"Hace unos meses estuve con un chico. Una de esas relaciones líquidas, relaciones de sí pero no, de colegueo, y de todas esas infinitas formas de nombrar y que nos obsesiona a los jóvenes —o casi jóvenes como yo— hoy en día. En la despedida, en la penumbra del salón de su casa, a 400 kilómetros de la mía, me dijo: 'Te beso aquí, fuera no me gusta que me vean'. Y en ese momento, me lo replanteé todo.
¿Vivimos realmente en una sociedad sana? ¿Plural? ¿Abierta a la diversidad? ¿Merezco yo, que me entrego libre y disponible, ser relegado a la sombra? ¿Es él libre de ocultar a quien le entrega su intimidad? Quizá. Pero comprendí que, aunque en parte es víctima, también es verdugo. Y decidí quedarme con lo segundo. Porque ya tenemos una edad. Porque la vida pasa. Y nadie, absolutamente nadie, merece vivir en lo oculto. Menos aún en una sociedad que presume de ser libre, diversa, plural… y está llena de banderas arcoíris. ¿O no?"
RICARDO RODRÍGUEZ (Carta a la Directora, El País, 24.08.25)
3 comentarios:
Los besos de amor oscuro mejor los dejamos estar en los tiempos de Lorca, ocultos en el armario de la historia. Los nuestros son otros tiempos.
Concordo plenamente. O amor no séc.XXI não deve ser obscuro.
Muy buena reflexión, pues entiendo que, para el gay que esté totalmente liberado, el tener que volver atrás a esconderse no es una situación cómoda.
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