José Font, fotógrafo lleno de imaginación e inquietud cultural, y brillante antiguo alumno, ha codiseñado este timelapse de la Sevilla moderna y clásica a partir de la concatenación digital de 12.000 imágenes fijas. Disfrútalo a pantalla completa. ¡Toda una gozada visual!
25 abril 2014
20 abril 2014
Salir de la barbarie
Por Mario Vargas Llosa
El Perú tiene en estos días una oportunidad para dar un paso más en el camino de la cultura de la libertad, dejando atrás una de las formas más extendidas y practicadas de la barbarie, que es la homofobia, es decir, el odio a los homosexuales. El congresista Carlos Bruce ha presentado un proyecto de ley de Unión Civil entre personas del mismo sexo, que cuenta con el apoyo del Ministerio de Justicia, la Defensoría del Pueblo, de las Naciones Unidas y de Amnistía Internacional. Los principales partidos políticos representados en el Congreso, tanto de derecha como de izquierda, parecen favorables a la iniciativa, de modo que la ley tiene muchas posibilidades de ser aprobada.
El Perú tiene en estos días una oportunidad para dar un paso más en el camino de la cultura de la libertad, dejando atrás una de las formas más extendidas y practicadas de la barbarie, que es la homofobia, es decir, el odio a los homosexuales. El congresista Carlos Bruce ha presentado un proyecto de ley de Unión Civil entre personas del mismo sexo, que cuenta con el apoyo del Ministerio de Justicia, la Defensoría del Pueblo, de las Naciones Unidas y de Amnistía Internacional. Los principales partidos políticos representados en el Congreso, tanto de derecha como de izquierda, parecen favorables a la iniciativa, de modo que la ley tiene muchas posibilidades de ser aprobada.
De este modo, el Perú sería el sexto país latinoamericano y el 61 en el mundo en reconocer legalmente el derecho de los homosexuales de vivir en pareja, constituyendo una institución civil equivalente (aunque no idéntica) al matrimonio. Si da este paso, tan importante como haberse por fin librado de la dictadura y del terrorismo, el Perú comenzará a desagraviar a muchos millones de peruanos que, a lo largo de su historia, por ser homosexuales fueron escarnecidos y vilipendiados hasta extremos indescriptibles, encarcelados, despojados de sus derechos más elementales, expulsados de sus trabajos, sometidos a discriminación y acoso en su vida profesional y privada y presentados como anormales y degenerados.
Ahora mismo, en el previsible debate que este proyecto de ley ha provocado, la Conferencia Episcopal Peruana, en un comunicado cavernario y de una crasa ignorancia, afirma que el homosexualismo “contraría el orden natural”, “atenta contra la dignidad humana” y “amenaza la sana orientación de los niños”. El inefable arzobispo primado de Lima, el cardenal Cipriani, por su parte, ha pedido que haya un referéndum nacional sobre la Unión Civil. Muchos nos hemos preguntado por qué no pidió esa consulta popular cuando el régimen dictatorial de Fujimori, con el que fue tan comprensivo, hizo esterilizar manu militari y con pérfidas mentiras a millares de campesinas (haciéndoles creer que las iba a vacunar), muchas de las cuales murieron desangradas a causa de esta criminal operación.
Hace algunos años, me temo, una iniciativa como la del congresista Carlos Bruce (quien, dicho sea de paso, acaba de ser amenazado de muerte por un fanático) hubiera sido imposible, por la férrea influencia que ejercía el sector más troglodita de la Iglesia católica sobre la opinión pública en materia sexual, y, aunque en la práctica el homosexualismo fuera la opción ejercida por una franja considerable de la sociedad, este ejercicio era riesgoso, clandestino y vergonzante, porque, quien se atrevía a reivindicarlo a cara descubierta, era objeto de un instantáneo linchamiento público. Las cosas han cambiado desde entonces, para mejor, aunque todavía quede mucha maleza por desbrozar. Veo, en el debate actual, que intelectuales, periodistas, artistas, profesionales, dirigentes políticos y gremiales, oenegés, instituciones y organizaciones católicas de base se pronuncian con meridiana claridad contra exabruptos homófobos como los de la Conferencia Episcopal y los de alguna de las sectas evangélicas que está en la misma línea ultra conservadora, y recuerdan que el Perú es constitucionalmente un país laico, donde todos tienen los mismos derechos. Y que, entre los derechos de que gozan los ciudadanos en un país democrático, figura la de optar libremente por su identidad sexual.
Las opciones sexuales son distintas, pero no normales y anormales según se sea gay, lesbiana o heterosexual. Y, por eso, gays, lesbianas y heterosexuales deben gozar de los mismos derechos y obligaciones, sin ser por ello perseguidos y discriminados. Creer que lo normal es ser heterosexual y que los homosexuales son “anormales” es una creencia prejuiciosa, desmentida por la ciencia y por el sentido común, y que sólo orienta la legislación discriminatoria en países atrasados e incultos, donde el fanatismo religioso y el machismo son fuente de atropellos y de la desgracia y sufrimiento de innumerables ciudadanos cuyo único delito es pertenecer a una minoría. La persecución al homosexual, que predican quienes difunden sandeces irracionales como la “anomalía” homosexual, es tan cruel e inhumana como la del racismo nazi o blanco que considera a judíos, negros o amarillos seres inferiores por ser distintos.
La unión civil es, claro está, sólo un paso adelante para resarcir a las minorías sexuales de la discriminación y acoso de que han sido y siguen siendo objeto. Pero será más fácil combatir el prejuicio y la ignorancia que sostienen la homofobia cuando el común de los ciudadanos vean que las parejas homosexuales que constituyan uniones civiles conformadas por el amor recíproco no alteran para nada la vida común y corriente de los otros, como ha ocurrido en todos (todos, sin excepción) los países que han autorizado las uniones civiles o los matrimonios entre parejas del mismo sexo. Las apocalípticas profecías de que, si se permiten parejas homosexuales, la degeneración sexual cundirá por doquier ¿dónde ha ocurrido? Por el contrario, la libertad sexual, como la libertad política y la libertad cultural, garantiza esa paz que sólo resulta de la convivencia pacífica entre ideas, valores y costumbres diferentes. No hay nada que exacerbe tanto la vida sexual y llegue a descarriarla a extremos a veces vertiginosos como la represión y negación del sexo. Sacudida como está por los casos de pedofilia que la han afectado en casi todo el mundo, la Iglesia católica debería comprenderlo mejor que nadie y actuar en consecuencia frente a este asunto, es decir, de manera más moderna y tolerante.
Yo creo que eso es una realidad de nuestros días y que cada vez más hay en el mundo católicos —laicos y religiosos— dispuestos a aceptar que el homosexual es un ser tan normal como el heterosexual y que, como éste, debe tener un derecho de ciudad, poder formar una familia y gozar de las mismas prerrogativas sociales y jurídicas que las parejas heterosexuales.
La llegada al Vaticano del Papa Francisco comenzó con muy buenos síntomas, pues los primeros gestos, declaraciones e iniciativas del nuevo Pontífice parecían augurar reformas profundas en el seno de la Iglesia que la integraran a la vida y la cultura de nuestro tiempo. Todavía no se han concretado, pero no hay que descartarlo. Todos recordamos su respuesta cuando fue interrogado sobre los gays: " ¿Quién soy yo para juzgarlos? " Era una respuesta que insinuaba muchas cosas positivas que tardan en llegar. A nadie —tampoco a los que no somos creyentes— conviene que, por su terca adhesión a una tradición intolerante y dogmática, una de las grandes Iglesias del mundo se vaya alejando del grueso de la humanidad y confinándose en unos márgenes retrógrados.
Eso le está pasando en el Perú, por desgracia, desde que su jerarquía ha caído en manos de un oscurantismo agresivo como el que encarna el cardenal Cipriani y transpira el comunicado contra la Unión Civil de la Conferencia Episcopal. Digo, por desgracia, porque, aunque sea agnóstico, sé muy bien que, para el grueso de la colectividad, la religión siempre es necesaria, ya que ella le suministra las convicciones, creencias y valores básicos sobre el mundo y el trasmundo sin los cuales entra en aquel desconcierto y zozobra que los antiguos incas llamaban “la behetría”, esa desolación y confusión colectivas que, según el Inca Garcilaso, padeció el Tahuantinsuyo en ese período en que pareció que los dioses se le eclipsaban.
Yo tengo la esperanza de que, contra lo que dicen ciertas encuestas, la ley de la Unión Civil, por la que se acaban de manifestar en las calles de Lima tantos millares de jóvenes y adultos, será aprobada y el Perú habrá avanzado algo más hacia esa sociedad libre, diversa, culta —desbarbarizada— que, estoy seguro, es el sueño que alienta la mayoría de peruanos.
© Derechos mundiales de prensa en todas las lenguas reservados a Ediciones EL PAÍS, SL, 2014.
© Mario Vargas Llosa, 2014.
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12 abril 2014
Derecho a desconectar
Hace no tantos años, en los inicios de las nuevas tecnologías digitales, a Steve Jobs y otros grandes emprendedores les costaba convencer a los empresarios de que regalaran ordenadores portátiles y teléfonos móviles a sus empleados. Pensaban que lo que querían era vender más aparatos. "Una buena idea puede surgir en la ducha”, decía Jobs. Pronto se convencieron de las ventajas de la propuesta: facilitarles la conexión ponía a cualquier empleado en disposición de producir las 24 horas del día.
Ahora son algunos empleados los que tratan de liberarse del yugo de la conectividad. Tienen todas las facilidades, todo cuanto necesitan para trabajar al alcance de un clic, pero ya no hay límites a su jornada laboral. Mejor dicho, toda la jornada es laboral. Un alto número de empresas ha aprovechado esa mayor disponibilidad para aumentar la carga de trabajo, especialmente en los niveles directivos y de gestión, de modo que no desconectan, literalmente. Así es como hemos llegado a una reivindicación insólita: definir la jornada laboral, no por el tiempo de trabajo, sino por el tiempo de descanso. Por primera vez se ha plantado en Francia el derecho a la desconexión como una reivindicación laboral.
La patronal y los sindicatos de los sectores de asesoría técnica, ingeniería, informática, recursos humanos y consultoría han llegado a un acuerdo por el que los empleados desconectarán sus aparatos al menos 11 horas al día y los fines de semana. El acuerdo surge después de constatar que la conexión permanente tiene un coste en términos de salud: aumenta el estrés y la ansiedad. El sociólogo Daniel Cohen ya advirtió en Nuestros tiempos modernos que el estrés es la enfermedad laboral de este momento.
El trabajo por objetivos y la competitividad extrema han creado tal clima de tensión en algunas empresas que ha llegado a ser acusado de causar suicidios. El expresidente de France Télécom, Didier Lombard, fue procesado el año pasado por acoso moral tras el suicidio de una treintena de empleados entre 2008 y 2009.
El acuerdo puede aportar cierta mejora, pero no será fácil que se cumpla y tampoco aborda el problema de la exigencia de disponibilidad absoluta y de las cargas de trabajo excesivas. (El País, 12.04.14)
18 marzo 2014
Miguel de Molina y la homofobia institucional
En
el marco del Festival de Cine Español MAF de Málaga, Javier Hirschfeld Moreno,
Javier Cuevas y Alfonso Silva comisarían una exposición en homenaje a Miguel de
Molina que puede visitarse en el Estudio de los Interventores hasta el 29 de
marzo.
La
exposición "Miguel de Molina. Copla de un exilio" es un canto a la
memoria y al arte de un malagueño universal como fue Miguel de Molina. Pero
también es un grito, un quejío, sobre el exilio y la homofobia. El veinticinco
aniversario de Las cosas del querer, película de Jaime Chávarri, libremente
inspirada en la vida de Miguel de Molina, supone una ocasión excepcional para
homenajear a este artista nacido en el barrio de Capuchinos. Así, su cante y su
amor por la copla son protagonistas de esta exposición como también son los
motivos por los que tuvo que abandonar el país, siendo condenado al exilio
después de haber conocido el mayor de los éxitos.
Estas
situaciones son, por suerte, pasado en nuestro país. No obstante, el problema
de la homofobia está presente en otros países, como en los casos recientes de
Uganda o Rusia, que, a través de leyes homófobas, provocan salvajes actos de
odio intolerable y caza al gay. La exposición pretende poner el foco sobre la
lacra de la homofobia institucional, invitando a reflexionar sobre los avances
conseguidos en nuestro país, y observa la necesidad de proteger esos logros en
dignidad y en libertades.
17 marzo 2014
Que se lo pasen
He aquí un
fotograma del encuentro provocado por Jordi Évole entre Artur Mas y Felipe
González. Le parece a uno que la imagen cobra más valor a medida que pasan las
semanas. A ver, estos dos señores se sentaron a la mesa con posiciones
antagónicas, casi irreconciliables, que mantuvieron a lo largo de la plática.
Ninguno de los dos se apeó de sus posiciones de salida, ninguno cedió, ninguno
renunció a sus convicciones, y sin embargo no “discutieron” en el sentido malo
que tiene entre nosotros con frecuencia el verbo discutir. No se agredieron ni
se pelearon: hablaron, conversaron, departieron, dialogaron, se comunicaron,
con vehemencia, sí, pero una vehemencia que en ningún momento convirtió el
encuentro en desencuentro. Lo bueno es que al comunicarse entre ellos pusieron
en comunicación algunas partes de nosotros que tienen también dificultades para
relacionarse entre sí, especialmente en asuntos políticos tan complicados como
el encaje de Cataluña en España. De eso justamente iba el programa. Dieron una
lección de cortesía inédita entre nuestros personajes públicos.
Tenía uno la
impresión de que si encerrabas a estos dos hombres en un despacho,
conminándoles a que llegaran a un acuerdo en aras del bien común, saldrían más
pronto que tarde con un papel firmado que dejaría resuelto el problema para
diez o veinte años, quizá más. Esto es la civilización, se decía uno mientras
asistía al juego de tenis de mesa verbal moderado por el individuo que aparece
en el centro. Nos preguntamos si vio el programa Rajoy. Si no, que se lo pasen. Juan José Millás, El País Semanal, 16.04.14
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08 marzo 2014
05 marzo 2014
El Roto en el CAC de Málaga
Andrés Rábago, El Roto, recibió el Premio Nacional de Ilustración en 2012 por “su visión crítica, poética aguda e inteligente que nos ayuda a reflexionar sobre cómo somos y cómo vivimos”.
28 febrero 2014
Tragédie de Olivier Dubois_danza
Espasmos,
impulsos, control, descontrol, sudor. El autor Olivier Dubois lleva a Sevilla
su forma más pura de entender la tragedia. El Teatro Central de Sevilla estrena
este viernes en España el espectáculo Tragédie, creado en el Festival de
Avignon en 2012 y concebido para ser interpretado por 18 bailarines, todos
desnudos, todo el tiempo.
Danza
tribal, trances, inspiraciones, expiraciones. El espectáculo propuesto por
Dubois parte de la base de que el simple hecho de ser hombre no hace humanidad
y que de ahí surge la tragedia de la existencia humana. "Porque esta
humanidad solo podrá surgir de entre los cuerpos, de entre las presiones
telúricas creadas por nuestros pasos y por nuestros compromisos conscientes y
voluntarios", se lee en su carta de intenciones, en el que explica que los
bailarines, nueve mujeres y nueve hombres, se muestran desnudos para encarnar
mejor la variación anatómica.
El
autor propone un estado de cuerpo original, "una solicitación de su género
humano liberado de sus trastornos históricos, sociológicos y psicológicos...
para permitir en última instancia un coro semejante a un cante o cuerpo
memorable", dice en el texto. La obra, que podrá verse en el Teatro
Central de Sevilla el viernes 4 y el sábado 5 de abril, continuará de gira por
Francia, Canadá, Inglaterra y otros países aún por confirmar.
08 febrero 2014
Presenting the Canadian Institute of Diversity and Inclusion
As the Sochi Olympics kick off, Russia’s anti-gay legislation has drawn high-profile protests from athletes, heads of state and the court of public opinion, but perhaps none is as imaginative as "Luge," by the Canadian Institute of Diversity and Inclusion.
The video, above, was
created to send "a really strong message about the need for equality and
the treatment of LGBT people and their allies, particularly at the
Olympics,” institute founder Michael Bach said in an interview Thursday
with the Los Angeles Times.
The video’s YouTube description simply reads, “The two-man luge, in all its glory.” The video shows the athletes kicking off from the luge starting block and ends with this text: “The Games have always been a little gay. Let’s fight to keep them that way.”
By Stacey Leasca, Los Angeles Times, February 6th, 2014
The video’s YouTube description simply reads, “The two-man luge, in all its glory.” The video shows the athletes kicking off from the luge starting block and ends with this text: “The Games have always been a little gay. Let’s fight to keep them that way.”
By Stacey Leasca, Los Angeles Times, February 6th, 2014
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27 enero 2014
El campo de mi abuela
Por CARLOS MARTÍN GAEBLER
El acto de escribir alarga la vida de la memoria e impide que el pasado se disuelva para siempre. (Irene Vallejo)
Contaba el poeta Antonio Machado que su infancia eran
recuerdos de un patio de Sevilla donde maduraba el limonero, patio que su
padre, jardinero del palacio de las Dueñas, cuidaba con esmero y dedicación.
Hoy esos mismos limoneros rodeados de albero resplandecen cada día bajo el
cielo sevillano para todo aquel que desee contemplarlos a través de la eterna
reja negra que delimita la entrada del palacio.
Quien esto escribe atesora parecidos recuerdos de la casa de campo que
mi abuela María Ojeda Díaz poseía en
la localidad sevillana de Alcalá de Guadaíra. Se trataba de una finca
centenaria construida sobre una roca de albero fósil milenario a la que se
accedía por una escalinata que a mis ojos de niño se le antojaban interminable
(hoy parecería una moderna obra minimalista con sus arriates cúbicos laterales encalados).
Subir por ella era como escalar una pirámide para mis tiernas
piernecitas, pero sabía que, al coronar la cima, me esperaba un paraíso de
plantas, árboles y olores, pero sobre todo me aguardaba el abrazo largo de mi
abuela María, que se deshacía en cariños y besos conmigo y no paraba de darme
la bienvenida con todo su salero de mujer del sur. Ante mí aparecía un espacio alargado
sembrado de albero reluciente y flanqueado a la derecha por un jardín
escalonado y a la izquierda por una fila de almenas encaladas junto a las
cuales había crecido una morera robusta que por las tardes bañaba con su sombra
el sofá-columpio instalado frente a ella. Desde esta atalaya se divisaba el
meandro del río Guadaíra pasando por el molino de Realaje y la curva descrita
por la antigua carretera entre Alcalá y Sevilla, con el hermoso edificio regionalista
de la estación de bombeo de Adufe y su bellísima chimenea.
Al fondo, una
pequeña fuentecilla redonda rematada por un pato de cerámica verde y rodeada de
macetas de geranios daba paso al toldo verde de entrada a la gran casona. Esparcidas
por este vergel se hallaban diversas tinajas de barro o cerámica vidriada que
albergaban en su interior otras tantas macetas de geranios. Adoraba tocar sus
hojas aterciopeladas y absorber el olor que dejaban impregnado en mis diminutos dedillos. En una ocasión, mi padre, que no desaprovechaba la menor ocasión
para fotografiarnos en aquel escenario idílico, me retrató de perfil y por
sorpresa mientras observaba una mata de geranios rojos portando una minúscula
margarita entre mis dedos.
En aquella ocasión corría el año 1961 y mi padre, que era un gran
aficionado a la fotografía, había colocado en su cámara un carrete de color
Kodachrome de alta resolución. Las fotos que nos hizo a mi hermana Marta y a mí
quedaron inmortalizadas en una serie de diapositivas que se mantuvieron
preservadas en plástico durante décadas y que, cuando las mandé escanear en la
era digital, parecían haber sido hechas con tecnología actual, tal era la
calidad técnica de las mismas. Sin duda, de mi padre debí heredar la afición
por la fotografía y de mi abuela María la pasión por la jardinería (ya de
mayor, mi madre me enseñaría a nombrar las plantas que conforman la vegetación
de Andalucía).
Forman parte de la memoria gustativa de aquellos años el
sabor de las primeras Cocacolas que
nos dejaban degustar en los almuerzos servidos sobre la rueda de molino (que aún se conserva) que
hacía de mesa, de los caramelos toffee de Solano envueltos en celofán rojo o azul, y de las chocolatinas Crunch que habían comprado para darnos a los niños tras el
postre.
Algunas tardes alguna visita venía desde Alcalá con una caja
de bizcotelas o de dulces de la pastelería San Joaquín bajo el brazo, que hacían
las delicias de todos los presentes. Inventadas hacia 1860 por mi tatarabuelo alcalareño,
Isidoro Díaz y Cos (Los Corrales de Buelna, Cantabria, 4 de octubre de 1831), fundador de la confitería La Centenaria, son, aún hoy día, el mayor manjar que conozco, y no hay
día que no visite Alcalá de Guadaíra que no me zampe una con un placer
indescriptible. Aquellos fueron
los sabores que endulzaron mi arcadia infantil.
| Tras esas almenas duermen los recuerdos de mi infancia. |
Desde joven y en mi edad adulta estuve indagando sobre las
circunstancias que rodearon aquel tiempo y aquella casa. De hecho, tardé muchos
años en recabar datos del hombre que nos compraba las chocolatinas y que amó a
mi abuela tras enfermar mi abuelo, quien pasó sus últimos años impedido pero
bien cuidado, pues mis familiares se mostraban reacios a hablarme de él. Pero
mi tozudez por saber la verdad dio sus frutos muchos años después. Se llamaba Filomeno de Aspe Aparicio, trabajaba en una agencia consignataria de buques (Naviera Aparicio tenía su oficina
en Paseo de Colón, 24) y vivía en una de las cuatro suites del lujoso Hotel Cristina, en Sevilla, a donde invitaba por las tardes a mi abuela para dormir juntos la siesta. Me viene a la memoria una tarde de primavera en la que me invitó a merendar en la Terraza del Cristina, ubicada en la azotea de tan singular edificio, pues fue la primera vez que contemplaba la ciudad desde las alturas.
Enormemente espléndido con todos, corpulento, afable y sibarita, fue una especie de abuelastro conmigo (aún evoco el catamarán de madera que me obsequió y con el que jugaba en la alberca de la finca). Debía adorar a mi abuela, pues le regaló la finca en cuestión, Las Almenas, un lugar que transpiraba amor por todos sus poros porque todo él estaba impregnado del afecto que se tenían mi abuela y su amado. Nunca salía en las fotos, o solo sus enormes piernas, pero paradójicamente fue el gran benefactor de la familia en los felices años 60, pues en el campo de mi abuela en Alcalá (como lo llamábamos con nuestro vocabulario infantil) pasamos mi tío Fernando, mis padres, mis hermanas y yo los mejores años en familia, en compañía de Filomeno y de mi yaya María. (Un día su galantería le llevó a intentar coger unas flores para Philomena Eichmann, una amiga alemana de la familia, pero con tan mala fortuna que cayó por las almenas pendiente abajo de forma tan aparatosa que nunca llegó a recuperarse de las heridas. Al poco tiempo del accidente, murió dejando a mi abuela sumida en una tristeza profunda.) Aquel campo de mi abuela fue para mí el lugar más feliz del mundo, un lugar que parece pertenecer más a lo soñado que a lo real.
Enormemente espléndido con todos, corpulento, afable y sibarita, fue una especie de abuelastro conmigo (aún evoco el catamarán de madera que me obsequió y con el que jugaba en la alberca de la finca). Debía adorar a mi abuela, pues le regaló la finca en cuestión, Las Almenas, un lugar que transpiraba amor por todos sus poros porque todo él estaba impregnado del afecto que se tenían mi abuela y su amado. Nunca salía en las fotos, o solo sus enormes piernas, pero paradójicamente fue el gran benefactor de la familia en los felices años 60, pues en el campo de mi abuela en Alcalá (como lo llamábamos con nuestro vocabulario infantil) pasamos mi tío Fernando, mis padres, mis hermanas y yo los mejores años en familia, en compañía de Filomeno y de mi yaya María. (Un día su galantería le llevó a intentar coger unas flores para Philomena Eichmann, una amiga alemana de la familia, pero con tan mala fortuna que cayó por las almenas pendiente abajo de forma tan aparatosa que nunca llegó a recuperarse de las heridas. Al poco tiempo del accidente, murió dejando a mi abuela sumida en una tristeza profunda.) Aquel campo de mi abuela fue para mí el lugar más feliz del mundo, un lugar que parece pertenecer más a lo soñado que a lo real.
![]() |
| Entre mi abuela y mi madre sobre aquel banco de hierro y madera. |
Por otro lado, siempre he admirado el comportamiento audaz de mi abuela, quien, rompiendo
con los convencionalismos sociales de aquella España negra (negra con ene de
No) de los años 50, decidió seguir disfrutando de la vida a sus cincuenta y
tantos años, ponerse trajes de lunares y echarse un amante, con todas las
letras. Su amor por Filomeno era más fuerte y sólido que todas las
restricciones morales e impedimentos legales de aquellos tiempos. Este desafío
amoroso de mi abuela en plena dictadura fascista es el único gesto heterodoxo
que he hallado (y mucho he buscado) entre mis antepasados, gentes, por lo
general, muy conservadoras, cuando no directamente reaccionarias. Mi jovial abuela materna prolongó su particular carpe diem
durante casi dos décadas y, de alguna forma, presiento que anticipó mi carácter
hedonista. Hoy me enorgullezco de haber heredado ese disfrute por la vida que
siempre percibí en ella.
Al lector no se le escapará la vergüenza social esgrimida
por mis padres y tíos contra aquella relación otoñal de mi abuela, que
desaprobaban, pero, como decía el refrán, pudieron más dos tetas que dos
carretas. Según me contaron, mi padre, hombre de profundas convicciones religiosas
y de moral rigurosa, fue especialmente beligerante contra la relación entre María
y Filomeno. Sin embargo, cuando las leyes de la democracia se lo permitieron, él se llegó a divorciar hasta tres veces.
![]() |
| Instantánea que inmortalizó a María y Filomeno juntos. |
Además de mi abuela, mi tío Fernando y Filomeno, siempre se
hallaba en la casa otra persona que, desde tiempo inmemorial, era ya un miembro
más de la familia: la tata Amelia.
Había entrado al servicio de mis abuelos en la casa de Rioja 17 tras la
guerra entre españoles (su hermano Manuel Sánchez Librero había sido asesinado por los
sublevados por defender la democracia) para trabajar como niñera tras el nacimiento de mi tío Fernando, y, a base cuidados amorosos, suculentas albóndigas, exquisitas croquetas, y mucho buen hacer, había
criado a varias generaciones de miembros de mi familia: a mi tío, a mis hermanas y a mí, y finalmente
a mis primos. Arribar cada domingo a la casa de Alcalá me garantizaba un montón
de besos y apretujones de bienvenida de la maravillosa Amelia. Natural de la
barriada sevillana de La Pañoleta, Amelia Sánchez
Librero vivió 104 años y con su muerte se nos fue una de las personas más
leales y tiernas de nuestro entorno familiar. ¡Cómo te añoramos, tata que
estás en los cielos!
![]() |
| Fernando, María, Marta, Amelia, Carlos y María Luisa. |
María y Filomeno fueron dos espíritus libres que
sobrevivieron a una España oscurantista, beata e intolerante. Pasearon su amor
a la luz del día para escándalo de pacatos e ignorantes. Quede aquí, en la cibermemoria de la red,
más de medio siglo después, el reconocimiento a su valentía y visibilidad. Su heterodoxia ha sido un ejemplo de vida para este nieto
diferente y libre. Del testimonio de testigos privilegiados de la época se deduce
que mi abuela María tenía sobradas razones íntimas para sentirse de facto separada de su marido, mi
abuelo Walter. Intuyo que María Ojeda era mucha mujer para mi abuelo. No se prestó a disimular ningún paripé y vivió su amor sin
ocultación. Un amor de copla. Quiero celebrarla porque fue una mujer adelantada a su tiempo que ejerció su legítimo
derecho a amar y a ser amada en el seno de una sociedad sombría, arcaica e
intransigente. Esta es la historia de lo que aconteció, reconstruida con
honestidad y transparencia para restituir la grandeza de dos personas que se
amaron durante dos décadas por encima de hipócritas habladurías, porque, como dijo el poeta, se canta lo que se pierde. cmg2014
Gracias por todo, Yaya. Gracias por todo, Filomeno. Yo
también os quiero.
Mi abuela María Ojeda Díaz, hija de Antonio Ojeda y Pepa Díaz, nació en Alcalá de Guadaíra en 1903 y falleció en Sevilla el 13 de enero de
1968, cuando yo aún no había cumplido 10 años.
ANEXO
Años después de publicar esta glosa de mi abuela María Ojeda Díaz, averigüé un dato que revela su calidad humana. Mi tía Aurora Romera Ojeda, me reveló que, durante la posguerra, mi abuela “daba de comer en su casa de Alcalá de Guadaíra a dos huérfanos, hijos de rojos muertos, apodados el Culebra y el Botella.” Esta extraordinaria revelación la corroboró posteriormente Manola Palomo Sánchez, sobrina de Amelia Sánchez Librero, la “tata” que mi abuela María tuvo de por vida: “efectivamente, una gitanilla venía a menudo a la finca de tu abuela para recoger guisos que Amelia había preparado para dos familias de represaliados en Alcalá de Guadaíra. Un día trajo la chiquilla la olla vacía tan sucia que tu abuela misma se la fregó y la dejó como los chorros del oro.” Todo ello a escondidas de mi intransigente abuelo alemán, simpatizante de la Falange, que nunca supo de la ayuda humanitaria que mi abuela prestaba clandestinamente a los perdedores de la guerra. Esta es la constatación de que mi abuela María, que los tenía bien puestos, osó desafiar la prohibición del régimen fascista de alimentar a los descendientes de los represaliados y asesinados por ser leales al Estado de derecho y a la legalidad republicana. Por fin encontré, entre tanto antepasado fascista, el eslabón familiar perdido con nuestros compatriotas demócratas, a los que los fascistas les arrebataron hasta la vida, pero no consiguieron destruir sus ideales de libertad, que siguen vivos en mi generación. Descansen en paz.
ANEXO
Años después de publicar esta glosa de mi abuela María Ojeda Díaz, averigüé un dato que revela su calidad humana. Mi tía Aurora Romera Ojeda, me reveló que, durante la posguerra, mi abuela “daba de comer en su casa de Alcalá de Guadaíra a dos huérfanos, hijos de rojos muertos, apodados el Culebra y el Botella.” Esta extraordinaria revelación la corroboró posteriormente Manola Palomo Sánchez, sobrina de Amelia Sánchez Librero, la “tata” que mi abuela María tuvo de por vida: “efectivamente, una gitanilla venía a menudo a la finca de tu abuela para recoger guisos que Amelia había preparado para dos familias de represaliados en Alcalá de Guadaíra. Un día trajo la chiquilla la olla vacía tan sucia que tu abuela misma se la fregó y la dejó como los chorros del oro.” Todo ello a escondidas de mi intransigente abuelo alemán, simpatizante de la Falange, que nunca supo de la ayuda humanitaria que mi abuela prestaba clandestinamente a los perdedores de la guerra. Esta es la constatación de que mi abuela María, que los tenía bien puestos, osó desafiar la prohibición del régimen fascista de alimentar a los descendientes de los represaliados y asesinados por ser leales al Estado de derecho y a la legalidad republicana. Por fin encontré, entre tanto antepasado fascista, el eslabón familiar perdido con nuestros compatriotas demócratas, a los que los fascistas les arrebataron hasta la vida, pero no consiguieron destruir sus ideales de libertad, que siguen vivos en mi generación. Descansen en paz.
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| Camino de acceso a Alcalá pintado por Manuel Barrón en 1849 |
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| Mi tatarabuelo alcalareño Isidoro Díaz y Cos |
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25 enero 2014
¿Fútbol?
Me gusta tanto el buen fútbol que siendo socio del Real Madrid me
desplazaba con frecuencia al Camp Nou para ver jugar al Barcelona.
Aclaro, para disfrutar en el campo con el impresionante juego de aquel
equipo que entrenaba Guardiola. Ya no iría, no es lo mismo. Esa
admiración y esa fe también me ofrecieron recompensas prácticas. Aposté
una cantidad importante a que el Barcelona ganaría la Champions en el
año 2009. Me pagaron tres veces y media lo apostado. Y, por supuesto, no
he cambiado de equipo. Supongo que te mueres militando en lo que te
inscribiste en la infancia, aunque a veces no lo soportes. Pero siempre
me he llevado bien con la paradoja y con el fervor hacia el talento
ajeno.
Admitiendo mi ancestral deleite hacia esa cosa llamada fútbol (solo
los habitantes del limbo siguen creyendo que es un juego y entiendes que
los que dirigen ese negocio salvaje se partan de risa con la angelical
definición de juego o deporte), desde hace bastante tiempo la sobredosis
que ha implantado el mercado empieza a provocarme náuseas, vértigo,
hastío, vergüenza. No existe un solo día en el fútbol español sin
partidos, es imposible encender la televisión o la radio sin que te
lleguen machacantes e ininterrumpidas noticias de él.
El estratégico y planificado enloquecimiento es universal. La noticia
de que el principal informativo de la televisión colombiana ha dedicado
45 minutos de su metraje a la lamentable pero no apocalíptica lesión de
Falcao, bastante más tiempo del que dedicaron a la firma de la paz
entre el Gobierno y las FARC, puede provocar el escalofrío y el estupor
en cualquier persona mínimamente racional, en posesión de más de dos
neuronas, ligeramente civilizada.
También resulta entre escandaloso y vomitivo, aunque muy consecuente
si te molestas en buscar la coherencia, la petición de indulto para José
María del Nido que han formulado una treintena de presidentes de clubes
de fútbol españoles, a partir de la solidaria y conmovedora iniciativa
de Villar y Javier Tebas, los peces gordos del gran tinglado, esos
hombres épicos que pierden el sueño por engrandecer la marca España
gracias al fútbol. Tiene sentido. Los hombres de honor nunca dejan
tirado al colega en apuros, aunque le hayan condenado por delitos ajenos
al fútbol.
CARLOS BOYERO, El País, 25 de enero de 2014
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22 enero 2014
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