04 julio 2018

Desmemoria de España_documental



Año 2016. Más de 40 años después de la muerte del dictador Francisco Franco, España no ha devuelto aún la deuda pendiente con las víctimas del franquismo. La desmemoria colectiva y la poca voluntad política desde el periodo de la Transición democrática ha dejado a miles y miles de víctimas y represaliados enterrados en cunetas y fosas comunes aún sin abrir. De las más de 2.000 fosas comunes, apenas han podido ser abiertas 200.

En 2007, el Gobierno del presidente José Luis Rodríguez Zapatero aprobó la llamada ‘Ley de Memoria Histórica’, que, aunque “insuficiente” para muchos colectivos, incluía el reconocimiento de todas las víctimas de la Guerra Civil (1936–1939) y la posterior dictadura del general Francisco Franco (1939–1975). Con la llegada al poder de la derecha, el Gobierno del Partido Popular y de Mariano Rajoy dejó dicha ley sin partida presupuestaria, derogándola de facto. El propio presidente afirmó que “la memoria histórica no interesa a nadie”.

El documental trata de desvelar los intereses políticos y las herencias franquistas que aún se perpetúan en España, 40 años después, para que todavía muchas víctimas no sean reconocidas como tales ni haya una voluntad por desenterrar toda la verdad de lo ocurrido durante esos años. Mientras la memoria no se desentierre y salga a la luz, miles de víctimas y familiares seguirán sin recibir la justicia que merecen.




14 junio 2018

¡Lo nuestro sí que es mundial!

Histórico cartel publicado de forma unitaria por la Coordinadora de Frentes de Liberación Homosexual del Estado Español con motivo de la celebración del Día Internacional del Orgullo Gay en junio de 1982, redactado en las cuatro lenguas de España, y que coincidió con el Mundial de Fútbol España '82. LO NUESTRO SÍ QUE ES MUNDIAL, dijo desde Granada el artista Miguel Benlloch. Los liberadores años ochenta habían comenzado. cmg2018

01 junio 2018

La mirada guarra


Por CARLOS MARTÍN GAEBLER

Hace ahora 34 años, se inauguraba en Sevilla la 3ª Semana de Cine Homosexual, organizada por el Frente de Liberación Homosexual de Andalucía (FLHA), cuyo cartel acompaña esta reseña. Sirvan estas líneas para hacer memoria de aquellos días. 

El cartel anunciador del certamen, cuyo autor he indagado sin éxito*, fue elegido de entre 30 trabajos que se presentaron a un concurso público convocado al efecto. El jurado estuvo presidido por el director general de Teatro, Música y Cine de la Junta de Andalucía, Jesús Cantero, el pintor Joaquín Sáenz, el abogado Joaquín Vázquez, en representación del Frente de Liberación Homosexual de Andalucía, asociación organizadora de la Semana, y la periodista de la Cadena SER, Regina Farré, quien levantó acta de la resolución y anunció la obra premiada.

El cartel, de 70x50, representa los genitales masculinos por cuadruplicado, inspirados en los atributos del David de Miguel Angel. Tres de los fotogramas aparecen con fondo amarillo, y el cuarto está invertido sobre fondo morado. Esta iconografía nos remite al espíritu hedonista de los ochenta, reivindicativo de la sexualidad libre en una sociedad beata obsesionada con la virginidad y la represión de la felicidad carnal.

Sin embargo, no debieron pensar lo mismo los concejales del Grupo Popular del Ayuntamiento de Sevilla, quienes lo calificaron directamente de "pornográfico", y votaron en contra de destinar fondos públicos para la promoción del certamen. En este caso, la lascivia parecía estar en la mirada sucia del represor (o del reprimido). El Daesh también lo habría censurado. La derecha española arrastra desde siempre un problema patológico con la representación de la sexualidad. Deberían mirárselo. El concejal José María Ferré declaró: “En ningún caso estamos en contra de que se celebren estos certámenes, sino de que se financien con el dinero de los sevillanos.” Ahora bien, para financiar actividades religiosas sí que hay dinero público. ¿Qué fue de la separación constitucional entre Iglesia(s) y Estado?

Recuerdo con orgullo haber participado en la pegada de carteles con otros compañeros del FLHA, cubo con cola en mano, por las calles de Sevilla. Sentí una emoción liberadora al empapelar paredes de mi ciudad con esta imagen transgresora que celebraba la alegría del sexo. Al terminar, me llevé a casa un ejemplar del cartel, que ha permanecido en una caja, preservado de la luz, durante más de tres décadas, y que, al parecer, es el único que existe en la actualidad. Me ha parecido oportuno escanearlo para difundirlo en la red, precisamente cuando la libertad de expresión artística se ve de nuevo amenazada en España, y donarlo al Archivo de la Memoria Histórica Homosexual de Andalucía, actualmente en construcción.

Polémica aparte, aquella semana de cine de temática homosexual fue un éxito de público. Acudieron los sevillanos y sevillanas modernos y cinéfilos de aquel entonces, personas de mirada limpia. Tuvo lugar en el ahora extinto y añorado Cine San Vicente (el cartel incorpora el precioso logotipo minimalista de la sala, regentada por el gran ilustrado cinematográfico Manuel Gómez), que se había engalanado para la ocasión con tules, gasas y flores, y con un San Sebastián rodeado de azucenas en el hall de entrada. Los demás carteles presentados se exhibían en los pasillos laterales de la sala. Se proyectaron filmes de gran calidad, en español, francés, e inglés, tales como Laberinto de pasiones, de Pedro Almodóvar; Los placeres ocultos, de Eloy de la Iglesia; L’homme blessé (El hombre herido), de Patrice Chérau; Merry Christmas, Mr. Lawrence (Feliz Navidad, Mr. Lawrence), de Nagisha Oshima; Coup de foudre (Entre nosotras), de Diane Kurys, Polyester, de John Waters; y, como homenaje a Montgomery Clift y Tennesse Williams, se exhibió la clásica Suddenly, Last Summer (De repente, el último verano), de Joseph Mankiewicz. Tras el visionado de las películas, los asistentes permanecían en la sala para comentarlas y conversar sobre temas relativos a las dificultades cotidianas con las que se enfrentan las personas homosexuales. cmg2018

*Agradecería a quien conociese la identidad del autor del cartel me lo comunique para añadir su nombre a esta reseña, como se merece.

Hoy 1 de junio se presenta este cartel, junto a otros carteles recuperados del activismo LGTB de los años 80, en el Archivo Histórico Provincial de Sevilla (Almirante Apodaca, 4), dentro de los actos culturales del Mes de la Diversidad Sexual.

FELIZ_ORGULLO_2018 a todos y a todas.


14 mayo 2018

Apocalipsis, I_microrrelato

Por MARCO DENEVI 

La extinción de la raza de los hombres se sitúa aproximadamente a fines del siglo XXXII. La cosa ocurrió así: las máquinas habían alcanzado tal perfección que los hombres ya no necesitaban comer, ni dormir, ni leer, ni hablar, ni escribir, ni hacer el amor, ni siquiera pensar. Les bastaba apretar botones y las máquinas lo hacían todo por ellos. Gradualmente fueron desapareciendo las biblias, los Leonardo da Vinci, las mesas y los sillones, las rosas, los discos con las nueve sinfonías de Beethoven, las tiendas de antigüedades, el vino de Burdeos, las oropéndolas, los tapices flamencos, todo Verdi, las azaleas, el palacio de Versalles. Sólo había máquinas. Después los hombres empezaron a notar que ellos mismos iban desapareciendo gradualmente, y que en cambio las máquinas se multiplicaban. Bastó poco tiempo para que el número de los hombres quedase reducido a la mitad y el de las máquinas aumentase al doble. Las máquinas terminaron por ocupar todo el espacio disponible. Nadie podía moverse sin tropezar con una de ellas. Finalmente los hombres desaparecieron. Como el último se olvidó de desconectar las máquinas, desde entonces seguimos funcionando.

Marco Denevi (1922-1998) fue un escritor argentino de novelas y relatos breves, además de abogado y periodista. Su obra narrativa se caracteriza por su originalidad y profundidad, además de por ser una crítica de la incompetencia humana.

04 mayo 2018

The most beautiful part of a man’s body

   
The most beautiful part of a man’s body
    I think it must be there,
    where the torso sits on, and into the hips,
    those twin delineating curves,
    feminine in grace, girdling the trunk,
    guiding the eyes downwards
    to their intersection,
    the point of pleasure. 
(Duane Michels, 1986)

29 abril 2018

Santiago del Campo según Manuel Ferrand

Por MANUEL FERRAND
ABC, 25 de enero de 1985

Artistas hay, y de justo renombre, que se aferran a un esquema plástico, instalados definitivamente en una fórmula encontrada y elogiada como impronta de su identidad, para los que no queda otro recurso dentro de la reiteración que el perfeccionismo. Santiago del Campo pertenece a la raza de los pintores abiertos a plurales incitaciones, sólo que asumidas con reposada cautela; cerebral y sensitivo (conjunción afortunada para un artista), su obra viene marcada por unos ciclos concretos y distintos. Es posible que en cada uno de ellos, en los que fue dejando piezas importantes, algunas magistrales, encontraría suficiente motivo de complacencia, pero no hasta el punto de afincarse en ninguno de por vida. Se lo impide un afán exploratorio no sé si de Pintura, de sí mismo o de ambas cosas.

Pienso que su aventura consiste en ir al encuentro de sus propias posibilidades, explorar y expresar reflexivamente y amorosamente su manera de entender la vida. Con la dedicación sin prisas de ir transfigurando su entorno y su propio yo de acuerdo con unas constantes: ordenación rigurosa, pulcritud y dominio del procedimiento y, como hálito embalsamador y vivificador, un contenido poético que se manifiesta a pesar de estar pudorosamente domeñado.

Santiago del Campo es un pintor intelectual... Pertenece a la raza de artistas que no sólo tuvieron una visión del mundo, sino una noción y que se adentraban con todo derecho y capacidad en otras parcelas que la de su habitual oficio. De esa actividad intelectual viene su curiosidad por cuanto concierne al mundo del espíritu y al mundo de la materia, su mesura, su capacidad de comunicar plásticamente sus convicciones y escepticismo, y, sobre todo, la diversidad de su trabajo. Se acerca a lo egregio y a lo humilde, lleva a cabo pinturas religiosas y lienzos de cerámica, carteles, retratos, perfiles de rejas, diseños de muebles o de lámparas en volumétricas y sugestivas abstracciones, paisajes o peculiares naturalezas muertas, en una obra total de la que no cabe hablar de dispersión, sino de entrega a las posibilidades de comunicación que se le ofrece a un artista.

Desde hace algún tiempo, el ciclo en que se afana está centrado preferentemente en un motivo que se va convirtiendo casi en su santo y seña: la tela y el bordado como soporte de un recipiente de metal o de cerámica que le sirve de entonado complemento. La habilidad composititiva, el logro de una atmósfera poco menos que mágica y la precisión de unas calidades, sustentan el atractivo de unos cuadros que no aparentan otras complicaciones. Es una etapa más que refleja la serena poética del autor y su dominio, y que ha sido posible gracias a la ardua y cambiante sucesión de experiencias. Significa, de momento, su plenitud, pero, dicho sea con las debidas licencias, a mí me gustaría que el pintor no pensara que lo pasado pasó. El retratista que es Santiago del Campo, de cuya alta calidad hay muestras sobradas en esta exposición [Antológica 1955-1984, Fundación El Monte]; el imaginativo recreador de ambientes urbanos ceñidos a la gracia de una musical geometría tienen mucho que hacer y que enseñar ahora y de aquí en adelante.

22 abril 2018

SEMIÓTICA DE UNA IMAGEN: Jóvenes uniformes


Jóvenes sevillanos uniformados con su traje multiocasión, camino de la Feria de Abril. Apenas adolescentes o veinteañeros, ya parecen rancios banqueros o políticos conservadores. Imagen anacrónica y cansina de una sociedad muy clásica, obsesionada con la uniformidad y el pensamiento único (y antiguo). • cmg2018

09 marzo 2018

La consulta del doctor Manuel Martín Parra

Mi padre tenía su consulta en el antiguo número 40 (hoy 56) de la calle Montecarmelo, en el barrio de Los Remedios de Sevilla. Médico de la infancia, como poéticamente figuraba en sus documentos, durante décadas procuró remedios certeros a niños y niñas aquejados de enfermedades. Tenía un gran ojo clínico para diagnosticar las dolencias más ocultas. A su consulta privada acudían tanto familias acomodadas de barrios burgueses como humildes de barriadas periféricas. A todos los recibía elegantemente uniformado de blanco y negro, como da fe la última foto con la que ilustro este homenaje. Mi padre, al que se le conocía como el pediatra de Los Remedios, tenía auténtica vocación por su profesión, y era enormemente reconocido y querido por sus pacientes y sus familias.


A la entrada del bloque donde se hallaba la consulta estaba colocado este hermoso mosaico con su nombre, que mi hermana Marta aún conserva, y que recuerda a la bandera de Andalucía. Fue un regalo del pintor Miguel Pérez Aguilera, catedrático de de la Escuela de Bellas Artes de Sevilla, que él mismo hizo y cuyos hijos eran pacientes suyos.


Mantuvo su consulta de pediatra abierta desde 1964 hasta 1988, cuando pasó a trabajar como médico del Sistema Nacional de Salud. En su última época, el doctor Alberto González de la Peña, quien se decantó por la pediatría tras conocer a mi padre, fue colaborador suyo en su consulta, que estaba atendida por dos magníficas enfermeras, Melli y Charito Chaparro, a quienes recuerdo como muy profesionales y eficientes (además de muy cariñosas conmigo). 

Mi padre tuvo el acierto de encargar la decoración integral de su consulta al pintor y diseñador Santiago del Campo, muy amigo de nuestra familia, quien pintó un enorme mural en la pared del fondo de la sala de espera, instaló dos filas verticales de bellísimos azulejos de tema geométrico que pintó in situ, eligió el mobiliario de las distintas estancias, hizo forrar con chapa de madera las paredes del despacho de mi padre y 
diseñó su escritorio.


Solía repetir el gran pintor sevillano que el retrato que le hizo a mi padre en los años 60 era uno de los mejores que había realizado nunca. Este retrato estaba colgado en la entrada de la consulta, junto a dos bodegones obra también de Santiago del Campo, el Bodegón de los limones y el Bodegón del violín negro.  

El doctor Martín Parra también era muy suyo. La siguiente anécdota es buen ejemplo de su proverbial retranca: a una mujer que se quejaba de que su bebé no le mamaba la teta le espetó: "¡Señora, eso será porque tiene usted muy mala leche!" Como celebre era su expeditiva costumbre de tirar por la ventana los chupes con los que venían los niños y niñas a su consulta, ante la atónita mirada de la madre o el padre de turno.

Mi padre, hombre de espíritu campechano y con un innato don de gentes, tuvo un papel muy activo en la Sociedad de Pediatría Extrahospitalaria de Andalucía Occidental y Badajoz, fundada por una generación de brillantes médicos y compañeros suyos (como los doctores José del Pozo Machuca, Antonio Díaz Romero, Manuel Vidal Jiménez, o el catedrático de pediatría Alberto Valls) y que llegó a presidir durante ocho años. A menudo organizaban viajes para asistir a congresos internacionales de pediatría, como el celebrado en la ciudad mexicana de Mérida en diciembre de 1968. 



Tras su muerte en trágicas circunstancias, el presidente de la Junta de Andalucía, José Antonio Griñán, reconoció la trayectoria profesional de mi padre, cuyo trabajo, dijo, contribuyó a prestigiar la pediatría en Andalucía, palabras que a mi familia y a mí nos llenaron de orgullo. Yo no seguí sus pasos en la medicina, lo que siempre encajó con deportividad, pero sí tuve la suerte, como él, de dar con mi verdadera vocación.  • cmg2018

Junto a mi padre, abril 1965

El doctor Martín Parra junto a sus dos enfermeras, 1965

Mi padre leyendo en su casa, enero 1971


26 febrero 2018

Dibujante de los cualquiera

Por IÑIGO ERREJÓN

Un país es un conjunto de memorias e historias compartidas, una narración contada mil veces, adaptada a cada uno. Forges, en ese sentido, es un narrador y hacedor indispensable de la España que venimos siendo y, yo añadiría, de sus mejores potencias.

Sería injusto y metálico escribir un análisis generalista sobre alguien que está en tantas mañanas, en tantas expresiones, en tantas risas compartidas. Yo escribiré sólo sobre mi Forges. Los grandes son aquellos que conectan nuestra vida cotidiana con el rumbo de nuestro país.

Le pregunto a mi madre qué es para ella Forges. Me cuenta que mientras mi padre estaba haciendo la mili en Ceuta, en un batallón de castigo por su militancia contra la dictadura, ella le escribía una carta diaria. Y en todas metía la última viñeta de Forges para recordarle, entre toda la brutalidad, que seguían siendo parte de algo. Una comunidad de sentido que Forges ilustraba con un humor inteligente, tierno, esperanzado, que conjuraba el dolor y les reconciliaba con un país que se negaban a dar por perdido.

Ese Forges, el del sentido de pertenencia y la sonrisa cómplice entre la generación que luchó por la libertad en España, me llega a mí primero como un cariñoso referente de la familia, uno de los nuestros. Pero pronto habla también de mi generación. Con más olfato y rapidez que la mayoría de analistas o ensayistas, Forges dio cuenta de la precariedad laboral, el machismo, el cambio climático o la corrupción como burla de los privilegiados. En un país desmemoriado, en el que se va perdiendo la capacidad del intercambio y la deliberación, supo ser un puente entre generaciones, un regalo que ha pasado de madres a hijos, un referente compartido. Y no andamos sobrados de ellos.

La mayor parte del humor político tradicional retrata a los protagonistas de la actualidad mediática. Es la actualidad vista “desde arriba”. Forges ilustró toda una historia política “desde abajo”: la política vista desde los ojos de los cualquiera, que es para Jacques Rancière la tensión democrática. Por eso su gran capacidad de dibujar personajes con los que identificarse, por contribuir a un lenguaje de época, por ser un narrador de la vida cotidiana. Los personajes de Forges son finitos, llenos de límites, agobiados por problemas inmediatos, a veces impotentes frente al poder y el despotismo de los demasiado poderosos. Y aun así, graciosos, tozudamente irónicos, conscientes de lo que los cualquiera tienen en común, como anunciando que algún día las cosas estarán en su sitio. Por eso hay en sus viñetas un amor por la gente corriente y trabajadora, sin estridencias ni insultos, que apunta a un patriotismo sencillo y humilde, que nos recuerda lo que podemos ser, lo que tenemos por delante si comenzamos a creer en ello y a cuidarnos. Hay muchos Forges. Este es, al menos, el mío.
El País, 24.02.18

18 febrero 2018

12 febrero 2018

Hollywood's Skeleton in the Closet


By CARLOS MARTÍN GAEBLER
March 8th, 2006

The Academy’s refusal to award Brokeback Mountain the Oscar for Best Picture has triggered an understandable controversy worldwide. From the moment the final vote was cast, the decision has taken many in the Western world by surprise and some of us are still in a state of shock three days after the ceremony.

First of all, it goes without saying that I do not question the excellence of a film as honest as Paul Haggis’ Crash, which I loved when I had the chance to see it in English not long ago, and which I have recommended ever since. But having said that, a number of considerations seem pertinent.

Let me get straight to the point. There is sufficient evidence to maintain that this has been a biased vote from a majority of members of the American Film Academy. Many of these members have publicly said in the last few weeks that they hadn’t seen Ang Lee’s film and they had no intention to do so, an attitude which speaks for itself. It is also common knowledge that some high-profile Hollywood actors, namely Matt Damon and Ben Affleck, refused the roles of the two gay cowboys in the film for fear it might “blemish” their careers. Another prominent Hollywood male star, Colin Farrell, has unashamedly stated that he felt disgusted when he had had to “kiss” other male actors in films in which he had taken part. Also, Will Smith refused to kiss another man on the set before signing on for a film.

In light of these data, which bring into perspective the hidden homophobia among many conservative American actors, it shouldn’t come as a surprise that many found it too progressive a move to award a love story between two men, and cowboys at that, the Oscar for best American Picture of the year. Never before had Hollywood gone that far (there was no love story in The Kiss of the Spider Woman, for which William Hurt was awarded Best Actor) and this year was no different.

Hollywood’s shunning of such a powerful, taboo-breaking, necessary film as Brokeback Mountain, is particularly surprising in a year when America has produced some of its most committed, politically-daring films on record. Other equally discomforting American films in this year’s amazing crop have dealt with state terrorism (Munich), press censorship (Good Night, and Good Luck), corporate corruption (The Constant Gardener), transgender lifestyle (Transamerica) and racial and social tensions in LA and elsewhere (Crash). But many in the Academy felt that awarding two all-American cowboys making out in the mountains of Wyoming with Best Film was a bit too much for their petty liberal minds. They failed to see that Brokeback Mountain is a universal tale of timeless homophobia that had never been filmed before! Unlike Crash, which owes its conception and inner structure to other celebrated films such as Magnolia, Short Cuts or Traffic, Brokeback Mountain represents a true major achievement in the world of cinema and will remain etched on people’s memory. Heath Ledger’s chilling portrayal of tormented Ennis del Mar hidden behind his cowboy hat will be remembered for generations to come. The New York Times has compared his performance to that of young Marlon Brando. In short, Crash gave conservative America the alibi to outvote Brokeback Mountain in the privacy of the voting booth. As a Spanish newspaper put it, “Oscar stays in the closet”.

From what we have been reading in the press and on the internet these days, many feel that, along with Brokeback Mountain, gay visibility on the big screen has been punished. And the message that voters have sent the entertainment industry is this: We don’t want to be asked to play openly-gay characters in American films. That’s for European actors in European films. After all, Brokeback Mountain was awarded the Golden Lion for Best Film in Venice only last October. Well, if mainstream America feel that Hollywood films are too liberal, too out of touch with reality (to quote George Clooney), I believe it is quite the opposite, and, if I were American, I wouldn’t be proud of that. Take that skeleton out of the closet. cmg2006