31 agosto 2022

"Venus": The Fighting and the Dancing


The year is 1969. The year of Man's landing on the Moon, Senator Robert Kennedy's assassination and the Stonewall riots. A song written by Robbie van Leeuwen and played by the Dutch pop band The Shocking Blue tops the charts worldwide. "Venus" became a global success since the moment it was released. Today, half a century later, "Venus" is a timeless classic, recently incorporated to quality series like The Handmaid's Tale or The Queen's Gambit. It also features in the 2015 film "Stonewall", a riveting account of the historical events leading to the riots in NYC on June 28th of that same year, which brought about the gay liberation movement and, eventually, gay rights, as we know them today.

It is only fair to remember the members of this legendary, though short-lived, band, one of those "one-hit wonder bands" who had a groovy hit single and their 15 minutes of fame: lead singer Mariska Veres (yeah, she's got it!), Robbie van Leeuwen (voice, guitar and sitar), Klaasje van der Wal (bass guitar), and Cornelius van der Beek (drums). Released in 1969, "Venus" still has the power and effect of a dynamite song. Many of us are still dancing to this gem because this song is timeless.

Right before the Xmas season of that year, my beloved aunt Isabel asked me what present I wanted for "Reyes" (the Hispanic version of Santa), which is celebrated on January 6th. At 11, I had already been listening to pop music in English on a local pop music station, LVG (La Voz del Guadalquivir), and was blown away by this song. So I told her what my choice was, wrote down the name of the record for her, and when I went with my family to visit her on Reyes Day 1970, there she was handing me the single with that shocking blue background and Mariska's sensuous cleavage. It was one of the best Xmas gifts I have ever been given. In the early 70s, I would play it over and over again on our portable record player. (Sadly, I lost my vinyl copy.)

Little did I know that the hit "Venus" had, a few months earlier, presided over the dancing at the Stonewall bar in Greenwich Village, as shown in the aforementioned film "Stonewall", when one of the gay patrons (a brave fighting queen) picks up the song on the juke box and everyone joins in the liberating dancing. Now, at 64, I keep fighting for gay rights, trying to convince today's barbarians that LGTB rights are indeed human rights and facing up to the spreading tide of homophobia and bigotry all over the world. I miss the dancing, though! cmg2022

Lyrics and song:

A goddess on a mountain top

Was burning like a silver flame

The summit of beauty and love

And Venus was her name

She's got it

Yeah, baby, she's got it

Well, I'm your Venus

I'm your fire, at your desire

Well, I'm your Venus

I'm your fire, at your desire

Her weapons were her crystal eyes

Making every man mad

Black as the dark night she was

Got what no one else had, whoa!

She's got it

Yeah, baby, she's got it

Well, I'm your Venus

I'm your fire, at your desire

Well, I'm your Venus

I'm your fire, at your desire

She's got it

Yeah, baby, she's got it

Well, I'm your Venus

I'm your fire, at your desire

Well, I'm your Venus

I'm your fire, at your desire.

20 agosto 2022

Antes de la erupción_corto

 

Antes de la erupción fue rodado en localizaciones naturales de Lanzarote, la isla natal del cineasta Roberto Pérez Toledo. Protagonizado por Pablo Capuz, Javier Orán, Javier Morgade, Edgar Córcoles y Jorge Alcocer, cuenta la historia de un grupo de amigos que deciden hacer un viaje soñado para recuperar su amistad tal y como la vivían cuando eran más pequeños. Este cortometraje es una postal sobre esos primeros días en los que su protagonista suelta lastre y cuenta quién es realmente a sus mejores amigos, mientras llevan a cabo ese viaje a Lanzarote con el que soñaban desde tiempo atrás,” explica Pérez Toledo. La identidad es el gran tema de base del cortometraje: la necesidad imperiosa de encontrar tu pequeño lugar en el mundo y ocuparlo. No fue casual que Pérez Toledo decidiese rodar este corto en Lanzarote. “De pronto me imaginé a estos personajes entre volcanes. Y luego entendí por qué: porque nuestra identidad, lo que somos, es como un volcán que erupciona arrasando con todo. Puedes intentar que el volcán permanezca dormido, pero tu identidad acaba brotando, como la lava. Porque no puedes silenciar ni aplacar lo que eres.

19 agosto 2022

El infinito en un junco, por IRENE VALLEJO


Leer es escuchar música hecha palabra. Es cercanía y extrañeza. Es a veces hablar con los muertos para sentirnos más vivos. Es viaje inmóvil. Es una maravilla cotidiana. En tiempos de reclusión, hemos comprobado que los libros amansan la ansiedad y nos regalan lejanías. Hoy valoramos -quizá más que nunca- el papel que desempeñan en nuestras vidas zarandeadas por la tormenta y el desconcierto. A lo largo de los siglos, estos cofres de palabras han sobrevivido a guerras, dictaduras, sequías, crisis y catástrofes. En ellos, las utopías esperan días más propicios. Una y otra vez, nos ofrecen en sus páginas -como brazos abiertos- las ideas, las historias y los cuentos que necesitaremos para escribir el mañana... Este es un libro salvado por la bondad de los desconocidos. (Irene Vallejo)

11 agosto 2022

SEMIÓTICA DE UNA IMAGEN: Los adoradores



SE LEE EN 1 MINUTO
Los adoradores salen a las calles de nuestras ciudades para arropar a sus ídolos o celebrar un título tras otro. Los adoradores piensan que sus clubes deportivos son la auténtica marca España, que el negocio de empresas futbolísticas privadas debería ser subvencionado con fondos públicos, como el cine patrio, dicen, cuando olvidan que la mano de obra, o, en este caso, el pie de obra, es mayormente de origen extranjero. Idolatran a unos deportistas multimillonarios (y, a menudo, endiosados) con sueldos obscenos. Los fanáticos del balompié, protagonistas de la Futbolización que nos rodea, oficiantes de esta liturgia pagana, viven su pasión como una experiencia religiosa.

Para satisfacer a los adoradores, la televisión pública abre los Telediarios de máxima audiencia emitiendo un minuto de titulares deportivos (como anticipo a una extensa cobertura al final de cada noticiario), concediéndoles el mismo rango que cualquier otra noticia de relevancia nacional o internacional, porque el fútbol, como dijo aquél, se ha convertido en España en un asunto de Estado. Incluso las cadenas de radio privadas interrumpen la programación habitual para retransmitir encuentros. El fútbol genera la mayor audiencia y el Marca sigue siendo el periódico de mayor tirada.

Definitivamente, visto lo visto, los éxitos deportivos de una excepcional generación de futbolistas se les han subido a la cabeza a muchos compatriotas, los adoradores y las adoratrices del becerro de oro de nuestro tiempo.• cmg2016

07 agosto 2022

¿Por qué la izquierda es superior?

Por ANTONIO MAESTRE

eldiario.es 6 de agosto de 2022

Eso es lo que hemos visto esta semana tras la aprobación del Real Decreto de medidas de ahorro energético. Una oposición basada en la mentira, el histrionismo y la irresponsabilidad que ha realizado una campaña de descrédito a unas medidas que ni siquiera conocía. 

La derecha suele sufrir con el hecho de que las personas de izquierda se consideren moralmente superiores. La lástima para ella es que es un hecho objetivo y empírico, cada vez más demostrable con la simple asistencia a la actualidad política. No es una cuestión solo de moral, es que políticamente la izquierda ha demostrado de manera concreta y material ser infinitamente superior a una derecha darwinista, egoísta, individualista y que solo se preocupa por su interés particular, incluso cuando eso degrada la convivencia, el debate público y los espacios de socialización hasta el punto de priorizar sus posibilidades electorales frente a la supervivencia de nuestro bienestar y nuestro territorio.

La responsabilidad al gestionar los recursos de todos independientemente del coste electoral que pueda llevar hacerlo es una de las principales capacidades que está demostrando la izquierda y que por sí sola demostraría una superioridad moral manifiesta frente a la derecha. Si hay que tomar medidas por un bien superior y colectivo se toman, a pesar de que puedan ser impopulares. La crisis climática conlleva aprobar medidas que pueden ser muy costosas en términos de popularidad porque exigen hacer sacrificios a cambio de una mejora que quizás solo vean generaciones posteriores. No hay muchas mejoras visibles de las condiciones materiales en reducir nuestro impacto medioambiental hoy, pero hay que hacerlas para dejar a las generaciones venideras un planeta habitable. La derecha prefiere el poder hoy y pone piedras en cualquier medida que tenga como principio la sostenibilidad futura, sabe que oponerse le puede proporcionar un rédito presente a cambio de hipotecar el futuro.

Eso es lo que hemos visto esta semana tras la aprobación del real decreto de medidas de ahorro energético. Una oposición basada en la mentira, el histrionismo y la irresponsabilidad que ha realizado una campaña de descrédito a unas medidas que ni siquiera conocía, argumentando dudas y refutaciones que estaban resueltas en el texto del real decreto. Algunos análisis hablaban del relato que se quería imponer con la estrategia mentirosa y trilera de la oposición a unas medidas completamente inocuas para el bienestar de la ciudadanía que buscan el ahorro energético imprescindible en una coyuntura de emergencia, guerra y escasez.

El relato, no importan las políticas públicas. Un análisis que pone en igualdad de condiciones a quienes actúan con responsabilidad con quienes quieren verlo arder todo para heredar los terrenos calcinados. No se valora positivamente en los análisis que la izquierda ejerza su responsabilidad, sino la oposición a una medida coercitiva del Gobierno porque proporciona rédito a la derecha. El argumento esgrimido es que obligar a seguir unas normas pone a la izquierda en un papel de censor, gruñón y mandón, por lo que genera alabanzas el papel de los irresponsables por presentarse como el partido que te deja hacer lo que quieras en libertad porque proporciona réditos electorales. Puede que los proporcione, pero si lo hace es por el papel de los analistas que, situándose en posiciones inmaculadas que no les manchen demasiado, no ejercen un papel crítico contra todas esas posturas que prefieren tomar al poder a hacer lo correcto.

La crisis climática nos ha atropellado y la derecha prefiere que todo quede arrasado con tal de volver a Moncloa. No se trata de oponerse a que los aires acondicionados de los centros comerciales estén a 27 grados, se trata de oponerse a todo aquello que sea necesario para sobrevivir en el futuro con tal de que ellos recuperen el poder. Este verano llevamos más noches tropicales (por encima de 20 grados) y más noches ecuatoriales (por encima de 25 grados) que cualquiera de los 30 años previos. Los días por encima de 35 grados son un récord en casi todas las provincias y nos hemos habituado en algunas regiones a que nunca bajen de esa temperatura. El mar Mediterráneo se ha tropicalizado igualando su temperatura con el mar Caribe al subir más de seis grados y los incendios en España por las condiciones climáticas ya han calcinado más de 200.000 hectáreas, convirtiéndolo en el peor verano en lo que va de siglo. Mientras, la derecha ha convertido poner el aire acondicionado a 22 grados en el Primark en su última batalla cultural, mientras tiene a los enfermos a más de 30 grados en los hospitales públicos que gestiona, con ventiladores que tienen que traer sus familias. ¿Todavía se preguntan por qué la izquierda es superior?

31 julio 2022

SEMIÓTICA DE UNA IMAGEN: Esa España feudal

SE LEE EN 1 MINUTO
Siempre me ha parecido que la revista ¡Hola! todavía pregona el enaltecimiento de una cierta España antigua y casposa. Sus portadas exhiben la vida (soñada por algunos) de personajes de la realeza, matadores de toros, folclóricas eternas, cantantes melódicos, tertulianos de programas de telebasura, aristócratas de privilegios ancestrales, y, cómo no, de los descendientes del dictador. En nuestra vida, el Hola ha ejercido gratis la función de órgano de propaganda justificador de instituciones obsoletas como la monarquía y la aristocracia. El estilo de vida idealizado que muestran sus reportajes (el glamour de mansiones exhibidas obscenamente, la ropa a la última o el maquillaje retocado digitalmente) actúa como somnífero social en las consultas de dentistas o en peluquerías varias. Hola retrata a una nación anclada en privilegios clasistas, y perpetuadora de patrones sociales ya superados por la mayoría de los españoles. El Hola es como la vox, perdón, la voz de esa España feudal que reclama su vasallaje de banalidad. ¿Por qué será que no se publican revistas parecidas en las repúblicas europeas de nuestro entorno? cmg2018

15 julio 2022

“¿Y si son homosexuales también?”

Por MAR GONZÁLEZ, eldiario.es, 15 de julio de 2022

Profesora Titular de Psicología Evolutiva y de la Educación de la Universidad de Sevilla

En estos días se han cumplido 20 años de la presentación pública del primer estudio sobre las familias homoparentales españolas, del que se hizo eco la prensa en aquel momento. Su objetivo principal era dar respuesta a las preguntas que esta sociedad se hacía acerca del desarrollo infantil y adolescente en unas familias de las que lo desconocía casi todo.

Los resultados de aquel estudio, publicado en revistas científicas, evidenciaron que no había diferencias significativas entre quienes crecían con madres lesbianas o padres gays y sus compañeros de clase con progenitores de distinto sexo: eran indistinguibles en autoestima, ajuste emocional y comportamental, competencia social o aceptación por sus compañeros o compañeras, entre otras dimensiones evaluadas. Sirvieron para despejar dudas y ahuyentar preocupaciones de buena parte de la sociedad, al tiempo que fundamentaron el cambio legislativo que propició el matrimonio igualitario en 2005.

Sin embargo, también provocaron un sorprendente y airado escándalo en una minoría, reticente a aceptar que pudieran desarrollarse bien quienes crecían con madres lesbianas o padres gays. Así, se puso en cuestión el rigor científico de este estudio y hasta se orquestó una campaña en contra de que fuera publicado o se volviera a financiar a nuestro equipo de investigación. Una de las críticas recibidas estuvo relacionada con el hecho de que ese estudio no respondía a “la pregunta fundamental” (para esta minoría): si estos chicos o chicas serían también homosexuales. Obviando el carácter prejuicioso de la crítica, al considerar implícitamente que sería un efecto indeseable y patológico, ese aspecto ciertamente no había sido objeto de análisis en aquel estudio, dado que los chicos o chicas estudiados tenían edades tempranas.

Años después, nuestro equipo ha estudiado las experiencias vitales y el perfil psicológico de chicos y chicas mayores de edad que habían crecido con madres lesbianas o padres gays en España. Los resultados relacionados con la orientación sexual de esta prole ya adulta acaban de ser publicados en el Journal of Homosexuality y permiten responder a aquella pregunta de un modo claro, aunque con algunos matices interesantes.

Un primer dato de su comportamiento sexual daría una respuesta simple y tajante a la pregunta formulada, puesto que, en una escala de siete puntos, desde la absoluta homosexualidad a la absoluta heterosexualidad, el 87% de los hijos e hijas de lesbianas o gays se situaba en este último polo. O sea, la inmensa mayoría de los chicos o chicas que entrevistamos mantenían relaciones sexuales solo con personas del otro sexo, como ocurre en la población general, desmontando los prejuicios que inspiraban la pregunta.

Un 26% de las chicas o chicos que entrevistamos reconocía haber tenido relaciones sexuales con personas de ambos sexos. Estas experiencias eran enmarcadas en un contexto de exploración en la adolescencia y habían sido vividas sin culpa ni preocupación

Sin embargo, al considerar otras dimensiones de la sexualidad, se añadían matices a la respuesta. Así, descendía al 67% quienes reconocían sentir atracción solo por personas del otro sexo y al 60% quienes se identificaban únicamente como heterosexuales. O sea, una parte de las personas entrevistadas, aunque solo tenía relaciones con personas del otro sexo, reconocía haber sentido en algún momento atracción por personas del mismo sexo y eso les lleva a autodefinirse de modo menos tajante (p.e. mayoritariamente heterosexuales), mostrando sintonía con la diversidad de su deseo sexual.

Abundando en esa idea, preguntarles por sus experiencias pasadas aporta también datos interesantes, puesto que un 26% de las chicas o chicos que entrevistamos reconocía haber tenido en el pasado relaciones sexuales con personas de ambos sexos, aunque fuera de modo esporádico. Estas experiencias eran enmarcadas en un contexto de exploración de su sexualidad en la adolescencia y habían sido vividas sin culpa ni especial preocupación.

Por último, el género se desveló como una variable relevante a la hora de definir la orientación sexual: mientras los varones entrevistados se autodefinían situándose en los extremos de la escala (uno como “absolutamente homosexual” y el resto como “absolutamente heterosexual”), las mujeres mostraban un patrón significativamente más variado y menos polarizado, posicionándose frecuentemente en los niveles intermedios. Estas diferencias por género concuerdan con las halladas en otros estudios con población general, que han encontrado mayor fluidez y menor polarización de las mujeres a la hora de definir su orientación sexual.

A la vista de los resultados obtenidos, hemos de concluir que no se ha visto confirmada la mal llamada “preocupación” que albergaba una parte de la sociedad acerca de que estos chicos o chicas fueran también gays o lesbianas, como sus padres o madres. Lo que sí evidencian nuestros datos es su mayor libertad para experimentar y definir su orientación sexual, sin temor al rechazo y sin culpa. En este sentido, quienes reconocían una orientación homosexual o bisexual nos comentaron que nunca lo ocultaron y que empezaron por comentarlo con su familia. Y esto es así porque saben que sus familias solo quieren que sean felices, amen a quien amen, se eroticen con quien se eroticen.

Mucho que seguir aprendiendo de las familias homoparentales en España.

04 julio 2022

Vulnerables

Por LUIS GARCÍA MONTERO
 El País, 4 de julio de 2022

El orgullo que tomará las calles de Madrid el próximo sábado 9 de julio no tiene que ver con la prepotencia, sino con la reivindicación de que el bien común sólo es posible con el respeto a la diversidad.

La diferencia es un bien común. Lo que nos reúne para convivir no es la prepotencia sino la vulnerabilidad. Una conversación, un abrazo, un contrato social logran su mejor sentido cuando nacen de la conciencia de que necesitamos cuidar y ser cuidados. En estos días calurosos de verano, cuando el dios Marte ha subido los termómetros con su fuego y su virilidad, es una alegría llegar a casa, abrir las ventanas y dejar que el aire más compasivo del final de la tarde o de la noche entre en nosotros. Las calles de España también han abierto sus ventanas desde que se celebró el 28 de junio pasado el Día Internacional del Orgullo, una cumbre de libertad que culminará el próximo sábado en la manifestación convocada en Madrid.

Este orgullo tiene más que ver con la resistencia y la solidaridad que con la soberbia. Entre los objetos legados por Eduardo Mendicutti en la Caja de las Letras del Instituto Cervantes, está el original de su primera novela, Tatuaje. Nunca llegó a publicarse. Primero fue la censura franquista, pero después el propio Eduardo decidió no editarla. Comprobó que en sus páginas se había colado una homofobia interiorizada, una factura íntima de mala conciencia impuesta por la sociedad en la que había vivido. Vencer esa represión íntima resultó necesario para que brotasen la alegría, el humor, la libertad y el activismo colectivo que caracterizan la literatura de Eduardo Mendicutti desde Una mala noche la tiene cualquiera (1982).

El orgullo que tomará las calles de Madrid el próximo día 9 de julio no tiene que ver con la prepotencia, sino con la reivindicación de que el bien común sólo es posible con el respeto a la diversidad. Y más aún: la certeza de que el respeto al bien común necesita identidades libres que se reúnan, se reconozcan y se abracen. No sectarismos que se uniformen para fragmentar la convivencia.

Auf immer, lieber Cousin Rolf

Rolf Henke war ein unvergesslicher Charakter, der sichtbare Spuren in unserer Welt hinterlassen hat.

Er war getrieben von seinen Ideen, Werten und Visionen. Und dabei immer 100% er selbst. Seine Visionen waren groß und viele haben darin Platz gefunden.

Rolf hatte die ungewöhnliche Gabe, die Dinge wachsen zu lassen und gleichzeitig war er es, der säte und lenkte, strategisch, unkonventionell und auf seine Weise fast geheimnisvoll.

Wir alle sind tief von Rolf beeinflusst, in unseren Werten, unserem Verständnis von Lebensqualität, unserem Geschmack, und auch von seiner unermüdlichen Lust zu leben und immer wieder aufs Neue etwas anzuzetteln.

Rolf war ein Spurenleger, der jeden von uns auf seine Art und Weise geprägt hat. Er wird in und durch uns weiter wirken.

Lieber Rolf, wir danken dir für all die Bäume, die du gepflanzt hast und den Weg, den du uns damit aufzeigst.

B.H-S.

+ NordkurierEin Millionär fand sein Glück in der Uckermark

+ Gut Temmen, Uckermark


30 junio 2022

Passer les champs_court métrage

 


29 junio 2022

From Florida to Poland, We Must March for the Right to Exist

By Mark Gevisser
The New York Times, 24 June 2022

Credit...Toms Kalnins/EPA, via Shutterstock

Last Saturday, toward the end of the Riga-Kyiv Pride March for Freedom in Latvia, I saw a burly man in a unicorn head lean out of a second-floor window and wave grandly at the parade below. His yellow and blue shirt had “Kyiv” emblazoned across it. March participants had been leading the 5,000-strong crowd in the chant “Make love, not war,” artfully linking the right to love, everywhere, with the right to self-determination and peace in Ukraine. In response to the queer Minotaur in Ukraine’s colors, the marchers erupted into cries of “Slava Ukraini,” or “Glory to Ukraine.”

There can, of course, be no Pride marches in Ukraine this year. Instead, Kyiv Pride, which has been organizing marches in the Ukrainian capital since 2012, has been invited to participate in a series of joint events across Eastern Europe, such as last week’s in Riga. The largest of these will happen on Saturday in Warsaw, where 80,000 people are expected to attend; many will be Ukrainian refugees in Poland. Kyiv Pride’s 2022 manifesto calls on everyone — from governments to people on the street — “to imprint on their memory the geographical line of border between Ukraine on the one side and Russia and Belarus on the other, because it is not just a separation line between the states but also a boundary between the territory of freedom and a zone of oppression.”

In Riga several marchers made signs bearing a line written by the poet Emma Lazarus: “Until we are all free, none of us are free.” In this part of the world, what with the Russian invasion of Ukraine and the official homophobia of Poland’s and Hungary’s right-wing governments, such sentiment is not metaphorical. But too often, in other places where Pride has become pro forma, we forget that it holds such significance. This year, in every country, we must remember that Pride’s power comes from its politics of struggle.

This weekend, New Yorkers will march down a Fifth Avenue festooned with rainbow flags, in the United States’ biggest and loudest Pride event. In the past few years, these Pride events — in New York and elsewhere in the Western world — have become formulaic. Those who remember the way the movement began as protest complain, with clockwork predictability, that Pride has become little more than an excuse for a party or a branding opportunity for corporations, one that wraps the month of June in feel-good rainbow colors rather than powering genuine, year-round transformation.

But American Pride celebrants have taken to the streets in a country where, this year, more than 300 anti-L.G.B.T.Q. bills have been introduced in state legislatures. Given this climate, Pride cannot be just a gay party or a corporate branding opportunity. It must once more find its role as an emblematic struggle against the gathering of illiberal forces — from the United States’ Donald Trump to Russia’s Vladimir Putin and Hungary’s Viktor Orban — who would shut down personal autonomy, ostensibly in the name of traditional values or faith, in order to reassert patriarchal control over a population that, increasingly, makes its own decisions.

Credit... 
Amadeusz Swierk/SOPA Images -- LightRocket, via Getty Images

In Poland, the country’s ruling Law and Justice party won the 2020 presidential election, in part by threatening that what was called a “rainbow plague” worse than the “red plague” of communism by the archbishop of Krakow would engulf the country if pro-E.U. liberals were to govern. About 100 municipalities have declared themselves L.G.B.T.-free zones.

But tens of thousands of people have attended recent Warsaw equality marches, likely in direct response to Law and Justice’s politics of hate. “Here beats the heart of a smiling, open Poland,” Warsaw’s mayor, Rafal Trzaskowski, told the crowd last year. Trzaskowski, who supports L.G.B.T.Q. rights, narrowly lost the presidential election in 2020. “The parade is a celebration of the L.G.B.T.+ community,” he said, “but it is also a celebration of all who are tolerant, all who are smiling, all who look to the future, all who want Warsaw to be for everyone.”

Trzaskowski will no doubt say something similar on Saturday, extending the metaphor eastward. The Russian invasion of Ukraine threatens the pluralism that has been growing, if slowly, in Eastern Europe since the fall of Communism. In March, the Russian Orthodox Church’s Patriarch Kirill, a Putin ally, said explicitly that one of the objectives of the Ukraine invasion was to save ethnic Russians from the horrors of Gay Pride parades.

Pride in Ukraine had, in fact, come a long way. The first Kyiv Pride, in 2012, had to be canceled because authorities said they could not guarantee the safety of marchers. The following year, about 100 people marched, protected by police from a much larger number of counterprotesters. But last year, 7,000 people marched peacefully through the Ukrainian capital, led and protected by the police. The country’s hate crimes law would likely have been expanded this year to protect L.G.B.T.Q. people, too. This, of course, has been postponed indefinitely.

While I was in Riga, I met Lenny Emson, a Ukrainian activist who is directing this year’s Kyiv Pride and has been involved with the organization since its founding. The organization now functions largely as a service-provision organization to help queer Ukrainians who have been displaced by the war.

Many enlisted Ukrainian troops have come out on social media over the past few months; these stories reveal the way that the war’s outcome and L.G.B.T.Q. rights are intertwined in Ukraine. Emson noted that while this new visibility could have a positive effect on the way queer Ukrainians were perceived by their compatriots, ultraright-wing homophobes were also joining up and becoming heroes. “Things are in the balance,” Emson said. After Kyiv Pride began a campaign this month featuring an exhibition of 12 L.G.B.T.Q. Ukrainians contributing to the war effort, Emson added, a right-wing social media effort countered that Putin was invading Ukraine “because of the gays.”

If Ukraine joins the European Union, this will have a significant effect on L.G.B.T.Q. rights in the country: New members would be party to the E.U. Charter of Fundamental Rights, which guarantees equality on the basis of sexual orientation. But there was a strong risk, Emson said, that an E.U.-affiliated Ukraine could go the route of Poland or Hungary — where, even as they receive E.U. subsidies, right-wing leaders campaign against what they call L.G.B.T.Q. ideology as a way of maintaining church support and defining a nationalist agenda against the perceived onslaught of Western Europe.

The playbook for this strategy was invented in the West, specifically in the United States, by the generation of anti-L.G.B.T.Q. laws touched off by Anita Bryant’s Save Our Children campaign in the 1970s. In the gathering culture wars, Republican political operatives used homophobia to mobilize voters, in the name of traditional values and individual freedom, against what they saw as a secular liberal hegemony. Such moral panic is being rekindled in the United States — most prominently in Florida, where Gov. Ron DeSantis signed “Don’t Say Gay” legislation — after being used over the past decade in Eastern Europe, most prominently by Putin.

In 2013, Putin’s government enacted anti-“gay propaganda” legislation that bans “the promotion of nontraditional sexual relations” (read: homosexuality) to minors. This was specifically done to cement his relationship with the Russian Orthodox Church, as a way of mobilizing support against the growing opposition in the cities to his rule-for-life strategy. Since then, Putin has used such politics primarily to promote a “wholesome” and traditional Russia — one in which heterosexuals increase the Russian population through procreation — against what he paints as a decadent and dying West, symbolized by homosexuals and trans folk. It is that decadent West that he has said he is fighting in Ukraine.

Putin’s wartime repression of his own people includes renewed assaults on Russia’s L.G.B.T.Q. movement. Organizations have been shut down after their staff members were declared foreign agents, and many of the country’s leading L.G.B.T.Q. activists have fled. This month, legislation was submitted in the Duma to strengthen the anti-gay law so that the “promotion” of “unnatural lifestyles” would be forbidden not just to minors but to everyone. If the measure passes, it will essentially make public expression of homosexuality or transness illegal.

In Riga, at a rally after the march, Lenny Emson spoke about Roman Tkachenko, a member of Kyiv’s L.G.B.T.Q. community who was killed in battle last month near Kharkiv. Tkachenko was a 21-year-old university graduate passionate about mosaic restoration and eco-activism. “We often say we march for those who are not able to march themselves,” Emson said — because of fear or discrimination or danger. “But these days we are also marching for those who cannot, and will never be able to, because they are no longer on this earth.”

Mark Gevisser (@markgevisser) is a South African author and journalist. His most recent book is “The Pink Line: Journeys Across the World’s Queer Frontiers.”

24 junio 2022

HOMOFOBIA = FASCISMO

Que dice Ayuso que para qué queremos la bandera LGTB si ya tenemos la bandera española, que nos representa a todos.