12 abril 2015

14 de abril


Por MANUEL VICENT
Pese a que la Segunda República, que tantos sueños había despertado, terminó en una guerra fratricida, cada año cuando se acerca el 14 de abril la conciencia republicana vuelve a instalarse en el horizonte de muchos españoles. Para unos es solo una idea platónica; para otros es una meta política que debe ser conquistada de nuevo. Denostada o añorada, lo cierto es que aquella primavera de 1931, para la mayoría de ciudadanos que no la conocimos, ha quedado como una reserva natural, que a los ingenuos imbatibles nos permite imaginar que una política limpia, feliz y creativa es posible. Impulsada por el regeneracionismo, la República estableció su primera meta en la conquista de la cultura como un derecho al alcance de todos, el único camino para llevar este país a la modernidad. En solo dos años el analfabetismo, un mal español endémico, fue prácticamente erradicado. La primera medida del Gobierno de Azaña fue subir el sueldo a los profesores y maestros hasta entonces condenados al hambre, y a continuación comenzó a levantar escuelas e institutos, a crear ferias del libro y misiones pedagógicas por los pueblos hasta entonces olvidados. Las reyertas parlamentarias llevaron pronto al encono social. Fue precisamente la cultura y la enseñanza el principal campo de batalla que dividió la política en bandos irreconciliables a derecha e izquierda, debate que todavía permanece en nuestros días. En el fondo la República es solo una categoría de la mente, un anhelo de limpieza política y moral, un clima propicio para que florezcan las artes y las ciencias con la igualdad de oportunidades para el talento y el esfuerzo. Si este propósito hoy se cumpliera no habría necesidad de cambiar de régimen: nuestra Monarquía se convertiría automáticamente en republicana y serían los Reyes los primeros en celebrar el 14 de abril. El País, 12 de abril de 2015.

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