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28 noviembre 2025

¿Futuros machistas? ¿futuros maltratadores? ¿futuros fascistas?

Niños de 12 años de un equipo de fútbol cántabro mandan “a fregar” a sus rivales femeninas tras golearlas en un partido


La Asociación Española para la Paridad y la Igualdad en el Deporte (ASESPAI) ha denunciado a través de sus redes sociales que unos niños de 12 años, jugadores de Tercera infantil del Velarde F.C. de Muriedas (Cantabria) han mandado “a fregar” a sus rivales femeninas del equipo de Monte Soccer Féminas después de meterles 8 goles en el partido que jugaron el sábado 22 de noviembre.

En el contenido difundido en las redes personales de algún jugador se difunde una foto en el vestuario de los nueve integrantes del equipo de fútbol con la equipación del Velarde tras el final del encuentro, que se jugó en el campo del Monte en Santander. La imagen incluye el resultado 0-8 y un hashtag: #afregar exaltando la victoria del equipo masculino.

Los denunciantes de la imagen explican, también a través de su red social de Instagram, que en Cantabria los equipos de niñas juegan contra los niños en estas categorías. “Los chicos no solo no respetaron al rival al margen de su sexo, algo de por sí reprobable” -critica públicamente la asociación- “lo más grave es que las denostaron, vejaron y humillaron mandándolas a fregar”.

Al hilo de esta circunstancia, desde ASESPAI se preguntan quién tiene la culpa de que ese comentario “siga impune”, si el Club, las familias, los educadores “o la herencia cultural y la sociedad en su conjunto”. “no somos jueces, ni pretendemos serlos”, advierte el mensaje al tiempo que espera que sea un hecho “puntual”.

Por último, explican que por su parte lo han puesto en conocimiento público “con la esperanza de que cada uno asuma su parte de responsabilidad”.

Por su parte, tras conocer el asunto, la directiva del Velarde Club de Fútbol ha asegurado a elDiario.es que ha reaccionado con rapidez activando el protocolo interno. Así, las consecuencias disciplinarias que puede tener una conducta de este tipo suelen derivar en sanciones como dejar en el banquillo al jugador durante algunos partidos. El Club, en el que actualmente juegan 470 niños, va a llevar todo el proceso internamente sin publicidad alguna dado que el caso afecta a un menor de edad.

En paralelo, se está preparando una charla informativa dirigida a todos los futbolistas del Club -con asistencia obligatoria- sobre igualdad y respeto en el deporte y el impacto de las redes sociales “para un uso responsable y consciente en una etapa clave de crecimiento”, explican.

24 septiembre 2025

El lujo nos hará pobres

Por Lucía Lijtmaer

El País, 24 de septiembre de 2025

En España se está acelerando la oferta de consumo para multimillonarios, y eso tiene consecuencias para toda la ciudadanía.

Bocadillo de salmón ahumado y copita de champán. Colas en las boutiques por un luisvi. Manicura con oro y caviar. Algunos barrios de las metrópolis más importantes del mundo ofrecen prácticamente lo mismo y a los mismos desorbitados precios. Y las ciudades españolas —especialmente Barcelona y Madrid— se han apuntado al tren del lujo, ya sea ostentoso o silencioso.

No es una novedad: el posicionamiento de España ofertando opciones para la élite que consume lujo no es nuevo, pero hay señales que demuestran su aceleración. En 2014, el aeropuerto Adolfo Suarez Madrid-Barajas abrió la mayor tienda de Europa de artículos de lujo en aeropuertos, y la quinta del mundo. En 2021 reabrió el hotel Ritz, ahora Mandarin Oriental Ritz, uno de los pocos hoteles del mundo que podría entrar en la categoría de superlujo. ¿Y eso qué es? El superlujo es una categoría social relativamente nueva en España: exclusividad, privacidad y estatus, algo supuestamente imposible de replicar y que parece ser que no se compra solo con dinero. Al mismo tiempo, en Barcelona y según el sector, la capital se ha posicionado como un destino de compras a escala internacional a la altura de ciudades como Milán, Londres o París.

Las ciudades mutan a esta nueva realidad, algunos la disfrutan y todos la contemplamos. En algunos casos esta nueva existencia parece deudora de la estética bling bling de Dubai —bien lo sabe Georgina, que nos muestra un diamante del tamaño de una nuez en su Instagram— y otras veces lo es del monocromático y sobrio color café con leche de Park Avenue. Pero lo cierto es que el lujo o el super lujo traen consecuencias para toda la ciudadanía. Aunque no nos importe lo más mínimo, el lujo nos afecta.

Como explica el economista Thomas Pikkety, tras la Segunda Guerra Mundial, la desigualdad se redujo gracias a impuestos altos a las grandes fortunas, las políticas de bienestar y crecimiento económico compartido. Pero desde los años 80, con la desregulación y la globalización financiera, los ingresos del capital, ya sea en acciones, rentas o herencias, han vuelto a crecer mucho más rápido que los salarios. Esto ha provocado que una minoría —el 1% más rico— concentre cada vez más riqueza.

El fenómeno se entiende como plutocracia, una oligarquía de los ricos. En Plutocrats, la académica y política canadiense Chrystia Freeland analiza el auge de una nueva élite global: los multimillonarios que concentran poder económico y político sin precedentes. A diferencia de las viejas aristocracias, estos plutócratas no dependen de títulos nobiliarios ni de herencias tradicionales, sino de la globalización financiera, la tecnología y la capacidad de aprovechar redes internacionales. Freeland muestra cómo esta élite comparte más intereses entre sí que con las clases medias de sus propios países, configurando un mundo donde las fronteras importan menos que el acceso a capital y a círculos exclusivos.

La cultura pop reconoce a esta élite como un nuevo fenómeno y retrata sus internas vitales. El auge de los superricos nos llega en la ficción a través de las cascadas noruegas y los mega yates en Succession, en la telerrealidad a través de la franquicia The Real Housewives, una interminable saga de esposas ricas, o incluso en su faceta más existencial en estrenos cinematográficos como The Materialists: ¿debe Dakota Johnson casarse con el chico al que ama y es pobre o con el multimillonario (bautizado como “unicornio”) Pedro Pascal?

Esa es la consecuencia más anecdótica del lujo. Hay, por supuesto,consecuencias sociales y políticas de esta concentración de riqueza. La creciente brecha entre los ultrarricos y el resto, como demuestran los datos, alimenta tensiones democráticas, debilita las instituciones públicas y erosiona la convivencia ciudadana. El capitalismo contemporáneo ha mutado: los beneficios están cada vez más concentrados en esa plutocracia, mientras el resto de la sociedad enfrenta cada vez más precariedad y pobreza. El ejemplo más claro es el de la ciudad de Nueva York, la que acumula más ricos del mundo y que en 2013 una de cada cuatro familias vivía en albergues incluyendo a adultos con empleo. Diez años después, un millón y medio de personas en la ciudad vive por debajo del nivel oficial de pobreza federal.

Lo cierto es que la política de incentivar a las grandes fortunas a gastar en nuestras ciudades no implica necesariamente que la riqueza milagrosamente riegue nuestras aceras. Pese a venderse como imán para el turismo “de calidad”, un eufemismo común para hablar de lujo, con grandes construcciones hoteleras y promocionar la milla de oro o grandes regatas internacionales, Madrid y Barcelona sobresalen como las ciudades más desiguales en términos de brecha económica urbana. El índice Gini, que cuantifica la desigualdad de ingresos en una población, en la ciudad de Madrid alcanza aproximadamente el 31%, el más alto de España, mientras que más de 1,3 millones de madrileños están en riesgo de pobreza, y uno de cada cinco gana menos de 500 euros al mes. En Barcelona, la tasa de riesgo de pobreza infantil es del 28%, y si se descuentan los gastos de vivienda de los ingresos de las familias con niños, la pobreza infantil se dispara, ya que alcanzaría el 45%.

Sí, el gasto en vivienda. Si las ciudades optan por un lujo desorbitado y son cada vez más desiguales, nadie puede habitarlas. Cada vez es más común que aquellos con rentas más bajas tarden una entre una y dos horas en llegar a su puesto de trabajo, ya que no pueden residir en zona urbana. El tiempo y el techo han pasado de ser un derecho a un lujo.

Conocemos de sobra los principales problemas de acceso a la vivienda de la población en España: los precios elevadísimos tanto en compra como en alquiler, la falta de vivienda pública y la especulación con el suelo, entre otros. Pero no se habla tanto de este pez que se muerde la cola: la desigualdad estructural genera desigualdad entre generaciones, y una nueva estirpe, la del rentista por herencia y el pobre por falta de suelo heredado. Ante eso, las nuevas ciudades del lujo solo son habitables para los primeros.

Frente a estos fenómenos, resulta impactante la actitud de algunos políticos que no parecen gobernar para todos sino solo para algunos. Recientemente, la presidenta de la comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, atacó a la Agencia Tributaria, tildando a la institución como “máquina de expulsar fortunas, inversiones y propiedad”. Ese relato, construido para desviar la atención sobre los escándalos financieros que persiguen a su pareja, deja de lado que la manera de atraer capital de la Comunidad de Madrid en la última década ha pasado por perdonar más de 10.000 millones de euros a las grandes fortunas. Tal es así que el Instituto de Estudios Fiscales alertaba de que casi la mitad de los más ricos de nuestro país que se mudan decide irse a vivir a la Comunidad de Madrid por sus ventajas fiscales. El cuento de la derecha de que España representa un “infierno fiscal”, por tanto, no se sostiene.

Aún así, pervive la narración de que ante la pobreza y el lujo desorbitado existe un método de inclusión: la del mago criptobro, especulador y libertario, que te ofrece rentabilidad rápida a ti, solo a ti. La cultura del esfuerzo y el logro se sustituye por la volatilidad tecnológica. Ahora ves la bolita, ahora no la ves. Por supuesto, hay otras salidas. Habrá que ir desgranándolas antes de que el lodazal nos ahogue y el brillo de oropeles nos ciegue.

08 septiembre 2025

Ansiedad, insomnio o aislamiento: los síntomas del acoso escolar reaparecen en las víctimas tras el verano


Las líneas telefónicas de ayuda a niños y adolescentes reciben un pico de llamadas en septiembre, cuando hay un reencuentro físico.

Por DOMITILA DÍEZ

El País, 8 de septiembre de 2025

Para algunos niños y adolescentes, los días previos a empezar las clases están marcados por la incertidumbre de cómo serán los nuevos profesores, sus nuevos compañeros de pupitre o la nostalgia del verano. Para aquellos que sufren acoso escolar, estas fechas despiertan el temor de volver a sufrir agresión y maltrato. El dolor de estómago, el insomnio o la ansiedad son señales que hay que atender, según asociaciones de prevención del bullying. La Fundación ANAR, dedicada a la defensa de los derechos de la infancia y la adolescencia, registra en septiembre el pico anual de llamadas a su línea gratuita de apoyo. La tendencia también se repite en el número contra el acoso del Ministerio de Educación, gestionado por la misma ONG.

Los síntomas ya aparecen al final de las vacaciones. La psicóloga especializada en trauma y apego Gala Secchi ha observado que entre sus pacientes “empiezan a subir muchísimo los picos de ansiedad, porque hay una huella de memoria de lo que pasó el año anterior”. Los afectados se aíslan, tienen problemas para dormir, cambios abruptos de conducta o ánimo. No quieren volver. Además, en algunos casos, la hostilidad se ha mantenido activa durante el verano a través de las redes sociales. Secchi resalta que “muchas familias entienden que no quieren ir al colegio porque no les gusta estudiar, pero no quieren ir porque les están pasando cosas”. La terapeuta anima a crear espacios confianza para que los chicos cuenten cómo se sienten e intentar detectar esos malestares a los que les cuesta poner en palabras.

La directora de la línea de atención permanente de ANAR, Diana Díaz, confirma: “Sabemos que en el momento que se inicie el curso, como todos los años, va a haber un repunte de llamadas”. Quienes vivieron cierto alivio durante las vacaciones vuelven a sentir la indefensión aprendida: la sensación de que, hagan lo que hagan, no podrán escapar del acoso. El año pasado, la fundación acompañó a 4.786 niños y adolescentes en este tipo de casos, un 26% del total de atendidos. El equipo brinda asistencia psicológica, social o jurídica a los menores y a sus familias.

Insultos, motes y hacer el vacío son las formas más frecuentes del hostigamiento, que afecta a uno de cada diez alumnos en España, según el último estudio de ANAR. Diana Díaz resalta que “el acoso escolar es una situación de estrés sostenido y por eso es tan importante actuar desde el primer indicio, para que no se cronifique”. El último informe de Save The Children recoge que los menores que son víctimas de bullying tienen 2,5 veces más riesgo de intentos de suicidio.

Carmen Cabestany, presidenta de Asociación no al acoso escolar (NACE), que trata unos 500 casos al año, compara la experiencia con atravesar un túnel oscuro: “Al principio, sienten desconcierto; a medida que se adentran en ese pasaje viene el miedo, la impotencia, la rabia y hay un punto en el que traspasan una línea roja”. Las consecuencias emocionales se agravan con el tiempo y pueden derivar en estrés postraumático, autolesiones o ideación suicida. También puede desencadenar fobia escolar (un terror irracional al colegio). “No es que no quieran ir; no pueden ir. Se desesperan porque saben que tienen que volver al lugar del martirio”, incide Cabestany. En estos casos se debe contar con una orden médica para no asistir a clases y recibir un profesor a domicilio.

María José Díaz-Aguado, catedrática de Psicología Evolutiva y de la Educación, señala que “los centros educativos deben extremar la atención las primeras semanas”. La experta insiste en que deben “transmitir a las víctimas que va a ser un lugar seguro, y a los matones que la escuela no va a tolerar el abuso”. Eso exige que haya figuras de autoridad presentes en espacios como el patio o la entrada del colegio, donde con más frecuencia se puede producir.

Según un estudio de la Unidad de Psicología Preventiva en la Universidad Complutense en colaboración con la Fundación ColaCao —que ha dirigido Díaz-Aguado—, casi 4 de cada 10 víctimas no le ha contado a nadie lo que vive y el 66% de los matones no ha tenido ninguna conversación con el profesorado sobre su comportamiento. “No es la víctima quien tiene que renunciar a ir a la escuela, es la escuela la que tiene que cambiar para que la víctima se sienta segura”, enfatiza la especialista.

La Asociación española de prevención de acoso escolar (AEPAE) también ha recibido consultas de familias preocupadas por la vuelta al colegio. Enrique Pérez-Carrillo de la Cueva, su presidente, explica que la decisión de cambiar al alumno de centro educativo “puede ser una solución de emergencia, pero no lo protege”. Según el experto, el cambio “le revictimiza, porque percibe que el problema es él”. Advierte de que, si ingresa al nuevo con una actitud inhibida, fruto de su experiencia anterior, puede volver a ser agredido.

Para preparar el regreso a clase, los expertos coinciden en que se puede trabajar con los menores la autoestima y la seguridad, así la indefensión aprendida se va diluyendo. Carmen Cabestany recomienda “enseñar a la víctima a decir que no con la mano, con la voz y con la mirada; es decir, utilizar el lenguaje verbal y no verbal para expresarse frente a sus agresores”. Sin embargo, la también docente advierte de que “en ningún caso, los adultos deben presionar a la víctima para que haga eso. Si no se siente segura, los padres no deberían decirle: ‘Oye, que no me entere de que tú te dejas pegar’. Es absolutamente contraproducente”. Por más de que la víctima requiera herramientas, los especialistas insisten en no focalizar el trabajo únicamente en ella, sino en el victimario y los compañeros testigos, claves para intervenir.

01 agosto 2025

Una foto que es el espejo de nuestra vergüenza

La historia detrás de una foto que simboliza el hambre en Gaza: “La tomé mientras yo mismo pasaba hambre”

El fotógrafo gazatí Ahmed al Arini relata el dolor y el agotamiento con los que lidia a diario para documentar la catástrofe humanitaria que azota el enclave

Fotografía hambre en Gaza

Ahmed al Arini tuvo que caminar un buen rato con la cámara al hombro para llegar a la tienda de campaña donde malvive el pequeño Mohamed con su familia. Una más en medio de un océano de lonas que abarrotan el campo de desplazados situado al este de Ciudad de Gaza. Mohamed Zakariya Ayyoub al Matouq tiene un año y medio y pesa apenas seis kilos. La imagen de su cuerpo esquelético, en los brazos de su madre, ha dado la vuelta al mundo como símbolo de la catástrofe humanitaria que asola la Franja tras más de cuatro meses de bloqueo impuesto por Israel a la entrada de ayuda humanitaria y más de 60.200 muertos.

Lleva una bolsa de plástico negra en lugar del pañal, un producto que escasea y que ya se ha convertido en un lujo inalcanzable para la mayoría de los gazatíes, ya que uno de ellos puede llegar a costar 10 shekels, alrededor de tres dólares. Las familias se ven así obligadas a suplirlos como pueden, con viejos trapos o bolsas de plástico.

Al Arini retrató al pequeño Mohamed para mostrar al resto del mundo el hambre extremo que afecta a los niños gazatíes. Entre un disparo y otro, tenía que parar y respirar profundamente. “Lo fotografié en el interior de una tienda de campaña para familias desplazadas, en medio del hambre, el dolor y una grave escasez de leche de fórmula y pañales”, recuerda este fotógrafo de 25 años. “Decidí documentar su historia —y la de otros niños— porque los signos del hambre eran claramente visibles en él. Había visto sus fotos anteriores, cuando estaba sano y lleno de vida, y luego vi el desgarrador estado en el que se encuentra ahora”, añade en conversación con este periódico a través de un servicio de mensajería instantánea. Mohamed había pasado de nueve a seis kilos, alrededor de la mitad de lo que suele pesar un niño de su edad. “Me sobrecogió el dolor al ver lo demacrado que estaba. Hice estas fotos mientras yo mismo pasaba hambre”, explica.
El fotógrafo gazatí Ahmed Jihad Ibrahim Al Arini, el 25 de julio.

La historia de Mohamed no es un caso aislado. El Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) estima que más de 320.000 menores de cinco años en Gaza se enfrentan al riesgo de desnutrición aguda. Alrededor de 90 menores han fallecido por esta causa desde el 7 de octubre de 2023, según el Ministerio de Sanidad gazatí, controlado por Hamás.

Gaza vive, actualmente, el peor escenario posible de hambruna. Así lo alertó el pasado martes la Clasificación Integrada de la Seguridad Alimentaria (IPC, por sus siglas en inglés), el principal sistema internacional para monitorear el hambre. Los últimos datos, recopilados por la organización a través de entrevistas telefónicas en julio, evidencian que el 81% de los hogares atravesaban días en los que no tenían ningún alimento que comer. Un 96% de los hogares encuestados, además, declararon haber pasado hambre varias veces al día en el último mes. Nueve de cada 10 hogares, incluso, asumieron riesgos para obtener alimentos o los buscaban entre la basura. “El acceso de la población a los alimentos en toda Gaza es ahora alarmantemente irregular y extremadamente peligroso”, dice el IPC en un documento de alerta difundido en su página web. De acuerdo con sus cifras, entre abril y mediados de julio, más de 20.000 niños han sido ingresados para recibir tratamiento por desnutrición. La única solución, advierte el IPC, es un cese de hostilidades que permita el acceso sostenido y seguro de ayuda humanitaria.

El ejército israelí anunció el domingo algunas medidas para garantizar un mínimo alivio del bloqueo y permitir más entrada de ayuda a través de “rutas seguras”. Naciones Unidas, sin embargo, sigue insistiendo en que es insuficiente para evitar una hambruna y una crisis sanitaria catastrófica y denuncia obstáculos “burocráticos y de seguridad” al ingreso de suministros por parte de Israel.

“La gente vive en condiciones desesperadas, en tiendas improvisadas instaladas en las calles y entre los escombros de sus casas destruidas. Se enfrentan a una grave crisis. Los precios están por las nubes, faltan todos los alimentos y suministros básicos, no hay gas para cocinar”, enumera el fotógrafo.

Trabajar como fotoperiodista en este contexto me llena de dolor y me agota
Ahmed al Arini, fotógrafo gazatí

Los periodistas gazatíes son los únicos narradores de lo que ocurre en la Franja, ya que el Gobierno de Benjamín Netanyahu ha vetado la entrada a la prensa internacional desde el comienzo de la ofensiva. Desde entonces, más de 230 informadores han fallecido a manos del ejército israelí, según el Sindicato de Periodistas Palestinos.

Al Arini, quien actualmente colabora con varias agencias de noticias internacionales, tuvo que huir de Yabalia, en el norte del enclave, después de que el hogar de su familia resultara destruido como consecuencia de un ataque israelí. Desde entonces, vive en la capital, Ciudad de Gaza. “Trabajar como fotoperiodista en este contexto me llena de dolor y me agota. Cubres la guerra y el asedio mientras estás hambriento, agotado e incapaz de proporcionar alimentos a tu propia familia e hijos. Quizá el mundo se haya acostumbrado a estas escenas. Llevamos casi dos años conviviendo con la muerte, la destrucción y el asedio. A nadie parece importarle lo que están soportando los civiles y la gente inocente de Gaza”, lamenta. Sin embargo, sigue esperando que esas imágenes “puedan ayudar a detener el genocidio y a poner fin a esta dolorosa guerra”.

04 julio 2025

Lo que nos jugamos

Por Nicolás Sartorius 

elDiario.es, 3 de julio de 2025

No es fácil en los tumultuosos y oscurecidos tiempos que corren discernir lo que, en realidad, está en juego. El caos, el ruido y la furia se han convertido en el hábitat omnipresente que todo lo abarca, lo engulle y lo acaba expulsando, como el mar los detritus, hacia las aturdidas mentes del personal sufridor. No es nada sencillo que la realidad real o la verdad verdadera se abran camino ante tanta manipulación, ante el imperio de lo virtual, de la falsificación o, sencillamente, de la mentira. El mundo está inmerso en peligrosas guerras de momento locales en Ucrania, en Oriente Medio –el genocidio de Netanyahu en Gaza, la guerra contra Irán–, todo ello apoyado por los EEUU de Trump y aquí, por lo visto, lo que más interesa es hablar de Koldo, de Ábalos y de Cerdán.

¿Es que alguien se cree que la potencia americana, con el concurso de Europa, no podría acabar con estos conflictos si de verdad se lo propusiesen? ¿Por qué Netanyahu, al frente de un país de diez millones de habitantes, se permite cometer los crímenes de Gaza, bombardear Teherán y lo que se ponga por delante –sin una sola sanción–, si no es porque cuenta con el apoyo incondicional de Trump y de la pasividad de buena parte de los países europeos, que mientras han impuesto, con razón, multitud de sanciones a la Rusia de Putin, aquí están agarrotados por extraños complejos del pasado o intereses del presente?

Y ahora vienen el preboste de la OTAN y su fiel escudero Mark Rutte a ordenar que tenemos que gastar la estrambótica cifra del 5% del PIB –más de 80 mil millones de dólares en cifras de 2024–, lo que supondría un golpe durísimo a nuestros derechos sociales en sanidad, educación, etc. Un diktat o ukase escandaloso e inútil al que se ha opuesto, únicamente, ese presidente español al que hay que abatir por todos los medios. Sabemos lo que sucedería si gobernasen las derechas: pues que aceptarían sin rechistar como han hecho siempre ante los requerimientos del “amigo americano”.

Desde luego no es suficiente para mover voluntades con exclamar “que viene la ultraderecha”, sin embargo, lo que irrumpe no es sólo eso, sino la ola más reaccionaria, antisocial, antieuropea y antidemocrática desde la IIª Guerra Mundial. Con un presidente de los EEUU a la cabeza de la contrarreforma, atrabiliario e imprevisible; una Unión Europea en la que solo tres países tienen gobiernos progresistas, donde en grandes naciones como Alemania, Francia e Italia la derecha radical es la segunda fuerza o gobiernan partidos euro incrédulos o descreídos. En una palabra, lo que está en juego es la democracia social –el modelo europeo–, la propia integración de la UE, los derechos civiles de las minorías, aparte de la fumigación de los emigrantes. En el fondo un sistema más parecido al de Trump que al que conocemos los europeos.

¿Por qué creen ustedes que existe esa ansia, avidez o impaciencia por acabar como sea con este Gobierno y el odio enfermizo que suscita su presidente? Pues porque España es el único país relevante que cuenta con un ejecutivo de coalición de izquierda, que ha aliviado algo las faltriqueras de los pudientes –lo que llaman “el infierno fiscal”–; ha normalizado totalmente la situación en Cataluña con una amnistía plenamente constitucional, como defendí en el origen de los tiempos; se han producido avances en derechos sociales y civiles, la economía es la que mejor funciona de Europa y la política exterior es, por lo menos, la más decente de las que circulan, al reconocer, este Gobierno, al Estado palestino, oponerse al atraco del 5% del PIB en armas, aumentar la ayuda al desarrollo o avanzar en el tema de Gibraltar. Todo ello sostenido por una mayoría parlamentaria en la que hay, por lo visto, “comunistas”, “separatistas” y “terroristas”. Algo realmente insoportable para los poderes tradicionales y sus corifeos mediáticos, que se han dedicado toda su vida a esquilmar al personal sufridor.

Claro que el asunto Cerdán, Ábalos, Koldo puede ser aberrante y exige que se tomen medidas rápidas y contundentes de naturaleza orgánica y política, con el fin de acabar de una vez con el cáncer de la corrupción. Y claro es que si informaciones fehacientes involucrasen a la presidencia o a la financiación ilegal del partido socialista la situación se haría, prácticamente, insostenible. Pero, en todo caso, un gobierno democrático no puede caer, de ninguna manera, por informes de la Guardia Civil o de cualquier policía. Aceptar esto sería terriblemente peligroso, pues hay que recordar que la costalada del Gobierno de Rajoy, que estaba de corrupción hasta las cejas, se debió a una sentencia de la Audiencia Nacional y no a informes policiales. En el caso actual se pretende que salte todo por los aires, la presunción de inocencia y lo que haga falta. Y estas agónicas ansias por fulminar a Sánchez tienen varias causas: la cercanía de juicios durísimos contra el PP por los manejos de la llamada “policía patriótica” y otras trapacerías; porque piensan que de celebrarse de inmediato elecciones arrasarían, mientras que dentro de dos años ya veríamos y, tercero, porque, tal y como va de bien la economía y las posibilidades muy reales de llegar al pleno empleo, es una pera en dulce lo que esta izquierda de nuestros pecados les dejaríamos en herencia.

Así que en el caso de España nos jugamos que regrese la tensión en Cataluña, con una derecha que no entiende, ni ha entendido nunca, la naturaleza plural de nuestro Estado, con presidentas de CCAA que se ausentan cuando alguien se expresa en catalán o vasco, idiomas que hablan millones de españoles en diferentes nacionalidades.

Nos jugamos el creciente deterioro de los servicios públicos fundamentales como la sanidad, la educación, las universidades o la ciencia, con el aumento desaforado de las privatizaciones, como ya está sucediendo en las CCAA que gobierna la derecha. No olvidemos que el eje central del programa de las derechas es bajar impuestos, es decir, deteriorar el Estado de bienestar y acrecentar el de malestar de la mayoría. Con una advertencia: toda política ultraliberal de recortes sociales sólo es factible imponiendo formas de represión. La presidenta de la CCAA de Madrid ya lo ha advertido ante las movilizaciones en la Universidad. Tomemos nota de lo que está sucediendo en EEUU, Argentina, Hungría, etc.

Nos jugamos el que no se practique una política razonable con la emigración, que es una de las bases de nuestra prosperidad y de una convivencia humana digna, a diferencia de lo que se hace en Italia, Hungría o incluso Gran Bretaña.

Nos jugamos que se regrese a actitudes y decisiones restrictivas en materia de derechos civiles como el aborto, la eutanasia y todo lo que hace referencia a los movimientos LGTBIQ.

Nos jugamos el que se haga inviable la reducción de la jornada laboral, pues las derechas están en contra, como se ha visto en el Parlamento, en el tema de las 37,5 horas. Proponen sustituir dicha rebaja, deseada por la generalidad de la ciudadanía, por una mayor “flexibilidad”, es decir, por la realización de millones de horas extras no pagadas. En este sentido, nos jugamos que se recorten derechos sindicales, reduciendo la representación de los trabajadores en los comités de empresa y en el diálogo social, como ya sucedió en CCAA gobernadas por el PP/VOX.

En una palabra, nos jugamos la democracia social, con libertades y derechos, el modelo europeo que los Trump y Putin, desde fuera, y sus socios desde dentro quieren laminar a toda costa.

Nos jugamos a que regresemos a la pérdida de la Memoria Democrática, que nos ha costado tanto ir recobrando, pues lo primero que harán las derechas, como ya están haciendo donde pueden, es derogar la ley homónima, base de una cultura democrática digna.

Nos jugamos el retroceso a la jungla del pelotazo urbanístico del pasado ante la concepción propia de las derechas en el sentido de que la vivienda es un negocio goloso y no una necesidad vital del ser humano.

Nos jugamos que la justicia siga en manos de jueces y magistrados que se concentran y hacen huelga, sin cobertura legal, cuando las leyes del Parlamento no les gustan.

Nos jugamos la reculada a los tiempos de una especie de nacional-catolicismo, ante la insólita imagen de que una parte preponderante de la jerarquía de la Iglesia católica proponga la celebración inmediata de elecciones generales con el fin de terminar con el actual gobierno democrático, al que quedan dos años de la actual legislatura.

No olvidemos, por favor, todo lo que nos jugamos, porque si nos despistamos o nos lían, si no nos organizamos y movilizamos, nos arrepentiremos… pero ya será tarde.