19 noviembre 2025

¿50 años no es nada?


Por MARTA NEBOT

Diario Público, 12 de enero de 2025




15 noviembre 2025

50 años sin Franco

La democracia española no solo tiene el derecho sino la obligación de explicar a los jóvenes qué fue el franquismo



Este miércoles el Gobierno pone en marcha el programa de actos destinado a conmemorar los 50 años de la muerte de Francisco Franco en noviembre de 1975 y el reestreno de las libertades en nuestro país. Acertarán los organizadores si las actividades conmemorativas ponen en valor la trascendencia de nuestra democracia y la desgraciada condición histórica previa: la desaparición de un general del Ejército que ejerció el poder dictatorial hasta el final, incluidas cinco penas de muerte firmadas dos meses antes de morir. Errarán si los actos del aniversario se utilizan para la lucha partidista o para acrecentar la polarización.


Desde la victoria en la Guerra Civil, en 1939, Franco mantuvo bajo sus manos la dirección del poder ejecutivo, legislativo y judicial ajeno a cualquier forma de control político o democrático de las instituciones del Estado: una dictadura unipersonal con la existencia de un único partido tolerado, el de los vencedores de la guerra: primero Falange, después renombrado como Movimiento Nacional. Esa fue toda la libertad política de la que disfrutaron los españoles durante las cuatro décadas del franquismo. Un régimen que aprendió a adaptarse a las circunstancias históricas cambiantes y apenas se vio dañado por las actividades clandestinas de los distintos grupos de la oposición política y el exilio, pese a la perseverancia en la lucha de muchos de ellos a lo largo de décadas, sin rendirse ante la persecución sufrida con el ensañamiento propio de dictaduras militares y con una prensa literalmente amordazada.


Recordar medio siglo después de la muerte del dictador cosas tan obvias no es una redundancia ni debería provocar división alguna entre los españoles, que son hoy, muy mayoritaria y felizmente, conscientes de su ciudadanía democrática. Recordarlo constituye un deber democrático en particular hacia aquellas generaciones que ni conocieron ni tienen por qué conocer el origen complejísimo de la democracia que hoy habitan. Los inquietantes datos de las últimas encuestas, tanto del CIS como la de 40dB., muestran una creciente tolerancia de los jóvenes a regímenes autoritarios —como lo fue la dictadura aquí— y una cierta banalización de lo que significó el franquismo.


Entre los jóvenes, más del 20% tiene como opción preferible a Vox, un partido político que definió en las Cortes al franquismo como una etapa de progreso y reconciliación. El régimen que impuso Franco a partir 1939 y hasta su muerte en 1975 extinguió la libertad de prensa y la libertad de expresión —prohibidas por ley—, situó a la mujer en un lugar subsidiario en la sociedad, asfixió cultural y lingüísticamente a las comunidades con una lengua distinta del español, persiguió con ferocidad cualquier alternativa a la heterosexualidad, canceló la vida civil y profesional de los derrotados que sobrevivieron a la victoria franquista en el interior y mantuvo en el exilio a decenas de miles de españoles bajo la acusación de ser antiespañoles, mientras la enseñanza estuvo monopolizada por el catolicismo más preilustrado de la Europa contemporánea.


Ante la corriente autoritaria que vuelve a recorrer el mundo occidental usando las reglas de la democracia para dinamitarla desde dentro, es una obligación propiamente democrática la explicación veraz de las condiciones de existencia bajo la dictadura franquista. La añoranza que expresan los líderes de Vox o el blanqueamiento tentativo que otras derechas operan sobre el franquismo constituye una carcoma civil que desdibuja a un régimen que puso por encima de cualquier cosa su perpetuación a través de la persecución, el encarcelamiento y el asesinato de quienes aspiraban a restituir en España unas libertades homologables con la Europa que surgió de la posguerra mundial y como las que hoy disfrutamos.


Las críticas iracundas a una conmemoración tan redonda en cifra, y tan desgraciadamente necesaria dado el contexto global, son puro oportunismo partidista. Recordar el franquismo les viene mal ahora a los aspirantes a La Moncloa y a sus sherpas mediáticos porque los resultados electorales y todas las encuestas anticipan que el PP necesitará de Vox para gobernar, y Vox no condena el franquismo. Editorial de El País, miércoles 8 de enero de 2024


Ilustración de Pedro Vera en el libro “Francofacts” (Pasado & Presente, 2025)


12 noviembre 2025

Por qué la cocaína favorece la violencia sexual

Por GUILLERMO LAHERA

El País, 8 de noviembre de 2024

La cocaína desata los instintos primarios, de la mano de la verborrea, la grandiosidad y el deseo de dominancia. Prevenir su consumo reduciría la exposición a experiencias traumáticas que son un factor de riesgo de graves trastornos mentales.


Es un clásico de las guardias hospitalarias de fin de semana: el paciente es llevado de madrugada por sus compañeros de farra, algunos asustados y otros infantilmente risueños. El chico presenta unas pupilas como dos agujeros negros, está sudoroso, taquicárdico y no para de moverse. Conductualmente, se muestra retador, desafiante, buscando pelea. En un momento dado, ante una mínima frustración —una leve espera en ser atendido, una petición de análisis de tóxicos en orina, por ejemplo—, eleva el tono de voz, insulta, denigra a todos los presentes y pega una brutal patada a un monitor de constantes vitales. Ni sabe su coste, ni le importa. Se le acerca algún enfermero para calmarle y entra en escalada, a veces haciéndose el ofendido: “¡Que no me toques!”, repite. Uno que recuerdo se fijó en la joven residente que me acompañaba y le dedicó varios comentarios soeces y machistas. A mí me dijo: “Te voy a arrancar la cabeza”.


Estas escenas nocturnas no son agradables y requieren del personal sanitario mucha paciencia, dedicación y templanza de espíritu. Pero lo más chocante es visitar al enfermo a la mañana siguiente y encontrar a un desvalido corderito. Envuelto en sábanas, aturdido por haber dormido poco, sollozante y arrepentido.


La cocaína es, de lejos, el psicoestimulante ilegal más usado en el mundo, con aproximadamente 23 millones de consumidores, cifra que va ascendiendo. Esta sustancia dispara en el cerebro las concentraciones extracelulares de dopamina, noradrenalina y serotonina, actuando especialmente sobre las vías de la recompensa. Por eso, inicialmente, produce aumento de la energía, las emociones positivas y la confianza. Es altamente adictiva y puede tener graves consecuencias médicas, psicosociales y psiquiátricas. Nada menos que la mitad de los consumidores desarrolla síntomas psicóticos a lo largo de su vida, incluyendo reacciones paranoides, delirios o aterradoras alucinaciones visuales o táctiles.


Se asocia también a crisis de pánico, depresión y desregulación emocional. Pero otro efecto de la cocaína es especialmente relevante para la convivencia y la salud de las víctimas: se asocia robustamente a irritabilidad, agresividad, conductas de dominación y delitos. En estado de intoxicación se desatan los instintos primarios, de la mano de la verborrea, la grandiosidad y el deseo de dominancia, y se pueden aplicar ferozmente contra la persona que está más cerca.


La violencia en el ámbito doméstico es aterradoramente frecuente: una de cada cinco mujeres estadounidenses la ha sufrido. Y algunos estudios indican que el 92% de los hombres que agredieron a su pareja femenina había consumido sustancias el día de la agresión, de los cuales el 67% había consumido la explosiva mezcla de cocaína y alcohol. Una deriva son las agresiones facilitadas por drogas administradas a la víctima, normalmente altas cantidades de alcohol.


En un estudio español entre 1.600 mujeres jóvenes, la mitad reportó haber sido víctimas de actos, comentarios o insinuaciones sexuales no deseados, que van desde el acoso verbal hasta la penetración forzada, con sustancias tóxicas de por medio. El riesgo aumenta en mujeres extranjeras, de bajo nivel educativo y no heterosexuales. La foto del estudio nos muestra que el consumo de alcohol en la víctima y de alcohol y cocaína en el agresor suponen un caldo de cultivo propicio para la violencia sexual. Por supuesto, no se trata exclusivamente de un efecto químico. Los contextos asociados al tráfico de drogas, la pobreza, la exclusión social y la falta de oportunidades aumentan la probabilidad de violencia. Piensen en el estremecedor cóctel de cocaína y prostitución, donde las mujeres son consideradas objetos sexuales y donde la violencia contra ellas está normalizada.


El uso de alcohol, cannabis y cocaína está dramáticamente arraigado en nuestra sociedad. Alguien me tiene que dar muchos argumentos para aceptar que tolerar o fomentar las drogas es de izquierdas: arruina la vida de los más vulnerables. En los años ochenta el viejo profesor Tierno Galván —admirable, por lo que dicen, en todo lo demás— alentó a las masas con su “el que no esté colocado, que se coloque”. La devastadora epidemia de heroína y delincuencia ya había estallado en los barrios populares, para desgracia de las sufridoras madres. El boom de la cocaína iba a seguir a continuación, con el ilusorio marchamo de droga de ganadores, y porque generaba esa hiperactivación tan propicia para el ritmo frenético de nuestros días. Con el cannabis, aún tenemos partidos políticos que minimizan sus daños, contra la evidencia científica disponible, y es consumido por el 28% de los adolescentes españoles; todos ellos, con cerebros en desarrollo. Socialmente, tomar sustancias tóxicas parece un signo de ser enrollado, saber divertirse y sentirse parte de un grupo.

El discurso antidrogas, en cambio, suena puritano, retrógrado y punitivo. Pues que siga la fiesta, ¿no? Depende de lo que nos importen, por ejemplo, los problemas de salud mental, el fenómeno de la violencia machista o el maltrato infantil, en los que el alcohol y la cocaína parecen ser relevantes. Prevenir el consumo de estas sustancias reduciría la exposición a experiencias traumáticas, que son un factor de riesgo de desarrollar graves trastornos mentales. Si como sociedad apostamos realmente por la prevención, uno de los objetivos tiene que ser tratar de revertir esta distorsionada percepción social de las drogas, informar abiertamente a los ciudadanos sobre sus efectos neurobiológicos o las consecuencias a largo plazo de su consumo y ofrecer tratamiento y ayuda a las personas adictas.

02 noviembre 2025

Cómo la actual etapa asexual de Hollywood puede afectar a nuestras fantasías eróticas

La caída de las escenas subidas de tono en el cine y las series puede dejar a las audiencias sin modelos eróticos de comportamiento. Entre las causas, el fácil acceso a la pornografía y el encarecimiento de los rodajes con la figura del coordinador de intimidad.

Por Rita Abundancia

El País,  28 de ocubre de 2025

La historia de Hollywood ha tenido todo tipo de relaciones y comportamientos en torno al sexo. La industria ha sido pudorosa, aventurera, picante, seductora, pacata, obsesiva, romántica, juguetona. Generaciones y generaciones de espectadores crecieron viendo esas escenas, más o menos explícitas, y es casi seguro que en algún momento de sus vidas adoptaron algunas de las actitudes erótico-sexuales que la gran pantalla proponía. Durante mucho tiempo, y antes de que la pornografía se popularizara, el cine era la única ventana de fácil acceso que se abría al mundo de la intimidad entre dos o más personas.

Es muy probable que el ya mítico beso en el coche, cuando una pareja que empieza a conocerse se separa tras pasar una velada juntos, y que da el pistoletazo de salida a una posible relación, se lo debamos a los guionistas y no a nuestra iniciativa en materia de seducción. Porque durante mucho tiempo, el cine sirvió para copiar modelos de comportamiento (también en el terreno erótico y sentimental), o para fantasear con las actrices y actores de Hollywood, que parecían haber sido fabricados con un control de calidad mucho más exigente que el del resto de la población.

Últimamente, sin embargo, el cine parece abrazar la asexualidad. Las escenas subidas de tono, herederas de los prometedores dos rombos de antaño, han desaparecido de los guiones bajo la nueva filosofía de que el sexo ya no vende; y los que ahora van al cine están más interesados en la acción, los efectos especiales, el gore o los superhéroes.

Un estudio realizado en 2024 para The Economist por Stephen Follows, productor audiovisual, analista y consultor de la industria cinematográfica, revela que el sexo y las escenas con desnudos han descendido notoriamente en la industria audiovisual. En concreto, hasta un 40% desde el inicio de siglo. El trabajo añade, además, que las películas que no contienen ningún tipo de desnudo o escena sexual han pasado a ser el 50%, en comparación con el 20% que había en el año 2000. Y recalca que en las cintas de acción o thrillers este porcentaje sube hasta el 70%.

Atrás ha quedado esa fe ciega que Hollywood tenía en ese erotismo para todos los públicos, en esas películas escándalo, tan propias de los ochenta y noventa, en las que la gente iba a contemplar el prometedor striptease de Kim Basinger en Nueve semanas y media (1986) o comprobar si, efectivamente, se le veía algo a Sharon Stone cuando cruzaba las piernas en Instinto básico (1992). Escenas que, generalmente, quedaban en un coitus interruptus, pero que servían para publicitar el filme a bombo y platillo y atraer a la audiencia.

“En Hollywood hay un antes y un después del movimiento Me Too”, cuenta Juan Luis Sánchez, periodista, escritor y crítico de cine en DeCine21.com, “porque concienció a la gente de cómo la industria se aprovechaba de las mujeres, de la profusión de desnudos femeninos (que no de masculinos) y del papel de muchos productores, que abusaban de las actrices, y no solo Weinstein. Y como consecuencia de este escándalo surgió la figura del coordinador de intimidad, un profesional que debe estar presente durante el rodaje de escenas tórridas para que todo se haga de manera correcta y con consentimiento. Todo esto encareció mucho las escenas de sexo, porque se tardan más en rodar". A lo que Sánchez añade: “Sin contar también con que los actores piden más garantías y cláusulas a la hora de filmarlas. Si a esto le sumamos el hecho de que el ansia por ver sexo puede ser saciada de inmediato con la pornografía, entenderemos por qué el cine comercial se ha vuelto tan casto”.

Sin sexo en el cine, en las series y en la literatura

En un primer momento, la sexualidad, al no verse ya bienvenida en la gran pantalla, emigró a las series, que se llenaron de momentos libidinosos y explícitos. Como apunta Sánchez, “la productora HBO se caracterizó por cargar las tintas en este asunto. Estaba Juego de tronos, que en sus primeras temporadas abusaba de las escenas de cama, aunque estas se fueron suprimiendo con el paso del tiempo. En Los Soprano había siempre que meter el local de striptease, aunque fuera con calzador, para que saliera una mujer desnuda. Sin embargo, ese destape también llegó a su fin en la mayoría de las series. Actualmente, Euphoria, de temática adolescente, y The Boys y Gen V, en torno a los superhéroes, son las series que contienen más escenas sexuales, pero es un tipo de sexo más marginal, con orgías y brutalidades”, aclara el crítico de cine.

Y, si en el universo audiovisual se echa de menos algo de lujuria y romanticismo, en el de las letras ocurre algo parecido, aunque 50 sombras de Grey haya logrado excitar las libidos más pedestres y sin muchas exigencias literarias.

Pedro Antonio Curto es periodista y escritor. También de novela erótica. Con Los amantes del hotel Tirana (Ediciones Irreverentes) ganó el IV Premio Ciudad Ducal de Loeches, y Los viajes de Eros y El tango de la ciudad herida son dos de sus obras eróticas que figuran en las mejores antologías de este género. “La pornografía se ha comido al erotismo en el cine y también en la literatura”, apunta. “El porno está asociado a la imagen, mientras el erotismo está más ligado a profundizar, a provocar sensaciones. Es algo más sutil que se está perdiendo. La sensualidad en el cine ha contribuido a crear el imaginario erótico, nos ha ayudado a fabricar nuestras fantasías, porque la imagen es siempre muy potente. Pero no debe ser demasiado explícita porque debe dejar su lugar para que la imaginación trabaje”, sentencia el también ganador de diversos premios literarios, entre ellos el Premio Internacional de Periodismo Miguel Hernández.

Curto reconoce que el cine le ha influenciado mucho en su labor de escritor erótico. “Recuerdo películas que me han marcado, como El imperio de los sentidos (1976) o El amante (1992); pero la literatura erótica es, a día de hoy, algo muy marginal. Ya no hay grandes colecciones de este género. Quizás ahora tiene más tirón el cómic erótico, pero porque es más visual y se acerca al porno”.

¿Ha cambiado la idea de lo que es erótico?

Los sexólogos suelen recomendar libros y películas eróticas a sus pacientes, por eso deben recurrir a ediciones como La Sonrisa Vertical o a cintas de veinte años atrás. “Lo que resulta más complicado aprender en sexualidad no son las prácticas sexuales, sino la parte erótico-sentimental, porque el erotismo es algo que tiene que ver con la intencionalidad de provocar excitación en el otro. Es algo sutil y creativo, donde el tiempo es determinante, porque no es cuestión de ir directamente al acto sexual sino recrearse en todo lo que hay alrededor, por eso se habla también de juego”, explica Francisca Molero, ginecóloga, sexóloga clínica y terapeuta del Centro Máxima, en Barcelona. “Este aprendizaje lo hacemos sobre todo a través de modelos, de conductas que vemos en otras personas, o en artes, como el cine o la literatura”, sostiene quien además es directora del Instituto Iberoamericano de Sexología y miembro de la Academia Internacional de Sexología Médica.

“Sin embargo, últimamente, el erotismo está cada vez menos presente en la sociedad, y parte del trabajo del cine es reflejar lo que está ocurriendo en el momento actual”, continúa Molero, también presidenta de honor de la Federación Española de Sociedades de Sexología (FESS). “Los jóvenes tienen menos relaciones sexuales que sus padres o abuelos, y no solo con otras personas sino consigo mismos. Les cuesta conectar, comunicarse, fantasear. Claro que también cabe preguntarse si el concepto de lo que es erótico ha cambiado. Tal vez lo que a nosotros nos parecía erótico cincuenta años atrás ya no lo sea para las nuevas generaciones, que lo encuentran en los bailes latinos (bachata o kizomba) o en el sexting. Lo que es seguro es que sin la dimensión erótica nos estamos perdiendo algo muy importante, yo diría que la esencia del placer”.

Mientras el deseo, empachado de fast food e imágenes explícitas, anhela bocados más gourmets, Juan Luís Sánchez responde sobre si la erótica volverá a la gran pantalla: “Seguramente. El wokismo está en franca recesión y cuando desaparezca volverá una nueva época de sexo, de imágenes libidinosas, no solo para un pequeño porcentaje de la población, sino para la gran mayoría”.

29 octubre 2025

Lagun mina (Amigo íntimo)_cortometraje

Ekaitz y Román se conocen en un albergue durante unas vacaciones, y se prometen amistad para toda la vida. Pero algo falla. O su vida es demasiado larga, o su promesa excesivamente débil. Ahora tendrán que asumirlo. 

Cortometraje dirigido por Jose Mari Goenaga, escrito por Aitor Arregi y producido por Moriarti Produkzioak y Pressure Filmak. Protagonizado por Eriz Alberdi y Diego Santos. Obtuvo el Premio al Mejor Actor en el Festival de Cortos de Paracuellos del Jarama, ex aequo para ambos protagonistas del corto. (Versión internacional en euskera y castellano con subtítulos en inglés.) 13 min. 

Por una Dehesa de Tablada verde y pública




La Mesa Ciudadana por Tablada, plataforma que agrupa a más de 40 entidades
cívicas, vecinales, ecologistas, culturales y sociales de Sevilla (ver Anexo II),
presenta el documento Tablada 2030. Nuestro objetivo fundamental e
irrenunciable es la recuperación de la Dehesa de Tablada como propiedad
pública, su preservación como un gran espacio verde prestador de servicios
ecosistémicos, destinado a la conservación del medio y al disfrute de la
ciudadanía.

La Dehesa de Tablada, con sus aproximadamente 360 hectáreas de llanura
aluvial junto al río Guadalquivir, representa un valioso tesoro para Sevilla y su
área metropolitana. El devenir histórico ha dado lugar a la afortunada
singularidad de que junto a una gran ciudad como de Sevilla, y en el centro de
un área metropolitana intensamente urbanizada, haya llegado hasta nuestros
días un enorme territorio libre contiguo al cauce histórico del río Guadalquivir.
Es una enorme oportunidad ambiental y social, en un contexto de emergencia
climática y creciente necesidad de espacios naturales accesibles. Tablada
emerge como un enclave estratégico para mejorar la calidad de vida y la salud,
proteger la biodiversidad y fortalecer la identidad cultural y paisajística de
nuestro territorio.

Este documento-propuesta Tablada 2030 se dirige públicamente a las
Administraciones competentes – Estado, Junta de Andalucía, Diputación
Provincial de Sevilla y Ayuntamiento de Sevilla – con una doble finalidad:
• Exponer de manera argumentada tanto a la ciudadanía como a las
autoridades responsables los incalculables valores históricos,
ambientales y sociales que atesora la Dehesa de Tablada, así como la
trayectoria de lucha ciudadana e intentos previos por asegurar su
protección y uso público.

• Proponer una hoja de ruta clara y viable para la adquisición pública de
los terrenos y la creación de un gran parque metropolitano, gestionado
a través de un Consorcio Público que garantice su conservación,
disfrute y legado para las futuras generaciones.

Creemos firmemente que la colaboración interadministrativa y la implicación
y participación de la ciudadanía son la clave para convertir el anhelo de una
"Tablada Verde y Pública" en una realidad tangible antes del final de esta
década. Este documento es una invitación al diálogo, al compromiso y a la
acción conjunta por un futuro más sostenible y saludable para Sevilla.

La presente propuesta ha sido aprobada en la asamblea de la Mesa Ciudadana
por Tablada celebrada el día 16 de Julio de 2025 en Sevilla.



24 octubre 2025

Ander

 


Un buen ejemplo de la diversidad lingüística del cine hecho en España es Ander. Hondura humana, ternura y mucha dignidad en esta cinta vasca (parcialmente bilingüe) de 2009, que recuerda a la británica God's Own Country (filme que permitió el lucimiento actoral de Josh O'Connor). ¡Cuán rico y diverso es nuestro cine en todas nuestras lenguas! Remasterizada por el décimo aniversario de su estreno, fue dirigida, escrita e imaginada por Roberto Castón, quien remata esta historia múltiple con un desenlace que es un alarde imaginativo. El actor Josean Bengoetxea nos regala una interpretación monumental. Las dos horas de metraje están plenamente justificadas. No se pierdan este clásico imprescindible de nuestro cine (premiado en su día en la Berlinale), una ficción memorable sobre un amor entre iguales que son diferentes, o viceversa. 
Disponible en Filmin. 
cmg2025



Se llama Festival DE CINE EUROPEO de Sevilla

Por CARLOS MARTÍN GAEBLER 

De la noche a la mañana, el Festival de Cine Europeo de Sevilla ha cambiado su nombre y ha pasado a llamarse simplemente Festival de Sevilla, para sorpresa de cinéfilos, ilustrados y europeístas de pro. Y no solo eso. El acrónimo SEFF, una marca ya incorporada a la nomenclatura cultural de la ciudad y al circuito internacional de festivales, ha desaparecido en esta vigésimo primera edición de toda la cartelería relativa al festival.

El mismo día de la inauguración tuve ocasión de toparme con Manuel Cristobal, director de la presente edición del certamen, en el vestíbulo del hotel Plaza de Armas y de preguntarle sobre esta cuestión, argumentándole que, el festival de cine europeo aporta cada año nueve días de cosmopolitismo y multilingüismo a una ciudad rancia y provinciana como es Sevilla. Le recordé que, mientras que el festival de Málaga está especializado en programar cine español, el de Sevilla tiene vocación de exhibir cine producido en Europa o por europeos, y que ambos festivales se complementan perfectamente. 

Aunque mi interlocutor, que insistía una y otra vez en que le tuteara, decía entender lo legítimo de mi razonamiento, me explicó, poniendo el dedo sobre la portada del programa de mano en la palabra Sevilla, que al nuevo equipo organizador del festival le interesaba, sobre todo, "promocionar la ciudad." Literal. ¿Pretende este Ayuntamiento utilizar el festival de cine para incrementar la turistificación que ya padece la ciudad? ¿Realmente necesita Sevilla más promoción aún? Saque el lector sus conclusiones.

En este punto debo reivindicar a tantos profesores y profesoras que en estos últimos veinte años hemos aprovechado la existencia del Seville European Film Festival (SEFF) y su carácter plurilingüe para promover la afición al cine en versión original entre nuestras alumnas y alumnos de lenguas extranjeras. Esta exposición al multilingüismo no debe caer en saco roto precisamente en una sociedad poco dada a hablar idiomas distintos del castellano. Demos la batalla por que nuestro festival siga mostrando sin complejos ficciones creadas por cineastas europeos o producidas por entidades europeas en cualquier lugar del mundo (el festival, además, está cofinanciado por la UE) para que las podamos visionar y escuchar en el próximo Festival de Cine Europeo de Sevilla 2025. cmg2024



Cine español y plurilingüismo


Por CARLOS MARTÍN GAEBLER

Las películas o series españolas bilingües me devuelven un poco la confianza en este raro y crispado país. La riqueza idiomática de nuestro cine, no siempre apreciada, ya forma parte de la marca España por todo el mundo. Un ejemplo: adentrarse en la excepcional serie “Merlí” y su secuela “Sapere Aude” (Atrévete a saber) nos regala la sensación de vivir y escuchar la Barcelona de nuestro tiempo, moderna, bilingüe y cosmopolita. Una ficción sobre la diversidad humana, escrita, dirigida e interpretada con inteligencia natural, que no artificial.

Todo debió empezar con la elegancia donostiarra de Edurne Ormazabal presentando en tres lenguas el Festival Internacional de Cine de San Sebastián o Donostia Zinemaldia, hábito que se fue repitiendo después año tras año. Continuó la costumbre multilingüe la espléndida Sardá presentando los Goya desde Barcelona. Y debió ser a partir de entonces cuando empezamos a oír a presentadores y a artistas premiados utilizar las cuatro lenguas españolas para saludar o agradecer los galardones: Boas noites, bona nit, gabon, buenas noches, moltes gracies, eskerrik asko, grazas, muchas gracias. 

Los títulos de películas relevantes de nuestro cine (también los nombres propios) nos permiten aprender, casi sin darnos cuenta, sustantivos, adjetivos, artículos o fonemas de otras lenguas españolas, y generar lo que podríamos llamar multiespañol. Así, logramos incorporar a nuestro vocabulario las flores y la desinencia de plural en vasco (Loreak), el pan negro (Pa negre), el verano (Estiu 93), la luna y la conjunción “y” en catalán (La teta i la lluna), el hermano y el posesivo masculino catalán (Pau i el seu germà), un gigante (Handia), la luna roja (Lúa vermella), las bestias y el artículo femenino plural gallego (As bestas), el artículo masculino singular gallego (O que arde) del filme de Oliver Laxe, o la pronunciación de una consonante seguida de “s” en final de sílaba (Els dies que vindran), del sonido /ks/ al final de palabra (Unax), o el sonido fricativo /sh/ (kaixo, caixa, Xavi, Laxe), similar al del inglés (she), como lo es también el sonido de la “s” sonora /z/ en catalán (De nens). Y no se rompe España por ello, sino que se vertebra.

Reconforta observar que cada vez son más los españoles que gustan de oír películas o series en otras lenguas, y en su versión original subtitulada, lo que está contribuyendo a ampliar su reducido abanico fonético (el castellano apenas cuenta con 24 fonemas o sonidos) y a mejorar su pronunciación de otros idiomas. 

Como sentenció Javier Calvo en la ceremonia vallisoletana de los Goya: “Amar el cine español es una de las formas más bonitas de amar nuestro país porque habla de nuestra cultura, de nuestra gente, de nuestros problemas y en nuestros idiomas.” Los españoles deberíamos mirarnos en el espejo de nuestros vecinos franceses y entender nuestra industria del cine como un asunto de Estado. Agur a tothom. cmg2024


08 octubre 2025

Gracias, Portugal, por descansarnos de España

Por IGNACIO PEYRÓ

El País, 5 de julio de 2025


Quienes nacimos en el lado difícil de los Pirineos siempre hemos tenido Portugal para aliviarnos de ese trabajo suplementario que ser español aporta a la vida. Portugal nos da el mejor de los mundos: lo familiar con lo distinto. Algunos comentan: “En Portugal no me siento en otro país”. Por el contrario, es pasar la raya y —en cuestión de metros— han cambiado las huertas y los bares, cambia la sentimentalidad y cambian los horarios. Somos distintos: hace ocho siglos que nuestras fronteras son tenaces. Cuando Ramalho Ortigão sube al tren en Portugal, el revisor dice: “¿Los señores quieren quedar en tierra?”. Cuando sube en España, los revisores gritan: “¡Viajeros al tren!”. Somos distintos.

A Portugal no le hemos dado nuestro perfil bueno. Tenemos la inercia de quedarnos Iberia —como nos quedamos Hispania— para nosotros. A cada poco nos referimos a Portugal como “país mediterráneo”. Los mismos españoles que entran en Francia con la cabeza gacha parecen manejarse en Portugal como si entraran a caballo. Y es mejor no preguntarse cuántos entre nosotros saben que Aljubarrota es una batalla y no una sopa regional. Con todo, quizá ha sido peor nuestro afecto que nuestra arrogancia. Lisboa sobrevivió a un terremoto, pero por poco no sobrevive a nuestros poetas: el amor a Portugal se ha resentido de tantas veces como hemos pronunciado la palabra saudade en vano. Así, igual que de cuando en cuando dejamos de pescar anchoa para que se recuperen los bancos, quizá estaría bien una moratoria pessoana y suspender por cinco años la venta del Libro del desasosiego. Entre apegos y desapegos, como fuere, el escepticismo del portugués es sólido: en otros siglos, algunos bajaban la persiana de la carroza hasta la frontera con Francia; en este, siempre ceñidos a los transportes, evitan el AVE Lisboa-Madrid.

Lo llamativo es lo bien que le ha ido de esta manera a Portugal. Siempre “alcanzó el favor del cielo sereno”, según Camoes, en sus pugnas con nosotros. España era un paria internacional mientras Portugal fundaba la OTAN. Magallanes fue el personaje más odioso del siglo de los conquistadores, pero ¿quién ha oído hablar mal de Magallanes? A ojos anglosajones, el imperio español consistió en saquear el oro mientras el portugués enseñaba al mundo comercio y ciencia: el hecho de mantener colonias hasta los años setenta no se ha explicado por rapiña imperialista, sino con el argumento de que algo bueno harían para durar tanto. Tuvieron la revolución más telegénica del siglo XX, mientras que Franco murió en un hospital adecuadamente llamado La Paz. Hoy manda un portugués en la UE, otro en la ONU, y hasta hace poco mandaba un tercero en la Champions.

Durante años he pensado que la lusofilia española era una manera de no estar donde tenemos que estar. A veces, una vanidad: el amor a un objeto que nos devuelve nuestro reflejo mejorado. Otras veces, una condescendencia: tenemos una molesta tendencia a que los portugueses nos parezcan muy monos. Y, en casi todos los casos, una trola. Por supuesto, en Portugal siempre había una redención estética: quizá la fraternidad nos deje fríos, pero por la fraternidade entran ganas de hacer una revolución. Como país, es un destino manifiesto para cuantos amamos la hiedra con la piedra. Permite la ensoñación estética de los palacios que se pierden entre la niebla —Buçaco— y de los que se encuentran —tanta arquitectura de veraneio— junto al mar. Portugal, en fin, ha sido reino del ocaso para tantos exiliados, que a nosotros al menos nos podrá ofrecer una rua da misericórdia, un sorbo de bucelas viejo, e incluso, si alguno fuma todavía, uno de los pitillos con el nombre más hermoso de la tierra: Português suave.

Durante años, sí, uno creyó que la lusofilia era una pasión que racionarse. Pero los años lo que hacen es pasar y al final uno se replantea las cosas. Quién tuvo más suerte. Quién lo hizo mejor. Quién cayó del lado bueno de la Península. En Portugal están preocupados: la política, el partido Chega!, etcétera. Pero, dada la situación de España, a veces tienta pensar que la solución no está en la unión sino —directamente— en la subordinación ibérica: ser un Estado títere de Portugal. Es la única solución que no probamos, cuando a saber si la clave para desbloquear el laberinto español no será una mente paternal en Lisboa que piense por nosotros y que llene de cilantro hasta nuestra vida pública. Es, claro, una broma. Pero por momentos uno quisiera que, al menos, fuera un sueño.

05 octubre 2025

“Escribir a mano sigue siendo insustituible”: por qué seguimos usando lápiz y papel en 2025




Leonard Cohen en 1967. Jack Robinson (Getty Images)


Por IANKO LÓPEZ
El País, 5 de octubre de 2025

Tecleamos más que nunca, pero el placer de tomar notas con libreta y bolígrafo no envejece. Varios escritores hablan sobre la magia de escribir a mano en un mundo atestado de ruido digital

Durante mucho tiempo escribí a mano. Al hacer entrevistas, además de usar la app de grabadora del móvil, tomaba notas a boli con una letra frenética, tan ilegible que ni a mí me habrían servido en caso de fallo del archivo de audio. Desde hace un par de años, sigo tomando notas en las entrevistas, pero lo hago con un ordenador portátil. A medida que habla la persona entrevistada, voy recogiendo en el documento solo la información relevante, descartando redundancias o titubeos. Lo que resulta una opción mucho más práctica, ya que estas notas ya no se limitan a constituir una alternativa a la grabación: al ahorrarme las tareas de transcripción y depurado, casi siempre acaban convirtiéndose en el plan A, la base de la que parto para elaborar la entrevista o el artículo definitivo.

Este cambio ilustra bien la diferencia entre la escritura manual y la que realizamos ante una pantalla. La segunda se acomoda mejor al paradigma utilitarista de la sociedad contemporánea, en el que la información escrita, inserta desde su nacimiento en el entorno digital, debe estar siempre lista para transformarse y ser difundida. Lo que convierte la antigua escritura manual en un teórico anacronismo, o en un ejercicio íntimo que no prolonga su alcance más allá de la propia persona que está escribiendo. Y, sin embargo, el bolígrafo y los cuadernos siguen perviviendo, como si los medios digitales a nuestro alcance –teléfonos móviles, tabletas, ordenadores portátiles o de sobremesa-, que cada día utilizamos de forma intensiva para generar información escrita, no fueran capaces de desplazar por completo ese otro acto cotidiano y al parecer necesario. Cabe preguntarse por qué.

Entre quienes se dedican a escribir como actividad profesional –que, al igual que el resto, suelen utilizar el ordenador como herramienta profesional de escritura–, no es raro que lo manual intervenga en algunas partes del proceso. Es el caso del escritor, articulista y académico Antonio Muñoz Molina (Úbeda, Jaén, 69 años), que responde a ICON por escrito con un e-mail (“no a mano”, especifica socarrón) sobre sus costumbres en cuanto a escritura. “Los artículos los escribo directamente en el ordenador, por la contabilidad exacta de palabras que requieren, y por supuesto el trabajo de escritura definitiva (por así decirlo) de un libro es en el ordenador”, explica. Y, sin embargo, lo complementa escribiendo “continuamente” a mano: “Notas y borradores completos de novelas, un diario, apuntes sueltos de cosas que se me ocurren, postales”. De este ejercicio valora sobre todo la sensación de libertad: “Puedo tirar p’alante sin pararme a pensar, como un músico que tiene un atisbo de algo y se pone a explorar a ver qué sale”.

Como él, su pareja, la también escritora y columnista Elvira Lindo (Cádiz 63 años) acostumbra a escribir a mano. En su caso, como parte de un proyecto que posee una dimensión funcional y otra estética: “Siempre tomo notas cuando estoy escribiendo una novela. Dedico un cuaderno especial a cada proyecto. También pego recortes sugerentes para embellecer mis apuntes. En mi última novela, En la boca del lobo, como la acción se situaba en un pueblo, pegaba los envoltorios de las magdalenas, las servilletas de los bares, alguna foto, dibujos de pájaros, incluso alguna receta del lugar. Luego se queda como recuerdo. También uso cuadernos para mis intervenciones en la radio o para los artículos, pero esos ya no los guardo”.

Cristóbal Polo (Cádiz, 42 años), que ha publicado un ensayo sobre la escritura en cuadernos titulado Cuadernística (Ed. WunderKammer), por el que desfilan desde poetas (Emily Dickinson) hasta novelistas (Franz Kafka) y cineastas (Jonas Mekas), también emplea un ordenador, pero parte del soporte material antes de ponerse al teclado. “Cuando escribo con una finalidad literaria, me cuesta teclear un texto que no haya pasado antes por el papel”, asegura. “¿Una simple manía adquirida en la infancia? Puede ser. Lo cierto es que cuando lo hago a mano, escribir me resulta más sencillo, más natural: la imperfección no me pesa y el error no me termina inmovilizando. Puedo seguir avanzando para tantear nuevas combinaciones hasta palpar la estructura y el ritmo del texto. En mis cuadernos hay de todo: instantáneas, conversaciones imaginarias, gérmenes de ideas o historias, notas de lectura, ocurrencias bizarras, dibujos y bocetos de poemas o narraciones. Y luego no quedan arrumbados en un rincón. Vuelvo a ellos con frecuencia y marco aquellas anotaciones que puedan serme útiles en el futuro. Cuando regreso a un cuaderno terminado, no soy ya la misma persona que lo escribió, y siempre me sorprende algo nuevo”.

La escritora madrileña Mercedes Cebrián (54 años), que además de publicar ensayos (el último, Estimada clientela, sobre la actividad de ir de compras, en la editorial Siruela) escribe artículos en medios de comunicación como EL PAÍS, también acostumbra a tomar notas preparatorias de sus trabajos, que termina mezclando con otro tipo de apuntes, también manuales. “Todas las listas de tareas y la agenda, los quehaceres, los levo a mano, porque si no, no los visualizo. Es como si en formato digital esas tareas no existieran o se las llevara el viento. Una vez hechas, las tacho, lo que es muy placentero para ciertas mentes. Llevo siempre un cuadernito para anotar lo que sea: desde este 2025 llevo un solo cuaderno que me dure todo el año y donde quepa todo, en lugar de llevar distintos cuadernos o agendas según el tipo de contenido”.

Podría pensarse que la costumbre de escribir a mano va desvaneciéndose a medida que disminuye la edad de los autores. Al fin y al cabo, los procesadores de textos ya estaban más que implantados cuando nacieron quienes conforman las nuevas generaciones de escritores. Pero el poeta, editor y crítico de arte Juan Gallego Benot (Sevilla, 27 años), también acostumbra a tomar apuntes manuales, según cuenta: “Tomo notas a mano y voy con mil cuadernos, aunque luego siempre escribo el texto a ordenador, o bien con el móvil. Los poemas tienen una cosa visual, y la tipografía de la máquina aporta claridad. Pero luego siempre corrijo a mano sobre lo impreso. Con el ordenador veo muy bien la estructura y la forma que tienen los poemas, y a mano pienso más en el ritmo, y también en cómo funciona de forma individual cada palabra”.

Conviene apuntar que, cuando llegó el ordenador, no fue al bolígrafo y la libreta a lo que reemplazó, sino a la máquina de escribir, que se había popularizado a finales del siglo XIX y que fue el instrumento mayoritariamente asociado con la escritura profesional durante gran parte del XX. Es célebre, por ejemplo, que Javier Marías (1951-2022) siguió utilizando hasta el final una máquina de escribir (una Olympia Carrera de Luxe eléctrica), lo que posiblemente constituía un anacronismo mayor que el que hoy pueda suponer escribir a mano.

La escritura manual favorece las manías y rituales, que por lo general adoptan la forma de un tipo específico de papel, de cuaderno o, con más frecuencia, de dispositivo de escritura. Cristóbal Polo utiliza unos cuadernos artesanales y personalizados, “pero en realidad vale cualquier cuaderno que decidamos convertir en un objeto con entidad propia que reclama ser completado. Por eso me parece tan importante que tenga un nombre, porque cada cuaderno es un mundo”. Por su parte, para Antonio Muñoz Molina los tarjetones de invitaciones a eventos sociales –menos habituales desde el advenimiento del email- presentan un reverso en el que ha escrito particularmente bien: “guardaba todas las tarjetas para eso”, asegura.

Mercedes Cebrián admite haber desarrollado “una filia o, mejor dicho, una parafilia hacia las papelerías y ciertas marcas de rotuladores finos, porque encuentro mucho placer en escribir a mano cuando el material responde bien”. Lo compara con el patinaje sobre hielo, por las “filigranas fluidas” que hacen los patinadores. También le gusta escribir con pluma, lo que acaso sí introduzca cierto elemento anacrónico en el asunto. Las plumas estilográficas de cartuchos, cuyo uso se extendió y consolidó en el último tercio del siglo XIX (antes de eso se escribía con plumas de ave o con plumillas metálicas, mojadas en un tintero), fueron sustituidas a gran velocidad por los bolígrafos desde su patente por el húngaro-argentino László Bíró en 1938.

Caracterizado por la pequeña bola en la punta que dispensa la tinta, el bolígrafo es hoy el instrumento de escritura manual más común. Antonio Muñoz Molina también emplea la estilográfica, por preocupaciones mediambientales: “Antes usaba rotuladores Pilot, pero volví a la pluma por no usar cosas desechables, que pueden acabar tristemente en el estómago de un delfín o de una tortuga marina”. Y aporta más detalles sobre su relación con los materiales: “Me gusta usar buenos cuadernos, de hoja en blanco o raya fina, y unas veces escribo con pluma y otras con lápiz. Me gustan casi todos los lápices, pero tengo debilidad por los amarillos y pequeños que hay en las bibliotecas de Estados Unidos. El lápiz te da más libertad todavía, y tiene también algo de sentido estético. El cuaderno mismo puede ser una incitación a escribir algo: un impulso nacido no de una inspiración previa, sino del atractivo del papel en blanco”.

La escritura es una actividad al mismo tiempo manual e intelectual, como recuerda Cristóbal Polo: “Bachelard escribió que la mano, que tiene sus propios sueños, nos permite imaginar nuevas formas de materia. No es solo un medio o un vehículo; de algún modo, la mano también nos ayuda a pensar. En esa misma línea, se han publicado recientemente algunos estudios científicos que sugieren que escribir a mano implica una mayor actividad cerebral que teclear, lo que favorecería la memoria, la atención y el aprendizaje”. Así lo expresa también Mercedes Cebrián: “Siento que la conexión mano-cerebro es muy importante. Además, creo que la escritura manual se acerca más a la lectura en voz alta que la escritura en ordenador. No solo se te queda mejor el contenido, sino que paladeas más el sonido de las palabras”.

De modo que el factor de disfrute sensorial debe también entrar en la ecuación. En su texto Variaciones sobre la escritura, el filósofo estructuralista y semiólogo francés Roland Barthes escribía que “hay quien siente (¿sentía) una voluptuosidad al escribir, al deslizar la pluma, al trazar el arabesco de las palabras sin ninguna consideración a lo que quieren decir”, lo que vuelve a llevarnos a la figura del patinador de hielo, para el que la ejecución de la pirueta que dibuja su rastro efímero sobre el hielo o en el aire es fin en sí mismo. De hecho, la caligrafía, la tradicional “buena letra”, habilidad cada vez menos valorada debido a los condicionantes del mundo contemporáneo, puede constituir un hilo invisible que enlace distintas generaciones, como le ocurre a Elvira Lindo: “Procuro esmerarme en la letra, que sea armoniosa. Mi madre tenía una letra muy bonita. Mi hermana mayor se la copió, yo copié a mi hermana, y mi hijo copió mi estilo escribiendo. Nuestras letras se parecen, y es bonito que hayamos heredado no ya un rasgo genético, sino algo aprendido en la escuela”.


El manual es también, en su caso, el medio escrito de preferencia para recoger y transmitir el afecto familiar: “En casa siempre nos escribimos postales para los cumpleaños o por Navidad. Tengo una caja con todas esas notas manuscritas que están llenas de amor y de anécdotas del momento. En Nueva York teníamos una pizarra en la cocina y ahí nos dejábamos recados con mucho humor”.

Los afectos intervienen en el elemento fetichista que también puede desplegarse ante la escritura manual, y explican el interés que siempre despiertan los manuscritos de los grandes autores de la historia de la literatura. Un aficionado a la obra de Marcel Proust, por ejemplo, puede permanecer como hipnotizado ante las páginas garabateadas de los folios que contienen los originales de En busca del tiempo perdido, con sus expansivas notas al margen, o de otros textos del autor, como pudo apreciarse en las exposiciones que se le dedicaron con motivo del centenario de su muerte en París, en 2022. Naturalmente, sería imposible reproducir esa aura en un conjunto de ficheros de Word.

Así pues, ¿es escribir a mano y en el ordenador esencialmente lo mismo, o se distinguen lo suficiente como para que podamos considerarlas actividades diferenciadas? Para Muñoz Molina la diferencia está en la libertad y la ligereza, mucho mayores en el caso de la escritura manual. “El cuaderno me permite escribir en cualquier parte, sin miedo a que se acabe la batería, y escribir aquello mismo que estoy viendo. Tiene algo de cámara de fotos”. Y Cristóbal Polo reivindica su carácter único e irremplazable en tiempos en los que nos bombardea un exceso de estímulos: “Creo que, más allá de la nostalgia, hay algo en el ritmo de la escritura a mano, en esa fusión entre palabra, pensamiento y trazo, que sigue siendo insustituible. Reivindicar esta forma de expresión es la mejor manera de proteger algo tan elemental como escaso en nuestros días: la atención. De hecho, podría decirse que experimenta un cierto renacimiento, más como un camino paralelo que como una oposición a lo digital”.

A lo que añade Antonio Muñoz Molina: “También disfruto mucho del ordenador, igual que en su momento disfruté de las máquinas de escribir portátiles. Con las herramientas me pasa como con los medios de transporte: me gusta caminar, correr, montar en bicicleta, conducir, ir en autobús, en metro... Se trata de disfrutar y de lograr no ya eficiencia, sino puro sentido común”.