29 mayo 2025

El ascenso de la ultraderecha explicado

Algo hemos hecho mal para que ascienda la ultraderecha

El extremismo no habría llegado a una posición tan relevante si la forma en que se hace política no le fuera tan favorable

Tribuna Innerarity 29/05/25

En la política se producen a veces constelaciones que favorecen a un actor que no ha hecho nada para merecerlo. No es posible que la ultraderecha haya conquistado una posición tan relevante si no fuera porque las condiciones en las que se practica hoy la política le han resultado muy favorables. Algo hemos tenido que hacer los demás para que los autoritarios hayan alcanzado una posición política que ellos mismos eran incapaces de conseguir. Si en buena parte del espacio público ha terminado por imponerse el marco de la extrema derecha, su modo de concebir los asuntos políticos, sus disposiciones emocionales, no es por su capacidad estratégica, ni porque hayan formulado unas ideas especialmente atractivas sino por desidia o torpeza de los demás.

El ruido en torno a las extremas derechas les ha favorecido y puede seguir haciéndolo si no actuamos con inteligencia. Nuestro griterío coincide con su silencio porque mientras callan no hacemos otra cosa que hablar de ellos. Se ha producido la paradoja de que cuando mejor les va es cuando callan, y que obtienen su peor valoración cuando tienen que hacer explícito su programa de gobierno, por ejemplo, tras la esperpéntica moción de censura de Tamames. Les viene bien el silencio y el modo incógnito, esa supuesta novedad que aparentan representar. El hecho de que se hayan colocado en el centro del debate sin que se les interrogue sobre sus propuestas concretas es debido, sobre todo, a errores ajenos. Tal vez yo contribuya a alimentar esa contradicción, pero lo hago para hablar de nosotros y no tanto de ellos.


 

Diversas circunstancias han provocado una perturbación de las coordinadas políticas que ha favorecido a la extrema derecha. Se han producido algunos cambios asombrosos que confieren una cierta credibilidad, por ejemplo, que ultrarricos resulten fiables cuando hablan en nombre de los trabajadores, que una parte de la casta lidere el combate contra la casta, que el reproche a las élites improductivas haya pasado de la izquierda a la derecha y ahora sea esta quien parece representar mejor la crítica a los parásitos. Especialmente inaudita es la apelación a la democracia por parte de la ultraderecha, hasta el punto de presentarse a sí mismos como el partido de la evidencia democrática. Que la extrema derecha hable en nombre de la democracia no es algo nuevo, pero sí que esa apropiación sea tan ampliamente aceptada. Podemos interpretarlo como pura demagogia, pero también como el resultado de haberse beneficiado de la desnaturalización del concepto y la práctica democrática. Más allá de la capacidad de la extrema derecha para hacerse con la lengua del adversario, habría que interrogarse sobre la manera como ha evolucionado la política contemporánea y hasta qué punto esa evolución desvela nuestra propia inconsistencia. La atención de los medios (no solo de las redes o los pseudomedios) a la polémica y el choque es el espacio que requieren provocadores como Donald Trump, cuyo histrionismo gozaría de mucha menos atención si la información no tuviera ese carácter de confrontación adictiva. La extrema derecha es una ideología que se alimenta del desprecio hacia la política, de manera que no solo el hecho de que la política se haga mal sino la descripción dramatizada de sus deficiencias favorece a quienes viven de su descrédito.

Para explicar por qué sobre ciertos temas la extrema derecha ha impuesto su manera de concebirlos es inevitable hablar sobre nuestra involuntaria colaboración, tanto en la derecha como en la izquierda. Este favor no pretendido puede realizarse adoptando el marco de los extremistas con la intención de neutralizar su empleo y lo que se consigue es que el marco se imponga sin perjudicar a quienes viven de él. Lo paradójico es que también sus más encarnizados antagonistas les presten inestimables servicios cuando plantean una forma de combate que corresponde exactamente con lo que más les conviene, extremista, sin transacciones posibles, de tosca contraposición.

La cuestión de la migración es el terreno que les proporciona las mayores ventajas, sobre todo cuando lo presentamos como un “problema” o aceptamos el discurso de “una inmigración ordenada” y damos así a entender que el interior de nuestras sociedades está perfectamente ordenado y solo se perturba por lo que proviene del exterior; quien habla de “integración” suele tener una idea demasiado homogénea de la sociedad e infravalora el pluralismo interior. El modo de hablar de la inmigración (también el de quienes no son abiertamente xenófobos) tiene un efecto sobre los miedos y la hostilidad que se despliegan en la sociedad. La categoría de “extranjeros” beatifica a quienes no lo son, que quedan así eximidos de responsabilidad en materia de inseguridad. La fijación en los delitos pequeños cometidos por los inmigrantes invisibiliza los más grandes, que suelen ser cometidos por los de aquí. Con todo ese campo de cultivo no era difícil que la extrema derecha consiguiera convencer a buena parte de las clases medias de que las evoluciones del capitalismo contemporáneo no son las causas determinantes de su empobrecimiento ni de su malestar identitario, sino los migrantes.

El actual feudalismo tecnológico ha sido preparado por el culto a la eficacia, el pragmatismo despolitizado y la asepsia ideológica, que se ofrecen como soluciones a los fracasos burocráticos. Al prestigio del tecnosolucionismo contribuye un espacio público cuyas narrativas catastrofistas preparan el terreno para la justificación de formas de gobierno autoritarias, de urgencia sin deliberación, y confieren una atención inmerecida a quienes dramatizan el malestar, se ofrecen para proteger a cualquier precio, anuncian soluciones al margen de los procedimientos democráticos y sin respetar las instituciones. Este es el terreno en el que resulta creíble el autoritarismo tecnológico.

El viejo combate entre la izquierda y la derecha ha adoptado hoy un giro inesperado y lo que ahora se confronta es la prisa y la lentitud, el cohete contra la conversación, la rapidez contra la deliberación, el descontrol frente a la regulación. El Estado, los procedimientos y la misma democracia se presentan como instituciones de la lentitud. Se ha extendido aquella convicción de Peter Thiel, el libertario que fundó PayPal con Elon Musk, de que los problemas del mundo contemporáneo no se pueden resolver en el marco de los valores y los procedimientos democráticos. Los autoritarios ya no aparecen como los defensores del pasado sino como quienes prometen un futuro transhumano y posdemocrático. Impera en algunos países un exhibicionismo tecnológico que dice querer superar la pereza burocrática, pero en realidad desprecia los procedimientos democráticos. Si se presenta como democrático es porque considera que la gente quiere eficacia, rendimiento y soluciones inmediatas, algo que la política democrática parece haber dejado de proporcionar. El tecnosolucionismo desafía la reflexión y la rendición de cuentas; configura un entorno político sin un debate significativo ni oportunidades de impugnación. Ha impuesto un ritmo a la política tan rápido porque no pierde el tiempo en tomar en consideración sus efectos sociales y medioambientales. El mantra de que la regulación impide la creatividad es el discurso que necesita para una explotación oportunista de los vacíos legislativos; esa supuesta innovación actúa en el tiempo que discurre entre el descubrimiento de un método para hacer dinero y el momento en el que el Estado consigue elaborar una ley al respecto. Si el aceleracionismo ofrece resultados inmediatos es porque, a diferencia de la deliberación democrática, no pierde el tiempo en recabar la opinión de los afectados por sus decisiones; sin reflexión, debates e inclusión, podemos llegar muy rápido a un sitio despolitizado en el que es seguro que no estaremos todos, especialmente aquellos cuyos intereses no tienen otro medio de hacerse valer.

23 mayo 2025

Reivindicación del bloguero

SE LEE EN 1 MINUTO

Pues sí, don Francisco, los blogs siguen existiendo y los blogueros también. Algunos intentamos, con nombre y apellidos, difundir valores democráticos, fomentar la lectura y el buen cine, animar a la visibilidad marica, reflexionar sobre el ciberarmario grindero, o contrarrestar la influencia de tuiteros ignorantes, instagrameros narcisistas, o troles fascistas y anónimos. Desde este sitio libre de mensajes de odio, este bloguero apuesta por denunciar la arrogancia de la ignorancia que se extiende, como una mancha de aceite, en estos tiempos oscuros. El fango de las redes no se combate con 140 caracteres, sino con textos elaborados con serenidad y buena letra. En fin, aspiro, con humildad, sin postureo y con vocación de servicio público, a promover el pensamiento crítico, la ilustración contemporánea y el humanismo en la red.

Firmado: Carlos Martín Gaebler

17 mayo 2025

Iconos que un joven (gay) cosmopolita debe conocer

Por CARLOS MARTÍN GAEBLER

El gay contemporáneo, el homosexual salido del armario, vive, le guste o no, en una sociedad globalizada, no sólo en lo económico sino también en lo cultural. Si en nuestra era digital la cultura es un fenómeno internacionalizado, para el hombre gay moderno lo es aún más pues éste se construye a sí mismo sobre la obra o el legado de figuras mundiales cuya contribución a la libertad de las personas gays les ha convertido en iconos que aquél debe conocer. En este hipertexto me propongo presentar al lector personas eminentes y logros artísticos que han moldeado la vida y la cultura occidentales a partir de 1969, el año en el que algunos armarios empezaron a abrirse de par en par.

Empezar por Harvey Milk no es sino hacer justicia al primer cargo público electo en EEUU abiertamente gay. Su valentía para defender la causa de la igualdad de derechos le costó la vida, pues murió asesinado por un homófobo ultra tras ganar el escaño de concejal por San Francisco. Activistas como él inauguraron la lucha política contra las legislaciones homófobas. Fue él precisamente quien en 1978 le encargó al artista Gilbert Baker el diseño de la bandera arcoíris. Su vida fue llevada al cine en la excelente cinta Milk, protagonizada por Sean Penn.
Si Marilyn Monroe se erigió en el símbolo sexual femenino para el hombre hetero de la segunda mitad del siglo XX, el actor Joe D’Allesandro fue sin duda el primer mito erótico occidental para generaciones de gays a partir de los años 70. Su participación en la trilogía fílmica del alternativo Paul Morrissey (Flesh, Trash y Heat) catapultó a este joven italo-americano como el primer chulazo de la historia del cine. Su rubia naturalidad y su generosidad epidérmica ante la cámara (desnudos integrales incluidos) siguen hoy cautivando a todo aquel ávido de contemplar la hermosura viril. Joe era el canon de belleza masculina sin necesidad de musculación, depilaciones ni demás marikonadas, con perdón.

El artista neoyorquino Keith Haring revolucionó el diseño gráfico en la década de los 80. Su obra, pletórica de alegría y colorido, parecía ilustrar aquel mantra del “Gay Is Good,” y su estilo particular creó escuela por doquier. Fue un creador comprometido con la denuncia de las injusticias sociales desde el apartheid hasta la homofobia, y sus grafismos, copiados hasta el infinito, forman hoy parte del imaginario de la sociedad globalizada.

En Europa la obra de los franceses Pierre et Gilles representa la apoteosis del kitsch como objeto estético y jovial.  Como resulta patente en su célebre retrato pacifista “Un monde parfait,” contribuyeron a crear un mundo idealizado pero posible, al menos en la imaginación del espectador. Sus barrocas fotografías retocadas son una de las más importantes aportaciones a la cultura popular de nuestro tiempo. Por otro lado, la obra fotográfica del norteamericano Robert Mapplethorpe ha sido fuente de inspiración para generaciones de artistas plásticos. Sus retratos, desnudos y bodegones son una celebración de la vida en blanco y negro y forman parte del acervo cultural del siglo XX. Mapplethorpe fue el pionero en retratar al hombre negro en todo su esplendor, más allá de rancias controversias moralizantes. Su legado hedonista pertenece por derecho propio al imaginario contemporáneo.

En la que podríamos denominar prehistoria gay hay que situar al brillante científico británico Alan Turing, el matemático e informático homosexual que durante la Segunda Guerra Mundial fue capaz de descifrar los códigos secretos de la aviación nazi, salvando así miles de vidas humanas. Imaginó la inteligencia artificial y creó una máquina precursora de los ordenadores actuales. Más tarde fue condenado a la exclusión social y denostado públicamente por su condición sexual. Las autoridades de su tiempo le aplicaron un “tratamiento” profundamente agresivo para “curar” su homosexualidad que acabó provocándole la muerte.

Beautiful Thing es la película que todos hubiéramos deseado y necesitado ver cuando éramos unos adolescentes invadidos por dudas y temores. Esta cinta británica de 1996 es hoy de obligado visionado para jóvenes en formación, pues ilustra el logro de la visibilidad pública y la belleza de la valentía gay. Otra historia de amor imprescindible es la magistralmente narrada por Ang Lee en Brokeback Mountain (2006): los vaqueros Jack Twist y Ennis del Mar son ya iconos del cine universal. Probablemente la mejor historia de amor entre hombres jamás filmada, Brokeback Mountain ayudó a cambiar la vida de muchos hombres armarizados en todo el mundo. La excelente película británica God's Own Country (2017), deudora de la anterior, ofrece un novedosa reflexión sobre la nueva masculinidad basada en la empatía, la ternura y la inteligencia emocional, en un historia situada en Europa medio siglo después de la ambientada en la America profunda de 1963.

La cultura pop arranca con la música electrónica de club que los británicos Pet Shop Boys empezaron a tocar allá por los años 80, cuando su primer éxito, West End Girls, les catapultó al estrellato. Con el tiempo, y con su casi himno gay Go West, el dúo formado por Chris Lowe y Neil Tennant, se han convertido en uno de los iconos musicales de la sociedad global, igual que le ocurrió al cantante George Michael, el blanco que bailaba como los negros, convertido en luchador institucional contra la homofobia en el Tercer Mundo. Sus vídeos hedonistas y rompedores contribuyeron a engrosar la imaginería visual de la cultura pop internacional.

Debo hacer mención de dos novelas imprescindibles en el imaginario homosexual: The Swimming Pool Library, del escritor británico Allan Hollinghurst, y The Lost Language of Cranes, del novelista norteamericano David Leavitt, quizás dos de los textos mejor narrados y más cautivadores que ha producido la literatura occidental de temática gay. Incluso traducidos, son dos títulos para disfrutar de la lectura en estos aciagos tiempos de prisas y gratificación inmediata. Los amantes de la belleza más intimista deben leer los sublimes Sonetos del amor oscuro, de Federico García Lorca, cumbre de la poesía homoerótica en lengua española.

En el terreno del deporte, es de justicia mencionar a varios deportistas que hoy en día son un referente de tesón y lucha para los jóvenes de todo el mundo: el saltador Greg Louganis, el deportista gay más laureado de la historia olímpica, y la tenista Martina Navratilova, la más grande de todos los tiempos, ganadora de 18 títulos (individuales y mixtos) en Wimbledon. Ambos tuvieron que luchar denodadamente contra la homofobia y el machismo enquistados en el deporte de alta competición y en al actualidad son un modelo a seguir por muchos y muchas atletas gays y lesbianas en su esfuerzo por visibilizarse y salir del armario. Ellos abrieron la puerta para que grandes deportistas contemporáneos dieran la cara transmitiendo valores como el respeto por la diversidad y facilitar así la visibilidad de deportistas gays, como hicieron el waterpolista español Víctor Gutiérrez o el saltador británico Tom Daley (saliendo del armario mediante un vídeo en YouTube).

La contemporaneidad nos ofrece compañías de danza tan innovadoras como la neoyorquina Madboots Dance, una compañía de hombres que celebran la identidad masculina en todos sus bailes. Fragmentos de sus hermosísimas piezas de danza contemporánea se pueden visionar en su sitio web. Puro gozo.

The Boys in the Band (Los chicos de la banda), la obra teatral de Mart Crowley y la posterior película de William Friedkin, es una obra seminal dentro de la ficción sobre la homosexualidad, pues plantea una catarsis colectiva, al estilo de la tragedia griega, que pone al espectador frente a distintos prototipos humanos que pululan por la sociedad homosexual: el católico atormentado por la culpa, el judío cínico, el afeminado ingenioso, el gay normal, el negro gay, el chulazo ignorante, la pareja de amantes en crisis, y el homosexual reprimido que se cree heterosexual. Esta pieza teatral se estrenó en 1968, tan solo meses antes del estallido de Stonewall, que inauguró el movimiento de liberación de gays y lesbianas en junio de 1969, y medio siglo después mantiene toda su vigencia. The Boys in the Band es una ficción para ser apreciada especialmente por personas leídas y cultas, capaces de mantener la atención durante dos horas sin sucumbir a distracciones tecnológicas. Verla es redescubrir un clásico del cine y del teatro norteamericanos del pasado siglo.

Man in an Orange Shirt (El hombre de la camisa naranja) es una de las ficciones más elegantes y hermosas que he visto jamás en una pantalla. Escrita por el novelista británico Patrick Gale, narra (en sendos episodios de una hora producidos por la BBC) dos historias de amor entre hombres en dos tiempos, que permanecerán en la memoria imaginaria del espectador de por vida. Disponible en Filmin. De obligado visionado es también la cinta 
de 2015 Stonewall, que narra, a través de un joven forzado al sexilio, los acontecimientos que desembocaron en la histórica revuelta en el Greenwich Village neoyorquino el 28 de junio de 1969, cuando un grupo de homosexuales se cansaron de sufrir las constantes humillaciones y redadas de la policía y devolvieron el golpe, dando origen al movimiento de liberación gay.

La miniserie norteamericana FELLOW TRAVELERS (Compañeros de viaje), narra de forma minuciosa y sobrecogedora la persecución de homosexuales y comunistas instigada por el funesto senador McCarthy, quien promovió una caza de brujas institucionalizada durante los años 50 en EEUU. Contemplamos un friso de la política norteamericana, y en concreto de este periodo negro de su historia, precursor, sin duda, del neofascismo actual de medio país, y por la historia de gays y lesbianas desde 1952 hasta 1986. A lo largo de más de tres décadas, la serie navega entre amoríos clandestinos, Vietnam, los Kennedy, el catolicismo, la hipocresía sexual, el periodismo de investigación, los derechos civiles recién conquistados, el asesinato de Harvey Milk, el hedonismo de la cultura disco setentera, Fire Island, y la crisis del sida. Enormemente instructiva para las jóvenes generaciones. CMG

14 mayo 2025

¿Merece la pena aprender a hacer una cosa que una máquina puede hacer por ti?

Por ELIA BARCELÓ

eldiario.es 12 de mayo de 2025

¿Merece la pena aprender a hacer una cosa que una máquina puede hacer por ti? Se trata de una pregunta que nos puede llevar a una reflexión importante. Estamos en el punto de tomar decisiones que van a tener una poderosa influencia sobre nuestro futuro y el de las siguientes generaciones.

Por ejemplo, leí hace poco que en la mayor parte de los países europeos está bajando mucho la cantidad de personas que se inscriben en una autoescuela y hacen los exámenes del carnet de conducir. Las razones que se barajaban eran que cada vez hay más gente que vive en ciudades, donde hay una buena red de transportes públicos; comprar un coche es caro y tenerlo acarrea muchos gastos de seguro, aparcamiento, reparaciones, combustible, etc.; muchos jóvenes deciden conscientemente no circular más que en transporte público por cuestiones medioambientales. Dentro de poco tendremos también coches autónomos que no necesitarán conductor. En esas circunstancias, parece que tiene sentido no aprender a conducir vehículos de motor.

En los últimos tiempos he observado también que los mapas y planos de papel han quedado anticuados, si no obsoletos. Todo el mundo utiliza Apps para llegar a los sitios que buscan, tanto si van en coche como si van a pie. Cuando alguien tiene que venir a tu casa y tratas de explicarle cómo llegar, no tiene la paciencia de escucharte. “Mándame la ubicación”, te dicen. “Pero… si es muy fácil. Escucha…”. “No, no; mándame la ubicación”. Luego siguen religiosamente la voz incorpórea que los guía y nunca tienen una idea amplia de la ciudad por la que se están moviendo; incluso en muchos casos no saben ni siquiera dónde están el norte y el sur ni saben reconocerlos por el sol. “¿Para qué quiero yo saber eso?”, me han llegado a decir.

Recuerdo que, cuando aprendíamos un idioma, una de las primeras lecciones básicas era preguntar cómo llegar al mercado, a correos, a la estación… a los lugares que se consideraban necesarios para la vida. Era también una manera de entablar conversación con desconocidos y de practicar la lengua que uno aprendía.

Ahora lo de hablar con desconocidos ya no se lleva. ¿Se han dado cuenta de la cara de horror que se les pone a algunos –sobre todo de generaciones jóvenes– cuando alguien trata de dirigirse a ellos para lo que sea?

En este contexto de aprendizaje de lenguas, una de las cosas que más me preocupan es, precisamente, que, desde que existen los sistemas de traducción automática por IA, muchísima gente piensa que ya no hace falta aprender idiomas. ¿Para qué? Suponen que si quieres una cerveza y la máquina, o tu mismo móvil, puede decirlo en alemán, en japonés o en suahili, lo importante es que te den la cerveza que querías. Sin embargo, el aprender lenguas es mucho, muchísimo más que conseguir una cerveza, reservar una mesa en un restaurante o contratar una habitación de hotel. Esas cosas las hacemos ya en línea sin tener que hablar con nadie.

Aprender una lengua es entrar en otro mundo, ir descubriendo un paisaje mental desconocido, darnos cuenta de cómo categoriza otra sociedad la realidad en la que vive, cómo piensan otras personas, cómo sienten, qué las caracteriza… Es entrar en otra cultura, otro sentido del humor, otra forma de ver la vida.

Si dejamos de aprender las lenguas de los demás, nuestro mundo se empequeñece, vamos perdiendo la empatía y dejamos de poder relacionarnos con ellos porque no los comprendemos y no sabemos lo que les parece correcto y adecuado y lo que no.

Yo he vivido casi toda mi vida en otras lenguas que no eran la mía y he enseñado español a personas de otras nacionalidades. No se trata –más que en las primeras lecciones– de aprender o enseñar equivalencias de palabras –“mesa” es “table”, es “Tisch”– sino que, en cuanto subes mínimamente de nivel, tienes que saber cómo dirigirte a las personas, cuándo usar el tú o el usted, por ejemplo (algo que en alemán es fundamental, y que en España lo fue y se está perdiendo), cómo terminar una conversación, cómo saludar a cada hora del día, cómo responder a un cumplido… mil cosas que no funcionan con una traducción automática y que nos estamos perdiendo si no nos tomamos el tiempo y el esfuerzo de aprender un idioma para entender cómo piensa otra cultura.

Mis estudiantes austriacos, al volver de España después de un Erasmus, siempre me contaban, enormemente sorprendidos, que cuando los invitaban a comer o a tomar café en alguna casa, la anfitriona les llenaba el plato constantemente aunque ellos ya hubieran dicho que tenían bastante. Descubrimos el porqué. En Austria se enseña a los niños a comerse todo lo que hay en el plato, hasta la última miga, especialmente si uno no está en su propia casa. Mis estudiantes, haciendo gala de buena educación, rebañaban el plato que les habían puesto, de manera que la señora de la casa, pensando que se habían quedado con hambre y que no querían confesarlo por educación (la española), les servía otra vez. Y los pobres austríacos se lo comían todo para no ofender y porque iba en contra de sus buenas maneras el dejarse un par de trozos en el plato. Y así sucesivamente. (...)

Estos modales se aprenden al estudiar una lengua nueva, una mentalidad, una sociedad distinta a la propia. Los idiomas aumentan la empatía, abren la mente y te permiten descubrir otras formas de ver el mundo que son igual de tontas o igual de válidas que la tuya.

Si seguimos por el camino de no aprender lo que una app puede hacer en tu lugar acabaremos convertidos en idiotas profundos y, lo que es peor, en gente encerrada en una burbuja, convencida de que lo único que vale es lo que piensa, siente y desea uno mismo. Porque sí. Por pura ignorancia.

29 abril 2025

Kystgaarden_Kurzfilm


Kystgaarden is a German short film written and directed by Tabea Maria Bartl, starring Jacob Heiss and Philipp Rieper, and shot in Føns and Hvide Sande, Denmark. (2025) [In German with English or German subtitles] 25 min.

Linus (25) und Anton (19) sind Brüder, die sich durch die langjährige Krebserkrankung der Mutter auseinander lebten. Nach dem Tod der Mutter, fahren sie in das alte, dänische Landhaus der Familie, nicht nur, um wieder eine Familie zu werden, sondern auch um zu sich mit dem Erbe auseinander zu setzen. Charakteristisch sind die beiden komplett gegenteilig und auch ihre Intentionen sind unterschiedlich. Linus möchte am liebsten seinen Anteil nehmen und sich wieder auf den Weg zu seinem spießigen Leben als Anwalt in Wien machen und Anton ist nicht nur sehr traurig und wütend auf seinen Bruder, sondern wünscht sich eigentlich nur seinen Bruder zurück. Der Aufenthalt in dem Haus, indem die beiden so viel Zeit ihrer Kindheit verbracht haben, bringt alte Erinnerungen auf. Positive, sowie auch negative. Jahrelanger aufgebauter Frust und unausgesprochene Worte kommen hoch, bis die brüderliche Beziehung an ihre Grenzen kommt.

Linus (25) and Anton (19) are brothers who have grown apart due to their mother's long-term illness with cancer. After their mother's death, they travel to the family's old Danish country house, not only to become a family again, but also to come to terms with their inheritance. Characteristically, the two are complete opposites and their intentions are also different. Linus would prefer to take his share and go back to his stuffy life as a lawyer in Vienna, while Anton is not only very sad and angry at his brother, but actually just wants his brother back. Staying in the house where they spent so much of their childhood brings back old memories. Both positive and negative ones. Years of built-up frustration and unspoken words come to the surface until the brotherly relationship reaches its limits.

26 abril 2025

Capitanes_cortometraje

Por DAVID IGLESIAS

La Nueva Crónica, 27.06.2024

Parece una satírica casualidad que los partidos de la Eurocopa y de la Copa América coincidan con la celebración del Orgullo. Es irónico también que por estas fechas sean varios los clubes de fútbol que colocan los colores LGTB en sus perfiles –como tantas empresas que lavan su fachada con detergente rosa– abriendo la veda, claro está, a miles de lamentos e insultos homófobos por parte de los hinchas del deporte rey. La falsedad de los clubes no puede ser más evidente, pues no escucharemos en ningún momento el apoyo directo de ningún futbolista al colectivo –que es lo que es– y una salida pública del armario resulta todavía inconcebible en un ámbito que palmea culos, sí, pero desde lo más macho. Realmente es fácil comprender que el 14% de los futbolistas que no son heterosexuales –tirando de estadísticas– prefieran mantenerlo en secreto, pues sólo hace falta recordar lo que ocurrió con Justin Fashanu en los 90 –que además era negro– o cómo han atacado hace unas semanas a Mbappé, simplemente por defender que la ultraderecha resulta un auténtico peligro para un migrante y para cualquiera. 

Con este caldo de cultivo que me trago todos estos días, entre información y fútbol –que a mí también me gusta como todo gran evento deportivo y de entretenimiento– me sorprendió ver que en el Festival de Cine de Valencia han presentado un cortometraje perfecto para remover la conciencia del hetero que pega al balón, que a veces deja de serlo en según qué vestuarios. El cortometraje Capitanes refleja con valor esa opresión del arcoíris vigente aún en el mundo del fútbol, en el que hay más insultos de ‘maricón’ que gritos de ‘guapa’ a la Virgen en Sevilla. El corto hace bailar a los protagonistas entre el estrés por el partido y su tensión sexual no resuelta y lo hace además a ritmo de pasodoble, porque sabido es que el gusto cañí abunda en el colectivo y en ese cine que impulsó el maestro manchego.
 
Una vez más, la pantalla va más allá de lo que la sociedad es capaz de afrontar y sirvan estas líneas para agradecer a tantas empresas de comunicación que, aunque se lucren con ello, apuestan por dar voz a los guionistas y directores que quieren hacer ficciones y documentales que de verdad son motivo de orgullo. A las que nos enseñan cómo empezó la lucha en los 70, manteniendo la memoria de las movilizaciones pioneras, y a los que retratan las realidades, miedos y confusiones que disfrutan y padecen hoy las personas LGTB. No creo que sea difícil de entender que es necesario un espejo en el que mirarse para aprender, madurar y mirar hacia delante con seguridad, como tampoco lo es que un lugar valiente que hace visible la bandera del Orgullo aporta esa confianza que hace falta donde no la hay. Sea un estadio, una casa, un bar o una ciudad.




22 abril 2025

Dos más dos es cinco

La conmoción por la muerte del Papa no puede hacernos olvidar que se opuso a muchas conquistas sociales.

Por Leila Guerriero

El País, 22 de abril de 2025

Recortar, pulir lo incómodo para que la leyenda se mantenga en pie, lista para pasar a la historia como una apasionada hagiografía del intachable. Hay que suponer que esa operación se repetirá en miles de recordatorios que exalten el carácter transformador del Papa Francisco, que acaba de fallecer a los 88 años después de una última aparición el Domingo de Pascua.

Se habla de reformas profundas. Francisco decía querer “una Iglesia pobre para los pobres” pero por lo que se sabe, y hasta ahora, la Iglesia tiene un patrimonio de entre 10.000 y 15.000 millones de dólares. Se habla de cambios radicales y, si bien pretender que la Iglesia mantenga una postura a favor de cosas como el aborto parece insensato, en casos no tan extremos, como el debate sobre el diaconado femenino, el cardenal Víctor Fernández dijo que “el Santo Padre ha expresado que en este momento la cuestión del diaconado femenino no está madura, y ha pedido que no nos entretengamos ahora en esta posibilidad.” No nos entretengamos con asuntos menores: las mujeres, la igualdad de género y derechos.

Durante un tiempo, apenas después de que asumiera en 2013, hubo un tsunami de elogios resaltando sus gestos sencillos: usaba los zapatos ortopédicos de siempre, llevaba un maletín negro gastado a todas partes, iba a una óptica de Roma y pagaba de su bolsillo unos anteojos. Actitudes que hubieran pasado desapercibidas en cualquier persona pero que, parece, en uno de los hombres más poderosos del mundo, cabeza de una de las instituciones más influyentes del planeta, eran garantía de honestidad y hasta sinónimo de revolución. Esos zapatos percudidos, esa forma de hablar ciertamente campechana, recibieron refuerzo a partir de declaraciones como las que hizo en julio de 2013, recién estrenado en el poder, durante una conversación que mantuvo con periodistas en un avión mientras regresaba de Brasil a Roma: “Si una persona es gay y busca a Dios y tiene buena voluntad, ¿quién soy yo para juzgarlo?”. La frase pasó a la historia debidamente recortada como: “Si una persona es gay, ¿quién soy yo para juzgarlo?”. La partícula acerca de la “buena voluntad”, que implicaba la buena voluntad por parte de los homosexuales de no ejercer sus “impulsos”, fue mutilada y Francisco quedó poco menos que como el organizador de la marcha del orgullo gay.

Casi nulas menciones hubo, en ese y otros momentos, a la férrea oposición de quien entonces era arzobispo de Buenos Aires a la ley de matrimonio igualitario, sancionada en la Argentina en 2010, y acerca de la que Bergoglio se pronunció con claridad: “No se trata de una simple lucha política; es la pretensión destructiva al plan de Dios (...) Está en juego la vida de tantos niños que serán discriminados de antemano, privándolos de la maduración humana que Dios quiso se diera con un padre y una madre”.

En 2023 dijo en una entrevista con Associated Press que “ser homosexual no es un delito, es una condición humana”, y la sentencia se reprodujo, otra vez, mutilada y sin la frase con que la había terminado: “No es un delito, pero sí es un pecado”. Los pecados duran para siempre, excepto arrepentimiento y promesa de no volver a cometerlos, de modo que la única manera que tienen quienes comparten esa “condición humana” para ingresar al paraíso es arrepintiéndose de su pecado bajo la promesa de no volver a cometerlo.

En mayo de 2024, en una reunión privada durante la Conferencia Episcopal Italiana, dijo que a los hombres homosexuales no se les debería permitir ingresar a seminarios, puesto que allí ya había un aire de frociaggine: de mariconería. Después se disculpó y el Vaticano emitió un comunicado pidiendo perdón a quienes se hubieran sentido “heridos por el uso de una palabra”. No era una palabra: era toda una idea.

El Domingo de Pascua, un colaborador leyó un mensaje en su nombre: “No puede haber paz sin libertad de religión, libertad de pensamiento, libertad de expresión y respeto por las opiniones de los demás”. Sin embargo, en 2015, en otro avión que lo llevaba desde Sri Lanka a Filipinas, dijo, cuando se le preguntó por el atentado al semanario francés Charlie Hebdo: “En cuanto a la libertad de expresión: cada persona no solo tiene la libertad, sino la obligación de decir lo que piensa para apoyar el bien común (…). Pero sin ofender, porque es cierto que no se puede reaccionar con violencia, pero si el doctor Gasbarri (el organizador de los viajes papales), dice una grosería contra mi mamá, le espera un puñetazo (...). Hay mucha gente que habla mal, que se burla de la religión de los demás. Estas personas provocan y puede suceder lo que le sucedería al doctor Gasbarri si dijera algo contra mi mamá. Hay un límite, cada religión tiene dignidad (...) Yo no puedo burlarme de ella. Y este es límite”. El resultado de ese “límite” fueron 12 muertos y 11 heridos.

Los posicionamientos respecto del Papa en la Argentina son contradictorios. Cuando asumió, se respiraba en el país un clima tribunero, como si se hubiera ganado una final de fútbol. Hubo voces que recordaron un episodio añejo, su papel no demasiado claro en la desaparición, por parte de los militares, de los sacerdotes jesuitas Orlando Yorio y Francisco Jalics, que realizaban tareas en villas de emergencia. Ese episodio —por el que Francisco declaró ante la justicia unos años después— fue rápidamente asordinado y quien entonces presidía el país, Cristina Fernández de Kirchner, decidió enterrar los enfrentamientos con aquel arzobispo a quien su marido Néstor Kirchner, mientras fue presidente, tildó de “jefe espiritual de la oposición” (en sus homilías y documentos, Bergoglio criticaba entre otras cosas el “crecimiento escandaloso de la desigualdad”), y empezó a mantener con él relaciones afables: lo visitaba, le llevaba regalos, era bien recibida. Desde ese acercamiento, católicos antikirchneristas —expresión que incluye a la línea editorial de varios medios— empezaron a señalar al Papa como un populista sin remedio, un peronista imperdonable.

El actual presidente, Javier Milei, lo llamó durante la campaña “representante del maligno en la tierra”. Ahora decretó siete días de duelo y dijo que, a pesar de las diferencias, fue un honor conocerlo “en su bondad”. A lo mejor se dio cuenta de que las diferencias no eran tantas. Cuando cumplió diez años de gestión, el Papa dio entrevistas y, en una de ellas, dijo que “la ideología de género es de las colonizaciones ideológicas más peligrosas. Porque diluye las diferencias, y lo rico de los hombres y de las mujeres y de toda la humanidad es la tensión de las diferencias. La cuestión del género va diluyendo las diferencias y haciendo un mundo igual, todo romo, todo igual”. Esa “ideología de género”, forma despectiva en que se desestima el derecho a la diversidad, es la misma contra la que cargó Javier Milei en la última conferencia de Davos, cuando en su discurso dijo: “El gran yunque que aparece como denominador común en los países e instituciones que están fracasando es el virus mental de la ideología woke (...) es el cáncer que hay que extirpar”.

La muerte provoca una amnesia selectiva, un efecto parecido al que producía el Ministerio de la Verdad en la novela 1984, de George Orwell, un organismo todopoderoso que reescribía la historia dependiendo de lo que conviniera. Según los designios de ese ministerio, dos más dos podía ser cinco si así lo requerían las circunstancias.

No Manscaping, Please! / Sin depilar, por favor

By MATT STOPERA
Posted on July 10, 2014 on BuzzFeed.com


Dear Men, Never Shave Your Chest

It has come to my attention after browsing the internet and (obviously) frequenting locations where men take off their shirts in public that we are in the midst of an epidemic. If I had a siren to play all over the world, I would. It's a goddamn plague out there, guys. A pandemic! The strange thing about this specific outbreak is that we know exactly the cause: fucking razors.

Here's what is happening:
1. Men are buying razors.
2. Men are putting razors to their chest.
3. Men are shaving their chests.
4. Men are transforming into smooth-shaven puffy tweens.


This is a problem. It is a problem for a multitude of reasons, many of which are sanitary, I think, but mostly it's just about the aesthetic.

In an age of organics, I am completely baffled that we, as human beings, are straying away from the natural, and by the natural, I'm talking about shaving the natural-born hair on chests. It doesn't get more organic than that!

As our forefathers said when they got off the Niña, the Pinta, and the Santa María, "WE ARE HERE TO LIVE NATURAL, PURE LIVES."
A modern-day interpretation of that quote would assume they meant, "DO NOT SHAVE YOUR GODDAMN CHEST."

Chest hair just enhances photos. It brings guys to that next level.
I mean, some guys would be beyond basic without that little bit of hair. As they say on television, "The hair makes the man!"

I just want to say one more thing: Chest hair is really awesome because it's a literal style accessory.

Dear Men, Stop Shaving Your Pubes

Let's end this once and for all. Manscaping spread rapidly, almost like a deadly contagious virus. It seemed like men everywhere were trimming, plucking, and, most unfortunately, de-pubing.

Scary thing is, it continues to this day. Earlier, I delved into the horrors of chest shaving. Now, let me take a deeper dive. And by deeper dive, I mean pubes. It's time to stand up for the little guys (pubes). Save the pubes.

My campaign for pubes begins with the most obvious reason to keep them: There is something inherently humanly hot about a man with a natural body. In layman's terms, pubes are fucking hot.

Aesthetically speaking, they're also charming. They add character. They are nice.

Another crucial role of pubes is that they accent the package. And by package, I'm talking dick. It just works.

There's also science to back this up. Ever heard of pheromones? Sweet, sweet pheromones. From my completely unscientific understanding, pheromones are like sexual napalm. Sweet, sweet, sexual napalm.

It must also be mentioned that we are in the midst of an "ORGANIC REVOLUTION." All of our beauty products are natural, our food is natural, we fucking love natural. This is why our bodies should remain intact.

Lastly, and most importantly, there is nothing creepier than a man with a completely shaved crotch. You look like a puffy tween. And I'll be damned if every man looked like a puffy tween. The injustice of it.

I also have to add that razor burn is real! Rawness DOES happen. This is not pleasant.

And I GET IT, some people trim. You can do whatever the fuck you want to do with your body. I'm just advocating for pubes. It's the right thing to do.

Value your pubes. Keep your pubes. Start a revolution and save your pubes.


Spanish top model Jon Kortajarena's raw beauty.

21 abril 2025

Cómo ser un buen español

Españolazo, viñeta de El Roto

Por JOSÉ ANTONIO PÉREZ LEDO

eldiario.es, 15 de junio de 2021

Si bien cualquiera puede ser español, ser un buen español no es tarea sencilla. Para empezar, uno debe ser políticamente independiente, esto es, de derechas.

El buen español puede ser de cualquier raza siempre y cuando piense como un blanco. También puede ser homosexual, a condición de que no exhiba públicamente su desviación, tal y como ejemplarmente han hecho y siguen haciendo tantos futbolistas.

Un buen español puede ser de sexo femenino, solo que, en ese caso, no será un buen español, sino la esposa de un buen español, la mujé (la jota es muda en algunas subculturas) o la parienta.

Un buen español deja de llorar tras el periodo de lactancia, porque sabe que el mercado no premia a los quejicas. Desde muy pequeño, asume que las cosas se consiguen con cojones, concepto tributario de la idea de voluntad de Schopenhauer aderezado con aportaciones teóricas de Jiménez Losantos y Hermann Tertsch (casi todas las consonantes son mudas).

Un buen español rechaza los marcos cognitivos impuestos por el totum revolutum de feministas, lesbianas, negros y rastafaris. No usa los contenedores de colores porque el cambio climático es un ciclo natural, y no paga Disney+ porque adoctrina (si bien se descarga ilegalmente las de Marvel).

Un buen español sabe que no existe brecha salarial entre hombres y mujeres. Hay diferencia, sí, porque las mujeres mueven menos peso y, además, prefieren trabajos sencillos para estar en casa más rato. Se llama libertad.

Un buen español sabe que la prensa está secuestrada por intereses políticos y financieros, mientras que los .JPG que pone el cuñado en Facebook son verdad.

Un buen español está orgulloso de toda la historia de nuestro Imperio, especialmente de la conquista de América. Los conquistadores, en un desinteresado esfuerzo pedagógico, mostraron a los indios la magnanimidad de Dios y, como prueba, los mandaron con Él. Ninguno volvió para quejarse.

Un buen español defiende la lidia porque sin ella los toros se extinguirían, forzando a Osborne a hacer un rediseño de su identidad corporativa que alteraría dramáticamente el skyline de nuestros más icónicos secarrales.

Un buen español no necesita saber idiomas porque con el español vas a cualquier parte. De todos modos y, como plan B, todo buen español domina la expresión corporal para, llegado el caso, poder imitar a un pollo en un restaurante de París. El desabrido carácter de los parisinos, sin embargo, no garantiza una comanda exitosa.

Pero, por encima de todo, el buen español ama España y todo lo que ha decidido que la representa. Asume que nuestro país es un crisol de identidades diversas, la madrileña, la de Castilla-La Mancha, la de Castilla y León y la andaluza, y celebra sin complejos sus diferencias. Y, por último, un buen español no se arrepiente de nada, salvo quizás de no serlo suficiente.

https://joseaperezledo.com/

La Movida madrileña de los años ochenta

Por CARLOS MARTÍN GAEBLER

La restauración de la democracia en España tras las elecciones generales de 1977 trajo consigo profundas transformaciones sociales. Las libertades reconquistadas se hicieron notar especialmente en el mundo artístico. Así, al comenzar la década de los 80, se iba a iniciar un auténtico renacimiento cultural que se extendería a lo largo y ancho de la geografía española, pero cuyo epicentro sería la ciudad de Madrid. Estaba naciendo lo que más tarde, y con el paso del tiempo, se conocería como la Movida madrileña (con M mayúscula). Artistas provenientes de diversas disciplinas coincidieron en el tiempo y en el espacio e hicieron de la capital del Reino una de las ciudades culturalmente más efervescentes de Europa.

Esta generación de creadores, que se caracterizó principalmente por un desenfadado espíritu hedonista y una actitud abiertamente contestataria, abarcó desde cineastas, rockeros y cantantes hasta pintores, fotógrafos y diseñadores. Sin quizás proponérselo conscientemente, estos jóvenes iban a cambiar profundamente la imagen típica y tópica que España, aún por esas fechas, proyectaba hacia el exterior para sustituirla por la de una sociedad emergente, enormemente creativa e innovadora, y con mucho que aportar al patrimonio cultural de la Europa de finales del siglo XX.


La Movida estuvo protagonizada, entre otros, por cineastas como Pedro Almodóvar, cuyas películas Laberinto de pasiones o La ley del deseo retratan el espíritu hedonista y libre de esos años; por grupos de pop-rock, como Radio Futura, Gabinete Caligari, Alaska y los Pegamoides, Los Secretos, Nacha Pop, los gallegos Golpes Bajos o los barceloneses Loquillo y los Trogloditas; por artistas plásticos, como Ceesepe, Oscar Mariné, o los gaditanos Costus; por fotógrafos, como Alberto García Alix, Ouka Leele o Miguel Trillo, quien plasmó las mejores instantáneas de los músicos de la Movida y de su público; por revistas, como La luna de Madrid; salas de conciertos como la mítica Rock-Ola; por ferias internacionales de arte contemporáneo, como la madrileña ARCO; o era difundida por programas de televisión, como el legendario La edad de oro de Paloma Chamorro en La 2, o de radio, como el Diario pop dirigido por Jesús Ordovás en Radio 3. 


Todos estos creadores y escenarios produjeron una generación cultural equiparable en importancia a la Generación de 1927. Si ésta fue primordialmente un movimiento poético y literario, la Movida fue eminentemente audiovisual y mediática. Los medios de comunicación propagaron el espíritu de la Movida por todo el país hasta hacerlo extensivo a toda una generación de jóvenes españoles que accedieron a las libertades bailando a sus ritmos, cantando sus letras, leyendo sus textos, luciendo su moda y sus peinados, o identificándose con sus películas. Para mi generación, los ochenta representaron, lisa y llanamente, la alegría de vivir.

Hoy en día, y con la obligada perspectiva histórica, se puede afirmar que la Movida madrileña de los 80 y la Generación poética del 27 representan los momentos de mayor lucidez creativa del siglo XX español, y son la gran aportación de la modernidad española a la cultura occidental. cmg1998