un corto hilarante, “Eurofán,” sobre la adicción a la que puede llegar un fanático de Eurovisión cualquiera, una ficción que recomiendo ver y que puede encontrarse en su sitio póstumo @mividarueda, que ofrece, en abierto, toda su obra humanista en torno a la ternura y a las relaciones personales.

Por otro lado, puede que los gays fanáticos del festival de la Unión Europea de Radiodifusión sientan que el hecho de que un evento tan marica suscite también el interés de una audiencia millonaria y un público mayoritariamente hetero es un elemento de orgullo y/o satisfacción. 

De broma suelo decir que los gays disidentes que no formamos parte de esta hinchada eurovisiva debemos tener el gen marica atrofiado, jaja, pero es indudable que este fenómeno televisivo, asentado en melodías comerciales, es parte consustancial de la cultura popular de nuestro tiempo. Sea como fuere, reunirse para disfrutar de un espectáculo global, polémico donde los haya (ya se organizan boicots por la participación del Israel mientras este Estado sigue masacrando al pueblo palestino en Gaza) y para todos los gustos, es una oportunidad única de hacer vida social sin pantallas de móviles de por medio. cmg2025 

Publicado en elDiario.es el 22 de julio de 2025

04 marzo 2025

¡Nos queda Portugal!

Por VÍCTOR LAPUENTE

El País, 12 de marzo de 2024

Los progresistas españoles solían recurrir al “menos mal que nos queda Portugal”. Pues era lo más parecido al ideal: una república (no monarquía) ibérica con mayoría absoluta (no relativa) de los socialistas y una extrema derecha arrinconada. Las elecciones del domingo han cambiado el panorama, pero nuestro país vecino lleva tiempo emitiendo señales que deberíamos escuchar. Portugal es el mejor maestro para España, y viceversa, simplemente por nuestra cercanía, que es una variable que despreciamos al buscar ejemplos con quienes compararnos. Preferimos mirar a naciones más al Norte, obviando las múltiples diferencias histórico-geográficas que nos separan. El mejor modelo a seguir en la vida es una hermana o un primo, no los lejanos Elon Musk o Taylor Swift.

La pareja España-Portugal me recuerda a Suecia-Noruega. El Goliat peninsular que es superado por el diminuto David: Noruega adelantó en renta per cápita a Suecia hace unos cuantos años y, según la OCDE, Portugal lo hará con España en unas décadas. Esos sorpassos entre vecinos son, en parte, el resultado de que la nación pequeña aprende de la grande (para empezar, su idioma; pero, luego, sus políticas exitosas) mientras esta, vanidosa, le da la espalda y mira a las “potencias europeas”. Y, sobre todo, a su propio ombligo.

En política, Portugal nos ofrece dos lecciones importantes. La primera es que el lenguaje hiperbólico palidece ante un desempeño económico sensato. Hace una década, la derecha portuguesa trató de desprestigiar el acuerdo entre los socialistas y la izquierda radical (el Bloque de Izquierda y los comunistas) calificándolo de geringonça (galimatías). En teoría, el país se encaminaba al desastre porque el Gobierno pactaba con formaciones antisistema que hablaban de salir de la OTAN, dejar el euro o no pagar la deuda. Pero, en lugar del apocalipsis, resulta que el Gobierno de Costa manejó bien los retos económicos y la ciudadanía se lo agradeció con una mayoría absoluta en 2022 —que fue tan sorprendente para la opinión pública  portuguesa como la victoria de facto de Sánchez el 23-J—. La gestión se impone a la exageración. Señor Feijóo, tome nota.

La segunda es que la gente puede perdonar casos esporádicos de corrupción, pero castiga a un Gobierno en el que, aunque su máximo dirigente no se haya enriquecido personalmente, se reproducen conductas irregulares en varios puntos y no se explica con transparencia qué mecanismos sistemáticos permitieron esa podredumbre y cómo limpiarla. Señor Sánchez, tome nota.♻


Elogio de lo pequeño

Por ÁNGEL FERNÁNDEZ-SANTOS
El País, 1 de marzo de 1999

El otro día, un lector amistoso y con curiosidad por el funcionamiento de las tripas ocultas del cine, me preguntó si sabía por qué las películas de Hollywood parecen fotografiadas en celuloide mucho más limpio y brillante que el de las europeas. No encuentro otro medio de decirle lo que presumo que invitarle a que cuente, cuando una película termina, los nombres que abarcan los títulos de crédito, la extensión de la nómina del equipo de filmación. Descubrirá que en un filme californiano esta nómina es mucho mayor que en cualquier otro, proceda de donde proceda. En un rodaje de Hollywood, si hace falta iluminar medio kilómetro de una calle, para que toda ella aparezca con rebuscamiento de tiralíneas en la pantalla y sea cada esquina perceptible de forma tan pulida como una imagen de revista de glamour impresa en papel cuché, pues se hace, por irreal o relamida que sea una imagen que busca ante todo la explicitud, lo que en cine es una ambición casi siempre encubridora de mediocridad, pues además de desterrar el misterio, la bruma, los fondos granulados y eludir el juego con el tenebrismo, encarece mucho la imagen. En Hollywood ya no se hacen películas baratas, por barata que sea su enjundia. Se hacen, como chorizos, pequeñeces a lo grande y a lo caro, y así se entra en una espiral de ricos amaneramientos visuales paradójicamente empobrecedores, pues esa lujosa fotografía tan espectacular y refitolera es casi siempre artísticamente inútil e insignificante. Entra con facilidad en las oquedades del estómago televisivo, se vende bien, como todo lo hortera, y de eso se trata: envoltura de solomillo para una hamburguesa de plástico sin sustancia; aspecto lujurioso para una sosería que haga parecer apetitoso a lo intragable. Es una de las reglas de oro del cine considerado como mentira. Y, en este sentido, Hollywood es un enorme Patio de Monipodio donde la moneda de cambio es la imagen cosmética, la arruga y la roña endomingadas, la verdad sepultada bajo una capa de imágenes huecas.

¿Por qué Woody Allen termina su Celebrity pidiendo socorro en un espolique que nada tiene aparentemente que ver con la película? Digo aparentemente, porque en la trastienda del filme sí tiene sentido, y mucho, la llamada de auxilio. Celebrity encontró serias dificultades para terminarse. Los tentáculos de Hollywood comienzan a imponer su juego a las pequeñas producciones, con objeto de ahogarlas, cuando creen ver en ellas un rival peligroso en su dominio colonial de los mercados audiovisuales exteriores, y exigen a la producción casera que se atenga a los pactos gremiales y alarguen hasta el delirio los títulos de crédito, con el consiguiente encarecimiento del rodaje. No quieren películas pequeñas, a no ser que se disfracen de grandes. Si se observa cualquier película de Allen, salta de la pantalla que su imagen desmiente el sistema estándar hollywoodense. Parece una película europea, en la que la cámara se desentiende de la primacía del envoltorio y de las superficies inútiles, tramposas y encarecedoras. En el recién acabado festival de Berlín vimos media docena de películas con gran inteligencia fotográfica. Una es la norteamericana, fuera de norma, A Thin Red Line (Una delgada línea roja); el resto fueron la bellísima luminosidad de Ça commence aujourd'hui (Hoy comienza todo), del francés Tavernier; la penetrante oscuridad de la alemana Nachtgestalten (Encuentros nocturnos); la fastuosa indagación en la risa negra de Mifune, filme danés hecho a la manera de Lars von Trier, cuya premeditada tosquedad en Los idiotas es, en realidad, un prodigio de finura fotográfica; la mínima película vietnamita Tres estaciones, que más que fotografiada parece bordada; y la precisión casi documental de la española Solas, cuya pegada tiene una inmediatez que entusiasmó al público berlinés, tal vez el que mejor y con más sutileza sabe ver cine de toda Europa.

Todas ellas son películas pobres, incluso muy pobres. Por ejemplo, Solas ha costado algo más de 600.000 euros, aproximadamente lo que cuestan dos días de rodaje en celuloide de papel cuché de cualquier hollymemez de Bruce Willis y compañía. Pero esta pequeñez española dio un baño de verdad fotográfica a algunas opulentas intrusas del escaparate berlinés, que el público de esta ciudad ignoró, cuando no abucheó. Porque lo que está haciendo esa reluciente fotografía encarecedora es desterrar del cine la vieja mirada amiga, veraz, borrosa unas veces, imprecisa otras, pero humana siempre, por una mirada infalible de robot de laboratorio, nacida muerta.

04 febrero 2025

arte.tv

El prestigioso canal franco-alemán ARTE, dedicado desde 1991 a promover y difundir cine de calidad, ha lanzado recientemente el sitio
arte.tv, una plataforma de streaming europea en abierto y sin necesidad de registrarse o suscribirse, que ofrece documentales excepcionales narrados en francés o en alemán, con subtítulos en diversos idiomas [cliquear en pestaña Versión] y cortometrajes, que hacen llegar la cultura, de forma gratuita, a todos los rincones del mundo. También es un recurso didáctico formidable para quienes quieren mejorar su francés o su alemán.
Entre el vasto catálogo de arte.tv, recomiendo el documental Breaking Social, un ambicioso proyecto del cineasta sueco Frederik Gretten, filmado en 2023 entre Chile, París, Malta, West Virginia, Países Bajos, Surrey, y Nueva York. Está producido entre Noruega, Suecia, Finlandia y los Países Bajos, y ha contado con el apoyo del programa Creative Media de la UE.  
Todas las sociedades se basan en la idea de un contrato social. Se nos dice que si trabajamos afanosamente, si tratamos a los demás con respeto, si jugamos conforme a las normas, seremos recompensados. Pero después están los rompedores de reglas. Aquellos que utilizan paraísos fiscales y obtienen beneficios sin devolver nada a la sociedad. ¿Podemos permitirnos a los ricos? Breaking Social analiza los patrones globales de cleptocracia y extractivismo. Un periodista de investigación asesinado en Malta. Un río sin agua en Chile. Cuando la gente llega a un punto de inflexión, empiezan a organizarse y a protestar. Vemos a aquellos que ya luchan en los frentes de las revueltas sociales en todo el mundo (como el estallido social chileno). La película explora las posibilidades de superar la injusticia y la corrupción que acechan en cualquier lugar del mundo. 92 min.


09 julio 2024

D'argent et de sang (Dinero y sangre)_serie

 

Acabo de terminar de ver, casi boquiabierto, la segunda y última temporada de la serie francesa D'argent et de sang (Dinero y sangre), una ficción para amantes de emociones fuertes sobre monumentales estafas medioambientales, corrupción a gran escala, optimización fiscal, lujo obsceno, y, primordialmente, sobre la defensa de los valores de la democracia social y el estado de derecho, personificados en el magistrado interpretado por un inmenso Vincent Lyndon, en el que es posiblemente la mejor interpretación de su larga carrera actoral. La trama transcurre trepidante entre el exquisito arrondissement 16 parisino, el banlieue de Belleville (menudo efuemismo) y Tel Aviv. Por su incesante despliegue de emociones, me ha recordado a la excepcional serie danesa Cuando el polvo se asienta, una formidable historia coral y ciudadana en torno a una adversidad diferente, que ya te recomendé en su día. Tiene el sello de calidad de la factoría de ficciones de CANAL PLUS, y puede verse en Filmin. Quien no esté abonado a esta plataforma, la mejor opción para ver los doce episodios es simplemente suscribirse un mes por 9,99€ (el precio de una entrada al cine en Madrid). Crois-moi, ça vaut la peine.


21 noviembre 2023

Gonzalo Orquín: pintando las migraciones humanas


El Migratie Museum Migration de Bruselas presenta desde el 22 de noviembre de 2023 hasta el 15 de febrero de 2024 la exposición "Being Human - The sea at night is too big", del artista español residente en Roma Gonzalo Orquín, un evento colateral de la presidencia española de la Unión Europea. Comisionada por la Embajada de España en el Reino de Bélgica, la exposición nace de una idea de Francesca Paci, periodista de La Stampa, y tiene como objetivo contar historias y experiencias de migrantes y refugiados que llegan a Europa, centrándose en particular en dos de los principales puntos de llegada: por mar, en Lampedusa, Italia, a través del Mare Nostrum, y Bihac, en Bosnia, en la llamada "ruta balcánica”.

Filippo Grandi, Comisionado de Alto Comisionado de las Naciones Unidas para losRefugiados (ACNUR) : “Cada obra de arte en esta exposición actúa como un puente entre las personas, compartiendo historias de valentía. Cada una hablará al espectador a su manera. Al conocer las historias y reconocer algunos de los rostros, desempeñamos nuestro papel en poner a las personas en el centro de cómo abordamos la migración y el asilo.”

Amy Pope, Directora General de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) : “Las imágenes nos hablan directamente y cuentan una historia que trasciende las palabras. Esperamos que esta maravillosa exposición inspire a todos los que se encuentren con estas ventanas a la experiencia de los migrantes. Este arte es una herramienta poderosa para enriquecer las percepciones sobre uno de los temas más importantes de nuestro tiempo.”

"Being Human", explica Orquín, "es una exposición que, honrando la tradición española del retrato y el realismo, busca dar voz a aquellos que con demasiada frecuencia son invisibles. Un proyecto que, a través del arte, busca crear un puente de comprensión y empatía, recordándonos que detrás de cada migrante o refugiado, hay una historia única y valiosa que merece ser contada y celebrada. El nombre y la historia junto a cada cuadro aseguran que las historias de los migrantes, refugiados, jóvenes, adultos, madres, niños, perduren y se compartan”.

Las 16 obras expuestas describen a los migrantes como individuos únicos y no como una masa anónima. Son retratos a los que Gonzalo Orquín les da un nombre, un rostro y una historia, fruto de encuentros en los que el artista supo de sus historias de supervivencia. Los cuadros Incluyen tanto escenas duras y sombrías de intensidad dramática, como el desembarco nocturno de una patera en el Mar Egeo, o el momento en que llegan jóvenes de Afganistán después de seis meses de caminar con los pies destrozados por llagas que algunos voluntarios curan, como momentos de esperanza, particularmente en las pinturas que representan escenas de maternidad: historias contemporáneas que provienen de diferentes partes del mundo, como Nepal, Nigeria o Ghana.

La exposición también incluye una pintura que representa a un joven de espaldas, sin mostrar su rostro, que compartió su experiencia como refugiado LGTB. Una obra que busca destacar las dificultades enfrentadas por las personas homosexuales en su búsqueda de un futuro mejor en un mundo en el que 67 países aún consideran la homosexualidad un delito.

Para llevar a cabo el proyecto, el artista de Aracena colaboró con ARCI, ICS (Consorcio Italiano de Solidaridad - Oficina de Refugiados), OIM (Organización Internacional para las Migraciones) y ACNUR (Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados), con la colaboración especial del fotoperiodista Francesco Malavolta.

Parte de los ingresos de la venta de las obras se donará a las asociaciones que hicieron posible el encuentro con los protagonistas de esta exposición. Cada pintura tiene un nombre ficticio, para respetar la privacidad de la persona retratada y una cartela que narra su historia. Utilizando diversas técnicas con gran maestría, óleo sobre lienzo o collage, Gonzalo Orquín busca representar la esencia de cada individuo a través de retratos detallados de sabor universal, en la secular tradición del realismo pictórico español.


18 diciembre 2022

Cuando el polvo se asienta_serie

Las vidas de ocho personajes se entrelazan después de que un brutal atentado terrorista sacuda Copenhague en uno de los últimos grandes éxitos de la televisión escandinava. 21 días antes de la masacre, Nikolaj está a punto de hacerse cargo del restaurante donde trabaja como chef. Jamal quiere aprobar el examen de conducir para cumplir con las expectativas de la familia. Lisa, una famosa cantante sueca, está a punto de comenzar una nueva vida con su amante danés. Y Holger, un viejo solitario, está tratando de acabar con la suya. Elisabeth, la ministra de Justicia danesa, se debate entre retirarse para pasar más tiempo con su esposa o permanecer en el juego político, donde se siente más viva. Mientras tanto, Marie, una niña de 8 años, encuentra una bala brillante y dorada en el bosque, y Ginger, una joven sin hogar, aún no sabe que se convertirá en una importante testigo ocular. En el transcurso de tres semanas, la vida de estos ocho personajes principales cambiará dramáticamente...

Una excepcional, emocionante y cruda ficción danesa de ritmo trepidante y estructura coral. Lo mejor que he visto desde Breaking Bad, que ya es decir. Me encandiló la riqueza dramática y la complejidad humana de los y las personajes creados, con sensibilidad exquisita, por las dos guionistas principales, Dorthe W. Høgh e Ida Maria Rydén. El actor que interpreta a Jamal, y la actriz que da vida a la cantante Lisa, transmiten una belleza hipnótica. Diría que es una ficción muy honesta sobre nuestra Europa de cada día. Oh, Dinamarca, ese pequeño gran país. 

Disponible en Filmin. Diez episodios de 55 minutos.

01 junio 2022

La Neue Wache de Berlín. (A propósito de Ucrania)


Uno de los lugares más sobrecogedores y solemnes de Berlín, y hay muchos, es el interior de la Neue Wache, una estancia minimalista en Unter den Linden, a escasos metros de la Isla de los Museos. La Neue Wache (nueva guardia) es el monumento conmemorativo erigido por la República Federal de Alemania en recuerdo de las víctimas de las dos tiranías que sufrió Alemania, el fascismo y el comunismo. 

Fue construida entre los años 1816 y 1818, según los planos de Karl Friedrich Schinkel para el rey de Prusia Friedrich Wilhelm III. Desde 1818 hasta 1918 albergó a la Guardia Real.

En 1931, el gobierno prusiano ordenó reformarla. Heinrich Tessenow creó un “lugar conmemorativo para los caídos en la guerra mundial.” En el centro del recinto, que invita a la reflexión y al silencio, había originalmente un bloque de granito con una corona de roble en hierro argentado.

Poco antes de finalizar la Segunda Guerra Mundial, la Neue Wache fue seriamente dañada por los bombardeos. Desde 1960, el edificio reconstruido sirvió a la República Democrática Alemana como “Monumento de conmemoración a las víctimas del fascismo y del militarismo.” En 1969 se colocó una llama eterna en el centro del recinto. 

en 1969, fueron inhumados los restos de un soldado desconocido y de un preso desconocido de un campo de concentración. Los restos de ambos descansan en tierra traída de los campos de batalla de la Segunda Guerra Mundial y de los campos de concentración nazis. Desde 1993, La Neue Wache es el principal monumento conmemorativo de la República Federal de Alemania, y me atrevería a decir de Europa.

La decoración interior, realizada en la época de la República de Weimar, fue reconstruida casi en su totalidad. En la actualidad, alberga únicamente una escultura en bronce de la artista judía Käthe Kollwitz, Madre con su hijo muerto, realizada a mayor escala por Harald Haacke, y colocada en el centro de la estancia, bajo la intemperie de un óculo abierto en el techo, que deja entrar la luz, la lluvia y la nieve y el frío, y que representa a una madre agarrada a su hijo muerto (a modo de piedad laica que recuerda a la iconografía cristiana de la Piedad). Expuesta al rigor de los elementos, simboliza el sufrimiento de los berlineses durante la Segunda Guerra Mundial.

A la entrada se puede leer, en mayúsculas, y en varios idiomas, el siguiente texto:

CONMEMORAMOS A LOS PUEBLOS QUE SUFRIERON POR LA GUERRA. 
CONMEMORAMOS A SUS CIUDADANOS QUE FUERON PERSEGUIDOS Y PERDIERON LA VIDA.
CONMEMORAMOS A LOS INOCENTES QUE PERDIERON LA VIDA A CAUSA DE LA GUERRA Y DE LAS CONSECUENCIAS DE LA GUERRA EN LA PATRIA, EN EL CAUTIVERIO Y EN EL DESTIERRO.

CONMEMORAMOS A LOS MILLONES DE JUDÍOS ASESINADOS.
CONMEMORAMOS A TODOS AQUELLOS QUE FUERON ASESINADOS POR SU ORGEN, POR SU HOMOSEXUALIDAD, POR ESTAR ENFERMOS, O SER DÉBILES.
CONMEMORAMOS A TODAS LAS VÍCTIMAS A LAS QUE SE LES NEGÓ EL DERECHO A LA VIDA.

CONMEMORAMOS A TODOS LOS SERES HUMANOS QUE TUVIERON QUE MORIR A CAUSA DE SUS CONVICCIONES RELIGIOSAS O POLÍTICAS. CONMEMORAMOS A TODOS LOS QUE FUERON VÍCTIMAS DE LA TIRANÍA Y MURIERON SIENDO INOCENTES.

CONMEMORAMOS A LAS MUJERES Y A LOS HOMBRES QUE SACRIFICARON SU VIDA EN LA RESISTENCIA CONTRA LA TIRANÍA. RENDIMOS HOMENAJE A TODOS LOS QUE ELIGIERON LA MUERTE PARA NO DOBLEGAR SU CONCIENCIA.

CONMEMORAMOS A LAS MUJERES Y A LOS HOMBRES QUE FUERON PERSEGUIDOS Y ASESINADOS PORQUE SE OPUSIERON AL RÉGIMEN TOTALITARIO DE LA DICTADURA DESPUÉS DE 1945.





11 noviembre 2020

Esto es Estados Unidos

Por ROXANE GAY

The New York Times, 7 de noviembre de 2020

Joe Biden parece estar a punto de ganar la presidencia de Estados Unidos, pero su victoria no será aplastante. Y eso está bien. Un triunfo es un triunfo y el margen de ese triunfo tan solo hace más dulce la victoria. Los demócratas pueden y deberían celebrar este triunfo si, en efecto, llega a ocurrir.

Y, a pesar de todo, muchos de nosotros estamos decepcionados, con justa razón. Es probable que los republicanos mantengan el control del Senado, lo cual provocará que la promulgación de una legislación progresista sea casi imposible. Algunos políticos odiosos como Mitch McConnell y Lindsey Graham fueron reelegidos. Aunque Biden probablemente ganará más votos que cualquier otro candidato presidencial, el solo hecho de que el presidente Donald Trump haya sido un contendiente es una desgracia. El hecho de que Trump haya recibido más de 70 millones de votos es una desgracia. Y es un hecho que habla mucho de este país y que demasiada gente se niega a enfrentar.

Esto es Estados Unidos. No es una aberración. En efecto, es nuestro país y quienes somos, el proverbial “nosotros”. No debería ser ninguna sorpresa la manera en que se desarrollaron estas elecciones, si has prestado atención o si entiendes de racismo y qué tan sistémico es en realidad. Las encuestas pueden representar muchos factores importantes pero, si no preguntan hasta qué grado el racismo motiva a los votantes —y encuentran la manera de obtener respuestas honestas sobre este tema—, nunca podrán representar este problema.

Algunos partidarios de Trump están orgullosos de su afiliación política. Asisten a sus mítines. Andan en autos cubiertos de afiches, banderas y otra parafernalia de Trump. Alardean con arrogancia sobre Estados Unidos, el orgullo y el nacionalismo. Son los sujetos de perfiles serviles que buscan explicar sus tendencias electorales como el resultado de una “ansiedad económica”, como si fueran trágicamente incomprendidos. No lo son. No tenemos ninguna duda de quiénes son.

Y luego están los otros simpatizantes de Trump, los que sienten vergüenza. Los que quieren lucir sofisticados. Los que quieren ser invitados a todas las buenas fiestas. Mienten en las encuestas. Les mienten a sus familiares y amigos. Y cuando llenan las boletas, por fin dicen la verdad. Ese es su derecho. Vivimos en una democracia, o al menos decimos que es así.

Los próximos meses, sé que escucharé una gran cantidad de discursos políticos delirantes. Me imagino que los comentaristas intentarán comprender cómo concluyeron las elecciones de 2020 y por qué ocurrió así. Habrá demasiados liberales blancos obsesionados con las primeras encuestas de salida que indiquen que el 20 por ciento de los hombres negros y una cantidad significativa de las amplísimas categorías de latinos y asiáticos votaron por Trump. Harán esto en lugar de reflexionar sobre el aumento en la cantidad de mujeres blancas que votaron esta vez por el presidente y cómo los hombres blancos siguen siendo el sector demográfico más importante de su base. Dirán que, una vez más, las mujeres negras salvaron a Estados Unidos de sí mismo, lo cual hicimos, claro está, aunque algunas cosas no merecen la salvación.

Muchos dirán que la política identitaria —la cual, en sus mentes, significa que los demócratas se enfocan en las experiencias de la gente marginada, y a algunos les parece de mal gusto— evitó que Biden ganara por un margen más amplio. Tal vez estén en lo correcto, pero no por las razones que ofrecen. No hay política identitaria más importante que la de la gente blanca que intenta construir cortafuegos alrededor de lo que queda de su imperio mientras la demografía de este país sigue cambiando.

Estados Unidos no está unido para nada. Vivimos en dos países. En uno, la gente está dispuesta a enfrentar el racismo y la intolerancia. Reconocemos que las mujeres tienen derecho a tener autonomía sobre su propio cuerpo, que todos los estadounidenses tienen derecho a votar, derecho a recibir atención médica y derecho a percibir un salario mínimo justo. Comprendemos que este es un país de abundancia y que la única razón que explica la existencia de una desigualdad económica es un rechazo continuo de parte del gobierno a cobrarles impuestos proporcionales a los ricos.

El otro Estados Unidos está comprometido a defender la supremacía blanca y el patriarcado cueste lo que cueste. Sus ciudadanos son personas que creen en las teorías conspirativas de QAnon y consideran que la desinformación de Trump es el evangelio. Perciben a Estados Unidos como un país de escasez, donde nunca habrá suficiente de nada, así que cada hombre y mujer debe valerse por sí mismo.

No les interesa lo colectivo, porque creen que cualquier éxito logrado en virtud de su privilegio blanco ocurrió en virtud del mérito. Consideran la igualdad como opresión. De hecho, están tan aterrorizados que cuando se contaron los últimos votos en Detroit, un grupo de ellos llegó en manada al lugar gritando: “Detengan el conteo”. En Arizona, otros llegaron en manada al lugar gritando: “Cuenten los votos”. Los ciudadanos de esta versión de Estados Unidos tan solo creen en la democracia que les beneficia a ellos.

No sé cómo superaremos este momento. Por supuesto que soy optimista. Me emociona que Kamala Harris sea la primera vicepresidenta negra. Me emociona que Biden no gobernará ni legislará por medio de las redes sociales, que es competente y que tal vez no lidere la revolución, pero, sin duda, liderará al país.

También estoy preocupada. Me preocupa cómo afectará el incremento de jueces nombrados por Trump a los derechos al voto, la libertad reproductiva y los derechos civiles de la comunidad LGBTQ. Me preocupa que mi matrimonio esté en peligro. Me preocupa que la policía siga actuando como si las vidas de las personas negras no importaran y cometa asesinatos extrajudiciales con impunidad. Me preocupa que los abismos profundos entre los pobres, la clase media y los ricos se ensanchen todavía más. Me preocupa que haya tanta gente tan cómoda con sus vidas que no le importan estos problemas.

Seré sincera. Los últimos cuatro años han destrozado mi fe en casi todo. Me siento ridícula de tan solo decirlo. Me siento ridícula de haber tenido tanta confianza en la victoria de Hillary Clinton, de haber creído que, si una persona terrible era elegida a la presidencia, el sistema de controles y equilibrios iba a minimizar el daño que podría hacer. Desde la elección de Trump, lo hemos visto a él y al Partido Republicano ejecutar sus planes de forma sistemática e implacable. Han desmantelado las normas democráticas con vigor. Hemos visto un desfile interminable de horrores, desde las familias separadas en la frontera mexicana y una economía destrozada hasta un gobierno completamente insensible frente a una pandemia que sigue haciendo estragos en el país. Y la lista sigue y sigue. La atrocidad tan solo engendra más atrocidad.

Al mismo tiempo, los últimos cuatro años me han llenado de energía. Me han movido más hacia la izquierda desde la comodidad de la centroizquierda. Me he vuelto más activa y comprometida en mi comunidad. Veo que mis posturas sociopolíticas han cambiado para convertirse en valores progresistas verdaderos. No soy la misma mujer que era y estoy agradecida por ello, aunque odie lo que me trajo hasta aquí.

Durante gran parte del ciclo electoral de 2020, muchos de nosotros queríamos que cualquiera excepto Donald Trump fuera el presidente, porque literalmente cualquier otra persona sería una mejora. Dejó la vara muy baja, hasta el subsuelo. A medida que el campo democrático se reducía, hubo tiempo de considerar quién iba a servir mejor al país pero, aunque encontramos a nuestros candidatos preferidos, era claro que sacar a Trump del cargo iba a ser solo el inicio del trabajo. Ahí se encuentra el país. El estado de este país mejorará cuando Joe Biden sea nombrado el cuadragésimo sexto presidente de Estados Unidos —si lo llega a ser—, pero muchísimas cosas seguirán exactamente igual si no nos mantenemos tan comprometidos a progresar durante su gobierno como lo estuvimos durante el de Trump.

Esto es Estados Unidos, un país con una división profunda y una inmensa cantidad de defectos. El futuro de este país es incierto, pero no es un caso perdido. Estoy lista para pelear por ese futuro, sin importar qué nos depare. ¿Y tú?

ROXANE GAY (@rgay) es columnista de Opinión de The New York Times. 

19 mayo 2019

Europa en 25 líneas

Por Carlos Martín Gaebler
Diario de Sevilla, 4 de febrero de 2005

¿Qué es Europa?

Europa es ese lugar donde no existe la pena de muerte.
Europa es seguridad social universal y laicismo.
Europa no son razas ni culturas sino valores.
Europa no es un club cristiano, y algún día los turcos cabrán en él.
Europa son doce estrellas doradas sobre un azul de Beethoven.

Europa está en el aire que respiramos.

Y en el "Liberté, Égalité, Fraternité" de nuestras monedas.
Y en los puentes de euros que nos acercan y nos igualan.
Europa es concienciación medioambiental.
Europa es una forma de hacer cine.
Es amar los subtítulos y las bicicletas.
Y saber ver amores desnudos en pantallas sin censurar.

Europa son las veinte lenguas (y+) del Parlamento de Estrasburgo.

Europe is all that we have in common.
Europe is what unites us when we live in North America.
It is a state of mind that binds us.
Europa ist auch das Erasmus Programm, natürlich.

Europa es viajar sin pasaportes ni visados.

Europa es solidarizarse con palestinos y cubanos, con saharauis e iraquíes.
Europa es ¡NO A LA GUERRA!, STOP THE WAR!

Europa es donde Pablo y Juan se pueden casar si lo desean.
En Europa no se invoca a los dioses para ganar unas elecciones.
Y aquí ningún homófobo ni ningún machista puede ser comisario europeo.
Europa somos todos porque no sobra nadie.
Estamos en construcción, mais l'Europe, j'adore!




18 mayo 2019

26M: Vote lo que vote, vote a Europa

13 mayo 2017

Voluntarios por Europa


Para conmemorar el 60 aniversario del Tratado de Roma, embrión de la actual Unión Europea, voluntarios y voluntarias de espíritu europeísta hemos sido convocados por la Comisión Europea para dar charlas en institutos y colegios de Sevilla para difundir los valores que inspiran a la UE: igualdad de derechos, solidaridad con los refugiados, ausencia de fronteras, abolición de la pena de muerte, respeto a las minorías, libertad religiosa, ilustración, multilingüismo, moneda única, y seis décadas de paz entre 27 países otrora enfrentados.

Como voluntario del programa Europe Direct Sevilla, fui invitado el viernes 12 de mayo por la profesora Ana Cortecero, quien imparte la asignatura de Valores Éticos en el Instituto de Enseñanza Secundaria Triana de Sevilla, a darles una charla informativa a sus alumnos y alumnas de 3º de ESO, quienes mostraron curiosidad genuina por muchos aspectos de la UE, lo que quedó reflejado en sus muchas preguntas y comentarios. Personalmente, ha sido una de las más gratas experiencias que he tenido como educador.

24 abril 2017

L'Europe a gagné

Por Xavier Vidal-Folch

Europa ha ganado. El próximo presidente de la República Francesa será Emmanuel Macron, el único candidato verdaderamente europeísta entre los cuatro en liza. El único que sintonizaba con la amplia mayoría —superior a dos tercios— de los ciudadanos franceses partidaria de permanecer en la Unión.

Hay que subrayarlo. Macron era en este equilibrado catch a cuatro el europeísta, frente a la eurohostil Marine Le Pen, que pretende desmantelar la UE; frente al eurorreticente François Fillon, más soberanista a la antigua usanza que otra cosa; frente al euroincoherente Jean-Luc Mélenchon, que pretendía poner patas arriba toda la construccción comunitaria.

Macron será presidente (salvo catástrofe inimaginable) porque esta primera vuelta constituye de facto (no de iure) la segunda y definitiva vuelta. Antes, las primeras rondas servían para descartar a los candidatos menos queridos. Con la ultraderechista xenófoba en el podio a dos, quienquiera que se clasifique en la primera gana la final, porque funcionará el frente republicano.

Sucedió ya en 2002 con su padre Jean Marie —atención, más hosco y torpe que Marine—, en favor de Jacques Chirac. El conservador Chirac logró entonces récord de votos, la izquierda se volcó en su favor. Y ahora el centroizquierdista Macron es el que menos molesta a los electores rivales: con todos tiene zonas afines. Por eso las encuestas le atribuyen el mejor resultado frente a Le Pen entre los candidatos demócratas.

Con la victoria europea, ganan también otras causas: la de una sociedad abierta contra una comunidad cerrada; la de la causa euroatlántica frente a los manejos autoritarios de Vladímir Putin, santo de la devoción de los demás candidatos; la del mundo cosmopolita frente al submundo nacionalista; la de las democracias avanzadas frente a los autoritarismos; la de una combinación de liberalismo y socialdemocracia frente al neoliberalismo desigualadaor y al proteccionismo liberticida.
Los quejicas, las plañideras, los masoquistas, los casandras, los terruñeros, los falsos profetas, los enterradores del progreso, los sepultureros del Estado del bienestar podrán seguir denigrando de Europa. Porque sale viva y fortificada. On a gané! (El País, 24.04.17)

01 enero 2017

Europa y la novela, por Javier Cercas

En primer lugar quiero dar las gracias de todo corazón al jurado que me ha concedido este premio. Y en segundo lugar quiero decir que es un premio muy importante para mí, porque lo concede la Unión Europea.

Durante siglos, Europa ha constituido la gran ilusión de muchos españoles; conscientes de vivir desde principios del siglo XVII en un país cada vez más aislado, cada vez más sumido en la pobreza, la incultura, la falta de libertades, el oscurantismo y la ficción del Imperio, desde mediados del siglo XVIII los mejores de mis antepasados sintieron que Europa era una promesa realista de modernidad, de prosperidad y de libertad. Hoy la inmensa mayoría de nosotros seguimos sintiéndolo, y por eso España no ha dejado de ser uno de los países más europeístas de la Unión. Mucho me temo que ahora mismo no sobran motivos para sentirse orgulloso de ser español, pero ese es uno de ellos. Alguna vez he escrito que la idea de una Europa unida es la única utopía razonable que hemos acuñado los europeos; utopías atroces —paraísos teóricos convertidos en infiernos prácticos— hemos acuñado unas cuantas; pero utopías razonables, que yo sepa, sólo esa: una utopía que, como acaba de recordar Michel Serres, ha permitido que tras la II Guerra Mundial los europeos hayamos vivido “la época de paz y prosperidad más larga desde la guerra de Troya”. Dicho esto, añadiré que la novela moderna es no sólo uno de los frutos más valiosos de esa utopía, sino también el que más se parece a ella, su emblema perfecto; la prueba es que sus dos rasgos quizá más sobresalientes son los dos rasgos definitorios de la Europa unida: su carácter híbrido, mestizo, y su naturaleza antidogmática.

La novela moderna fue el invento absolutamente genial de un español, Miguel de Cervantes, pero no fueron los españoles sino determinados ingleses, como Laurence Sterne y Henry Fielding, quienes primero aprendieron a fondo las enseñanzas de Cervantes y aseguraron la continuidad de su invención; y no fueron los españoles ni los ingleses sino un francés, Gustave Flaubert, quien asumió la tarea descomunal de elevar a la categoría de un arte noble lo que hasta entonces había sido para casi todos poco más que un entretenimiento; y es un hecho que nadie asimiló mejor a Flaubert que James Joyce, un irlandés que escribía en inglés y vivió casi siempre en el exilio continental, y que un checo que escribía en alemán y se llamaba Franz Kafka, igual que es un hecho que pocos escritores actuales han sido tan fieles al legado de Kafka y de Joyce como Milan Kundera, un checo que empezó escribiendo en checo y ha terminado escribiendo en francés. La novela moderna es un género mestizo no sólo porque Cervantes la engendrara así —como un género donde caben todos los géneros, y que se alimenta de todos—, sino porque su historia es la historia de un fecundo mestizaje de lenguas y culturas. Pero la novela moderna también es un género antidogmático. Lo es porque sus verdades no son claras, unívocas y taxativas, sino ambiguas y equívocas, esencialmente irónicas. Don Quijote, no hay duda, está loco, loco de atar, loco como una cabra, pero al mismo tiempo es el hombre más lúcido y más sensato del mundo; Don Quijote, no hay duda, es un personaje risible, cómico, grotesco, pero al mismo tiempo es un personaje noble y heroico, el “rey de los hidalgos, señor de los tristes” que cantó un gran poeta nicaragüense: Rubén Darío. Esas son las verdades de la novela: verdades contradictorias, plurales, poliédricas y paradójicas, esencialmente irónicas. Y, al crear un género de enorme éxito basado en esa clase de verdades, Cervantes creó una auténtica arma de destrucción masiva contra la visión dogmática, monista, cerrada y totalitaria de la realidad.

Contra esa visión nació la Europa moderna, la Europa de la razón, la libertad, el bienestar y el progreso; contra esa visión —y contra los totalitarismos y los nacionalismos puristas o antimestizos que anegaron de sangre el siglo XX— nació la Europa unida. Esa visión, más vale que no nos engañemos, es la que amenaza con volver ahora, o la que está volviendo, como si quisiéramos darle la razón a Bernard Shaw, quien escribió: “Lo único que se aprende de la experiencia es que no se aprende nada de la experiencia”. Porque, contra lo que solemos pensar, la historia se repite siempre, sólo que se repite de formas tan distintas que a veces es difícil reconocerla. Ahora ni siquiera es difícil: ahora, sobre todo después de que los británicos hayan cometido el disparate de aislarse de Europa, como si fueran españoles del siglo XVII, y después de que los norteamericanos le hayan entregado el poder a un demagogo siniestro, casi se ha convertido en un cliché comparar nuestra época con la de los años treinta, hasta el punto de que algunos historiadores se han sentido obligados a recordar las diferencias entre ambas. Me parece bien. Pero me parece mal —mejor dicho: me parece temerario— olvidar las similitudes entre aquella época terrible y la nuestra: una tremenda crisis económica, el profundo desprestigio de las élites y las instituciones democráticas y la generalizada rebelión antisistema, el retorno de los nacionalismos y los totalitarismos bajo la forma más o menos suavizada de los populismos de derecha e izquierda, el cambio de una política racional y prosaica por una política épica y sentimental, el uso político de la mentira en dosis masivas. Cabría incluso ir más allá. Cabría temer que, tras 60 años de paz y prosperidad, se esté incubando en Occidente —no sólo en Europa— una especie de gran ennui semejante al que, según recuerda George Steiner, se incubó tras los 100 años de paz y prosperidad relativas que se dieron a partir del fin de las guerras napoleónicas, un estado de ánimo que produjo un anhelo de intensidad colectiva y un secreto deseo de destrucción y muerte, tan visible en el arte de la época (“¡Plutôt la barbarie que l’ennui!”, exclamó Théophile Gautier), que acabó siendo el carburante ideal para las dos guerras mundiales que destruyeron Europa cuando tanta gente pensaba que otra guerra en Europa ya era casi imposible… Pero quizá exagero; quizá me estoy dejando llevar por el pesimismo: al fin y al cabo todavía estamos a tiempo de desmentir a Bernard Shaw y de hacer caso a Cervantes, quien escribió que la historia debe ser “ejemplo y aviso de lo presente” y “advertencia de lo porvenir”. En todo caso, hay una cosa que me parece segura, y es que, en estos tiempos sombríos, la Unión Europea no sólo sigue siendo el proyecto político más ambicioso del siglo XXI, nuestra única utopía razonable, sino, lisa y llanamente, la gran esperanza de la democracia en el mundo. Es verdad que, tal y como funciona en la actualidad, la Unión Europea no puede satisfacer a nadie, que sus defectos e insuficiencias son enormes y sus problemas descomunales, pero eso sólo significa que nos queda mucho trabajo por delante. Nosotros, los novelistas europeos, debemos hacer el nuestro, que consiste en seguir el ejemplo de Cervantes; pero ustedes, los políticos europeos, también deben hacer el suyo, que bien pensado consiste básicamente en lo mismo: en construir una Europa más cervantina, es decir, más antidogmática y más mestiza; es decir, más libre, más próspera, más fuerte y más unida. Por la cuenta que nos trae a todos, les deseo suerte. Muchas gracias.


Discurso pronunciado en el Parlamento Europeo el 7 de diciembre con motivo de la entrega del Premio al Libro Europeo a Javier Cercas por ‘El impostor’.

23 noviembre 2015

Los idealistas de izquierdas yerran al culpar a Occidente del yihadismo

Por JOHN CARLIN

En la película Mars Attacks!, una hilarante comedia negra estrenada en 1996, los invasores extraterrestres ya han liquidado a medio mundo cuando su líder y un par de diminutos guardaespaldas se encuentran cara a cara con el presidente de Estados Unidos, interpretado por Jack Nicholson. El presidente, solo en su despacho, apela a la bondad de los enemigos de la humanidad. "¿Por qué no crear en vez de destruir?", les ruega. "¿Por qué no podemos llevarnos todos bien?".

Acto seguido, el jefe de los marcianos lo mata, se acerca al cadáver y le ofrece un burlón saludo militar.

No es del todo absurdo suponer que el idealista de izquierdas que preside el partido laborista británico, Jeremy Corbyn, intentaría responder de manera similar al ficticio presidente en caso de verse arrinconado por un terrorista del Estado Islámico (ISIS). Sería un gesto consecuente con la visión del mundo que comparte con sus correligionarios en Europa, EE UU y América Latina. Siendo inglés, Corbyn quizá les invitaría primero a tomar una taza de té.

Corbyn y Bernie Sanders, el estadounidense que aspira a la candidatura presidencial del Partido Demócrata, y los muchos que comparten su pavloviano antiimperialismo en todo el mundo insisten, con irreductible vigor tras los atentados de París, en que las intervenciones militares de Occidente en Oriente Próximo crearon el fenómeno yihadista. Lo dijo Sanders en un debate con Hillary Clinton la semana pasada: "La desastrosa invasión de Irak condujo al ascenso del Estado Islámico".

Algo de razón tiene. El psicópata exvicepresidente de Estados Unidos Dick Cheney y sus perritos falderos -en orden de tamaño, George W. Bush, Tony Blair y José María Aznar- rompieron el tiránico equilibrio en la región con su alocada invasión de Irak. No se puede saber qué estaría pasando hoy si Sadam Hussein siguiese en el poder, quizá la situación sería incluso más anárquica de lo que es, pero no se puede descartar la hipótesis de que hubiera frenado la yihad en seco combatiendo el terror, como era su costumbre, con más terror.

Por otro lado, se podría argumentar también que si Barack Obama no hubiera retirado las tropas estadounidenses de Irak, el ISIS no hubiera podido imponer su "califato" en Siria e Irak. Y, ya que estamos, ¿por qué no vamos más lejos? Si la actitud de Estados Unidos, Reino Unido, Francia y demás aliados hubiera sido menos vengativa después de la Primera Guerra Mundial, si el Tratado de Versalles hubiera sido más generoso con los alemanes, es probable que Hitler no hubiese llegado al poder y el mundo se hubiera ahorrado el horror de la Segunda Guerra Mundial y el exterminio de seis millones de judíos.

El problema de ir por el camino de que la culpa la tienen los Gobiernos de Occidente es que propone como eje original del mal a aquellos que en el fondo defienden lo que Estado Islámico desprecia y los nazis despreciaban: la libre expresión, la soberanía de la ley y los demás elementos básicos de la democracia que permiten que los Corbyn, Sanders, Podemos, Syriza, incluso el Frente Nacional francés y otros que se oponen al statu quo puedan competir en el terreno político sin temor a caer presos o ser asesinados. Al atribuir la responsabilidad por las masacres de París a Gobiernos electos de Europa y EE UU, se plantea una grotesca equivalencia moral con los tontos inútiles, en varios casos exyonquis o delincuentes de poca monta, que han encontrado la redención personal en una ideología que rinde culto a la muerte, que cree contar con apoyo divino cuando decapita a infieles, lanza a homosexuales desde altos edificios, apedrea a mujeres supuestamente adúlteras y viola, esclaviza o prostituye a niñas de 13 años. Es verdad que los bombardeos de la aviación de EE UU y sus aliados han causado las muertes de civiles. De muchos. Demasiados. Pero hay una diferencia. Cuando mueren inocentes, Obama lo lamenta. El ISIS lo celebra.

El hecho es que, como dijo la semana pasada el jefe del servicio interno de inteligencia de Alemania, nos enfrentamos a "una guerra terrorista mundial". Hay que tomar partido. No es hora de seguir bañándose en las aguas tibias del buenismo. Uno se puede sentir muy satisfecho consigo mismo oponiéndose a la guerra, al "imperialismo neoliberal", a la vigilancia policial y tal, pero los tiempos exigen debates constructivos y respuestas concretas, sin cerrar los ojos a la dura realidad de que en el mundo político real no hay más remedio a veces que ensuciarse las manos, sacrificar la pureza moral y elegir entre lo malo y lo peor. No es suficiente en la emergencia actual declarar que la paz es un principio innegociable -la paz no es un principio, es una circunstancia- o que debemos luchar más contra el enemigo dentro que el enemigo fuera.

El argumento irrefutable contra la tesis que predica una simple conexión causa y efecto entre la política exterior de los países ricos de Occidente y el ascenso del Estado Islámico es que la enorme mayoría de sus víctimas no son europeos o estadounidenses sino habitantes de Siria o Irak, principalmente musulmanes. A los que les incomoda la idea de tomar partido junto a Obama, Cameron, Hollande y compañía, que salvaguarden sus conciencias convenciéndose de que lo hacen a favor de aquellos miserables de la tierra que están en el punto de mira del ISIS todos los días del año. Es hora de que los tontos útiles dejen de serlo y se definan, empezando por identificar sin ambigüedades quién hoy es el principal enemigo de la humanidad. Porque cuando aparezca el yihadista con un Kaláshnikov en un bar o un teatro o un supermercado y empiece a liquidar a gente uno por uno, no preguntará si su siguiente víctima es de izquierdas o de derechas, progresista o neoliberal, imperialista o antiimperialista. Matará, como una peste, sin prejuicio y sin piedad.
El País, 23 de noviembre de 2015.

19 noviembre 2015

ISIS, You Can't Win!

Michel Hazanavicius, the helmer of Oscar-winning “The Artist,” “OSS 117” and “The Search,” is a leading figure of the French film industry, as well as an outspoken advocate for social/political issues and civic liberties. Hazanavicius, who has a taste for burlesque comedy and provocative satire,  penned the following razor-sharp open letter to ISIS explaining it can’t defeat France’s epicurean lifestyle and values. Here is the English translation:

Daechois, Daechoises (Daech is a word for ISIS):

So that’s it, it’s official, you are at war against us. What’s frustrating is that you wear no uniform or distinctive sign so we don’t know how to identify you, and we therefore have no one to fight against. Frustration which I hope won’t lead to wrong accusations.

Even if every death represents for you a victory, you must know that you will not win any time soon. In reality, it’s even impossible. Because no matter what you do, you will not win. Here in France, what we love is Life. And all the pleasures that go with it.

For us, between being born and dying the oldest as possible, the idea is mainly to have sex, laugh, eat, play, have sex, drink, nap, have sex, discuss, eat, argue, paint, have sex, walk, garden, read, have sex, offer, argue, sleep, watch movies, scratch our balls, fart to make friends laugh, but more than anything have sex. We are the country of pleasure more than morale.

We like doing what we want. We try not to disturb others, that’s the idea, but we don’t like it very much when we’re told too loud what we must or must not do. That’s called freedom. Remember this word because deep inside that’s what you don’t like about us. It’s not about being French, caricaturists, Jewish, clients of cafes or fans of rock and soccer, it’s the freedom.

The second thing is that by killing that way, blindly, you run into the risk of killing French folks who are increasingly more representative of France. At least by killing only Jews or cartoonists, the non-Jews who didn’t how to draw could always find you excuses or feel like strangers in this war, but now it’s going to be more and more difficult. Because by hurting a sample which is so representative of France, you’re going to hit the core of who we really are. So who are we, really? Well, that’s the beauty of it. We are many things. Of course there are some French French French. But there are also French Italians, French Spanish, French Arabs, French Polish, French Chinese, French Rwandais, French Senegalese, French Algerians, French Berbers, French Ukrainians … French Catholics, French Jews, French Muslims, French Taoists; French buddhists, French atheists … left-wing French, right-wing French, Far-Right-wing French, there might even be French jihadists or even future French terrorists who you might killed.

The list could go on and on indefinitely. There are even people who are not French because since France is so beautiful, there are always and constantly a portion of our population that’s made up of tourists. That without counting the clandestines, who may not be officially French but who live here so technically you could kill them too. That’s what’s called equality.

When it comes to death, you can target whatever you want, you will hurt all of us. And we understand what you’re attacking. Our values. Simple. The ones that make life here the way it is. Imperfect, granted, with its injustices, that’s true, but there are the values that allow us to live here in the most dignified way as possible.

It’s the country that our fathers, the fathers of our fathers, and the fathers before them chose to live in and for which many before them fought for. And what’s going to happen, at one point or another, is that we’re going to act in solidarity, thanks to you. We’re going to understand that these values are in danger. And we’re going to cherish them even more. Together. That’s called fraternity.

That’s why you can’t win. You will cause deaths, yes. But in the eye of history, you will be nothing but the abject symptoms of a sick ideology. Of course we won’t win either. People will die, for no reason. Others will vote for Le Pen (s), Assad (s) or Putin (s) to get rid of you, and we might lose twice. But you will not win. And the ones who will remain alive will continue to have sex, drink, have dinner together, remember those who die, and have sex again.