23 abril 2021
18 febrero 2021
Las funciones de un móvil, según Juanjo Millás
20 enero 2021
Fotógrafo retrata la invasión de la tecnología en la vida de las personas
Una pareja está acostada en una cama. No se miran, se dan la espalda mientras cada uno está atento a un smartphone que no está ahí, es invisible. Esta imagen es parte de la serie Removed del fotógrafo estadounidense Eric Pickersgill en la cual el artista retira los dispositivos móviles de sus capturas con el fin de mostrar la adicción cotidiana a la tecnología.
Según informa el artista en su sitio web, encontró la inspiración para los retratos mientras estaba en un café de Nueva York. El fotógrafo contó al medio estadounidense que fue testigo de cómo una familia que estaba sentada junto a él estaba tan ‘desconectada’ de la realidad, pero conectados a los dispositivos. “Hablaban poco, el padre y sus dos hijas tenían sus teléfonos, pero la madre no tenía uno, o tal vez decidió guardarlo”, cuenta Pickersgill. “Entonces mira por la ventana, triste y sola en la compañía de su familia más cercana. El padre anuncia de vez en cuando alguna información que encontró en línea”, describió.
Una familia fue la inspiración del fotógrafo para realizar esta serie. Para poder captar las imágenes, el fotógrafo pidió a allegados suyos permanecer en una posición y sostener sus dispositivos electrónicos, luego se los quitó y tomó la foto. De allí salen 34 fotografías que se han viralizado en la red.
En su sitio web, el artista escribe sobre la situación que se vive actualmente por la tecnología. No deja de lado los “obvios beneficios que estos avances han dado a la sociedad”. Sin embargo, considera que también es importante notar que “las implicaciones sociales y físicas se están revelando poco a poco”.
Un hombre está parado en el medio de un cementerio y mira su teléfono. Una madre está sentada junto a su hija en un sillón, la mujer simula sostener un smartphone, la niña una tableta. No se miran ni hay interacción directa entre ellas. Para Pickersgill, en todas estas personas está esa familia que él tuvo la oportunidad de observar en Nueva York.
Para el fotógrafo, si bien la tecnología ha traído varios beneficios, está generando la pérdida de interacción real entre las personas.
“Veo a esta familia en la tienda, en aulas de clase, en la autopista e incluso en mi propia cama”, escribe. “Mientras me estoy quedando dormido junto a mi esposa observo que nos acostamos sobre nuestro costado y sostenemos nuestro pequeño, frío e iluminado dispositivo todas las noches”.
Así, las imágenes de la serie Removed representan escenas que el fotógrafo experimenta cada día. Gracias a la tecnología, las personas se sienten más cercanas que nunca, pero Pickersgill se pregunta hasta qué punto esas conexiones alejan a la gente de la realidad en la que viven.
Fuente: El Comercio, 14 de octubre de 2015
04 enero 2021
24 noviembre 2020
Las imágenes de cien años de ‘amor prohibido’ entre hombres
Dos coleccionistas estadounidenses muestran una selección de sus 3.000 fotos de enamorados entre 1850 y 1950
Por XAVI AYÉN
La Vanguardia,
Los tejanos Hugh Nini y Neal Treadwell empezaron a comprar fotos vintage de hombres en actitud amorosa en mercadillos de Estados Unidos hace veinte años. “La primera, en un anticuario de Dallas, datada en los años 20, dos hombres abrazados que se miraban”, recuerdan. Poco a poco, se lo fueron tomando más en serio, adquirían cada vez más, y para hacerlo acudían también a subastas, examinaban archivos familiares, rastreaban internet, viajaban por todo EE.UU. y Europa... El resultado es que han acabado construyendo una impresionante colección que alcanza ya más de 2.800 imágenes. A partir de hoy, comparten con los lectores una pequeña muestra, 300 fotografías que conforman el libro Loving (Duomo), acompañadas de un texto suyo y otros de algunos expertos.
La obra apareció hace un mes en Estados Unidos y ha ido llegando desde entonces a varios países europeos (además de España, Francia, Alemania, Italia...). Recoge imágenes tomadas a lo largo de cien años, entre 1850 y 1950, en los más variados entornos (doméstico, campestre, bélico, playero...) no solo en EE.UU. sino en lugares como Australia, Bulgaria, Canadá, Croacia, Francia, Alemania, Japón, Grecia, Letonia, Reino Unido o Rusia.

Mostrar sentimientos íntimos hacia otro hombre en ese período va más allá de lo anecdótico o personal, pues se trataba de una conducta ilegal, penada en todos los países donde se tomaron (en Carolina del Sur, hasta 1873, se podía castigar incluso con la pena de muerte). Esos retratos alegres y espontáneos ocultan historias de amor prohibido, situaciones muy difíciles, sentimientos reprimidos, ofensas y agresiones brutales. Pero se impuso, en cada uno de los ejemplos, el deseo de mostrar la relación, a pesar de los riesgos, lo que los coleccionistas llaman “un momento de determinación”.
Viendo las fotos que hoy salen a la luz –cuando se tomaron, eran clandestinas; a menudo guardadas en la cartera de los retratados o en un bolsillo secreto de la maleta, donde se encontraron algunas– parecería que es normal algo que en la sociedad no era aceptado, como si las imágenes fueran capaces de conjurar las sombras de la realidad.

Como recuerda en el libro el historiador de la sexualidad Régis Schlagdenhauffen, “no fue hasta finales de los años 60 que la opinión pública de los países occidentales empezó a reconocer la homosexualidad como forma de vida”. En 1962, Illinois eliminó de su ordenamiento el “crimen de sodomía”, que no fue definitivamente derogado a nivel federal hasta el año 2003.
Nini y Treadwell afirman haber sentido que tenían “una misión de salvamento de estas historias, que tienen entre setenta y ciento setenta años. Compartirlas se convirtió en una especie de obligación”, como si tuvieran que desvelar un secreto escondido.
El mensaje reivindicativo está apenas presente en el conjunto, como en la ocasión en que dos jóvenes con traje blanden un cartel en el que puede leerse: “No casados, pero deseando estarlo”. En otra foto –sin fecha, pero que podría ser hacia 1900– dos hombres fingen casarse en el bosque, cubiertos por un paraguas –entonces, símbolo de la unión romántica– ante un amigo que les bendice, solemne. Otros muestran anillos idénticos en sus dedos.

Aunque los coleccionistas, residentes en Nueva York, no pueden conocer la naturaleza exacta de las relaciones de los miles de modelos que aparecen en sus fotos (¿serán todas reales o hay algunas fingidas?, puede preguntarse el observador, o ¿no serán simplemente amigos?), aseguran que su criterio de elección fue la verosimilitud de la relación amorosa, e invitan al lector a imaginar los detalles de cada momento detenido en el papel, como el de dos soldados estadounidenses fotografiados en Kitzbuhel (Austria) durante la segunda guerra mundial, en 1945, abrazados en la nieve; aunque, en este caso, “ha sido la única vez que hemos obtenido una información directa, pues el sobrino de uno de los soldados se puso en contacto con nosotros para contarnos el final real de la historia de amor”.
Para evitar que se les cuelen fotos de simplemente amigos, cuentan, en el prólogo del libro, su peculiar método: “La decisión que nos lleva a adquirir o no una fotografía se basa en una regla. A veces, el abrazo deja bien claro que la relación va más allá del afecto o de la amistad, pero en caso de incertidumbre, miramos directamente a los ojos de los hombres retratados: la mirada que tienen las personas cuando están enamoradas es inconfundible. No se puede fingir. Y quien alberga ese sentimiento, no puede ocultarlo”. Junto a este método –más romántico que científico–, añaden, en otras ocasiones, pruebas elocuentes como los mensajes escritos en el dorso: “Tuyo para siempre”.
Ellos mismos, si fueran más viejos, podrían haber aparecido en las imágenes. Nini (coreógrafo) y Treadwell (gerente en el sector de la moda y la cosmética) se casaron en 2006 y llevan juntos treinta años. Admiten que la primera foto que compraron fue “porque era como vernos en un espejo”.

‘Loving’ muestra la diversidad. Por sus páginas desfilan agricultores, soldados, dandys, hombres de negocios, obreros, estudiantes, marineros, intelectuales, ricos y pobres... Lejos de la iconografía gay actual, predomina una compostura decorosa, muy de la época, llena de ternura e ingenuidad.
La tecnología utilizada es muy diversa (cien años de historia de la fotografía): ambrotipos, daguerrotipos, negativos en placas de vidrio, ferrotipos, tarjetas de visita, postales fotográficas, tiras de fotos, automáticas e instantáneas. Hay hasta un selfie tomado con ayuda de un mecanismo primitivo basado en un espejo que se patentó en 1902.

La mayoría de las imágenes cuentan con dos únicos protagonistas, pero a veces aparecen secundarios –a menudo, amigos– escenificando alguna composición. Otra lectura posible del volumen, con su ordenación cronológica, es verlo como un documento social de las transformaciones sucedidas en el salto del siglo XIX al XX, en campos como la moda, los peinados, el mobiliario, la actitud ante el fotógrafo o el diseño de los automóviles.
La pareja de coleccionistas desvelan sus imágenes, dicen, “en un momento histórico marcado por la desconfianza y la homofobia” para recordar “que el amor no hace distinciones de género”. “Esperamos –afirman– que nuestro libro reforzará, renovará o inculcará por primera vez la creencia de que el amor existe y que vale la pena luchar por él”.

Para ellos, “una pregunta filosófica recurrente es la siguiente: ‘Si un árbol cae en el bosque y no hay nadie alrededor que pueda escucharlo, ¿hace ruido?’”. Es decir, “si estas personas se quisieron y decidieron inmortalizar su amor en una foto, pero nadie lo ha visto, ¿se puede decir que su amor existió alguna vez o importó?”. Ven a sus fotografiados, pues, como “árboles caídos cuyo ruido, aunque tardíamente, ahora se escucha por primera vez. Son los sonidos de un abrazo, una mirada lánguida, el roce de una mano, la dulzura de una expresión, dos figuras tendidas en la hierba, una mejilla pegada a la otra”.





