25 septiembre 2026

Segunda sesión de cortos en Adriano Antinoo

Le Marais (Paris, je t'aime)

Al entrar en una imprenta, Gaspar (interpretado por un jovencísimo Gaspard Ulliel) se siente inmediatamente atraído por el aprendiz del negocio, Eli. La impetuosa confesión que Gaspar le participa, referida a la nueva y extraña sensación que le embarga, es inútil pues el aprendiz no entiende bien francés. Dirigida por Gus van Sant, 2006 [En francés e inglés con subtítulos en español] 6 min. 


Los tíos (o esta plaza está llena de trolos)

Marco Berger, 2019. Una hilarante historia bonaerense de boliches, minas y putos, que explora tensiones masculinas, jugando con el lenguaje. Real como la vida misma."Sí, hagamos cosas de amistad..." [Subtítulos en castellano] 5 min.
https://www.youtube.com/watch?v=-48zpzIPw-o

Eurofán

A veces, los prejuicios, van en sentido contrario: ¿es que un hombre hetero no puede ser fan de Eurovisión? Divertida pieza dirigida por Roberto Pérez Toledo en 2015, que derriba mitos y estereotipos con sentido del humor. No es un drama, es un eurodrama. 4 min. https://www.youtube.com/watch?v=zgoKDR_Dpgs&t=7s

Por un beso

Denunciar la homofobia a pie de calle. Dirigido por David Velduque, 2016, 5 min. https://www.youtube.com/watch?v=hqFGW2WPJWk

Pancarta

A las manis hay que ir con pancarta. Un cortometraje reivindicativo de Roberto Pérez Toledo, 2018, 5 min. https://youtu.be/HaOyoqUvoXg

Dena asmatuta dago (Todo está inventado)

Dos que se aman se hacen preguntas de mucho calado mientras comparten un porro en la bañera. Dirigido por Jone Arriola. (2023) [En vasco con subtítulos en castellano] 14 min.

+Mi reseña sobre Dena Asmatuta Gago 






una miniseries de Russell T Davies recomendada (M+):


(De puntillas)





18 septiembre 2026

Bésale, bésale mucho / Keep on kissing

Por/By CARLOS MARTÍN GAEBLER

Dicen que los españoles nos besamos y tocamos tanto en público que es una alegría. Debe ser el lado tierno de la marca España. Recuerdo que, ya en el añorado 1992 del olímpico 
Amics per sempre, lo resaltaba la escritora Rosa Montero en un artículo titulado Besos y otras cosas. Hasta nuestros waterpolistas se besan en los morros cuando conquistan un título de relumbrón. Pero no todos los hombres se sienten libres para besar o acariciar a sus novios, maridos o amigos en público. Un original anuncio publicitario australiano anima a las parejas del mismo sexo a cogerse de la mano, estén donde estén.

La visibilidad es un derecho orgullosamente conquistado. Fruto de la lucha por la igualdad son las bodas entre personas del mismo sexo, cuya difusión mediática ha contribuido a normalizar la visión que los heteros tienen de nosotros. Sin embargo, cada uno de nosotros puede hacer más por esa normalización, porque la visibilidad sí que importa, como nos recuerda este exquisito vídeo noruego. ¿Te vas a perder la incomparable sensación de libertad que da ir cogido de la mano de tu amado/a por la calle? Échale valor, y disfruta de la vida ahí fuera (del armario). Si escondes la mano y sucumbes al miedo, les haces el juego a los homófobos, a los machistas, y ganan ellos. Que no nos dé miedo el amor. 

Para que los heteros aprendan a mirarnos con naturalidad debemos comportarnos con la naturalidad que proporciona la ternura, también en la vía pública, en las playas, en un restaurante, en el cine, en la universidad, en el metro. Muchos gays y lesbianas deben aún guardarse la mano en el bolsillo cuando pasean junto a su pareja por la calle. No nos reprimamos nunca cuando queramos acariciar o besar a nuestro chico o chica, o nos apetezca ir cogidos de la mano, por miedo a fascistas homófobos. Mostrando nuestro amor podemos parar su odio. Pásalo. cmg2019

They say that we Spaniards kiss and touch each other so much in public that it is a joy. It must be the tender side of the "Spain brand." I remember that back in the longed-for year of 1992—the Olympic year of the Amics per sempre slogan—the writer Rosa Montero highlighted this in an article titled Kisses and Other Things. Even our water polo players kiss each other on the lips when they win a prestigious title.But not all men feel free to kiss or caress their boyfriends, husbands, or friends in public. An original Australian commercial encourages same-sex couples to hold hands, wherever they are. Visibility is a proudly conquered right.A fruit of the struggle for equality is same-sex weddings, whose media coverage has helped normalize the view that heterosexuals have of us. However, each of us can do more for that normalization, because visibility really does matter, as this exquisite Norwegian video reminds us. Are you going to miss out on the incomparable feeling of freedom that comes from walking down the street holding your loved one's hand? Be brave, and enjoy life out there (outside of the closet). If you hide your hand and succumb to fear, you play into the hands of homophobes and machistas, and they win. Let us not be afraid of love. For straights to learn to look at us naturally, we must behave with the naturalness that tenderness provides—in public spaces, on beaches, in a restaurant, at the movies, at the university, on the subway. Many gays and lesbians still have to keep their hands in their pockets when walking down the street with their partners. Let us never repress ourselves when we want to caress or kiss our guy or girl, or when we feel like holding hands, out of fear of homophobic fascists. By showing our love, we can stop their hate. Pass it on. cmg2019

04 septiembre 2026

Marruecos contra los marroquíes

Por NAJAT EL HACHMI, El País, 4 de septiembre de 2026

El régimen lleva décadas forzando la emigración para rebajar las tensiones de la pobreza y la tiranía.

Dos migrantes cocinan en la playa de El Trampolín. Foto: Javier Hernández

La entrada masiva de marroquíes a finales de julio en Ceuta no es una entrada masiva; es la plasmación más gráfica y fidedigna del trato que da el régimen alauí a su gente, en especial a sus menores. Estarán orgullosos los artífices de la iniciativa, quienes hayan decidido usar a la población para lo que es a todas luces un ataque a una ciudad que lleva cinco siglos siendo española. Estarán contentos por haber dado al mundo esa imagen precisa de lo que es en realidad un país que se presenta como el más moderno, que progresa económicamente, el que tiene una buena selección de fútbol (compuesta casi toda por hombres que ni nacieron ni crecieron en Marruecos y que le deben poco o nada a la bandera que llevan en la camiseta), que prohíbe las bolsas de plástico de forma radical lavando en verde el despotismo con que somete a su población.

Nada nuevo, en realidad: el mundo no lo ha visto, pero el país en el que nací lleva décadas haciendo exactamente lo que hizo este verano, vertiendo a los marroquíes en otros países como se vierte la mierda en las alcantarillas. Pregunten a cualquiera que proceda del magnífico reino dirigido por Mohamed VI y les contará lo que es no tener patria porque la que se supone tuya de nacimiento hace lo posible para que te vayas, para que huyas de su territorio. No es algo reciente: la emigración ya la usaba Hassan II como arma de represión contra sus “súbditos”. La historia de la zona de la que yo procedo, el Rif, no es más que una historia de destierros involuntarios. Nos contaron que era por razones económicas, para tener una vida mejor; pero lo que quedó enterrado por el silencio traumático de nuestros padres y abuelos es que hubo políticas deliberadas para que nos fuéramos. Éramos demasiados, queríamos comer, organizábamos manifestaciones cuando subía el precio del pan y no veíamos forma alguna de aplacar el hambre en esa tierra yerma y abandonada, arrasada por las élites extractivas —empezando por el propio Rey, que puede llevar una vida de lujo y regalar joyas carísimas a mandatarios extranjeros— mientras los niños que viven bajo su dictadura no ven otra salida que la de ir hacia el Norte, donde sus ídolos viven en paz y puede crecer la esperanza.
No, ese Marruecos que ha visto el mundo entero no es nada nuevo, es el plomo de antaño, es Betty Lachgar encarcelada por una camiseta, es Nasser Zafzafi cumpliendo 20 años a la sombra, es usar a seres humanos con finalidades geoestratégicas. Es arrojar a los niños al mar. Y que se ahoguen como se ahoga el resto del país bajo la bota dictatorial.
Un niño marroquí de 12 años, sin familiares en Ceuta, agarrándose a un militar español
suplicándole que no le devuelvan a su país al grito de: "¡No, Marruecos, no!"