10 enero 2014

Free Fall


It’s been called the German Brokeback Mountain for its portrayal of forbidden love between two police cadets — previously heterosexual Marc (Max Reimelt, Before The Fall) and fellow male cop Kay (Hanno Koffler, Summer Storm). With a promising law enforcement career and a child on the way, Marc’s life is all going according to plan until he meets the free spirited Kay. They start jogging together, bringing a breath of fresh air into Marc’s life — and, for the first time, he develops feelings for a man. Torn between the life he knows so well and the exhilaration of this new adventure, his life rapidly spins out of control. In this state of free fall, it seems Marc cannot make anyone happy anymore. Least of all himself.
Free Fall is part of a new wave of powerful German cinema. As director Stephan Lacant’s first feature film, Free Fall tells the dramatic tale of a man who finds himself outside the clear-cut boundaries of his world. Exceptional performances from Hanno Koffler, Max Riemelt and Katharina Schüttler provide a moving portrayal of what happens when life plans crumble and there is no way left to fulfil the needs of the people you love.

26 diciembre 2013

Malos tiempos para la lírica

Por DIEGO A. MANRIQUE

Resulta cruel enterarse de la muerte fulminante de Germán Coppini en la mañana de Navidad, cuando la ciudad luce extrañamente silenciosa. Pero, de alguna perversa manera, también tiene sentido. La carrera de Germán sirve como paradigma de algunas peculiaridades del mundillo musical español: vivió breves años de vino y rosas antes de invisibilizarse, víctima del desinterés de una industria y unos medios que no cuidan el talento.

Los datos son escuetos: Germán Coppini López-Tornos (Santander, 1961) murió en Nochebuena en Madrid, derribado por un cáncer de hígado detectado días antes. Su nombre ha quedado unido a dos de los más potentes grupos surgidos en los años ochenta: la primera versión de Siniestro Total, apoteosis del punk gamberro, y los hondos Golpes Bajos.

Sí, estamos hablando de la denostada Movida. En los últimos tiempos, imperan las opiniones críticas con ese movimiento, reducido por rencorosos revisionistas a una aberración madrileña, supuestamente subvencionada por el PSOE en el poder. Se ha olvidado que la eclosión de los grupos capitalinos provocó inmediatamente la aparición de epígonos en toda la periferia, incluyendo Vigo. Un bendito efecto llamada. Fue un fenómeno nacional y generacional, no una boutade de Alaska y los Pegamoides o un maquiavelismo de Tierno Galván. Y pasó dos o tres años a la intemperie, demostrando voluntad de permanencia y un creciente poder de convocatoria. Como miembro fundador del nocturno Diario Pop de Radio 3, conservo el recuerdo de un precavido Jesús Ordovás que iba racionando las primeras barbaridades de Siniestro Total, que le llegaron en estado de maqueta: sí emitía Ayatola y no pasaba nada, seguía con otro tema aún más crudo. Y hacía bien: como demostraría el caso de las Vulpes, el gobierno de turno podía alardear de “tolerante” pero era muy capaz de dar zarpazos mortales.

Ya en disco de vinilo, Siniestro Total fue un éxito inmediato. Inevitablemente, se topó con el salvajismo nacional: algunos punkis cubrían a los músicos de escupitajos; en Barcelona, un botellazo certero dejó a Coppini con una pierna rota. Eso aceleró la marcha del cantante, que se quejaba de no poder desarrollarse artísticamente en el cuarteto, limitado por su imagen colectiva.

Con Golpes Bajos, Germán demostró la profundidad de su cultura musical y literaria. Le acompañaban unos instrumentistas polivalentes -Teo Cardalda, Luis García, Pablo Novoa- que tejían unos fondos techno-funky entonces inéditos en España. La riqueza emocional y sonora de Golpes Bajos demostró que la llamada movida había permitido la infiltración de talentos inclasificables; también, que había un público que aceptaba música sobria y madura.

En lo que iba a ser una constante, Golpes Bajos apenas duró tres años (1983-1985) y tres discos. Cierto que en 1998 hubo un retorno infeliz: Coppini y Cardalda estuvieron acompañados por músicos ultraprofesionales pero no volvió a surgir la chispa. Grabado a todo lujo, en audio y vídeo, con realización de Juanma Bajo Ulloa, Vivo iba a ser lanzado por una multinacional. No fue así y estuvo a punto de hundir a la discográfica original del grupo, Nuevos Medios.

Se reconocía en Germán a una de las mejores voces de su quinta, aparte de un investigador inteligente, que integraba desde la canción melódica italiana a los ritmos caribeños; también exploró el hip-hop y el dancehall. Pero esa no era una combinación necesariamente vencedora en los años de las vacas gordas, cuando se simplificó la oferta. Coppini fue saltando de proyecto en proyecto, con diferentes socios y compañías. Al lado de Nacho Cano sacó Edición limitada, un EP de tres canciones en Ariola (1986). Ya como solista, editó dos elepés en Hispavox, El ladrón de Bagdad (1987) y Flechas negras (1989). No pasó nada. Aunque tampoco Germán era artista fácil de vender: agonizaba en el proceso creativo.

Ya en los noventa, se vio empujado al underground de las grabaciones poco promocionadas, a veces hechas con escasez de medios. Aparecieron discos bajo su nombre, un proyecto con veteranos (Anónimos) y, ya en el presente siglo, colaboraciones con músicos jóvenes, que habían crecido con su voz cálida y su atormentado universo poético, como Álex Brujas, su cómplice en el dúo Lemuripop, o el grupo sevillano Maga. Un recopilatorio de rarezas como Las canciones del limbo da una idea de la amplitud de sus intereses y su audacia musical.

Tuvo la fortuna de conectar con un fan entusiasta, Pablo Lacárcel, que puso el sello Lemuria Music a su servicio. Allí salió recientemente un álbum del que Coppini se sentía particularmente satisfecho, América herida, con recreaciones rockeras del cancionero hispanoamericano, de Victor Jara a Carlos Puebla. También tenía en marcha un disco con los malagueños de Néctar y ya estaba en fábrica ¿Se enterarán en casa?, con docenas de maquetas pertenecientes a sus grupos vigueses: Coco y los del 1.500, Mari Cruz Soriano y los que Afinan su Piano y, naturalmente, Siniestro Total.

Comprometido políticamente, era frecuente que actuara en actos derivados de causas como los despidos de Telemadrid o las sucesivas mareas en defensa de la educación y la sanidad públicas. Orgullosamente republicano, celebraba cada 14 de abril e incluso se presentó en una lista al Congreso en 2011, como candidato de una coalición de agrupaciones republicanas.

No se mostraba particularmente nostálgico respecto a la movida. Podía defender las canciones de aquella época pero, por ejemplo, se negó a fotografiarse con Julián Hernández o Teo Cardalda para un especial de la revista Rolling Stone. Reconocía que su éxito en los ochenta le permitió terminar con una existencia trashumante, dictada por los traslados profesionales de su padre. Retrataba el Vigo que conoció como una ciudad desoladora, al menos hasta que sucedió aquella eclosión de grupos provocadores que le catapultó a Madrid. Comentaba, eso sí, lo que definía como “liquidaciones grotescas” que le llegaban de la SGAE, a pesar de firmar piezas tan inoxidables como Malos tiempos para la lírica, No mires a los ojos de la gente, Cena recalentada o Fiesta de los maniquíes.

Con todo, nunca se rindió. Cuando no estaba cuidando de su padre enfermo, dedicaba sus nerviosas energías a sus labores artísticas o políticas. Unas molestias le obligaron a internarse en el madrileño hospital Gómez Ulla, donde trabajaba su esposa, Elvira Reig. Allí seguía preocupándose por una próxima actuación en Málaga o los detalles gráficos del siguiente lanzamiento. No llegó a enterarse de que sufría una dolencia mortal. Germán Coppini deja tres hijos y un modelo de compromiso ético y estético. El País

22 diciembre 2013

Valores, asignatura pendiente

En la sala de espera de una clínica madrileña está sentado un hombre discreto y sencillo, aguardando paciente su turno. Nadie se apercibe de que quien tiene enfrente es toda una eminencia en la lucha contra el cáncer, nadie se da cuenta de que se trata de la primera persona que consiguió aislar una mutación de un gen capaz de causar cáncer, paso de vital importancia para lograr la curación de esta terrible enfermedad. Resulta irónico pensar que la mayoría de los allí presentes ni siquiera habían oído hablar de él, y que, tal vez, se hubieran dado codazos por conseguir el autógrafo de cualquier famosete que pulula diariamente por las sobremesas televisivas. Prueba de ello es el récord de ventas del libro de Belén Esteban.

¿Qué se valora en esta sociedad? Personas que sin hacer nada especial obtienen el reconocimiento de muchos y son objeto de veneración, mientras que el trabajo callado, el sacrificio, el afán de superación y la constancia son valores en declive. ¿Tiene alguna lógica que personalidades de esta talla no tengan ningún reconocimiento social? ¿Pretende esta sociedad que los jóvenes, a la vista de esto, tengamos motivación para sacrificarnos, formarnos y superarnos? Y lo que es más importante, con estos valores, ¿puede crecer y prosperar un país?

Me considero una adolescente con multitud de objetivos por alcanzar entre los que se encuentra poder estudiar e investigar en el campo de la genética. Sueño con formarme y trabajar en mi país y, aunque sé que este trabajo no se valora socialmente ni se apoya desde instancias gubernamentales (como ejemplo, el raquítico importe presupuestario destinado a investigación), no me rindo.

Don Mariano Barbacid, un honor haber podido tenerle a mi lado y mi más sincera admiración hacia usted.— Alicia Rubio García, Alcorcón, Madrid.

02 diciembre 2013

¿Todo por la patria?

"¡Pero si soy uno de los vuestros!", parecía decir el acusado.

30 noviembre 2013

A qué llamamos franquismo

IGNACIO SOTELO

La anulación de la doctrina Parot por el Tribunal europeo de Derechos Humanos —si se hubiera remozado a tiempo el Código Penal de 1973, no habría habido ni doctrina ni condena— y la reciente demanda del PSOE (¡38 años desde la muerte del dictador!) de que se suprima por fin del Valle de los Caídos la función de símbolo vivo del franquismo, han puesto de manifiesto que el viejo régimen sigue marcando la actualidad.

El tránsito de la dictadura a la democracia, “de la legalidad a la legalidad”, llegó con la Ley para la Reforma Política, la última “ley fundamental” del régimen y la primera del reformado. Sin participación de la débil oposición, entonces simplemente tolerada, las Cortes franquistas sentaron las bases de la nueva etapa que abría la “monarquía parlamentaria”, con dos cámaras, Congreso y Senado, elegidas por sufragio universal.

Para las primeras elecciones en junio de 1977, el último presidente del Gobierno del régimen fallecido y el primero del que estaba por nacer dictó una ley electoral, que todavía se mantiene en sus aspectos básicos, especialmente pensada para facilitar una mayoría amplia a los dos partidos de ámbito nacional más votados, restableciendo así, conscientemente o no, la alternancia que caracterizó a la restauración de 1874.

Con los resultados de las primeras elecciones en las que el pueblo español tuvo algo que decir, el modelo franquista de transición empezó a resquebrajarse, al imponer una Constitución por consenso. Pero, mientras gobernase la fracción reformista del franquismo bajo la estrecha vigilancia de un Ejército propenso a defender las viejas esencias, se comprende que no cupiese, no ya romper, es que ni siquiera distanciarse del pasado.

Pese a que se actuó con la mayor cautela, la actitud antidemocrática de una buena parte del Ejército desencadenó el 23-F; su derrota supuso también el fin del franquismo más acérrimo. El apabullante triunfo socialista de 1982, inconcebible sin la intentona, parecía garantizar el fin definitivo del franquismo, pero lamentablemente tampoco entonces se llevó a cabo la ruptura esperada.
Un libro reciente de José Ángel Sánchez Asiaín, con un gran acopio de datos, fundamenta algo básico, de lo que hasta ahora no se era consciente con la claridad necesaria: fue la élite económica —terratenientes, industriales, financieros— la que desde el mismo 14 de abril promueve y financia el golpe militar, recabando la ayuda de Salazar, Mussolini y Hitler, que endeuda a España por decenios.

A la conspiración del dinero la Iglesia católica da cobertura ideológica, constituyéndose en un apoyo determinante de la rebelión. Ni los partidos de derechas, ni las minúsculas organizaciones fascistas hubieran podido subvertir el orden republicano. Los dos agentes principales de la conspiración fueron también los mayores beneficiarios de los 40 años de dictadura.
Si franquismo significa la conjunción del poder económico y el de la Iglesia, es obvio que se remonta a etapas anteriores a la República, que habría más bien que entender como el primer intento de poner coto a ambos. En esta nueva acepción el franquismo ha existido antes de la república, y desprendido de la tramoya —partido-movimiento, sindicatos  verticales, nacional sindicalismo— persiste a la muerte del dictador. El poder del dinero, lejos de declinar, ha aumentado, y a pesar de una pérdida enorme de influencia social, la Iglesia mantiene sus privilegios.

Los logros de los primeros Gobiernos socialistas —haber arrancado de raíz el viejo militarismo, desenganchándonos de una losa que arrastrábamos desde hace siglo y medio, acudiendo tanto a los fondos de reptiles, como a una política militar consecuente; sentar los rudimentos del Estado social; conseguir integrarnos en Europa— no debe acallar el hecho de que los socialistas, a la cabeza los que venían de un marxismo harto confuso, reforzaron las dos columnas del llamado franquismo, el dinero y la Iglesia.
Sin la menor querencia por una socialdemocracia, que ya habían criticado al inicio de la transición, apelando a modelos harto vagos de socialismo, al llegar al poder los socialistas de repente descubren que la única política eficiente para crear riqueza sería la neoliberal que predican Reagan y Thatcher. El keynesianismo, con su doble objetivo de combatir, mediante la intervención del Estado, el desempleo y la desigualdad —justamente las dos metas con las que la socialdemocracia se había identificado— sería agua pasada.

Como sucedáneo cobija el dogma simplón de que, primero, habría que crear riqueza, algo de lo que solo sería capaz un capitalismo sin trabas —cualquier otra opción nos condenaría a repartir miseria— que luego los Gobiernos de izquierda ya se encargarían de distribuir con equidad, ignorando lo más elemental, que el reparto viene ya implícito en el modo de producir. 

El poder económico que se consolidó en la restauración, que financió la aniquilación de la república, que durante la dictadura dominó con la clase obrera encadenada, logrando salir incólume en una transición hecha a la medida, alcanza su mejor momento al llegar los socialistas al Gobierno. La prioridad socialista de crear riqueza, dejando actuar a un capitalismo sin cortapisas, expande sobre todas las clases sociales el afán de enriquecerse.

En cuanto a la relación con la Iglesia, la pauta es evitar cualquier tipo de fricción. A nadie se le pasa por la cabeza, no ya cancelar el Concordato, expresión máxima del franquismo, es que ni siquiera restringir uno solo de sus privilegios. Incluso se nombra embajador en el Vaticano al antiguo alcalde de A Coruña Francisco Vázquez, que más bien ejerció como representante de los intereses de la Santa Sede ante el Gobierno de España.

La reciente conferencia socialista propone, como única novedad, abolir el Concordato. Si se hubiera llevado a cabo dentro de un proceso de ruptura con el franquismo, que ni siquiera se planteó, hubiera resultado factible; reclamarlo tan lejos del poder para poder cumplir, es regalar munición a la derecha a cambio de nada.

Tan grave como la continuidad con el franquismo, conservando intactos sus dos pilares, el poder económico y el eclesiástico, fue reforzar la actitud recelosa ante la democracia que había teñido la Transición.

La refundación del PSOE, a gran velocidad y partiendo prácticamente de la nada, facilitó un fuerte control del partido desde la cúspide, que se hizo omnímodo con el reparto de cargos al llegar al Gobierno. No solo no quedó rastro de democracia interna, sino que la menor crítica que se hiciera desde sus filas, los militantes la interpretaban como un ataque personal que ponía en cuestión la posición adquirida, o la expectativa de conseguirla. Y con las cosas de comer no se juega.
Pero tanto o más que cuidar de que en casa “no se alborote el gallinero”, había que ser diligente a la hora de desmontar los movimientos sociales, que de suyo propenden a desmadrarse con iniciativas o reclamos que no encajan en la política realista y moderada que se quería poner en marcha.

La llegada del PSOE al poder, en vez de ampliar, refuerza el tipo de democracia harto restrictiva de la Transición. Así como en lo económico se aparta de los principios básicos de la socialdemocracia (papel del Estado en las políticas de empleo y de igualdad) y rompe con la unidad de acción de partido y sindicato (movimiento obrero); en lo político, repudia cualquier forma de participación social, empeñado en desmontar los movimientos vecinales y asociaciones de base, con lo que la democracia queda constreñida en su forma más escuálida de votar en los plazos previstos, aplicando sin cambio sustantivo, para mayor inri, la impresentable ley electoral heredada. Los resultados están a la vista.

Ignacio Sotelo es catedrático de Sociología.

El País, sábado 30 de noviembre de 2013
Artículo relacionado: Franquismo residual

21 noviembre 2013

El machismo que no cesa

Se creía que el machismo era cosa de un pasado patriarcal y los estereotipos de género, una rémora en fase de superación. Pero un estudio realizado por investigadores de la Universidad Complutense ha puesto de relieve que están muy vivos entre los adolescentes y, lo que es peor, creciendo.

El 10,5% de las chicas de 14 a 19 años reconocen que han sido maltratadas por sus novios, frente al 9,6% registrado por el mismo estudio en 2010. Pero la encuesta revela también que muchas chicas no identifican como maltrato conductas que evidentemente lo son. Así, un 6,2% de las chicas dicen haberse visto obligadas a prácticas sexuales que no deseaban, un 14,6% han sido amenazadas por sus parejas hasta sentir miedo y un 23,2% han sido insultadas y ridiculizadas.

Los estereotipos siguen también ahí, con una prevalencia que sorprende y que debería llevarnos a preguntarnos qué se está haciendo mal en la educación de los valores en España. Por ejemplo, un preocupante 36,3% de los adolescentes piensa que los celos son una expresión de amor, y el 11,7% de los chicos creen que está bien que los hombres salgan con muchas chicas, pero no al revés. En casi todos los apartados se observa un aumento respecto a 2010. Luego retrocedemos.

Y en ese retroceso, los nuevos machistas han encontrado en las nuevas tecnologías, que tanto nos facilitan la vida y la comunicación, una herramienta para ejercer su dominio. Una de cada cuatro chicas afirma que su novio la controla a través del móvil. Hay muchas formas de hacerlo, desde la sutil “envíame un WhatsApp cuando llegues”, a la muy intrusiva “hazme una videollamada” o “pon el localizador”, signo inequívoco de una obsesión por controlarla que puede pagar cara.


El estudio revela hasta qué punto las chicas siguen siendo víctimas de una idea romántica del amor que las lleva a confiar en su pareja hasta el punto de darle sus claves de acceso a las redes o enviarle fotos que, cuando la relación se tuerce, son utilizadas para martirizarlas.

Está claro que la prevención de la violencia de género debe empezar por la educación, pero no parece que la LOMCE la tenga como prioridad. Una asignatura que podría ser idónea para tratar esta cuestión, como Educación para la Ciudadanía, ha desaparecido.


10 noviembre 2013

¡Un papa cristiano!_El Roto


09 noviembre 2013

Consenso alemán, incomunicación española (o lo que realmente diferencia a España de Alemania)

Por NICOLÁS REDONDO TERREROS
El País, 8 de noviembre de 2013

... En Alemania, la crisis económica no parece tan grave como en España, no tienen una crisis de deslegitimación de las instituciones y parece que su compleja ordenación territorial no soporta un cuestionamiento radical y quebrantador como el que se soporta en España; sin embargo, los dos grandes partidos alemanes, en un empeño común, abren la posibilidad de unirse desdeñando los socialdemócratas sus intereses partidistas y dominando los conservadores la euforia de una victoria histórica, que casi les lleva al umbral de la mayoría absoluta.

No creo que las sociedades sean prisioneras de un carácter uniformador, impreso en un ADN colectivo, que igual sirve para disculpar la responsabilidad individual como para evitar enfrentarse al desconocido futuro; sí creo en las tendencias nacidas de la costumbre y la educación. En España es excepcional el espíritu de consenso, la cultura de la negociación en la vida pública; predispuestos siempre a satisfacer a los más cercanos y a considerar el acuerdo como una derrota imposible de encubrir. Tal vez por esa sempiterna victoria del sectarismo miramos con triste languidez la Transición española, significada por todo lo contrario.

Aquí, la crisis económica, que ha venido con un empobrecimiento general, un ejército de seis millones de parados y un desconcierto considerable sobre las bases de recuperación, no ha sido capaz de convocarnos a un esfuerzo nacional y equilibrado para superarla, y el debilitamiento del crédito institucional sirve de marco para la política más sectaria y menos encumbrada. Ni siquiera el reto independentista de los políticos nacionalistas catalanes ha tenido la fuerza suficiente para obligar a los dos grandes partidos a concretar un discurso nacional en el que puedan desenvolverse sin prevenciones, contentándose con citas oscurecidas por el secreto y el desdén por la inteligencia de sus representados. Embarcado uno en un viaje sin destino, si no es el de buscar las diferencias con el otro gran partido nacional, y dedicado, el que tiene hoy la responsabilidad de Gobierno, con afán de usurero, a contar los beneficios del desencuentro, que sin duda los tendrá.

No me extraña, por tanto, que nos sorprenda el hábito del pacto en Alemania y que pronto procuremos olvidar que la base del éxito germano se basa en el acuerdo social, sin impedir el fragor del conflicto propio de una sociedad con variados y múltiples intereses, pero capaz de encauzarlos. Desde una dura y traumática experiencia histórica, los alemanes han llevado la política del acuerdo a todas las esferas de la vida pública: al ámbito partidario, al institucional y aún al ámbito socioeconómico. Han demostrado que las tendencias sociales se pueden doblegar.

Mientras tanto, en una nueva vuelta al pasado, se nos presentan en España dos realidades incomunicadas, incapaces de encontrar bases mínimas, no solo para una convivencia pacífica, sino también esperanzadora. Sin darnos cuenta de que Alemania, con todos los reparos que pongamos, no basa su buena fama en la productividad de trabajadores y empresarios, ni siquiera en los avances tecnológicos; es la capacidad de renuncia, de acuerdo, de sacrificio, de esfuerzo individual y colectivo, la verdadera razón de su fortaleza.

Nicolás Redondo Terreros es presidente de la Fundación para la Libertad.

02 noviembre 2013

Rowers Against Homophobia_video

Male university rowing club go completely naked for their raunchiest ever charity calendar!

The 2014 Calendar features 14 members of Warwick University Rowing Society all aged between 18 and 21. The black and white images - the group's fifth charity calendar - feature the buff boys frolicking by the River Avon. This behind-the-scenes video captures the energy and camaraderie of the sporting group. The Warwick University Rowing Society team are hoping to repeat on last year’s naked calendar which saw it sold out in days with orders coming from over 40 countries. The hunky rowers have already built up an impressive celebrity fan base including Stephen Fry, John Barrowman, Boy George, Gok Wan and Derren Brown. And this year the muscular athletes have decided to use their calendar to raise money for a charity which challenges homophobic bullying in schools. Funds from the calendar and other products will go towards Educational Action Challenging Homophobia (EACH). The registered charity is working with the rowers to develop a programme called Sport Allies that will see them going into schools and making viral videos. They aim to help encourage young people who are being bullied about their sexual identity to call a national helpline and speak out about the abuse they suffer. @naked_rowers

19 septiembre 2013

Moral católica

JAIME BOTÍN
El País, 19 de septiembre de 2013

En su columna del último domingo, escribe Manuel Vicent: “Un Estado no puede sostenerse sin que los ciudadanos se sientan orgullosos de pertenecer a él. El prestigio es su oxígeno. El accidente del Alvia, el fiasco ridículo de los Juegos Olímpicos, el descalabro de la Monarquía, la corrupción socialista de los ERE, las mentiras del Gobierno en el Parlamento para sacudirse de encima la evidencia de un infecto mejunje de financiación del Partido Popular, constituyen una situación de miseria moral que entra por los ojos”. El artículo tiene otros aspectos de interés, pero me referiré a la “miseria moral”. Las encuestas de opinión no parecen señalar un aumento de la preocupación ciudadana por la caída del nivel moral de nuestra sociedad. Sin embargo, es ahí donde está la raíz de nuestros problemas. De la herencia del franquismo tenemos algunas cosas buenas y una malísima, que es la moral rancia e hipócrita que nos legaron nuestros padres, por supuesto, con la mejor  voluntad. Nos corresponde a nosotros, como ahora se dice, el “derecho a decidir”; ha llegado el momento de decidir lo que está bien y lo que está mal. Y, por una vez, sería bueno decidirlo de manera autónoma, sin consultar a la Santa Madre Iglesia.

Lo peor no es que, ocupado en defenderse, el Gobierno no funcione, que desaparezcan las ayudas a la cultura, a la educación o a la investigación, que los ministros del Gobierno digan tonterías sin orden ni concierto, que asistamos a la aniquilación de la iniciativa y a la ruina de la clase media; que aumente el paro. Hay algo mucho peor, que es el ejemplo. Se pueden soportar muchas cosas, pero no se puede soportar el mal ejemplo. Tal vez baje la prima de riesgo e incluso puede que mejore la cifra de paro, pero el problema está en el colapso ético de una sociedad donde no solo se ha extendido la corrupción, sino que parece que no importa. No solo es que se robe, sino que el acusado de robar se defiende señalando lo que roba el otro. No solo es que se mienta, sino que el embustero ni siquiera se preocupa de contradecir al que le increpa, aunque sea en sede parlamentaria.

No es suficiente decir: “Me equivoqué”. Hay que dar cuenta y asumir la responsabilidad.

La Iglesia, tan celosa de proteger al no nacido, no parece concernida por la corrupción. Los obispos no salen a la calle para protestar, se ve que no consideran que el asunto tenga suficiente gravedad. Tal vez estimen que, con paciencia, algún día verán acercarse al confesionario a pedir perdón a los que hayan quebrantado los mandamientos correspondientes. Perdón que será concedido, por supuesto. Como dijo famosamente el arzobispo Cañizares cuando un periodista le preguntó por la postura de la Iglesia respecto a la pedofilia de los sacerdotes: “Se pide perdón y ya está”.

Dios es infinitamente misericordioso y la Iglesia tiene delegado el poder de perdonar. En este disparate se asienta la moral católica, un principio fatal para la buena marcha de una democracia moderna donde no debe bastar con pedir perdón. No es suficiente decir: “Me equivoqué”. En una democracia, el sacerdote no administra la absolución de las fechorías cometidas por el pecador arrepentido. En una democracia digna de tal nombre hay que dar cuenta y asumir la responsabilidad. Mucho temo que la moral católica, si Dios no lo remedia, va a acabar no solo con la derecha española, sino con todos nosotros. Esperemos que el papa Francisco, que tan admirable comienzo ha protagonizado, encuentre solución a un problema que, según parece, nuestros gobernantes y la jerarquía eclesiástica prefieren ignorar.

10 septiembre 2013

Éclair sur la tour Eiffel

Rare image d'un éclair sur la tour Eiffel. Prise en juillet 2008, cette photo est signée de Bertrand Kulik. L'éclairage bleu de la tour, à l'occasion de la présidence française du conseil de l'Union européenne, renforce son caractère magique. (Bertrand Kulik/CATERS NEWS AGENCY/SIPA)

03 septiembre 2013

El gran patio electrónico

JUSTO NAVARRO
El País, 31 de agosto de 2013
Vi el otro día en unos lavabos a un hombre que, ante el urinario, tecleaba sonriente en su teléfono móvil. Sin salir nunca de la franja costera entre Granada y Málaga, este verano he visto a mucha gente en conexión telefónica perpetua, en la calle, en un descampado, en bares, gasolineras y autovías. He descubierto una nueva forma de ensimismamiento en masa, algo místico, criaturas con la mirada baja, sobre el teléfono, y he recordado los ojos devotos de la imaginería religiosa: la Magdalena arrepentida de Caravaggio, que un día encontré en la Galería Doria Pamphili de Roma, las vírgenes sonrientes de Murillo, las esculturas de José de Mora en Granada, en el Palacio de Carlos V. Pero en los telefonistas silenciosos lo normal es una sonrisa plácida, la mano alrededor del teléfono, literalmente manoseando palabras, como pasando las cuentas de un rosario.
Por más que los veo, siempre me asombra su estado de atención incesante al aparato electrónico. Parece haber una necesidad ansiosa colectiva de mandar y recibir mensajes, signos de existencia. Todavía no tengo teléfono móvil, lo siento, pero algún amigo me ha dejado asomarme a los avisos y recados que intercambia a través de la red Whatsapp, y he entendido un poco por qué nadie se cansa de esperar y devolver al teléfono una palabra o una frase que ni siquiera llega a frase. Se trata de un juego de ingenio, entre la austeridad lingüística y la agresividad publicitaria. Es una forma de entretenerse rápida y económica, que a veces ni siquiera llega a espasmo verbal y se queda en emoticón, que en inglés se dice smiley.
Smiley se llamaba el espía que inventó John Le Carré, aunque aquel Smiley era un individuo complejo, reflexivo, muy serio, especialista en la poesía alemana del siglo XVII, y los emoticones, esas caras abstractas, alegres o amargadas, perplejas o escandalizadas, indignadas o eufóricas o impasibles, expresan juicios o reacciones elementales, instantáneos. Supongo que estos modos de escribir afectarán a los modos de hablar, de pensar, de relacionarse. No hay tiempo de releer lo que se escribe, la gramática depende de la velocidad del pulgar que teclea, y se confunden letras, que acaban comidas, desordenadas, y las palabras se deforman, y desaparecen los peros y los porques y los porqués. Es lo que da tiempo a teclear mientras se espera la vuelta en la caja del supermercado, una mano tendida hacia el dinero del cambio, otra en el teléfono, que le está haciendo una foto a una sandía.
He descubierto una nueva dedicación permanente a la palabra escrita, algo parecido a la veneración. El arrobamiento ante el teléfono, casi nunca usado para hablar, es muy corriente en el público de los bares, donde algunos clientes parecen divertirse más con su aparato inteligente que con la gente próxima. Los camareros disfrutan estos días de calor pesado las condiciones vigentes del mercado laboral, libre y flexible: multiplicación de horas no pagadas, acumulación de trabajo para muchos en unos pocos, fin natural de los convenios colectivos, disolución de los sindicatos, es decir, de la capacidad de defensa de los trabajadores frente a la empresa. No sé si la inmensa soledad del trabajador individual encontrará compensación en la masiva comunidad intertelefónica.
La multitud entrelazada a través del aparato electrónico me ha recordado la hipótesis de aquel entomólogo que veía en un hormiguero un individuo único, compuesto como nuestro cuerpo por millones de células, aunque sus células fueran hormigas. El hormiguero sería un multiorganismo, una personalidad colectiva, con pensamiento y acción en común, como ese grupo de gente que ahora mismo está unida a través de los mensajes telefónicos, todos hablando a la vez entre sí como cuando hablamos con nosotros mismos, intercambiándose la crónica instantánea de sus impresiones y sus actos. Es un diario íntimo en público, compartido, que podría ser considerado un paso hacia la destrucción voluntaria de lo privado, todos espías de sí mismos en una colectividad de patio de vecinos, o de patio de cárcel o cuartel, aunque el cuartel o la prisión sean enormes.