01 mayo 2026

Machitos resentidos

Por NAJAT EL HACHIMI, El País, 01.05.26

Compadecerse de los adolescentes por la pérdida de sus privilegios patriarcales les perjudica; hay que animarles a que se pongan las pilas.

Pobrecitos míos, esos chavales reaccionarios. Hay que entenderlos. Claro, ¿cómo no se van a sentir mal si están todas las chicas adelantándoles a derecha e izquierda, formándose más, sacando mejores notas, organizando mejor sus vidas? ¿Cómo no nos van a dar pena si resulta que ellas saben bien lo que quieren y ya no están para aguantar a niñatos posesivos, ni dispuestas a sufrir ni por amor ni por sexo ni por príncipes de ningún color? Ni un segundo hemos tardado en justificar su pataleta contra el cambio cultural de la igualdad y lo que les pide: que renuncien a los privilegios de género que vienen heredando desde hace siglos por simple razón biológica mediante esa sólida estructura llamada patriarcado. No, hay que entenderlos a ellos, tan frágiles, tan heridos por esa charla sobre violencia que les dieron un día en el instituto. No es el machismo lo que los hace machistas sino el feminismo, mira tú por dónde. ¿Cómo se explica que un niño que ha crecido en las mismas aulas que sus homólogas femeninas de repente llegue a la adolescencia y se declare partidario de un orden antiguo hegeliano en el que el esclavo siempre se flexiona en femenino? ¿Cómo unas criaturas con madres trabajadoras, fruto de parejas que se escogen y se vinculan libremente (para eso está el divorcio) puedan transformarse en aspirantes a machos dominantes? ¿Cómo, pero cómo puede ser que habiendo crecido en una sociedad en la que hay maestras, médicas, funcionarias, mujeres policía o soldado, cómo se puede tener por normal esa rebelión contra lo que no es más que una cuestión de equidad y justicia? Pobrecitos, repiten, no mojan porque ellas se han vuelto exigentes, desean y aman siendo fieles a sí mismas, sin someterse y claro, los que no las quieren así, emancipadas e independientes, no tienen opciones. Y por ellos debemos llorar, nos dicen. Como las madres de antes, que sentían pena por el niño al que todo le costaba mientras que a la niña le mandaba hacerle la cama, fregar los platos, recoger la ropa sucia del hombrecito de la casa. Y esa compasión por los machitos destronados los perjudica a ellos aunque no lo vean. En vez de acompañarlos en el lloriqueo alguien (a ser posible un hombre adulto) debería decirles que se pongan de una vez las pilas, que si quieren llegar a sus compañeras no les queda otra que cambiar de cultura y sumarse a la del feminismo. Y que esos que les susurran a través de las pantallas que volverán tiempos pasados de dominación masculina no son más que timadores embusteros que los están llevando a engaño. Y en masa.

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