24 junio 2022

HOMOFOBIA = FASCISMO

Que dice Ayuso que para qué queremos la bandera LGTB si ya tenemos la bandera española, que nos representa a todos.

04 junio 2022

Pedro Zerolo, in memoriam

Por JUAN CRUZ
Desde hace algunos meses, Pedro Zerolo está enfermo de cáncer y él fue el primero en decirlo. Evitó que en los mentideros, tan propicios a deducir, empezaran las interrogantes sobre sus ausencias. Y dejó dicho que lo suyo no solo era grave, sino crucial, y que se aprestaba a una lucha denodada contra un mal que iba a ser complicado de sobrellevar; pero estaba preparado para la lucha. Dejó a un lado, pues, el rumor y se enfrascó en la lucha.
Ahora, con las consecuencias visibles de esa guerra contra el mal que lo aqueja, ha sido visto en varias ocasiones, y los periódicos nos hemos ocupado de él, y de lo que hace o lo que dice, con una atención que antes me parece que no obtenía de igual manera. Así somos los periodistas, y él lo sabe; en medio de las luchas que ahora le celebramos (con premios muy merecidos, por su defensa de la igualdad), él se quejaba en sus tiempos de que solo hacíamos caso a lo que defendía cuando había incidentes, mayores o menores, en acontecimientos que él mismo puso en marcha para darle visibilidad a su movimiento de apoyo a los gais.
En uno de esos premios que recibió, Zerolo, que es socialista casi desde que nació en Caracas, invocó los valores republicanos por los que su propia familia (el padre, Pedro González, es un gran pintor canario; su tío Antonio González fue uno de los grandes científicos internacionales de nuestro país) sufrió persecución cuando a España le pasó por encima la Guerra Civil. No es, pues, accidental ni fabricado por la ideología ni por la aspiración política el genio que Zerolo le ha aplicado a su defensa de la igualdad y de la libertad.Fue fundamental, cerca de la Administración de Zapatero, para conseguir una ley trascendental por la que ahora se ha premiado al propio expresidente. Y ahí lo hemos visto otra vez, celebrando con otros compañeros de la misma singladura, recordándole a la sociedad española que, al menos en este ámbito, somos mejores que muchos otros lugares del mundo donde todavía el amor entre hombres o entre mujeres, o el respeto a los que quieren cambiar de sexo, está en el lado oscuro del alma y ha de ser observado como un afecto o un deseo clandestino.
Ahora que estamos en un periodo incierto del trabajo social en la política como idea de servicio público, merece la pena observar su trayectoria y lo que defiende para que establezcamos el contraste, no solamente mediático, entre lo que se decía de él cuando estaba más solo que la una en la defensa de estos asuntos y lo que ahora es aquello por lo que se batió el cobre.
Ahora le costará a cualquier Gobierno reaccionario Dios y ayuda (sobre todo, Dios y ayuda) levantarle a la sociedad la solidez de esos cimientos que puso Pedro Zerolo. Ni los gais son ya mirados, en la sociedad y también en la Administración, como partes clandestinas de la dinámica social, ni eso va a ocurrir nunca más. Tendría que pasar un cataclismo social, político (y mediático, por cierto) para que el reaccionarismo que él ha combatido interrumpa esos logros y España quede otra vez a merced de las catacumbas.
Porque eso es así, me emociona ahora cada vez que lo veo recoger un premio, recibir el agasajo de los que trabajan con él en España por defender la igualdad que antes parecía que había que ganarse hablando en voz baja en los bares oscuros. Esa luz que se encendió la encendió sobre todo Zerolo, y yo tenía ganas de decirlo. 
El País, 27 de abril de 2014

Pedro Zerolo, a quien yo admiraba profundamente por su valentía y humanismo, ha fallecido hoy, 6 de septiembre de 2015, en Madrid víctima de un cáncer de páncreas. Nuestro país está hoy de luto y huérfano por haber perdido a un compatriota honesto y luchador. Siempre estarás con nosotros y con nuestra democracia. Gracias por todo, compañero de luchas y de pancartas. Descansa en paz, Pedro.



01 junio 2022

La Neue Wache de Berlín. (A propósito de Ucrania)


Uno de los lugares más sobrecogedores y solemnes de Berlín, y hay muchos, es el interior de la Neue Wache, una estancia minimalista en Unter den Linden, a escasos metros de la Isla de los Museos. La Neue Wache (nueva guardia) es el monumento conmemorativo erigido por la República Federal de Alemania en recuerdo de las víctimas de las dos tiranías que sufrió Alemania, el fascismo y el comunismo. 

Fue construida entre los años 1816 y 1818, según los planos de Karl Friedrich Schinkel para el rey de Prusia Friedrich Wilhelm III. Desde 1818 hasta 1918 albergó a la Guardia Real.

En 1931, el gobierno prusiano ordenó reformarla. Heinrich Tessenow creó un “lugar conmemorativo para los caídos en la guerra mundial.” En el centro del recinto, que invita a la reflexión y al silencio, había originalmente un bloque de granito con una corona de roble en hierro argentado.

Poco antes de finalizar la Segunda Guerra Mundial, la Neue Wache fue seriamente dañada por los bombardeos. Desde 1960, el edificio reconstruido sirvió a la República Democrática Alemana como “Monumento de conmemoración a las víctimas del fascismo y del militarismo.” En 1969 se colocó una llama eterna en el centro del recinto. 

en 1969, fueron inhumados los restos de un soldado desconocido y de un preso desconocido de un campo de concentración. Los restos de ambos descansan en tierra traída de los campos de batalla de la Segunda Guerra Mundial y de los campos de concentración nazis. Desde 1993, La Neue Wache es el principal monumento conmemorativo de la República Federal de Alemania, y me atrevería a decir de Europa.

La decoración interior, realizada en la época de la República de Weimar, fue reconstruida casi en su totalidad. En la actualidad, alberga únicamente una escultura en bronce de la artista judía Käthe Kollwitz, Madre con su hijo muerto, realizada a mayor escala por Harald Haacke, y colocada en el centro de la estancia, bajo la intemperie de un óculo abierto en el techo, que deja entrar la luz, la lluvia y la nieve y el frío, y que representa a una madre agarrada a su hijo muerto (a modo de piedad laica que recuerda a la iconografía cristiana de la Piedad). Expuesta al rigor de los elementos, simboliza el sufrimiento de los berlineses durante la Segunda Guerra Mundial.

A la entrada se puede leer, en mayúsculas, y en varios idiomas, el siguiente texto:

CONMEMORAMOS A LOS PUEBLOS QUE SUFRIERON POR LA GUERRA. 
CONMEMORAMOS A SUS CIUDADANOS QUE FUERON PERSEGUIDOS Y PERDIERON LA VIDA.
CONMEMORAMOS A LOS INOCENTES QUE PERDIERON LA VIDA A CAUSA DE LA GUERRA Y DE LAS CONSECUENCIAS DE LA GUERRA EN LA PATRIA, EN EL CAUTIVERIO Y EN EL DESTIERRO.

CONMEMORAMOS A LOS MILLONES DE JUDÍOS ASESINADOS.
CONMEMORAMOS A TODOS AQUELLOS QUE FUERON ASESINADOS POR SU ORGEN, POR SU HOMOSEXUALIDAD, POR ESTAR ENFERMOS, O SER DÉBILES.
CONMEMORAMOS A TODAS LAS VÍCTIMAS A LAS QUE SE LES NEGÓ EL DERECHO A LA VIDA.

CONMEMORAMOS A TODOS LOS SERES HUMANOS QUE TUVIERON QUE MORIR A CAUSA DE SUS CONVICCIONES RELIGIOSAS O POLÍTICAS. CONMEMORAMOS A TODOS LOS QUE FUERON VÍCTIMAS DE LA TIRANÍA Y MURIERON SIENDO INOCENTES.

CONMEMORAMOS A LAS MUJERES Y A LOS HOMBRES QUE SACRIFICARON SU VIDA EN LA RESISTENCIA CONTRA LA TIRANÍA. RENDIMOS HOMENAJE A TODOS LOS QUE ELIGIERON LA MUERTE PARA NO DOBLEGAR SU CONCIENCIA.

CONMEMORAMOS A LAS MUJERES Y A LOS HOMBRES QUE FUERON PERSEGUIDOS Y ASESINADOS PORQUE SE OPUSIERON AL RÉGIMEN TOTALITARIO DE LA DICTADURA DESPUÉS DE 1945.





30 mayo 2022

El poder sanador de la ficción (dedicado a mi amigo JG)

¿Quién no se ha sentido alguna vez superado por la realidad? Suceden tantas cosas terribles a nuestro alrededor, que a menudo nos sentimos abrumados, sin fuerzas para enfrentarnos a la complejidad de los problemas que nos rodean. Contra este sentimiento , la humanidad ha disfrutado desde los inicios de la cultura de un medio infalible para evadirse de cualquier panorama desolador y nutrirse de energía inspiradora: la ficción. Homero alentaba a los suyos de viva voz con las heroicas aventuras de Ulises. Los cuentacuentos chinos han llenado los salones de té desde hace milenios con historias que hacían reír, temblar o reflexionar. Contra la tiranía de lo prosaico y lo negativo, elegir una buena novela, alquilar una película con capacidad de entusiasmarnos o escuchar un disco son remedios siempre eficaces que despiertan nuestras mejores emociones y son antídotos seguros contra el fatalismo y la ansiedad. (Francesc Miralles, psicólogo)

25 mayo 2022

La ternura del reencuentro, 42 años después

Acto de conmemoración del 42 aniversario de la promoción 1975 -1980 de la Facultad de Filología de la Universidad de Sevilla, celebrado el viernes 20 de mayo de 2022

De izquierda a derecha, Elena Santiago Muñoz, coordinadora del encuentro, Amparo Feria Toribio, en representación de CLÁSICAS;  Javier Martos Ramos, decano de la Facultad de Filología; Manuel Ángel Vázquez Medel, por HISPÁNICAS; Virgina Cobos Yuste, en representación de ANGLOGERMÁNICAS; y Alicia Llabona Pérez, autora del vídeo conmemorativo, por ROMÁNICAS.

Con el permiso de nuestro compañero Manuel Ángel Vázquez Medel, publico aquí sus entrañables palabras a todos los asistentes, una alocución bien trabada, repleta de referencias históricas y emocionante de principio a fin. Gracias, compañero, por compartirla en la red con quienes queremos volver a leerla, pues nos servirá a muchos y a muchas para rememorar siete intensas horas que fueron un chute de felicidad, una celebración de la vida. Carpe Diem.


Querido Decano, queridos profesores (Pedro Carbonero, Rafael Portillo, Paco Garrudo, y también los que no han podido acompañarnos hoy, Emilia Alonso, Jean Paul Goujon, Rogelio Reyes, Miguel Rodríguez Pantoja), queridas compañeras, queridos compañeros:

Ante todo, he de agradecer este honor de poder tomar la palabra en nombre de mi promoción de Filología Hispánica (con el recuerdo entrañable de las otras especialidades -clásicas, románicas, anglogermánicas- con las que compartimos asignaturas en los años comunes). Algunos de nuestros compañeros ya no están con nosotros; tampoco memorables profesores. A todos ellos queremos dedicar nuestro primer recuerdo. En mi caso, especialmente a Alfonso López Castilleja, que se nos fue en 2007, y generosamente me ayudó para que pudiera incorporarme al curso 1975/76.

Quiero también tener aquí el más cariñoso recuerdo con quienes, por una u otra razón, no nos han podido acompañar el día de hoy, especialmente por causas de salud, sean familiares, como en el caso de Manuel Ramírez Cepeda o personales, como Marian Pantoja, intervenida el pasado martes y, afortunadamente con una muy buena evolución. Os traslado, en nombre de ellos, un cordial abrazo. Ambos son todo un ejemplo de dedicación y esfuerzo, de vocación universitaria. Manuel, de amor a su ciudad, La Palma del Condado. Marian, desde su formación en Filología Hispánica ha sido todo un referente en el mundo de la educación en francés, siendo reconocida como “Chevalier de l’Ordre des Arts et des Lettres” por el Ministerio de Cultura de Francia. Junto a ellos quiero ofrecer mi reconocimiento a vuestras importantes trayectorias como profesores de instituto o universidad, magníficos docentes e investigadores, escritores, creadores y gestores culturales, humanistas comprometidos con la construcción de un mundo mejor gracias a la educación y la cultura. 

Es para mí un orgullo haber sido y ser compañero vuestro.

* * *

Por estos días de mayo, en 1976, hace 46 años, unos jóvenes llenos de entusiasmo nos preparábamos para la realización de nuestros primeros exámenes finales de filología en el viejo caserón de Gonzalo Bilbao. Fue aquel momento en el que me pude unir a vosotros, en los exámenes como alumno libre: con Fernando Rodríguez Izquierdo en Lengua Española I, José Mª Capote en Literatura Contemporánea (teníamos aquel curioso orden invertido de la literatura que luego volvería a la secuencia cronológica), Vicente García de Diego en latín, Enrique Ramos Jurado en griego (en mi caso; creo que Clara Thomas dio clases a los de árabe) y Jean Paul Goujon en francés.

Habíamos iniciado, en el otoño de 1975 [por cierto, primer Año Internacional de la Mujer e inicio del Decenio de las Naciones Unidas para la Mujer (1975-1985), signo de los nuevos tiempos que estábamos viviendo (Carmen Conde fue la primera mujer en entrar en la Academia en 1979)], un recorrido que nos llevaría, en 1980, a ser una de las primeras promociones de Filología, ya separada (para bien y para mal) del viejo tronco de Filosofía y Letras.

Habían ocurrido muchas e importantes cosas desde el comienzo del curso. Muy especialmente, el inicio de un proceso de transición democrática y de derechos y libertades, que marcaría a nuestra promoción: la primera de estudiantes universitarios que podía ejercer el derecho al voto, sea en las primeras elecciones constituyentes del 77 (al menos, los de mayor edad, porque entonces se votaba a partir de los 21 años), sea en el referéndum de la Constitución en 1978 o en las primeras elecciones municipales y luego constitucionales de 1979.

Nosotros no sabíamos hasta qué punto éramos no solo testigos, sino sujetos activos de años decisivos para la Humanidad, en los que -por ejemplo- conocimos tres papas el mismo año 1978, tras la muerte de Pablo VI y Juan Pablo I. O, sin que entonces tuviéramos conciencia de ello y de lo que luego significaría, se creara Microsoft en 1975 y Apple en 1976, mientras nosotros escribíamos a mano o máquina con copias de papel carbón (especialmente nuestra compañera Chari Pérez Campanario, en su ejemplar generosidad y servicialidad), o hacíamos costosas fotocopias en papel fotográfico que acababa borrándose. Entonces lo normal era sacar los libros o consultarlos en la biblioteca con los folios al lado para anotar todo lo que necesitábamos.

Estábamos pasando de un mundo en blanco y negro a un mundo en color, como también ocurriría con la TVE, que culmina ese proceso en 1978.

Durante nuestros años de estudios de Filología, en los que Vidal Lamíquiz fue el Decano y Justina estuvo al frente de la Secretaría (recordamos con afecto al PAS), tuvimos de Director de la Real Academia Española a Dámaso Alonso, a quien pudimos ver en alguna conferencia, aunque se prodigaba más por nuestra Facultad quien habría de ser Director años después, Fernando Lázaro Carreter.

Un año central en nuestros estudios, pero también en nuestra historia literaria fue 1977, cincuentenario de la Generación del 27, en cuyos actos del Ateneo participamos varios compañeros de curso, en el Homenaje de la Juventud Creadora al 27, impulsados por nuestro profesor de Literatura Hispanoamericana Juan Collantes de Terán, del que aún recuerdo su pasión por César Vallejo. Pudimos también asistir a conferencias que se me han quedado grabadas, como las de Ernesto Sábato o Juan Goytisolo.

1977 fue también el año del Premio Nobel de Literatura para Vicente Aleixandre, al que llegué a conocer en una visita a su casa en Velintonia y con el que hablé en varias ocasiones por teléfono cuando preparaba en 1978, ya como Coordinador de la Enciclopedia de Andalucía, el artículo que se le dedicó. También en 1977 muchos de nosotros nos echamos a la calle un 4 de diciembre para exigir un estatuto de autonomía para Andalucía por la misma vía del 151 de Cataluña, País Vasco y Galicia, con la consigna “Libertad, amnistía y estatuto de autonomía".

Fuimos una promoción con un especial compañerismo, cordialidad y respeto a las diferencias que nos enriquecen que seguimos, afortunadamente, constatando en los casi tres años de amistad recuperada desde los preparativos de 2019. Fuimos, también, de las primeras promociones con una muy diversa extracción no solo geográfica (de Huelva, Córdoba y Cádiz, de Sevilla y Extremadura), sino económica y social, gracias a ese principio irrenunciable de la igualdad de oportunidades. Para algunos resultó más duro seguir los estudios, teniendo que trabajar al mismo tiempo, o incluso teniendo ya una familia bajo nuestra responsabilidad. Pero lo conseguimos. Quiero ofrecer mi personal homenaje a las varias compañeras y compañeros que fueron madres o padres antes de finalizar los estudios, como también fue mi caso (mi hija Leticia nació en el verano de 1979). Por ello yo nos os pude acompañar a esas hermosas experiencias de viajes de paso del Ecuador a Canarias, o fin de Curso a Madeira (“a Funchal, pero también a conocer la isla”), de los que me habéis trasladado recuerdos tan hermosos (y tan atrevidos, Tete Mari), de los que con seguridad hablaremos en la cena. Nuestros compañeros de románicas y anglogermánicas fueron más cosmopolitas y viajaron a Italia y luego, ya solos los de románicas, a Sofía, Estambul y Viena, como me ha recordado Ángeles Manzano.

De algunas entrañables experiencias de pareja nos llega el testimonio hasta ahora, nueve lustros después. Permítanme que lo singularice en nuestros compañeros María Dolores Ojeda y Juan Montero, ya felices abuelos de dos preciosas criaturas (yo también me siento muy feliz, como muchos de vosotros, con mis nietas y nietos). Otras compañeras y otros compañeros han llevado con integridad y dignidad procesos de pérdida o de separación de sus parejas, que también forman parte de la vida.

La memoria es esencial, porque es el fundamento de nuestras identidades personales y colectivas. Aquí y ahora desde nuestra pequeña intrahistoria recordamos: revivimos en nuestro corazón experiencias que cambiaron nuestras vidas. 

Los de Hispánicas recordamos, además de los ya mencionados, las clases de los profesores del Departamento de Lengua, Lingüística y Teoría de la Literatura (Pedro Carbonero y Miguel Ropero; José Antonio Pascual; Manolo Álvarez y Pepa Mendoza; Fernando Millán Chivite, Teresa Palet, Ángel Yanguas, Esteban Torre o Antonio Aranda…) las de Literatura (Begoña López Bueno, Rafael de Cózar, Pedro Piñero, Mercedes de los Reyes, Rogelio Reyes Cano o Jorge Urrutia); las de francés con Emilia Alonso, las de latín con Miguel Rodríguez Pantoja y Bartolomé Segura o las de griego de Antonio Sancho Royo, con Alberto Díaz Tejera como referente. Y no olvido la riqueza que nos regaló el estudio de la Historia Contemporánea con Manuel Vilaplana Montes o la filosofía del lenguaje con Mariano Peñalver y Diego Romero de Solís. Algunos de ellos, pasado el tiempo, han sido también compañeros en mi vida universitaria. 

Fuimos la promoción que más profesores dejó en la Universidad (especialmente, en esta Facultad de Filología): Rocío Carande y Leonor Molero en Clásicas; María Muñoz y Manuel Bruña en Francés; Juan Antonio Prieto Pablos y Manuel Gómez Lara en Inglés; Carlos Martín Gaebler en el Instituto de Idiomas; Juan Montero y yo en Literatura Española… O Mª Dolores Pérez Rolán, que pasaría como Titular de Filología Inglesa de nuestra Universidad a la de Huelva.

En aquellos años de encrucijada se forjó lo mejor de nuestras vidas. Pero no somos nostálgicos y pensamos que lo mejor está aún por llegar. Por ello nos sentimos profundamente agradecidos, y proclamamos con Juan Ramón Jiménez, sabiendo que la belleza es culminación del camino que conduce a la verdad y a la bondad: 

“Gracias, te las doy siempre. ¿A quién las doy?

A la belleza inmensa se las doy”

(Juan Ramón Jiménez: “Como tú, mi amor, miras”, de Animal de fondo)

Muchas gracias.

Manuel Ángel Vázquez Medel

28 abril 2022

¿Que qué fue de los cantautores?


¿Que qué fue de los cantautores? El gran Luis Pastor nos lo recuerda con este bendito recitado, que merece la pena volver a escuchar de cuando en cuando. 

27 abril 2022

El móvil_microrrelato

Por JUAN JOSÉ MILLÁS

El tipo que desayunaba a mi lado en el bar olvidó un teléfono móvil debajo de la barra. Corrí tras él, pero cuando alcancé la calle había desaparecido. Di un par de vueltas con el aparato en la mano por los alrededores y finalmente lo guardé en el bolsillo y me metí en el autobús. A la altura de Cartagena comenzó a sonar. Por mi gusto no habría descolgado, pero la gente me miraba, así que lo saqué con naturalidad y atendí la llamada. Una voz de mujer, al otro lado, preguntó: "¿Dónde estás?". "En el autobús", dije. "¿En el autobús? ¿Y qué haces en el autobús?". "Voy a la oficina". La mujer se echó a llorar como si le hubiera dicho algo horrible, y colgó.

Guardé el aparato en el bolsillo de la chaqueta y perdí la mirada en el vacío. A la altura de María de Molina con Velázquez volvió a sonar. Era de nuevo la mujer. Aún lloraba. "Seguirás en el autobús, ¿no?, dijo con voz incrédula. "Sí", respondí. Imaginé que me hablaba desde una cama con las sábanas negras, de seda, y que ella vestía un camisón blanco con encajes. Al enjugarse las lágrimas, se deslizó el tirante del hombro derecho y yo me excité mucho sin que nadie se diera cuenta. Una mujer tosió a mi lado. "¿Con quién estás?", preguntó angustiada. "Con nadie", dije. "¿Y esa tos?". "Es de una pasajera del autobús". Tras unos segundos, añadió con voz firme: "Me voy a suicidar; si no me das alguna esperanza me mato ahora mismo". Miré a mi alrededor; todo el mundo estaba pendiente de mí, así que no sabía qué hacer. "Te quiero", dije y colgué.

Dos calles más allá sonó otra vez. "¿Eres tú el imbécil que anda jugando con mi móvil?", preguntó una voz masculina. "Sí", dije tragando saliva."¿Y piensas devolvérmelo?". "No", respondí. Al poco nos dejaron sin línea, pero yo lo llevo siempre en el bolsillo por si ella volviera a telefonear.

El País, 13 de octubre de 1995

18 abril 2022

INFOCRACIA. La digitalización y la crisis de la democracia


Un análisis sagaz del régimen de la información, el nuevo gobierno al que estamos sometidos, por el filósofo más leído del siglo XXI. La digitalización avanza inexorablemente. Aturdidos por el frenesí de la comunicación y la información, nos sentimos impotentes ante el tsunami de datos que despliega fuerzas destructivas y deformantes. Hoy la digitalización también afecta a la esfera política y provoca graves trastornos en el proceso democrático. Las campañas electorales son guerras de información que se libran con todos los medios técnicos y psicológicos imaginables. Los bots #las cuentas falsas automatizadas en las redes sociales# difunden noticias falsas y discursos de odio e influyen en la formación de la opinión pública. Los ejércitos de troles intervienen en las campañas apuntalando la desinformación. Las teorías de la conspiración y la propaganda dominan el debate político. Por medio de la psicometría y la psicopolítica digital, se intenta influir en el comportamiento electoral y evitar las decisiones conscientes. Este nuevo ensayo de Byung-Chul Han describe la crisis de la democracia y la atribuye al cambio estructural de la esfera pública en el mundo digital. También le da un nombre a este fenómeno: infocracia.

Byung-Chul Han (Seúl, 1959) es un filósofo con doble nacionalidad coreana y alemana, que imparte su docencia en la Universidad de las Artes de Berlín. Se trata de uno de los pensadores más influyentes y penetrantes de las últimas décadas, y sus ideas han alcanzado una difusión fuera de lo común en la filosofía contemporánea. Su obra realiza un amplio análisis de la sociedad del siglo XXI, a la que ha definido como una “sociedad del cansancio”, una “sociedad de la transparencia”, hiperactiva, obsesionada con los logros, en la que se han desterrado las nociones del secreto, la privacidad y la confianza; en la que el sentido del amor está en decadencia frente al exacerbado narcisismo general; y en la que la democracia se encuentra en crisis ante el uso masivo de las redes digitales para influir a los ciudadanos.

28 marzo 2022

Will Smith, otro hombre que no deberíamos ser

OCTAVIO SALAZAR

A quienes con frecuencia nos dedicamos a tratar de explicarles a los más jóvenes la urgencia de desmontar la masculinidad patriarcal nos cuesta mucho trabajo encontrar referencias alternativas que les sirvan de ejemplo. Nos sigue resultando mucho más fácil explicarlo en negativo, es decir, poniendo ejemplos de hombres cuyos comportamientos no deberíamos imitar porque representan toda la toxicidad que emana de una subjetividad construida para dominar y sentirse importante. La ceremonia de los Oscar nos ha ofrecido otro flagrante caso que resume a la perfección todo aquello que los hombres no deberíamos ser. La reacción de Will Smith frente a la broma nada afortunada de Chris Rock encierra todos los elementos que nos permiten identificar un modelo de masculinidad que hoy por hoy sigue siendo el principal obstáculo para construir un mundo sin desigualdad de género y en el que la violencia deje de estar legitimada. Una violencia que está vinculada a la idea de poder, a la omnipotencia en la que los varones hemos sido socializados y a la asunción de que no hay mejor manera de gestionar los conflictos que recurriendo a la fuerza. De esta manera, la violencia se convierte todavía hoy para muchos en un mecanismo de reafirmación de la virilidad y hasta de restauración del honor supuestamente perdido.


En la reacción de Will Smith no solo late esa legitimación de la violencia que, insisto, emana de una masculinidad concebida en términos de control y conquista, sino también la justificación de nuestro eterno papel de patriarcas, restauradores del orden, vigilantes de las virtudes y de la honra de las mujeres, defensores como si fuéramos superhéroes de las que muchos siguen considerando menores de edad. A las que, por tanto, de la misma manera que nos vemos obligados a defender a capa y espada, podemos en otro momento someter a las más viles prácticas de explotación y servidumbre. La suma de esos dos extremos es la evidencia más dramática del horror que implica la cultura machista encarnada en individuos como Smith. Ese tipo que, al estilo de lo que suelen hacer muchos maltratadores, luego tratan de justificarse, pedir perdón y hasta pedir clemencia. De la mano que abofetea a los ojos húmedos. Entre medias, el superhéroe desnudo.

Y, en tercer lugar, aunque no menos importante, también ha sido llamativa la reacción en gran medida cómplice, por supuesto, de la Academia, pero también de un público que no debería haber dado ni un aplauso al actor. Ante situaciones como esta, no podemos ser cómplices por omisión, ni mucho menos situarnos en la equidistancia. Un ejercicio en el que nos solemos refugiar los hombres para no sentirnos traidores frente a la fratría que nos respalda y nos reafirma en nuestra virilidad.

Ojalá, en el mejor de los casos, el ejemplo de Will Smith tenga efectos pedagógicos y genere una corriente de malestar y crítica entre los hombres. Una especie de Me Too a la inversa, en el que dejemos claro que no estamos dispuestos a tolerar dichos comportamientos y que además asumimos el compromiso de denunciarlos cuando sucedan a nuestro alrededor. Solo cuando este compromiso masculino sea efectivo empezaremos a habitar un mundo en el que, al fin, dejen de existir individuos como el actor que ha ganado el Oscar por su rutinaria interpretación de un hombre explotador del talento de sus hijas. El círculo perverso se cierra. Nada pues que aplaudir. (El País, 28.03.22)

27 marzo 2022

El hombre que encontró la felicidad_microrrelato

Por CLARA SÁNCHEZ

A César S., propietario de la mayor cadena de hoteles del país, mientras se dirige a su casa, serio y apesadumbrado como siempre, una gran blancura le inunda por un instante la mente, y de repente tiene la certeza de cómo debería ser su vida en adelante. Baja la ventanilla del coche y respira con nuevos pulmones y contempla el esplendor del campo con nuevos ojos.

Al dejar atrás la verja y avanzar hacia los macizos de flores que bordean la entrada, ya ha decidido deshacerse de todas sus riquezas. Así que le regala al chófer la flota de coches y le comunica a su mujer que pasa a ser la dueña absoluta de toda la fortuna, a la que él acaba de renunciar. Su mujer le exige que recapacite, pero él contesta que solo necesita una casita con un pequeño huerto en el que plantar lo que vaya a comerse.

César S. tiene una casa con huerto y pozo, y es feliz durante casi un año, hasta que un día, al sacar el cubo del pozo, encuentra un líquido negro, que enseguida comprende que es petróleo. Antes de que pueda ocultarlo, el hallazgo es visto y propagado. Considera que lo mejor es donar el yacimiento al municipio y retirarse al desierto, donde ni siquiera vivirá en una casita, sino bajo una tienda de lona. Pero sus vecinos, en señal de gratitud, construyen para él un fabuloso palacio. Cuando se lo muestran, y ve los grifos de oro y las estatuas de mármol y los jardines diseñados por jardineros franceses y japoneses, se le caen las lágrimas, y la gente del pueblo se pone muy contenta porque cree que llora de alegría. "Estoy condenado a ser rico", piensa tristemente. Entonces ocurre algo inesperado: recibe la noticia de que su mujer se ha arruinado y se halla sumida en la pobreza. César S. de nuevo siente la sonrisa de la vida. Hace un fardo con sus harapos y se presenta ante su mujer: "Ahora podremos ser verdaderamente felices porque ya somos libres los dos", le dice. Ella ve a este hombre miserable y envejecido con quien no se siente capaz de compartir la cama, y se le caen las lágrimas. Y él se pone muy contento al pensar que son de felicidad.

El País Semanal, 20 de julio de 2000

31 enero 2022

Henri Peña-Ruiz. “La bandera actual de España es anticonstitucional. Tiene una cruz”

Este catedrático de filosofía francés, hijo de inmigrantes españoles y gran teórico de la laicidad, argumenta que la Constitución dice que ninguna religión debe tener carácter estatal

Por Marc Bassets

El País, 25.03.22


Henri Peña-Ruiz (Le Pré-Saint-Gervais, 72 años), hijo de inmigrantes españoles en Francia, es catedrático de filosofía y republicano. Lo es en un sentido amplio del término: apegado a la República francesa y a la española, cuya bandera ondea en su casa. Es de izquierdas, muy de izquierdas y, de acuerdo con esta tradición, también muy laico. Pero en la izquierda algunos le miran con desconfianza, porque el profesor Peña-Ruiz, autor entre otros libros de Dios y Marianne. Filosofía de la laicidad, cree que hay que aplicar a todos, también al islam, los principios de la laicidad.


PREGUNTA. ¿Qué es la laicidad?


RESPUESTA. Hay que quitarse de la cabeza el prejuicio que dice que la laicidad es antirreligiosa. Es sencillo: las leyes que organizan la coexis­tencia de los ciudadanos no han de depender de una cosmovisión particular. La Unión Soviética era antilaica: un Estado laico no es antirreligioso ni antiateo, sino neutral desde el punto de vista de la opción espiritual. No da privilegios a la religión ni con un reconocimiento oficial ni con dinero. La laicidad reposa sobre tres elementos. Primero, la libertad de conciencia, que no es solo la libertad religiosa. Se trata de la libertad de elegir una opción espiritual, sea la del creyente, el ateo o el agnóstico. Segundo, la igualdad de trato de todas las personas sea cual sea su opción espiritual, lo que debe impedir los privilegios para la Iglesia y para los ateos. Y tercero, la orientación del poder público únicamente por el interés común: no corresponde a un Estado laico financiar lugares de culto, sino lo público, hospitales, por ejemplo.


P. ¿Es España un Estado laico?


R. Es un híbrido. Hay rasgos evidentes de laicidad. La Constitución de 1978 dice: “Ninguna confesión tendrá carácter estatal”. Y está muy bien. Pero esto entra en contradicción con las atenciones particulares, reconocidas por la misma Constitución, a la Iglesia católica, diciendo que “los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia católica y las demás confesiones”. ¿Por qué no mencionar a los ateos o agnósticos? Además, la bandera actual de España es anticonstitucional. Si el artículo 16 dice que ninguna religión tendrá carácter estatal, ¿por qué la cruz está encima de la corona? Esta bandera pone de relieve el cristianismo. Cuando la Constitución dice que todos los españoles serán reconocidos en igualdad de derechos, lo siento, pero el ateo no tiene los mismos derechos que el cristiano porque no se le reconoce un símbolo particular en la bandera. También se podría hablar de las escuelas concertadas, aunque en esto Francia no puede dar lecciones a España: la ley Debré de 1959 instala la financiación pública de las escuelas religiosas, y esto es antilaico.


P. ¿Qué amenaza hoy a la laicidad en Francia?


R. No me gusta hablar de laicidad francesa. La laicidad es universal, buena para todos los pueblos. El ideal-tipo puro, por hablar como Max Weber, no existe en ninguna parte, pero cada paso hacia este ideal es bueno. La laicidad en Francia tiene dos enemigos. Por una parte, la derecha identitaria, que quisiera restablecer a Francia como “hija mayor de la Iglesia”. Esas personas son laicas solamente contra los musulmanes. Por otra parte, está la transformación del islam en identidad colectiva, que, por ejemplo, impone el velo a la mujer. Hoy incluso hay una parte de la izquierda que no es tan laica como debería. Nadie admite los atentados terroristas, pero hay personas que les ven circunstancias atenuantes, que sienten compasión por estos musulmanes, que serían víctimas del racismo. Yo defiendo que hay racismo cuando se rechaza a las personas, pero no cuando se rechaza a una religión, porque ninguna persona se reduce a su opción espiritual. Si no, significa que solo la versión fanática de la religión es auténtica. Como decía Montaigne, “no hay que confundir la piel con la camisa”.


P. ¿Se siente incomprendido en la izquierda actual en su defensa de la laicidad ante el islamismo?


R. Hasta una época reciente la izquierda estaba de acuerdo con mi punto de vista. Pero ha surgido algo nuevo. Una parte de la extrema izquierda es indulgente con el islamismo. Considera que los inmigrantes y especialmente los inmigrantes de origen musulmán están más explotados, perseguidos y discriminados que los demás. Quizá sea verdad. Pero de esto yo no saco la misma conclusión que ellos, según la cual la laicidad participa de esta persecución. Primero, porque la laicidad impone reglas iguales para todas las religiones. Insisto mucho en recordar lo que hicieron los católicos con la Inquisición, no para relativizar, sino para mostrar que las exigencias que se impusieron a los católicos con la ley de la separación de las iglesias y el Estado deben imponerse a todas las religiones.


P. ¿Usted es creyente? ¿Ateo? ¿Agnóstico?


R. Por convicción laica, me incomoda responder. Le contaré una anécdota. Yo di clases de Filosofía durante 42 años. A veces los alumnos me preguntaban: “Señor Peña-Ruiz, ¿usted cree en Dios o no?”. Yo les contestaba: “No les voy a responder. Pero filosóficamente les explicaré por qué. Primero, es asunto mío, de la misma manera que nunca les preguntaré a ustedes si creen en Dios. El respeto de la esfera privada es un principio de la laicidad. Segundo, mi República francesa no me paga un salario para que exponga mi convicción personal. Estoy aquí para enseñarles a pensar. Un día leeré una página de san Agustín, otro de Marx, pero no significará que soy cristiano ni marxista, sino que quiero darles a conocer pensamientos importantes en la historia humana. Debo ser neutral. Y tercero, no responderé a la pregunta sobre si soy creyente o no, pero estoy muy contento de que me la hagan”. Y los alumnos me decían: “¿Por qué?”. Y les respondía: “Porque significa que nada en mi enseñanza les permite saber si soy creyente o ateo y que, por tanto, he respetado la neutralidad que supone la laicidad”.

La política del nacionalismo español

Por IGNACIO SÁNCHEZ-CUENCA

El País, 25 de enero de 2022

Las izquierdas no parecen haber comprendido la capacidad de influencia de un cambio cultural que impregna la mentalidad de muchos ciudadanos y acaba teniendo consecuencias de todo tipo.

Parece claro que, desde hace años, España atraviesa un cambio cultural importante. La manera de entender la nación española y de sentirse español es distinta a la de las dos primeras décadas de democracia. Los indicios de este cambio están por todas partes. Es difícil ordenarlos o presentarlos sistemáticamente. Tampoco es sencillo reconstruir su génesis y evolución.
Baste observar la proliferación de enseñas nacionales en pulseras, prendas de ropa, mascarillas, collares de perro y balcones; el éxito de novelas históricas y libros de historia sobre el Imperio español y las grandes gestas protagonizadas por españoles a lo largo de los siglos; o la fijación con la Leyenda Negra y el empeño en derrotarla. Ha vuelto, con ropajes nuevos, la idea de que los extranjeros no nos entienden o incluso tienen un prejuicio contra nosotros. El referente originario de la nación española ya no es la Transición, la Guerra de Independencia o las Cortes de Cádiz; ha retrocedido a un pasado más lejano, al Imperio, a Hernán Cortés o a Blas de Lezo. Por eso Pablo Casado dijo aquello de que la Hispanidad “es probablemente la etapa más brillante, no de España, sino del hombre, junto con el Imperio romano” e Isabel Díaz Ayuso afirmó, en crítica abierta a las palabras de el Papa, que el legado de España consistió en “llevar precisamente el español, y a través de las misiones, el catolicismo y, por tanto, la civilización y la libertad al continente americano”. Hay también una reivindicación orgullosa del casticismo español, de nuestras tradiciones y nuestra manera de vivir, que se ven amenazadas por los nacionalismos periféricos y por unas izquierdas que se avergüenzan de ser españolas. Lo español se asocia a una autenticidad vital, frente a una izquierda que quiere cambiar nuestras costumbres (ya sea mediante el lenguaje inclusivo, la dieta sostenible o la defensa de los animales).

Sería una simpleza considerar que nos enfrentamos al españolismo rancio del nacionalcatolicismo. Se trata de un artefacto más complejo y adaptado a los tiempos. De hecho, este nacionalismo incorpora a su núcleo ideológico la España constitucional, que opone a los proyectos de los nacionalismos periféricos, concebidos como antidemocráticos, supremacistas o etnicistas. El supuesto que opera es que sólo España puede constituirse como democracia liberal; el proyecto nacional de catalanes y vascos no puede ser democrático porque se opone a la nación española, que es democrática desde 1978, y porque rompe el principio de que todos los españoles somos iguales. De ahí que Vox tenga la desfachatez de presentarse como un partido “constitucionalista” (pretendiendo prohibir los partidos nacionalistas que ponen en peligro la nación española). Y de ahí también la facilidad con la que los autodenominados “constitucionalistas” que se forjaron en la lucha contra el terrorismo de ETA hayan acabado en posiciones reaccionarias en su centralismo y afirmación de la unicidad de la nación española.

Aunque Vox es su manifestación más espectacular y preocupante, quien mejor ha sabido capitalizar y explotar políticamente este nacionalismo es Isabel Díaz Ayuso. Ha eliminado el componente clasista o elitista de la derecha “pija” y ha conseguido introducir en la defensa de España la libertad popular de salir de bares y la diversión, frente a los “progres”, caricaturizados como cenizos, intervencionistas y paternalistas. La presidenta de la comunidad presenta Madrid como el bastión de los valores liberales frente a las amenazas que se ciernen sobre el país. Madrid, que “es España dentro de España”, se convierte así en la resistencia última a los enemigos de la patria, a la anti-España.

La capacidad succionadora de este nuevo nacionalismo es enorme. No sólo absorbe la Constitución de 1978, sino que quien entra en su marco de valores acaba fijando posiciones en los temas más dispares, el medio ambiente, los derechos civiles, la memoria histórica, el modelo educativo o las medidas sanitarias en la pandemia.

Las izquierdas no parecen haber comprendido del todo la potencia política de este nuevo nacionalismo español. No se trata solo de guerras culturales libradas en las redes sociales y en las tertulias televisivas. Este nacionalismo impregna la mentalidad de muchos ciudadanos y acaba teniendo consecuencias políticas de todo tipo. En este sentido, el análisis de los datos de opinión pública a lo largo del tiempo muestra que ha habido un cambio gradual y muy relevante en la cultura política de los españoles. En los años noventa del siglo pasado, la asociación entre la posición ideológica del ciudadano y su grado de españolismo era más bien débil. Se podía ser de izquierdas y sentirse plenamente español, o ser de derechas y tener una identidad regional o nacional fuerte. Eso ha cambiado notablemente.

El españolismo suele medirse a través de una pregunta de encuesta en la que se pide al entrevistado que declare si se siente solamente español, más español que de su comunidad autónoma, tan español como de su comunidad autónoma, más de la comunidad autónoma que español o sólo de la comunidad autónoma. Pues bien, el análisis de las respuestas ciudadanas a esta pregunta muestra que, con el paso del tiempo, las diferencias ideológicas entre la izquierda y la derecha se han ido acoplando a las diferencias en la identidad nacional. En la actualidad la gente de derechas muestra un españolismo más acusado y al revés. Con otras palabras, es posible adivinar la posición ideológica conociendo la identidad nacional.

Hasta tal punto es así que, si agregamos las opiniones ciudadanas por comunidad autónoma, aparece una fuerte relación entre ideología y españolismo. Cuanto más españolista es un territorio autonómico, mayor ventaja obtiene la derecha sobre la izquierda. Uno de los factores principales que explica la creciente derechización de regiones como Andalucía, Castilla-La Mancha o Madrid es la mutación del españolismo. En la actualidad, la ideología en términos de izquierda/derecha y el nacionalismo español se refuerzan mutuamente, cosa que antes no sucedía, o al menos no sucedía de forma tan clara. La competición política entre las derechas y las izquierdas es hoy también una batalla sobre lo que significa ser español y sobre las razones para sentirse orgulloso de serlo.

Este mayor acoplamiento entre ideología y nacionalismo crece lentamente a lo largo del siglo y estalla con la crisis constitucional catalana en 2017. Al cuestionamiento de la nación española por parte del independentismo catalán sigue una reacción de orgullo herido que culmina con el despegue electoral de Vox, primero en las elecciones andaluzas de 2018 y luego en las dos generales de 2019. A partir de ese momento, se extiende una forma “desacomplejada” de ser español (analizada con maestría por Pablo Batalla en su libro Los nuevos odres del nacionalismo español) que alimenta todas las polémicas culturales que ha protagonizado el Gobierno de coalición. Se nutre del independentismo catalán y el radicalismo ideológico de Unidas Podemos para lanzar su discurso excluyente de defensa de una España en la que no hay sitio para separatistas y comunistas.

Las izquierdas, en mi opinión, no han encontrado un registro adecuado y eficaz para hacer frente a esta ofensiva cultural. Tienen la ventaja de estar en el Gobierno y manejar el presupuesto, pero es difícil saber si una hoja de servicios en condiciones será suficiente para resistir el nuevo nacionalismo de las derechas españolas.

Ignacio Sánchez-Cuenca es catedrático de Ciencia Política en la Universidad Carlos III de Madrid.