20 diciembre 2008

Estadolatría

Por JAVIER PÉREZ ROYO

Hace unos años, a fin de ordenar de la manera más racional posible el calendario de días festivos en todo el territorio del Estado, y dado que resultaba irrenunciable que uno de tales días festivos fuera el 6 de diciembre, aniversario de la ratificación de la Constitución en referéndum por el pueblo español, se pretendió que dejara de serlo el día 8, festividad de la Inmaculada y que, en el caso de que alguna comunidad autónoma deseara conservarlo como festividad, que tal día figurara entre los días festivos que cada comunidad tiene competencia para establecer en su ámbito territorial. La presión de la Iglesia Católica fue de tal intensidad que, como es sabido, resultó imposible acabar con la festividad de la Inmaculada como fiesta nacional. Para un país que avanza hacia la estadolatría no está nada mal.
Hace unas semanas ha sido noticia una sentencia por la que se ordenaba a un centro escolar de Castilla y León que retirara el crucifijo de las aulas, sentencia que ha sido recurrida por la Consejería de Educación de aquella comunidad autónoma. Que después de 30 años de la entrada en vigor de la Constitución las aulas de un colegio público estén todavía presididas por crucifijos, también es una buena señal de avance hacia la estadolatría.
Como no deja de serlo la enorme cantidad de centros religiosos concertados y sostenidos, por tanto, con fondos públicos, o las clases de religión impartidas por profesores designados por los obispos pero pagados por el Estado, o la financiación de la Iglesia a través no de un recargo sino de una detracción de los ingresos del Estado en el IRPF, o la previsión de la asistencia religiosa en las Fuerzas Armadas con dotaciones de capellanías castrenses y tantas cosas más que no es posible enumerar en el espacio del que dispongo. Vuelvo a repetir que para un país que lleva 30 años deslizándose hacia la estadolatría no está nada mal.
Me cuesta trabajo pensar que el arzobispo Angelo Amato, prefecto de la Congregación Pontificia para las Causas de los Santos del Vaticano, desconozca la realidad de la presencia de la Iglesia católica en España y los privilegios de los que goza. Me cuesta trabajo pensar que desconozca que la situación privilegiada de la Iglesia católica en España no tiene parangón en Europa. Y de ahí que me resulte difícil entender con qué evidencia empírica puede llegar a la conclusión de que “España está avanzando hacia la estadolatría, hacia la intromisión del Estado cada vez más en la vida de las personas”.
Tengo la impresión de que en España ocurre lo contrario. No es que hayamos avanzado hacia la estadolatría, sino que no hemos avanzado prácticamente nada en 30 años en lo que a la aconfesionalidad práctica del Estado se refiere. Los avances que se han producido han sido consecuencia de la conducta de los ciudadanos, que cada vez son más laicos, pero no de la acción de los poderes públicos en los distintos niveles de gobierno, que son de constitucionalidad más que dudosa, por no decir que abiertamente anticonstitucionales.
Pues, como escribía ayer en las páginas de Opinión Jorge Urdánoz Ganuza, en su artículo titulado Neutralidad pendiente, la verdadera noticia no es que se retirara el crucifijo, sino que siguiera estando en una escuela pública, de la misma manera que la verdadera noticia es que se siga impartiendo la clase de religión de la forma en que se hace o que se financie a la Iglesia católica mediante la renuncia por el Estado de parte de la recaudación del IRPF. Todo esto sí que es noticia, o debería ser noticia, porque nada de ello cabe en la Constitución. No hay un terreno comparable a éste en el que la acción de los poderes públicos haya sido tan poco respetuosa de la Constitución.
Y además, para nada, ya que los propios privilegiados se rebrincan contra los poderes públicos que le están reconociendo unos privilegios sin cobertura constitucional. En la pasada legislatura tuvimos ocasión de comprobarlo en varias ocasiones y en ésta, en la que parecía que la belicosidad de la jerarquía católica iba a ser menor, se vuelven a calentar motores con declaraciones como las del arzobispo Amato a las que acabo de hacer referencia o con manifestaciones como la prevista para el día 28 en Madrid, nuevamente en defensa de la familia.
Más vale una vez rojo que ciento amarillo, dice un conocido refrán. Creo que sería de aplicación oportuna en este terreno. ¿Por qué no se denuncian de una vez por el Estado los Acuerdos con la Santa Sede y se aplica la Constitución en lo que a la separación de la Iglesia y el Estado se refiere? Ya está bien de soportar lo que ningún Estado democrático debe soportar.
El País, sábado 20 de diciembre de 2008.

04 diciembre 2008

Doñana desde el aire

03 diciembre 2008

¡Cuestión de orgullo!

JOSE IGNACIO DIAZ CARVAJAL
O cómo construir una identidad gay saludable
Todavía hay gente homosexual a la que el hecho de que se les hable del Orgullo Gay les rechina, o les molesta. Como si no fuera necesario conmemorar un día de lucha por la causa homosexual. Igual lo asocian con una marchas en las que abundan gente con pluma, o disfrazada festivamente (“que escandalizan, y no ayudan a la normalización”, dirían estos), o consideran que ser gay es un asunto que solo tiene que ver con lo que haces en la cama, y, “eso, ¿a quién le importa?”
Creo que es muy importante hablar de Orgullo Gay, porque tenemos que tener en cuenta nuestra historia, y saber cómo hemos llegado al momento presente. Y que para llegar aquí han hecho falta décadas de lucha. Que hemos sufrido siglos de oprobio y violencia. Que nos han tratado como monstruos o seres de segunda.
Los logros actuales de tipo social o político, no han llegado llovidos del cielo, o por la gracia benefactora de nuestros últimos gobiernos. Los hemos conseguido luchando, siendo visibles y el terreno ganado hay que seguir manteniéndolo, firmemente, si no queremos que nos lo coman los reaccionarios o los desinformados.
Hay que insistir en estar orgullosos de ser gays, para potenciar una visión positiva de nosotros mismos, ante los demás y frente a la autonegatividad y la homofobia interiorizada. En general, y son muy pocos a los que no les ocurre esto, la gente acepta su homosexualidad a través de un proceso duro, de aclaramiento personal, de lucha contra la idea de ser de esta manera. Acompañados de sentimientos de vergüenza o de culpa, por ser así. Y cuesta aceptarse del todo.
Esta culpa y esta vergüenza, nos llevan a intentar mantener en secreto nuestras dudas o inquietudes sobre nuestra verdadera identidad. Y nos marcan una forma de comportamiento y estilos de ser, en los que predomina, usualmente, cierta desconfianza, cierta sensación de falta de derechos, la tendencia a complacer, tener miedos…
Nuestros adolescentes LGTB siguen sufriendo esta vergüenza y esta culpa, en un grado que parecería extraño, teniendo en cuenta los avances políticos o sociales. Pero no hay tanto avance, cuando vemos el grado de homofobia en nuestros centros escolares, o las tasas de suicidio entre adolescentes, por motivos de orientación sexual. Cada adolescente se plantea su vida como un ser único, y en principio, siente poca ayuda a sentirse seguro de su orientación sexual, y no está seguro de que va a seguir siendo querido y apoyado por la familia, los amigos, los profesores… La mayoría de los adolescentes se encuentran con la duda de si sus padres los aceptarán, o de si sus compañeros no les harán ostracismo. Ellos mismos saben que la familia puede estar políticamente de acuerdo con la homosexualidad, pero no van a estar de acuerdo si es la de un hijo o hija. Lo mismo los amigos.
Por eso, tras toda esa lucha por conseguir una identidad sana y segura, integrada en nuestro ambiente social, lo menos que podemos sentirnos es orgullosos de todo el proceso realizado, de haber conseguido logros que nos parecían imposibles (asumirnos como gays o lesbianas), y que no renunciamos a ser nosotros mismos, en todo lugar y situación. Sentir vergüenza o culpa sería darles la razón a aquellos que, a sabiendas (los reaccionarios), o sin mala voluntad (algunos familiares), nos han maltratado, han abusado de nosotros emocionalmente (al pretender que fuéramos de otra forma y al denigrarnos y desvalorizarnos por ser gays o lesbianas).
Lo que tenemos que sentir es orgullo de ser como somos, y no avergonzarnos ni un ápice, y menos culparnos de nada. Los que se tienen que sentir culpables o avergonzarse, son aquellos que nos han rechazado e insultado, fueran familiares, o los que pretendían ser nuestros amigos.
Cuando uno está orgulloso, se valora, se reivindica en cada gesto espontáneo de su comportamiento. Y si a alguien le molesta ese orgullo, es por su homofobia y no concibe que uno esté orgulloso de ser, naturalmente, como es: de una manera estupenda de ser, que uno no escoge nunca, que no es una “opción sexual”, sino una orientación, tan buena o tan sana como cualquier otra. Y que conforma un ejemplo de la diversidad del ser humano. Y dentro de los propios gays y lesbianas hay una inmensa diversidad que también hay que respetar, aunque a algunos les moleste, porque crean que no nos acerca a ser “normales”. Es preferible ser un “anormal” a ser un intolerante o un homófobo.
Revista Zero 109junio 2008

27 octubre 2008

There's probably NO GOD


ELVIRA LINDO
El País
, 26 de octubre de 2008

El eslogan ha empezado a viajar en los laterales de los autobuses londinenses: "Es probable que Dios no exista. Ahora, deja de preocuparte y disfruta de la vida". La idea se le ocurrió a la escritora Ariane Sherine como manera de contrarrestar los mensajes amenazantes, de infierno y maldiciones, con que la Iglesia suele calentar los oídos a los no creyentes. Diversas asociaciones que defienden la idea de un país laico se aplicaron a la tarea de recaudar dinero para la campaña, y ahora les sobra para empezar a exportarla a otras ciudades británicas. Lo que me divierte del asunto es la fineza del mensaje y la falta de agresividad que encierra. Muy inglés. Habría que estudiar cuál es la razón por la cual los ingleses transforman su antológica frialdad de trato en un gran sentido de la ironía en todo cuanto escriben, y los españoles pasamos de esa simpatía con la que adornamos la vida diaria a la gran mala follá en cuanto nos ponemos a expresarnos por escrito, algo que hemos convertido en cualidad vernácula. Entre nuestras cualidades no está la de distinguir entre sentido del humor y mala hostia. Incluso la Iglesia británica ha dado muestras de buen talante; enterada de que Richard Dawkins, el autor de El espejismo de Dios, había sido una de las personas que más dinero había aportado a la campaña, contestó a través de su portavoz de la manera más elegante posible: "Nos alegramos del interés continuado que el señor Dawkins muestra por Dios; eso anima el debate", añadiendo que "a los creyentes no nos preocupa el hecho de disfrutar o no de la vida. Muy al contrario, nuestra fe nos libera para poder ver esta vida desde la perspectiva apropiada". Que Dios me perdone, pero no podría imaginarme un debate en estos términos en España. A la Iglesia española le han salido en los últimos tiempos portavoces voluntarios más papistas que el Papa, y hay medios de comunicación que distraen al espectador a diario con imágenes de supuestos fetos de seis meses triturados y palabras como genocidio o tortura guantanamesca. Mal le irá a la Iglesia si su forma de atraer a posibles fieles es llamando asesina de fetos o de embriones a la mitad de la población. Bien podrían aprender del historiador británico Fernández-Armesto, que, aun siendo creyente, criticaba, en un artículo publicado recientemente en El Mundo, la inclusión, por parte de la inefable Palin, del aborto como asunto electoral, porque a su juicio distorsionaba el debate político. Señalaba también el historiador que una de las cualidades de la cultura española que más le atraían era la capacidad de hablar de cualquier asunto, por polémico que sea, en una cena, algo imposible, decía, en la cultura anglosajona. Ay, no sabe el profesor cuántos amigos se pierden aquí a los postres por decir, ni más ni menos, lo que uno piensa. Aunque a lo mejor hay que mirarlo de otra manera: si los amigos se pierden por eso, no serían tan amigos. Pero, en fin, no sólo la Iglesia española se muestra agria en sus debates, también los ateos tienden a expresarse aquí con aspereza, con ese me cago en Dios y esa incapacidad para entender que detrás de un creyente no tiene por qué haber un facha redomado...

27 septiembre 2008

El rayo captado

Foto: José Manuel Sánchez 2008

26 septiembre 2008

Dancers in motion


07 septiembre 2008

Juego Secreto_Miguel García Delgado

Juego secreto. Bronce. Miguel García Delgado, GEA, 1993.

Barcelona

Por RAMIN HAJANBEGLOO

... Barcelona es una ciudad a la medida humana, en la que existe un compromiso intelectual con el arte y la cultura. Cuando uno camina por las calles de Barcelona, sigue literalmente los pasos de gigantes como Salvador Dalí, Joan Miró, Antoni Gaudí, Isaac Albéniz y muchos otros. Ésta es una ciudad en la que ha habido un proceso permanente de aprendizaje a base de escuchar. Barcelona es una ciudad global con un ritmo cosmopolita. Lo que la hace tan especial es que es una ciudad que pertenece a todos porque no pertenece a nadie.

Barcelona es una ciudad que contiene todas las creencias y todas las culturas. Es una ciudad comprometida con un espíritu de la diversidad que le da su forma y su textura especial. Desde luego, son muy pocas las ciudades actuales que pueden exhibir tan intensamente su diversidad como un sentimiento de pertenencia y una forma de solidaridad entre las diferencias. Esta perspectiva transcultural da a una ciudad la oportunidad histórica de pluralizar su identidad.
Muchas ciudades consideran que la inmigración cuesta dinero a la Hacienda pública y diluye la cultura nacional. Pero en el caso de una ciudad como Barcelona, en la que desea vivir y trabajar gente de todo el mundo, la diversidad no sólo promueve la innovación, que, a su vez, impulsa el crecimiento económico, sino que también crea un sentimiento de comunidad que establece un equilibrio entre la promesa de libertad y una ética cosmopolita de apertura al otro. Este imaginario social cosmopolita tiene la firme ventaja de que reconoce los problemas del "derecho a una ciudad" y, al mismo tiempo, aborda la importante cuestión del "derecho de la ciudad".
Los que la escogen como propia sienten que comparten un horizonte común con Barcelona como ciudad cosmopolita. Ese derecho a unirse en Barcelona y a compartir su destino es el que da a la ciudad el derecho a ser distinta de todas las demás. La visión de Barcelona como "una unión de extraños" genera una dinámica poderosa porque da prioridad a la lógica de la solidaridad entre las diferencias.
Como consecuencia, debemos estar siempre atentos al hecho de que Barcelona, como horizonte común de diálogo entre extraños, es un gran lugar de aprendizaje para los representantes de distintas tradiciones religiosas y culturas étnicas. Lo más importante es que este espíritu de diálogo presente como auténtico cimiento de Barcelona es el que establece los criterios para el reconocimiento del otro en nosotros. El diálogo sólo puede ser fructífero entre personas que son distintas unas de otras y que respetan mutuamente sus diferencias. Por tanto, el diálogo como una facultad de comunicación que implica "hablar" y "escuchar" tiene la capacidad de contribuir a la supervivencia y el crecimiento de nuestra propia diferencia.
Lo que pide una cultura del diálogo no es sólo tolerar, sino afirmar las diferencias por sí mismas y como forma de facilitar un sentimiento de solidaridad y pertenencia común. Implica más que una mera filosofía de "vive y deja vivir". Parte de la premisa de que cada cultura y tradición sólo puede mantener su identidad en un contexto en el que hay una preocupación por la humanidad en general. Es decir, la diversidad sólo puede florecer en un espacio en el que hay un reconocimiento general de su valor.
Barcelona es una ciudad que encuentra su significado en la inclusión del otro, en su diferencia. Es ese derecho a seguir siendo otro el que da a Barcelona su derecho a reivindicar su posición como ciudad de interculturalidad. Como tal, es un espacio de cultura cívica cosmopolita, no a pesar de nuestras diferencias y divergencias, sino gracias a nuestras diferencias y divergencias.
En esta visión de Barcelona, es posible construir un valor común, una especie de coesencia e interrelación, que no pretende borrar las diferencias ni la heterogeneidad, porque los barceloneses muestran la capacidad de vivir juntos -con sus múltiples diversidades-, si no en amistad profunda, sí al menos con una profunda capacidad de inclusión y comprensión mutua. Para estar a la altura de la famosa cita de Einstein de que "una persona empieza a vivir cuando es capaz de vivir fuera de sí misma", hay que crear la conciencia de que el sentimiento de ser, ante todo, barcelonés, empieza ahí. Empieza en el esfuerzo incansable para comprender una ciudad plural como Barcelona, eliminando las causas y las condiciones que crean y perpetúan las polaridades de "nosotros" y "ellos".
... Una ciudad no existe sólo como sujeto colectivo con una identidad y un interés estables. Una ciudad es un espacio para contactos capaces de reunir distintas identidades para formar una esfera pública. Y lo más importante es que una ética común de mutua comprensión cultiva un sentido común de pertenencia a una ciudad. Además, no hay una "ciudad cerrada civilizada" que proteja su identidad contra la influencia de otros. Sencillamente, porque una ciudad que teme otros espacios de identidad y no puede entablar diálogo con ellos no puede dialogar, en absoluto, con su propio pasado, presente y futuro. Por consiguiente, para conversar con otras ciudades y culturas, es preciso que una ciudad se abra a otros y, al mismo tiempo, entable un diálogo autocrítico consigo misma. Eso es lo que hace que Barcelona sea una ciudad diferente y una ciudad de diferencias. Su apertura a la pluralidad de opiniones y valores permite que sus ciudadanos se abran a una variedad mucho mayor de posibles valores comunes en el ámbito mundial. Es decir, Barcelona es una ciudad global porque representa un refugio pacífico para aquellos que buscan compartir sus diferencias con otros, pero también porque Barcelona posee un espíritu que es mayor que la suma de sus partes. Ése es el auténtico mensaje de diversidad que Barcelona ofrece a España, Europa y el mundo en el Año del Diálogo Intercultural. (El País, 6 de septiembre de 2008)
Ramin Jahanbegloo, filósofo iraní, es catedrático de Ciencias Políticas en la Universidad de Toronto. Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia.

07 agosto 2008

10 Reasons Why Gay Marriage is Wrong :)

At last, clear and concise reasoning to help you sort out this very controversial issue :-)
01) Being gay is not natural. Real Americans always reject unnatural things like eyeglasses, polyester, and air conditioning.
02) Gay marriage will encourage people to be gay, in the same way that hanging around tall people will make you tall.
03) Legalizing gay marriage will open the door to all kinds of crazy behavior. People may even wish to marry their pets because a dog has legal standing and can sign a marriage contract.
04) Straight marriage has been around a long time and hasn't changed at all; women are still property, blacks still can't marry whites, and divorce is still illegal.
05) Straight marriage will be less meaningful if gay marriage were allowed; the sanctity of Britney Spears' 55-hour just-for-fun marriage would be destroyed.
06) Straight marriages are valid because they produce children. Gay couples, infertile couples, and old people shouldn't be allowed to marry because our orphanages aren't full yet, and the world needs more children.
07) Obviously gay parents will raise gay children, since straight parents only raise straight children.
08) Gay marriage is not supported by religion. In a theocracy like ours, the values of one religion are imposed on the entire country. That's why we have only one religion in America.
09) Children can never succeed without a male and a female role model at home. That's why we as a society expressly forbid single parents to raise children.
10) Gay marriage will change the foundation of society; we could never adapt to new social norms. Just like we haven't adapted to cars, the service-sector economy, or longer life spans.

05 agosto 2008

El derecho al exceso

EDUARDO MENDICUTTI

Hoy se celebra en Madrid y en otras ciudades españolas el Día del Orgullo Gay. Lo cual significa que, por lo que respecta a Madrid, habrá a última hora de la tarde una manifestación festiva que comenzará en la Puerta de Alcalá y terminará en la Puerta del Sol, con exuberantes carrozas llenas de drag queens estrepitosas y musculosos chicos semidesnudos, música discotequera a toda pastilla, hombres y mujeres de aspecto convencional acompañando a pie a la cabalgata, y alguien que leerá al final, parece que por primera vez encima de una tarima --por deferencia del Ayuntamiento-- y no de una furgoneta, un texto supongo que vibrante. Después, por la noche, la juerga seguirá en Chueca y en locales de ambiente --qué expresión tan antigua, por Dios--, y se alargará hasta primeras horas de la tarde del domingo. Cualquiera que lea la descripción que acabo de hacer de este guirigay, y nunca mejor dicho, sacará la conclusión de que me parece mal, que lo considero una estridente caricatura andante de la condición homosexual, una imagen distorsionada y parcial hasta lo ofensivo de la homosexualidad. En absoluto. Es una fiesta, una bulla, un jolgorio, una expresión de vitalidad y ganas de pasarlo bien, un acontecimiento anual en el que gays y lesbianas sacan a la calle su lado juerguista y feliz y se comportan como cualquier colectivo ciudadano, generacional o profesional metido en fiesta: con una estimulante y destrozona apuesta por la risa y la exageración. Ya sé que aún quedan algunos convencidos de que lo que gays y lesbianas deberían organizar es una flagelación colectiva en la Plaza mayor. Otros optarían por un concierto de música clásica a cargo de un orfeón en el que estuviera representado, en aquilatados porcentajes, todo el abanico de la tipología homosexual, desde lo más explosivo a lo más discreto. Y también sé que para algún homosexual, o asimilado, partidario de ser reivindicativos sin interrupción, divertirse es siempre claudicar. A pesar de todos ellos, un número no desdeñable de gays y lesbianas ejercerá hoy su derecho al exceso público y a la visibilidad ruidosa y abigarrada --como en la Feria del Libro, como en los Carnavales, como en la Romería del Rocío-- y el mundo parecerá distinto al menos en un trozo de ciudad, al menos una tarde. Después volverá el día a día, y muchos de los que esta tarde tirarán la discreción por la ventana lucharán con gallardía por sus derechos y por su dignidad.
El Mundo, sábado 26 de junio de 1999

13 julio 2008

Volar ya no es lo que era

28 junio 2008

El equipo de España


Por JOSÉ SÁMANO

El grupo de Luis Aragonés ha espantado todos los fantasmas y afronta el éxito con una normalidad absoluta. Está al margen de otras disidencias y despierta admiración en todos los rincones. Un paseo por la Gran Vía madrileña, las ramblas de Cataluña, el casco viejo de Bilbao o la Triana sevillana no delataría a chicos de aspecto tan convencional como Casillas, Capdevila, Cesc, Xavi, Alonso o Iniesta. Unos de los nuestros. Al fin y al cabo, son el prototipo de español medio por estatura, físico y camerino. A su lado desfilan Cazorla y Villa, dos asturianos profundos; Senna, un brasileño adoptivo; Marchena, Güiza y Ramos, andaluces con raíces, y Silva, un canario peninsular afincado en Valencia. Han conseguido extrapolar el debate Madrid-Barcelona, con lo que eso significa

Todos juntos, con el resto, han despojado a España de sus fantasmas y mañana se enfrentarán al éxito total, ante Alemania, con una normalidad absoluta, la principal seña de identidad de esta selección triunfante.

Un grupo que ha conseguido extrapolar el debate Madrid-Barcelona, con lo que eso significa deportiva y sociológicamente en este país. La tradicional bipolaridad de ambos clubes había marcado siempre a una selección tan identitaria. Ahora, la España de los clubes ya no tiene tanto acento. El Real Madrid cuenta con dos jugadores -el mostoleño Casillas y el sevillano Sergio Ramos-, el mismo número que en 1964, cuando en la victoria ante la antigua Unión Soviética sólo se alistaban Zoco y Amancio. El Barça, mejor representado, tiene el sello de Puyol, Xavi, Iniesta y Cesc, ahora en el Arsenal, no todos catalanes ni los únicos catalanes.

Por una vez, ésta es la España de merengues, culés, asturianos, jerezanos, canarios, sevillanos, manchegos, valencianos, vascos... El equipo de España en el que se impone la normalidad, el equipo de todos, tan patriótico como global.

Cuesta creer que Casillas sea un demonio en Cataluña o Xavi el lucifer de Madrid. Estos chicos no entienden de esas cuestiones cavernarias. Se identifican por múltiples nexos, tienen los mismos gustos, no son demagogos y no hiperbolizan con cuestiones tan sensibles para generaciones anteriores como la letra del himno, la bandera, el toro y el tricornio. El fútbol les une y están al margen de otras disidencias. Conscientes de que en este tipo de campeonatos la transferencia de sentimientos nacionalistas, centrales o periféricos es inevitable, son jóvenes futbolistas ajenos a las manipulaciones, los excesos y los oportunismos de aquéllos que aprovechan cualquier rendija para agitar de forma torticera el debate del que se alimentan. No se sienten en deuda con el pasado futbolístico español, no se dan por aludidos ante aquéllos que de forma machacona les intentan atormentar con viejas cicatrices. Nada que ver. Ellos sólo son parte de un concilio, el fútbol, su cordón umbilical, sin otras aristas, sin claves geográficas ni rancias simbologías.

Ése es su éxito. Despiertan la misma admiración en todos los rincones porque no excluyen a nadie. No son sectarios ni ventajistas, e interpretan el deporte como un cauce más para alcanzar la gloria. La misma que encumbra a Rafa Nadal, Alberto Contador, Pau Gasol o Fernando Alonso. No hacen lecturas torcidas de sus victorias, en las que se identifican con todos y a todos hacen sentirse partícipes.

El deporte ha sido capaz de motorizar a una España moderna y el fútbol, por su gran altavoz siempre sometido a posibles tentaciones manipuladoras, se ha quitado la caspa. Lo ha conseguido esta generación de futbolistas. Ésa es su mayor victoria, su gran contribución. 
El País, 28/06/2008