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17 febrero 2026

“No latinos, no asiáticos, no gordos, no pluma... hay gente en Grindr que hace mucho daño”: cómo una ‘app’ moldeó la vida sexual de una generación.

Diversos artículos, ensayos y usuarios se quejan de que la popular aplicación de citas para gente ‘queer’ ha cambiado, para mal, las relaciones sexuales. Pero otras voces señalan que la tecnología solo refleja la sociedad.

Por MARITA ALONSO

ICON, 17 de febrero de 2026

Grindr

Mientras que la caída de suscriptores, descargas y valor de Tinder o Bumble indica que las aplicaciones de citas se encuentran en un momento delicado, Grindr, la aplicación basada en geolocalización creada en 2009 por el empresario Joel Simkhai para conectar a la comunidad LGTB, vive un gran momento, aunque sus usuarios lleven meses quejándose de que su versión gratuita es un infierno de usabilidad. Así lo indica un análisis de GfK DAM, medidor oficial del consumo digital en España, que señala que Grindr congrega a 635.600 visitantes mensuales, un 30% más que el año anterior. “Aunque no lidere en usuarios únicos, el uso de Grindr es muy intensivo, siendo el sitio donde más tiempo pasan los usuarios: 10 horas y 12 minutos mensuales por persona”, apostillan.

Toda una generación de hombres queer ha comenzado a explorar su vida emocional y sexual a través de la aplicación, y son muchos los famosos que han hablado acerca de sus experiencias con ella. (...) Precisamente en Le Monde Alice Raybaud escribió recientemente un reportaje sobre cómo Grindr moldea la sexualidad de los jóvenes homosexuales y cómo cuestionan la influencia que la plataforma y sus normas machistas tuvieron en su desarrollo emocional.

“En el mundo gay, el cuerpo es una moneda. Todo gira en torno a la carne: torsos, filtros, roles. La validación se mide en miradas, matches y metros de distancia. Nos educaron para competir por deseo, no por ternura. En el mercado del cuerpo, pedir afecto suena a fallo del sistema”, señalan desde Untoxic Mag. “Como si la necesidad emocional fuera una grieta que hay que ocultar. Pero el cuerpo también tiene memoria, y lo que pide no siempre es placer: a veces es calor, cuidado, presencia. No hay algoritmo que sustituya esto”, dicen.

Matías C, cirujano, comenta a ICON que Grindr es una aplicación en la que se ha normalizado la violencia. “Te preguntan sin decir ‘hola’ cuál es tu nacionalidad, cuánto te mide el pene y si eres activo o pasivo. Recibir vídeos de gente follando o fotos pornográficas de primeras, sin haberte siquiera saludado, es violento”. Las normas de Grindr, eso sí, piden a sus usuarios que solo envíen este tipo de material cuando hay consentimiento y la otra persona las ha pedido o ha aceptado verlas. Otra cosa, claro, es que las normas se cumplan.

“Me considero muy sexual, pero esto no tiene nada que ver con la libertad”, continúa Matías C. “Este no es un mensaje moralista: me encanta el sexo y me gusta disfrutar de él activamente. Pero para follar, necesito unos mínimos. Me interesa saber el nombre de esa persona y asegurarme de que me voy a sentir cómodo y de que voy a un espacio seguro”.

Añade que, como todas las aplicaciones, Grindr es una factoría de crear necesidades. “Todo el mundo habla de morbo y de fetiches pero en realidad, son cadenas y necesidades creadas por el patriarcado. Por descontado, los cuerpos que abundan en la aplicación son normativos y se hace apología de ellos. ¿Qué maricón no tiene un entrenador o está apuntado al gimnasio hoy por hoy?”, se pregunta.

17 años después de su lanzamiento, la aplicación se ha convertido en un fenómeno tan cotidiano como polémico. Grindr ha cambiado la manera de encontrarse y de desear en la era digital, pero junto al éxito está presente el debate: muchos le atribuyen haber impulsado una cultura de lo inmediato, donde los encuentros casuales se volvieron norma y las reglas del juego cambiaron para siempre. Publicaciones como Dazed se llegaron a preguntar, en 2024, si más que cambiar el sexo entre hombres, lo había arruinado para siempre. Al mismo tiempo, las críticas señalan que la plataforma no ha escapado a las tensiones del mundo real: dinámicas de poder, estereotipos y desigualdades —ya sean patriarcales, raciales o de clase— también encontraron allí su reflejo. En ese cruce entre libertad, tecnología y controversia, la aplicación sigue marcando el pulso de una generación.

“Hemos sido educados con la idea de que podemos escoger lo que queramos cuándo queramos y cómo queramos”, explica otro usuario llamado Javier, que se dedica al periodismo. “Y por eso al final el uso que se hace mayoritariamente de Grindr es el de una hookup application [aplicación para un polvo], pero no nació en principio para eso, sino porque vivíamos en una situación de estigma. Se ha convertido en una aplicación en la que los hombres nos olvidamos de que estamos hablando con un ser humano que tiene sentimientos, que puede buscar cosas diferentes o que tiene necesidades mucho más amplias que el sexo rápido y superficial”. Alude también a los mensajes que muchos usuarios escriben en sus biografías. “Ponen textos que pueden hacer sentir mal a la gente. Yo estoy seguro de mí mismo: sé lo que tengo y lo que no tengo, pero hay perfiles en los que ponen mensajes como ‘no latinos’, ‘no asiáticos’... Pueden estar haciendo daño a mucha gente que puede estar viviendo un drama o tener complejos”, asegura.

Manuel J. Romero, periodista, añade entonces que quien no tenga un cuerpo normativo, ha de estar “muy preparado mentalmente para entrar en Grindr”. “Estás dando el paso adelante de intentar conocer a alguien cuando ya de por sí, con tu físico, es complicado en la vida real. Abres Grindr y te encuentras un sitio hostil. Pero no solo hostil ante tu ejecución: ocurre que le escribes a alguien y te responde ‘no, gordo’; sino que incluso te atacan sin venir a cuento”, comenta a ICON. “He recibido muchos mensajes peyorativos de gente que sin decir ni hola, te envía mensajes desagradables. Desde el pasivo agresivo ‘qué lástima; si perdieras unos kilos, serías guapísimo’, hasta de forma muy directa: ‘no sé qué haces aquí, estás ocupando espacio para que me salga otro que no esté gordo’ o directamente, cosas como ‘qué asco de gordo’. Aprendes a no darle importancia con los años, pero te mina la moral. Yo hace años que no me atrevo a quedar con nadie sin decirle antes y de forma muy concreta mi tipo de cuerpo”, confiesa.

Jordi S., informático, señala que que aunque la aplicación promueve ciertos estereotipos, es algo que se ha convertido en una dinámica del colectivo más allá de las pantallas. “Los comentarios no han sido mi problema particularmente. En Grindr suele reinar la ley del silencio si no entras dentro del gusto de otra persona. Pero es cuestión de tiempo darte cuenta de que te conviertes en un kink [un fetiche]. Si alguien te habla es porque tu condición es el fetiche de esa persona, no por la persona que eres. Y la sensación acaba siendo de conformidad. Si no eres normativo, tienes que conformarte con quien te decida hablar. No hablemos ya de que al convertirte en fetiche, es raro que alguien decida mantener contacto después de que pase algo. Satisfecho el fetiche, no aportas más a esa persona”, explica.

Javier alude también a los perfiles en los que se especifica que no se buscan hombres con pluma. “Nos han inculcado tanto que tenemos que ser machos alfa, que se castiga la feminidad. También es habitual que te pregunten cuánto te mide el pene antes de quedar. Pues cariño, no lo sé, no tengo 15 años, no me lo mido…”, asegura.

El escritor Nando López indica que la plumofobia no es más que una forma lamentablemente extendida de machismo y de homofobia. “Por desgracia, está presente también dentro del colectivo. Lo único que sucede en Grindr es que, con la falsa coartada de los gustos sexuales, hay quien expresa de manera explícita esos prejuicios que, en su discurso habitual, no verbalizaría. Pero no creo que la plataforma fuerce una mentalidad, solo la transcribe. Es a nosotros a quienes nos corresponde cambiarla”, dice.

Thibault Lambert, autor de Ce que Grindr a fait de nous (JC Lattès, 2025) (Lo que Grindr nos ha hecho), asegura que al escribir el ensayo y hablar con profesionales de la salud, médicos, psicólogos y sexólogos sobre la aplicación, todos le comentaron que Grindr era un asunto omnipresente en sus consultas. “Tanto, que parecía que fuera un paciente más”, dice.

Nando López quiere remarcar que las plataformas no son más que un vehículo cuyo funcionamiento depende del uso que les damos y, en la actualidad, la cosificación y la hipersexualización son dos problemas que afectan a nuestra manera de generar vínculos dentro y fuera de Grindr. “No basta con atribuir a una app el problema de la deshumanización en nuestras relaciones, algo que no solo afecta al colectivo, sino que está presente en todas las orientaciones sexo-afectivas. Debemos hacer un análisis mucho más profundo, pues esas apps nacen de una sociedad en la que hasta el afecto y el sexo se viven desde una perspectiva ultracapitalista, en la que consumimos cuerpos como si fueran otro objeto más. Y eso responde a una dinámica y a un modelo de pensamiento mucho más complejo y profundo en el que apps como Grindr o Tinder no dejan de ser un engranaje de ese sistema”, añade.

Lambert comenta que el objetivo no es que los hombres se desinstalen en masa Grindr, sino intentar emplear la aplicación de forma razonable, sin sufrir por ello. “No debemos olvidar que Grindr puede ser una gran herramienta para conocer gente, especialmente cuando eres joven en un entorno donde la homosexualidad no es habitual o donde conocer gente no es fácil”, asegura. “Es cierto que muchas veces se nos olvida que no todo el mundo dentro del colectivo vive en espacios visibles y seguros, de modo que la existencia de este tipo de aplicaciones les permite conocer gente en entornos donde esa visibilidad no es una realidad absoluta”, matiza López.

Lambert considera que lo interesante sería intentar comprender por qué esta aplicación, esencial para muchos hombres, causa al mismo tiempo tanto sufrimiento. “Me parece un poco utópico esperar un Grindr mejor en un futuro próximo. Grindr tiene todo el interés en no moderar excesivamente el contenido, porque eso es precisamente lo que hace atractiva a la plataforma. Hay cierta libertad de tono y existe la posibilidad de mostrar búsquedas muy precisas e incluso casi intransigentes. Sigue siendo responsabilidad de los propios usuarios denunciar comentarios ofensivos o hasta ilegales”, explica. “No habrá un Grindr mejor hasta que haya un cuestionamiento comunitario e individual de nuestra concepción de la masculinidad, de lo que es un cuerpo deseable y de la fetichización que opera en nuestras dinámicas deseadas. Necesitamos cuestionar nuestros deseos y cómo afectan a nuestros encuentros”.

20 enero 2026

Más que rivales, más que una serie


Por CARLOS MARTÍN GAEBLER

Desde Canadá nos llega Más que rivales (Heated Rivalry, 2025), la primera serie de ficción en torno a jugadores de un deporte de equipo profesional tradicionalmente vinculado a una heterosexualidad hipermasculinizada como es el hockey sobre hielo, pero, con la diferencia, en este caso, de que varios de los protagonistas son bisexuales o directamente gays. 

En la miniserie confluyen varias tramas que se complementan. Por un lado, a los protagonistas se les presenta el dilema de no poder salir del armario siendo jugadores de élite de un deporte de equipo, un contexto en el que fácilmente la vida privada puede convertirse en un asunto público, objeto de la conversación social (en redes o en la vida real). Por otro lado, la tensión constante por no bajar la guardia para evitar ser descubiertos en público atenaza 24/7 a las dos parejas de amantes, algunos de los cuales sienten la necesidad de hacer pública su relación amorosa (sin tener que verse impelidos a disimular lo que no son) y vivir un amor normal, a la luz del día.

La ficción creada por el canadiense Jacob Tierney, que logra mostrar al gran público el enorme sufrimiento de vivir una vida en el armario, ha propiciado un debate social entre aficionados al hockey en Canadá, y está llamada a derrumbar muchas barreras, echar abajo el mito ignorante de que un hombre es menos hombre si se deja follar y abrir muchas mentes en el machista mundo del deporte.

La trama de esta ficción audiovisual es extrapolable a cualquier otro deporte de equipo, y aquí radica su relevancia. Pocas ficciones han versado sobre este asunto hasta ahora con tal verosimilitud. Aparte de algún cortometraje, sólo conozco el espléndido mediometraje Wonderkid (2016), comisionado por la Premier League para luchar contra la homofobia en los estadios, la película germana Mario (2018), cuyo protagonista es un futbolista gay, y una estupenda serie noruega, Home Ground (2018), en la que el joven guardameta de un equipo de categoría regional sale del armario con total naturalidad mientras es entrevistado a pie de cancha por un periodista de televisión.

Más que rivales muestra sin reparos un homoerotismo voluptuoso que seduce desde el primer fotograma. Con diferencia, los mejores episodios son el tercero y el quinto, que contiene una escena para ver en bucle una y otra vez. Confío en que cuando muchos deportistas, independientemente de su orientación sexual o del deporte que practiquen, vean esta miniserie (por lo demás, espectacular, trepidante y glamurosa), van a aprender mucho sobre el amor, el sexo y la ternura entre hombres. cmg2026

PD: Olé por Manu García, guardameta del Marbella FC, primer futbolista español abiertamente gay.

Más que rivales está disponible en M+ y en HBO Max. Recomiendo escucharla en versión original subtitulada.

31 agosto 2025

Besos a escondidas en el siglo XXI

"Hace unos meses estuve con un chico. Una de esas relaciones líquidas, relaciones de sí pero no, de colegueo, y de todas esas infinitas formas de nombrar y que nos obsesiona a los jóvenes —o casi jóvenes como yo— hoy en día. En la despedida, en la penumbra del salón de su casa, a 400 kilómetros de la mía, me dijo: 'Te beso aquí, fuera no me gusta que me vean'. Y en ese momento, me lo replanteé todo. 

¿Vivimos realmente en una sociedad sana? ¿Plural? ¿Abierta a la diversidad? ¿Merezco yo, que me entrego libre y disponible, ser relegado a la sombra? ¿Es él libre de ocultar a quien le entrega su intimidad? Quizá. Pero comprendí que, aunque en parte es víctima, también es verdugo. Y decidí quedarme con lo segundo. Porque ya tenemos una edad. Porque la vida pasa. Y nadie, absolutamente nadie, merece vivir en lo oculto. Menos aún en una sociedad que presume de ser libre, diversa, plural… y está llena de banderas arcoíris. ¿O no?"

RICARDO RODRÍGUEZ (Carta a la Directora, El País, 24.08.25)

21 julio 2025

Grindr, ¿privilegio o condena?

Por LUISGÉ MARTÍN
SE LEE EN 3 MINUTOS


Hace unos días, un amigo gay veinteañero volvió a manifestarme su desasosiego por el modo de vida Grindr. Mi amigo usa la aplicación con el propósito –sincero– de encontrar un novio, pero solo encuentra sexo libertino y abundante.

No se queja solo de los demás, sino de sí mismo. “Es tan fácil y tan fantástico follar”, dice con gesto melancólico, “que uno no tiene fuerzas para dejar de hacerlo. Luego sientes arrepentimiento y dices que a partir de mañana vas a sentar cabeza, pero al día siguiente se ha esfumando el arrepentimiento y Grindr en cambio sigue allí, en el teléfono móvil”.

Mi amigo es resultón, pero no es un modelo de pasarela. Tampoco es un chico fácil: es exigente con sus amantes, los selecciona. Es decir, su ritmo frenético no tiene que ver con la belleza ni con la docilidad, sino con el sistema mismo. Este amigo ya me había contado antes sus penalidades sentimentales, pero no ha sido ni mucho menos el único.

A varios gays de entre veinte y cuarenta años les he escuchado reiteradamente contar lo mucho que necesitan el amor y lo complicado que les resulta conseguirlo en tiempos de Grindr por su propia incontinencia. Yo, que estoy ya cómodo en mi papel de anciano precoz, reacciono primero con una cierta indignación y luego, ya calmado, me pongo a filosofar.

La indignación tiene que ver con la historia de mi generación. Me pasa cuando me cuentan esto como le pasaba a mi abuelo cuando yo dejaba en el plato las verduras o el pescado que no me gustaba. “Con el hambre que pasé yo en la guerra”, me decía. Y eso les digo yo a mis amigos: “Con el hambre que pasé yo en la adolescencia, ¿cómo os podéis quejar de follar mucho?”.

Internet –y sus chats– empezaron a funcionar, de forma muy rudimentaria, cuando yo tenía treinta años. En aquellos tiempos, si chateabas se cortaba la línea telefónica: o usabas datos o usabas voz. Antes de eso, solo estaba el desierto: anuncios por palabras en revistas, a los que había que contestar por correo postal, o bares de ambiente. Los teléfonos inteligentes y las aplicaciones nacieron mucho después.

Grindr cumple en este mes de marzo [de 2019] diez años, y su función consistió en hacerlo todo mucho más fácil. Rápido, inmediato, cercano. En tu barrio o en la ciudad más remota del mundo, si viajas. A las tres de la tarde o a las cinco de la madrugada. A mí me daba rabia no haber tenido Grindr en mis noches juveniles de soledad. Sentía envidia de esa simplicidad con la que se puede llegar al sexo feliz, pero también a la compañía, a la aventura, a la tentación.

Cuando me pongo a filosofar, las confesiones de mis amigos me hacen dudar de si Grindr –o Scruff, o Wapo, o Hornet, o Tinder– son un privilegio o una condena. El arquitecto Mies van der Rohe acuñó una sentencia muy sabia que a veces es difícil de aceptar: “Menos es más”. Él hablaba de edificios, de minimalismo, de sencillez estética, pero vale para casi cualquier orden de la vida. Cuando las cosas son exuberantes, cuando son extremadamente fáciles, se pierde el placer de conseguirlas y hasta el goce jubiloso que proporcionan. Y esa es la penalidad mayor del ser humano: lo que es fácil, lo disfrutamos menos; lo que es difícil, en cambio, nos parece una delicia. Somos seres enfermos, no cabe duda.

Mi amigo veinteañero y yo estuvimos buscando soluciones a este desafío. Y encontramos una solución casi estalinista, pero seguramente eficaz. Los gobiernos, a nuestro juicio, deberían legislar para que las aplicaciones tuvieran un único mes de validez y luego un año entero de barbecho. Es decir, durante un mes puedes usarla libremente, pero al final de ese plazo empieza una cuarentena larga.

De ese modo, los que buscan promiscuidad perderían derechos civiles, sin duda, pero los que buscan amor tendrían por fin la oportunidad de encontrarlo. Yo, por si las dudas, y por si la reencarnación existe, prefiero tener Grindr a los veinte años. Es probable que la felicidad no mejore todo lo que uno es capaz de imaginar, pero el funcionamiento hormonal será sin duda mucho más saludable.

Publicado en la revista Shangay nº 507, el 22 de febrero de 2019

24 junio 2025

La vigorexia, un trastorno disfrazado de salud y éxito

El auge de los influencers de 'fitness' que idealizan el cuerpo musculoso ha hecho aumentar los trastornos de dismorfia muscular, una conducta obsesiva por lograr un aspecto perfecto mediante el deporte y que afecta sobre todo a hombres jóvenes.

Por MARIONA JEREZ

elDiario.es, 23 de junio de 2025

“Empecé a hacer 25 kilómetros diarios en bicicleta, menos un día a la semana que hacía 50”, explica Mars, estudiante de auxiliar de veterinaria. “Era completamente una obsesión, pensaba que, si no terminaba la rutina, me iba a convertir en una bola”. Mars, que se define como persona no binaria, explica que por el acoso que recibió en el instituto, empezó a hacer ejercicio de manera compulsiva.

Desde maratones en bicicleta estática hasta retos de redes sociales como “30 días de sentadillas” que acababan con más de un centenar de repeticiones diarias. No le puso nombre a lo que le pasaba hasta que en un hospital de día, en el que ingresó por sintomatología depresiva e ideación suicida, una enfermera sugirió que podría padecer vigorexia.

Este trastorno, también conocido como complejo de Adonis, es una dolencia que en España podría afectar a 700.000 personas y que provoca una alteración de la autopercepción física, como la anorexia o la bulimia. Pero, al contrario que estas, la vigorexia -que principalmente afecta a hombres jóvenes- deriva en la obsesión por desarrollar mucha musculatura. 

Mars, con tiempo, y gracias a ponerle un nombre, consiguió salir de la obsesión con el ejercicio. “Antes me veía asquerosamente mal, miraba al espejo y lloraba”, recuerda. “Ahora peso lo mismo, o incluso más, pero me veo divino”. Actualmente, sigue haciendo deporte y quiere probar disciplinas nuevas que tengan un componente más lúdico y vayan más allá del gimnasio. Todo para enfocar el ejercicio desde una perspectiva diferente porque es consciente de que una recaída en la vigorexia es fácil para quienes ya la han padecido.

Este trastorno es difícil de detectar porque a primera vista puede parecer una práctica sana, pero el deporte en exceso y de forma obsesiva puede conllevar efectos perjudiciales. “Dedicar muchísimo tiempo al deporte, hacer dietas muy restrictivas o incluso ingerir esteroides es algo que va aislando socialmente de la familia, amigos y de otras actividades gratificantes, haciendo que, a la larga, se puedan tener problemas relacionados con sintomatologías depresivas”, explica el psicólogo sanitario Álex Melic.

La diferencia entre la práctica deportiva común y la que obsesiona al que padece un trastorno de dismorfia muscular es la autoexigencia, normalmente derivada de una baja autoestima. Por ello, este experto explica que se ponen objetivos poco realistas y que se encuentran con que su autoestima no mejora con la adquisición de masa muscular.

Los nuevos modelos: los influencers de fitness

“La vigorexia suele empezar a partir de la comparación con personas del entorno de las redes sociales o de los medios de comunicación”, explica Melic, que apunta al riesgo de querer parecerse a los modelos estéticos y de conducta en los que se han convertido los influencers que relacionan el hecho de tener una apariencia considerada como “ideal” con conseguir más aceptación social.

Un ejemplo de esto se encuentra en las cuentas de influencers como Llados, quien se autodefine como “profesional del fitness” y se hizo viral por un vídeo en el que criticaba a “mileuristas” con sus “fucking panzas”, frase que le hizo famoso y con la cual se han llegado a comercializar camisetas.

Llados vende la imagen de hombre millonario y exitoso a través de sus redes sociales, donde aparece rodeado de mujeres, casas y coches de lujo y llega a relacionar el éxito con su apariencia física. De hecho, es conocido por promover los burpees, una rutina de ejercicio para desarrollar un cuerpo musculado, lo que según él es clave para alejarse de una estética de “perdedor” y “mileurista”.

El peso de los influencers, sobre todo entre las personas más jóvenes, va en aumento. En 2024 se llegó a la cifra total de 207.000 en España. Entre ellos destacan los que se dedican al fitness, que es la cuarta categoría con más visualizaciones en Tiktok, cuyo contenido se centra en la práctica deportiva con videos de ejercicios, retos y tutoriales.

Su alcance se cuenta en millones de personas y su contenido se puede encontrar en plataformas de vídeo como YouTube, pero también en redes sociales como Instagram o Tiktok. Dentro de esta categoría hay dos tipos de creadores de contenidos: por un lado, gente como Patry Jordán o Sergio Peinado, influencers que despegaron durante la pandemia y que se basan en su experiencia como entrenadores o atletas para promover la práctica deportiva.

Pero, por otro lado, hay usuarios como Amadeo Llados o Rafa Martín, que alaban una imagen musculosa como muestra del éxito social. El contenido de estos creadores, que abogan por la imagen del hombre proveedor, dominante y conquistador, es compartido entre la manosfera (sitios de Internet en los que se promueve la masculinidad enfatizada y en los que proliferan tesis misóginas, homófobas y xenófobas).

En los foros de la manosfera se idolatra cada vez más el cuerpo hipermusculado y se llegan a promover tendencias como el lookmaxxing, que consiste en prácticas para conseguir una imagen más masculina. Sus contenidos van desde ejercicios para desarrollar la mandíbula (mewing), a consejos de cuidado e higiene personal o rutinas de gimnasio, pasando por la cirugía estética, el uso de anabolizantes o prácticas desaconsejables como el starvemaxxing, que consiste en no comer para conseguir una imagen más definida.  

“Yo me he obsesionado con los entrenos. Me paso el día mirando el reloj para ver cuánto he dormido y las calorías que he quemado, si soy capaz de aumentar la frecuencia cardíaca en los entrenos... Es como competir con uno mismo”, dice un usuario de redes sociales en la sección de comentarios de un vídeo sobre ejercicios. “Tanto ver [publicaciones sobre] abdomen plano, glúteos perfectos... Tanto mensaje te hace quererlo y se mete en tu subconsciente”, añade.

“Entre los hombres se dan luchas de poder conscientes o inconscientes”, explica Melic, “cuanto más fuerte eres, cuanto mejor cuerpo tienes, más subes dentro del ámbito grupal y más te acercas al liderazgo”. Este experto añade que todos estos estímulos son los que pueden llevar a que las personas con baja autoestima se pongan unas metas muy exigentes para poder destacar en el grupo y acaben cayendo en las garras de la vigorexia. 

Charlie, entrenador personal y técnico de sala del Club Natació Rubí, alerta de los peligros que pueden tener los vídeos y contenidos de los influencers de fitness. “Nosotros, los entrenadores oficiales, estamos preparados, hemos estudiado”, afirma. “Muchos clientes vienen queriendo replicar vídeos de Instagram y puede que al influencer esa rutina le vaya bien porque tiene una buena condición física, pero para alguien que acaba de empezar no es la mejor opción”.

Débora Doña, jefa del departamento físico del mismo club y encargada de la sala de fitness, explica que este perfil se ve sobre todo en adolescentes. Destaca que hay una tendencia en estas edades a ir al gimnasio durante más horas de las necesarias. “Quieren una inmediatez, pero eso no se puede conseguir en el deporte. Se tiene que ir progresivamente”, afirma.

“Es positivo que la gente joven comience a hacer ejercicio, pero hay un envenenamiento. Un niño de 15 años no debería estar en un gimnasio”, cuenta Doña, que asegura que deberían hacer otro tipo de prácticas de equipo o al aire libre, más centradas en el bienestar y la activación física que no en el cultivo de la musculatura. “Hay una línea muy fina que, si no se controla, es fácil cruzar y acabar padeciendo un trastorno”, asegura.

Dificultades para la detección y el tratamiento

La vigorexia es un trastorno que puede pasar desapercibido y es más desconocido que los trastornos de conducta alimentaria (TCA), tal como apuntan los expertos. De hecho, la vigorexia suele acabar derivando en alteraciones en las pautas a la hora de comer y es entonces cuando se hace visible a las personas del entorno. Pero si se ha llegado a este punto, es que el trastorno ha llegado ya muy lejos.

“Los pacientes o sus familias suelen pedir ayuda por el trastorno de conducta alimentaria y no por la vigorexia en sí. Es ahí cuando el profesional, si está formado, puede percatarse de que existe un trastorno dismórfico corporal”, asegura Melic.

“Si iba a comer a un restaurante, antes de ojear la carta, me dirigía al cuarto de baño, me quitaba la camiseta y, en función de mi aspecto físico (distorsionado, por supuesto), me disponía a pedir un tipo u otro de comida”, sostiene un usuario de redes sociales en un post que alerta sobre los riesgos de la vigorexia.

“Compensaba los excesos para lucir un cuerpo de playa los 365 días del año. Mi valía era mi aspecto físico porque reflejaba una serie de hábitos supuestamente valiosos. Y cómo no normalizarlo si las personas que conforman tu círculo social más cercano refuerzan este tipo de comportamientos con un: qué bien te veo, estás más fuerte”, añade.

Ante este tipo de mensajes, el psicólogo Álex Melic destaca que la vigorexia está vinculada al perfeccionismo y debe abordarse desde esa perspectiva. El problema es que, aunque el tratamiento es posible y efectivo, es difícil encontrar profesionales que conozcan este trastorno.

“Tengo una psicóloga y podría pedirle ayuda, pero no sé si sabe exactamente como tratar ese tema”, explica Mars. Muchos pacientes se encuentran en situaciones similares, pues la vigorexia raramente se estudia durante la formación de los profesionales. “Los pacientes tienen que buscar especialistas muy concretos, no es un trastorno estudiado generalmente en las universidades, lo cual es una pena porque afecta cada vez a más personas”, añade Melic.

“Es como una secta, te pilla vulnerable”: los fans arrepentidos de Llados que desmontan el discurso del pseudogurú financiero

La falta de profesionales supone un riesgo añadido a la hora de dejar este trastorno sin resolver. Melic explica que su sintomatología puede acabar coincidiendo con la de un trastorno depresivo y que, aunque se trate ese trastorno, sin abordar la causa e incidir en el perfeccionismo del ámbito deportivo y físico de las personas que sufren vigorexia, a la larga, se repite la sintomatología. “Es un trastorno que se puede confundir con una salud física un tanto restrictiva y que el profesional no vea el diagnóstico”, declara el psicólogo.

08 junio 2025

22 abril 2025

No Manscaping, Please! / Sin depilar, por favor

By MATT STOPERA
Posted on July 10, 2014 on BuzzFeed.com


Dear Men, Never Shave Your Chest

It has come to my attention after browsing the internet and (obviously) frequenting locations where men take off their shirts in public that we are in the midst of an epidemic. If I had a siren to play all over the world, I would. It's a goddamn plague out there, guys. A pandemic! The strange thing about this specific outbreak is that we know exactly the cause: fucking razors.

Here's what is happening:
1. Men are buying razors.
2. Men are putting razors to their chest.
3. Men are shaving their chests.
4. Men are transforming into smooth-shaven puffy tweens.


This is a problem. It is a problem for a multitude of reasons, many of which are sanitary, I think, but mostly it's just about the aesthetic.

In an age of organics, I am completely baffled that we, as human beings, are straying away from the natural, and by the natural, I'm talking about shaving the natural-born hair on chests. It doesn't get more organic than that!

As our forefathers said when they got off the Niña, the Pinta, and the Santa María, "WE ARE HERE TO LIVE NATURAL, PURE LIVES."
A modern-day interpretation of that quote would assume they meant, "DO NOT SHAVE YOUR GODDAMN CHEST."

Chest hair just enhances photos. It brings guys to that next level.
I mean, some guys would be beyond basic without that little bit of hair. As they say on television, "The hair makes the man!"

I just want to say one more thing: Chest hair is really awesome because it's a literal style accessory.

Dear Men, Stop Shaving Your Pubes

Let's end this once and for all. Manscaping spread rapidly, almost like a deadly contagious virus. It seemed like men everywhere were trimming, plucking, and, most unfortunately, de-pubing.

Scary thing is, it continues to this day. Earlier, I delved into the horrors of chest shaving. Now, let me take a deeper dive. And by deeper dive, I mean pubes. It's time to stand up for the little guys (pubes). Save the pubes.

My campaign for pubes begins with the most obvious reason to keep them: There is something inherently humanly hot about a man with a natural body. In layman's terms, pubes are fucking hot.

Aesthetically speaking, they're also charming. They add character. They are nice.

Another crucial role of pubes is that they accent the package. And by package, I'm talking dick. It just works.

There's also science to back this up. Ever heard of pheromones? Sweet, sweet pheromones. From my completely unscientific understanding, pheromones are like sexual napalm. Sweet, sweet, sexual napalm.

It must also be mentioned that we are in the midst of an "ORGANIC REVOLUTION." All of our beauty products are natural, our food is natural, we fucking love natural. This is why our bodies should remain intact.

Lastly, and most importantly, there is nothing creepier than a man with a completely shaved crotch. You look like a puffy tweenAnd I'll be damned if every man looked like a puffy tween. The injustice of it.

I also have to add that razor burn is real! Rawness DOES happen. This is not pleasant.

And I GET IT, some people trim. You can do whatever the fuck you want to do with your body. I'm just advocating for pubes. It's the right thing to do.

Value your pubes. Keep your pubes. Start a revolution and save your pubes.


Spanish top model Jon Kortajarena's raw beauty.

21 abril 2025

¿Qué es ser un hombre en el siglo XXI?

Es necesario que los poderes públicos de todos los países faciliten debates sobre la masculinidad, para actuar de forma más concreta contra la violencia machista, esta plaga que arrasa nuestro mundo.

Por BOLEWA SABOURIN y WILLIAM NJABOUM
El País, 9 marzo de 2020


Mientras escribimos estas líneas, hombres deciden de forma deliberada asesinar a mujeres para reafirmar su dominación sobre ellas. Cada día, en el mundo, mueren asesinadas 137 mujeres a manos de un pariente, y un tercio a manos de su pareja o expareja, según el último informe de la ONU. ¿Cuántas mujeres tienen que ser asesinadas para que se ponga en marcha una verdadera política dirigida a erradicar esta lacra y se entienda por fin que no se trata de sucesos aislados sino de un sistema de dominación social de un sexo sobre otro?

De Harvey Weinstein a Dominique Strauss-Kahn, pasando por Roman Polanski y Jeffrey Epstein, la revolución #MeToo constituye el verdadero punto de inflexión de este siglo, la señal de que no va a ser como ningún otro y de que hemos entrado plenamente en el siglo XXI. Las mujeres siempre han intentado construir un modelo de sociedad justo y equilibrado, dando el ejemplo a través de sus palabras y su resistencia. Sus compromisos se renuevan en cada época para permitir a la humanidad aprovechar su potencial, a menudo a costa de sufrir la dominación y la explotación. Desde Anne Zinga hasta las sufragistas, desde Rosa Parks hasta las militantes del #MeToo, las mujeres no dejan de interpelarnos, concienciarnos y movilizarnos sobre la sociedad que queremos.

Pero, en esta lucha por elevar, mejorar a la humanidad, un silencio significativo y pesado nos impide avanzar: el de los hombres. ¿Qué significa ser un hombre en el siglo XXI? ¿Qué es (son) la o las masculinidades? La masculinidad está ligada a la conquista, al poder. Nosotros, los hombres, somos los que explotamos un sistema en el que siempre tenemos todas las ventajas y que, de hecho, hemos construido con ese fin. Las mujeres han teorizado el feminismo y las masculinidades para superar su condición e integrar a los hombres en su lucha.

Los hombres a los que oímos hablar de masculinidad (Trump, Bolsonaro, Putin y otros) están bloqueados en una posición defensiva y agresiva, incapaces de desarrollar una visión humanista, al servicio de todas y todos. Su concepción de la masculinidad tiene como objetivo defender el orden establecido y, sobre todo, no cambiar nada. Hay miedo a ver desaparecer un mundo, miedo a ver desvanecer nuestra hegemonía. Lo masculino es sinónimo de libertad a expensas de los demás. Para perpetuar ese dominio, hay “salvaguardias” que nos vigilan y nos recuerdan los “buenos principios” de la masculinidad, el mito de la virilidad. Estamos encerrados en una supuesta invulnerabilidad. Porque ser vulnerable es traicionar.

Existe un mal vinculado a la relación con el poder, la invulnerabilidad y el control de nuestras emociones. Necesitamos replantearnos, reconstruirnos, revolucionarnos, individual y colectivamente. Dejar de hacer de la frialdad una virtud, dejar de aislarnos de nuestras emociones, en otras palabras, integrar todos los aspectos de lo que somos para vivir en paz. Queremos apropiarnos y poner en práctica una idea de Edward Said sobre las identidades. En su libro El orientalismo, dice que “la identidad humana no solo no es ni natural ni estable sino que deriva de una construcción intelectual, cuando no es completamente inventada”. Said propone como modo de actuación “la construcción de una identidad [...] ligada al ejercicio del poder en cada sociedad”. Para salir de las “ideologías deshumanizadoras” sería necesario que cada ser humano y cada sistema tuvieran la voluntad de “desaprender el espíritu espontáneo de dominación”.

Lo que proponemos es volver a imaginarnos y volver a curarnos, también individual y colectivamente. A partir de nosotros, de cada individuo, ¿podemos ayudar a dejar de construir o alimentar unos sistemas que legitiman las diferencias mediante la separación, la segregación, la manipulación, el dominio y la muerte?

Queremos contribuir a la conceptualización de un modo de vida, una forma de relacionarnos, compartir y colaborar, con un sistema basado en la complementariedad, la igualdad, la benevolencia, la seguridad física, emocional y afectiva de los individuos. ¿Cómo? Hablando entre nosotros. Hablando de nuestras vulnerabilidades. Porque hablar ya es una transgresión. Es atreverse a lo prohibido y matar el mito. Ese mito de la invulnerabilidad que hace sufrir a la humanidad y, por tanto, al planeta. Esto nos invita a cuestionar la relación del hombre con la dominación, con el sentimiento de invulnerabilidad e irresponsabilidad. ¿Quiénes somos nosotros y qué papel desempeñamos frente a las grandes crisis de nuestro mundo?

Este mundo en el que reinan los atributos de la masculinidad ha favorecido una cultura de la irresponsabilidad y los privilegios que está en el origen del desastre económico y social global. Lo paradójico es que la respuesta dada a los males contemporáneos de la sociedad se interpreta a través de la mutación del paisaje político internacional. El ascenso al poder de los extremos, empezando por unos líderes divisivos que personifican el mito de la virilidad y alimentan “ideologías deshumanizadoras”, nos alejan un poco más de los principios morales fundamentales. Quizá sea la moral, precisamente, lo que nos permita salir del mito. Atrevernos, correr el riesgo de exponernos tal como somos, superar el miedo a reconsiderarnos y poner en peligro todo lo que damos por sentado.

Es necesario que los poderes públicos de todos los países faciliten los debates sobre la masculinidad, para actuar de forma más concreta contra esta plaga que arrasa nuestro mundo. Sabemos muy bien que no será el elemento decisivo, pero sí es una piedra más que falta en el arsenal de las iniciativas para fomentar la igualdad entre mujeres y hombres.

Bolewa Sabourin es bailarín y coreógrafo, cofundador de la asociación LOBA. William Njaboum, miembro del colectivo, es economista.

Troles célibes a su pesar

En su reciente columna Te cortaré en trocitos, Paula Bonet describe a grupos de hombres que, cual troles sexuales, han construido espacios peligrosos para las mujeres gracias al anonimato de las redes. Los inceles (neologismo generado a partir del acrónimo inglés incels, derivado de la expresión involuntarily celibate, o célibe involuntario) son hombres que aseguran que el mundo les ha sido arrebatado por las feministas (“feminazis” las llaman), redactan manifiestos y pasan a la acción para recuperar un espacio que piensan que les pertenece. “Solo si redescubrimos nuestra masculinidad”, afirma uno de ellos, “seremos viriles. Y solo cuando seamos viriles seremos capaces de defendernos”. 

Algo muy similar defiende el autor estadounidense Jack Donovan: éste quiere destruir una sociedad feminizada que, según él, se burla de los hombres. A quienquiera que lea sus manifiestos le pueden parecer ridículos, pero de inmediato aparece el terror, porque después de colgarlos en redes o grabarse defendiéndolos, son capaces de torturar y matar a mujeres por el simple hecho de haberse sentido rechazados por ellas. “No sé por qué no os atraigo a vosotras, chicas, pero os voy a castigar por ello… Finalmente, veréis quién soy de verdad, el ser superior, el auténtico macho alfa”, dijo Elliot Rodger antes de asesinar a seis personas en el campus universitario de Isla Vista, California. Siempre se ha dicho que el cerebro es el órgano erótico por antonomasia, pero estos individuos de escasa materia gris parecen ignorarlo.

En esta línea de lo ridículo, Donovan apunta que el clásico rapto de las sabinas, “mito fundacional por excelencia del hombre y la civilización” (Bonet recomienda leer a Susanne Kaiser), es su escenario ideal: exige que se acepte la masculinidad tóxica/violenta. Mary Beard nos alerte sobre lo peligroso que es la aceptación de algunos de los legados del mundo antiguo, como la violencia sexual o el poder del hombre por ser hombre. Estos hombres ven en las sabinas un cúmulo de carne que les pertenece pero que únicamente pueden poseer con violencia: la carne de las mujeres es el blanco de su ira más profunda. ¿Quiénes son aquí los nazis? ¿Las feministas o los odiadores? 

Y concluye Bonet: La misoginia nos devuelve a las sabinas. Muchas de nosotras despertamos en el feminismo al observar la cara de terror de una de ellas que intentaba huir de su violador. Aquella mujer esculpida en Florencia por Juan de Bolonia nos salvó la vida.

05 enero 2025

La belleza cruda

Por CARLOS MARTÍN GAEBLER

El canon de belleza masculina ha cambiado sustancialmente desde finales del siglo XX hasta nuestros días. En la actualidad, imperan los cuerpos masculinos depilados, retocados o perforados, cuando no hipermusculados, con las cejas delineadas, o la piel sobrebronceada. La lengua inglesa, tan capaz para denominar lo novedoso, ha acuñado el híbrido manscaping. Hay, además, un trasfondo exhibicionista/narcisista innegable (algunos se miran y remiran en espejos varios). En playas, gimnasios, saunas o en perfiles de contactos ya apenas se observa la belleza cruda de antaño: hombres naturales de la cabeza a los pies, sin cosmetizar, en armonía con sus atributos. En los años 80 y 90 los varones lucían sus axilas sin afeitar, sus piernas y brazos peludos, la mata del pubis intacta, su vello corporal tal cual. Hoy en día, el modelo de belleza se ha visto transformado/manipulado por la presión grupal y la homogeneizante insistencia publicitaria, que ha creado cuerpos feminizados, desprovistos de rasgos varoniles. Los depilados parecen zombis de la moda. La única excepción a este desierto piloso son las sensuales barbas recortadas que algunos se dejan crecer. Alguien, con acierto y con retranca, ha llamado a este fenómeno la venganza del travesti. Aunque, a juzgar por lo que muestra el hombre del autorretrato, no todo está perdido. ¡Ojalá pase pronto esta moda tan globalizada como absurda y los hombres vuelvan a parecer hombres! Donde hay pelo hay alegría, y mariconadas, las justas. Saludos peludos. cmg2017


Hombre anónimo autorretratándose en bañador

24 noviembre 2024

Los ángeles siguen siendo ángeles


En 2013 visité con unos amigos malagueños una espléndida exposición del escultor británico Richard Deacon en el Centro de Arte Contemporáneo de Málaga. Pero el CAC me tenía reservada una sorpresa en otra sala: una exposición de fotografías (La mirada subjetiva) realizadas por alumnos/as salientes de la Escuela de Arte San Telmo de la capital malagueña. Una obra me llamó poderosamente la atención. Titulada por su autora, Lourdes Mellado, "Los ángeles siguen siendo ángeles" (Técnica: color digital. 54x40cm, 2012), podría haber sido hecha en nuestro tiempo por el propio Caravaggio si le hubieran puesto una cámara digital en la mano. El fondo y la forma de la misma me recordaban al maestro del claroscuro italiano y me remitían a los Sonetos del Amor Oscuro que Federico García Lorca compuso para su amante Juan Ramírez de Lucas (recomiendo la lectura de la apasionante novelización de su amor publicada por Manuel Francisco Reina bajo el título Los amores oscuros [Temas de Hoy, 2012]). Nunca antes había contemplado la plasmación de un momento íntimo de amor entre dos varones con tanta elegancia. La he colgado aquí, junto a una foto de su autora, para compartirla con mis lectores y difundirla por la red. cmg2013


17 septiembre 2024

Coreografía en torno a una pelota

 


Por CARLOS MARTÍN GAEBLER

En los últimos años, quien esto firma se ha convertido en una pelotazale, un apasionado aficionado a la pelota vasca, un activo fundamental de la cultura de Euskadi, que es tanto una disciplina deportiva como, si se quiere, una coreografía atlética. 

El golpeo de la pelota genera espectaculares posturas aerodinámicas que semejan a las adoptadas por bailarines de danza contemporánea o del llamado teatro físico. El contacto violento de la mano con la bola tras armar el brazo les hace a veces gravitar unos segundos sobre la cancha, cual danzarín dando una pirueta sobre el escenario. Parte de esta coreografía sobrevenida es también el movimiento reflejo de desplazarse ligeramente sobre la cancha para evitar obstaculizar la pegada del rival. En general, los jugadores se conducen con elegancia y ligereza, haciendo parecer fáciles golpes que demandan fuerza y concentración, como cuando un gran tenista golpea un derechazo ganador, o como hacen los bailarines de una compañía para crear belleza aerodinámica.

Desde pequeños, muchos niños vascos se crían observando este deporte en sus pueblos, practicándolo con pasión, socializando con sus compañeros de generación en euskera, adquiriendo valores, y haciendo país desde la adolescencia. A presenciar una partida de pelota vasca acude un público respetuoso y entendido que me recuerda al de otro templo, verde también, del deporte mundial, la pista central de Wimbledon. Este jamás menciona a la madre de alguno de los contendientes, ni se oye nunca un insulto desde la grada.

Este deporte, unique in the World, como reza el eslogan internacional del Athletic Club, se nutre de pelotaris profesionales venidos principalmente de Vizcaya, Guipúzcoa, Alava, Navarra y La Rioja, que juegan en distintos frontones norteños. [Eskerrik asko, youtuberos, por subir vídeos de partidos completos a la red, lo que nos permite disfrutar de la pelota vasca desde cualquier lugar del Estado.]

Ajenos por completo al postureo y a la coquetería que caracteriza a tantos futbolistas, los pelotaris son sobrios y elegantes en su equipamiento, que recuerda (pantalones largos blancos) al de los primeros tenistas, ocasionalmente un aro en la oreja como único adorno. Igualmente se conducen con nobleza ante el adversario, al que saludan y abrazan tras alcanzar los soñados 22 puntos. ¿Podría ser la pelota vasca un deporte de la nueva masculinidad? cmg2024

Publicado en elDiario.es el 11 de septiembre de 2024

17 julio 2024

Deportistas de élite siguen visibilizando la diversidad [Datos actualizados]

Por ENRIC TRIAS

La Vanguardia, 17.07.24

Ralf Schumacher, ex piloto de Fórmula 1 y hermano de Michael Schumacher, se ha sumado esta semana a la lista cada vez más numerosa de deportistas y ex deportistas de élite que salen del armario pese al estigma que todavía supone, especialmente en las categorías masculinas.

Señal de que la sociedad y el deporte avanzan de manera muy dispar y que declararse homosexual en el sistema de deporte masculino sigue siendo un tabú es que cuando un deportista, conocido o no, revela que es gay la noticia causa un impacto mundial.

Ralf Schumacher presentó a su novio en redes sociales y recibió el apoyo público de su hijo. En su mensaje al mundo, Schumacher aseguró que “lo más hermoso de la vida es cuando tienes a tu lado a la pareja adecuada” y los mensajes de apoyo de allegados y fans no tardaron en llegar. Incluso su hijo David, también piloto, fruto de su matrimonio con Cora Brinkmann, felicitó a su padre por sincerarse: “Me alegro mucho de que por fin hayas encontrado a alguien con quien realmente sientas que estás muy cómodo y seguro… Te apoyo al 100% papá, y te deseo todo lo mejor y felicidades”.

Otro síntoma de que la percepción hacia los deportistas masculinos tiene que evolucionar con el tiempo fueron los comentarios homófobos que sufrió el mes pasado Dennis González al proclamarse campeón de Europa en natación artística. El nadador no quiso dejarlos pasar pues “sé que un niño que está empezando en natación artística, si recibe comentarios así, le va a afectar”.

Quizá en el mundo del fútbol sea donde el tabú todavía es más evidente, y más en España, donde hay algunos rostros conocidos que sus motivos tendrán para no promocionarse como futbolistas gays. De momento, ningún jugador de LaLiga ha reconocido ser homosexual. El primer futbolista propiedad de un club español en salir del armario fue el checo Jakub Jankto en febrero del 2023, cuando estaba cedido al Sparta de Praga por el Getafe. Solo participó en quince encuentros en Madrid y al acabar la cesión se fue a Italia tras fichar por el Cagliari Calcio.

El estadounidense Collin Martin, el inglés Jake Daniels, el sueco Anton Hysén o el australiano Josh Cavallo, son también de los pocos jugadores del deporte estrella en activo que han reconocido ser homosexuales. Cavallo fue un paso más allá al pedirle matrimonio a su ahora prometido el pasado mes de marzo en el estadio de su club. “Gracias Adelaide United Football Club por ayudar a preparar esta sorpresa”, agradeció en Instagram el futbolista al anunciar su compromiso..

La semana pasada el atleta estadounidense Trey Cunningham, subcampeón del Mundial de Atletismo de 2022 en la prueba de 110 metros vallas, reconoció que “me gusta besar a chicos” en una entrevista en The New York Times . Aunque a sus 25 años estuvo a punto de dar visibilidad al colectivo en los Juegos Olímpicos de París, finalmente no formará parte del equipo estadounidense tras los resultados de las pruebas olímpicas.

Quien sí estará en la capital francesa a partir del 24 de julio es el veterano clavadista Tom Daley, quien será el primer saltador británico en participar en cinco Juegos Olímpicos. El campeón fue toda una celebridad en los juegos de Londres del 2012 y pasó a ser un referente LGTBI al hablar de su sexualidad un año después.

También olímpico declarado gay fue el waterpolista Víctor Gutiérrez, quien fue el primer deportista español de un deporte en equipo en hablar abiertamente de su homosexualidad. Posicionarse como defensor de los derechos del colectivo le valió un escaño en el Congreso de los Diputados y el puesto de Secretario de Políticas LGTBI del Partido Socialista.

El primer deportista de élite español en declararse homosexual fue Kike Sarasola en 2003 en la portada de la revista Zero. Como contó años después, lo hizo “porque al hijo de una amiga le estaban haciendo un bullying horroroso en el colegio”.

20 diciembre 2023

Sexo químico (chemsex): radiografía de un problema de salud pública

A las consecuencias clínicas de las fiestas que mezclan sexo y drogas (mayor riesgo de transmisión de VIH y otras ITS o graves efectos en la salud psíquica) se unen otras más invisibles enraizadas en un entramado de problemas emocionales, de aceptación y de autodestrucción.

MARÍA CORISCO
11 enero de 2021


Son muchas las capas que envuelven y conforman el fenómeno creciente de las fiestas con sexo químico (chemsex). La capa exterior, esa que nos habla de interminables sesiones de sexo y drogas, es tan estridente que eclipsa el fondo del problema y corremos el riesgo de quedarnos en la superficie. Pero, a no mucho que profundicemos, encontraremos un entramado de factores –desde el estigma del VIH a la homofobia interiorizada– que explican por qué esta práctica se ha convertido en un problema de salud pública.

El término, de origen anglosajón, es un acrónimo de las palabras chemical y sex, es decir, drogas químicas y sexo. Nada nuevo si se tiene en cuenta que, ya desde la Grecia clásica, se encuentran referencias a la utilización de sustancias psicoactivas en un contexto sexual. Pero el chemsex o sexo químico tiene un patrón de consumo característico, tanto en el tipo de sustancias como en el perfil de usuarios y en el desarrollo de los encuentros sexuales, que lo vincula a prácticas de riesgo que favorecen una mayor probabilidad de transmisión del VIH y otras infecciones de transmisión sexual (ITS), así como a diferentes problemas psicoemocionales y a complicaciones para la salud. Metanfetamina, mefedrona, pópers o GHB/GBL son de las más consumidas en el chemsex, pero también éxtasis, ketamina o cocaína, todas potenciadoras de la desinhibición y que disminuyen la percepción del riesgo.


El perfil de usuarios, principalmente el de hombres gays, bisexuales y otros hombres que tienen sexo con hombres (agrupados bajo las siglas GBO), es especialmente vulnerable a los riesgos y daños asociados a su práctica. Otro factor que se añade a la problemática es el de la proliferación de aplicaciones móviles que se utilizan tanto para buscar parejas sexuales como para la compraventa de las sustancias, lo que favorece que se viralice como conducta de ocio. Todo ello eclosiona en un tipo de fiestas sexuales –en grupo habitualmente, pero también en tríos, o en parejas– que se pueden prolongar durante días y en las que se desvanece fácilmente todo lo que tenga que ver con la prevención y el cuidado de la salud.

Profundizar más allá del cliché
Los expertos hablan de un desafío de proporciones aún desconocidas. “Se sabe que el sexo químico es predominantemente urbano, más frecuente en Madrid y Barcelona, así como en destinos turísticos populares entre los gays como Torremolinos, Sitges, Ibiza o Valencia”, explica Jorge Garrido, director de Apoyo Positivo, asociación dedicada a la asistencia y promoción de la salud y muy centrada en VIH y otras ITS. Pero es muy difícil conocer su verdadera magnitud porque se mueve en los circuitos clandestinos de las sustancias ilegales y en la opacidad de las aplicaciones con geolocalización. Para obtener una aproximación no queda otra que tirar de encuestas. La más reciente, la EMIS-2017 (encuesta europea online entre hombres que tienen sexo con hombres, y en la que participaron 10.652 residentes en España) revela que, de los que habían tenido relaciones sexuales en los doce meses anteriores, el 14,1% había practicado chemsex en ese periodo, y el 7,6% en las últimas cuatro semanas. La tasa se elevaba en algunos subgrupos, como el de hombres con VIH o el de quienes cobraron o pagaron a cambio de sexo.


Es la fotografía de un cliché. Pero la radiografía nos habla tanto de causas visibles como invisibles detrás del fenómeno. “Las aplicaciones proporcionan inmediatez, disponibilidad y accesibilidad a parejas y drogas, pero no son la causa”, puntualiza Garrido. Fueron las asociaciones, recuerda, las primeras en darse cuenta del viraje que estaban experimentando las juergas de sexo y drogas. “A medida que íbamos viendo cómo el consumo sexualizado de estas sustancias, que antes era puntual, terminaba convirtiéndose en una cultura del ocio, y cómo se iba permeabilizando dentro del colectivo gay, bisexual y de hombres que tienen sexo con hombres, quisimos entender por qué se estaba expandiendo”.

“Detectamos un número significativamente alto de pacientes con historial de abusos, de acoso por su orientación del deseo o por su identidad sexual”, explica Jorge Garrido desde Apoyo Positivo. Es entonces cuando ven que detrás hay un entramado de problemas emocionales y de salud mental. “Nos llamó la atención que no se trataba, en principio, de perfiles conflictivos: eran jóvenes de mediana edad, de entre 30 y 40 años, con un cierto nivel de estudios. No eran grupos en riesgo de exclusión social”, detalla Garrido. Se trataba de ver qué los llevaba a adentrarse en esa espiral de consumo autodestructivo: “Al hacer una intervención más en profundidad, detectamos una mala gestión emocional. Y aparecen también las fobias: “Vivimos una masculinidad tóxica, consecuencia de la cual encontramos en los propios GBO una homofobia interiorizada y, en los infectados por VIH, una serofobia latente. Hay traumas no gestionados, una no aceptación de la sexualidad. Se instaura la cultura del rechazo hacia lo que pueda parecer femenino, se condena la pluma”.

Ni prevención ni protección
Habla Garrido de autodestrucción. Como especialista en enfermedades infecciosas, el doctor Pablo Ryan, del Hospital Universitario Infanta Leonor (Madrid), ve a diario las consecuencias clínicas del chemsex. “Cada vez nos encontramos más ITS o ETS, sobre todo debido a la percepción disminuida del riesgo. Las drogas dan una sensación de euforia y de invulnerabilidad”. Al mismo tiempo, señala, se da la paradoja de que el control de la infección por VIH que proporcionan los tratamientos antirretrovirales ha propiciado una relajación de las precauciones: “Los tratamientos funcionan muy bien y los pacientes saben que no transmiten el virus; además, los practicantes de sexo químico que no tienen VIH tienen a su disposición la PrEP (profilaxis preexposición), por lo que saben que no van a infectarse. Así, disminuye la prevención y la protección, y el preservativo prácticamente no se utiliza”, expone Ryan. La consecuencia es un enorme incremento de otras enfermedades de transmisión sexual, como la gonorrea o la sífilis. “Tampoco ayuda que algunas de estas drogas se consuman por vía parenteral [es decir, no digestiva, como puede ser la intravenosa]. Es el llamado slamsex o slam, que favorece aún más la transmisión de infecciones”, añade.


Siguiendo en el contexto específico del VIH, existe en la comunidad médica una preocupación especial en torno al modo en el que algunos tratamientos antirretrovirales pueden interactuar con ciertas drogas utilizadas en el sexo químico. La información es limitada –lógicamente, no existen ensayos clínicos de pacientes que tomen  antirretrovirales y drogas–, pero se sabe que algunos antirretrovirales modifican la forma en la que se metabolizan las drogas, pudiendo provocar tanto un incremento de su toxicidad como una sobredosis. Asimismo, desde el GTT (ONG dedicada a elaborar información sobre tratamientos del VIH y el sida desde la perspectiva comunitaria) advierten: “Si una droga o sustancia disminuye las concentraciones de un medicamento antirretroviral, el tratamiento podría dejar de funcionar correctamente y, en consecuencia, perderse el control de la infección por VIH. Y, si una droga o sustancia aumenta las concentraciones de un medicamento del VIH, podría aumentar el riesgo de desarrollar efectos secundarios asociados al fármaco”.

Además, las drogas, en particular en el ámbito del sexo químico, pueden tener una influencia negativa en la adherencia al tratamiento antirretroviral. Esta pérdida de adherencia, según el estudio Impacto clínico del ‘chemsex’ en las personas con VIH, se puede producir por distintos motivos: por una percepción anormal de la importancia de la medicación; por una alteración del patrón del sueño; por la imposibilidad de ingerir al tener problemas con la masticación y la deglución, o porque algunos antirretrovirales se deben tomar con comida y estas drogas pueden reducir el apetito. El impacto más fuerte se prevé en quienes realizan consumos muy intensivos, que podrían llevar a la pérdida frecuente de tomas y, por tanto, comprometer la eficacia del tratamiento.


Pero las consecuencias clínicas, coinciden los expertos, van más allá y envuelven especialmente la esfera de la salud mental. “Muchas de estas personas parten de una vulnerabilidad previa que les hace estar más predispuestos a tener un consumo problemático con estas drogas”, explica el doctor Ryan, y Jorge Garrido lo corrobora: “El chemsex se ha asociado con sobredosis, suicidios, adicciones, problemas de salud mental, agresiones sexuales, etc. A lo que hay que sumar el impacto negativo en el rendimiento profesional y en la vida social y afectiva”. Volviendo a la EMIS-2017, el 5,9% de los participantes presentaba un grado severo de ansiedad y/o depresión y el 21,4% tuvo ideas suicidas en algún momento durante las dos últimas semanas previas a la encuesta.

Una estrategia de reducción de daños
El camino pasa por entender que se trata de un problema de salud pública. Así lo han entendido ciudades como Madrid y Barcelona, que han incluido el sexo químico dentro de sus planes municipales de adicciones. “Todos debemos involucrarnos”, advierte el doctor Ryan. “Los médicos debemos ser proactivos y preguntar a nuestros pacientes por su consumo de drogas. Y no podemos decirles que la droga es tóxica, que no la tomen, sino que hay que intentar una estrategia de reducción de daños; dentro de esta estrategia, en la que damos consejos para prevenir ITS o evitar la pérdida del control, procuramos que no utilicen la vía inyectada, porque hemos visto que se asocia a mayores síntomas psicopatológicos graves, como paranoias, conductas suicidas o psicosis”.

Jorge Garrido, desde Apoyo Positivo, concluye: “Hay que ir a ver qué está pasando con el consumo sexualizado de sustancias más allá del colectivo GBO. Ver cómo gestionamos nuestra sexualidad y nuestra vida erótica, cómo nos relacionamos emocionalmente. Es la asignatura pendiente”. (Fuente: VIHda positiva) 

Información y apoyo
chemsex.info es un sitio web de información de la ONG stop. sobre reducción de riesgos cuando se consumen drogas y otras sustancias durante el sexo.

El Servicio ChemSex Support es anónimo, gratuito, confidencial y, sobre todo, respetuoso con la vivencia de la sexualidad de cada cual y su consumo de drogas y otras sustancias. Está gestionado por profesionales de la comunidad gay. No es necesario dejar de consumir ni es necesariamente el objetivo. El objetivo lo marca cada cual. Ofrecen atención psico-sanitaria y asesoramiento en reducción de riesgos, tanto de forma presencial como por videoconferencia. 

¡PÁSALO!

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