26 marzo 2025

"Adolescencia", un reto técnico, interpretativo y narrativo en la historia de la televisión


Por Laura Pérez, eldiario.es 

21 de marzo de 2025

En los últimos días no ha habido conversación seriéfila que no haya girado en torno a Adolescencia (Adolescence), la nueva miniserie fenómeno de Netflix. Otro éxito del 'boca a oreja' en la era de las plataformas que ha provocado una fascinación generalizada y que, apenas transcurridos tres meses de 2025, ya se ha convertido en una de las grandes ficciones del año con total merecimiento.

Frente a otros proyectos ultracomerciales repletos de elementos 'taquilleros' para triunfar, lo de esta producción británica es del todo excepcional: está compuesta por únicamente cuatro capítulos de entre 50 y 65 minutos, todos ellos rodados en plano secuencia. Es decir, en una única toma, sin cortes ni edición. Un reto audiovisual e interpretativo que, más allá de la habilidad técnica, ayuda a elevar a esta serie a la categoría de inolvidable. O, al menos, a la de esas que dejan una huella especial por un tiempo.

Para comprender a qué viene tanto elogio basta con echar un vistazo a su primer capítulo. O en su defecto, con leer alguna de las muchas críticas que desde su estreno el pasado 13 de marzo han analizado por qué parece que en los últimos días todo el mundo habla de esta nueva serie de Netflix. Una conversación social que se ha traducido en un top-1 en la plataforma que, con total probabilidad, seguirá viendo disparados sus números en próximas semanas.

Creada por Jack Thorne y Stephen Graham, y dirigida por Philip Barantini, Adolescencia cuenta la historia de Jamie Miller, un adolescente de 13 años que es detenido y acusado de asesinar a una compañera de clase. Una sinopsis tan breve como impactante, casi tanto como la impresión que genera en el espectador ver por primera vez al joven Owen Cooper en la piel del protagonista mientras un grupo de agentes de policía entran en su habitación infantil para arrestarle.

En ese momento comienzan dos viajes. El de la ficción, con el presunto asesino y especialmente su familia ajenos a lo que la investigación va a depararles. Y el real que experimenta todo aquel que decide darle al play y 'subirse' a una de esas series que remueven e incomodan, haciéndote transitar por todo tipo de sentimientos en apenas cuatro horas.

Como comentábamos, gran parte de la excepcionalidad de esta ficción es consecuencia de la técnica cinematográfica elegida para la totalidad de su metraje: cuatro planos secuencia, uno por capítulo. Una técnica que habitualmente se introduce de manera puntual o limitada en obras audiovisuales (buenos ejemplos de ello son el episodio 5 de Monstruos: La historia de Lyle y Erik Menendez o el 10 de Los años nuevos, ambas series de 2024), pero que en este caso marca la totalidad del relato.

Así las cosas, la serie en su conjunto es un reto audiovisual e interpretativo de los que no abundan, pues toda la acción sucede ante la cámara de manera milimetrada, como si de una representación teatral se tratase. En lo que al equipo técnico se refiere, el desafío al que se han enfrentado lo ha desglosado recientemente Netflix al revelar secretos y curiosidades de rodaje, como recogimos aquí. Y en lo que respecta al elenco, asistimos a una masterclass de interpretación de unos actores que pasan del pánico a la ira o al dolor en apenas segundos, sin cortes y sin que un montaje pueda 'salvar' a nadie.

En ese sentido, conviene subrayar tres nombres propios. El primero es el de Owen Cooper, un joven de 15 años sin experiencia previa como actor que firma un debut sobresaliente en el papel protagonista. Los matices de su Jamie Miller en el primer y tercer capítulo bien merecen todos los premios que probablemente le lloverán el próximo año. El segundo es el de Stephen Graham, que si bien no es un descubrimiento para nadie, se marca una de sus interpretaciones más brillantes como el padre del acusado. Y el tercero es el de Erin Doherty, conocida por su paso por The Crown, que sobrecoge en la piel de la psicóloga Briony Ariston.

A estos retos se suma el narrativo, ya que resulta de lo más complicado retener la atención del espectador en un plano que dura casi una hora, y que tampoco puede servirse de la labor de montaje para acelerar su ritmo. Algo que Adolescencia sortea sin problemas, pues logra transmitir la tensión de cada momento y hacer partícipe de toda situación a aquel que está viendo la serie desde su sofá.

Especial mención merece el primer capítulo, la mejor puerta de entrada posible a esta historia, y principalmente un tercer episodio que se desmarca como una pieza televisiva memorable. En su escenario, una sala común de un centro de menores, se genera de pronto un torbellino incontrolable de emociones y reflexiones sobre la educación y la masculinidad, provocado por lo que parecen “simples” preguntas de una profesional a un adolescente con graves problemas de conducta.

Sin entrar en spoilers, y más allá de lo arriba analizado, si por algo Adolescencia debería ser una serie de visionado obligatorio para padres e hijos no es por su estilo, sino por su temática. Y no precisamente porque esta situación de extrema gravedad sea común en toda familia, sino por las enseñanzas de calado que deja en sus cuatro entregas.

A lo largo de sus capítulos, esta serie se adentra en 'la mente' de las generaciones Z y alfa para desenmarañar y traducir los que son ya códigos propios que los adultos difícilmente son capaces de interpretar. Términos y comportamientos intrínsecos a los adolescentes de hoy en día, nacidos y criados en Internet y las redes sociales, que pueden tener consecuencias impredecibles.

Así las cosas, y bajo la visión de los adultos que educan dentro y fuera del hogar, Adolescencia retrata el clima en el que se 'cultivan' las nuevas generaciones. En sus propias casas, con los roles que sus padres muchas veces reproducen de manera inocente o inconsciente. Y en los colegios e institutos, donde los perfiles que adquiere cada uno en esa época de formación acaba marcando. Además, la serie pone de relevancia el caldo de cultivo de las redes sociales y cómo pueden ser una herramienta feroz de bullying entre los menores que acceden a ellas sin control ni supervisión.

Llegados a este punto, y siendo indiscutibles los muchos aciertos de esta serie en su retrato de la adolescencia inspirándose en un caso real, cabe señalar una 'falta' que sus propios guiones verbalizan. En su capítulo 2, uno de los personajes reflexiona sobre cómo en todo crimen la víctima acaba siendo olvidada mientras la figura de su verdugo está en el centro de todo: en la investigación, la acusación, el juicio, la sentencia y su futura reinserción, si se da el caso.

Y esa es precisamente la piedra en la que tropieza -voluntariamente o no- Adolescencia, en que ni la víctima ni su entorno tienen un mínimo protagonismo en el relato. Porque aunque el foco de esta narración se sitúe en otro lado, las víctimas no pueden ni deben ser la parte olvidada de la historia.

23 marzo 2025

La creciente visibilidad de la bisexualidad

La Generación Z, seducida por la bisexualidad: “Antes la B se perdía en las siglas del colectivo”

Casi uno de cada cuatro jóvenes de 18 a 24 años se define bisexual, según el último CIS, cuatro veces más que las generaciones previas debido al aumento de referentes y a una actitud rupturista con el binarismo

De izquierda a derecha, los jóvenes bisexuales Bastian Cáceres, María Barrier, Daniel Valero y Javiera Zuñiga.
Pablo León
El País23 MAR 2025 
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La Generación Z se siente representada por la bisexualidad. O al menos mucho más que sus mayores. En el último CIS sobre relaciones sexoafectivas, de enero de este año, casi un 15% de los encuestados se ubicaba fuera de la heterosexualidad. De estos, tres de cada cien (2,8%) se reconocían como homosexuales, mientras que las personas bi doblaban esa cifra (5,9%). Entre los encuestados de 18 a 24 años, los bisexuales se disparaban al 23,6%; es decir, casi uno de cada cuatro jóvenes. “Ahora hay menos miedo a decir que eres bi. En estos últimos años, me ha sorprendido muy positivamente ver crecer el número de personas que hablan abiertamente de su bisexualidad”, resume Andy Ortiz, madrileño de 27 años.

Además de expresarlo con mayor normalidad, muchos jóvenes también encuentran en la bisexualidad un posicionamiento político, una reivindicación, que rompe con el binarismo establecido, pero no solo cuestionando lo masculino y lo femenino, sino también lo hetero y lo homo. “Existe una conexión entre la bisexualidad, las personas no binarias y el género fluido”, incide el joven, que ejerce como profesor terapeuta en un instituto de secundaria de Madrid.

Ortiz explica que su hermana, tres años más joven que él, le abrió los ojos: “En su adolescencia, cuando yo tenía 17 o 18, empezó a compartir muchas inquietudes conmigo, con nuestra familia. Entonces, fui capaz de ver que estaba sintiendo atracción por hombres y mujeres. También de que la bisexualidad es una realidad. Hasta hace poco, la B estaba un poco perdida entre las siglas del colectivo”, puntualiza.

Noelia Salido, en una imagen cedida.

Y eso que las personas bisexuales representan más de la mitad del colectivo LGTBI+: un 55%, según la encuesta Estado LGTBI+ 2024, elaborada para la Federación Estatal LGTBI+ (Felgtbi+) por 40 dB. A pesar de ello, la co-coordinadora del grupo bi de la Federación, que aglutina a más de 50 entidades defensoras de los derechos del colectivo, Noelia Salido, de 29 años, habla de un borrado de los referentes bi a lo largo de la historia. “Los más mayores hemos tardado en reconocernos como bisexuales por desconocimiento y falta de referentes. A mí me ha pasado”, dice esta activista que vive en Pedro Muñoz (Ciudad Real).

Durante gran parte de su vida, Salido se había reconocido como lesbiana. No fue hasta hace unos años que se identificó como bi. “Si durante toda tu vida has sido lesbiana y sigues teniendo relaciones con mujeres, aunque tú sepas que te atraen también otros géneros, puede que no quieras visibilizarte para no recibir más violencia. Si ahora me siento reconocida y respetada, ¿por qué volver a empezar como bisexual?”, dice.

Las personas bisexuales son las que menos se visibilizan del colectivo LGTBIQ+. Lideran los hombres bi: un 45% lo oculta, según la última encuesta de la UE al respecto (publicada en 2020, llamada LGTBI II, y cuya tercera edición está en proceso de elaboración). Tampoco se visibilizan tres de cada diez mujeres bisexuales. Son cifras muchísimo más altas que en el caso de gais y lesbianas, entre quienes un 12% esconde su orientación.

“Por suerte, la gente joven viene empujando fuerte”, celebra Salido, “igual que parece que los argumentos de odio calan en la juventud, sobre todo en chicos; también llega lo referente a las personas LGTBIQ+, provocando que se hable más de realidades como la bisexualidad”.

Bastian Cáceres, en la zona de Ventas de Madrid.

Bastian Cáceres, de 26 años, supo que era bi en su adolescencia. “Tendría unos 14 años. Al vivir un conflicto de género, empecé también a cuestionarme mi sexualidad”, recuerda este chico, originario de Guadarrama, en la sierra de Madrid. Estudió Comunicación Audiovisual y ahora trabaja en una oficina. “Tengo mucha suerte, pues mi entorno es bastante abierto y me rodeo de personas del colectivo”, cuenta. “A pesar de ello, mi familia lleva mejor que sea trans a que sea bi”, apunta, porque “la gente a veces desconfía de la bisexualidad”.

Cáceres lleva cuatro años con su pareja, que tiene 24 años y, aparte de bi, es una persona no binaria. “Hablamos mucho sobre género. Nos gusta reflexionar y analizarlo”, expresa. Considera que el aumento del autorreconocimento como bi entre la Generación Z (nacidos entre mediados de los noventa y la primera década del siglo XXI) está relacionado con el aumento de referentes y la mayor presencia pública, pero también con cierto sentimiento de disrupción. “Hay algo de choque generacional con respecto a la bisexualidad. Y mucho tiene que ver con el género: para las personas más mayores es algo rígido y binario; nosotros, además de verlo más fluido, nos hemos dado cuenta de que es algo social. Esto cambia la manera en la que te relaciona con otras personas. Por eso ahora vivimos una nueva liberación sexual”, resume.

Javiera Zúñiga, en un parque de Madrid.

“La revolución bi está ahora a tope y me encanta”, celebra Javiera Zuñiga, de 29 años. Ella “desde siempre” ha sentido atracción por chicos y chicas. “Cuando me preguntan, lo digo abiertamente y con calma, tanto a mi familia —mis padres, mis primos, mis sobrinos… todos lo saben— como a mis amigos o compañeros de trabajo”.

Es chilena, nacida en San Felipe —”un pueblo cerca de los Andes”— y desde hace cinco años vive en Madrid, donde trabaja como enfermera. “A veces, quieren encajarte en otros lugares, en otras casillas, porque no todos entienden lo que significa ser bisexual. Pero no soy más lesbiana por estar con una chica ni más hetero por acostarme con un chico. Al final, como yo me sienta vale más que lo que se diga de mí. Basta con reafirmar mi postura, algo en lo que siempre he sido muy contundente”, afirma.

Además de ofrecer un amplio abanico a la hora de relacionarse, “la bisexualidad puede ser increíblemente rupturista, ya que plantea una amenaza para lo normativo y para el propio sistema capitalista”, dice Daniel Valero, de 31 años. Acaba de publicar Confundidas, indecisas, promiscuas. Bisexualidad y deseo en un mundo monosexista (Paidós), un libro que ha escrito a raíz de su salida del armario como bisexual.

Daniel Valero, en la calle Barceló de la capital.

Con el título hace referencia a los prejuicios con los que muchas veces se intenta cuestionar la bisexualidad, a través de frases como: “Es una fase”; “estás confundido”; “no te decides”; o “eres un vicioso”. “Llegué a sentirme más cómodo definiéndome como homosexual que como bi. En ambos casos se recibe lgtbifobia y rechazo por parte de los heteros. Como bi, además puedes ser cuestionado por la comunidad LGTBI+. La bisexualidad parece un espacio inhabitable, hostil, porque no estás tranquilo ni en la comunidad hetero ni en la homo”, relata.

El potencial transformador de la bisexualidad

Valero asocia esa hostilidad con el potencial transformador de la bisexualidad. “Amenaza el sexo y el género, las relaciones monógamas productivas o la estabilidad de la orientación sexual, porque puedes ser un hombre con novia y también una persona LGTBI+”, detalla Valero. “El monosexismo [considerar que la atracción por un género es mejor para la sociedad que otras opciones] acepta a ciertas personas, como a los homosexuales; tolera que no sean íntegramente normativos siempre que se casen, vayan a vivir juntos, compren una vivienda y formen una familia. Ahí, una persona bisexual no encaja totalmente”, reflexiona el escritor y youtubero.

“¿De qué le sirve al sistema que tú te acuestes con muchas personas, que te relaciones sexual y afectivamente con ellas, que construyas redes y lazos, que disfrutes de una forma que no se genera un beneficio económico?”, lanza Valero. “Esto da muchísimo miedo y hace que el propio sistema intente invalidarnos y difuminar nuestra identidad”, añade.

Por otro lado, resalta el gran potencial que ofrece lo bi: “Hay un porcentaje gigantesco de personas que pueden sentirse atraídas por todo tipo personas”. Algo que confirma el último CIS sobre relaciones sexuales y de pareja: casi un 63% consideraba que una persona, a lo largo de su vida, puede variar sus preferencias sexuales respecto a relacionarse con hombres o con mujeres.

A ello se añade que los jóvenes exhiben una mayor diversidad identitaria. Según otro estudio de 40 dB para EL PAÍS sobre las relaciones sexoafectivas, elaborado en 2022, entre los menores de 25 años la heterosexualidad había caído un 15% con respecto a los baby boomers [los nacidos en los sesenta]. Ese sondeo constataba que entre los jóvenes había el doble de bisexuales y homosexuales que en la generación de sus abuelos y también que eran mucho más proclives a enamorarse de alguien de su mismo sexo o con una identidad sexual distinta a la suya.

La mallorquina María Barrier, en la plaza del 2 de Mayo de la capital.

“He sido bisexual toda mi vida, aunque ahora mismo no me considero así. No porque no me pueda atraer un hombre, sino porque no estaría con él: hay actitudes de hombre que me causan rechazo”, resume María Barrier, de 25 años y nacida en Mallorca. “Ahora me considero lesbiana y a lo mejor dentro de tres años me considero otra cosa”, matiza esta antropóloga y periodista, que conduce, junto a Samantha Hudson, el podcast Bimboficadas.

Para Barrier, “la normalidad y la normatividad son inventos para encorsetarnos”. Por eso se alegra de ver a gente joven, sobre todo a mujeres, hablar abiertamente, “con libertad y seguridad”, de la bisexualidad. “Mi madre —que yo creo que es bastante bisexual y ella también lo cree— nunca se ha permitido serlo”, afirma. “En realidad, el género está tan delimitado que es muy fácil no encajar y salirse de esa norma. Lo odio, me encantaría que no existiese: ojalá todo el mundo fuese bisexual porque eso significa que hemos superado el binarismo y el género”.

20 marzo 2025

DANS LA NATURE_court-metrage

 


Dans la nature, un couple c’est un mâle et une femelle. Enfin, pas toujours! Un couple c’est aussi une femelle et une femelle. Ou un mâle et un mâle. Vous l’ignoriez, peut-être, mais l’homosexualité n’est pas qu’une histoire d’humain.

In nature, a couple is a male and a female. Well, not always! A couple is also a female and a female. Or a male and a male. You may not know it, but homosexuality isn’t just a human story.

An exceptional animation short film by Marcel Barelli, Switzerland, 2021. [In French with English subtitles.] 5min.

19 marzo 2025

Cortometrajes para Tratar la Diversidad Afectivo-sexual en el Aula

Carlos Martín Gaebler, PhD
blogaebler.blogspot.com
Centro del Profesorado de Sevilla, Pabellón Fujitsu
Miércoles, 19 de marzo de 2025


Tratar la diversidad afectivo-sexual en el aula no es adoctrinamiento. Es formar a los y las jóvenes en el respeto al diferente y en la convivencia democrática. Y en el caso de adolescentes homosexuales, bisexuales o transexuales es ofrecerles referentes positivos y alentadores para que no se sientan solos/as y puedan desarrollarse con naturalidad y sin estigmas. Hacerlo mediante imágenes en movimiento es hacerlo usando el lenguaje audiovisual de su generación. Para ello, he seleccionado varios cortometrajes por su valor humanístico y por su calidad fílmica. La cultura (también la cinematográfica) nos hace libres.

Brújula, Roberto Pérez Toledo, 2017 (El comienzo del proceso de aceptación en un corto comisionado por #ScoutsConOrgullo) YouTube, 4 min 



The Future Awaits, Roberto Pérez Toledo, 2021 (El bilingüismo como necesidad, la bisexualidad como posibilidad natural, y viajar en tren siempre.) YouTube, 5 min https://www.youtube.com/watch?v=bnJwyGLgffw



La teoría de la pluma, Roberto Pérez Toledo, 2021 (La pluma explicada y aceptada entre dos.) YouTube, 6 min https://www.youtube.com/watch?v=OZhzXovyYtk


Por un beso, David Velduque, 2016 (Denunciar la homofobia a pie de calle.) YouTube, 5 min https://www.youtube.com/watch?v=hqFGW2WPJWk


Pauline, Céline Sciamma, Francia, 2010 (En un conmovedor monólogo, Pauline narra la historia de su vida: su alegre infancia en un pueblo de provincias hasta que los demás empiezan a hacerle el vacío a causa de su homosexualidad.) YouTube, 7 min


Pancarta, Roberto Pérez Toledo, 2018 (A las manis hay que ir con pancarta.) YouTube, 5 min https://youtu.be/HaOyoqUvoXg

Me llamo Laura, José María Baca, 2017 (Corto amateur realizado por alumnos del IES Néstor Almendros contra el acoso docente a una alumna trans.) YouTube, 9 min https://www.youtube.com/watch?v=W-_6CZLcDHc


Yo también, Sonia Sebastián, 2017 (Tras recibir un diagnóstico de su doctora, Lina intenta ponerse en contacto con antiguas ligues para comunicárselo. Este episodio autoconclusivo forma parte de la webserie INDETECTABLES, un proyecto de sensibilización en salud sexual para el colectivo LGTB, y el resto de la sociedad.) YouTube, 16 min  https://www.youtube.com/watch?v=j78f7jBHfo8


La colada, María Monreal, 2024 (Salirse de lo establecido puede conllevar soledad, y eso lo conoce bien Belén. Ella tiende su ropa en la azotea comunal junto a Carmela, una viuda octogenaria. Para Belén la terraza es, no solo el lugar donde secar la ropa, sino donde charlar y hasta rebelarse contra un curioso sistema de etiquetado instaurado en la comunidad.) Amazon Prime, 12 min


Wonderkid
, Rhys Chapman, Reino Unido, 2016 [en inglés B1/B2 con subtítulos en inglés] (Mediometraje comisionado por la Premier League para contribuir a erradicar la homofobia en los estadios de fútbol.) 31 min 

Actividad didáctica relacionada: serie de videopócasts LaLiga VS contra el racismo, el acoso, el sexismo [25/26], y la homofobia [26/27] en el fútbol español para erradicar el odio en las gradas.

"PD" (Marica), Olivier Lallart, Francia, 2019 [en francés con subtítulos en inglés] (Thomas, un estudiante de diecisiete años, descubre su atracción por Esteban, otro chico de su instituto. El rumor acerca de su homosexualidad se extiende rápido y Thomas empieza a sufrir el peso de la mirada ajena. Un mediometraje de calidad para personas curiosas y con la mente abierta.) 35 min https://blogaebler.blogspot.com/2024/03/pd-maricacourt-metrage.html

Antes de la erupción, Roberto Pérez Toledo, 2021 (Aunque una erupción volcánica puede ocurrir sin ninguna señal previa, lo más probable es que los volcanes emitan diferentes tipos de advertencias antes de que comience la erupción. Apenas lo vimos venir.) YouTube, 9 min https://www.youtube.com/watch?v=0xndCLg2L7g&t=2s



Largometrajes recomendados:
Young Hearts, (SEFF próximamente en salas)
Beautiful Thing, plataformas
Carmen y Lola, Filmin
Hacia mi nombre, (Magnífico documental italiano que narra el proceso de transición de cuatro muchachos trans) Filmin
Retrato de una mujer en llamas, Filmin 


Series recomendadas:
Heartstopper, Netflix
Sex Education, Netflix
Big Boys, Filmin
Merlí, (bilingüe en catalán y castellano) en rtve.es
Una perra andaluza, (serie petarda juvenil muy diver rodada en Sevilla y dirigida por Pablo Tocino) Filmin


LA VISIBILIDAD IMPORTA


04 marzo 2025

Bésale, bésale mucho

Por CARLOS MARTÍN GAEBLER

Los españoles nos besamos y tocamos tanto en público que es una alegría. Debe ser el lado tierno de la marca España. Recuerdo que, ya en el añorado 1992 del olímpico 
Amics per sempre, lo resaltaba la escritora Rosa Montero en un artículo titulado Besos y otras cosas. Hasta nuestros waterpolistas se besan en los morros cuando conquistan un título de relumbrón. Pero no todos los hombres se sienten libres para besar o acariciar a sus novios, maridos o amigos en público. Un reciente y original anuncio publicitario australiano anima a las parejas del mismo sexo a cogerse de la mano, estén donde estén.

La visibilidad es un derecho orgullosamente conquistado. Fruto de la lucha por la igualdad son las bodas entre personas del mismo sexo, cuya difusión mediática ha contribuido a normalizar la visión que los heteros tienen de nosotros. Sin embargo, cada uno de nosotros puede hacer más por esa normalización, porque la visibilidad sí que importa. ¿Te vas a perder la incomparable sensación de libertad que da ir cogido de la mano de tu amado/a por la calle? Échale huevos, y disfruta de la vida ahí fuera (del armario). Si escondes la mano y sucumbes al miedo, les haces el juego a los homófobos, a los machistas, y ganan ellos. Que no nos dé miedo el amor. 

Para que los heteros aprendan a mirarnos con naturalidad debemos comportarnos con la naturalidad que proporciona la ternura, también en la vía pública, en las playas, en un restaurante, en el cine, en la universidad, en el metro. Muchos gays y lesbianas deben aún guardarse la mano en el bolsillo cuando pasean junto a su pareja por la calle. No nos reprimamos nunca cuando queramos acariciar o besar a nuestro chico o chica, o nos apetezca ir cogidos de la mano, por miedo a fascistas homófobos. Mostrando nuestro amor podemos parar su odio. Pásalo. cmg2019

¡Nos queda Portugal!

Por VÍCTOR LAPUENTE

El País, 12 de marzo de 2024

Los progresistas españoles solían recurrir al “menos mal que nos queda Portugal”. Pues era lo más parecido al ideal: una república (no monarquía) ibérica con mayoría absoluta (no relativa) de los socialistas y una extrema derecha arrinconada. Las elecciones del domingo han cambiado el panorama, pero nuestro país vecino lleva tiempo emitiendo señales que deberíamos escuchar. Portugal es el mejor maestro para España, y viceversa, simplemente por nuestra cercanía, que es una variable que despreciamos al buscar ejemplos con quienes compararnos. Preferimos mirar a naciones más al Norte, obviando las múltiples diferencias histórico-geográficas que nos separan. El mejor modelo a seguir en la vida es una hermana o un primo, no los lejanos Elon Musk o Taylor Swift.

La pareja España-Portugal me recuerda a Suecia-Noruega. El Goliat peninsular que es superado por el diminuto David: Noruega adelantó en renta per cápita a Suecia hace unos cuantos años y, según la OCDE, Portugal lo hará con España en unas décadas. Esos sorpassos entre vecinos son, en parte, el resultado de que la nación pequeña aprende de la grande (para empezar, su idioma; pero, luego, sus políticas exitosas) mientras esta, vanidosa, le da la espalda y mira a las “potencias europeas”. Y, sobre todo, a su propio ombligo.

En política, Portugal nos ofrece dos lecciones importantes. La primera es que el lenguaje hiperbólico palidece ante un desempeño económico sensato. Hace una década, la derecha portuguesa trató de desprestigiar el acuerdo entre los socialistas y la izquierda radical (el Bloque de Izquierda y los comunistas) calificándolo de geringonça (galimatías). En teoría, el país se encaminaba al desastre porque el Gobierno pactaba con formaciones antisistema que hablaban de salir de la OTAN, dejar el euro o no pagar la deuda. Pero, en lugar del apocalipsis, resulta que el Gobierno de Costa manejó bien los retos económicos y la ciudadanía se lo agradeció con una mayoría absoluta en 2022 —que fue tan sorprendente para la opinión pública  portuguesa como la victoria de facto de Sánchez el 23-J—. La gestión se impone a la exageración. Señor Feijóo, tome nota.

La segunda es que la gente puede perdonar casos esporádicos de corrupción, pero castiga a un Gobierno en el que, aunque su máximo dirigente no se haya enriquecido personalmente, se reproducen conductas irregulares en varios puntos y no se explica con transparencia qué mecanismos sistemáticos permitieron esa podredumbre y cómo limpiarla. Señor Sánchez, tome nota.


Elogio de lo pequeño

Por ÁNGEL FERNÁNDEZ-SANTOS
El País, 1 de marzo de 1999

El otro día, un lector amistoso y con curiosidad por el funcionamiento de las tripas ocultas del cine, me preguntó si sabía por qué las películas de Hollywood parecen fotografiadas en celuloide mucho más limpio y brillante que el de las europeas. No encuentro otro medio de decirle lo que presumo que invitarle a que cuente, cuando una película termina, los nombres que abarcan los títulos de crédito, la extensión de la nómina del equipo de filmación. Descubrirá que en un filme californiano esta nómina es mucho mayor que en cualquier otro, proceda de donde proceda. En un rodaje de Hollywood, si hace falta iluminar medio kilómetro de una calle, para que toda ella aparezca con rebuscamiento de tiralíneas en la pantalla y sea cada esquina perceptible de forma tan pulida como una imagen de revista de glamour impresa en papel cuché, pues se hace, por irreal o relamida que sea una imagen que busca ante todo la explicitud, lo que en cine es una ambición casi siempre encubridora de mediocridad, pues además de desterrar el misterio, la bruma, los fondos granulados y eludir el juego con el tenebrismo, encarece mucho la imagen. En Hollywood ya no se hacen películas baratas, por barata que sea su enjundia. Se hacen, como chorizos, pequeñeces a lo grande y a lo caro, y así se entra en una espiral de ricos amaneramientos visuales paradójicamente empobrecedores, pues esa lujosa fotografía tan espectacular y refitolera es casi siempre artísticamente inútil e insignificante. Entra con facilidad en las oquedades del estómago televisivo, se vende bien, como todo lo hortera, y de eso se trata: envoltura de solomillo para una hamburguesa de plástico sin sustancia; aspecto lujurioso para una sosería que haga parecer apetitoso a lo intragable. Es una de las reglas de oro del cine considerado como mentira. Y, en este sentido, Hollywood es un enorme Patio de Monipodio donde la moneda de cambio es la imagen cosmética, la arruga y la roña endomingadas, la verdad sepultada bajo una capa de imágenes huecas.

¿Por qué Woody Allen termina su Celebrity pidiendo socorro en un espolique que nada tiene aparentemente que ver con la película? Digo aparentemente, porque en la trastienda del filme sí tiene sentido, y mucho, la llamada de auxilio. Celebrity encontró serias dificultades para terminarse. Los tentáculos de Hollywood comienzan a imponer su juego a las pequeñas producciones, con objeto de ahogarlas, cuando creen ver en ellas un rival peligroso en su dominio colonial de los mercados audiovisuales exteriores, y exigen a la producción casera que se atenga a los pactos gremiales y alarguen hasta el delirio los títulos de crédito, con el consiguiente encarecimiento del rodaje. No quieren películas pequeñas, a no ser que se disfracen de grandes. Si se observa cualquier película de Allen, salta de la pantalla que su imagen desmiente el sistema estándar hollywoodense. Parece una película europea, en la que la cámara se desentiende de la primacía del envoltorio y de las superficies inútiles, tramposas y encarecedoras. En el recién acabado festival de Berlín vimos media docena de películas con gran inteligencia fotográfica. Una es la norteamericana, fuera de norma, A Thin Red Line (Una delgada línea roja); el resto fueron la bellísima luminosidad de Ça commence aujourd'hui (Hoy comienza todo), del francés Tavernier; la penetrante oscuridad de la alemana Nachtgestalten (Encuentros nocturnos); la fastuosa indagación en la risa negra de Mifune, filme danés hecho a la manera de Lars von Trier, cuya premeditada tosquedad en Los idiotas es, en realidad, un prodigio de finura fotográfica; la mínima película vietnamita Tres estaciones, que más que fotografiada parece bordada; y la precisión casi documental de la española Solas, cuya pegada tiene una inmediatez que entusiasmó al público berlinés, tal vez el que mejor y con más sutileza sabe ver cine de toda Europa.

Todas ellas son películas pobres, incluso muy pobres. Por ejemplo, Solas ha costado algo más de 600.000 euros, aproximadamente lo que cuestan dos días de rodaje en celuloide de papel cuché de cualquier hollymemez de Bruce Willis y compañía. Pero esta pequeñez española dio un baño de verdad fotográfica a algunas opulentas intrusas del escaparate berlinés, que el público de esta ciudad ignoró, cuando no abucheó. Porque lo que está haciendo esa reluciente fotografía encarecedora es desterrar del cine la vieja mirada amiga, veraz, borrosa unas veces, imprecisa otras, pero humana siempre, por una mirada infalible de robot de laboratorio, nacida muerta.

27 febrero 2025

¿50 años no es nada?

Por MARTA NEBOT

Público, 12 de enero de 2025